Hola nuevamente, adorables lectores nuestros! :3
Que además de adorables, tienen mucha paciencia, porque no logramos actualizar esta historia antes de las fiestas como lo habiamos planeado.
Igual ustedes tienen que estar tranquilos de que no abandonaremos esta historia. Mientras sea leída y graciosa para ustedes, seguiremos esforzandonos para actualizarla lo más rápido que nuestra imaginación nos lo permita.
Nunca la Abandonaremos! Porque como ustedes, también leemos historias y odiamos que no tengan un final. Es como que uno se siente incompleto, no?
Asique no se preocupen por eso :) Bueno, luego de ese discurso moral u.u A los Reviews!
Corona de lacasitos: Primero, No te preocupes en no dejar reviews en todos los capitulos, con que de vez en cuando nos cuentes lo que te parece la historia, somos felices. No te sientas obligada, esto lo hacemos por diversión y nada más que eso. Pero igual te agradecemos que nos hayas escrito.
En cuanto a lo otro, MUCHAS GRACIAS! la verdad que es dificil a veces escribir pensando en los tres y en sus reacciones, pero tratamos que quede lo más. . graciosa posible xD
Ah si, pobre Lovi. . pero no te preocupes, seguramente Antonio lo arreglará. . . esperemos.
jaja, acá te dejamos la segunda parte del capítulo. Que lo disfrutes!
excentricaluli: Muchas gracias, querida! nos alegramos mucho de que te haya gustado. Esa es nuestra meta :) En fin, acá tienes la segunda parte para tu entretenimiento ^^
Sin más que decir, les deseamos una feliz lectura ^^
Capítulo 2
"Rojo Tomate"
(Parte 2)
Caminaba a toda prisa por un pasillo con alfombra roja. Le parecía el más largo del mundo. Iba apurado, su jefe lo había llamado de inmediato en cuanto se había enterado de lo que ocurría. Tenía tanta prisa que casi traspasa la enorme y hermosa puerta de madera fina al final de la extensa caminata.
Dejó escapar el aire acumulado en sus pulmones como envión para poder llegar al picaporte frente a él con un decorativo antiguo. Su mano al tocar la perilla sintió el frió del metal y un escalofrío subió por todo su cuerpo. Giró tres cuartos en sentido anti horario la dichosa perilla y entró a la habitación casi sin pensarlo.
Ahí estaba su jefe, el hombre que se creía el más poderoso del planeta. "Que equivocado estaba", pensaba.
- Gilbert – Resonó la voz del presidente de los Estados Unidos en toda la habitación donde se encontraba – El país depende de usted y su asombrosidad para salvar a los ciudadanos de los pollos mutantes.
- Sí Präsident – Afirmó él, seguro y firme en exterminar a esa plaga nueva del planeta. Después de todo el era un súper-agente de las fuerzas armadas – No lo defraudaré.
- Sí lo harás – Dijo de inmediato el hombre frente a él, pero esta vez era su abuelo quien le hablaba, "Was zum Teufel?"
¿Porqué toda la habitación del presidente ahora se parecía a su cuarto de la infancia? No comprendía muy bien lo que había ocurrido.
- Como lo haz hecho conmigo, y con tus amigos ayer. - Siguió acusándolo el hombre frente a él llamando su atención.
De repente el aire le pesaba. Se sentía pequeño y débil frente la imagen de su abuelo. Se miró a sí mismo, descubriendo que sólo era un niño de 16 años con la seguridad de haber hecho algo malo.
- Es-Esta vez va a ser dif-diferen-diferente – Casi susurró para defenderse como antes, seguro y firme.
- No – Negó con rotundidad su pariente haciéndolo temblar de pies a cabeza – Además, "Esta estúpida mancha no se quita".
...Was?
- ¿Qué dijo, abuelo? - Preguntó con cara de confusión total. ¿Se estaría quedando sordo?
