Los personajes no me pertenecen. Únicamente a la gran Rumiko Takahashi.

04 – Una amiga inseparable, y una visita inesperada.

Ella estaba realmente sorprendida por el hecho de que aquel joven se interesara en descubrir su pasado. Por dios, ¡lo acababa de conocer! Al ver que el carrusel se detenía, decidió dejar aquella plática e ir a recoger a Shippo que salía junto a los demás niños sonriente. Aunque, no imagino que la detuviese tomándola de la mano. Por unos instantes, aquella pesadilla que tenía todas las noches regreso a su mente, y únicamente había atinado a jalonear para intentar soltarse.

_ ¡Suélteme! – grito, completamente asustada por sus recuerdos. Cuando el hizo caso a su petición, recordó donde se encontraba. Lo había tratado como si el fuese su atacante, como si hubiese sido el causante de la muerte de su hijo.

_ Disculpe, joven InuYasha… yo… - nos sabia como disculparse por su anterior comportamiento. Desvió la mirada hasta donde estaba el pequeño Shippo, y decidió escapar de aquel momento. Corrió a donde estaba el niño, y tomo su mano, intentando tranquilizarse, aunque pareciese algo imposible.

_ ¿A dónde vamos ahora Shippo? – pregunto fingiendo una sonrisa. El pequeño miro a su alrededor, y apunto a un puesto que vendía golosinas, cosas como algodones de azúcar, palomitas, papas locas, etcétera. Suspiro, y volvió a mirar al Albino, que ya estaba junto a ellos. Sin esperar que ella preguntase algo, tomo la mano libre del niño y los llevo a aquel puesto. Se alejaron de ahí, llevando Shippo un enorme algodón de azúcar morado, e InuYasha un paquete grande de palomitas. Kagome no había querido llevar nada, puesto que ella no tenía dinero y no quería que el gastara en ella. Miro el cielo, notando que el atardecer estaba dando su aparición.

_ creo que mejor nos vamos ya. Mañana tengo que trabajar – dijo InuYasha, mirando a su hijo sonriente. El niño asintió, y tomo con la mano libre la de su padre. Comenzaron a caminar, mientras Kagome los miraba alejarse poco a poco. Al darse cuenta de que ella no los estaba siguiendo, volteo confundido.- ¿ocurre algo?

Ella negó con la cabeza.

_ Váyanse ustedes… yo… quiero caminar – volviendo a fingir una sonrisa. El joven la miro bastante preocupado, pero no tuvo más que aceptar… regañándose a sí mismo. No podía estarse preocupando por alguien que acababa de conocer, ni tampoco aferrase a querer conocer su pasado. Asintió, y siguió con su camino de regreso al departamento. Una vez ellos se alejaron, ella salió del parque corriendo, intentando pensar con quien ir. Necesitaba desahogarse, pero su hermano no estaba en casa, y seguramente Miroku estuviese ocupado. Recordó rápidamente a alguien, a aquella chica con la que había platicado en el parque. Ella le había dado un papelito con su dirección y teléfono. Saco su celular, y marco dicho numero.

_ ¿Hola? – pregunto una voz al otro lado del teléfono. Ella intentaba hablar sin soltar sus lágrimas, pero su voz se quebraba un poco… - ¿Hola? – volvió a preguntar la castaña.

_ Sango… ¿podrías venir por mí? – pregunto ahora la azabache, casi en un susurro.

_ ¿Eres tú, Kagome?, ¿Qué pasa? – bastante preocupada.

_ Por favor… estoy en las tiendas frente al parque de diversiones – mirando los ventanales frente a ella, donde exhibían bastantes cosas como ropa, televisores y algunos aparatos más.

_ Bien… enseguida voy – colgando el teléfono. Ella miro su pantalla, dándose cuenta que se había gastado el poco saldo que tenia para llamarla. Suspiro, intentando calmarse, aunque parecía algo imposible. Nadie, ni siquiera su hermano, sabían lo que había pasado. Ella simplemente les había dicho que sufrió un accidente y que se había dado cuenta de que no quería casarse, como respuesta al hecho del matrimonio cancelado y la pérdida del bebe. Había deshecho por completo el corazón de aquel joven, que había estado dispuesto a permanecer toda la vida a su lado. No paso mucho tiempo cuando un coche blanco con estampas de flores de cerezo en la ventana apareció, y salió del el Sango con una mirada preocupada.

_ ¿Qué paso? – pregunto. Ella no pudo soportar más y se arrojo a los brazos de su amiga, llorando, mientras la castaña correspondía al abrazo. No tenía la más mínima idea de que era lo que pasaba, pero quería descubrirlo. Subieron al coche y manejaron hasta un restaurante de comida rápida, mientras platicaban. Kagome aun permanecía con la mirada triste, decidiendo contarle todo. Desde sus deseos de matrimonio, su embarazo… su ataque y la pérdida del bebe. Sango casi se ahoga con su refresco al escuchar aquello.

