Lα ηιñα dε mιs σנσѕ
Por Tokio Cristal
Todo se veía oscuro en ese lugar solo un pequeño rayo de luz se visualizaba al final de ese túnel poco iluminado, en el cual Serena corría y corría deseando que culminara de una maldita vez esa pesadilla que inundaba sus bellos sueños. No iba a permitir que ese molesto individuo la alcanzara, ni que la "atacara", ni le hiciera algún tipo de daño. Seguramente se ingeniaría con algo para salvar su pellejo, como ponerse a llorar, patalear, "pucherear", cosas comunes que ella hacía para conseguir lo que quería.
Tenia la certeza de saber que era lo que le esperaba al final de ese camino en penumbras y pronto sus sospechas fueron disueltas al ver al hermoso contorno de Andrew esperándole allí con los brazos abiertos. ¡No lo podía creer!, ¡Él estaba ahí, como tantas veces había soñado!, ¡Su salvador, por fin había llegado a su rescate!.
Tirándose como doncella desesperada a los brazos de su ex amor, exclamó:
— ¡Oh, Andrew has venido a rescatarme!
—¿De quién, princesa? —cuestionó el chico con una enorme sonrisa en su rostro y acariciando amablemente la cabeza de la chica.
— ¡¿Cómo que de quién? —dijo alterada mirando para sus espaldas, esperando que del oscuro túnel saliera su peor enemigo, al que superaba a todas las pesadillas juntas, siendo gracias a él esta la peor—. Es "él"
—¿Él? —cuestionó Andrew mientras Serena se apretaba más a su cuerpo al escuchar el constante sonido molesto de unos zapatos golpeando el suelo que cada vez se hacían más frecuentes dando a entender, y alertar, que " él" estaba más cerca de ellos. Serena ya se aprontaba para llorar y correr, y dejarle la suerte y fortuna a Andrew, hasta que...
—Serena, no te escondas, ni corras, te seguiré a todas partes si es necesario, porque sé la verdad... —escuchó decir a una voz masculina detrás de ella, mientras se armaba de valor y giraba para verlo de frente.
—¿Qué verdad, Darien? —cuestionó ruborizada sin soltar el brazo de Andrew, con temor de que Darien se estuviera refiriendo a lo que ella creía y terminara desmayada del nerviosismo e impacto que le acataría saber que él sabia lo que no debía saber.
—Tus sentimientos.
—S-se... ¿sentimientos? —tartamudeó Serena con miedo.
—Si, cabeza de chorlito... —se burló él.
—¡Qué mi nombre es Serena! —gritó tratando de hacerse respetar pero al ver que él ni siquiera se inmutaba y en cambio de eso solo reía en lo bajo, más humillada se sintió—. Hump, ¿de que te ríes? —musitó débilmente con el ceño sumamente fruncido.
—Me gusta verte ruborizada... —sonrío por la reacción de ella.
—¿¡Qué! —exclamó sorprendida, alejándose del contacto de él.
—Ya lo sé, sé lo que sientes por mi.
Serena siguió retrocediendo mientras sus ojos quedaban como platos y su quijada se desplomaba levemente.
—¿D-de que... hablas? —volvió a tartamudear tragando saliva.
Darien se acercó más a ella y Serena dejo de retroceder para darse vuelta atrás y buscar refugio con desesperación en Andrew, pero el chico no estaba más allí, queriendo decir eso que se encontraba sola y acorralada por Darien en ese lugar rodeado de pasto y árboles. Serena sorprendida siguió buscando frenéticamente el paradero de su amigo.
—Sé que me amas... —dijo finalmente tomándola de los hombros y girándola para que lo viera de frente.
—¡Yo no te amo!
Se soltó de su agarre bruscamente como si quemara y retrocedió para atrás, tratando de mantener distancia.
—Claro que sí me amas. Tu manera de actuar, hablar y mirarme te delata.
—No —volvió a negarlo.
—¿No? Entonces dime que significa esto. —señaló el banco de Serena, el cual apareció como arte de magia ante los dos.
La chica se acercó hasta ahí, fijándose con terror como en la mesa estaba escrito "D y S" dentro de un corazón.
Aunque fuera su banco y caligrafía, no quería decir que ella hubiera sido la emisora de eso. ¿O si? Al menos no recordaba haberlo echo.
—¿Y? Ahora no me digas que lo negaras, si hay pruebas suficientes para demostrarlo.
—No las hay —siguió negando la realidad que se le era mostrada ante sus ojos.
—Entonces mírame directamente a los ojos y dime que no me amas.
—No es necesario hacerlo.
—Sí lo es, inténtalo —la retó cruzando sus brazos
Aceptando su reto para demostrar que ella, la gran Serena Tsukino , no era ninguna cobarde, alzó su rostro al frente y clavó sus ojos en los de él, dándose cuenta al instante que…
—¡Serena! —gritó Ukiko detrás de la puerta de su hija—. ¡Levántate o llegaras tarde al colegio!
—Ahhh, ¿qué pasó? —dirigió su mirada rápidamente a su mesita de luz fijándose en su reloj de pollito que se había dormido… como todos los días. Entonces como resorte se levantó de su adorada cama.
Luna miraba los movimientos atropellados de la chica. De cómo iba de la cómoda al baño, del baño a la cómoda, de la cómoda a la mesita de luz, y de la mesita de luz al armario, y del armario al suelo, del suelo al baño y así progresivamente hasta quedar lista para irse.
—¡Ay! —gritó llena de dolor al caerse nuevamente y durante el suceso las cosas de su desordenada mochila cayeron desparramándose sobre el piso—. ¡No! —gritó juntando todo con rapidez, sin darse cuenta de que varios papeles quedaron debajo de la cama.
Luna la observaba juntar todo desesperadamente siendo la única testigo que vio donde quedaron los papeles olvidados. De repente comenzó a maullar al ver que la chica se iba.
—¡Miauuu! —siguió maullando, esta vez más fuerte para llamar la atención de ella. Pero ya era tarde, muy tarde, Serena ya se había ido, haciendo lo que siempre hacía: ignorarla.
