Parte IV
John salió corriendo de Baker necesitaba ver a Billy un joven hacker admirador de Sherlock que siempre estaba dispuesto a ayudar al detective, el chico era un genio de la computación, ya en alguna ocasión había logrado entrar a la base de datos de N.A.S.A. por simple diversión, por supuesto el gobierno de Estados Unidos se dio cuenta de la intromisión pero nunca pudo establecer quien había sido el autor, lo que hablaba de lo hábil que Billy podía llegar a ser.
El hacker vivía en un pequeño departamento en donde la mesa del comedor ocupaba casi toda la estancia, lo cual era perfecto para Billy ya que así tenía mucho más espacio para trabajar.
Cuando John le explicó lo sucedido el hacker no dudo en ayudar, éste le ofreció una taza de té y el rubio notó que el chico temblaba mientras llenaba la tetera de agua, no era por miedo al criminal sobre el cual estaban a punto de buscar información, era porque sabía que de esa información dependía la vida del detective y por un momento comenzó a dudar de sus capacidades, tenía miedo de no ser útil cuando más se le necesitaba.
– Tranquilo Billy –dijo John dándole un apretón en el hombro una vez que el chico regresó a la mesa con las tazas de té.
Al hacker le llevó toda la mañana y parte de la tarde poder rastrear la ubicación desde la cual habían sido enviados dichos mensajes, estaba feliz hasta que notó la cara de tristeza de John ya que esa era la misma dirección a la que habían acudido Sherlock y Víctor para capturar al Teniente, resultando ser una trampa.
John se sintió derrotado, ya no sabía que más hacer, como se le había ocurrido pensar que podía ser tan inteligente como su compañero, era obvio que Sherlock ya había pensado en ello y no tuvo que pedirle ayuda a Billy porque tenía al MI5, otro día perdido, sentía una opresión en el pecho tan fuerte que le costaba respirar.
– Gracias Billy –dijo levantándose de la silla, debía irse o se soltaría a llorar como un niño frente al chico y no quería que eso ocurriera.
John se encaminaba a la puerta pero Billy volvió a hablar.
– John el primer correo que mando The improbable one fue desde otra dirección –dijo el chico sin apartar la mirada de su ordenador– el código no coincide con los correos posteriores –el chico veía a John con una extraña luz en los ojos, el doctor por su parte no se sentía tan optimista– déjame revisarlo no perdemos nada –salvo tiempo pensó John, pero de cualquier forma de momento no tenían nada más.
Pasadas algunas horas Billy al fin pudo descifrar la ubicación desde la cual había sido enviado dicho correo, se trataba de un lugar a las afueras de Londres llamado Brookwood, una pequeña villa perteneciente a Surrey, Billy se conectó a un satélite desde el cual podrían observar el lugar en tiempo real, desde la maravillosa computadora del joven hacker observaban una especie de casa de campo en medio de la nada con algunos hombres armados resguardándola.
– Estoy seguro de que debe estar ahí John, tanta seguridad para una simple casa de campo no es normal –en esos momentos el doctor sintió un atisbo de esperanza.
– Gracias Billy –dijo John acercándose a la puerta de forma apresurada, pero antes de salir volvió a hablar– no quisiera abusar pero… ¿podrías prestarme tu carro?
– Claro… espera… ¿piensas ir solo?
– No puedo perder más tiempo, necesito asegurarme de que está ahí.
– ¿No piensas avisarle a Mycroft? –estaba tan acelerado que ni siquiera se había acordado del gobierno británico.
– No todavía.
John se rehusaba a avisarle a Mycroft debido a que no confiaba en la discreción del MI5, estaba seguro de que llegarían con helicópteros y carros poniendo en alerta al Teniente y su gente, lo primero que éstos harían sería matar a Sherlock y no estaba dispuesto a perder al detective, por lo tanto junto con Billy ideó un plan, se acercaría en carro hasta determinada distancia desde la cual se comunicaría con el hacker para que éste comenzara a vigilarlo vía satelital mientras John continuaba a pie, una vez que llegara a la casa de campo les dispararía a los vigilantes unos dardos tranquilizantes, cortesía de un buen amigo de Sherlock que trabaja en el zoológico y quien no dudo en darlos en cuanto el doctor se presentó con Billy pidiendo ayuda, incluso se había ofrecido a ir con él, pero el rubio prefería ir solo, Billy tendría que esperar una hora después de que viera que John logra entrar en la casa para poner en alerta a Mycroft.