_ Malditos bastardos – dijo bastante furiosa. Tenía unas enormes ganas de ir a buscar a aquel par de idiotas y golpearlos hasta asesinarlos.

_ por eso es que no puedo soportar ni siquiera el roce con cualquier hombre… - dijo casi en un susurro. Luego le conto lo recién pasado en el parque de diversiones, y levanto la mirada, viendo a Sango sonreírle tiernamente.

_ No creo poder imaginarme tu temor o como te sientes. Pero créeme, InuYasha no sería capaz de hacerte daño mientras vivas en su departamento. Veras, desde que la madre de Shippo lo abandono, el perdió el interés en las mujeres.

Eso dejo bastante sorprendida a Kagome. Ella pensaba que aquella mujer había muerto, pues era comúnmente lo que pasaba con una mujer de esa edad embarazada. Según la edad de Shippo, y la de InuYasha… aquel joven había sido padre a los quince años, y la madre debía ser más o menos de su misma edad.

_ Aun así… no puedo evitar sentir temor…

InuYasha y Shippo ya habían llegado al departamento. El pequeño corrió con todas sus fuerzas directo al sillón, y tomo el control de videojuego en sus manos. InuYasha no pudo evitar reír levemente al ver a su hijo correr con esa emoción al sillón. Después de verlo jugar unos instantes, se dirigió a la cocina. Preparo algo sencillo, pan francés y coloco los tres platos en la mesa, para luego caminar hacia el ventanal. Estaba preocupado, pues ya era de noche y aquella chica no aparecía. Miro a Shippo, con una sonrisa pequeña.

_ Ya está la cena – elevando su sonrisa al ver como el niño se emocionaba al darse cuenta de lo que había cocinado, y dejaba la televisión para correr a la mesa. Una vez los dos estuvieron sentados, Shippo lo miro algo confundido.

_ ¿Kagome no comerá con nosotros otra vez? – pregunto. El negó con la cabeza. No podía sacarse de la mente a la muchacha. Se arrepentía de haber aceptado irse y dejarla a ella ahí. Con la tristeza que tenia, le llegaba el temor de que fuese a cometer una tontería. Aunque lo creía imposible, pues con aquello solo haría sufrir a su hermano, y a Miroku… que tanto la querían y protegían.

Ambas miraron por el ventanal del restaurante, como el cielo ya había oscurecido dejando a su paso el brillo de las estrellas. Se miraron la una a la otra, mientras Kagome terminaba de quitar los restos de lágrimas de su rostro, para que cuando regresara ni InuYasha ni Shippo se preocuparan.

_ ¿Cómo se llamaba tu prometido? – pregunto Sango. La chica la miro sin saber si le respondía la pregunta, aunque termino haciéndolo.

_ Koga Wolf – como respuesta a su pregunta. Aun recordaba el rostro de felicidad que había tenido aquel chico cuando ella le había dicho que estaba embarazada, como sus ojos azules se llenaban de un brillo que únicamente tenían aquellos que deseaban una familia. Recordaba la noche en que le había pedido matrimonio, y de cómo se habían jurado que estarían siempre juntos. Vaya que el futuro era cruel en veces.

Aquella respuesta dejo realmente sorprendida a la castaña. Ella conocía a la perfección a aquella persona, puesto que había estudiado junto a InuYasha y junto a ella. Se podría decir, que eran un grupo de tres que nunca se separaban en los descansos y que siempre que había trabajo en equipo, se juntaban dejando de lado a las demás personas. Ya habían pasado dos años desde que se habían graduado, y que llevaban sin saber nada de él. Al menos, ahora sabía que se había ido a Kioto. Miraron el reloj, sorprendiéndose ambas de que fuese tan tarde.

_ te llevare al departamento. No puedo dejarte ir caminando sola hasta haya, y menos ahora que se por lo que has pasado – dijo Sango, pagando lo que habían comido en el restaurante. Luego salieron del lugar y se subieron al coche de la chica, platicando tranquilamente sobre cosas sin sentido intentando que la azabache olvidara sus problemas por unos instantes. No tardaron mucho en llegar al departamento, despidiéndose de abrazo, mientras Kagome esperaba a que Sango se marchara. Después subió al piso donde estaba el departamento y entro sin hacer ruido. Se quedo sorprendida de lo que estaba viendo.

InuYasha estaba sentado en el sillón, completamente dormido. No veía a Shippo, por lo cual suponía que ya estaba durmiendo en su habitación. En la mesa, había un plato servido, que suponía era para ella, aunque no tenía hambre pues había comido con Sango. Se acerco al joven, e intento despertarlo para que se fuera a dormir a la habitación.

_ Joven InuYasha, despierte – dijo tiernamente. El, aun dormido, se aferro al brazo de la chica, murmurando algo que nunca en su vida espero escuchar.