La gatita negra se bajo de la cama donde estaba acostumbraba acurrucarse y metiéndose bajo las sabanas, que yacían desparramadas en el suelo, comenzó a sacar de arrastre los papeles con su boca.
—Esta niña —se decía para si misma—, tan descuidada —musitó dejando los papeles a un lado de ella—. Yo sabia que esto iba a suceder —se dispuso a leer lo que decía en el dorso de esos papeles:
"Repartido de Biología del profesor Darien Chiba, 4°3, para Serena Tsukino"
Recordó fugazmente que esos deberes eran los que Serena se había empeñado hacer el día anterior y el nombre del chico lo reconoció gracias a las tantas veces en que la rubia hablaba inconcientemente de él, y especialmente hoy, cuando la escuchó decir, antes de despertar, entre sueños: "Te amo, Darien"
Sí, esperaba que la pequeña terminara enamorada de él, pero no sospechaba que las cosas fueran a suceder tan rápido.
A ambos los había perseguido durante largo tiempo, durante una semana entera luego del accidente. Sabía muy bien los movimientos de cada uno y las descripciones que le había dado "ella", aquella mujer del futuro, eran muy acertadas.
Desde la primera vez que los vio supo que eran ellos. Serena y Darien debían estar juntos, esa era a medias su misión.
No estaría de más darle un pequeño empujón para ayudar en su comienzo. Y por algo había que empezar, aunque fuera muy pequeño...
Ya eran las 11:55, hora del recreo. Los alumnos estaban en el patio disfrutando de los cinco minutos libres que le daban entre clase y clase. La próxima hora era la última en el colegio y por dicha a 4°3 les tocaba tener biología.
—¡Oye Karen, ese es mi lugar! —se quejó una de sus "cómplices" mientras veía a la castaña arrastrar el asiento hasta la puerta
—Shhh, tranquila Merry, no va a pasar nada —trató de tranquilizarla.
—Pero no me parece correcto que le hagan esto a Serena —replicó Merry con timidez y sinceridad.
—Ahora te vienes a dar marcha atrás —Karen vociferó enojada—. La muy tonta se lo merece, por culpa de ella el profesor Chiba… esta… ¡Está enamorado!
—Ay, que exagerada, ¿Por qué lo dices?
—¡No digas que no te diste cuenta! —exclamó— la manera de tratarla es… ¡Es muy especial! Además siempre la alcanza hasta su casa, y a nosotras: ¿cuándo nos preguntó si queríamos que nos alcanzara?. ¿Eh?. ¡Dime! —reclamó.
—Yo solo pienso que le tienes envidia… —repusó ella levantando una ceja acusadoramente.
—¿Envidia? —trató de no reírse sobre lo absurdo que sonó eso—. ¡Mira quién habla de envidia! —exclamó irónicamente—. Justamente tú, la que el otro día le pegó a Serena un enorme papel en la espalda con las palabras "Masoquista aquí!" —recordó con una enorme sonrisa esa vez en donde la chica había sido empujada, codeada y palmeada por varios compañeros de la clase.
Pero al instante su sonrisa se borró al recordar, también, quién había sido la persona que le sacó el papelito de la espalda al pasar por al lado de ella: Darien. El cual no le había advertido sobre la broma de sus compañeros pero si la había ayudado en silencio sin que ella se enterara, nunca, sobre lo que le había echo Merry
—Aisss —resopló furiosa.
Carla le alcanzó el balde a Karen.
—Ponlo en una posición en donde le caiga directo en su cabeza hueca. Tal vez le arregle de lugar su diminuto cerebro…
—¿Y cuál es esa posición? —preguntó molesta intentando que el balde hiciera equilibrio sobre la entreabierta puerta.
—No sé, tú eres el genio, ¿recuerdas? —le contestó sonriendo.
—Hump…
—Oye Karen, no se me había dado por pensar esto antes, pero… ¿si no es Serena la que entra primero? —cuestionó Merry buscando fallas a este repentino plan de venganza.
—Va a ser la primera, ya tengo arreglado ese problemita —dijo atando una cuerdita fina en el picaporte, la cual, más arriba, se encontraba atada también al balde.
—¿Y si simplemente empuja la puerta?
—No creo que vaya a entrar a lo bestia, ¿o si?. —las tres se miraron dudando por un segundo pero rápidamente descartaron esa opción, autoconvenciéndose de que no iba a suceder.
—Bien —articuló Karen al terminar su "trabajo".
Las tres nuevamente se observaron satisfechas por su logro, felicitándose mutuamente con la mirada. Ese momento olía a gloria, nada podía arruinarlo, ¡Nada!.
Merry arrastró su silla hasta su lugar y acercándose otra vez al par, dijo:
—Estemmm, Kareeen… —llamó mirando hacia el suelo.
—¿Hmp?
—¿Y cómo salimos ahora?
—¡Ay, Karen, ay, Karen! —comenzó a gritar Merry en un ataque de nerviosismo.
—Tranquila mujer… —resopló Carla haciéndole viento con un abanico de papel que había construido, intentando también mantenerse en calma, mientras Karen pensaba una idea para cuando tocaran el timbre, entraran los demás a la clase y las vieran.
—Mmm, ¡Aisss! No se me ocurre nada —gruñó ya cansada de pensar.
De repente el timbre sonó ante la aterrorizada mirada de las tres chicas.
—Permiso.
Darien empujó a Serena sin ninguna delicadeza para poder pasar el primero.
—¡Oye! —gritó la rubia enojada por la falta de modales de él— ¡Eres un…—sus palabras se fueron apagando poco a poco mientras con sorpresa veía…
—¡Nooo! —gritó Karen sosteniendo su cabeza al ver quien había girado la perilla, sus dos acompañantes ahogaron sus gritos de sorpresa y terror con sus manos. Como si todo hubiera pasado en cámara lenta, así lo presenciaron los alumnos de la clase.
Darien había sido bañado por una trampa, en donde él realmente no era la presa esperada pero al final terminó siendo la victima. Su cuerpo fue abrazado, inmediatamente después de que empujó la puerta, por una gran cantidad de agua helada, la cual se había desparramado de un balde, siendo también el susodicho el que cayó encima de su cabeza y lo dejo ciego por un cortó rato, sin poder ver, claramente, quien eran las tres personas que estaban enfrente de él.