- Dije, "¡Lo que faltaba! Me rompí una uña."
Justo cuando creía estar volviéndose loco o algo peor, despertó chocando con la realidad. "Fue sólo un jodido sueño", concluyó mentalmente luego de unos segundos. No era súper-agente, no conocía al presidente y luego de estirarse para ver por la ventana, pudo comprobar que tampoco había una invasión de pollos mutantes. "Por suerte", agregó su mente al final de la oración.
Dejó escapar el aire que contenía en los pulmones en señal de cansancio. Ese había sido el peor sueño de su vida. Y eso que no era un principiante en pesadillas.
¿Hasta que punto la conciencia deja de molestarte? "¿Es que acaso ni durmiendo puedo escapar a mis problema?, Fluch" pensaba frustrado el prusiano.
Sabía que era lo correcto. Y tenía que hacerlo cuanto antes. Ahora era un buen momento. Tenía que idear un plan. Pero no cualquier plan. Un plan a lo Gilbert, es decir, asombroso. Se sentía inspirado, pero un resoplo a su lado cortó el hilo de sus pensamientos. Sus ojos buscaron al causante de la interrupción y ahí lo vio.
Ahí estaba el francés de espaldas a él y frente al sofá sucio (cortesía de la pelea de ayer). Trapo en mano, trataba de limpiar hasta la última mancha que sus ojos cielo pudieran ver. Frotaba la tela como si no hubiera un mañana. Eso no era nada anormal. Su amigo tenía una obsesión con la limpieza y con cuidar esa. . . cosa que llamaban hogar. Hasta ahí no había problema, hasta que se dio cuenta de un pequeño detalle.
- ¡¿FRANCIS?! - Gritó cual niña asusta-err-hombre rudo para llamar la atención de su amigo.
Él susodicho, sobresaltado, se giró para ver quién era el responsable de ese grito "tan masculino".
Sus miradas se encontraron, azul lleno de cansancio y rojo impactado por la situación. El albino pudo comprobar que no lo había imaginado al bajar un poco su mirada. Tragando pesado, alcanzó a conjugar una pregunta - ¿Qué.. mierda haces desnudo?
Y es que no era muy normal que la gente limpie su casa desnuda, ¿verdad? "¿VERDAD?". Momento incómodo e inolvidable ¿eh?
Su amigo por el contrario, ni se inmutó por la pregunta y solo se observó a si mismo un segundo antes de volver a mirarlo.
- Pues, – Comenzó su discurso el rubio – Me siento más libre y cómodo así.
El prusiano no podía creerlo. Eso no era normal, "¿O sí?"
- ¿En culo? Mierda Francis, qué manera extraña de expresar libertad – Se estaba volviendo loco. Estaba claro, la situación lo superaba. Y creía que no tendría más sorpresas hasta que descubrió otro... detallito – Amigo, ¿Por qué no tienes un puto pelo?
Él rubio se pasó las manos por las piernas lampiñas con una sonrisa – Es que, mon ami~ , soy más bonito así.
Decir que su cara se metamorfoseó a una de repulsión absoluta, era una redundancia. Dios, después de eso tendría que lavarse los ojos con jabón. ¡Es que enserio no tenía un sólo pelo por donde lo miraras! Ni en las piernas, ni en el pecho, ni el culo y ni en su Tour Eiffel, como el rubio había bautizado a su amiguito.
De repente lo recorrió un escalofrío."Oh. Dios. Oh. Mein. Gott. ¿Se depilará con mi máquina para afeitar? Espero que lo haga con cera o alguna otra cosa. Por favor, POR FAVOR."
- Si quieres te enseño así quedas como trasero de bebé. - Siguió hablando su amigo haciendo caso omiso a sus pensamientos – Es muy fácil, sólo tienes que calent. .
- No quiero explicaciones. – Lo frenó de golpe Gilbert haciendo gestos con las dos manos. Una mueca en el rostro apareció segundos después– No creo que mi mente pueda soportarlo.
