Capítulo 4
Se supone que debo tener la paciencia suficiente como para poder aguantar a los congresistas que añoran verme desposada por Himemiya Chikane, pero ahora que me encuentro a pasos de una audiencia en la que les veré la cara siento que no podré ser capaz de soportarlos. Es que acaso no se puede reinar con la persona que ama sin importar si es o no de la realeza
Nuestros pasos hacían un gran eco en los pasillos de mármol, algunas personas que pasaban a nuestro lado no dejaban de mirarnos, pues bien sabían que hoy podría decidirse el futuro del reino.
-¿Pudo hablar con la señorita Himemiya acerca de lo que puede ocurrir hoy? - preguntó Víctor abriendo la puerta que me separaba de donde estaban reunidos todos los parlamentarios, de ambos reinos. Él esperó que yo pasara primero.
-No, pero aunque eso hubiese pasado no me fío de sus palabras – le contesté con sigilo mirando a mi alrededor. Sentí como todas las miradas se depositaron en mí.
-Sígame por favor, majestad – pidió mientras me guiaba hasta la mesa central del lugar, donde yo rápidamente tomé asiento a su lado, como visitante solemne.
-Podía escuchar todo tipo de murmullos y la tensión en los presentes era evidente con tan sólo mirar su forma de caminar. Paulatinamente cada persona tomó asiento en su lugar correspondiente, un joven técnico se preocupaba de que cada micrófono estuviese dispuesto para ser usado.
-¿Desea algo de beber, majestad? - me preguntó otro hombre quien vestía de traje negro y camisa blanca. Era como muchos otros ahí el encargado de servir a las autoridades.
-Un vaso de agua embotellada, por favor – pedí mirándolo de forma fugaz.
Escuché cómo el presidente del congreso se acercaba para saludar al primer ministro pero mi atención estaba en otro lado o bueno, en realidad no había un punto fijo. Miraba frenéticamente a cada puerta ansiosa por ver llegar a Chikane, sin saber por qué.
-Alteza, es un honor contar con su presencia – me saludó un hombre canoso y de expresión fuerte.
-Señor presidente – mencioné correspondiendo su saludo.
-Sólo estamos esperando por la señorita Himemiya y su padre para comenzar con esta reunión – me aclaró algo preocupado.
-¿No sabe usted la razón de su retraso? - quise saber intentando sonar desinteresada. Él me miró pensativo un momento.
-¿Acaso ella no está viviendo en el palacio con usted? - preguntó temeroso de ser inoportuno pero su pregunta me relajó. De cierto modo comprendí que ya todos los parlamentarios sabían de mi nueva inquilina por mi padre dispuso.
-Sí, eso es correcto. Pero no significa que debo saber su agenda ni los por qué, cómo y cuándo que la motivan – respondí de forma mesurada para no sonar descortés.
-Lo entiendo, alteza – dijo él asintiendo con su cabeza – De todas formar nada sabemos de su retraso. Sólo suponemos que ha de llegar pronto.
-Al parecer todo en ella son suposiciones… - murmuré para mis adentros con un débil suspiro.
-¿Decía, alteza? - quiso saber él al no poder escuchar lo que había articulado.
-Nada, cosas sin importancias – excusé rápidamente.
De improvisó el constante ruido de las personas presentes cesó para dar lugar al sonido de pasos seguros y pacientes, ni siquiera alcancé a comprobar de quien se trataba cuando un hormiguero recorrió mi vientre por sólo imaginármelo. El corazón se enloqueció al verla llegar, con la convicción en la mirada de guardar el mundo en su bolsillo, altanera y sigilosa… Siniestra y bella… tan segura de sí misma que lograba hacerme dudar de mí. Su rostro inmutable y perfecto, ninguna cuota de emoción se estructuraba en él y ese orgullo que emana de todo su cuerpo peor porque carajo estoy pensando eso.
Me obligué a respirar tres veces de manera profunda, no podía permitirme sufrir un ataque cardíaco en ese momento. Una sediciosa pregunta se formuló en mí interior ¿Por qué mi corazón se sobresaltó al verla llegar y quien es esa que la acompaña? Pero esa pregunta rápidamente fue acallada por mis pensamientos más racionales y lógicos.
Crucé mis piernas por debajo de la mesa, incliné mi cuerpo con aires superiores hasta que mis codos alcanzaron a tocar el escritorio que soportaba todos los papeles y posicione mis manos de manera tal que pareciera estar absolutamente confiada e inquisitiva ante los recién llegados.
Chikane pasó frente a mí directamente hasta el lugar correspondiente a su reino en el parlamento no sin antes dedicarme una fugaz mirada por encima del hombro, una mirada que nuevamente me estremeció pero que pude disimular.
-¿Preparada, majestad? - preguntó Víctor acercándose a mi oído.
-Absolutamente. - dije sin quitarle la vista de encima a esa mujer.
El presidente del parlamento aclaró su garganta y encendió el delgado micrófono que sobresalía de su lado de la mesa, éste hizo un molesto sonido al acoplarse pero aquello sirvió para que todos pusiéramos la atención necesaria.
Lo vi tocar su frente con diligencia intentando secar el escurridizo sudor que comenzaba a caer desde su cabellera, tomó sus anteojos para la lectura y luego suspiró.
-Se inicia la sesión extraordinaria del honorable parlamento Americano, con fecha Lunes 6 de Julio del año 2020. Los motivos recurridos son la adjudicación del trono según el artículo sexto inciso tercer número de nuestra constitución, la cual declara que … "en ausencia temporal del rey por los casos mencionados a continuación se deberá proceder según: … número dos; Si falleciese o deja a cargo su excelencia real a un heredero al trono, dicho noble deberá asumir el cargo de dirigir el reino junto a la persona quien elija el rey para quien gobiernen en el país.
Luego de esas palabras de inicio hubo un incómodo y largo silencio lleno de tensión. Todos se miraban con todos, buscando quizás la mejor manera de defender sus ideales. Yo preferí por ahora guardar silencio.
El presidente se dispuso a continuar.
-Es sabido por todos que la persona quien eligió el rey debe asumir la corona junto a su majestad, la princesa – él me indicó con la mano rápidamente pero de manera cordial y respetuosa – es la señorita Himemiya, hija del Rey Himemiya con sangre real en su historia - Chikane se mantenía inamovible ante las palabras del hombre, sólo lo miraba con detención – y ésta sesión extraordinaria pretende alcanzar el quórum favorable de los parlamentarios para hacer cumplir la norma fundamental.
Estas últimas palabras sólo eran frases al aire. Nadie en éste lugar podría oponerse a la asunción de la corona por parte de Chikane, eso simplemente significaría pasar por alto nuestra constitución y lograr un desequilibrio institucional. Sin mencionar que sería llamar directamente a una confrontación armada entre ambos reinos.
En el hemiciclo una gran pantalla digital de vidrio transparente que contenía los nombres de todos los parlamentarios comenzó a titilar en un punto preciso. El apellido Himemiya estaba en color purpura, lo que indicaba que esa chica que vino con Chikane estaba pidiendo la palabra al presidente del congreso, quien no demoró en habilitar el micrófono personal del hombre.
Ella se levantó con seguridad y antes de acercarse al micrófono le sonrió a Chikane de manera tierna cosa que me hirvió la sangre de coraje.
-Primero que todo, agradezco la presencia de su majestad – ella me saludo a la distancia con una reverencia y yo ni siquiera le correspondí pues no tenía animo de protocolos – Lo segundos … bueno ya todos sabemos lo que nos convoca aquí y es por eso que necesito pedirles algo, más bien es un favor – no demoré en fruncir mi ceño y vi como muchos otros parlamentarios susurraban ante esta extraña petición que aún ni siquiera se formulaba – Quisiera pedirle providencia inmediata del asunto – entrecerré mis ojos con un poco de temor al ver como se apresuraba aquella muchacha por terminar rápido esta reunión.
-Duqueza Himemiya, no piensa que llegar tarde al parlamento y pedir que se resuelva inmediatamente la votación es algo inoportuno – rugió uno de los hombres sin siquiera pedir la palabra, por eso su rugido casi se perdía en el eco del enorme hemiciclo al no tener su micrófono autorizado.
