Nota: Bueno, este capítulo puede no tener mucha miga, pero lo considero necesario para entender un poco más cómo es Albus, y para el devenir de la historia en general. En cambio, os prometo que el capítulo que colgaré mañana os va a encantar. Agradeceros a todos vuestros comentarios. Los contesto a final del capítulo.
CAPÍTULO 4: Viejas rencillas
En el trascurso de su primera semana en el colegio, Albus descubrió que ese año no todo iba a ser un camino de rosas. Poco le importaba que su primera clase de Historia de la Magia, impartida por el fantasmagórico profesor Binns, hubiera sido un aburrimiento aún mayor del esperado; y a decir verdad, había seguido sobresaliendo en las siguientes clases de Trasformaciones y Pociones. En DCAO, se había revelado como un alumno considerablemente dotado, aunque probablemente se hallase a años luz de Scorpius, y un poco por detrás de algunos Gryffindors como Connor Thomas.
En cambio, el martes, en clase de Encantamientos, no le había ido tan bien. Había tenido problemas con los hechizos que tenían que realizar (en concreto Lumos y Wingardium Leviosa), pero Albus creía que con un poco más de práctica en la Sala Común eso estaría solucionado. Más problemas le daría, sin embargo, lidiar con su nuevo profesor, un hombrecillo enano que respondía al nombre de Bertus Flitwick y era el jefe de la casa Hufflepuff.
Todo en aquel hombre desagradaba a Albus: sus aires de superioridad, su vocecilla aguda y chillona, y su escandalosa predilección por los Gryffindors.
Cierto era que Rose Weasley y Connor Thomas habían estado extraordinarios en aquella clase (ganando cada uno veinte puntos para su casa); pero también lo había estado su amiga Anne, que había sido descaradamente ignorada por el profesor. Éste, en su lugar, se había dedicado a criticar los vanos esfuerzos de algunos Slytherins que no lograban hacer funcionar sus hechizos.
Flitwick parecía odiar en especial a Scorpius, que a pesar de haber tenido una actuación bastante decente durante la clase, había sido criticado ferozmente por el profesor. Entre sus muchas críticas al Slytherin se hallaban que sus golpes de varita algún día iban a sacarle un ojo a alguien, que la forma en la que modulaba la voz no era la correcta y que la postura en la que se sentaba no era la adecuada para el aprendizaje de encantamientos.
Curiosamente, todo esto al que parecía molestarle más era a Albus. Evidentemente, ni Scorpius ni Anne pensaban comprarle ningún regalo de Navidad a Flitwick, pero el primero parecía pensar que si todo lo que le podía recriminar eran esas tonterías, lo debía de estar haciendo bastante bien; y Anne desde luego no necesitaba que ningún Hufflepuff le dijese lo bien que lo hacía ("Para eso ya tengo a mi elfina doméstica" habían sido sus palabras). Albus, en cambio, no había recibido ni una sola mirada del profesor; y había tenido que aguantar ver cómo éste criticaba a otros alumnos que, desde luego, no lo habían estado haciendo peor que él. Esto Albus lo consideró como un desprecio más por parte del profesor; pues pensaba que con algo de ayuda por parte de Flitwick (aunque fuera en forma de hiriente reproche) podría al menos haber evitado que la pluma que intentaba hacer levitar estallase por segunda vez.
Sin embargo, aunque todo esto molestaba a Albus, que en su fuero interno repasaba formas dolorosas de librarse de su profesor, fue a partir del miércoles cuando las cosas, poco a poco, se fueron poniendo feas para Albus.
El miércoles, Albus se había despertado tarde ante la perspectiva de su primera clase doble de Herbología. Albus sentía cierto interés por ver cómo se desenvolvía su tío Neville en el aula; sin embargo, sabía perfectamente que a los diez minutos de haber empezado, ese interés inicial habría desaparecido totalmente ante la perspectiva de tener que pasarse dos horas abonando plantas.
Cuando se dio cuenta de que llegaría tarde, saltó de la cama, se vistió atropelladamente y bajó a pescar algo rápido para desayunar. Diez minutos después, entraba acompañado de Anne y Scorpius al invernadero 1, donde ya esperaban el resto de los alumnos sentados en mesas de tres.
