Luto

—Quiero que te calles. No quiero que digas más nada.— Le dije a Luke mientras cerraban la caseta de la Rueda de la Fortuna donde íbamos. —Y después de que sepas todo, no quiero que vuelvas a mencionarlo.—

Por toda respuesta, él cogió mi mano y nuestro viaje empezó. La caseta se bamboleaba de un lado al otro y, conforme ascendía, un peso inusual se instalaba en mi pecho.

—Como sabes, pertenezco a los Fabray Carlson de Nueva York. Y como te dije, sólo vive mi padre, Charlie.— Tomé unos segundos en continuar, sintiendo el balanceo de la caseta. —Charlie es ingeniero de materiales, pero también dirige la firma farmacéutica que le legaron mis abuelos y, cuando murió mi madre, tomó posesión de su porción en las acciones de la empresa de materiales donde ambos trabajaban. Para fastidiarlo le apodé el Carlos V de la era moderna, porque se hizo de enorme capital por herencias y no por mérito.

—En fin… siempre hemos vivido en Nueva York, pero a menudo debíamos pasar grandes temporadas en otros estados por las reuniones con las filiales que papá manejaba. Así conocimos Chicago, Boston, L.A… muchas ciudades. En esta última fue donde conocí a Taylor.— Momentáneamente cerré los ojos al imaginar de nuevo ese día y sentirme inundada por la fragancia del pasto recién cortado y los rayos californianos quemando mi piel.

—Yo… nunca me ha gustado mucho la gente, generalmente no hablo con nadie y es terriblemente complicado que alguien sea de mi agrado. Sin embargo, ella el primer día que me vio, me invitó a comer caramelos. Dijo que quería salir conmigo, pero que como todos pedían salir a por un café y nadie lo tomaba, a ella poco le importaba pedirme comer cualquier cosa.

—¿Qué podía decir? Era nueva en la ciudad y esta preciosa morena de cabello quebrado me estaba invitando a quedar. Tú sabes lo débil que soy con las caras bonitas.— Hice una pausa, una más de las que seguro haría durante toda la noche y que servían para colmarme de recuerdos nimios pero exquisitos. —Naturalmente acepté y salimos. Un paseo por el Museo Contemporáneo de Arte de Los Angeles y un té en Santa Monica fueron suficientes para que yo me quedase prendada de ella. Eso y que nos veíamos diario en la preparatoria: no había día en que no regresáramos juntas a casa. Fueron días de descubrimientos, de sentir por vez primera que estaba con alguien no por el placer que me daba, sino por la paz a la que llegaba con ella. Sin embargo y como todo lo que rodeaba el estilo de vida de mi padre y mío, nuestra estancia sólo duró 6 meses. Papá debía regresar a Nueva York y continuar trabajando ahí.— Abrí los ojos y apreté la mano de Luke contra mi regazo.

—¿Y adivina qué?— Él, tal como se lo había pedido, no habló, sólo asintió con la cabeza. —Pues… me la robé. Me robé a Taylor.— Sabe Dios por qué, pero en ese segundo no pude reprimir un suspiro de alivio antes de continuar. —Justo cuando supe que no estaríamos más juntas, compré a escondidas un pasaje a Nueva York y arreglé desde L.A. la compra de un departamento al lado opuesto de donde mi padre y yo vivíamos. Ella se puso de acuerdo conmigo en irse una noche antes, para que papá o su familia no nos pillasen en el asunto. Así que Taylor tomó el vuelo a Nueva York antes y nos esperó en el aeropuerto a mi padre y a mí. Yo pensé que Charlie entraría en cólera, ¿sabes? Pero en lugar de eso, cuando la vio sentada en la zona de descensos, me miró y me sonrío; puso en un carrito nuestras maletas, me dio un beso en la frente y me dijo 'no tienes remedio, Lucy'.

—Pocas veces me he sentido tan feliz, Luke. Pocas.— Habíamos alcanzado el cenit de la Rueda, así que ahora bajábamos lentamente y con el pueblo a nuestros pies. —Sus padres llamaron, pero al ver la inflexión de mi chica, no tuvieron más remedio que aceptar que viviese aquí. Además, esto ocurrió en vísperas de su graduación de preparatoria, así que tampoco hubo mayor problema. Un examen, un par de aplicaciones para universidades y listo.