Karen, Carla y Merry aprovecharon ese momento para salir del salón corriendo, antes de que él pudiera tomar conciencia propia para sacarse el tacho de su cabeza y poder volver a recuperar la visión. Darien seguía sin comprender lo que había pasado realmente ya que eso lo había tomado de pura sorpresa.
Pasaron diez segundos de incomodo silencio, en los cuales el pelinegro no hizo movimiento alguno de su cuerpo. Uno de sus alumnos se acercó lentamente hasta él y con valentía le sacó el balde de la cabeza. Admirado por sus demás compañeros, desearon aplaudirle inmediatamente, pero descartaron enseguida esa acción de sus manos, al ver la expresión nula en el rostro de Darien.
De repente se escuchó a Serena reír estrepitosamente ante las miradas sorprendidas de sus compañeros.
—Jajaja, fue tan divertido —se limpió una lagrima que salía de su ojo izquierdo por consecuencia de tanto reírse—. Jajaja, ¿vieron eso?, jajajaja, y cuando hizo POFFF, jajajaja, y le cayó jajajaja, agua, jajajaja, y pareció re perdido jajaja, y , y, y cuando, jajajaja, Javier le saco el balde jajaja, y su cara jajaja me parte, jajajaja —la rubia se sostuvo el estomago por el dolor que sentía, al burlarse tan feo de él—. Yaaa, ¿por qué no se ríen? — al final preguntó con seriedad.
—Llamen a Rin —Darien simplemente dijo manteniendo su voz calmada y tratando de no enfurecerse con la escandalosa rubia.
Diez minutos pasaron y Darien, ya mudado de ropa, se encontraba caminando de lado a lado en la clase. Como sargento sostenía en una de sus manos una regla de30 centímetros, con la cual golpeaba la palma de su mano izquierda.
—Bien —dijo luego de un largo silencio incomodo parándose enfrente del pizarrón—, lo preguntare por ultima vez… ¡¿Quién fue? —largo con resentimiento. Habían mojado su chaqueta favorita y eso nunca se lo perdonaría a nadie, fuera quien fuera. ¿Por qué eran así con él?
Un día rompen su farolito favorito con una pedrada, el mismo día le destruyen su auto contra una columna y hacia poco le habían pinchado la rueda, además de haberlo rayado. ¿Y en qué concedía eso? Que en la mitad de las cosas, la culpable había sido Serena. ¿Estaba maldecido por esa alumna?, ¿Habrá sido ella la que puso ese balde de agua sobre la puerta? Con razón no discutió cuando él fue a entrar primero. ¡Aja! Podía ser ella, varias veces le había jurado vengarse por lo malos momentos que le hacia pasar, pero nunca creyó que lo iba a concluir y menos de esta manera tan cobarde…
Ahora que recordaba, él la conoció gracias a que su auto la mojó, al pasar por un encima de un charco. Le estaba pagando con la misma moneda. ¡Qué poca originalidad!
Esperen un momento, antes de que el balde le nublaran la vista, pudo ver que habían tres figuras en el salón, sus alumnos debían saber quienes eran… mmm … y lo estaban ocultando para no ser bocones.
Se sentó en su asiento y cruzó una pierna sobre la otra— Se quedaran sentados en silencio hasta que toque el timbre. Si cuando lo escuchen, nadie dijo quien fue el culpable, me veré en la penosa necesidad de llevarlos uno a uno hacia la dirección para que hablen con la directora Rin y descubrir al final el culpable… —se escucho un decepcionado AHHH de toda la clase— ¡Silencio! —reclamó Darien golpeando el borrador contra la mesa y logrando en el acto que todos cesaran con sus quejas. Luego volvió a recostar su espalda en la silla, cruzando los brazos a la altura de su pecho y de reojo observó a cada uno de sus alumnos.
Pasaron otros diez minutos, en los cuales algunos de los alumnos estaban por caerse dormidos de sus asientos. Menos Serena, que ya soñaba, pero despierta, o mejor dicho recordaba lo que había pasado hacía una semana atrás…
—¡Déjame en paz! —gritó la chica rubia mientras escuchaba las sonoras carcajadas de su profesor detrás de ella— ¡¿Y ahora de que te ríes? —preguntó molesta virando su cabeza para verlo de frente, él simplemente se recostó sobre la puerta de su auto y aparentando inocencia contestó:
—De nada, ¿cómo puedes creer que yo, el señor súper "AMARGADO", pueda reírse? —replicó recordando como ella, minutos antes, le había gritado de la nada: ¡AMARGADO!, y aunque ahora su voz sonaba resentida por ese comentario, realmente no lo estaba, ya se había acostumbrado a escuchar los "bonitos" adjetivos que tenia Serena para referirse a él. Aunque tampoco se quedaba atrás cuando de peleas verbales se trataba, siendo él el que muchas veces ganaba las divertidas batallas sin sentido.
—¡Eres un mentiroso! —gruño furiosa.
—Yo nunca miento, o al menos no tanto como tú… —manteniendo su voz calmada como siempre, cruzó sus brazos y alzó su cabeza en pose de superioridad.
—Claro que si mientes!
Entonces Darien alzó uno de sus dedos hasta tocar la punta de la nariz de Serena y con su mano libre la sostuvo del mentón ocasionando que la rubia se ruborizada, poniéndose más nerviosa de lo que estaba.
Serena cerró sus ojos al sentir el aliento de él rozarle el rostro, dejándose llevar por ese momento, donde creía que se iba a desmayar de la emoción, de las ganas de sentir su primer beso, su primera experiencia. Si, estaba nerviosa, sentía mariposas en su estomago, como toda primera vez, pero debía dejar que las cosas trascurrieran con tranquilidad y calma si las deseaba. Él tendría que ser un experto en cuanto besar. Suponía que con sus veintitantos de años, ya haya rozado alguna vez la piel joven de alguna mujer. Le molestaba pensar solo en esa idea pero simplemente era el pasado, ahora lo que importaba era el presente.
