Hola! ¿Qué tal están? Yo me encuentro emocionada porque hoy me iré a ver SUICIDE SQUAD con mi hermana, y… ¡estoy muy emocionada! Hace tiempo que espero esta película y muero por verla. En fin, les subo el capítulo ya porque tengo que ir de compras. Tengo pensado maquillarme y vestirme de Harley Quinn para es estreno y… pues me faltan unas cositas.

Pero bueno, les dejo el cap. Lo siento si es muy corto, pero van a ir aumentando de tamaño más adelante, no se preocupen. A mí no me gusta (en lo personal) cuando leo una historia y los capítulos con muy cortos, así que trato de hacerlos de buen tamaño, pero hay veces que simplemente tiene que terminar en cierto lugar. Pero muy pronto serán más largos.

No saben cuánto les agradezco que me dejen sus comentarios. Uno en especial me llegó al alma y… me encantó. Son comentarios tan lindos como esos y todos los demás los que me hacen seguir adelante con más motivación. Así que lea agradecería me dejen sus comentarios, preguntas o sugerencias (respeto ante todo) y me hagan saber si les gustó.

Disclaimer: todos los personajes son obra de la reina Stephenie Meyer. Historia/trama de mi propiedad.


Capítulo 3

Una Señal Del Cielo

Bella se encontraba en su cocina, su amada cocina, haciendo su desayuno, aunque para Edward una ensalada no era lo suficiente para la comida más importante del día. Tenía a todo volumen "Lady Marmalade" y sentía la música en todo su cuerpo mientras cortaba con despreocupación en pequeños pedazos las naranjas que había descarapelado, y Edward… Edward solo esperaba con todo su ser que no se cortara con el cuchillo mientras veía cómo Bella se movía por toda la cocina cantando el solo de P!nk.

Bella cantaba a todo pulmón sin darse cuenta que alguien tocaba con euforia a su puerta.

–Touch of her skin feeling silky smooth, oh color of cafe au lait, alright made the savage beast inside roar until he cried –Y comenzó a cortar las fresas.

Y mientras lo hacía alguien entró a la casa, y Bella no se dio cuenta, pero Edward sí, y miraba cómo esa persona se quedó parada en la entrada de la cocina mirando a Bella sacar un bowl para poner ahí su ensalada.

Edward miró fijamente a esa persona, esperando a ver qué hacía. Creyó que fue una casualidad el otro día cuando esa persona se le quedó mirando fijamente, pero ahora quedó aún más sorprendido cuando esa persona le devolvió la mirada y le guiñó un ojo cuando se dirigió a la encimera de donde provenía la música, y la apagó.

Bella siguió cantando y moviéndose por la cocina sin darse cuenta de que la música ya no seguía, y que esa personita se acercó a ella por detrás. No se dio cuenta de que había alguien más con ella hasta que sintió cómo alguien la agarraba por la cintura.

–¡Aaaah! –Gritó Bella dándose la vuelta con un cucharón en la mano para atacar a quien sea que fuera el intruso.

–¡Tranquila Bella!

–¡Alice! ¿Qué haces aquí? –Preguntó Bella, aunque aún sin bajar el cucharón –¿Cómo entraste? ¿Forzaste mi cerradura?

–Antes que nada, baja el cucharón, no tienes por qué ser tan agresiva conmigo, y, ¿cómo que qué hago aquí? Claramente vine a invitarte a desayunar. Y por último, claro que no forcé tu cerradura, ¿me crees capaz de hacer algo así? Bueno, tal vez sí, pero contigo no, entré por la puerta trasera, y me hubieras escuchado llamar a tu puerta si no estuvieras con tu música a todo volumen.

–Ah, hum, yo supongo que… Un momento, ¿entraste por la puerta trasera? ¿Cómo pudiste entrar por ahí si tiene llave? ¿Y cómo sabes siquiera que habían una puerta trasera? –Bella no sabía si sentirse asustada porque Alice irrumpiera en su casa así como si nada, o aliviada de que hubiera sido ella y no otra persona.

Edward solo atinaba a mirar el intercambio de palabras entre las dos chicas, tan diferente una de la otra. Bella aún en su ropa de dormir y con su pelo suelto y enmarañado, y Alice muy bien vestida, maquillada y peinada. Y aún así, Edward creía que Bella no podía ser más hermosa.