Así era mejor para todos.
Nada había sucedido, ¿Qué había sucedido? Ya ni lo recordaba.
"Tu amigo tiene el cuerpo lampiño, y tú se lo viste" Jodida mente que no le permitía olvidarlo. Era mejor hablar de otra cosa.
- ¿Y Antonio? - Preguntó rápidamente. Después de todo era a él a quien le debía una disculpa.
Francis estaba apunto de contestarle, pero como si hubiese sido invocado, el castaño apareció tras la puerta con su típica sonrisa.
- Hola Gil~, Hola Franny~ - Saludó como si nada hubiese ocurrido ayer. Eso extrañó a sus amigos.
- Mon ami~? ¿No estas enojado o triste por lo que ocurrió ayer? - Indagó el francés.
El español lo miró como si le hubieran salido tres ojos. No comprendía la preocupación de sus camaradas. Él estaba feliz.
- ¿Qué pasó ayer? - Estaba completamente perdido, pensaron sus amigos. Así que lo obligaron a sentarse en el sofá para poder interrogarlo mejor. Al alzar la vista, notó que Gilbert estaba a su izquierda y Francis a su derecha frente a él. Una pequeña tos a su izquierda hizo que preste atención al albino.
- Mi buen amigo, - comenzó el prusiano su discurso de disculpa.- Sé que te debes acordar de lo que ocurrió ayer con tu. . Tu Lovi~, de como lo traté y. .
- Ah, con que de eso hablaban antes, - Lo interrumpió Antonio con una de sus sonrisas tan características.- No te preocupes Gil~ ya está bien.
...Was?
...Quoi?
Sus caras debieron ser muy graciosas porque el castaño comenzó a reir. Recién después de un tiempo indefinido pudo calmarse un poco y hablar.
- Vale, Vale, Os lo voy a contar - Comenzó su explicación – veamos. .
Flashback
Apenas salió del apartamento corrió tanto como sus pies se lo permitieran. Tenía que alcanzar al italiano.
Por suerte, apenas llegar a la calle, lo vio sentado en la vereda, con la mirada perdida. Un aura de tristeza lo rodeaba. "Pobre, todo fue mi culpa" pensó mientras se acercaba.
- ¿ Lovi~?- Trató llamarlo de la manera más delicada posible. Casi como si se tratara de un pajarito al que no quería asustar. Aunque, tratándose de Lovino, bien podía ser una fiera a la que no quería provocar.
- Vaffanculo - le dice el italiano. Su voz estaba tan apagada y deprimida que hasta dudó que se tratase de él realmente.
Haciendo caso omiso al insulto (y sí, sabía que lo era, pues en ese campo ya era todo un experto), se sentó a su lado.
- ¿Sabes? Tu padre nos encomendó robar las mascaras venecianas. - Dijo luego de haberlo observado en silencio desde su nuevo puesto. Eso llamó tanto la atención de su acompañante que hasta incluso lo miró.
- ¿Las del Museo de bellas artes?- Preguntó con una pizca de curiosidad latente en su de voz. Antonio asintió - están muertos. - Dijo finalmente.
- Lo sé,- Afirmó acompañado de una risa de resignación. Dejó escapar un suspiro antes de seguir - Creo que Francis y Gilbert también lo saben. No te enojes con ellos, de seguro no fue su intención. - Trató de tranquilizar las cosas entre ellos.
El menor se dedicó a mirar sus zapatos por un largo rato. Fue tan largo que el Español creyó que no lo había escuchado. Pero de pronto, al notar el imperceptible asentimiento de su cabeza, sonrió. Aceptaba sus disculpas.
- Nunca hago bien las cosas para él, ¿Sabes? -Dijo Lovino abrutamente. Le costó un tiempo descifrar de quién estaba hablando pero cuando el italiano levanto la vista para mirarlo, supo que estaba hablando del jefe, su abuelo.- Todo lo que hago, nunca es suficiente. Y lo más triste es que sé que nunca lo será, pero, una parte de mí sigue buscando su aprobación.