Justo cuando creyó que sus labios iban a tocarse con los suyos, Darien se alejó con cierto grado de incomodidad que Serena no logró interceptar.
—Sabes, tu nariz ha crecido considerablemente durante este tiempo en el que te conozco, deberías consultarlo con algún cirujano plástico…
Serena se tocó la nariz con disimulo y lo empujó para poder ir a verse en el espejo retrovisor del auto, comprobando que lo que decía el chico era otra de sus tantas bromas. Darien sólo rió por lo bajo ante la inocencia de esa chica.
—¡Eres un tonto! —gruño—, ¿por qué no te metes mejor con personas de tu edad?
Justo cuando iba a contestarle esa pregunta con alguna de sus ironías, escuchó como la voz de una mujer, muy conocida por él, lo llamaba desde lejos.
—¡Darien! —una muchacha alta, pelirroja, que vestía vulgarmente dejando ver lo muy bien desarrollada que estaba su delantera llamó la atención de Serena al instante.
¿Quién es?, esa era la duda principal que saltó en su mente al verla, la cual fue contestada por una escena que la helo y sorprendió.
—¡Beryl! — Darien exclamó con una enorme sonrisa, alzando su mano en modo de saludo.
Beryl corrió hasta él, abrazandosé al muchacho. Serena solo observaba esa tierna imagen, manteniendo evidentes rasgos de confusión acumulada en su rostro, sintiendo como algo en su interior crecía, no siendo precisamente amor.
Luego del acto, que Darien detuvo abruptamente al recordar de que la chica rubia estaba enfrente de ellos, decidió mejor presentarlas.
—Te la presento, ella es Serena Tsukino, una de las peores alumnas del establecimiento liceal… —ironizó esperando el rápido agravio de Serena por ese comentario pero nunca llegó, nunca escuchó nada, ni un misereo "ah" que remitiera eso.
—Hola —saludó secamente a la joven mientras seguía colgándose del cuello de Darien ante la atenta y molesta mirada de la rubia, que mantenía su completa atención en ella. Haciendo como si la muchachita no existiera, le preguntó muy mimosamente a su novio—. ¿Qué te parece si vamos al cine?
—Espera un momento Beryl —respondió tratando de calmar la emoción de la chica al verlo—. Perdona Serena, ella es mi novia Beryl —la presentó separándose de su asfixiante abrazo.
—¿N-novia? —preguntó en un pequeño tartamudeo. Su corazón comenzó a bombear con rapidez, y la tristeza, desilusión y… ¿celos?… si, celos, parecieron subir de nivel, mientras apretaba sus puños con fuerza y fruncía el ceño.
—Sí —asintió la pelirroja agarrándole un brazo a Darien para reforzar esa respuesta, como si quisiera marcar su claro territorio en él—, y también su futura esposa… —declaró besando de repente una de las mejillas del chico.
Darien creyó morirse de la vergüenza. Nunca antes había sentido eso en público ante las demostraciones de afecto de su novia –aunque, ciertamente, no le gustaban-l pero estando Serena todo era diferente. La presencia de ella y la extraña mirada suya puesta en él lo ponía nervioso.
—Tranquilízate Beryl, sabes muy bien que todavía no podemos casarnos —susurró en lo bajo, con un leve enrojecimiento en sus mejillas y un pequeño frunce en su rostro.
—Bueno, mi amor, no te molestes —con dulzura lo abrazó esta vez de la cintura—. Despídete de la niña y vamos al cine… —un gruñido se escucho escapar de la boca de Serena, el cual se perdió rápidamente en el aire.
—No puedo Beryl…
Darien poso una mano detrás de su cabeza rascándose la nuca, mientras intentaba buscar las palabras exactas para que ella no malinterpretara lo que iba a decir.
—Le prometí a Serena que la iba a alcanzar hasta su casa y bueno, tú sabes que…emmm…
Como si un balde de agua fría hubiera impactado en su cuerpo Beryl se helo al escuchar esas palabras salidas de la dulce boca de su novio, y al momento en que lo sintió desprenderse de su abrazó empujándola con leveza, todo a su alrededor se oscureció, quedando solo su presencia en el vació…
Su quijada se desplomó por la sorpresa, muy poco grata para ella…
No podía ser…
Él prefería estar con una colegiala, que con su novia, ¡Su adorada novia!. ¿Por qué?. ¿Qué había echo mal para que él le hiciera esto? Le daba todo sin pedir nunca nada a cambio porque lo amaba profundamente, pero ahora, por culpa de la niña que tenía enfrente, la había dejado de lado, importándole mucho más alcanzar a una…barbie hueca hasta su ¿casa?
¡Nunca la había abandonado así de esa manera!
El prototipo de rubia estúpida que tenia enfrente le estaba lavando el cerebro a su amado Darien, seguramente intentaba quedarse con él. Desde el primer segundo que la vio, tuvo el presentimiento que Serena le iba a ocasionar muchos dolores de cabeza y ahora no lo dudaba en lo más absoluto.
En cambio de Beryl, la rubia sonreía de oreja a oreja triunfante, como si hubiera ganado el más grande y glorioso trofeo de toda su vida.
—Bien Beryl, fue un gustazo conocerte —Serena replicó con ironía, haciéndole conocer su voz a la pelirroja, y acercándose al pelinegro sosteniéndolo de la mano y empujándolo para su lado—. Vamos Darien, que llego tarde a casa y tengo cosas que hacer…
Darien comenzó a ser arrastrado hasta su automóvil por Serena, dejándose llevar sin ninguna oposición. La pelirroja estaba roja de la rabia y justo cuando ya estaban casi en la puerta del chofer, gritó inconcientemente:
—¡Espera Darien!
¿Ahora que le iba a decir?, él ya se había volteado a verla y ella todavía no había pensado ninguna excusa para que no se fuera con la rubia. Pero solo le quedaba una opción y esa opción era ir con ellos.
—¿Qué te parece si los acompaño? —improvisó, con una muy bien actuada sonrisa falsa, prendiéndose en uno de los brazos de su Darien nuevamente.
