No sabéis lo que me costó hacer este capítulo a_a Amo demasiado a España y Romano, tanto a los 1p como los 2p, como para hacerles sufrir. Pero bueno, aquí está ~

Advertencias: Muerte -que novedad-, lenguaje grosero, violencia.

Supongo que os habréis dado cuenta de que "Aquí" es el mundo de los 1p, "Allí" el de los 2p... y "Ahí", una cosa que me acabo de inventar para hacer pausas entre masacre y masacre (?).

Los del otro lado

4

Ahí

—¿Está... muerta? —Noruega apartó el cabello rubio del rostro de la chica que estaba en el suelo. Un charco de sangre manchaba el suelo, así como parte del rostro y pelo de la muchacha. El nórdico estaba sin palabras, cosa rara en él, y extrañamente serio. —Se suponía que solo ellos podían morir, nosotros estamos en nuestro mundo.

—No hay duda de que lo está, y ya debería haber revivido. Ésta ya no se levanta. —Inglaterra se encogió de hombros, tranquilamente.

—Menuda mierda. —Noruega se incorporó, levantándose. —Me caía bien. Para una que no se dedicaba a zorrear todo el rato... ¿Se lo habéis dicho a los otros?

—Sus hermanos ya lo saben. —Rumanía miraba el cuerpo de la bielorrusa, pero la sangre le daba asco y no tardó en taparla con una sábana.

—Creo que la hemos liado trayéndolos a nuestro mundo. Habremos alterado el royo este del espacio y el tiempo, y blah blah blah... —Dijo el inglés. —Bueno, ¿podemos irnos ya? No me apetece que mi otro yo se despierte y no esté yo para recibirle. ¡Y cuidado de que no os maten ~!

Allí

—¡Maldita sea, ábrela de una puta vez!

—¡No puedo!

Romano resopló, considerando inútil pedirle al español que intentara abrir la puerta, así que decidió buscar otro camino. Los dos sureños caminaron por los pasillos, el ítalo estaba muerto de miedo, aunque España intentaba tranquilizarle, diciéndole que no iba a ocurrir nada. Entonces, el español notó como le daban toquecitos en la espalda, y al girarse, miró extrañado a un chico rubio que, de no ser por la manera de vestir y el color del pelo, habría sido bastante parecido al italiano que... ya no estaba ahí.

—¿Romano? —España miró hacia atrás, pero no le veía. Se alteró y volvió a mirar a aquel rubio. —¿Qué está pasando?

—¡Eres casi tan mono con mi Spagna! —Dijo éste, mirándole por encima de las gafas de sol (con cristales rosas) que llevaba puestas. —Es una lástima que os tengamos que matar, y todo eso.

—¿Matar?

—Sí, bueno, detalles. —Hizo un gesto con la mano para restarle importancia, y se encogió de hombros. —Aunque... no pareces un gemelo malvado de estos, o sea, que no has intentado matarme ni nada de eso.

—¡No quiero matar! Que tontería. —El castaño empezaba a alterarse, todo era demasiado raro. —Por favor, ¿podrías decirme cómo se sale de...?

Tuvo que saltar a un lado para que el cuchillo no le rebanara el cuello.

—¿¡Qué haces!? —Gritó, sobresaltado.

Per favore, ¡éstate quieto! ¡Así no se puede! —Protestó el otro, indignado.

España volvió a esquivar un intento de abrirle la garganta, de manera algo torpe. Vale, el rubio no le daba tiempo ni a asimilar lo que estaba pasando antes de atacarle, y lo peor, es que a pesar de las apariencias parecía saber bien lo que hacía con el cuchillo, y a dónde debía apuntar.

—¡Si no paras ahora...! —Empezó a decir, pero se interrumpió al notar un escozor en el brazo. Se miró el corte que acababa de recibir, y escuchó como el otro reía, bastante animado al haber conseguido acertar. España no podía seguir así, aunque esquivara cuatro, la quinta le daría, y alguna podría resultar fatal.

Frunció el ceño y, antes de que el italiano se diera cuenta de su repentino cambio de actitud, fue empujado contra la pared y ahogó un quejido al golpearse la cabeza, las gafas de sol cayeron al suelo y se partieron bajo el peso del zapato del español. El menor chasqueó la lengua, irritado, y reafirmó el agarre sobre el cuchillo, clavándolo en el cuello del español.

O lo habría clavado, si éste no hubiera agarrado su muñeca con fuerza, deteniendo el arma a centímetros del cuello. Forcejearon unos segundos y el castaño le arrebató el arma.