-Si fuese tan amable y me dejara terminar con mis escusas – respondió rápidamente ella.
-Esto está muy tenso… - me comentó el primer ministro. No tuve tiempo para responder a su apreciación pues el padre de Chikane prosiguió hablando.
-Hemos llegado tarde ya que mi prima no se encuentra bien de salud y es ese mismo motivo el que me hace pedir la providencia inmediata de los honorables – algo en sus palabras no me calzaba, quizás el perfecto rostro que reflejaba Chikane … pues para nada parecía estar sufriendo por alguna enfermedad – Debo llevarla con su médico inmediatamente.
-No quiero sonar incrédulo duquesa, pero no me parece ver mal a la señorita Himemiya – anunció el presidente del congreso. Y yo alabé su apreciación con una mueca.
-Señor presidente, no suelo manifestar mis dolencias en público… Pero sí es necesario hacerles llegar algún certificado a sus manos ya que al parecer mi palabra y de mi prima no le basta, pues téngalo por seguro que lo obtendrá – Chikane habló de improvisó, tan segura y severa como suele ser. Sus palabras sólo me confirmaban el perfecto estado de salud con el que cuenta… lamentablemente.
-No, no es necesario un certificado. Asumo que sólo por una verdadera urgencia se ausentarían de esta sala – respondió el hombre manteniendo la tradición educativa.
-Señor presidente… quiero la palabra – pedí actuando con tranquilidad.
-Por supuesto majestad – él se apresuró en habilitar mi micrófono.
-Buenos días congresistas – salude a todos en general – Sólo quisiera recordarle a la señorita Himemiya la importancia de esta asamblea… Su propio nombre lo indica, es "extraordinaria" y dejarla de lado por tener que acudir con un médico cuando no parece usted estar padeciendo alguna enfermedad que la inhabilite en estos momentos, me parece extremadamente irresponsable – esta era la primera vez que le hablaba con desdén en público, todos de inmediato notaron lo amargo de mis palabras. Chikane me miró con cansancio y algo de molestia.
-Pues repito lo que he dicho entonces, majestad … ¿Necesita usted un certificado médico? - preguntó con irreverencia. Todos murmuraron al notar el irrespetuoso tono de voz que usó para dirigirse a mí y eso sólo me alteró.
-Sí, si fuera tan amable de hacerme llegar su certificado – pedí fuera de todo pronóstico, pues no es lo típico en estas circunstancias. Se suele creer en la palabra de las personas, pero para mí ella no era un ser humano sino una bestia. La vi asombrarse ligeramente ante mi respuesta esperaba su contestación pero sólo mantuvo su mirada penetrante acompañada de silencio - ¿Acaso ofrece cosas que no posee? - quise saber divertida – O es que su grave enfermedad no puede ser plasmada en un papel – me burlé haciendo sacar a muchos de los presentes abundantes carcajadas y ridiculizándola para mi deleite. Ella miró con paciencia a todas las personas que se reían y espero calmadamente que el lugar volviera a estar en silencio, luego me miró nuevamente y antes de hablar suspiró.
-No tengo una grave enfermedad, ni siquiera tengo una. Tan sólo hoy me siento algo indispuesta – corrigió mis palabras notoriamente ofendida pero sin dejar de lado ese orgullo.
-Entonces, creo que no hay necesidad de que se ausente. Si no morirá hoy puede quedarse con nosotros – contesté sonando altanera. Vi como su prima intentó decir algo más pero fue la misma Chikane la que se lo impidió con un gesto certero de su mano.
-Si eso es lo que desea su majestad me quedaré, lamento la interrupción – mencionó a los presentes y alejó su rostro del micrófono, posicionando su espalda en todo su esplendor sobre la gran silla de cuero.
La observé unos largos segundos en los cuales intente indagar más allá de lo que mis ojos veían. ¿Sería verdad que se siente mal? Pues nada fuera de lo común hacía pensar eso.
Por otro lado me confundí internamente, haberla humillado delante de todo el parlamento me produjo un glorioso sabor que disfruté al máximo sin embargo yo no soy así. No disfruto de ver a personas humilladas y mucho menos si lo hago yo, de hecho esta era la primera vez que ridiculizaba a una… persona. Son dos sentimientos tan distintos que están dentro de mí… la odio pero también la compadezco.
PANAMÁ
En algún lugar de panamá se encontraban dos reyes hablando en una sala
-creo que debemos regresar Felipe con estas averiguaciones aquí nuestras hijas no se si pueden ellas solas
-tranquilo Alexander nuestras hijas pueden yo tengo fe en ellas además tenemos que saber cual es el líder de los rebeldes tras las sombras con nuestros contactos
-si lo se solo falta unos días para seguirle solo sabemos que ese señor fujino es el cabecilla de los rebeldes pero me informaron que el también recibe órdenes de alguien mas por eso esta difícil en saber ya que sus conversaciones con esa persona lo hace en privado en su escondite personal nadie tiene acceso a el según lo que me averiguaron mis hombres
- si lose, vez estamos teniendo más información mientras nuestras hijas calman las aguas haya, ojala no las obliguen a concebir el matrimonio sin amor por eso les dimos un tiempo pero como van las cosas creo que ese tiempo no habrá que se conozcan bien solo hay que tener fe en ellas que pueden soportarlo se que mi hija no querrá la guerra ama a su pueblo también
-si yo también espero eso tener fe en ellas que pueden calmar las aguas haya pero con el congreso de ambos reinos y una posible guerra nose que pasara las cosas se adelantaran mas trabajo para mi hija y la tuya pero la mia no puede hacer sobre esfuerzo ni físico ni intelectual por ahora aunque es muy orgullosa y pone su debilidad a un lado para seguir adelante como si nada pasara
-enserio que tiene tu hija? – preocupado
-no lose todos los chequeos no han podido confirmar la enfermedad de mi hija lo vive desde muy pequeña pero ya tengo encargado a la doctora que la examina para que avance en la cura para su enfermedad que tenga un tratamiento para que viva sin esos dolores de cabeza que le da, etc me dijo la ultima vez que la vimos que falta poco para lograr encontrar la solución definitiva pero tiene que ser quirúrgica ya que es algo delicado y solo los dolores le ayudan unas pastillas que invento la doctora solo para ella para calmar el dolor
-vaya eso no lo sabía es fuerte tu hija nunca la eh visto decaída
-no es igual a su madre en determinada y orgullosa como su padre – riéndose
- y si las llamamos para ver cómo van las cosas haya?
-no creo que sería propio por ahora podrían localizarnos solo hay que tener fe que pueden ellas con llevar el poder para conservar la paz de ambos reinos aunque el pueblo no debe estar feliz
-porque lo dices
-porque simplemente ambos reinos tienen diferentes costumbres, leyes etc. y unir ambos reinos sería un cambio total cosas que a la mayoría me imagino que no le gustara pero sé que mi hija es fuerte ya que lo de tu reino no debe estar del todo feliz y mi sobrina le deje a cargo de nuestro reino ya que su hermana no sabemos nada aun ella me avisara de cualquier cosa
-nunca me puse en pensar en eso, pero te aseguro si alguien le hace sentir mal a tu hija les castigare y despediré de todo cargo
-tranquilo como te dije mi hija es fuerte y no lo fuera nunca aceptaría la unión de ambos reinos pero confió en la mía
-ojala la mía no le haga la vida imposible a la tuya porque ella ese matrimonio no lo vio del todo agradable ya que se casa con una mujer
-tranquilo la mía tampoco le gusto ya que nunca estuvo en sus planes casarse tan joven en mi reino y lugar que iba era muy codiciada en ambos géneros y ella solo seguía el protocolo de sociedad nadie hasta ahora le ha llamado la atención ojala se enamore de la tuya y somos suegros familia – riéndose
-si me encantaría eso – riéndose también – solo que mi hija es media testaruda
-la mía también lo es ahí que dejarlas que ese par de testarudas convivan y ver qué pasa
-tienes toda la razón
PERSPECTIVA DE HIMEKO.