Antonio lo miró sin ninguna expresión, hasta que se le volvió a escapar una sonrisa.
- Pero qué bastardo – dijo sorprendiendo a su acompañante.- para mí eres el mejor en todo.
Lovino pareció quedarse sin habla. Sus ojos brillaban de manera que se podían apreciar unos destellos verdes. Y de pronto sonrió. SONRIÓ. Lovino, SU Lovi le estaba sonriendo. Ya podía morir en paz. Ya era el ser humano mas feliz y completo de la tierra.
Debió haber puesto cara de idiota porque su acompañante enseguida cambio su expresión a una de enojo. Miró hacia otro lado con las ojeras muy rojas.
Dándose cuenta de esto, el mayor trató de preguntarle si se sentía bien. Pero el italiano lo cayó rotundamente. Ya la había cagado otra vez. Siempre lo hacía, aunque no comprendiera muy bien por qué.
- ¿Antonio? - ¿Había escuchado bien? ¿Era su Lovi llamándolo por su nombre? ¿Sin apodos como bastardo, idiota, cara de simio, etc.?
Superando la impresión de ese cambio tan brusco en su personalidad, que para nada le desagradaba, respondió con voz ronca de haber estado tanto tiempo callado.
- ¿Qué?
El menor no volteó a mirarlo, y sus hombros denotaban lo tenso que se encontraba. Sus manos, a cada lado de su cuerpo haciendo de apoyo en el cordón de la vereda, apretaban fuerte el cemento del cuál estaba hecho. Sus brazos tiritaron en cuanto una ventisca hizo mover sus delicados cabellos castaño-rojizos.
Se notaba nervioso. "Joder, ¿que hice ahora?" Pensó desesperado. "Usa tu cerebro Antonio, yo sé que lo tienes, ¿Qué hacer en estos momentos?", se torturaba a sí mismo. Que su Lovi se enoje con él, era lo peor que le podía pasar.
- ¿Ti-tienen...– La voz con acento del italiano lo sacó de su reproche mental. - un plan para el encargo de mi abuelo?
La pregunta lo descolocó por completo. No había pensado eso, y no esperaba que quien trajera el tema fuera Lovino. Riendo, nervioso y aliviado por no notar más enojo en su voz, negó a su pregunta.
- Yo puedo ayudarlos– Dijo de repente. Antes de poder preguntar en qué, el menor aclaró – en hacer un plan, para robar las mascaras.
La boca casi se le cae al piso, ¿Su Lovi quería ayudarlos? ¿Ayudarlo a él? Ese debía ser el día más feliz de su vida.
- ¿D-de verdad? - Preguntó aún sin creer lo que ocurría.
- Sí bastardo, ¿Es que estás sordo acaso?- Respondió el italiano con tono cansado.– Pero con una condición. - Agregó al final.
- S-Sí, sí, eh digo, n-no, no soy sordo. P-Pero, quiero decir..- Eran demasiadas cosas que responder para su cerebro. Si alguien no lo ayudaba, su cabeza iba a explotar. Afortunadamente su amor, haciendo volar sus ojos salió al rescate.
- ¡Quiero robarlas con ustedes!- casi gritó.
De más está decir que saltó por la calle de la emoción y aceptó la condición. Total, seguramente sus amigos entenderían
Fin del Flashback
Ese momento definitivamente se había convertido en uno de sus favoritos. Por supuesto que no iba a regañar al que causó que aquello pasara. Después de todo, las consecuencias fueron buenas. Además, ya conocía a Gilbert y sabía que su lengua era más rápida que su cerebro. . . O lo que tenía dentro de su cabeza.
Francis pareció alegrarse de que los ayudaran, pero Gilbert. . .