—En cosa de 2 meses yo conseguí matricularme en la NYU y ella entró en RPI, porque su vocación eran las ciencias y la mía las artes. Polos opuestos se atraen y esas basuras ¿no? Y que sepas que antes de entrar aquí era peor, porque no me gustaba salir para nada y tampoco me gustaba tener tiempo libre mientras ella estaba en clases. Por eso es que me inscribí en licenciaturas paralelas: Historia del Arte y Lengua y Literatura Inglesa. —Traer a colación mi puerilidad me sacó una sonrisa y un par de risas discretas de Luke. — Taylor siempre me sacaba de mis cabales… se quedaba horas sentada enfrente mío sin hacer nada, sólo viéndome estudiar en la biblioteca. Cuando yo terminaba, íbamos a su departamento y hacíamos el amor hasta que los primeros rayos se colaban por el enorme ventanal de nuestro loft. Sé que es una estupidez mudarse con alguien apenas teniendo 18 años, pero con ella todo se sentía tan adecuado que no me importaba más nada.

—El caso es que, a pesar de mi reticencia a salir, por cuestiones de cursillos y materias, había días en que debía contactar con galeristas para el préstamo de material y entrevistas. Si mis compañeros hacían una llamada a Praga por Skype, yo tomaba mi mensajera de cuero, a Taylor y nos largábamos al otro lado del mundo: París, Moscú, Shangai, Londres, Turquía, Argentina…

—En Junio, tras festejar mi cumpleaños, se me encargó consultar la obra de un holandés y esta no estaba por ninguna parte o en ningún catálogo. O tal vez sí y sólo me apetecía salir…

Regalé una pequeña risa a Luke, antes de comenzar la parte seria, absurda y endurecida de mi realidad. Y ¿qué sé yo? Tal vez fue la jodida Providencia o el pésimo cableado de la feria o una de las tantas artimañas de Luke, pero en ese instante se detuvo la caseta y la rueda se apagó, dejándonos en una oscuridad parcial. A punto estaba de abrir la boca y vociferar una y mil maldiciones, pero oímos que el encargado ladró un mal inglés para hacernos entender que el generador de la máquina debía ser reemplazado y en cosa de minutos estaríamos andando de nuevo.

—F-F-Fuimos a la galería Chiellerie en Amsterdam.— Continué, tratando de guardar aplomo para lo que seguía. —Estábamos ahí mirando una instalación de escultura y fotografía, cuando salimos y vimos como dos chicas se metían en un auto que decía net getrouwd, es decir, que se acaban de casar. Taylor me miró, me cogió del brazo y me llevó a un callejón… a-a-ahí me propuso matrimonio.— Callé varios segundos, recordando toda la escena. Casi podía jurar que volvía a sentir el gélido viento europeo despeinarme como aquella tarde en Ámsterdam. —Yo… yo dije algo que nunca me perdonaré, ¿sabes? Yo le dije que no podíamos casarnos, porque ella y yo no éramos pareja, le dije que aunque nos amásemos y compartiéramos mucho, no éramos exactamente pareja.

—Cuando entré a la Universidad, Taylor me obligaba a salir a bares con el pretexto de que 'conociese gente nueva'. Invariablemente terminaba yéndome con alguna chica y acostándome con ella en sus apartamentos compartidos; las dejaba a medianoche y regresaba a dormir con mi chica… y funcionó para ambas. Ella… T-T-Taylor nunca salió con nadie más que no fuese yo, pero yo nunca pude hacer eso. La idea de la monogamia me agobiaba y no podía creer en ella Aunque estuviese viviendo con alguien compartiendo la misma cama cada noche y haciéndole el desayuno, no podía pensar en que ella sería la única mujer con la que alguna vez me acostaría.

—Y esa fue la única razón para rechazarla. No nuestra situación, sino mi arrogancia hablando. C-C-Cuando la rechacé, ella sólo me miró y fuimos al hotel como si nada. Cenamos y nos quedamos dormidas viendo un documental sobre el Holocausto. Yo pensé que no pasaría nada, que daríamos por cerrada esa cuestión. Lo cierto es que a la mañana siguiente se había largado de la habitación y de Holanda. Y sin dejar nota alguna. Sólo supe de su ida por una factura impresa del ticket de la aerolínea que estaba arrugado sobre la mesita de noche.