Rodeando a los alumnos, pegadas a las paredes del invernadero, había montones de plantas de todos los colores imaginables. Al fondo del aula, cerca de una especie de planta carnívora que se esforzaba en intentar alcanzarle, Neville revisaba sus apuntes una última vez, a la espera de que estuvieran todos sentados y fuese hora de empezar. Albus, Anne y Scorpius, se dirigieron a la única mesa libre, que se encontraba al fondo del aula, cuando Neville viéndoles entrar comenzó:
-Bueno, chicos, bienvenidos a Herbología. Albus –dijo dirigiendo su vista hacia el final del aula- Si no ves bien desde ahí puedes sentarte aquí delante, hay un sitio libre –comentó señalando a la mesa de delante suyo, en la que ya se hallaban sentados dos Huffepuffs.
-Gracias, tío Nev… profesor Longbottom –se corrigió Albus- pero prefiero quedarme aquí atrás –se excusó mirando a sus amigos.
-Ehh… Sí, claro –balbuceó el profesor molesto por alguna razón que Albus no alcanzó a entender- Bueno, como os estaba diciendo –continuó- bienvenidos todos a clase de Herbología. Espero que todos podamos divertirnos mucho este año. Vais a entrar en el apasionante mundo de la botánica. Pronto todos estaréis deseando que llegue el miércoles para tener vuestra hora doble de Herbología –aseguró Neville.
Albus dudaba seriamente aquello, y ésta parecía ser también la opinión de Scorpius y de Anne.
-Pero, ¡cuidado! –añadió Neville cambiando repentinamente de tono- pues en esta aula os enfrentareis también a algunos temibles adversarios.
Albus le lanzó una mirada de condescendencia, ¿de verdad pensaba que les iba a impresionar con eso? Esas plantas sólo eran una amenaza para la gente como Neville, que quería cuidarlas a cualquier precio; cualquier otro, se limitaría a lanzarles un sencillo Incendio y se quitaría de problemas. Albus hizo una nota mental de aprender cuanto antes ese hechizo; no quería tener que darle la razón a su tío.
-Bueno, ahora ¡a empezar! –exclamó el profesor entusiastamente- Tenéis todo el instrumental necesario en vuestras mesas; quiero que les cambiéis el abono a estas plantas de aquí –dijo señalando a una mesa llena de pequeñas macetas con flores de color violáceo- ¿Alguna pregunta?
A Albus se le ocurrían muchas, como para qué narices hacían todo aquello, o si iban a pasarse así las dos horas; pero un alumno de Hufflepuff se le adelantó.
-Sí, profesor –se atrevió a decir un Hufflepuff tímidamente- Me preguntaba si podría contarnos la historia de cómo venció a la serpiente de Quien Tú Ya Sabes.
-Es Voldemort, Perkins, y me refería a si había alguna pregunta sobre la tarea que os he asignado –le recriminó Neville al alumno, aunque en realidad no se le veía en absoluto disgustado sino más bien muy orgulloso. Cuando los alumnos negaron con la cabeza, el profesor añadió- Muy bien, pues podéis empezar.
El resto de la clase la pasaron trasplantando plantas de una maceta a otra, cambiando su abono, regándolas y cortando algunas ramitas secas. Aquello distaba mucho de la emoción continuada que les había prometido Neville al inicio de la clase. De hecho, la mayor sorpresa de la mañana, vino al final de la clase, cuando el profesor Longbottom volvió a dirigirse a ellos.
-Bueno, y ahora la pequeña sorpresa que os tenía reservada –dijo enigmáticamente- Estáis todos invitados a venir mañana por la tarde a la primera reunión del año del Ejército de Dumbledore, que se celebrará en el Gran Comedor tras la cena de mañana. Para todos aquellos que lo desconozcáis –dijo con un tono que daba a entender que consideraba a todo aquel que no hubiese oído hablar del ED poco menos que un analfabeto- el Ejército de Dumbledore fue fundado por el mismísimo Harry Potter (algunos alumnos miraron con curiosidad a Albus) durante sus años en Hogwarts, y desde entonces, viene ofreciendo a aquellos alumnos que lo deseen una formación extra en Defensa. Actualmente, yo, como miembro del Ejército original, soy el director; y me alegrará mucho veros a todos allí mañana.
Aquello sí que interesó a Albus. Se había pasado toda su corta vida escuchando historias del mítico ED, pero nunca se había imaginado que aún existiera. ¿Por qué no le había dicho nada James? El pensar en su hermano le recordó a Albus otro de los problemas que rondaba en su cabeza desde algún tiempo. No había hablado con James o con Rose desde su primer día en el colegio, y Albus empezaba a pensar que le evitaban. Tampoco había hablado con sus primos Fred y Victoire, o con Ted Lupin, pero aquello era más normal; pues con el primero nunca se había llevado muy bien, y los dos últimos eran mayores que él y apenas coincidían. Con James y Rose, sin embargo, era distinto. Tendré que hablar con ellos, seguro que esperan que dé yo el primer paso, pensó Albus.
