Hola! Gusto de saludarlos de nuevo!

Lamento la tardanza pero he tenido unos días muy locos últimamente! En fin, no vengo a aburrirlos con mi vida, sino a traerles el tercer cap :D

Gracias a todos por los reviews, follows and favoritesssss...

Enjoy it!


Capítulo III

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"Mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que eres puro por dentro, y que, pase lo que pase, volverás a ser feliz." -Ana Frank

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Y para ser estrictamente francos Levi no lo buscó, sino que fue él quien lo encontró.

Si Levi creyera en Dios podría decir que todo aquello no era más que una cruel broma del ser divino. Pero no. Él no creía en divinidades ni en aquello a lo que denominaban destino. No, simplemente estaba seguro que todo aquello era muestra de su mala suerte. Llegando a la cuarta semana y harto de la constante cursilería que construía Smith alrededor de su relación fue que finalmente las cosas comenzaron a caer por su propio peso tal y como, tarde o temprano, tenía que suceder. Por supuesto, él nunca pensó que las cosas fuesen a tomar un rumbo tan inesperado –y ni que decir, tan poco deseado.

El martes de aquella semana empezó tal cual lo iba haciendo desde que empezó su nuevo caso. Nada interesante que mereciera la pena anotar y, poco a poco, comenzaba a sopesar la idea de que todo sería igual hasta el final del trato. No obstante, algo completamente inusual ocurrió aquella tarde en Puerto María. Acompañado de su siempre fiel americano sin nada de azúcar y leyendo un libro para matar el tiempo mientras esperaba el descanso de Springer fue que la mala racha decidió tocar las puertas de su vida pacífica y monótona.

- ¿Acaso es ese el nuevo libro de Dan Brown?

La voz que por semanas se hallaba escuchando a la lejanía, ajena y extrañamente familiar, resonó entre sus tímpanos enviando descargas en sus terminaciones nerviosas. Algo que no supo identificar se activó en su cerebro y una extraña sensación de mareo se instaló en la parte inferior de su vientre. Por suerte, el vértigo no duró más que un par de segundos y él pudo fijar su mirada, siempre fría y distante, sobre el par de ojos aguamarina que brillaban casi sin decoro al morir el sol en la tarde. Debería ser un pecado cargar con tremendos ojos, pensó aparentemente indiferente.

- Así es.

Para su defensa, aquella corta respuesta estaba muy lejana a lo que en realidad quería decir. Lo que él realmente quiso expresar fue su mirada más antipática y mandar a volar al mocoso que llevaba días investigando y que –dicho sea de paso- a estas horas debería estar de regreso a su cuartucho, como siempre hacía cada día laboral de la semana. Sin embargo, el "así es" debió haberse escuchado tan ameno que el mocoso Jaeger no dudó en sentarse frente a él, como si lo hubiesen invitado a compartir una taza de café.

- Justo estoy volviendo a releer Inferno. Todo lo relacionado a La Divina Comedia es mi punto débil. – Comentó mientras sacaba del morral un ejemplar bastante maltrecho, forrado en papel transparente y con las puntas dobladas.

Ante el estado del libro Levi no pudo más que fruncir el ceño en claro disgusto. Él siempre fue muy cuidadoso con sus pertenencias y nunca permitiría que cualquier posesión suya se hallase en tremendo estado nefasto. Mas ello quedó desplazado a segundo lugar en cuanto notó la brillante sonrisa de niño emocionado, tal cual esperaría de un mocoso que acababa de descubrir el regalo más fantástico en Navidad, que bailoteaba juguetona en su rostro y enmarcada por aquellos labios sonrosados y finos. El fulgor de su mirada lo deslumbró una vez más y pronto el color de sus irises pareció tomar un tono más dorado. Le preocupó de sobremanera creer que comenzaba a comprender por qué la obsesión de su cliente hacia el mocoso desaliñado que tenía enfrente.

Eren simplemente era de otro planeta.

Era algo que nunca esperó descubrir en su vida. Y se encontró a sí mismo cultivando el bichito de la curiosidad en su tenaz terquedad. ¿Qué otras cosas asombrosas podría enseñarle el niño aquel? Porque bien deberían darle el mérito de poseer algo que no supo identificar a tiempo y que tardaría, tal vez, demasiado en descubrir. Pero ello vendría después, cuando se diera cuenta que no solo en los libros suceden cosas sorprendentes, sino que la vida misma es una máquina de sorpresas. Unas más agradables que otras.

