OMG! ¿Ya ha pasado una semana desde la última vez que actualicé esta historia? De verdad lo siento. Mi inspiración quiere volar lejos e irse de vacaciones; pero yo la capturé y la tengo atrapada como una esclava con bajo sueldo. Tal vez por eso salga tan pobre este capítulo.

Bah, ya estoy hablando estupideces, mejor comencemos.

"Negación de derechos de autor":

Vocaloid y "El principito" le pertenecen a sus respectivos creadores. Sólo reservo de mi autoría la idea de mezclarlos.

Disfruten:

-.-.-.-.

"El principito digital" (Por Neko C.)

Capítulo III: "Problemas"

En el segundo día, me resigné a tratar de aprender nuevas cosas sobre Len que pensar en mi desgracia. Mis heridas todavía dolían demasiado como para desplazarme con naturalidad y buscar, tanto dentro como fuera del avión, algo que me sirviera para poder comunicarme con las personas en la ciudad, para que pudieran ayudarme. Agradezco que tuviera suficientes cigarrillos, o si no; la cara del rubio hubiera sido una muy buena pelota anti estrés.

Varias preguntas al azar fueron dichas por su boca (como "¿Por qué el cielo es azul?" o "¿Los perros pueden sonreír al igual que gatos?"); pero las que más me importaban no llegaban muy seguido. No fue hasta que, gracias a la molesta ave comprimida, pude saber otras cosas sobre su origen.

— ¿Es verdad que los pájaros comen muchos gusanos? — preguntó inocentemente.

— Sí, es cierto. Todo el mundo lo sabe. — Le confirmo, algo exhausto por los anteriores interrogatorios.

— ¡Ah, qué alegría! — expresó mientras se tiraba en la arena y miraba el cielo despejado.

Un largo silencio se produjo, tal era la calma que podía sentir el sonido de la arena moverse debido a las correntadas de aire. Prendí otro cigarrillo y me acosté a su lado. Por suerte una parte de los restos del avión servían como un cómo toldo que nos brindaba sombra en el día, pero no hacía mucho con respecto al calor.

— ¿También comen madera? — dijo bastante reflexivo.

— No, aunque siempre la recolectan para hacer sus nidos. — indiqué algo acalorado.

— Genial. Soy tan feliz... — Sonrió y cerró sus ojos, tal vez disfrutando de nuestro improvisado colchón.

Yo también sentí la arena en mi espalda, más incómodo que regocijado. Y es que con mis ropas, cualquiera se sentiría así. Usar un traje en medio del desierto resulta por demás absurdo; mas, por la condición de mi cuerpo, no podía ni siquiera alcanzar mi maleta. Todo el mundo de los adultos y sus leyes sociales estaban recibiendo una "amable" y bien acertada crítica dentro de mi cabeza en ese momento. Si tan sólo hubiera podido viajar con un cómodo equipo de gimnasio estaría infinitamente agradecido. En fin, ya les dije que los adultos siempre se fijan en el exterior; y, como buen hombre de negocios que soy, tengo que vestirme presentable cada vez que salgo a una reunión importante.

— Los gusanos son tan molestos... — Soltó sin más.

— No sé qué tienes en contra de ellos, niño. Pero hasta donde yo sé, son muy importantes para la cadena alimenticia de varios seres vivos. Además, los que sobreviven terminan convirtiéndose en mariposas. — refuté, pareciéndome a un profesor de ciencias naturales.

Len rió ante mi observación, como si hubiera soltado incoherencias sin sentido. Miré su cara iluminada por su sonrisa bastante irritado, desando un poco de fuerza para propinarle un golpe. Cada vez que utilizaba algo de lógica, él se encargaba de mofarse de mí cual sabio ante un loco. Hasta sentí cierta empatía con el científico disfrazado de Darth Vader.

— Y hasta donde yo sé, ninguno de los gusanos que he visto se ha transformado en una mariposa nunca; ni tampoco le resultan muy apetitosos a nadie. — Me explicó con gestos, como si le hablara a un niño de cinco años. Cosa que casi le hace ganar un buen puñetazo.