- ¡POR SUPUESTO QUE NO! - Sé escuchó fuerte y claro en todo el pequeño edificio donde vivían. El francés pudo jurar que hasta los vidrios retumbaron.
Claro que no estaba de acuerdo, no necesitaban ayuda de un mafioso profesional, "Pff, por supuesto que no". Con su asombrosidad alcanzaba y sobraba para ese trabajo.
- ¿P-Porque? - Preguntó Antonio mientras masajeaba sus oídos luego del terrible alarido. Estaba medio aturdido todavía pero no tanto como para darle la razón.
- Soy asombroso haciendo planes, - Dijo totalmente convencido de aquello el albino. Y cruzándose de brazos, siguió hablando - no necesitamos ayuda para esto.
- Oh oui~, - Saltó de repente Francis. Su voz denotaba un tono de sarcasmo y diversión. Su expresión era cómo si recordara algo - Como aquella vez que tuvimos que robar el gato de esa señora gorda de alta sociedad.
- Claro – Contestó enseguida el prusiano sin prestar demasiada importancia al asunto.
" Además de torpe, testarudo" Pensó el francés mientras lo miraba con los ojos entrecerrados.
- Gilbert, - Le llamó el rubio para que lo mirara. - quemamos la casa y al gato.
- E-eso estaba planeado – Se defendió el albino.
- Ademas la gorda nos persiguió con su bastón por casi todo el barrio – Siguió recordando su amigo. Un escalofrío le subió por la espalda recordando a la vieja amargada con cara de desquicio tratando de atraparlos y matarlos a golpes con ese maldito bastón.
- Eso no estaba planeado – Dijo. Pero al cabo de unos segundos una sonrisa se formó en sus labios. - Pero fue asombroso como te quería atrapar a toda costa, kesesesese.- Se burló de su amigo riendo a carcajadas.
El rubio lo miró indignado. Se estaba burlando de él. Casi muere y se estaba burlando de ÉL. Ésto era intolerable. Estaba apunto de defenderse pero se contuvo liberando uno de sus suspiros. Después de todo, no le gustaba pelear.
- A mi me golpeó en la cabeza – Acotó de golpe el español pasando su mano por la zona afectada. Le había dolido por una semana ese chichón.
- Lo sé, y lo lamento tanto Antonio. Pero al menos no se perdió nada... – Bromeó el prusiano. Estaba esquivando las acusaciones de sus amigos como todo un profesional.
Al principio pareció no entender lo dicho por su amigo. Pero de pronto su cerebro tuvo un acto de lucidez temporal.
- ¡Oye! ¿Qué quieres decir, Gilbert? - Se defendió el castaño con el ceño fruncido.
- Ya basta, - Declaró Francis interponiéndose entre ambos con los brazos abiertos. No servía de nada que pelearan. Cuando estuvo seguro de que le prestaban atención, continuó hablando - Aceptemos la ayuda, es nuestra única esperanza de sobrevivir. - Sus dos amigos lo miraron fijamente. - Yo no quiero morir, y estoy seguro de que ustedes tampoco.
No, claro que nadie quería morir. Se notaba en sus acciones. Ahora la mirada del español estaba sobre el prusiano. Él era el único al que no le agradaba la idea de que los ayuden.
Sintiendo la mirada de los presentes, frunció el ceño recapacitando su decisión. Luego de unos minutos de silencio suspiró.
- De acuerdo - Afirmó con voz resignada "Que otra tenemos.." acotó su mente.
- ¡Sí~! - Exclamó el castaño saltando sobre el sofá con alegría.
El albino lo miró como si tuviese un virus raro y mortal del cuál todavía no hallaban la cura. Notando su expresión, el Francés ahora más relajado, abrazó al albino por los hombros.
- Ahh, mon ami~, C'est l'amour~ – Susurró en perfecto francés haciendo que un escalofrío le recorriera la espalda.
