Capítulo 4: Al Mal Tiempo… Buena Cara

La mañana se despertó llorosa. Demasiado gris, con truenos que retumbaban dentro de la base y rayos que iluminaban el cielo. Se podía escuchar el sonido de la lluvia afuera, se había intensificado más con el transcurso de las horas. Y parecía que no iba a dar tregua.

En la sala de controles, los soldados monitoreaban cada perímetro de Providencia buscando alguna señal de Gatlocke y de sus aliados, pero todo estaba en calma.

Una Laumy despertaba entre sabanas, sorprendida por Rex. Sentado en el borde de la cama.

—Buenos días, hermosa.— saludó el joven moreno con una divina sonrisa.

—Rex...— la joven pronunció un poco adormilada mientras se sentaba lentamente en la cama, estirando los músculos de los brazos y brindándole una cálida sonrisa. —¿Qué haces aquí?— preguntó curiosa.

—¿Así es como saludas a tu novio?— el latino reclamó fingiendo enojo.

—No...— Laumy dijo dulcemente acercándose para darle un tierno beso corto.

—Ahora si me gustó.— Rex mencionó coqueto observado por ella con sutil cariño y sonrisa agradable. —¡Mira!— exclamó muy feliz. —Te traje el desayuno.— dijo colocando en las piernas de la chica una bandeja un poco manchada de jugo y leche. El mismo consistía en una taza de cereal, jugo de naranja y un plato de tres tostadas con dulce de leche (las cuales tenían dibujadas caritas felices)

—Rex, que detalle tan lindo... traerme el desayuno a la cama.— la agente comentó anonadada.

—Me esforcé mucho en hacerlo.— comentó un poco creído. —Así que disfrútalo.— agregó con obsecuencia.

—Gracias.— la chica agradeció tomando un poco de jugo mientras era vista por él con cierta devoción.

—Quería mimarte un poco y también vine porque quiero que hagamos algo.— propuso el joven pelinegro al instante en que ella sonrió.

—¿De qué trata?— Laumy preguntó con interés dejando el vaso sobre la bandeja.

—¿Qué tal si vemos una película?— el muchacho propuso siendo lo más cortes que su ser podía transmitir.

—Está lloviendo, Rex. ¿Dónde vamos a ir con este día?— la joven segunda arma dijo con franqueza.

—Yo no dije que vayamos al cine.— el muchacho objetó con sensatez.

—¿Entonces?— preguntó la castaña, ingenua y desorientada.

—Veámosla aquí.— Rex propuso dejando dubitativa a la joven.

—¿No sabía que Providencia tenía una sala de cine?— comentó haciendo que Rex riera por la inocente ingenuidad de la joven.

—No tontita.— dijo cariñosamente negando dos veces con la cabeza. —No me entendiste.— dijo sonriendo. —Lo que quise decir es que veamos una película pero en mi cuarto.— continuó soltando una risa corta. —Aquí no hay salas de cinema.— explicó con naturalidad.

—¡Ah! Ahora sí.— Laumy mencionó riendo avergonzada. —Que boba.— se reprendió con una tímida sonrisa.

—¿Que dices, aceptas?— el arma de Providencia insistió tranquilo.

—Acepto.— la joven caucásica accedió con una arcaica y tierna sonrisa.

—Te veo a la noche.— el latino afirmó cariñosamente acariciándole una mejilla.

—De acuerdo.— dijo ella sonriéndole cuando Rex le robó un casto beso.

—No me falles.— Rex mencionó en tono bajo y lleno de amor besando la mejilla izquierda de la joven.

—Nunca. Eso tenlo por seguro.— la castaña pronunció sincera a la vez que la voz de Seis se hizo oír en la pequeña habitación.

—¡Rex!— gritó el gélido agente desde el pasillo.

—¡Ya voy!— Rex alardeó graciosamente causando que ella aguante la risa. Se levantó y caminó hasta la puerta. —Termina el desayuno.— el joven demandó poniendo un pie fuera del cuarto.

—Rex...— Laumy pronunció significativamente cuando Seis volvió a gritar el nombre del moreno.

—Y luego me cuentas que tal cocino.— comentó espontaneo.

—Rex...— la muchacha reiteró con ternura.

—¿Qué?— el muchacho preguntó inocente.

—Ya vete.— la bella muchacha objetó entre risas. —O te meterás en problemas.— advirtió sonriendo.

—¡Rex!— el agente Seis levantó nuevamente la voz.