El trámite legislativo perduró por alrededor de cuatro horas seguidas, tiempo que se volvió interminable entre tantas discusiones y juramentos solemnes por parte de Himemiya Chikane que tenían por fin dar su palabra de que respetara el orden institucional de América del sur.
Ella se limitó a hablar solamente cuando su palabra fue pedida por otro integrante del hemiciclo y conforme pasaban las horas podía percatarme que su semblante cambiaba a uno desconcertado y pálido, como si algo la estuviese atormentando por dentro. Se notaba que hilar frases le sugería un esfuerzo tremendo, casi podía jurar que si no fuera porque su prima la sostenía del hombro ella hubiese colapsado.
Comencé a dudar de su verdadero estado de salud cuando sus ojos desaparecieron ese brillo característico en Chikane y un leve sudor recorría su cuello.
En los últimos veinte minutos de aquella asamblea su rostro se deterioró tanto que fue imposible que pasase desapercibida por quien la mirara, de hecho permanecía más con los ojos cerrados que abiertos y eso derivó a que todos aceptaran el terminó de la reunión, aunque claro, nadie mencionó que lo hacían por ella.
Paulatinamente los parlamentarios comenzaron a abandonar sus puestos para salir por la puerta principal, yo no pude hacer lo mismo pues el presidente del congreso y el primer ministro me solicitaron que permaneciera en mi lugar unos minutos más. Observé como Himemiya Chikane era sacada del parlamento casi como un bulto muerto por su prima, lo único que ella hacia era tocar su cabeza y tapar sus ojos de los demás. Justo en la puerta principal del congreso un grupo de guardaespaldas de su reino que estaban aguardando por ellos, no eran muchos, quizás unas cinco personas que recibieron raudos a Chikane sacándola de allí, la seguí hasta que mis ojos no pudieron verla.
-Al parecer si estaba enferma esa mujer – comentó Víctor mirando la puerta por donde acababa de salir al igual que yo lo estaba haciendo.
-Al principio no lo parecía, pero su semblante cambió abruptamente – mencioné algo sorprendida por lo que acababa de ver.
-Yo he escuchado que la señorita Himemiya sufre de jaquecas severas que muchas veces la han dejado sin conciencia – el honorable presidente del congreso nos compartió aquella información que no pasó desapercibida para mí.
-¿Jaquecas? - repetí queriendo saber más. De vez en cuando miraba fugazmente la puerta de salida con la estúpida "ilusión de verla aparecer de nuevo para estar a su lado que idiota me comporte hoy con ella" observarla así me había puesto muy inquieta.
-Sí (…) Pero en honor a la verdad son sólo comentarios de pasillos. Yo por lo menos nunca la había visto enferma y mucho menos en el estado en que se retiró hoy – aclaró demostrando la curiosidad que nació en él.
-Pero si la señorita sufriera de Jaquecas debió haberlo mencionado al principio de la reunión. Así se hubiese podido marchar – Víctor comentó sin mucho interés o no al menos el que yo quería darle al asunto.
-Yo no la conozco, pero aun así sé que eso nunca lo haría. Es sabido por todos los del parlamento lo orgullosa que puede llegar a ser esa muchacha… es igual a su padre – concluyó el presidente.
-¿Creen que se encuentre bien? - pregunté con la mirada perdida sin poder esconder una naciente y extraña preocupación. Los dos hombres me miraron confundidos por menos de un segundo, quizás no esperaban ese tipo de pregunta de mi parte.
-No lo sé, alteza. Pero sea como sea lo importante de éste día fue llegar a un acuerdo con el otro reino del norte – respondió el presidente.
-Yo debo ser sincero con ustedes… simplemente no creo en sus palabras – musitó Víctor.
-Sólo nos queda esperar… - pensé en voz alta – Ahora lo mejor será que manden un comunicado a todos los medios de comunicación, el pueblo debe enterarse de todo lo que hoy aconteció – ordené con sutileza.
-Yo me encargaré de eso personalmente, majestad – aseguró el anciano presidente del parlamento.
-Muchas gracias – retribuí.
-Princesa! – se escuchó que alguien me llamaba dentro del congreso cuando me doy la vuelta me doy cuenta que es un congresista del otro reino
-si que desea? – pregunto cordial
-usted princesa como ah desconfiado de nuestra princesa de su estado de salud a ella no le gusta demostrar ningún síntoma de dolor orgullosa como su padre nuestro rey – lo decía enojado – puede que esta unión es para fortalecer alianzas entre reinos y habrá cambios para evitar la guerra contra los rebeldes pero si su comportamiento es así con nuestra princesa nuestro reino estará en contra con su reino y no solo tendrán de enemigo a los rebeldes sino con nosotros
-me esta acaso amenazando – dije furiosa aunque el tenía razón
-tómele como quiera por nuestra princesa nos ordenó calma no nos alzamos ante su osadía de dudar de la salud de nuestra alteza sin más que decirle me marcho tome en cuenta mis palabras
En eso le vi cómo me dejo con la palabra en la boca no pude defenderme porque simplemente tiene razón desde que me vi comprometida con ella la odie por el simple hecho de cada vez saber que estoy lejos de Souma sin poderme casar con él y la trate mal como una bestia animal pero jamás eh pensado más que en solo en mí no eh pensado en ella que solo la eh lastimado cada vez que la veo y ella con su indiferencia lo hace como si no hubiera pasado nada pero cada vez que pienso en ella la odio más porque solo en mi mente esta ella y estos nuevos sentimientos que son inexplicable aun pero se acobijan cuando cada vez que la veo o pronuncio un nombre o se algo de Chikane mi corazón me palpita rápido.
Después de un tiempo fui al palacio y no la encontré a Chikane quise preguntar necesitaba saber de ella estaba preocupada por ella pero no lo podía demostrar a nadie menos a Souma, ya era de noche y ningún rastro de ella ni de su prima quien la llevo pero a donde se la llevo si se supone que tiene que dormir dentro de mi palacio no en otro lugar pero porque me estoy cuestionando estas preguntas en mi que me pasa con ella cuando alguien interrumpe mi pensamiento
-Majestad, la señorita Himemiya acaba de llegar – me informó una de las mujeres encargadas del aseo. Pues yo apenas me di cuenta que ella no estaba en el palacio pedí que se me avisara de su llegada.
-Muchas gracias – dije parándome apresuradamente del escritorio de mi padre.
-Caminé llena de curiosidad por saber el estado de salud en el que ella se encontraba. Lo primero que vi fue a su prima ayudándola a salir de un automóvil negro. Al principio me molestó verla.
Ella se percató de mi presencia y me sonrió como si nada estuviese pasando. Al notar que el cuerpo de esa chica tan ligero apenas y podía con el pesado cuerpo muerto de Chikane me acerqué intentando disimular mi ansiedad.
-¿Qué es lo que tiene? - pregunté sin siquiera saludarlo.
-Ah no es nada majestad, esta sedada solamente - anunció apoyando el cuerpo de su prima junto al de ella. Chikane con suerte movía sus pies.
-Pues yo la veo muy mal – comenté confundida por la situación.
-De verdad que no es nada – insistió ella formulando una mueca de despreocupación, intentando bajar el perfil del asunto.
-Déjeme ayudarle – dije y sin esperar respuestas crucé uno de los brazos de Chikane por sobre mi hombro – la llevaremos a su habitación.
-Parece amable, alteza – agradeció con sus palabras y la llevamos ante la vista atónita de todos los trabajadores hasta su cuarto.
Escuchaba que Chikane murmuraba palabras inatendibles y de vez en cuando se quejaba con dolor lo que me preocupaba aún más. Cuando llegamos a su cuarto logramos acomodarla en la cama y mandé a llamar de inmediato a Otoha para que se preocupara por ella, mientras yo guiaba de forma "educada" a la prima de Chikane hasta la salida, al principio se mostró recia pero luego no tuvo otra opción que seguirme. Antes de despedirle me animé a preguntar.
-¿Qué enfermedad sufre su prima por cierto aún no se su nombre?
-Ella me miró dudosa y sorprendida al mismo tiempo, pero no me interesaba que pensara ella, la necesidad de saber que pasaba con Chikane era más grande de lo que imaginé.