—Y mi arrogancia tomó de nuevo el control: tomé mi tiempo, seguí disfrutando de la ciudad y tomé el vuelo a Nueva York del día siguiente por la tarde. Sin pena n gloria llegué a Nueva York, fui a comer sola y…— Aspiré el frío aire de la noche y bajé la cabeza como si de nuevo pudiese ver esa escena. —Cuando me dirigí al piso que compartíamos, ella salía de la mano de un chico.— Escupí las últimas palabras con desesperación.

—¡Me dejó por un chico, joder!— Apreté inconcientemente su mano y pude sentir cómo se aceleraba mi pulso… debía tranquilizarme si quería bajar bien de esto. —Al parecer era un chico de la cafetería de donde ella siempre nos conseguía granos y suministros para la máquina de capuccino del departamento. Apenas lo reconocí por esa estúpida boina marrón, no tuve empacho en acercarme y felicitarlos como si de una boda se tratase. Incluso me ofrecí y pagué una cena lujosísima para los dos. Con ese encanto de mierda que me cargo, me las arreglé para conseguir que el chico se quedase a hablar conmigo en la cafetería en la que estaba. Fingí interés, incluso que le diría instrucciones… inventé que quería asegurarme que el 'novio' de mi 'mejor amiga' era un buen tipo.— Dije amargamente y dejando que las palabras me cortasen la garganta.

—Como era de esperarse, salieron juntos y la pasaron de maravilla… sin mí. Una cena en La Grenouille, copas en The River Café, todo perfecto, Luke. Y sin mí.—Apreté su mano y tomé aire para tratar de tranquilizarme. —Por venganza me hubiese acostado con alguien esa noche, cualquiera hubiera sido suficiente para olvidarme de ella y del tío de la cafetería. Pero deprimentemente sólo regresé a casa con papá y me acurruqué a su lado a dormir; él no entendió nada esa noche, pero estuvo para mí.

—A la mañana siguiente, recogí al muchacho en la cafetería y paseamos por Manhattan toda el día. Quise fingir interés por su cita, una suerte de cotilleo estúpido y pretender que me era agradable. Ese tiempo sólo sirvió para confirmarme que era un tipo común, aburrido, tonto. ¿Qué puedo decir? Inevitablemente me equiparé con él y no entendía qué demonios había atraído a Taylor a ese tío.

—Y…

—Y…

—Y yo… yo no pude soportarlo. Celos, envidia, miedo, desazón… todo eso se fundió en mí e hizo que llevara todo al extremo, ¿sabes? Llevé al chico a la parte boscosa del Central Park y comencé a gritarle que dejase a mi 'novia' en paz. Él sólo se burló de mí… sabía toda la historia de la proposición y de mi rechazo; me dijo que no valía nada, que si Taylor estaba con él, era porque su amor por ella era auténtico, no producto del dinero de nadie. ¡Perdí la cabeza!— Golpeé con mi puño uno de los muros de la caseta y mordí mi labio con fuerza. Necesitaba aplomo para terminar.

—Lo golpeé, Luke. Lo golpeé con una roca que tenía a la mano; cayó al piso por el impacto y trató de girarse para huir, pero aproveché para patearlo. Hasta la inconciencia. Lo pateé hasta la inconciencia, hasta que todo estaba lleno de sangre, de tierra mojada, de… él. B-b-bajé y sentí que su respiración se había detenido o al menos no se notaba ni en su pecho ni entre sus labios. Y con tranquilidad retiré su billetera y abrigo… pensé que así creerían que había sido un robo como cualquier otro. Quise hacer pasar todo por un robo que había salido mal.

—Hay fragmentos que no recuerdo. Hay cosas que por más que busque dentro de mi cabeza no puedo encontrar. Lo… lo único que sé es que mi corazón latía tan deprisa que pensé que iba a darme otro infarto en el parque. Y-y-y lo siguiente que supe era que estaba en casa y escuchando Wagner sobre la moqueta de madera…

—Pero lo que siguió fue aún más extraño, como uno de esos mosaicos de cine de arte de mala calidad. Pasé unos días terriblemente feliz, alegre de saber que Taylor estaba preocupada porque su chico no la llamaba, feliz de saberme depositaria de sus lágrimas. Feliz de ser tan mezquina.— Solté una risa estertórea porque no le faltaba gracia al asunto. O al menos así lo percibía hoy, a un año de haber ocurrido. —El muchacho me jodió, tío: no estaba muerto, simplemente malherido y con puntadas por todo su aburrido rostro. El caso es que regresó como pudo a su casa y, ni tardo ni perezoso, contactó con mi padre. El hijo de puta se apersonó en el edificio de papá y amenazó con denunciarme; mi padre me obligó a ir a su oficina y escuchar todo.