-Bueno –terminó Neville distrayendo a Albus de sus pensamientos- podéis iros. Os veo a todos mañana –se despidió con una sonrisa.
Albus no tuvo ocasión de hablar con su hermano y su prima esa comida. Su prima se había marchado corriendo, acompañada de su grupo habitual de Gryffindors, mucho antes de que él pudiera terminar, y su hermano directamente no había aparecido. Seguramente estaba por ahí gastando alguna broma a algún pobre indefenso. Decidiendo que aprovecharía el tiempo para ir a mandar una carta a sus padres (les había prometido un informe completo de todas sus asignaturas y profesores), se despidió de Anne y Scorpius y se marchó rumbo a la Sala Común para coger pergamino y pluma.
Cuando los tuvo en las manos, se sentó en una de las mesas de la sala, pensó un momento lo que iba a decirles, y comenzó a escribir.
Queridos papá, mamá y Lily:
Como os prometí, os escribo para contaros qué tal mis primeros días de clase.
Ya he hecho otro amigo, y estoy aprendiendo mucho. Mis clases favoritas son Transformaciones y Pociones; ambas se me dan muy bien. El profesor Slughorn nos ha asegurado que para Navidades seremos capaces de hacer una poción que nos permita bucear en la playa cuanto queramos. Tal vez la pruebe este verano.
DCAO también está bien, aunque Rose parece tener problemas en ella; tal vez debas darla unas cuantas clases particulares estas Navidades, papá. Mi profesor de Encantamientos, sin embargo, es un idiota, parece tenerla tomada con los Slytherins; y para colmo resulta que esa asignatura no se me da nada bien.
Por cierto, papá, tenías razón Historia y Astronomía no merecen la pena; y tampoco me interesa Herbología. Me da un poco de pena por el tío Neville, no parece saber que su asignatura es de risa…
¿A que no sabéis qué? ¡Nos han invitado a todos al Ejército de Dumbledore! Mañana tenemos nuestra primera reunión, y estoy deseando que llegue.
Bueno, me despido que tengo clase de Defensa enseguida. Os quiero.
Albus
En realidad, ahora que lo pensaba, Albus no había tenido clase de IMM aún; pero como probablemente esa asignatura precisase de una carta entera de críticas y burlas, decidió que ésa la mandaría ahora. Subió al séptimo piso, y comenzó a recorrer el pasillo que llevaba a la torre donde estaba alojada la lechucería; pero antes de haber dado dos pasos, una voz lo detuvo.
-¡Ey, Potter! –Albus se dio la vuelta y se encontró con Connor Thomas, acompañado de su prima Rose y otros dos alumnos de Gryffindor- ¿Qué pasa, ya te han dado la patada las serpientes y vienes a ver si te dejamos quedarte con nosotros?
Albus entendió la burla en el comentario, estaba en el séptimo piso, y aquello era territorio Gryffindor; no debía extrañarle ser mal recibido. Sin embargo, no entendía para nada que hacía su prima Rose metida en todo aquello; además, tenía todo el derecho del mundo a estar allí. Sin amilanarse, respondió secamente- Voy a mandar una carta a mis padres. Si me dejas, claro –añadió irónicamente.
-Ah, sí, tus padres… Deben de echarte mucho de menos –dijo Connor con voz burlona.
-¿Qué quieres decir? –preguntó Albus, no entendiendo el comentario. Pero fue otro de los Gryffindors el que contestó, un chaval de pelo moreno y estatura imponente.
-Dime, Potter, ¿cuántas cartas has recibido de tus padres en lo que va de semana? –preguntó.
Albus, entendiendo adonde querían llegar, repuso- Si no han contestado a mi carta es porque estarán liados.
-Claro, porque trabajando de comentarista deportivo, tu padre no debe tener mucho tiempo libre –se burló el chico.
Albus no entendía por qué su prima Rose no intervenía. Cierto era que tampoco se estaba burlando, sólo se limitaba a mirar un tanto incómoda la escena.
-Arturus y yo tenemos otra teoría, Potter –intervino Connor. Arturus debía ser el chico moreno, pensó Albus; de cualquier forma, Albus tenía la certeza de que aquella supuesta teoría no le iba a gustar en absoluto- Nosotros creemos que están debatiendo sobre si sacarte a rastras del colegio o liquidarte antes de que te conviertas en el nuevo Señor Oscuro.