-Me llamo Nina Kuga y no es nada de su incumbencia… son simple jaquecas ocasionales – mencionó algo molesta por mi postura de interrogar.
-A mí no me parece una simple jaqueca señorita Nina – le aclaré cruzando mis brazos.
-¿Se está usted preocupando por mi prima?
-No diga estupideces – me defendí enseguida – No quiero contagiarme de ella, es eso solamente – ella hizo una mueca como dudando de mis palabras.
-Descuide no es contagioso, alteza.
-En ese caso no hay nada más que hablar. Sugiero que se vaya a su casa tranquila, cualquier complicación de su prima le avisaré.
-Gracias por su ayuda – anunció reverenciándose para luego marcharse.
-Me di media vuelta y volví apresurada hasta el cuarto de Chikane, donde encontré a Otoha cuidando de ella con represas heladas.
-¿Cómo está? - le pregunté intentando no demostrar toda mi preocupación.
-Bien, solamente debe descansar – me contestó con seguridad lo que en el fondo me tranquilizó.
-Que alivió – suspiré y de inmediato Otoha me miró curiosa – Lo digo porque fui yo misma la que le impidió ausentarse del congreso para ir a médico – me excuse rápidamente.
-No debe darme explicaciones a mí, alteza – me recordó ella algo divertida.
-No son explicaciones – dije con orgullo mirando a Chikane con preocupación.
-Debo tomar su temperatura así que iré por el termómetro digital – comentó Otoha dudando si dejarla sola.
-No te preocupes, ve por él. Yo la vigilo por mientras
-¿Segura? - consultó sorprendida – yo pensaba dejar a una de las mucamas con ella.
-No es necesario que molestes al personal por esta mujer… yo la veo mientras vuelves – frunció su ceño al no creer mucho en mi explicación, pero al fin me hizo caso y simplemente fue por aquel aparato.
Cuando me quedé a solas con ella me sentí tremendamente pequeña. Sabía que ella estaba delirando y que ni siquiera era consciente de mi presencia, pero el estar ahí viéndola me inquietaba de manera impresionante. Gradualmente me fui acercando hasta quedar parada junto a ella, tenía miedo de que despertara y me clavara su mirada.
-Apaguen la luz … - escuché que susurraba en suplicas entre su delirio como si estuviese sufriendo de manera horrible – ¡por favor! – el corazón se me recogió al verla así, tan vulnerable y diferente a lo que yo la conozco.
-Chikane … ¿Chikane me escuchas? - le susurré con suavidad. Ella se mantenía con los ojos cerrados y con muecas de dolor. Tomé el paño con el cual Otoha le estaba colocado represas frías, lo mojé y lo coloqué nuevamente en su frente.
Era la primera vez que podía observarla tan de cerca sin sentir su mirada de fuego sobre mí. Noté como sus detalles eran perfectos, aún cuando no dejara de sudar. Sus pestañas largas y oscuras daban la sensación de que tuviese sus ojos delineados por naturaleza lo que hacían más majestuosos sus ojos azules. Su nariz parecía estar tallada a su medida, su piel era perfecta compañera de aquel cabello negro azulado que no dejaba de brillar y su boca … Era rabiosamente roja, tierna y tentadora. Sin duda alguna Chikane parecía una mujer fuera de este mundo, su belleza no alcanzaba límites en mi cabeza.
-La luz, por favor – insistió nuevamente dentro de su delirio y aunque no estaba segura de que me lo pidiera a mí preferí pararme hasta dejar la pieza a oscuras, sólo con la plateada luz de la luna que se colaba en la habitación.
-¿Mejor así? - le pregunté una vez que volví a su lado. Obviamente ella no respondió nada pues siguió en su delirio de suplicar por algo de oscuridad.
La seguí contemplando mientras mi interior hacia nacer un enorme huracán con todas las sensaciones cruzadas que este momento me estaba causando. Reuní el valor suficiente como para acariciar superficialmente su mejilla con el lomo de mis dedos, preocupada por verla así … eso era un hecho, yo estaba totalmente preocupada por ella, podía engañar o intentar engañar a todo el mundo menos a mí aunque buscar la explicación del porqué a mi preocupación me atormentaba de tal manera que yo misma me impedí seguir indagando en mi corazón.
Nació en mí entonces un nuevo impulso, uno que fue más fuerte que todas mis dudas y todos mis prejuicios. Magnetizada por el deseo de besar su boca me acerqué a ella hasta lograr mi cometido y la besé aún sabiendo que ella no me correspondería en aquel estado. Cada centímetro de mi piel se estremeció al sentir nuevamente esa suavidad, movía con paciencia mis labios de un lado a otro y tímidamente los recorrí con mi lengua para guardar su sabor en lo más profundo de mi memoria. Cuando dejé de besarla no fui capaz de despegarme más de un centímetro de su boca, suspiré en ella como si acabase de volver de la muerte y la racionalidad nuevamente me invadió, gracias a los dioses.
Abrí mis ojos sorprendida de lo que acababa de hacer, toqué mis labios atónitos y avergonzados de mi misma… "¿pero que se supone que estaba haciendo?" "ella es mi enemiga, lo sé… Mi corazón me lo advierte cada vez que la miró pero es él mismo el que me dominó ahora"… Sin poder creer lo que había hecho salí de aquella habitación directamente buscando refugió en la mía, donde me lancé a mi cama pensando en Souma y en la forma estúpida que me estaba comportando. "¿Cómo es posible que le haga esto a la persona que más amo?... No puede volver a ocurrir, no me puedo permitir perderle menos por una persona como ella", me repetía internamente, absolutamente arrepentida de lo que acababa de hacer.
Decidí que lo mejor sería tomar una ducha y apartar a Chikane de mis pensamientos, pero pronto comprendí que eso seria una tarea imposible de cumplir.
Estaba preparada para dormir cuando un pequeño ruido llamó mi atención, era proveniente desde uno de mis balcones así que me quede en silenció para concentrarme en él. Si volvía a sonar significaba que no lo había imaginado. Y efectivamente no lo imaginé, con pasos sigilosos me acerqué hasta él, corrí la cortina y una silueta me espantó de tal manera que solté un gritó horrorizada pero fui acallada por una mano que tapó mi boca.
-Shhhh … soy yo – susurró divertido Souma en mi oído y me soltó.
-¡Por Dios, que susto me has dado! - exclamé tocando mi corazón.
-Lo siento Himeko, es que no aguantaba las ganas de verte
-¿Y no puedes tocar a la puerta? - le pregunté un tanto molesta por el susto.
-Es que me pareció más romántico escalar hasta aquí – dijo él con esa mirada de miel que me envuelve.
-Eres único – declaré entre risas al comprender su actuar.
-Ah, espera un segundó – pidió mientras salía al balcón y volvía a entrar – esto es para ti – sacó de su espalda un hermoso ramo de rosas rojas que no demoré en recibir, regalándole por supuesto un beso de agradecimiento en sus labios. Él aprisionó mi pequeña cintura en sus fuertes manos para disfrutar más del contacto pero yo no pude evitar recordar que acababa de besar a Chikane e instintivamente corte el contacto - ¿pasa algo? - preguntó preocupado.
-No, nada – solté con algo de nervios – es sólo que me has sorprendido.
-Ese era el plan y me alegra comprobar que todo salió a la perfección – sonrió.
-Te amo Souma – dije de la nada colgándome a su cuello – te amo como jamás nadie lograra amarte – él me sonrió y apegó nuestras frentes totalmente enamorado.
-No sabes lo que causas en mí cuando me dices esas palabras de amor hacia mí…
-Ni en sueños puedes imaginar cuanto te amo… y cuanto te pertenezco – declaré dejándome llevar por su presencia que siempre logra alborotar mi corazón. Él me besó intensamente, yo dejé caer el ramo de flores y me puse a sus pies, soñando un futuro junto y feliz.
-Te amo igual o más de lo que tú me amas, princesa – mencionó entre mis labios.
-Quédate esta noche conmigo, por favor - demandé desesperada por sentirlo junto a mí.