Dudando por un segundo y no sospechando lo que podría suceder si las dos iban sentadas en el mismo auto, Darien asintió inocentemente.
Serena frunció el ceño con fuerza y otro gruñido reprimido salió de su boca.
—¿Sabes algo? Prefiero irme mejor sola. ¡Gracias por nada! —exclamó de mala gana, soltándolo bruscamente y yéndose por el camino que la conduciría hasta su casa, ante la sorpresa de Darien y la felicidad de Beryl …
El chico se quedó con la quijada medio abierta viéndola irse pateando cada piedra que se presentaba en su camino. No comprendía que había pasado, ni tampoco porque Serena estaba tan furiosa como ahora, ya que por primera vez no le había hecho ni dicho nada. Nunca antes la había visto así, actuando de esa forma tan furiosa con él…
Frustrada agarró su desgastada goma y siguió borrando lo que decía en su asiento.
Todavía no podía entender porque había reaccionado así cuando la vio a ella, aunque culpa no sentía por haber tratado a Darien de esa manera.
Y varios encuentros luego de éste sucedieron en la semana, los cuales no habían sido del todo muy agradables para la rubia y... la "feliz" pareja de novios. Es más, se sorprendió de que hoy Beryl no hiciera su "mágica" aparición en toda la mañana. Mágica, porque aparecía de la nada, asustándolos a todos, y como un imán se atrincheraba a Darien, abrazándolo, besándolo, mimándolo al pobre, que ante los actos de la pesada de su novia ponía caras extrañas, como si se sintiera incomodo con los afectos de ella.
No salía de su asombro, no aceptaba que él estuviera de novio con ese extraño espécimen de… uffff. No la odiaba… no odiaba a esa…
Solamente deseaba su desaparición del mapa, que terminara siendo abducida por un extraño objeto no reconocido y no volviera nunca más ala Tierra, ¿era mucho pedir?
¡Hump!
¿A quién engañaba?
Eso no iba a suceder, lo máximo que podría pasar es que fuera a otro país milagrosamente…
Si eso pasaba juraba, por la vida de sus padres, que se pondría a estudiar sin descanso en estas dos próximas semanas de vacaciones que se venían dentro de poco. No visitaría, saldría, ni pasaría por los lugares que acostumbraba a ir, ni estaría con sus amigos, bueno, por lo menos con los pocos que le quedaban, ya que su lista se había reducido considerablemente durante este tiempo ya que las chicas parecían más interesadas en llamar la atención de Darien.
Pero claramente él nunca le daría importancia a un circo de babosas colegialas, que solo querían encontrar su primera experiencia emocionante de un solo sopetón. Darien estaba en otro ambiente, a él solo le interesaba ver por debajo de faldas de señoritas de su edad, ya lo había comprobado con sus propios ojos al verlo con Beryl…
Ella no se iba a rebajar hasta esas circunstancias en las que sus compañeras cayeron...
Bueno, admitía que casi lo había echo ciegamente con Andrew, aunque, había algo, o mucho, que lo diferenciaba de Darien.
Su mente se nubló por las "pocas" veces en que él demostró algo más grande que su propio ego. Por ejemplo, cuando la halagó al decir que era bonita, cuando la abrazó cuando se sintió mal, cuando se disculpó por lo malo que había sido con ella y... cuando casi le daba su primer beso inconcientemente.
Él había confesado que la forma de tratarla así simplemente era un juego para molestarla. El tema era que ella no sabía jugar bien y por eso casi siempre terminaba molesta con él.
Pensándolo mejor, las pocas acciones podían llegar a decir más de mil palabras sin necesidad de pronunciarlas. Darien no solamente era el ego con patas sino que también tenía... ese algo especial que la embobaba, aunque no sabía que cosa era realmente.
Pero solo eso, no podía ser- ¿amor?
O tal vez si…
No lo sabia, recientemente lo estaba descubriendo, no hoy, esto venia de tiempo atrás, desde el primer momento en que lo vio…
Debía mantener silencio, dejarlo en secreto y escondido entre sus sueños, porque era su profesor y entendía que, bueno no sabía lo que realmente sentía por él, pero de algo estaba segura: era algo demasiado especial, como para poder ser correspondida por alguien como él, que ya tenía en su corazón a otra persona que no era ella…
—Serena... —llamó suavemente Darien a su alumna, viendo como ella lo observaba como si estuviera en las nubes—. Serena... —intentó nuevamente captar su atención, posándose enfrente de ella y sosteniéndola de un hombro—. ¡Serena! —gritó al final, cansado de esperar que reaccionara.
—¿Ah? —musitó saliendo del reino de los sueños. La chica se dio cuenta de la manera en que se había quedando viéndolo y eso la avergonzó de sobremanera—. ¿Qué sucede? —preguntó bajando la mirada al suelo, no siendo capaz de enfrentarla con la de él.
—El timbre ya tocó...
—¡¿Qué? —gritó impactada.
Había estado tan embobada entre sus pensamientos que no se había dado cuenta de lo que había sucedido en el transcurso de la clase. Miró para todos lados, a cada rincón, ya nadie estaba allí, solamente quedaban ellos dos...solos. Su corazón se aceleró y el rubor de sus mejillas creció considerablemente. Si no salía inmediatamente de ahí iba a sufrir un colapso nervioso con solo tenerlo tan cerca, a su lado— ¿Y los demás? —preguntó tímidamente.
— Luego de que pasaron veinte minutos en los que me dormía decidí que era mejor mandarlos uno a uno a la dirección y el primero que mandé fue a Kelvin, el cual aclaró enseguida a los causantes de esta broma de mal gusto.
—¿Y quienes fueron? Porque yo no fui, ¿eh?
—Ya lo sé Serena, no tienes porque perseguirte tanto… —suspiró— Karen, Carla, Merry...
—"Debí suponerlo…" —pensó ella.
—Como ya bajaste de la luna —comenzó irónicamente—, quisiera pedirte que me entregues los deberes que te estoy reclamando hace rato...