–Aaaay Bella, me ofende que me preguntes todas esas cosas siendo tu amiga. Pero… –se quedó callada al ver el atuendo de Bella – ¡Bella! ¿¡Qué haces vestida así!?

Bella se miró a sí misma sin saber muy bien a qué se refería.

–Hum, es mi pijama Alice, y a parte, son las ocho de la mañana, me acabo de levantar.

–¿Qué no escuchaste lo que te acabo de decir? ¡Vamos Bella! ¡Nos vamos a desayunar! –Dijo entusiasmada la pequeña chica levantando los brazos.

–Pero Alice, me estoy preparando mi desayuno… –Bella tenía tantas ganas de quedarse en su casa a desayunar su ensalada y después meterse en la cama de nuevo a ver películas todo el día.

Alice se le quedó mirando fijamente con cara de enfadada, y después se acercó a la encimera donde estaba el desayuno de Bella, y soltó un pequeño chillido al ver lo que contenía el bowl.

–¡Eso es tu desayuno! –Dijo apuntando el bowl que contenía la ensalada de Bella.

–Sí, ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? –Preguntó Bella extrañada mirando el bowl y tomando una fresa para probarla, tal vez estaban echadas a perder y ella no se había dado cuenta. Pero no, estaban frescas y dulces.

–¿¡Que qué tiene de malo!? ¡Bella, es una ensalada! No puedes aguantar todo lo que tengo planeado para nosotras con solo una ensalada en el estómago como "desayuno".

–¿Qué? ¿Qué planes? Alice, yo no quiero planes, yo quiero quedarme en casa a disfrutar de mi fin de semana… –Dijo Bella frunciendo el ceño.

Su Ángel solo la miraba argüir con Alice, su pelo enmarañado, y su ceño fruncido que le hacía querer pasar el dedo suavemente por él para desaparecerlo. En una parte estaba con Alice, eso que Bella llamaba desayuno no estaba bien, pero cuando escuchó los planes que decía tener para su Bella, no pudo evitar desviar su mirada hacia la pequeña duende. No le traía buena espina, aún no sabía todo de ella. Claro, ella era la Alice de Jasper, pero ¿cómo sabía que no era asesina serial antes de que conociera a Jasper?

–A ver Bella… –Alice se sentó muy confiadamente en uno de los bancos de la encimera –Dime qué es lo que vas a hacer hoy.

–Hum… Pues desayunar, obviamente –Y apuntó a su ensalada –Y después ver películas…

Y ambos, Bella y Edward saltaron ante el chillido que dio Alice.

–¡Entonces vayamos al cine!

–¿Qué? No, no puedo ir al cine solo así Alice.

–¿Por qué no?

–Pues porque… Porque… –Y Bella no podía decir una sola excusa viable qué decirle a Alice.

–Simplemente porque no quiere, déjala en paz… –Murmuró Edward aunque sabía que no podía ser escuchado, pero se sorprendió, de nuevo, al ver que Alice lo miraba y le fruncía el ceño, y luego que colocaba sus manos en su pequeña cintura como si su enfado fuera dirigido a él.

Bella se dio cuenta de cómo Alice de repente no la miraba a ella y miraba atrás de donde ella se encontraba. Miró para ver qué fue lo que distrajo el enojo de Alice pero no vio nada, y volvió la vista al frente al escuchar de nuevo a Alice.

–¿Lo ves? No tienes nada importante qué hacer, o es que lo que no quieres es salir conmigo… –Y Bella sintió algo contraerse en su interior al ver la carita triste que hizo Alice.

–No, no es eso, es solo que…

–¿Qué es? Preguntó Alice sin quitar su carita triste.

Edward supo que la pequeña diablillo de Alice había ganado cuando vio a Bella cerrar los ojos y suspirar.

–¿Te gustaría ensalada o algo más para desayunar? –Preguntó dándose por vencida

–A–

Bella y Alice se encontraban sentadas en la cocina platicando. Al darse cuenta de que Alice no se conformaba solo con ensalada, Bella sacó todo para preparar omelettes, tostadas y jugo de frutas. Ella se había comido su ensalada de fresas con naranja, y un par de tostadas con mermelada de fresa, y se encontraba chupando la cuchara con restos de la mermelada en ella.