-Esta y todas las noches de mi vida si tu lo deseas – volvimos a besarnos hasta caer a la cama, quien nos cobijó por todo lo que quedaba de noche.
A la mañana siguiente él ya no estaba, seguramente había despertado muy temprano para tomar su turno como correspondía. Me abracé a la almohada que aún guardaba su olor y no pude dejar de sonreír al sentirme llena de felicidad entre tanto sufrimiento y sentimientos extraños. Usé la sabana para cubrir mi cuerpo y me dirigí a la ducha donde recompuse mi cuerpo del pesado sueño. Estaba todo perfecto hasta que recordé que debía bajar a tomar desayuno… Seguramente Chikane estaría ahí y cómo podría mirarla después de haberla besado sin su autorización. Me juré a mi misma no pensar en eso y dejarlo como tema olvidado.
Mi corazón se aceleraba conforme me acercaba al comedor, pero estalló alborotado al escuchar su voz pidiendo algo de té. Aún no lograba verla, pero ya sabía que estaba ahí y me alegré… estúpidamente me alegré de que así fuera.
Suspiré armándome de valor antes de cruzar la línea que me hacía invisible a sus ojos.
-Buenos días – dije saludado con indiferencia y tomando asiento en la cabecera de la mesa, ella estaba sentada a mi izquierda.
-Buenos días, alteza – mencionó con un tono sincero. No pude ocultar mi sorpresa y la quede viendo atónita - ¿Cómo durmió? - preguntó para agrandar mi sorpresa y no pude dejar de sentirme cohibida... "¿acaso vio salir a Souma de mi habitación?" me pregunté desesperada por qué no fuera así.
-Bien, hace mucho que no dormía tan bien – comenté con sinceridad intentando sonar serena.
-Que buena noticia – ella me miró fugazmente para regalarme una sonrisa que me electrizó el cuerpo. Como no cabía en mi sorpresa no pude aguantar las ganas de encontrar la explicación a su semblante cálido y extrañamente humano.
-¿Aún estás delirando? - quise saber con todo molesto. Ella me miró confundida y luego sonrió como si hubiese comprobado algo.
-No, ya no lo estoy. Hoy me siento muy bien.
-Que felicidad – mascullé entre dientes de manera irónica.
-Veo que mi presencia le desagrada …
-Que descubrimiento has hecho, casi me dejas sin palabras – volví a ironizar.
-No quiero incomodarla, princesa. Será mejor que le permita desayunar en paz – ella se incorporó de la mesa con una humildad que me dejó perpleja – Que tenga un buen día – comentó antes de retirarse y aunque realmente no quería que se marchara estaba demasiado sorprendida como para impedírselo.
Los dos días posteriores siguió con el mismo carácter, humilde y paciente como si se encontrara filosofado cada segundo de su vida. Noté que evitaba hablarme demasiado pero sólo lo hacía para no desagradarme más de lo que ya me desagradaba y yo por mi parte la perseguía inconscientemente por cada rincón del palacio para ver su comportamiento.
La vi dirigirse hasta el establo y yo fui tras sus pasos, algo no calzaba. Una persona como ella no podría irradiar tanta tranquilidad, seguramente estaba tramando algo.
Me asomé con cautela y la vi acariciar a uno de los caballos con paciencia, y su mirada se veía tristeza pero determinación en algo que no.
-Acaso podre lograrlo – escuché que ella le mencionaba al caballo y como estaba tan concentrada en su conversación no me di cuenta que en el suelo había un jarro metálico que patee haciendo que Chikane se percatara de mi presencia.
-¡Majestad! - exclamó sorprendida - ¿Qué hace usted acá? - preguntó mirando a todos lados.
-Es mi palacio, ¿te lo recuerdo? - manifesté sonando orgullosa aunque ella no diera indicios de estar a la defensiva.
-Ah claro, por supuesto. He sido muy imprudente en venir hasta acá sin su autorización, pero necesito montar – me explicó segura de sí misma – espero no le moleste.
-¿Qué te sucede? - pregunté al fin arrugando mi nariz.
-Nada porque…
-De seguro algo estas planeando algo – acusé en un arrebató.
-Sí, planeo montar a caballo – aclaró
-No quieras pasarte de lista conmigo, Chikane. Y deja esa formalidad que bien sé que no me respetas – tanta amabilidad de su parte me ponía de mal genio.
-¿Todo está bien? Escuché que discutían – Souma apareció en el lugar preocupado por mí. Chikane lo observo atenta y algo mascullo con sus labios, antes de hablar para todos.
-Buenos días, Souma – le saludó por primera vez haciendo que él quedara tan sorprendido como yo, tanto que no respondió – Sabes tengo ganas de montar y bueno es obvio que tu conoces perfectamente a los caballos de aquí ¿Me recomendarías alguno? - preguntó sonando alteradoramente sincera.
-¿Qué le sucede? - susurró Souma acercándose a mi oído.
-No lo sé – le respondí atónita e incrédula.
-Temo que le tengo malas noticias señorita. Estos caballos no están para montarlos aún – vi como Chikane se lamentaba ante esa noticia – pero si quieres cometer la estupidez de intentarlo nadie se lo impedirá – él rió al igual que yo de tan sólo imaginarla.
-Perfecto. Montaré a esté – mencionó ella con completa seguridad.
-¿¡Estás loca!? - exclamé estupefacta - ¿O es que tienes una inmensa necesidad de llamar la atención? - quise saber molesta ante su estupidez
-Sinceramente me encantaría llamar la atención de una mujer en especial pero creo que no he nacido con tanta fortuna – creí imaginar sus palabras pero efectivamente eran reales. Chikane acababa de decir que hay alguien que le interesaba y me molesté al no ser yo.
-Entonces monta a ese potro, quizás logres hacerte visible para ella – reclamé sin pensar – -pero dudo mucho que gusté de una persona tan estúpida como tú.
-Ella no gusta de mí, alteza. Ella está enamorada de otra persona, ni aunque montara cada animal salvaje me miraría – aclaró sin temor al ridículo. Fue Souma el primero en reírse sin escatimar fuerzas. Y yo le seguí, no porque me causara gracia sus palabras, sino porque debía disimular el pinchazo en mi corazón que me produjo saber eso.
-Veo caballero, que usted cuenta con la fortuna de ser amado – comentó Chikane al ver que Souma no aguantaba más su risa. Él debió tomar un tiempo para calmarse y poder contestar.
-Efectivamente señorita. Y no tuve la necesidad de hacer estupideces para llegar a enamorar a esa mujer, que por cierto, le aseguro es la más bella del mundo – no pude dejar de enrojecerme levemente al escucharlo.
-Debe ser así – comentó con paciencia – Quisiera tener esa suerte de que me ame esa persona y la chica que me gusta es la más hermosa que eh visto en mi vida y eso eh visto miles de mujeres bellas, pero ella es la única ante mis ojos.
-¿Estás enamorada? - interpelé con demasiada curiosidad y temor a su respuesta.
-No lo sé, Creo que aún no alcanzó ese grado de estupidez – sonrió mirándome intensamente y por un segundo creí pensar que me hablaba a mí con sus ojos y altero mi corazón en solo pensarlo- ¿Usted lo está?
Instintivamente miré a Souma antes de responder y me sentí estúpida. Ese gesto y el rubor en mis mejillas de seguro ya me habían delatado.
-Creo que sí … - mencioné rogando porque ella no se percatara de mis sentimientos por Souma. Por muy amable que se esté comportando no dejaba de ser un demonio para mí.
-Bueno, ¿vas o no a montar a ese potro? - apresuró molesto Souma.
-¿Me lo podrías ensillar? - le preguntó ella con tranquilidad.
-Con tal de verte en el suelo, por supuesto – él caminó rápido hasta buscar lo necesario para prepararle el caballo a Chikane y yo aproveché el momento para intentar hacerla desistir.
-Ese caballo te tumbara – le advertí enojada.
-Eso ya lo sé – me contestó con suavidad.
-¿Entonces por qué lo harás?