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- No deberías juntarte tanto con ese tipo. Es raro. – Sostuvo la joven mientras comía tranquilamente su emparedado.

El jueves a la hora del almuerzo la cafetería se hallaba abarrotada de gente y en medio del caos de estudiantes presurosos se hallaba el trío inseparable de amigos. Mikasa Ackerman acababa de salir de su práctica de kendo y, tras salir de camerinos, no dudó en acompañar a su amigo el blondo en búsqueda del alemán. Ellos tres terminaron siendo tan buenos amigos que sorprendería a cualquiera el saber que llevaban menos de un año de conocerse.

- No es raro, solo es como nosotros. – Respondió feliz comiendo de su ensalada de atún.

- Aun así, no deja de parecerme grosero.

Armin Arlet observó a sus amigos discutir y no pudo evitar evocar el recuerdo del día anterior. Eren había dejado de emprender su inmediata vuelta a casa por dos días seguidos y eso ya era demasiado raro. Extrañados decidieron seguir al joven para satisfacer su curiosidad. ¿Qué sería aquello que distraía de su rutina al joven literato?

Y no era qué, sino quién. Alguien bajito, de cuerpo menudo pero fuerte, con una piel blanquecina y un carácter de mierda. Ellos sabían que Jaeger poseía un extraño magnetismo de atraer personas peculiares, pero aquello era salirse de la raya. En la vida se habían topado con la persona más huraña y cascarrabias de la Tierra. Levi Ackerman, un militar retirado que vivía de los impuestos del Estado tras ofrecer su vida en múltiples conflictos –o por lo menos eso fue lo que le sacaron a Eren después de tanta insistencia-, no era más que el sujeto que empleaba parte de sus tardes en tomar café en Puerto María y hacerle compañía a Connie, quien también parecía tener cierta fascinación hacia el ex militar. Lo que no sabían, claro está, es que Connie Springer sentía admiración por cualquiera que fingiera escuchar sus infinitos relatos.

Y así transcurrió el día. Hasta que llegó la tarde en que la cita implícita se cumplió. No había previo acuerdo ni planificación alguna, pero ambos sabían desde entonces que siempre podrían encontrarse en el mismo lugar y a la misma hora. Eren veía en él la persona que siempre quiso ser: un hombre con grandes aventuras, virtudes y valores que sería digno de recordar. Su admiración hacia el francés no parecía conocer límites y no pudo esquivar la emoción que le embargaba siempre que lo veía leer mientras disfrutaba de su americano.

Por su parte, Ackerman no pareció desperdiciar la oportunidad que se le presentó y terminó por incitar al joven a que hablara de sí tanto como podía. Debió admitir que no fue una tarea sencilla, pues el mocoso Jaeger parecía más interesado en hablar de la vida de sus autores y de sus fantásticas obras que de la suya. Pero Levi no desistió de su empresa y, en cambio, le transmitió la confianza necesaria para que se aventurara de hablar más allá de la fantasía. Para ello fue menester compartir sus experiencias, así el sentido de equivalencia haría su trabajo y podría conseguir de primera mano aquello que el alemán tanto resguardaba con esmero.

- ... Y se quedaron juntos. Así fue como terminó. – Terminó de relatar mientras bebía lo último de su té de hierbas. – Adoro los finales felices.

- ¿Quién diría que un mocoso como tú fuese tan romántico? – Preguntó con sorna Levi buscando provocar un tema que ansiaba tocar. Por su parte, el muchacho se abochornó ante la pregunta jocosa.

- Yo creo que todos pueden ser románticos cuando quieren. – Tartamudeó avergonzado, tratando de esconder su timidez entre miradas esquivas. – Incluso usted, Levi.

- Tsk. – La breve respuesta la dio sin pensar, sin embargo prosiguió. – Ya te dije que me tutees, no soy tan viejo. Y con respecto a tu aseveración, mocoso metiche, la respuesta es no. Yo no creo en esas mierdas cursis. – Declaró firme. – Pero no te ahogues en mi desdicha, tú tienes toda la apariencia de vivir esa cursilería en primera persona. – Dicho esto, acercó su rostro al del joven haciendo verdaderos esfuerzos para que su breve estatura y la mesa de en medio no obstaculizaran su cometido. – Dime, ¿hay alguien en tu vida en ese sentido especial?