Ante ese comentario, Rose pareció reaccionar. Abrió la boca para protestar, pero Albus estaba tan enfadado que la dejó a mitad de frase.
-¿¡Cómo puedes decir eso! –gritó Albus- ¡Ser un Slytherin no me convierte en una mala persona!
-Claro, lo demuestras muy bien juntándote con ese Malfoy –repuso Connor y en eso su prima si que parecía estar de acuerdo.
Así que todo ese numerito era por eso, por su amistad con Scorpius. Decir que Albus estaba furioso era quedarse cortísimo. No obstante, Albus no era tonto; era perfectamente consciente de su situación, en un enfrentamiento directo no habría tenido posibilidad alguna. Aún en el caso de que su prima Rose se pusiese de su lado (algo de lo que en ese momento no estaba seguro), con sus nefastas dotes de Defensa no había forma de que derrotasen a los otros tres Gryffindors (sabía que, al menos Connor, sí era bueno en Defensa). Tendría que ceder una victoria en pos de ganar la guerra, decidió Albus; así que, haciendo un esfuerzo por tragarse su orgullo, dijo en tono conciliador- Mirad, no tengo tiempo para esto. Y vosotros tampoco –añadió sintiéndose inspirado- Tenemos clase de DCAO en cinco minutos.
Albus se dio la vuelta, retomando el camino hacia la lechucería, deseando firmemente tener suerte y que decidiesen que ya le habían hostigado lo suficiente. Sabía que no habían quedado satisfechos, lo había visto en sus ojos; tenían ganas de pelea. Sin embargo, parecieron decidir que era más importante llegar a tiempo a DCAO, porque le dejaron marcharse sin molestarlo más.
Cuando hubo mandado la carta, el propio Albus se dirigió también al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde se juntó de nuevo con Scorpius y Anne. Mientras practicaban el hechizo Rictusempra, Albus observó a su prima, que se peleaba con el hechizo en el otro extremo de la sala acompañada como no por Connor Thomas, el tal Arturus y la otra chica Gryffindor que había estado presente en la riña de antes.
Anne, viendo que no estaba a lo que estaba, le preguntó qué le ocurría, y Albus les contó lo que había pasado, pensando que pondrían de su lado indignados. Sin embargo, ninguno de los dos pareció demasiado sorprendido.
-No sé qué esperabas, la verdad. Son Gryffindors –dijo Anne como si aquello lo aclarase todo.
-Sí, pero ¡Rose es mi prima! –adujo Albus.
-Si quieres un consejo –intervino Scorpius- te recomiendo que hables con tu hermano y tu prima cuanto antes. No creo que queráis acabar sin hablaros.
Ahí Albus tuvo que mostrarse de acuerdo, y esa misma cena, se acercó a la mesa de Gryffindor, a donde estaba James, acompañado de su primo Fred.
-Vaya, vaya, mira James, se acerca una culebrilla –comentó Fred con una sonrisa burlona en la cara.
Ignorándole, Albus se dirigió a su hermano y le dijo- James, ¿podemos hablar un momento a solas, por favor?
-Claro, Al. Vamos fuera –contestó intrigado, y se dirigió hacia las puertas que daban a la Gran Escalera.
Albus le siguió, y cuando se hubieron parado le preguntó sin rodeos- ¿Tienes algún problema con que vaya a Slytherin?
-¿¡Qué! No, claro que no –negó James rotundamente- Quiero decir, evidentemente hubiera preferido que estuvieras conmigo en Gryffindor –matizó con sinceridad- Pero eres mi hermano, y sé de sobra que no todos los Slytherins son magos oscuros. Mira a Slughorn –añadió en tono de broma- No creo que pudiera hacerle daño ni a una mosca. Suponiendo que pudiera alcanzarla con esa barriga, claro.
Albus no pudo evitar reírse ante ese comentario, después, mucho más tranquilo preguntó –Entonces, ¿no me has estado evitando?
-Bueno, sí, claro que te he estado evitando –dijo como si fuese evidente- Al fin y al cabo, estás en Slytherin, si me encontrase contigo cada día no podría evitar darte una buena tunda –añadió riendo y revolviéndole el pelo.
Albus rió también, siempre era así con su hermano; nunca podía estar enfadado con él por demasiado tiempo.
-Oye, James… ¿y con Rose qué pasa? –preguntó Albus un tanto preocupado por la respuesta que pudiera recibir de su hermano.