-Porque es necesario
-¿Necesario? - repetí escéptica se sus palabras
-Simplemente quiero hacerlo aun sabiendo que me tumbará. Es curioso como uno quiere algo aun sabiendo que nos puede dañar ¿seremos masoquistas los seres humanos? - reflexionó en voz alta.
-De verdad das miedo, Chikane. Tus cambios de humor me superan – me sinceré ante la impotencia de verla a punto de cometer una locura.
-Lamento tener que separarla de su verdadero amor – se disculpó de la nada congelándome el corazón. Ella me miró esperando una respuesta pero como no se la di volvió a observar a Souma mientras ensillaba el caballo.
-Nunca me podrás separar de él – le aseguré perdida en un sentimiento extraño – Ni aunque me arranques el corazón dejare de amarlo – esas palabras ya se las había dicho a Souma pero me agrado decirle a alguien más lo mucho que lo amaba.
-No tenía pensado eso – la escuché soltar una risa amable – Saber que alguien la hace feliz es algo muy alentador para mí, créame … - yo enarqué mi ceja no pudiendo disimular la poca credibilidad que ella me causaba.
-De seguro tú tampoco dejaras de sentir lo que sientes por aquella mujer – aseguré con demasiada brusquedad para la ocasión.
Ella me miró confundida y ladeó tenuemente su cabeza, casi intentando hallar en mí algún tipo de explicación.
-Al contrario de lo que te ocurre a ti yo quiero alejar esos sentimientos de mí – me aclaró con mucha franqueza.
-¿Y ella? … - no supe que más decir. Realete me intrigaba saber quién era esa mujer que tenía a Chikane así. ¿Cómo será?
-¿si? - me animó
-Ella… ¿no te corresponde? - pregunté extrañada de que fuera así. Pues en realidad no lograba imaginar que alguien la rechazara. A pesar de la maldad que brota de su cuerpo hay algo que deslumbra a todos, ¿su belleza, sus ojos, su voz? Existía un mar de posibilidades.
-No, ella no me corresponde.
-No te creo – levanté mis cejas para denotar más mi falta de ingenuidad – seguramente se muere por ti y ahora debe estar extrañando tu presencia – aseguré irritada.
-No, ella ama a otra persona y por mí no siente nada.
-No pareces sufrir por eso.
-¿Debería demostrarlo? - preguntó como si algo anduviese mal.
-Es lo común. Uno sufre por amor.
-Yo no soy de las personas que muestra dolor ante los demás y no estoy enamorada y dudo que algún día me enamore – sonrió divertida al entender que yo pensaba eso.
-Está listo el caballo para la señorita – anunció glorioso Souma, expectante por ver lo que sucedería a continuación.
Chikane sin dudarlo un segundo se acercó hasta el animal y lo sacó del establo con una determinación preocupante. Tanto Souma como yo salimos tras ella, él esperando ver la locura y yo deseando evitarla, pero que excusa podría decir para suplicarle que se abstuviera de hacer semejante imprudencia.
Rápidamente el animal comenzó a inquietarse pero Chikane no mostraba señal de miedo. Acarició su lomo sin mucho resultado y de un salto quedó montada sobre él. La vi tomar lar riendas con fuerza mientras el caballo giraba desorbitado y no dejaba de relinchar, obligando a Chikane a apegar sus piernas contra la silla para mantenerse en su lugar.
-¡Bájate ya! - le supliqué desesperada por la situación – ¡Souma haz algo, se va a matar!
-No puedo hacer nada, acercarme ahora sería muy peligroso
Él tenía razón, el caballo podría patearlo con facilidad. Por un momento pensé que Chikane lograría domar al animal pues lo dirigió hasta un camino de piedrecillas que estaba conjunto al césped sin mayor dificultad, pero en cosa de segundos se encabritó precipitando el cuerpo de Chikane al suelo con demasiada fuerza. La vi caer sus manos y luego su cuerpo y cerré mis ojos al pensar que el caballo patearía su cabeza, pero lo único que escuche fue el cabalgar desembocado del animal.
-Eso fue divertido – expresó Souma con los brazos cruzados.
Abrí mis ojos y la vi de rodillas en el suelo quizás esperando que se pasara el espanto que sin duda debía estar sintiendo. No pensé mucho lo que hacía, simplemente corrí a su lado para percatarme de que estaba bien.
-Chikane… ¿Dónde te duele?
-Solamente las manos – respondió mirando las palmas de sus manos con una mirada perdida como de miedo. Estaban muy heridas así que me espanté.
-¡Definitivamente estás desquiciada! - le regañé – No sabía que hacer estupideces estaba dentro de tus hobbies.
-Era necesario – me explicó poniéndose de pie.
Ven, te llevare con Otoha.
En eso chikane se levanto sin dejarme que le ayude se incorporo solita del suelo y comenzó a caminar hacia el palacio sin pensarlo fui tras ella
-estas bien? – caminando a su lado
-si no te preocupes estaré mejor sola dile a Otoha-san que le espero en mi habitación – me dijo eso cosa que me hirvió la sangre prefiere la compañía de ella y no la mía
-haz lo que quieras – le dije mientras detuve mi andar y le comunique a Otoha quien parece es la favorita de Chikane para que la vaya a ver le comente lo que paso y ella puso una cara de espanto y preocupación cosa que me hizo pensar que ella siente algo más por Chikane luego la veo dirigirse por el boutique que tenemos en el palacio y subió en busca de ella por el pasillo de las habitaciones principales
En eso la detengo antes que se vaya de la vista y le comunico algo
-Otoha-san espera un rato dile a ella que le espero a la hora de la merienda y que no se atreva a faltar es una orden comunícale – diciéndolo eso me dirijo a mi habitación enojada por la culpa de Chikane prefiere la compañía de alguien más que de su futura prometida
-si su majestad – escuche antes de cerrar la puerta
FIN DE LA PERSPECTIVA DE HIMEKO
En eso Otoha-san entra a la habitación de Chikane y lo que vio adentro la acobijo su corazón sentía ganas de abrazarla pero una simple empleada no puede hacer eso ante su otra majestad, Chikane estaba sentada a la orilla de la cama mirando su manos con la mirada perdida como si hubiera acordado algo que no quería recordar
PERSPECTIVA DE CHIKANE
Escucho que alguien entra a la habitación imaginándome que era Otoha-san así que alzo la mirada y en efecto era ella que tenía en sus manos unos vendajes y otras cosas más
-entra Otoha-san por favor
-que le paso su majestad? – preocupada
-nada solo me cai del caballo, nose en que estaba pensando exactamente
-pero porque lo hizo hubiera sido peligroso – acercándose viendo como tenia lastimadas las manos
-tranquila tenía que hacerlo quería vencer un trauma que tenia de pequeña pensé que sería capaz pero cuando caí me recordé de nuevo arg.. – se quejó cogiéndose la cabeza al recordar de nuevo
-esta bien su majestad? Que era lo que se recordó si puedo saber
-si no te preocupes Otoha-san pero en ti parece que puedo confiar tienes algo en ti que me brinda confianza pero no ningún motivo quiero que nadie sepa en este palacio entendisteis
-gracias su majestad por confiar en mi me siento alagada pero si no lo quiere hacer no lo haga, y jamás dañaría la confianza que depositan en mi
-eres la primera persona en que se lo contare, tengo un trauma con los caballos porque cada vez que veo uno me acuerdo como mi madre murió siendo derribada por uno cuando se asustó por una serpiente que estaba por el campo y callo en una piedra que le rompió la cabeza y le quito la vida que ironía y yo solo me rasguñe las manos
-lo siento no lo sabía su majestad pero sabe algo su majestad
-qué cosa?