Merda... —Masculló el ítalo. Cuando el de los ojos verdes levantó el cuchillo, él cerró los ojos, esperando a que acabara con él. Sin embargo, después de unos segundos que se le hicieron eternos, sin recibir ninguna puñalada, volvió a abrirlos. El cuchillo estaba en el suelo y el chico castaño volvía a tener la expresión preocupada de antes, mientras trataba de limpiar torpemente el corte de su brazo.

El rubio le miró unos segundos en silencio, confundido. ¿Por qué no le había matado? Es decir, era lo más lógico, ¿no?

—Por favor. —Dijo el español. —Dime dónde está Lovi, y...

Aaaw~ Le llamas por su nombre humano, que tierno. Antes dime, ¿cual es tu nombre? Llamarte Spagna sería un poco raro...

—Eh... Antonio. —Y éste estaba cada vez más confundido. Sin embargo ese chico parecía haber olvidado el tema de matarle, como quien habla del tiempo, pero aún así seguía preocupado por el italiano desaparecido. Volvió a mirar hacia los lados.

El italiano rubio sonrió y dio un suave empujoncito al mayor.

—¡Está bien! Estará con mi Spagna, así que no hay de que preocuparse... Bueno, en realidad, sí. Vaaaamos, Tonio, andiamo ~ —Esbozó una sonrisa sincera, caminando a paso rápido mientras tiraba de su mano. —Después de todo, te debo una por no matarme.

—¿Gracias?

No tuvieron que caminar mucho cuando, al girar, el rubio casi se chocó con los que venían de frente. Éste ladeó la cabeza y los miró con una ceja alzada.

—Ah, Spagna.

Efectivamente, un chico pelirrojo con cara de pocos amigos que en ese momento también puso cara de sorpresa. Éste, agarraba la muñeca de Romano, que se soltó de un tirón.

—Esto es un poco bizarro. ¿Se dice bizarro? Bueno, da igual, queda bien. —El italiano rubio soltó al español y miró a su alter ego de cerca, el cual le enseñó el dedo corazón y se escondió detrás de el pelirrojo, unos dos segundos, porque luego vio al otro español y no tardó en acercarse a él. —¡Os habéis hecho amigos!

—Eh... sí. No he podido matarle, me... recuerda tanto a ti. —El chico pelirrojo estaba claramente avergonzado de admitir que no había sido capaz de deshacerse de aquel chico. —Y como no dejaba de insistir, e insultarme, he decidido buscaros antes de que tú mataras a... ese. —Frunció el ceño al ver la felicidad que irradiaba el otro español mientras intentaba abrazar al italiano que no dejaba de insultarle. No le gustó mucho a simple vista, pero el ítalo le había caído extrañamente bien y decidió dejarlo pasar. —Bah. De todas formas, esta mierda de tener que matarlos es una estupidez. Paso.

—¡Ese cabrón está como una cabra! —Exclamó Romano, señalando al pelirrojo. —Pero bueno, al final me ha ayudado, así que le perdono que haya intentado cortarme la cabeza con un hacha de dos metros.

—Ya he dicho que lo siento.

—¡Ay, Lovi, cuánto me alegro de que estés bien!

Mientras España recibía insultos y abrazaba al italiano, los otros dos les observaron en silencio. Entonces, el chico rubio pareció caer en algo, y borró la sonrisilla que tenía dibujada en el rostro, tirando del brazo del pelirrojo.

—Bélgica...

El español puso una cara de asco impresionante, que enseguida cambio por una leve preocupación.

—Mierda. —Se giró hacia los otros dos y les empujó con poca delicadeza, para que andaran. —¡Ya os estáis largando, la zorra esa tiene una pistola!

La zorra esa es la única que ha hecho el trabajo como se supone que había que hacerlo, estúpido. —La voz femenina sonó desde el otro lado del pasillo. Una mujer con una sonrisilla de psicópata, el cabello rubio oscuro y los ojos rojos, caminó hacia ellos con una pistola en la mano. Con la otra, arrastraba a la chica rubia que no parecía estar consciente. La soltó bruscamente al estar más cerca. —Muerta.

—¿Bel...? —Romano se agachó rápidamente junto a la chica en el suelo, agitándola suavemente, en un intento de que reaccionara. Al no recibir la más mínima señal de vida, sus ojos se llenaron de lágrimas y se llevó las manos a la boca, conteniendo una arcada. Estaba muerta.