—¡Uy, que ya voy!— Rex gritó fingiendo cansancio. —Adiós nena.— dijo guiñándole un ojo antes de salir corriendo.

—Es un payaso.— Laumy susurró para ella negando con la cabeza dando paso a proseguir con el rico desayuno que Rex le preparó.

Y es que el desayuno era bastante raro, las mitades de las tostadas estaban quemadas, había más cereal que leche, el vaso de jugo estaba por la mitad y las caritas en las rebanadas de pan estaban casi derretidas por el calor que emanaban las mismas. Pero la intención era lo que cuenta.

La noche se hizo dueña del cielo aunque las nubes la obstruyeran. La lluvia aun no cesaba y el frío se hizo sentir dentro de la base. Se escuchaba como el viento soplaba con fuerza. Eso daba el clima perfecto para la feliz pareja y la idea de Rex en ver una película.

No era ni muy tarde ni muy temprano, Providencia no tenía mucho que hacer. La mitad de los soldados en servicio disfrutaban de una rápida pero confortable comida y otros simplemente se acostaron a dormir.

Rex por su parte, en su habitación, preparaba su cama y unas cuantas cosas hasta que su linda novia llegue a la hora prevista. Y Seis y la desconfianza que lo integra…lo hizo pisar el cuarto del muchacho comprobando si esa junta inocente era verdad.

—¿Qué haces?— preguntó el agente recargado en el marco de la puerta arreglando sus gafas.

—Invité a Laumy a que veamos una película juntos.— el muchacho comunicó con amabilidad vistiendo su pijama improvisado. —La noche se siente especial.— comentó sumiso cuando la chica se hizo presente. —Laumy.— pronunció en un susurro feliz, su rostro se iluminó.

—Hola Rex.— la joven saludó con un tierno y espontaneo tono de voz luciendo un hermoso pijama improvisado cargando unas sábanas, una frazada, bolsas de comidas, dulces y latas de gaseosas. Percatándose de la presencia de su estoico tío, se intimidó un poquito a penas. —Hola.— pronunció con tímida amabilidad.

—Veo que sólo es una simple cita improvisada.— Seis comprobó tranquilo cuando la joven ingresó al cuarto de su novio.

—Pues sí ¿Que creías que iban a hacer dos chicos solos y a oscuras?— Rex cuestionó con usual voz cómica.

—Por eso vine, todavía no confió mucho en ti, Rex.— el agente de mayor rango confesó desconfiado y elevando una ceja, dejando su serio semblante intacto.

—Mira, mira, mira Señor Desconfianza.— el joven latino pronunció agitando graciosamente el control remoto haciendo reír a la joven. —Ahora puedes irte tranquilo y sin sospechas.— agregó un poco engreído. —No le hare nada a tu adorada sobrina.— comunicó deteniendo su hablar repentinamente. —A menos que me dé motivos.— pronunció por lo bajo incomodando a la joven.

—Rex...— dijo la joven roja como un tomate dándole un pequeño empujón mientras sonreía apenada.

—Bien ya puedes irte, jefe.— objetó el joven con tono arrogante.

—Que no me llegue a enterar de algo indebido.— el parco hombre amenazó gélido dando un paso hacia atrás.

—Sí... es muy interesante lo que dices, Seis pero…me quitas el tiempo de disfrutar con mi nena.— reprochó cuando se dispuso a seguir a Seis hasta la puerta. —Regresa cuando cambies algo del discurso y... ahí sí te escuchare.— acotó observando a su superior en el exterior del cuarto. —Adiós Súper Agente.— saludó como un soldado cerrando la puerta y apagando la luz, volteó y caminó hasta ella que había acomodado todo dejando un confortable sitio para los dos. —¡Chido! Tienes un buen sentido del orden...— reconoció el joven moreno observando la comida situada a los costados de la cama y a la joven abrazada a sus piernas cubriendo su cuerpo por la sabana iluminada por el resplandor del plasma empotrado a la pared. —Y de preparar nuestro nidito de amor.— dijo coqueto acercándose lentamente a Laumy depositándole un tierno beso sonoro en la boca.

—Hice un ambiente modesto. Lo suficiente para que estemos cómodos.— comentó modestamente mientras Rex la miraba fascinado. Cada día lo sorprendía más. —Eh... bueno... ¿Qué película veremos?— preguntó inhibida, esquivando un poco la mirada de su novio. Cambiando el tema.