-los errores se aprenden nos arrepentimos de lo que paso pero aprendemos en no caer de nuevo, es casi lo mismo con los traumas vimos algo que nos perturban nuestro sentidos y nace el miedo y por ellos nos detenemos en una parte avanzamos en todo menos en esa parte que por el miedo no lo avanzamos pero siempre en una parte pequeña dentro de nuestro ser quiere romper ese miedo y seguir avanzando
Su majestad yo de niña tenía miedo a subir los arboles desde la vez que casi me caigo pero mi padre me salvo la vida hace unos años hace poco aún tenía ese miedo pero lo supere cuando mi hermanito estaba jugando con el árbol y hubo un bullón porque estaba por caerse piso mal y está sujeto a una rama que si se rompía caí él y ni me quería imaginar si eso pasara así que con miedo me subí a el árbol y me acerque donde mi hermano poco a poco pero no pensaba en lo que vi antes que causo mi trauma para avanzar solo pensaba en mi hermano en llegar ahí lo más pronto posible para salvarle la vida y cuando lo salve me acorde de mi padre como él lo hizo conmigo ahí perdí mi trauma
-Vaya tienes razón eso pensaba yo en querer romper ese miedo pero cuando lo pude manejar un rato me olvide del miedo pero cuando se ajetreo el caballo me asuste y cai del caballo ya que me mando lejos de el creo que fue suerte
-debe ser eso, poco a poco lo lograra su majestad solo tiene que olvidar ese recuerdo triste y superarlo ya que su madre era una de las corredoras de caballo famosa en el país cuando era joven
-como sabias eso tu?
-pues esta aca llegaba su fama y te pareces casi a ella su majestad – sonriéndole
-si eso dicen casi todos gracias Otoha-san me relaje contigo mañana superare mi miedo
-de nada su majestad puede contar conmigo en lo que sea, pero ahora voy a limpiar sus heridas de la mano para poner este spray que ayuda a cerrar las heridas rápidamente – en eso me curo ambas manos me ardía un poco pero lo soporte hasta el final
-gracias su Otoha-san – sonriéndole
-D..e de nada su majestad – poniéndose sonrojada – cierto su majestad dice nuestra alteza que la espera hoy en la merienda
-dile que estoy cansada por hoy y no tengo hambre comunícaselo por favor
-dijo que tenia que ir si o si lo siento su majestad pero si quiere le digo que esta muy ocupada y no puede ir
-tranquila iré ya que si se pone así me toca ir a ver que dice ya que quiero estar en buenos términos con ella luego bajare descansare un poco puedes retirarte Otoha-san
-como ordene su majestad – saliendo del cuarto
-hay esta himeko que mismo quiere es mejor estar de buenas pero alejadas a la vez es lo que trato de hacer esa medicina que me puso la doctora siempre me pone relajada por un buen rato parezco una bestia domada como diría himeko pero que hare este sentimiento con ella florece cada vez que la veo y quiero negarlo pero me duele con ese Souma pero tanto lo ama lo dejare felices y no hacerme una ilusión con ella es mejor así. Cuando acabe todo esto me iré lejos aunque admito verla hacerle enojar me gusta ver la cara que hace
Luego de una hora ya estaba preparada para enfrentar a la princesa con una laguna mental que no hallaba solución alguna. Decidí no hablar mucho, era lo mejor para evitar el ridículo.
La encontré en el gran comedor esperando por mi llegada, junto a ella parado estaba Souma, quien al parecer es su sombra y también su luz … de cierta forma eso me incomoda.
-Buenas noches – la saludé tomando asiento junto a ella quien ni siquiera me miró y mucho menos respondió a mi saludo.
La observé unos segundos más confundida que antes, se notaba muy molesta conmigo más de lo normal y no saber por qué me atormentaba y quizás me asustaba. Si no recuerdo haberme caído de un caballo quizás que otras cosas no logró recordar.
Comenzamos a comer en silencio por un largo rato, uno que me parecía interminable. Sentía como Souma me miraba con desdén pero no estaba de animó para responder a sus miradas.
-¿Hablaste con tu prima? - preguntó Himeko con la voz áspera.
Era la peor manera de comenzar una conversación para mí. Por qué tuvo que preguntarme algo que ni siquiera sé de qué se trata.
-No me vas a contestar – apresuró ansiosa y fastidiada.
-¿De qué tenía que hablar con ella? - pregunté inquisitiva sin demostrar mi confusión. Ella me miró con una ceja alzada.
-Estás bromeando, ¿cierto? - anunció indignada.
-No, no bromeó. ¿Qué debía hablar con ella que a ti te interesara tanto? - soné tan pesada como ella.
-Cada día te soporto menos – declaró agotada.
-Podría invitarla a cabalgar nuevamente, alteza. Quizás los dioses se vuelva a apiadar de usted – le sugirió Souma dado el último comentario de Himeko. Rápidamente comprendí que la premisa era verme accidentada nuevamente. Ella al escuchar las palabras de su amante no pudo aguantar una educada carcajada.
-Y yo que pensé que entre bestias se entendían – comentó Himeko alzando sus hombros. Me sentí desarmara, que podía decirles para defenderme si sólo sabía lo que ellos nombraban.
-Hablaré con ella hoy mismo – declaré al final para cambiar el rumbo de la conversación por un lado y por el otro para evitar ver como ellos se burlaban de mí.
-Entonces aún no hablas con ella… - sonrió decepcionada a mi – era obvio, no puedo confiar en tus promesas.
-¿Yo prometerte algo a ti? - puse en duda sin pensarlo
-Tú no respetas nada al parecer, lo único que te importa eres tú, tú y tú – golpeó la mesa con algo de fuerza por la impotencia.
-Quizás si me explicas podemos llegar a un consenso – propuse cuidadosa.
-Pensé que hablaba con una persona inteligente, pero ya veo que hay que explicarte las cosas más de una vez. ¿Qué es lo que te sucede? ¡No te das cuenta por lo que estoy pasando! - me encaró alejada de su compostura. Tan inesperada fue su reacción que el mismo Souma tuvo que contenerla en un abrazo mientras ella lloraba de rabia, haciéndome sentir extrañamente apenada por causar todo esto – ¡No quiero ver a nadie que traigas a este palacio aunque te eses muriendo llega sin compañía no quiero intrusos! ¡Por mucho que deba casarme contigo no tienes derecho!
-Tranquila Himeko – mostré las palmas de mis manos para intentar menguar la situación. Al fin comprendí a que se refería con su pregunta – si tanto me odias que ni es ese estado que me ayudaron a llegar al palacio permites a alguien aunque sea de mi familia, la próxima me quedo afuera en el Dojo y no entrare al palacio si tengo visitas, eso te lo aseguro – dije con intensidad.
-Disculpa, pero no puedo confiar en un demonio como tú – escupió con odio hacia mí. No pude aguantar más la sensación que me provocaba verla así.
-Déjanos a solas – ordené con vehemencia a Souma quien aún la abrazaba. Él me miró con desafío lo que sólo me enfureció más – ¡Vete de una vez! - insistí apretando mis puños, no con mucha fuerza para no causarme dolor.
-No me iré … Nunca te dejaría a solas con ella – contestó con altanería.
-Dile a tu perro que se vaya ahora mismo – me dirigí a Himeko quien me miraba aterrada. Mi tonó de voz dejó ver una amenaza escondida.
-Vete Souma – le pidió temerosa. Supe en ese segundo que ella haría todo para proteger a ese hombre, lo vi en sus ojos, en cómo me miraba suplicando porque todo lo que le quisiera hacer a él se lo hiciese a ella.
-¡No, princesa!
Estaba contando para no perder mi paciencia. Una voz en mi cabeza me ordenaba asesinarlo frente a Himeko, sin piedad ni demora y sabía sin saber como que por mucha preparación que tuviese ese chico en seguridad y defensa propia podría acabar con él fácilmente.
-Vete, es una orden – le anunció ella casi desesperada empujándolo con sus manos hasta la salida. Los vi discutir en la puerta, pero no podía oír lo que hablaban… al fin ese chico desapareció de mi vista y me alegré al comprobar que no cometí una locura – Te advierto sólo una cosa Himemiya Chikane, si le haces algo a él juró que no descansare hasta verte muerta – me amenazó indicándome con su dedo a la distancia, aún a pesar de temblar de miedo.
-¿Por qué tanta euforia por él? - pregunté algo que ya sabía pero ella desconocía eso.
-Son preguntas que no tengo porque contestar – aclaró de inmediato.
-¿Parte de tu vida privada? - poco a poco me fui calmando y dejando enterrado ese instinto diabólico de asesinar.