Los ojos de Jaeger se abrieron más, mostrándose más limpios y transparentes que nunca. Ello pudo notarlo Ackerman gracias a la cercanía y no dudó en aprovechar la oportunidad para observar con mayor detenimiento todos los rasgos suaves del joven. La piel algo pálida pero aún coloreada por efectos del sol y la vergüenza, la nariz pequeña, los labios delgado y un tanto resecos, la quijada fina, las cejas gruesas, las largas y tupidas pestañas y el par de acuarelas que cambiaban de tonalidad según le dieran la luz. Todo en Eren Jaeger era un misterio sin fin.

- Yo... Yo estoy saliendo con alguien ahora. – Comentó bajando la mirada. – Pero no somos nada formal.

Muchacho honesto, pensó satisfecho. Aunque no pudo prever la ligera decepción al oír la respuesta del joven estudiante. Por algún tiempo pensó que sería alguien diferente. Más lo que siguió lo terminó por sorprender.

- No me malinterprete, por favor. – A estas alturas comenzaba a pensar que Eren usaba la formalidad cuando se sentía nervioso. – No es que ando a la espera de nuevas expectativas, solo hago lo que creo que es justo para ambos.

La sonrisa triste que le dirigió fue fugaz pero suficiente. Afiló su mirada e ignorando el nuevo vértigo que sintió con más insistencia fue que se propuso a descubrir, de una vez por todas, el secreto que Eren Jaeger guardaba tras una vida tan pacífica y unos ojos bonitos.

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- Quiere escribir un libro y ya está haciendo algunos borradores. – Relató el francés mientras ojeaba distraídamente sus notas, a pesar que se sabía a cal y canto cada una de sus anotaciones. - No le gusta la mostaza, ni las películas de ciencia ficción, le tiene pavor a las arañas, a las agujas y a los payasos. Su color preferido es el azul oscuro y detesta el blanco. Come siempre que puede con cuchara y no soporta el café. Le gusta el dulce, los nachos con extra queso y los juguetes que vienen dentro de las chocolatinas para niños. Y, por sobre todas las cosas...

- Levi...

La voz del rubio lo sacó de su monólogo abruptamente. Miró con fastidio al hombre sentado frente a él. Era sábado por la mañana y habían quedado en reunirse justo antes de una importante junta de negocios que tenía Smith. Por la tarde, casi finalizando el día, Erwin iría por Eren. Aquella noche tocaba ir al cine.

- Levi, todo eso ya lo sé. – Comentó incómodo. – No creo que sea conveniente que ustedes dos sean tan cercanos. – Finalmente soltó.

El detective suspiró mientras se masajeaba las sienes. Ya veía venir algo similar, pero sabía exactamente cómo manejarlo. Tomando asiento –pues, mientras hablaba se había tomado la libertad de pasear por toda la habitación- fue que llegó al punto que a toda costa quería evitar.

- Él ya me confesó que no quiere nada serio, Erwin. – Comunicó frío y directo, pero aun así tomándose la libertad de usar su nombre de pila para tratar de amortiguar la noticia. Smith bajó la mirada por unos segundos, pensativo y algo decepcionado.

- ¿Te ha dicho el por qué? – Preguntó finalmente.

- No, pero es algo que descubriré tarde o temprano de seguir ganándome su confianza. – Aseguró firme. – Créeme, no ha sido intención mía que nos volvamos tan cercanos, pero sé cómo aprovechar esta situación y sacar ventaja. Si lo que deseas son respuestas, ahora es el momento.

Los ojos azules platinados de Levi parecieron brillar fugazmente. Siempre sucedía cuando algo le parecía por demás interesante. La vida del francés siempre estaba compuesta por retos, para y por eso vivía. Y Eren Jaeger no era más que un rompecabezas que no tardarían en amar y desarmar. Al fin y al cabo, todo se termina descubriendo tarde o temprano.

- Muy bien, hazlo.

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Hangi Zoe revolvió el azúcar en su taza de una forma tan obstinada y atenta que pareciese que no había más finalidad en la vida que el disolver la glucosa en su mocca caliente. Ackerman, por su parte, la miraba asqueado como siempre hacía tras recibir su visita inesperada. Pero no la terminaba de echar, porque finalmente no tenía nada mejor que hacer un domingo por la noche y, probablemente, Erwin estaría ocupando el tiempo de Eren en razones más reproductivas –sin serlo realmente- y sexistas.