–Lady Marmalade ¿huh? –Dijo de un de repente Alice.

–¿Mmm? –Dijo Bella aún chupando la cuchara.

–Nada, es solo… Interesante canción la que estabas escuchando cuando llegué.

–Oh, eso… –Dijo Bella dejando la cuchara en su plato – Solamente me gusta, no es por algo en especial, es… ¿Agradable?

–¿Agradable? Esa canción es todo menos agradable, es electrizante, es movida, es sensual, es… Caliente…

–¡Alice! –Gritó Bella tapándose los oídos.

–¿Qué? Es verdad? Es el Moulin Rouge. ¿No me irás a decir que no sabes lo que es el Moulin Rouge?

–No, es decir, sí, sí sé lo que es el Moulin Rouge, pero… Agh, olvídalo. ¿No querías ir al cine?

–¡Sí! Tienes razón, vamos Bella, arriba, levántate, ve a cambiarte y arreglarte, yo limpiaré la cocina.

–No tienes por qué, solo déjalo así, no hay problema.

–¡No no no! ¡Sube a arreglarte Isabella Swan!

Y Bella no pudo seguir discutiendo, porque la mirada que le dirigió Alice claramente decía "Ve a arreglarte o yo misma lo haré". Así que se terminó su jugo de frutas y subió a su habitación a arreglarse.

–A–

Bella se estaba cepillando el cabello cuando sintió que algo frío la rozó en el cuello, como una caricia, algo más leve que el roce de un suspiro. Y cerró los ojos, sintiendo cómo ese algo le llegaba hasta lo más hondo de su ser. Y recordó a su Edward, el chico que había soñado solo días atrás, demasiado hermoso como para describirlo, y no pudo evitar poner su mano donde sentía ese frío en su cuello, y saltó asustada cuando sintió una mano ahí bajo la suya. Se dio la vuelta pensando que tal vez Alice había irrumpido en su habitación sin darse cuenta, pero no vio nada, y de nuevo colocó su mano en cuello, y esta vez no sintió nada.

–¡Bella! –Escuchó a Alice llamándola desde abajo.

–¡Ya voy! –Le gritó de vuelta, y después de mirar a su alrededor, tomó su abrigo y salió de su habitación.

–A–

Bella y Alice se encontraban caminando por el Pacific Place* haciendo tiempo mientras su película comenzaba, Alice había insistido en ir a ver ropa, pero Bella se negó, argumentando que no llevaba dinero suficiente como para ir de compras.

–¡Vamos Bella! ¡Solo vamos a ver! No compraremos nada… O mejor dicho, no compraremos demasiado.

–Por supuesto que no Alice, yo no soy de esas chicas de las que ven las cosas y si les gustan las compran. A parte, no llevo dinero encima como para ir de compras.

–¡Pues yo si! ¿Qué son unos cuantos cientos de dólares gastados?

–¿Unos cientos? Pues ciertamente no son lo mismo para ti que lo que son para mí –¿Unos cientos de dólares? Bueno, claramente Alice tenía una idea diferente sobre lo que es gastar dinero de la que tenía Bella, sobre todo hablando de ropa. Claro, no es como si Bella no hubiera gastado unos cientos de dólares en un solo día, pero, bueno, es diferente gastarlos en libros que en ropa ¿no?

–¡Bella! ¡Eres una aguafiestas! Tenemos una hora hasta que comience la película, y necesito unas nuevas botas para el invierno. –Dijo Alice haciendo un puchero.

–Pero…

–¡Bella! ¡Por favor!

–Está bien. Pero… –Añadió cuando Alice comenzó a dar saltitos de alegría – Serán solo las botas, nada más.

Y así fue como Bella se vio arrastrada por una hiperactiva Alice por todo el centro comercial. Y Bella se juró que nunca más, si podía evitarlo, iría de compras con Alice. No solo fueron un par de botas, fueron tres, y luego fueron unos cuantos abrigos, bufandas, guantes y calentadores. Y todo en una hora, hasta que fue tiempo de ir al cine a su función.