-¿Qué pasa con Rose? –preguntó éste, no entendiendo lo que Albus quería decir.
-No sé, está rara… No me gustan sus amigos –respondió sinceramente Albus.
-Venga, Albus, dale tiempo. Se está adaptando a su nueva vida en Hogwarts, y tu nos sorprendiste a todos entrando en Slytherin –repuso su hermano- En cuanto a que no te gusten sus amigos… es natural, son Gryffindors –dijo con tono despreocupado.
-¿Hablarás con ella? –preguntó Albus un poco menos preocupado aunque con un cierto tono de súplica en su voz.
-Claro, quédate tranquilo –le dijo James.
Y eso hizo Albus, cuando se fue a la cama ese día, pensó que todo había quedado arreglado. Muy contento por ello, durmió toda la noche de corrido, soñando con lo que soñaron todos los alumnos de primero del colegio aquella noche: el Ejército de Dumbledore.
Nota: Nuevamente agradeceros a todos que sigáis leyendo. Ahora paso a responder vuestras dudas y a agradecer vuestro apoyo.
Alexander Malfoy Black: En primer lugar, agradecerte que hayas comentado; sobre todo, en tan buenos términos. Gracias por tu comentario sobre la clase de Transformaciones, me llevo un tiempo dar con la tecla que buscaba al escribir sobre esa clase.
En cuanto a tu pregunta, la respuesta corta es no. No creo en la fantasía para adultos; me parece que acaban siendo relatos normales de fantasía, en los que el autor mete de vez en cuando sin venir al caso escenas de sexo para los lectores interesados.
Mi idea de fantasía para adultos es la de "Canción de hielo y fuego", si la has leído; si no paso a explicarlo.
En mis relatos, pueden aparecer escenas de sexo en la historia, pues éste tiene un papel importante en nuestras vidas, y por tanto también en las de mis personajes. Así, el sexo no es ni mucho menos un tema tabú (como lo es por ejemplo en Harry Potter), pero tampoco voy a añadir periódicamente escenas de sexo por que sí.
No sé si me he explicado muy bien, así que resumo un poco: Sexo, racismo, terrorismo, homosexualidad, bisexualidad, ningún tema es tabú en mis relatos; si existe en nuestro mundo también en el Mundo Mágico, pero sólo lo trataré cuando crea que aporta algo a la historia en un determinado momento.
¡Caray, que casi no me he enrollado! Jeje, bueno, prometí responder y eso he hecho. Espero que sigas leyendo y que te siga gustando.
Gracias nuevamente por responder.
Anónimo: Muchas gracias y ya sabes, hasta nuevo aviso, un capítulo nuevo todos los días. Sigue comentando aunque sea de forma anónima, que se agradece.
Seamisai: El capítulo tres es de momento del que más orgulloso estoy. Espero eliminar en los próximos capítulos esas pequeñas reticencias que pareces tener; pues de verdad que tu comentario me ha encantado. Te has hecho exactamente las preguntas que hay que hacerse al leer los dos primeros capítulos y como premio voy a dedicarte un buen rato a responder.
Estaba deseando que alguien me preguntase por los thestrals, porque quería aclarar que no es un lapsus que haya tenido ni nada por el estilo. Confundirse con los thestrals es fácil (ya lo hizo J.K. en el cuarto, cuando no pensó que Harry debió verlos al final del cuarto libro, pues Cédric ya había muerto). Así que lo aclaro aquí, sí, Albus ve a los thestrals, y los ve por una razón.
Lamentablemente no puedo decirte cual ahora mismo, pues revelaría demasiado. De hecho, el mismo Albus en este momento no es consciente de haberlos visto; como explico en el fic, enseguida aparta la vista y no llega a pensar realmente en ello. Quería hacer que el lector supiera algo que Albus aún no sabía, algo que tendrá importancia a partir del segundo libro.
En cuanto a lo que comentas sobre toda la conversación con el sombrero seleccionador sólo puedo decir una cosa. Nada en este fic es casualidad; todo (o prácticamente todo, vaya) tiene una razón de ser. Ésta se irá revelando con el paso del tiempo, pero quiero que entiendas que si pretendo hacer siete libros, no puedo resolver todos los misterios en el primero. La conversación con el sombrero empezará a ir aclarándose poco a poco.
Por último, dices que Albus no se parece en nada a Harry. Ahí te doy la razón, no se parecen en nada; y Albus está muy orgulloso de ser quien es. Para Albus, su padre es un héroe, es su héroe; pero está bastante harto de que la gente no le mire por quién es, sino por quién es su padre.