—¡Ah, si! —contestó buscándolos desesperadamente—. Emmm, espere... —volteó la mochila y tiró todo encima de su mesa al no encontrar rastro de ellos. Darien se quedo observando la tanta porquería que tenia esa chica en su bolso, hasta se sorprendió de que no hubiera una rata allí adentro. Entre las pertenencias pudo observar demasiadas cosas íntimas de mujer que dejaba en evidencia el estado en que se encontraba su alumna.
—¡OIGA! —gritó Serena al darse cuenta como la mirada de él se perdía entre sus cosas.
Olvidándose su propósito anterior avergonzada se dispuso a juntar todo con rapidez.
—Se te olvido esto —con una sonrisa llena de "inocencia", sostuvo entre sus manos una bombacha muy de niña decorada con conejitos y un hermoso lasito en el medio.
—¡Déme eso! —exclamó avergonzada arrebatándolo de las manos de él.
—No debes porque avergonzarte, a todas las mujeres les sucede...
—¡No me importa! —lo cortó a media palabra dándose la vuelta para esconder lo roja que estaba.
—No es nada fuera de lo normal, es bueno saber que en un futuro muyyy lejano podrás tener hijos
—Basta…
—Eso si, debes cuidarte…
—¡Ya entendí! —lo detuvo ya no aguantando la situación.
—Calma, calma… —susurró descruzando sus brazos y alzando su mano.
—¿Qué? —interrogó Serena con desconfianza viendo por encima de su hombro la mano del hombre.
—Los deberes.
—Ahhhmmm, bueno, me los olvide en casa, ¡adiós! —dijo como si nada y aprontándose para salir inmediatamente del salón antes de que un terrible sermón se aproximara.
Cuando sus pasos fueron acercándose con rapidez a la salida, un brazo la detuvo interponiéndose entre ella y la puerta hacía la libertad, haciéndole dar marcha hacia atrás y terminando su caminata al interponerse el escritorio de su profesor. Darien la miró furioso y con cara de reproche.
—¡Pero los hice! —gritó ella ante la pose acusadora de él. Darien siguió sin articular palabra alguna—. Yaaa, ¡deje de mirarme así!
—Claro —sonrío con ironía.
—Ash, los hice —Serena siguió protestando.
—¿Ah, sí? —pausó un momento pensativo, posando un dedo en su barbilla—. Entonces dime donde están —concluyó al final.
—En mi casa.
—¿En tu casa?
—Si. Me desperté tarde, fui a la cómoda, busqué ropa interior, caminé hasta el baño para higienizarme, volví a la cómoda a buscar mis broches para atarme el pelo y, como no los encontré ahí, me acerqué a la mesita de luz, luego al armario a buscar mi uniforme colegial, y después me caí al suelo, y como me raspé la rodilla fui corriendo al baño a ver si me había lastimado. Me vestí, me apronté toda, salí atropelladamente, recuerdo haberme vuelto a caer pero esta vez en el acto se me cayeron todas las cosas que tenia en mi mochila. Como estaba apurada por irme me olvide de juntar algunas cosas que quedaron desparramadas ¡AH!, ¡ya sé dónde quedaron mis deberes!. De seguro me las debo haber olvidado en el suelo —luego de concluir el terrible esfuerzo para acordarse de todo eso terminó su explicación con una enorme sonrisa, creyendo que por ésta, Darien la iba a perdonar.
—Bueno, supongo que puede ser verdad tu "relato", además de que es mejor esa excusa que "profesor el perro se comió mi tarea"
—No es una excusa, es la verdad.
El rostro de él se retornó serió.
—Si hubieras traído los deberes no creo que hubiera llegado a hacer esto ya que había dejado en ellos mí confianza de que ibas a hacerlos y te mantendrías así por tiempo. Tu pereza me han llevado a este grado de creer, luego de lo hablando en la reunión de maestros, que necesitas un tutor…
—¿Un tutor? —exclamó sorprendida.
—Si, un tutor, el cual te ayudara con los estudios y explicara mejor las cosas que no entiendes… —se acercó hasta su maletín y sacó una hoja y un lápiz, comenzando a escribir lo que sería la "salida" y "ayuda" para que la pobre muchacha pudiera mejorar en el futuro.
—Pero, pero, pero, ¡pero!
—¿Pero qué? —detuvo abruptamente su labor para verla con seriedad.
—¡Yo no quiero un tutor!
—No es mi problema...
La cara de Serena hizo puchero, y resignada interrogó:
—Esta bien…¿y quién es ese tutor?
—Yo —admitió encorvando la boca para bajo en modo de disgusto, como si fuera lo más obvio—. Toma, en este papel esta mi número telefónico y dirección
— ¡¿Usted?, ¡no! Gracias Darien, pero no. Si los profesores te eligieron a ti, obligadamente, no debes porque hacerlo… —rechazó el papel y todo, de una manera muy actoresca.
— Si te parece… —aceptó el hombre como si nada.
— ¡¿Qué? —gritó arrebatándole el papel en manos y guardándoselo—. No, no, por dios Darien, creo que es una buena idea, tú me ayudaras y yo, pues…eh…jejeje —intentó no sonar tan desesperada. Darien levantó una ceja confundido.
—Ajá —solo musitó impactado por el extraño comportamiento de la joven—. No, ellos no dijeron nada sobre mi, yo solo me ofrecí a ayudarte, porque, aunque no lo creas, me preocupo por ti.
La rubia sintió ruborizarse, y con la mirada caída en el suelo preguntó con una tonta sonrisa— ¿En serio?
—Sí —asintió falsamente posando una mano detrás de su espalda y cruzando los dedos. En una parte mentía, y en otra decía la verdad. Por no hacer sentir mal a la rubia, prefiero meterle el cuento de que él, muy amable como siempre, se ofreció a ayudarla como tutor, aunque había sido todo lo contrario. Pero le había dicho la verdad al decirle que se preocupaba por ella, lo cual era muy cierto.
—¿Y que días exactamente tengo que ir?… —interrogó sonriéndole.
—Eso tendré que hablarlo con tus padres.
Serena pestañeó rápidamente y, de la nada, los dos se mantuvieron observándose mutuamente, sin poder alejar sus ojos del otro en ese instante. Pero Darien los apartó enseguida al escuchar la puerta abrirse, apareciendo tras ella la directora Rin acompañada por Karen, Carla y Merry.