–Bella. Bella, despierta –Escuchó unos susurros, pero Bella no hizo nada más que acomodarse en donde quiera que estuviera –¡Bella!

Hasta que un pequeño gritito en su oído la hizo despertarse de verdad, saltando en su lugar y dándose cuenta de que estaban lloviendo palomitas de maíz, las cuales habían salido volando por el salto que dio.

–¿Qué? ¿Qué sucede? –Bella miró a sus lados y se dio cuenta de que estaba en una sala de cine, y las luces se estaban encendiendo, y Alice estaba parada frente a ella aparentemente enfadada –Alice, ¿por qué gritas?

–¿Por qué grito? Pues porque te quedaste dormida en medio de la película, y me la pasé hablando contigo toda la función sobre lo guapo que es el protagonista y que está como para comérselo con todo y ropa, ¡y me doy cuenta de que no me estabas haciendo caso! Y… –Señaló hacia la puerta de salida –Ese tipo de allá me miró con cara de lástima y… ¿Qué estás viendo simio no desarrollado? –Gritó Alice a un tipo que se encontraba parado en la entrada mirándolas raro.

–¡Alice calla! –Se levantó apresuradamente a taparle la boca con sus manos a la pequeña, que aún así con las manos de Bella impidiéndole que hablara, seguí gesticulando con las manos y haciendo ademanes de querer correr hacia el hombre –Lo siento, es hiperactiva, y no tiene filtro para lo que dice –Dijo Bella al hombre que se alejaba ya.

–¿Que no tengo filtro? ¡Si soy mejor que una filtradora de café! –Gritó Alice zafándose de Bella.

Bella estaba roja a más no poder por las ocurrencias de su amiga, pero, por lo menos, pensó Bella, se había olvidado de que se había quedado dormida casi toda la función. Mientras arrastraba a Alice por la otra puerta de salida, sintió a alguien observándola, volteó la cabeza hacia atrás y no miró a nadie, así que siguió caminando, con la sensación de que estaba siendo observada. Claro que alguien la estaba observando, su Ángel que estaba muy divertido con la escena que había hecho Alice, y aunque sabía que Bella estaba un poco avergonzada por su amiga, sabía que en mucho tiempo, era lo más feliz que la había visto.

–A–

Bella y Alice se encontraban formadas en una tienda de helados bajos en grasa, a petición de Alice esto último, y Bella trataba de que no saliera la risa que tenía contenida porque su amiga que no dejaba de despotricar acerca de lo tontos que eran los hombres, mientras que la gente de la fila –y sobre todo los hombres– la miraban raro y hablaban entre ellos.

–…y es que son unos pobres intentos de humanos, sin poder hacer nada más que desperdiciar espacio en el mundo, y si los observas bien, puedes darte cuenta de que su cabeza suena hueca porque no tienen nada donde deberían tener cerebro y…

–Alice, para, para… ¿Cómo puede ser que odies a los hombres si estás enamorada de uno? ¿Y Jasper? –Preguntó Bella solo para hacer que la chica dejara de hablar.

–Oooh, pero Jasper es muy diferente, es no es como nosotros, él es un ángel… –y se calló de repente. Pero Bella, sin darse cuenta que Alice hablaba en serio, lo tomó como una broma y no le tomó mucha importancia a las palabras de su amiga.

–¿Un ángel? Hum, lo dudo mucho, pero no hablaré nada de él hasta conocerlo.

–Ah, sí, por supuesto. ¡Lo conocerás! ¡Y te encantará! Bueno, espero que no demasiado como para enamorarte de él, pero, tú entiendes –Y fue su turno para pedir la cobertura en su helado – .Chocolate y chispas de colores por favor ¿Cuándo te viene bien? ¿Mañana?

Alice recibió su helado y Bella pidió el suyo con mermelada de fresa y chispas de chocolate.

–¿Tienes algo con la mermelada? ¿Y las fresas? –Le preguntó Alice con una sonrisa y un brillo pícaro en sus ojos.

–¿Qué? No. ¿Por qué preguntas?