- ¡Amour~ mis polainas!,- Dijo de repente alejando a su amigo como si quemara - Nos tenemos unos a otros, eso es lo importante.
Un silencio se formó en la sala donde los 3 jóvenes se hallaban. Muy pocas veces Gilbert mostraba sus emociones verdaderas a sus amigos. Es más, podían contarlas con los dedos de la mano. Aunque sabían que los consideraba como su familia. Rara vez se los hacía saber por sus acciones o palabras. Y esta era una de ellas.
Sí, podía ser torpe, arrogante, mal humorado a veces, hiriente e incluso borracho. Pero sin él no estarían ahora juntos. No eran amigos. Eran hermanos. Y ninguna mafia podía cambiar aquello. Vivos o muertos siempre estarían juntos. Aunque preferían estar vivos, claro.
Rompiendo la atmósfera gay que se había formado por sus palabras, el albino se dio cuenta de algo que todavía no encajaba.
- Oye, Antonio, - llamó a su amigo y esperó unos momentos para poder formular bien su pregunta - si encontraste a Lovino de inmediato ¿Por qué no viniste a dormir a casa?
Al escucharlo Francis también se mostró interesado, no se había percatado de eso.
- Es verdad, Toni, ¿Dónde estuviste todo ese tiempo? - Preguntó dirigiéndole una mirada de curiosidad.
- Pues, - Comenzó su discurso el español frotándose la nuca con una mano. - Al llegar a nuestro piso me encontré con Dora.
- ¡¿La vecina loca?! - Exclamó de golpe Francis. - Oh por dios, ¿Te hizo algo? ¿Te tocó? ¿Te violó? ¡Dime!
- ¡Francis, por favor! No asustes al pobre Antonio. - Lo regañó el albino. - ¿Qué no vez que es sólo un retoño?
- No me digas lo que tengo, o no tengo que hacer, Gilbert Beilschmidt - Se defendió el rubio. - Antonio es demasiado inocente como para defenderse de esa pobre, loca y muy aterradora mujer.
El Español los miraba sin entender muy bien por qué sus amigos discutían como si fueran dos padres cuidando de su pequeño. Ni si quiera había un niño en esa habitación, además ellos no tenían hijos que supiera. Ni podrían tener porque eran hombres, porque tenían...
Sacudió su cabeza. Se estaba yendo por las ramas. Debía explicar que había hecho hasta recién.
- Oigan – Trató de llamarlos, pero no funcionó. - Oigan – dijo un poco más fuerte. - ¡Oigan, gilipollas!
Ahí sí pareció haber dado resultado. Sus amigos ahora lo miraban con cara de asombro. "Al fin". Dejó escapar un suspiro y los miró sonriente.
- No vine hasta recién porque me quedé viendo mi novela favorita con ella ¡Tiene toda la colección! - Afirmó con emoción. Sus amigos no podían creerlo, en especial Francis. ¿Por qué esa loca sólo lo acosaba a él? Era demasiado para su hermoso ser.
- Bueno, al menos todo ha salido de la mejor manera posible – Pensó en voz alta. Aunque todos sus amigos pensaran igual. Bueno, sólo Gilbert. Antonio pensaba en Lovino y tortugas.
Estaban a punto de volver a su acciones cotidianas, cuando de pronto el castaño miró con extrañeza al francés.
- Francis, ¿Porqué estás desnudo?
Gilbert tragó saliva al acordarse del bochornoso momento. " Jodidas manías francesas"
TARAAAAAN!
¿Y bien? ¿Qué les pareció este capítulo? ^^ Al final, Se arregló el problema causado por Gilbert y Lovino va a ayudar a este trio ejemplar en su trabajo. ¿Será con buenas intensiones? ¿Saldrá bien? ¿Lo hará por Antonio?
¿Qué piensan queridos lectores? Cualquier duda o sospecha nos la escriben en su review. Con gusto las leerémos. :3
Un beso a todos y. .
¡Hasta la próxima lectura!