_ Quédate conmigo – hablando dormido. El estaba soñando el día en que la madre de su hijo los había abandonado. Como había llegado a la mansión donde vivía con sus padres, le había entregado al niño en brazos y había desaparecido. Ese día, le había suplicado que no se fuera, pero ella lo ignoro.

Intento soltarse del agarre de InuYasha, sintiendo nuevamente el temor que había sentido esa misma tarde en el parque de diversiones. Entre tanto jaloneo, logro despertar al joven… que sorprendido soltó el brazo de la chica, notando como de su rostro caían algunas lagrimas. Nuevamente la había asustado. Ella, como seguía jaloneando, al momento en que el la soltó, cayó sobre la mesita de café, sintiendo algunas lagrimas rodar por sus mejillas.

_ discúlpame – dijo, levantándose del sillón e intentando ayudarla a levantarse, tomando sus manos. Ella soltó el agarre, y limpio sus lágrimas. Sin decir nada, corrió hasta su habitación, cerrando esta con seguro. No importaba si Sango le había dicho que él no le haría nada, ella nunca en su vida volvería a confiar en un hombre que no fuese uno de sus hermanos, o el chico que la había cuidado desde niña, que era Miroku. Sus lágrimas comenzaron a caer nuevamente, recordando lo que aquellos hombres le habían hecho. Entre tanto sollozo, termino dormida… sin cambiarse, sin siquiera levantar la colcha de la cama.

Nuevamente tuvo la misma pesadilla, aquel par de hombres entrando a su departamento, y atacándola. A pesar de haber dormido, no había dejado de llorar. Despertó, con su rostro lleno de lagrimas, e intentando mirar el reloj. Sus lentes se le habían caído mientras dormía, por lo cual estaban a su lado. Se los puso y miro el reloj nuevamente, dándose cuenta que se había levantado aun más temprano que el día anterior, siendo las cinco de la mañana. Decidió darse un baño, para calmar sus nervios y limpiar su rostro. Al terminar, salió envuelta en una de las toallas azules, directo hacia el armario para sacar lo que se pondría. Un pantalón de mezclilla oscuro, una camisa blanca y una blusa de tirantes azul cielo sobre esta. Su cabello, esta vez, lo dejo suelto.

Salió de su habitación, para comenzar con sus labores. Aunque, se sorprendió de encontrar al albino en la cocina, con una taza de café en la mano y vestido formalmente. Además, al igual que ella, llevaba unos lentes… pero no tan grandes, de armazón negro.

_ ¿Por qué esta levantado tan temprano? – pregunto ella, mirándolo confundida. El simplemente dejo la taza a un lado, y le dedico una tierna sonrisa. Se alegraba de verla vestida como una chica normal, aunque cubriéndose demasiado, pero era ropa juvenil.

_ Estaré entrando a trabajar desde las siete, ya que ya no me tengo que estar preocupando por llevar a mi hijo a clases. Después de todo, está de vacaciones – tomando la taza nuevamente, y dándole un sorbo. Luego, abrió el refrigerador y saco el plato que ella no se había comido en la noche, calentándolo en el microondas y comiéndose uno de los panes. Cuando vio el reloj, se dirigió a la habitación de Shippo, dándole un beso en la frente, y luego salió tomando su maletín.

_ Te lo encargo mucho. Es lo más importante de mi vida – sonriendo, e infectándole la sonrisa a ella, que asintió. Nunca en su vida había visto un padre tan devoto como él, que quisiera de esa manera a su hijo. Ni siquiera el padre de ella era así. Al ver la aceptación de la chica, salió del departamento tranquilo, dispuesto a ir a trabajar.

Kagome camino a la cocina, y limpio los trastes de la noche anterior, para luego pensar que haría de desayunar. Únicamente comerían dos personas, así que partió algo de fruta, para luego bañar aquellos pedazos frescos con crema y dejar dos platos en la mesa. Iba a levantar a Shippo, cuando escucho que tocaban la puerta. Camino hacia ella, y la abrió, encontrándose con una mujer de su estatura, de largas cabelleras negras y de hermosos ojos chocolates.

_ Que bueno que abres hijo – dijo, notando que la persona que le habia abierto la puerta, no era InuYasha…

_ ¿Quién eres? – pregunto seriamente. La azabache hizo una ligera reverencia, y luego se presento.

_ Kagome Higurashi, la nueva niñera… ¿y usted? – sin confiarse mucho, aunque aquella mujer parecia ser alguien de buen corazón.

_ Izayoi… la madre del joven que vive en este departamento…

Joasjoas (porque siempre hago eso ¬.¬) bueno, espero les guste el capitulo. Realmente habia estado unos instantes asustada por el comentario de nielo-mion. Pero ya al leerlo completo solte tal suspiro que fiu XDDD. Me alegra que les guste. Bueno, haber como toman la aparición misteriosa de la madre de InuYasha… ¿Cómo reaccionaran al conocerse la una a la otra? No dire nada XDDD

Akane Kirana Taisho Higurashi

29 / 07 / 12