—¡Y como sois unos inútiles, yo debería ocuparme de estos dos también! —La mujer levantó la pistola y quitó el seguro.

En menos de dos segundos, el español pelirrojo agarró a Romano del brazo y lo apartó rápidamente.

—¡Largaros de aquí!

El rubio les observó echar a correr, y luego dirigió la mirada a la belga.

—No tenías que haberla matado... —Murmuró, mirando con pena a la muchacha muerta. —Ellos no son malos, y seguro que esa chica no te habría atacado.

—¡Y no lo hizo! La muy estúpida me pidió ayuda, ni siquiera tuve que ir yo a buscarla. —Frunció el ceño y disparó a los pies del español, que apenas se inmutó cuando la bala impactó tan cerca de él. El italiano, en cambio, se sobresaltó. —¡Ahora, apartaros para que pueda matar a esos dos también, ya que vosotros no tenéis los huevos suficientes!

—No. —Gruñó el español.

—¿Cómo que no?

—Eso he dicho. Olvídalo, no vas a matarlos.

La mujer gruñó y le apuntó con la pistola.

—¡No! ¿¡Estás loca!? —Gritó el rubio. Ella pareció pensárselo, y le apuntó a él.

—Sí, tienes razón, le va a doler más si te disparo a ti. Lo siento, tesoro.

Disparó, cerrando los ojos unos segundos por el molesto ruido del disparo en un espacio cerado. Esbozó una sonrisa sádica al escuchar gritar al italiano, pero al abrir los ojos, el que estaba en el suelo era el pelirrojo. El rubio se quedó igual de sorprendido, pero reaccionó de manera distinta, arrodillándose enseguida junto al español, gritando su nombre.

—¿Qué demonios...? Bah. —La belga se encogió de hombros y pasó de largo, rodeándoles, pero cuando se quiso dar cuenta tenía un cuchillo en el cuello, y notó como la tiraban fuertemente del pelo. Giró la cabeza, consiguiendo ver el rostro del italiano de reojo. No pudo reprimir un gritito de pánico al ver su cara, estaba completamente serio, y su expresión, incluso sus ojos, daban miedo. —¡No! ¡Espera! ¡Era una broma, no iba a darte! ¡Es culpa de él por ponerse en medio! ¡Rom...!

El italiano la degolló de un movimiento rápido, y la soltó sin más. Ella se apoyó a duras penas en la pared, pero estaba viva, mientras se ahogaba en su propia sangre, y alargó la mano hacia la pistola. Consiguió cogerla, y con las últimas fuerzas que la quedaban, y las manos temblando, la levantó contra el chico rubio que estaba de espaldas, atendiendo al español. Pulsó el gatillo.

El sonido hueco que provenía del arma la hizo saber que no quedaban balas. Apretó las manos con fuerza sobre la pared, rompiéndose las uñas de la fuerza que usó, y tosió una gran cantidad de sangre. Se desplomó. Ya estaba muerta antes de llegar al suelo.

Al italiano no le importaba que su perfecta y querida ropa se estuviera manchando de sangre, eso era lo que menos le importaba en ese momento, ni siquiera se lo pensó dos veces antes de rasgar su propia chaqueta para intentar tapar el balazo que había impactado cerca del pecho del español, que respiraba con dificultad. El rubio sollozó, con las manos temblorosas.

—Les hemos salvado, ¡se supone que tiene que haber final feliz! Spagna! —Gimoteó, sin dejar de llorar. —Spagna, Spagna... Per favore... Mírame, vamos... No te mueras...

NA:

Ayayayayay. ;/;

No me matéis. ¡Me mato yo misma! En un principio el que iba a morir era 2P!Romano, pero es que... asdfg. Adoro tanto a 2pEspaña como a 2pRomano, y al final.. Pues así quedó la cosa. Me dio muuucha pena hacer que le dispararan, pero me gustó hacer que 2pRomano se volviera... malo, por así decirlo, cuando 2pBélgica le dispara xDD Aunque aquí ha dado la impresión, yo no odio a Bélgica ni nada, es más, la 1p me gusta, aunque no sea de mis favoritas. Y es que 2pBélgica tenía que joderlo todo, porque si no no muere nadie. 8D

Bueno, Antonio y Lovino han podido huir, ¿compensa?

En todo caso... ¡2pEspaña NO muere oficialmente todavía en éste fic, que quede claro! Es otro personaje que os voy a dejar en suspense, ea.

Siguiente capítulo: Ucrania y Rusia. ~