–Bueno, pues en primera, cuando entré a tu casa en la mañana, escuchabas Lady Marmalade, creo que entiendes el juego de palabras ahí, – iba diciendo Alice mientras llegaban a unas mesas y se sentaban en una desocupada – en segunda, desayunaste ensalada con fresas y mermelada de fresas, y en tercera, porque acabas de pedir tu helado con mermelada de fresa.

–Hum, pues solo me gustan las fresas, eso es todo. Aunque, mi madre solía darme muchas fresas, era su fruta preferida, así que, supongo que es la costumbre.

–¿Por qué hablas de ella en pasado? –Alice se dio cuenta del cambio de actitud de Bella al nombrar a su madre, pero su curiosidad no la dejaba en paz si no sabía lo que quería saber.

–Murió en un accidente de tráfico junto con mi padre hace ocho años. –La voz de Bella fue solo un pequeño sonido, lo suficientemente alto como para que solo Alice lo escuchara.

Bella no pudo evitar pensar en su madre cuando aún vivía. Renée era una mujer tan vivaracha que a donde quiera que entrara, todo mundo se contagiaba con su energía, ni siquiera el serio Charlie Swan pudo evitar meterse en el loco mundo de Renée, claro, seguía siendo serio, pero ese brillo en sus ojos cuando hablaba o estaba cerca de Renée no podía evitar aparecer. Bella recordó el día en que despertó y se encontró con que es desayuno era todo de fresas, malteada de fresas, waffles rosas con fresas y una bola de helado de fresa encima, ensalada de fresas, y de postre, fresas con crema. Recordó cómo le dijo a su madre al terminar que nunca más comería fresas, y cómo su madre rió y Bella en la noche ya estaba comiendo fresas, y recordó la divertida voz de su madre decirle "El día que me vaya me recordarás y extrañarás las fresas Isabella". Y qué razón tenía. Así que sí, Bella debía tener siempre a la mano fresas, porque sentía que de esa manera, su madre siempre estaría con ella.

–Lo siento Bella, debes extrañarlos mucho –Le dijo Alice con la voz más calmada que Bella le había escuchado nunca, al tiempo que estiraba su mano para tomar la de Bella entre la suya.

–Sí, los entraño, demasiado, pero no te preocupes, fue hace mucho tiempo, ya lo superé. –Le dijo Bella poniendo una sonrisa en su rostro, pero su Ángel se dio cuenta de que la memoria de sus padre aún estaba con ella. Y no quería hacer más que sostenerla entre sus brazos y decirle que todo estaba bien para que se sintiera mejor y dejar de ver esa sombra que ensombrecía sus hermosos ojos chocolate.

"Vamos Edward, por más que quieras tenerla entre tus brazos, eso no sucederá, al menos por ahora". Esas palabras lo golpearon como un martillo, y no supo de donde vinieron hasta que captó la mirada de Alice en él. Si aún se sorprendía cuando Alice lo miraba, ahora se sorprendió más al darse cuenta de que podía saber lo que pensaba, bueno, eso tenía que ser ¿no? Leerle la mente, sino ¿de qué otra manera podía escucharla sin que Bella también la escuchara?

Pero Alice miraba ahora a Bella, y Edward se preguntó si la mirada que acababa de darle no se la había imaginado.

–Bueno Bella, ánimo, ¿qué quieres hacer ahora? Tú eliges…

Y así fue como Alice tuvo que ir a un lugar al que nunca había entrado, un lugar que según ella, toda la gente normal evitaba, un lugar al que Bella iba cada que podía y del que era cliente consentida, la librería Barnes & Noble.

–A–

–¿Bella? ¿Qué sucede? ¿Por qué corres? –Preguntó una Alice confundida mientras seguía a Bella por el estacionamiento.

–¡Ssshh Alice! ¡Corre, vamos! –Le contestó Bella en una voz baja.

–Pero ¿por qué?

–¡Bella!

Al oír esa voz Bella supo que era tarde, no pudo escaparse, lo había visto desde antes de salir del centro comercial, y ella fingió no haberlo visto, y había apurado el paso para no tener que saludarlo. Pero ahora no tenía escapatoria, con él tan cerca y gritando su nombre, no podía fingir que no lo había escuchado.

–¡Mike!