—Buenos días nuevamente, señor Chiba… —saludó con su tan conocida falsa sonrisa de siempre y su actitud calmada de todos los días.
—Buenos días, Rin —le correspondió.
—Bueno, aquí les dejo a sus tres alumnas para que trate con ellas
—¿Eh?
—Si, usted se ocupara de castigarlas, ya que yo tengo cosas que hacer
—Es que... perdona Rin, pero yo me tengo que ir no me puedo quedar…
—Darien… —suspiró cansada— no seas tan egoísta.
—Pero...
—Ya sabia que ibas a entender… —sonrió— antes de irme, pasaba a preguntarte si ya estas aprontando todo para la fiesta de invierno
—Si, ya tengo casi todo, pero tenia pensado que tal vez los demás profesores podrían ayu... —rápidamente cambio de estrategia al ver la cara de Rin— padres podían ayudarnos en algo, jejeje, ¿no? Entonces creí necesario hacer este comunicado para pasar mañana por las clases…
—Déjeme verlo.
Darien se lo entregó.
—Mmm, si esta bien, haré que le saquen fotocopias en la biblioteca —lo aceptó gustosa—. Bien me retiro antes de que Daniel se le ocurra hacer algún estrago en la dirección…
—Que tenga un bonito día —se despidió Darien antes de dirigir su mirada a las tres chicas.
—Señor Chiba, perdónenos, no era nuestra intención que ese balde de agua lo mojara a usted, de veras… —se disculpó Merry sumamente arrepentida. Seguramente era la única sincera de la tres.
—Usted sabe que siempre puede contar con nosotras… —dijo Karen empujando disimuladamente a Serena para acercarse mas a él.
—En lo que quiera o necesite… —le siguió Carla sonriéndole tímidamente, pasando mil ideas descaradas en su cabeza, avergonzándose al mismo tiempo de ellas.
Darien sintió como el calor de sus mejillas crecía, pero se mantuvo estoico.
—Discúlpenos, ¿si?… —pidió Karen tiernamente, atrincherándose en el brazo de Darien y acercando lentamente su rostro hacía el de él—. Se lo suplico.
El hombre la observó con seriedad y antes de responder, Serena agarró violentamente el antebrazo de Karen empujándola hacia atrás para separarla de Darien.
—¡Eres una bruta! —exclamó enojada la chica de largo cabello negro.
—No está bien que intentes extorsionarlo.
—Te pasas de atrevida Serena
—Problema mió.
—Tontita.
—Pero quien te crees que eres pedazo de…
—¡Eh, eh!. Tsukino, cálmate —pidió Darien sorprendido, deteniendo al instante esa pelea sin sentido alguno— ¿qué hablamos el otro día? Nada de insultos entre ustedes dos. Serena si no quieres que te castigue junto con ellas mantén mejor la boca cerrada —le advirtió—, y tú Karen por pasarte de listilla tienes doble castigo.
— ¡¿Qué? —gritó sorprendida—. Pero profesor…
—Pero nada.
—Perdón —se disculparon las tres chicas.
—Esta bien, pero tengan en cuenta lo que les digo —ellas asintieron con algo de pena— ya que dejaron el circo de lado, bueno… creo que ya tener algo pensado para que hagan el resto de la tarde y mañana pensaré otro castigo mejor…
—¿Cómo se llama la obra? —Serena preguntó dudosa, observando uno de los enormes carteles que habían pegando las chicas en un mural.
—Todavía estamos debatiendo el nombre… —Karen contestó sin emoción.
—Oigan chicas, ¿qué les parece si luego pasamos por el Video Game? —propusó Serena con una sonrisa.
—¿El Video Game?, ¡Hace tiempo que no paso por allí! —exclamó Merry emocionada, deteniendo su trabajo y observándola pero pronto su alegría cayó de decibeles al ver como la miraban sus compañeras de castigo.
—No podemos… —contestó Carla
—Tenemos que terminar de pegar estos carteles… —le siguió Karen.
—Ah, bueno, esta bien… —concluyó la rubia—. ¿Saben algo?
—¿Qué? —preguntaron las tres chicas al unísono, sin prestarle mucha atención.
—El profesor Chiba sera mi tutor —largó como si nada.
De repente a Karen se le cayó el balde de pegamento al suelo y, mirándola aterrorizada, preguntó por casualidad de que sus oídos hubieran escuchado mal.
—¿Tu tu-tutor? —tartamudeó.
—Sí —asintió, tratando de no sonreír con malicia al ver la reacción de ella.
¡Qué se mueran de celos! Seguramente habían hecho ese plan del balde para ella y no para Darien, como creían la mayoría, aunque no entendía porque el odio repentino de las chicas hacia su persona, si antes eran muy amigas.
—Bueno, voy a ver a Kelvin y Molly… —replicó feliz, corriendo hasta la otra esquina donde se encontraban ellos entregando folletos a la gente que caminaba por la vereda.
Karen tuvo que ser retenida por las otras dos chicas para que no fuera detrás de la rubia a golpearla.
—Si que están lindos, ¿no, Kelvin? —replicó Molly viendo los carteles que con tanto esfuerzo pegaban sus compañeras.
Su amigo asintió con una sonrisa.
—Es un bonito cartel —solo atinó a decir.
—Yo también creo lo mismo… —Serena se unió al par con ese comentario—. Así que van a hacer una obra teatral y andan buscando actores…
—Si —admitió Kelvin—, todos los alumnos de cuarto año que hagan algo en la fiesta de invierno recibirán una muy buena nota este mes en biología
—Lo sé —dijo emocionada—, por eso quiero actuar —repuso con alegría.
Darien no la había elegido para arreglar lo de la fiesta pero le alegro saber que había más opciones para ganar nota de la manera más fácil.
Molly al escuchar a su amiga intentó por todas las maneras posibles callar a Kelvin para que no dijera nada más, ya que sabia que si la rubia iba a postularse para actuar, de seguro, le arruinaría toda la obra que tenían pensadas ella, Karen y Carla.