—Ah pues... ¿No sé...?— preguntó dubitativo al dar paso a sentarse junto a ella. —¿Cual prefieres?— volvió preguntar con franqueza haciendo zapping.

—¿Una de amor? Es una buena opción para este clima.— la chica opinó encogiendo un hombro sin problemas brindándole una linda sonrisa.

—Okey...— Rex aceptó con conformidad cubriéndose con el excedente de sabana. —Si película romántica es lo que mi mamacita quiere ver...— mencionó el pícaro joven poniendo el canal de cine. —Es lo que mi mamacita verá.— continuó elevando una de sus tupidas cejas sonriendo de lado, haciendo gala de toda su sensualidad y logrando sacarle una expresión de felicidad a la joven muchacha.

Se acurrucaron y comenzaron a comer. Disfrutando de Titanic, el film que daban en ese momento.

Las escenas de la película pasaban y cuanto más tierna eran…más se abrazaban.

—¿Te gusta?— Laumy preguntó en un tono dulce inclinando un poco la cabeza para mirar a Rex.

—Sí.— contestó tranquilamente el joven. —¿Y a ti?— preguntó con interés.

—Sí, sobre todo los ojos del muchacho.— la joven mencionó provocándole celos a Rex apoyando la cabeza en el hombro del joven.

—¿Así?— Rex dijo divertido y vivaz. —Pero no sé comparan con las dos irresistibles tazas de café que tengo yo.— mencionó un poco creído.

—Rex, no seas tan fanfarrón.— la joven se quejó fingiendo enojo.

—Ah, pero es la verdad, ¿o no?— Rex cuestionó alojando su brazo izquierdo en los hombros de la joven para pegarla más él.

—No voy a negar que lo primero que me enamoró de ti fueron tus ojos. Son muy lindos.— admitió sacándole una sonrisa creída al joven. —Pero es tu forma de ser lo que gusta más. Sólo no seas tan engreído, Rex.— advirtió claramente.

—Okey, seré todo un terrón de azúcar.— dijo el joven moreno.

—Tampoco tan meloso.— la joven opinó acomodándose en el pecho del moreno.

—Oh ¿Entonces?— el arma de Providencia indagó incrédulo.

—Sé autentico, sé tú mismo, eso es lo que encanta.— Laumy comunicó acurrucándose más a su amado y sintiendo como respiraba profundo cada vez que él tomaba aire para hablarle.

—A ver si entendí... ¿Quieres decir que sea un estándar de hombre?— el latino preguntó un poco desorientado.

—Exacto.— la chica dijo inclinando a penas la cabeza para mirarlo con amor.

—Está bien, todo para que mi nena se sienta orgullosa de su tecno papacito.— Rex pronunció acercando su rostro al de ella. Concluyó depositando un beso tierno que fue correspondido con la misma intensidad que él le brindaba a ella.

Entre tanto cariño... El triste final llegó y Rex empezó a lagrimear como la típica chica de las telenovelas.

—Rex no llores.— articuló Laumy viendo como su novio moqueaba como quinceañera.

—Es que los finales tristes...— el moreno pronunció sonándose la nariz con un pañuelo. —Siempre me hacen llorar.— reveló secando los rastros de agua salada en sus mejillas con una servilleta, apagó la tele.

—Ay Rex eres peor que una mujer.— Laumy bromeó entre risas observando como Rex la miraba con ojitos de nene chiquito, algo que hizo reír inevitablemente a la joven.

—¿En serio?— Rex preguntó incrédulo mirándola asustado.

—En serio.— Laumy reiteró sosteniendo la ingenua broma mientras sonreía.

—¿Eso crees?— el joven moreno pronunció nervioso no captando su juego.

—Tonto.— Laumy acotó en un dulce susurro y empujándolo levemente como un juego instantáneo; observada por el muchacho con brillo en sus ojos y una sonrisa arcaica, a veces él podría resultar peor que un nene pero no dejaba de ser tierno. —Bueno Rex... ya es tarde...— mencionó la chica lenta y amablemente. —Será mejor que me vaya a dormir.— concluyó con timidez mientras se levantaba detenida repentinamente por Rex. —¿Qué ocurre?— preguntó desorientada frunciendo su ceño a medias.

—Quédate.— pidió con cariño aun sentado en su cama y sosteniendo su mano.

—¿Qué?— la chica preguntó en un susurro un poco aturdida.