–¿Cómo estás Bella? –Mike se acercó a Bella para darle un beso en la mejilla –Que sorpresa verte por aquí, Seattle es más pequeño de lo que esperaba…

–Sí, más de lo que me gustaría –Esto último lo dijo en voz muy baja, que solo Alice, que se encontraba a su lado, la escuchó.

Edward se encontraba enojado, había hecho lo que pudo para que el chico no alcanzara a Bella, hasta lo había hecho tropezar con un bote de basura, el cual tiró y casi se cae encima, pero ese mocoso había alcanzado a Bella ¡y le había dado un beso! Bueno, en la mejilla, pero ¡aún así! ¿¡Quién se cree que es!? A Bella ni siquiera le caía bien, y le había dado tantas indirectas como para ahogarlo en ellas, pero al parecer Alice tenía razón y los hombres eran unos tontos…

Edward salió de sus pensamientos cuando Alice carraspeó, y pensó que lo hacía por él, hasta que vio a Bella mirar a Alice.

–Oh, Mike, ella es Alice, mi amiga. Alice, él es Mike, él es… Hum, de la escuela.

–Hola Mike –Lo saludó Alice y le estiró la mano, y Bella se dio cuenta de que Mike se quedó sin palabras y la miraba más de lo debido.

–Alice y yo ya nos íbamos, así que…

–Alice Cullen, ¿no? He oído hablar mucho de ti en la escuela… –Mike salió de su estupor y siguió como si no hubiera escuchado a Bella.

–¿De verdad? Yo no he oído nada de ti –Le dijo Alice con una sonrisa – ¿Vas a la misma escuela que nosotras?

–Ah, sí, la preparatoria Roosevelt ¿no? –Dijo Mike tratando de no sonar dolido.

–Sí. Hum, qué raro, ni siquiera recuerdo tu cara.

Bella trataba de ocultar su risa, pero Edward disfrutó que nadie lo podía ver y se dio el lujo de reírse de la cara de Mike, y la cosa era que Alice de verdad se veía sincera, no parecía como si estuviera diciendo esas cosas solo para hacer quedar mal a Mike, y aún así, con todo y la risa que trataba de salir de la boca de Bella, se sintió un poco mal por él. El ver su cara pálida, sin saber qué decir y cómo irse de ahí hizo a Bella compadecerse un poco de él.

–Alice, tenemos que irnos, ya sabes, tenemos que… ir a… –Bella no supo qué decir, y quiso solo haber dicho que se tenían que ir.

–Oh, es verdad, ¡Jasper nos espera! –Y de pronto Alice sonó entusiasmada.

–Sí, eso. Jasper.

–Bueno, fue un gusto conocerte Mike, nos veremos por ahí –Alice se despidió de Mike con otro saludo de manos y el joven aún se veía un poco turbado.

–Sí, igual, fue genial conocerte, o más bien que tu me conocieras…

Y Mike se fue dando tumbos por el estacionamiento de vuelta al centro comercial.

–¡Alice! –Le medio gritó Bella con los brazos cruzados.

–¿Qué? –Alice fingió no saber por qué le reclamaba Bella.

–Creo que te pasaste, solo un poco mucho.

–¿Un poco mucho? ¿Eso qué significa?

–Olvídalo, nada. Lo que digo es que creo que lo hiciste sentir un poco mal.

–¿Y qué? Se lo merecía, coquetea contigo cada que te ve, y no entiende las indirectas muy directas que tú le das de que no quieres ni siquiera ir a la esquina con él.

Edward no podía estar más de acuerdo con Alice, de hecho, Edward creía que había faltado una cachetada para que todo quedara bien. ¿Y la cachetada para qué? Quién sabe, tal vez Edward solo quería verlo sufrir por coquetear con su Bella.

–Ay Alice…

–Créeme Bella, alguien me lo está agradeciendo en este momento. –Y movió ligeramente la cabeza hacia donde se encontraba Edward, de una manera tan casual que Bella no supo lo que Alice estaba señalando.

–Okay… De acuerdo, vámonos.

Así se fueron del centro comercial. Alice dando pequeños saltitos mientras caminaba, como siempre. Bella aún dándole vueltas a lo último que Alice había dicho. Y Edward no sabiendo si quería abrazar a Alice por lo de Mike, o darle un zape en la cabeza por lo último que había dicho.