— Como digas — Suspiré — Pero, ¿Para qué quieres que tu pájaro coma gusanos y madera? — pregunté, esperando una respuesta que tal vez nunca llegaría.

Él me miró como si eso fuera de lo más obvio del mundo; sin embargo, no pronunció ninguna palabra. Fue trabajo de mi inteligencia, entonces, sacar las conclusiones.

En efecto, la solución era muy simple. La situación que me planteaba Len podría considerarse como la introducción de una especie extraña en un entorno que no es el natural. Obviamente se convertirá en una plaga al poco tiempo; ya que no posee enemigos ni depredadores naturales, dañando el ecosistema donde fue implantado paulatinamente.

Pero creo que el chico no hablaba concretamente de un animal en sí. Aplicándolo a su mundo; creo que se refería a unos "gusanos" que se infiltraban discretamente en las carpetas y archivos, borrando toda su información y haciendo perder datos valiosos, dejando a toda la unidad inservible. Tan silenciosos y pequeños; pero a la vez sumamente peligrosos; si uno no se daba cuenta a tiempo; podía correr una oscura e incierta suerte. Si bien para eso estaban los detectores de amenazas, siempre podían filtrarse una pequeña cantidad.

— Todos los días, siempre lo mismo. Uno tiene que levantarse temprano y fijarse por los alrededores, no vaya a ser que se le escape alguno y haga sus travesuras por ahí. Es un trabajo muy molesto, pero fácil. — Me dijo como si se tratara de una situación de máxima importancia. — Pero, ahora con este pájaro ya no tendré que preocuparme tanto. Y también es genial que atrape la madera; así los "troyanos" tampoco serán una molestia. Estoy tan feliz… — comentó regocijado.

— Hurra por ti. — comenté sarcástico.

— Lástima que nadie sabe lo toma en serio; siendo una cosa tan importante y peligrosa. Una vez, conocí a un vago que sólo se la pasaba comiendo helado y dejó que tres gusanos hicieran lo que quisieran… — Le contó al dichoso pájaro, ignorando mi presencia. — Seguramente, si alguien viajara a mi casa, también los ignoraría. Es tan fácil pasar por alto las cosas que uno no quiere hacer; pero que después se vuelven una montaña gigante de problemas. — dijo juicioso.

Vaya, nunca me había puesto a pensar los peligros que podía enfrentar una computadora. Así que, movido por la misma urgencia que sentí por el miedo a los monstruos nocturnos -o que al fin el Sol había fundido lo que me restaba de cordura -; lancé lejos la colilla del cigarrillo acabado, tomé de nueva cuenta los folios y el bolígrafo y me dispuse a hacer este cartel:

"NIÑOS, TENGAN CUIDADO CON LOS GUSANOS."

Claro, podría haber escrito "Cuiden el agua" o "No maltraten a sus mascotas", pero creo que el calor me afectaba muy negativamente. En fin, nada se puede discutir con coherencia si nos referimos a un tema relacionado con Len o mi experiencia en el desierto. Sólo admitiré… que el cartel quedó bastante vistoso y lindo.

Ah, el pobre principito y sus extrañas manías, no sabías si tenerle ternura o golpearlo en la cara infinitas veces. Como la que descubrí después de escribir esa advertencia prácticamente inútil: el amor del chico por los sonidos; especialmente uno muy peculiar.

— ¿Cuándo se apagará el cielo? Quiero escuchar su sonido al hacerlo. — preguntó extrañado el pequeño mirando la bóveda celeste que se iba tiñendo de naranja.

— ¿Estás completamente loco, niño? Jamás en mi vida me he enterado que el cielo produzca algún sonido cuando anochece… — expresé con la poca lógica que quedaba en mi cerebro.

— Por supuesto que sí. Millones de veces he sentido esa extraña melodía en casa. Es hermosa pero molesta a la vez. Es la señal que uno tiene que irse a dormir. Al igual que cuando se enciende, todos se despiertan al oír su inconfundible sonido. — Me objetó mientras se paraba algo irritado y hacía grandes círculos con sus brazos.