—Arribé a mediodía, cuando se suponía que todos estarían ocupados… y no me esperé ver a Taylor en la salita contigua a la oficina. ¿Qué mierda hacía ella ahí? Se suponía que tenía clases y estaba 'enfadada' con el chico aburrido. Pasé de largo de ella y entré a la oficina donde estaba ese malnacido, un abogado y mi padre. Yo sólo asentí y bajé los hombros con indiferencia ante la historia; no negué nada y me accedí a entrar a aquí, a cambio de que el chico no denunciase… pero el muy cabrón, se llevó también una gran tajada de dinero de mi familia.

—Antes de venir aquí, empaqué todo y me senté durante horas a mirar las fotografías de Taylor y mías. Nuestros viajes siempre estaban plagados de instantáneas, sesiones fotográficas y decenas de tomas con su móvil. Nuestra historia estaba en esas imágenes. Y cuando pude ver esas imágenes de nuevo, supe que yo ya no la quería conmigo, pero amaba nuestros recuerdos, nuestras épocas felices, pero sobretodo amaba que todo hubiese quedado suspendido en el tiempo. Encapsulado en una lata de fotografía, capturado en un rollo y revelado sólo para nuestros ojos. Lo único de ella que traje conmigo fue una instantánea que le había tomado en San Francisco.

—Al salir de casa, papá me besó en la frente y me susurró un 'no tienes remedio, Lucy… cuando quieras salir de ahí, dame una llamada y en una hora estarás de vuelta aquí'. A pesar de que no tenía ganas de venir a un instituto reformatorio, una academia de Artes o como sea que disfracen a Ceremonials, debo admitir que necesitaba huir cuanto antes de Nueva York sin más recuerdos amargos. Y estuve a punto de lograrlo, pero al llegar al hall de nuestro edificio, el guardia me entregó un sobre blanco con una notita rosa que rezaba:

"Vuelvo a L.A. Gracias por todo, siempre te amaré. T.".

—…

—…

—…Mientras…— ¿Cómo terminar mi historia sin que las lágrimas acudiesen a mí y el dolor me penetrase de nuevo tan implacable como hace un año? Pero se lo debía a Luke, quien simplemente estaba ahí para mí, sin pedir nada a cambio y siempre acudiendo en mi ayuda.

—Mientras el tren me traía hacía Boston, oí en las noticias que una tormenta había derribado a un avión cerca de la costa, sin sobrevivientes. Algo frecuente en la época, pero que dejaba al aeropuerto mal parado. Una noticia cualquiera. Y como tal no le dí importancia, aunque un nudo me retorcía el estómago. De esas veces que sabes que algo ocurre y no puedes darle nombre. Llámalo intuición o como quieras llamar a esas estúpidas reacciones de la vida.

—Todo el viaje me pescó un sueño pesado, pegajoso. Me quedé dormida, pero al poco rato de llegar a la estación, mi padre me llamó y me explicó lo que había sucedido sin cortapisas: Taylor había tomado su vuelo esa tarde, al saber que yo me iba… ella había muerto en el accidente aéreo que oí en las noticias.— ¿En serio lo había dicho? Un escalofrío se apoderó de mi cuerpo e hizo que mi corazón se acelerase a más no dar. Tratando de tranquilizarme, mordí con fuerza mi labio inferior, siendo apenas conociente de que había empezado a sangrar

—Así que…

—Debes deducir tres cosas, Luke: una, no soy una gran persona; dos, estoy aquí por voluntad propia, pues mi padre puede comprar a voluntad mi salida; tres, yo nunca me arrepiento de mis acciones.— Busqué con la mirada esos ojos azules que lograban tranquilizarme, desesperadamente deseando no encontrar miedo o rechazo en su rostro. —¿Y qué sé yo? … Resulta patético todo esto, porque en el fondo del asunto es en Ceremonials donde ahora me siento a gusto. Ahí te encontré y solamente estando recluida es que puedo comenzar a subsanar mis miedos, alentarme para dejar de ser tan impulsiva y sobretodo… ahí me siento en paz.—

La Rueda comenzó a funcionar de nuevo, trayéndonos de vuelta a la tierra. A la realidad.