–A–

–Bella, ¿puedo preguntarte algo?

–Claro Alice.

Las dos chicas y el Ángel se encontraban en el Porsche de Alice camino a casa de Bella, la cual iba agarrada del asiento por la velocidad a la que iban.

–¿Qué harías si un chico te dijera que le gustas?

–¿Qué? –Bella no sabía si sorprenderse por la pregunta de Alice, o fingir que eso le traía sin cuidado para ver qué decía. –¿Por qué lo preguntas?

–No, yo pregunté primero, así que responde.

–Hum… –Bella se dio cuenta de que por más que tratara de desviarle la conversación, ella no se rendiría hasta saber lo que quería saber. Era increíble cómo la personalidad de Alice podía ser tan transparente, tan abierta. Así que pensó por dónde podría comenzar –No se qué decirte Alice…

–Solo dime, ¿qué significa el amor para ti? ¿Qué se te viene a la mente cuando escuchas o piensas en eso?

El Edward del que Alice trataba de hacer hablar a Bella se encontraba en el asiento trasero del coche, en shock, preguntándose si Alice había perdido un tornillo o tenía alguna enfermedad mental. ¿Qué se proponía al preguntarle eso a Bella? ¿Por qué hacía eso?

–¿Qué haces? ¿Acaso estás loca? –Le preguntó Edward a Alice. Claro que lo iba a escuchar, después de varias veces de sentir las miradas de Alice, o de sentir que sus palabras eran dirigidas a él, Edward no tenía ninguna duda de que sabía de su existencia y de que podía verlo. Así que ¿por qué no habría de escucharlo?

El Ángel miraba a Alice por el espacio entre los dos asientos delanteros, y brincó cuando sintió un pellizco en su pierna, un pellizco que Alice le había dado muy a propósito.

–Te estoy haciendo un favor… –Dijo la pequeña diablillo en una voz tan baja que era muy improbable que Bella lo hubiera escuchado.

–No estoy segura, Alice –Bella hablaba, ajena a lo que sucedía entre su amiga y su Ángel guardián. –Nunca he estado en esa situación.

–Está Mike.

–Pero Mike es diferente. Es tan… tonto que no lo tomo en serio.

Alice soltó una risa antes de que continuara.

–Pienso en… eso, y –paró un segundo para pensar qué, o más bien cómo diría lo que quería decir –un nombre, una imagen se me viene a la cabeza… Un chico. O, no estoy segura de si es un chico…

–¿A qué te refieres?

–Bueno, supongo que sí es un chico, a lo que me refiero es a que… Él es tan… hermoso y perfecto, que no creo que sea de verdad, ¿entiendes? Sé que no tiene nada que ver con lo que me preguntaste. Aunque claro, no es real, porque no es realmente alguien que conozca.

–¿Estás diciendo que cuando piensas en el amor, o cualquier cosa relacionado con eso, alguien se te viene a la cabeza?

–Sí.

–Pero si no lo conoces ¿entonces cómo es que sabes cómo es?

–Bueno, él es… es un sueño. Soñé con él una vez –Bella pensó en la vez que lo había soñado, tan hermoso y perfecto que aún estando en el sueño, ella se dio cuenta de que estaba soñando. – .No es así que digamos producto de mi imaginación, o tal vez sí, no lo sé. Solo vino un día a mi cabeza, su imagen solamente, y no sabía su nombre, hasta después, me llegó de repente. Solo así, y supe que el chico de mis sueños se llamaba así.

Edward y Alice escuchaban medio hipnotizados, él por cada una de las palabras que Bella decía mientras hablaba de él, y ella, porque no escuchó nunca nada parecido. Su historia con Jasper no era como la de Bella. Ella nunca pudo ver a Jasper, nunca supo cómo era en realidad, solo sabía que estaba ahí, siempre, y que nunca pensaba alejarse de él.

–¿Y cual es su nombre?

Bella la miró como si estuviera loca.

–No te lo diré.

–¿Por qué no?

–Porque ni siquiera es real. Y a parte, no te diría el nombre del chico que me gusta.

–¡Pero si eso hacen las amigas!