Levanté la parte superior de mi cuerpo para sentarme en la arena con bastante esfuerzo y pestañeé repetidas veces hasta captar la idea que me planteaba mi acompañante. Tomé un poco de agua y se aclaró todo en mi mente.

Creo que a lo que se refería con "apagar", era exactamente eso: apagar. Cualquiera que poseyera o haya tenido contacto con un ordenador sabe perfectamente que, al apagarla, todos los programas "duermen" y; si se posee unos parlantes y la configuración activada, se reproducirá una pequeña melodía, indicando el cierre de las funciones operativas. Cuando uno la encendía pasaba exactamente lo mismo.

Miré a Len después de sacar mis conclusiones y él asintió con su cabeza, como leyendo mi mente. Dios, me siento muy friki cuando entiendo acertadamente todo lo que me dice este niño. Reí por lo bajo y desvié mi vista hacia el ocaso.

— Es tan hermoso cuando el cielo se apaga; uno se siente relajado y libre de tensión, como si le quitaran un gran peso de encima. Una vez, tuve la oportunidad de escucharlo como diecisiete veces. — contó alegre. Aunque yo me imaginé al pobre dueño del computador al borde del suicidio si necesitó reiniciar su máquina esa cantidad de oportunidades. — De verdad sirve "desconectarse" cuando se está triste o con exceso de exigencia… — Posicionó su mirada a sus pies, mientras movía estos lentamente. Su semblante cambió a uno angustiado en un segundo.

Parecía que estuviera a punto de llorar, y yo no me sentía con mucho tacto como para consolarlo –nunca fui muy agraciado en eso de la empatía, por lo que le dejaba ese trabajo a otros, cosa que no podría hacer si pasaba-; así que traté de desviar la atención de sus tristes pensamientos a nuestra ilógica conversación.

— Pues, eso aquí no ocurre. El cielo sólo oscurece, no se apaga. En cuanto al sonido, no hay. Puedes dormir en el momento exacto que se te plazca. — Le expliqué con un poco de ánimo. Él hizo una pequeña mueca.

— ¡Qué mal que no se escuche la melodía, es realmente hermosa! — exclamó algo angustiado el muchacho, aunque pareció fingida. — Y si puedo dormir cuando quiera, creo que lo haré ahora. — sentenció al momento que volvía a acostarse a mi lado, se hacía un pequeño ovillo y cerraba sus ojos, cayendo en el mundo de los sueños en el acto.

— Bien, eso no era exactamente lo que trataba de decir. Aunque ahora no tendré que preocuparme de sus malditas preguntas y molesta voz por un largo rato. — Pensé mientras miraba el pequeño cuerpo dormido de Len.

Se veía tan sereno, mas el diminuto aire de tristeza no se desvanecía del ambiente. Prendí otro cigarrillo –procurando contar los restantes antes de que me los acabara de improviso y comenzara una verdadera catástrofe-; admiré el paisaje del desierto en penumbras, con sus incontables estrellas y dunas negras; comprobé de nueva cuenta el estado de mis heridas –esperando por algún milagro que estas sanaran-; acaricié, un poco movido por la nostalgia del entorno, la cabeza del rubio y me dispuse a esperar que mi pequeña dosis de nicotina se consumiera, así poder hundirme en el mundo de los sueños al igual que mi acompañante…

Continuará…

-.-.-.-

Tengo que plantearme escribir capítulos más largos. *Mueca*

Bien, espero que les haya gustado. Les daré un adelanto de lo que sigue: ¡Rin! Al fin la veremos en escena como una extraña versión de la rosa original. Dios santo, tendré que pensar mucho en eso.

En fin, estoy de vacaciones en la casa de mi hermana, lejos de mi querido beta (Mi gato), tratando de no morir de la angustia y el aburrimiento. Seguramente tendrán noticias mías muy pronto –tal vez por la actualización, u otra historia-.

¡Un gran abrazo desde Argentina! (Ahora, San Luis)

Neko C.