—Por fa.— el joven insistió con ojitos tiernos haciendo pucherito.

—No Rex, no puedo.— la joven articuló acercándose a él.

—Por fa.— pidió nuevamente acorralado la fina cadera de la muchacha con sus brazos aun sentado en la cama.

—No insistas, Rex.— pronunció suavemente inclinando un poco la cabeza para mirarlo. —No puedo quedarme y lo sabes.— le recordó significativamente cuando el joven besó ligeramente su vientre sobre la remera blanca. —No me convencerás con dulzura.— objetó con racionalismo.

—Okey tú ganas.— Rex articuló rendido y levantándose sin soltarla, atrayéndola a él. —Pero te iras…¿sin darme mi besito de las buenas noches?— indagó coquetamente entornando sus ojos.

—Bueno, pero uno cortito.— Laumy pronunció sin rodeos.

—Nooo.— Rex refutó arrastrando con gracia la palabra haciendo sonreír a la joven. —Quiero uno muy largo.— continuó sutil encanto. —Así de grande.— mencionó extendiendo sus brazos los más que pudo. —Para soñar contigo y dormirme con una sonrisa.— pronunció conmoviendo poco a poco a la chica. La cual le regaló una dulce sonrisa.

—¿Qué tienes que siempre me puedes?— la bella muchacha preguntó curiosamente con ternura.

—Sólo me pavoneo porque soy muy bello.— Rex comentó graciosamente y entornando sus ojos, volviendo a hacer reír sumisamente a la joven.

Admiró a su novio y como sonreía. Esa sonrisa angelical y malévola tan adictiva en él…ese dos por uno que la enternecía, acercó su rostro depositando un tierno y largo beso en los morenos labios de Rex por segundos. Segundos que para ellos les fueron eternos.

Él no quería soltarla, deseaba tanto que el tiempo se detuviera en ese instante. Aprovechó los restantes tic tac en su mente manteniendo sus ojos cerrados para mayor degustación y luego divorciar pausadamente su boca de esos tersos labios carmín que pedían ser liberados. Obedeció. Abandonándolos a regañadientes, alejándose a centímetros. Memorizándola... sin dilación.

—Con eso ya tienes para dormir de sobra.— la joven EVO mencionó con afabilidad y gracia. —Fue doble ración.— continuó dándole un tierno golpecito en la nariz mientras un Rex absorto la detallaba más de lo que lo hacía diariamente, con amor. —Me divertí mucho hoy Rex. Gracias.— sonrió con calidez aquella muchacha de infinita belleza y dulzura.

—Ah, no fue nada.— aquel muchacho de irresistibles ojos cafés contestó despreocupado.

—Bueno, me voy a dormir. Buenas noches Rex.— la linda chica se despidió castamente ofreciéndole una noble sonrisa divisando como él la observaba con calidez.

—Buenas noches, nena.— contestó pegándola nuevamente a su pecho pasando sus manos por debajo de sus brazos, acoplando las manos en la espalda de la chica. Colocó un beso sonoro en su boca y otro en la mejilla derecha.

Se alejaron lentamente. Rex, estando distanciado a menos de un metro, sentía el frío de dejarla ir. Añoraba tanto poder compartir la misma habitación con Laumy, poder sentir su calor desde la noche hasta la mañana aun durmiendo pero las reglas eran para respetarlas, un No es un No. No podía obligarla. Por otro lado estaba feliz de tenerla siempre a su lado y aun no durmiendo a la par de ella igual, su calor, era brindado de manera perfecta. La chica salía por la puerta, aquel muchacho rebelde le dedicó una hermosa sonrisa, llevándose un guiño y un beso seductor por parte del joven. Uno de esos gestos que derriten en el acto.

Laumy agitó su mano diciendo adiós cargando con su sabana y su suave frazada desapareciendo en la pared de ese pasillo para dirigirse a su habitación y acurrucar su cuerpo en la calidez de su cama.

Y en cuanto a él... bueno, sólo accionó a ocupar su aposento. Ya los residuos serían sacados a primera hora del día siguiente. Apoyó su cabeza en la mullida almohada y cerró sus ojos conteniendo una sonrisa dibujada. Dando paso a soñarla.

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Nota de Autora: Miren, yo sé que este fic no es la gran cosa pero les digo que si de verdad les gusta la historia sólo les pido que pasen y dejen algun review para saber si en serio vale la pena seguir subiendolo. Acepto criticas.

Denle una oportunidad de continuar...