–Aún así no te lo diré. Pero, ¿por qué me preguntas? ¿Cómo sabes de mi… –se calló cuando estuvo a punto de decirle el nombre –mi sueño?

–¿Por qué de repente suenas tan territorial?

–Pues desde que yo lo soñé, por eso es mío… Pero no cambies de tema, ¿cómo sabes de él?

–Yo no sabía de él, fuiste tú quien lo mencionó.

Así como Bella supo que Alice no pararía hasta conseguir la información que quería, supo que ya había obtenido esa información y que si no quería decir nada más al respecto, no lo haría. A parte, Bella ya no tenía nada qué decir, o más bien, no sabía qué más decir. Y qué decir de Edward… Bueno, el pobre Ángel estaba tan atontado que si el auto hubiera chocado contra un poste y él hubiera salido disparado, él no se habría dado cuenta de nada. Pero es que ¡Bella lo conocía! Bueno, no conocer de conocer, tú sabes ¿no? Pero sabía por lo menos quién era y cómo se llamaba, ¡y lo mejor fue cuando dijo que era suyo! ¡Él era suyo, claro que sí, él le pertenecía en cuerpo y alma, le pertenecía cada fibra de su ser, porque aunque Edward fuera no entrara entre la categoría de los "vivos", él estaba seguro de que el corazón que tenía pero que no latía, vino a la vida con las palabras de Bella.

Sí señor, él le pertenecía con todo su ser, y esperaba que algún día, ella le perteneciera a él.

–A–

–¿Cómo estás Edward?

–¿Cómo crees que está, Jasper? ¿Es que no lo ves? Despide felicidad por cada uno de sus poros… Y pensar que tenías ganas de arrancarme la cabeza solo unas horas atrás…

Bella se encontraba dormida en su habitación, Alice se había ido solo para regresar después a casa de Bella acompañada por Jasper, y ellos junto con Edward se encontraban en el jardín trasero de Bella.

–Lo siento Alice… –Edward se disculpó, pero no pareció muy sincero, por la sonrisa que no dejaba su rostro desde que bajó del auto de Alice.

–¡Te dije que te estaba haciendo un favor! Pero nooo, te limitaste a mirarme como un león que ve comida después de días de no haber sido alimentado.

–Un león que ahora mismo parece un tierno conejito –Añadió Jasper.

–¿Tierno conejito? No soy un tierno conejito –Dijo indignado Edward– , soy… como un oso, grande y fuerte.

–¡Y abrazable! ¡Cómo un oso de peluche! –Dijo emocionada Alice.

–No Alice, fuerte, grande, feroz… Bah, olvídalo. Estoy bien Jasper, gracias por preguntar.

–Sí, eso lo puedo ver. Pero la cosa es, de verdad, ¿cómo estás?

Edward se quedó mirando a la nada sopesando la respuesta. La verdad, era que no sabía en realidad cómo estaba, claramente no estaba dentro del estatus normal en lo que a los ángeles se refiere, pero ¿cuándo lo había estado?

–No lo sé Jasper, en qué estado puedo estar como para que Bella sepa de mí, pero al mismo tiempo no sepa quién soy.

–Ni siquiera yo lo sé Edward. Bella es capaz de ver o sentir materia celestial, en mínimas cantidades y aunque no debería, pero al mismo tiempo, no te ve completamente, no está completamente consciente de tu existencia.

–Y eso me frustra Jasper.

–Lo sé Edward, pero no es como si debamos saber cómo son las cosas, o el por qué suceden, nuestra misión es ser ángeles guardianes, o por lo menos, la tuya, yo ya no puedo cargar más con ese nombre, renuncié a eso en el momento en el que decidí volverme humano. Y no me arrepiento.

Edward se dio cuenta de que Alice estiraba su mano para tomar la de Jasper. Edward no podía más el querer tener eso con Bella, poder sostenerla, que ella buscara apoyo en él, sentir su piel contra la suya, poder abrazarla por tanto tiempo como quisiera, y poder decir al fin, que era suya.

Y él lucharía, lucharía para poder tener con Bella lo que Jasper tenía con Alice, y más.

Lo que Edward no sabía, era que alguien no pensaba ponérselo tan fácil. El destino estaba escrito, y si alguien alteraba su curso, tendría que pagar las consecuencias.