—Sí, entonces ven el domingo a las nueve de la mañana al gimnasio escolar y...
—Ash… —gruño Molly interrumpiendo a Kelvin—. Serena, ¿por qué no intentas mejor con el concurso de talentos? Además para eso no debes hacer ninguna prueba para entrar y… estem... ya ganas una nota de la forma más fácil. Lleva a ese gato callejero que te encontraste y hazle hacer algo en el escenario y listo.
—Ayyy, no sé… —suspiró indecisa—. ¿Kelvin, a qué hora dijiste que era lo de la obra?
—A las…
Molly lo interrumpió con un leve codazo.
—A lastres y media de la tarde.
—¿Tres y media de la tarde? —cuestionó confundida—. ¿Entonces por qué ese cartel dice a las 9 am?
—Error de impresión —Molly contestó riendo nerviosamente. Serena sospechaba que algo extraño escondía…
Ya por la noche en el aeropuerto todo trascendía como era común día a día en él. Gente caminaba de aquí para allá con apuro, otras se reencontraban con seres queridos que, por esperanza y fe, volvieron a verlos después de tantos años separados, o al revés, siendo la gran mayoría la que se despedía para lo que después sería un mañana.
Este último era el caso de Beryl que se encontraba a pocos minutos de abordar el avión.
—Bueno, creo que ha llegado el momento de decir adiós... —musitó con tristeza, recogiendo el único bolso que tenía a mano.
—Yo prefiero dejarlo como un hasta luego, no creo que nunca te vaya a ver, a menos que te estés fugando de mi realmente —dijo divertido, manteniendo la compostura para lo que iba a decirle, aunque muy en el fondo le doliera. Tímidamente acerco su mano al rostro de ella, sabia que esa podría ser la ultima caricia que le regalara. Con sus dedos rozó suavemente los labios de ella mientras Beryl se rendía ante esa caricia.
—Te amo, Darien... —suspiró la mujer alzando su rostro hacia el frente y dándole un calido beso a Darien, el cual fue correspondido inmediatamente de forma fría y confundida.
— Darien... —suspiró alejándose más de él—, ya sabes que este curso me dará muchas mas opciones en cuanto mi carrera y por ahora es lo que más deseo en mi vida.
—Lo entiendo… —apartó su rostro de la mirada de ella.
Lo que iba a decirle era algo que había reflexionado durante mucho tiempo y esta misma mañana lo había dado por concluido. No quedaba otra, sabía que se lo había prometido, pero ahora no entendía porque deseaba declinar de esa promesa. Él nunca antes había rotó alguna promesa pero siempre hubo una primera vez para todo, y esta iba a ser la suya:
—El año que viene me toca irme a Estados Unidos —declaró cerrando los ojos, no siendo capaz de enfrentar su mirada con la de ella—. Lo pensé mejor Beryl y creo que... debemos separarnos, no definitivamente, pero si distanciarnos, acostumbrarnos a estar separados durante estos dos próximos años, porque así… —volviendo a abrir sus ojos, rápidamente detuvo sus palabras al ver que ella ya no estaba mas enfrente de él, encontrándose Beryl a unos cuantos metros de distancia hablando con una azafata. No sabía porqué, pero sospechaba que Beryl no haba escuchado nada de lo que le había dicho.
Se sentía frustrado por que lo que quería decir nunca llegaran a los oídos de su… novia, o ex si hubiera escuchado lo que había expresado. Esto solo le daba más tiempo para pensar, aunque sabía que no había nada más para salvar esa relación de varios años.
Los encuentros con ella se había vuelto casuales, el sexo se había retornado aburrido y había perdido ese toque especial que tanto le gustaba al hacerlo con ella. Los momentos en que estaban juntos, saliendo a pasear, como el cine o cenar, siempre terminaban peleados por alguna tontería. Su convivencia se había retornado insoportable.
No sentía precisamente amor por ella pero había descubriendo que ese supuesto amor simplemente era cariño… amor, tal vez, pero de hermanos.
—¡Perdona Darien, después me llamas y hablamos, cariño! —dijo Beryl despidiéndose desde lo lejos.
—Jeje, hump, si… claro… como digas… —susurró alzando su mano en son de adiós.
Luego se dio la vuelta para irse del lugar pero una niña lo detuvo jalándole de la ropa. Darien la observó confundido por un segundo. Esa niñita pequeña parada a su lado, que le sonreía de oreja a oreja mientras comía un helado, se veía tan inocente, tan dulce, que lo enterneció, hasta el límite de agacharse hasta su altura y ofrecerle muy amablemente su ayuda:
—¿Necesitas algo?, ¿estas perdida? —preguntó sonriéndole tiernamente y apoyando una mano en su pequeña cabecita.
La niña solo le sonrió, alzándole un papel para que él lo agarrara.
—¿Qué es? —le preguntó sosteniéndolo en manos. Ella solo le sonrió mientras el chico leía en su dorso—. ¿Repartido de Biología del profesor Darien Chiba, 4°3, para Serena Tsukino? ¡Estos son los deberes de Serena! —exclamó sorprendido.
Cuando volvió a subir la mirada la niña ya no estaba.
Levantándose sorprendido del suelo observó sus alrededores buscándola con la mirada.
—Atchuuu —estornudo de repente—. Creo que ya me enfermé —musitó mirando el papel en sus manos.
No entendía lo que había pasado, ni tenia urgente necesidad por averiguarlo, solo deseaba volver a su casa y descansar, ya que este día había sido muy agotador para él para estar pensando y quemándose la cabeza por saber quien era la niña, y como ella tenía los deberes de la rubia en su poder.
Sorprendentemente, hizo una bola con el papel, tirándolo en una canasta de basura que estaba cerca de su posición.
—Voy a hacer de cuenta que nunca, atchuuu, lo vi —sonrió de medio lado, dándole nula importancia a los ex deberes de Serena.
Todo ya estaba arreglado y echo. Él sería el tutor de Serena y le enseñaría todo lo que fuera necesario para que ella sea una buena alumna, en especial: modales, los cuales eran los que faltaban en la educación de esa niña malcriada.