- ¿Chupaste limón? – La pregunta lo descolocó brevemente, y enarcando una ceja contratacó.

- ¿Y a ti se murió tu última neurona? – La fotógrafa no pudo evitar soltar una carcajada ante las ocurrencias de su mejor amigo.

- ¡Oh, vamos, calma enano! – Se sobó la tripa tratando de menguar la risa que no terminaba por brotar de sus labios. – Es que acabas de poner la cara de mayor disgusto total que te he visto en la vida... ¡Y déjame decirte que eso viniendo de ti ya es demasiado!

- Calla cuatro ojos de mierda.

- Venga enanín. – Soltó de nueva cuenta mientras terminaba de reírse. - ¿Quién te ensució el tapete esta vez?

El francés desvió la mirada hastiado e ignoró el sentido de las preguntas absurdas de la mujer, todas aludiendo a su manía de mantener todo en perfecto orden y limpieza. Y es que así era Levi Ackerman. Alguien sencillo y complicado a la vez. No soportaba en ninguna medida –por más mínima que sea- la suciedad. En su pequeño departamento tenía una pequeña habitación dedicada única y exclusivamente a almacenar sus artículos de limpieza, iban ordenados por funciones y colores; todos correctamente distribuidos para facilitarle su tarea los domingos de limpieza. A su vez, y aunque pareciese difícil de creer considerando lo pulcro que siempre iba a dónde sea que vaya, en su guardarropas no había más prendas que las estrictamente necesarias. Un par de cambios para cualquier ocasión imprevista y que bien podía combinar haciendo uso de su imaginación; pues ello aprendió de la vida militar en la que se vio inmerso años atrás, donde los lujos eran nulos y lo indispensable era escaso. Sea como sea, ello solo fue una etapa más en su vida y que terminó convirtiéndolo en quien ahora era. Una persona excéntrica y humilde. Un tanto distante de la personalidad ostentosa de Smith.

Erwin no era mal tipo, pero hasta entonces vivía solo por y para él. Eren debió representar algún nuevo vestigio en su vida, pues había dejado de sumergirse en el mundo de los negocios para prestar un porcentaje de su atención en complacer y agradar a alguien ajeno a su ajetreada vida de magnate. Tal vez fue por eso que el molesto bicho de la culpabilidad no tardó en aparecer cuando se encontraba a sí mismo pensando demasiado en el joven de cabellos castaños y sonrisa deslumbrante. Imaginaba a veces cómo sería compartir con él algo más que una taza de café, cómo serían sus demás facetas en los distintos golpes de la vida, cómo sería al escribir un relato estando inmerso en su mundo paralelo de ficción y bondad, cómo sería la textura de su piel y de sus labios, cómo sería abrazar su cintura en un día de frío y compartir el sofá viendo una película mientras disfrutaban de un botana casera. Y fue ahí cuando descubrió que había dejado de pensar en Eren Jaeger como parte de su trabajo para comenzar a asociarlo como alguien parte de su vida. Pronto trató de sacudir aquellos pensamientos, puesto que atentaba contra su ética laboral sopesar cualquier idea romántica o amical con alguno de sus entrevistados –acosados-. Tanto estuvo sumergido en su yo interno que no se percató cuando Hangi le rellenó la taza de café.

- Enano, ese trabajo va a terminar por matarte. – Comentó divertida la mujer tras ver lo distraído que se hallaba su amigo revisando su teléfono.

Solo Dios sabría en qué medida y qué tan certeras fueron sus palabras aquella noche.

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Bueno, espero que lo hayan disfrutado... El que sigue está avanzado, pero aún falta terminarlo y la verdad es que ando corta de tiempo (corazón roto)... sigo buscando trabajo y la universidad, el entrenamiento, la gripa y el huevo-frito de mi novio me restan las pocas energías que tengo... En fin, tal vez tarde en continuar .. pero espero hacerlo pronto!

Ah, por cierto, ojalá lean esto... Estoy por publicar una nueva historia (Jo, que ocurrente de mi parte)... Se llama Despertar y es algo nuevo para mí.. tiene una pizca de suspenso... pero es más que nada románica y psicológica.. En fin! A ver que pasa!

Cualquier duda, comentario, sugerencia, es bien recibida! Saludos y linda semana! :D