-Sí… parte de mi vida privada.
-Me has respondido todo sin responder nada – le avisé tomando nuevamente asiento.
-¿Y según tú que te respondí? - inquirió ella.
-Lo suficiente como para confirmar lo que se ve a simple vista… - comenté con seguridad.
-¿Y qué es lo que ves? - volvió a formular una pregunta. Esta vez se paró frente a mí.
-Ni me meteré en tu vida, ni tampoco le haré daño a Souma, esa será las dos únicas promesas que te haré y de las personas que me vengan a ver las recibiré yo como se me dé la gana te guste o no este es un acuerdo de un reinado pero no me puedes tratar peor que un sirviente restringiéndome quien me puede traer o yo traer . A cambió sólo te pido que hables con él y le digas que no se acerque a mí, ni mucho menos me desafié… y te dare toda la libertad que quieras - me paré de la silla pues nunca tuve realmente apetito y la miré fijamente - ¿De acuerdo? - pregunté para animarla a hablar ya que ella sólo se quedo viéndome.
-¿Dime qué es lo que confirmaste? - volvió a preguntar extremadamente interesada por recibir una respuesta de mi parte.
-Eso no debe importarte. Yo ya me comprometí. Lo que yo piense o no de ti dudo mucho que te importe – aseveré con elocuencia.
-¿Y tú qué sabes? - refutó mi aseveración con tanta energía que me dejó sin respuestas, pero lo que realmente me sorprendió fue que se acercará a mi rostro a menos de cinco centímetros. Mi cuerpo rápidamente reaccionó, mis nervios aumentaron vertiginosamente y no lograba deducir si su mirada era de desafío o de confesión.
Me perdí en su mirada y su cercanía. No sabía que estaba sintiendo realmente pues todo me era desconocido. Sólo sé que en algún momento de esa mirada todo dejó de existir y tener importancia para mí. Lo que me preocupaba hace menos de cinco minutos ahora estaba olvidado y tan sólo tenia cabeza y cuerpo para disfrutar del ahora.
Múltiples corrientes eléctricas me recorrían la zona cervical y comencé a luchar con todas mis fuerzas para esconder cualquier indicio que me dejara al descubierto frente a ella, pero por alguna razón sentí que todos mis esfuerzos eran en vano. Mi boca quemaba por chocar la suya, tal y como había sucedido hace más de una semana…
No aguanté más y la besé pero esta vez fue diferente. Ahora la besé con ternura escondida, una que nunca había sentido por nadie y nunca imaginé sentir. Nuestros labios se rozaban suavemente, casi dosificando el momento para disfrutar más de él. Una ilusión de vivir llenó mi alma y, mi corazón me rogaba ofrecerle cualquier cosa que la hiciese quedarse por siempre junto a mí. Su pequeño cuerpo se estremecía bajo mis brazos y yo no dejaba de pensar en el miedo que debía estar sintiendo por mi culpa, pero mi egoísmo era tan grande que me impedía detenerme, no podía alejarme de sus labios.
Busqué su rostro con mis manos y afiancé el contacto, recorrí la forma de su oreja dibujándola y memorizándola frágil y hermosa, su olor me invadía todos los rincones oscuros de mi vida y comencé a sentir miedo, tanto o más de lo que mi propia vida me provocaba. Eran demasiadas emociones ocurriendo en mortales segundos pero que se quedarían gravadas a fuego en mí corazón, sin duda alguna.
El único sueño hermoso que estaba teniendo en mi vida fue terminado por ella abruptamente con una certera bofetada que adormeció mi mejilla izquierda y retumbó mi cabeza. Yo la miraba desconcertada, sabía que acababa de cometer el error más grande de mi vida pero fue su mirada la que me dejo tirada en el suelo. El odio que me traspasaba me hacía sentir vacía y comprobé en ese segundo que yo no merecía experimentar esta clase se sensaciones que derivan del amor por eso quería estar lejos de ella pero cuando la tengo cerca me nubla mis pensamientos que sus labios y todo de ella es la luz que me ilumina mis pensamientos me pierdo en mi misma ante todo
-¡No vuelvas a besarme en tú vida! - gritó ella desorientada y aturdida – ¡No entiendes que te odio! - enfatizo amargamente.
-No sé por qué lo hice … - declaré evitando mirarla. Nunca me había sentido tan expuesta ante alguien y mucho menos podía hallar una explicación al dolor que nacía desde mis entrañas al sentir su rechazo.
-Yo sé que clase de persona que eres Himemiya y estas muy equivocada sí piensas que podrás manipularme o hacerme caer a tus pies – sus ojos se enrojecieron tenuemente.
-Tienes razón Himeko … me equivoqué contigo, pensé que serías más ingenua. Pero me alegra saber que tienes claro que no debes acercarte a mi – seguí su juego ocultando lo que realmente estaba sintiendo por dentro.
-Yo no me quiero acercar a ti, eres tú la que llagaste a invadir y destruir mi vida. Dejándome confundida y alborotada con tu … – ella dejó de hablar y me dio la espalda, notoriamente afectada comenzó a llorar.
-Yo la observé con paciencia, sabía que lo más sensato era no pronunciar palabra alguna y dejar que se expresara cuando estuviese preparada. No pasó más de treinta segundos cuando volvió a darme cara, haciendo que su mirada volviera a adormecer mi alma con suavidad.
-Te pido, no, te suplicó que por favor me respetes – mencionó con mesura – Ya suficiente tengo con tener que aguantar que me impongan vivir una vida que no quiero ni deseo como para tener que aguantar ser besada por alguien que …
-¿Odias? - la ayude a terminar lo que al parecer tanto le costaba pronunciar
-Sí … - susurró al fin sin mirarme a los ojos. Yo asentí con la cabeza lentamente y respiré profundo sin saber muy bien como habíamos llegado a este tipo de situación.
-Lamentablemente debemos casarnos y deberemos soportar nuestras presencias – comenté con indiferencia ante su sufrimiento … aunque por dentro algo estaba cambiando en mí.
-¿Qué es lo que te obliga a casarte conmigo? - preguntó de forma inesperada.
-La obligación – respondí, ella negó con su cabeza.
-Sé que no es eso la que te obliga … ¿Qué pretendes conseguir? - insistió
-Nada … - dije con seguridad – Nada en la vida me importa Himeko, soy una bestia como tú bien lo has dicho. Mi lógica no tiene sentido y dudo que algún día tú puedas entender lo que pasa por mi cabeza, tendrías que vivirlo por ti misma y créeme que a pesar de lo mucho que me desagradas no deseo que vivas lo que yo tengo que vivir – pronuncié sin pensar lo que dije, tan sólo fluyeron las palabras por mi boca.
-¿Y qué es lo que tienes que vivir? - su voz sonó intrigada por mí. Aunque seguramente lo imaginé.
-eso no te importa … - ahora era yo quien le daba la espalda para cubrirme de su mirada inquisitiva – Yo soy peligrosa Himeko y si alguna vez tienes la posibilidad de romper este acuerdo no dudes en hacerlo – le aconsejé
-Trabajo en ello todos los días, Chikane. Te recomiendo que te cuides porque no dudaría en destruirte si me entero de algo oscuro – me advirtió no con un tono sagaz sino más bien con uno protector
-Algo oscuro? … - repetí perdida en mis pensamientos errados. Y me pregunté si en mí podría existir algo que fuera oscuro pero comprobé que eso era imposible solo cuando me enojo terriblemente en eso pongo mi mano en mi frente me comenzaba a doler la cabeza de nuevo
-¿Tiene algo que ver con tus jaquecas? - la miré aterrada al escuchar lo que con tanto cuidado me preguntó.
-¿Cómo sabes de eso?
-Entonces es verdad … Te vi en el congreso, como lentamente tu semblante comenzó a descomponerse y tus ojos … estaban increíblemente irritados. Alguien me comentó de tus dolencias.
-¿Quien fue? - pregunté molesta
-No te lo diré – manifestó inmediatamente – estabas realmente mal…
CONTINUARA
Aqui cada vez himeko va despertando mas sus sentimientos por cierta peli azulada