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Después de casi tres horas y un largo camino a pie John había llegado a la casa de campo logrando entrar por una ventana a la cocina, escuchó a tres hombres hablar en la sala por lo que debía ser muy cuidadoso, frente a él tenía una puerta que estaba seguro conducía al sótano, la lógica le indicaba que era ahí donde podía encontrar a su amigo, sin perder más tiempo se acercó al pomo haciéndolo girar, no tenía llave, con tanta seguridad para que habrían de ponerle llave, tomó un cuchillo que vio en la mesa y terminó de abrir la puerta, cerrándola tras de si con mucho cuidado, el lugar estaba levemente iluminado por un foco que colgaba del techo, su corazón se encogió al ver a Sherlock parado casi en medio de aquel lugar con los brazos arriba de su cabeza amarrados a una viga y los pies amarrados a unos ganchos en el piso, estaba casi en los huesos y se veía muy lastimado, un nudo en la garganta se le comenzó a formar y se debatía entre ir corriendo a liberarlo o regresar y matar a todo aquel que se le pusiera enfrente.
Por más que John le hablaba a Sherlock éste no reaccionaba, veía al rubio como si de un fantasma se tratara para después volver a cerrar los ojos, el doctor cortó las cuerdas con el cuchillo que llevaba y liberó al detective sujetándolo para que no azotara contra el suelo, se sorprendió de lo liviano que era, cortó también las cuerdas de los pies y después lo abrazó en el suelo tratando de hacerlo reaccionar, le costó más de cuarenta minutos hacer que Sherlock comenzara a cooperar pero sin entender bien lo que estaba sucediendo, para el detective todo era muy confuso, como un sueño, no podía creer que John se encontrara realmente ahí.
Con mucho trabajo John logró hacer subir a su amigo por las escaleras para después sacarlo por la ventana, de los tres tipos que estaban en la sala dos estaban dormidos quedando la incógnita sobre el tercero, pero supuso que bien podría estar en el baño o en alguna de las habitaciones, lo importante para John en ese momento era alejarse lo más rápido posible, lo cual no era tan fácil considerando que llevaba prácticamente a rastras a Sherlock.
Habían logrado avanzar un gran tramo cuando escucharon el sonido de un arma al cortar cartucho, John volteó para encontrarse con el desagradable rostro de un hombre caucásico de mirada fría, no necesitaba ser Sherlock para saber que se trataba del mayor de los Moriarty, el tipo sonrió en cuanto tuvo su atención, Sherlock trató de zafarse del agarre de John con la intención de ponerse enfrente pero John lo empujó tirándolo al suelo, el Teniente sabía que John iba solo, sabía que algo extraño había ocurrido cuando notó que le faltaba un cuchillo que acababa de afilar, le sorprendió que un simple doctor pudiera haber llegado tan lejos y decidió jugar con ellos, dejándolos respirar y saborear la victoria antes de volver a agarrar a Sherlock y matar frente a sus ojos a su querido doctor, con el poco aliento que le quedaba el detective suplicó por la vida de John.
El Teniente le dedicó una sonrisa burlona, pero antes de que pudiera jalar el gatillo un balazo le dio en la mano que sostenía el arma haciéndolo gritar de dolor, a unos metros de ahí Mycroft había llegado de forma sigilosa con pistola en mano, mirada encendida y mandíbula apretada, el Teniente trató de ponerse en pie pero otra bala fue a dar a su rodilla derecha, Moriarty comenzó a gritar insultos al gobierno británico mientras éste se acercaba lentamente observándolo con desprecio y furia, otro balazo fue asestado a su hombro izquierdo, si Mycroft había dudado entre matar o solo arrestar a aquel hombre, el ver a su hermano tirado en el suelo en semejante estado lo había esclarecido todo, nadie se metía con Sherlock, nadie lastimaba a su hermano y salía impune, pero antes debía hacer algo, en su celular buscó el video que desde hacía unos minutos estaba circulando en las redes, el fallido plan de Moriarty mostrando al alcalde de Londres dando una conferencia donde explicaba lo que había ocurrido, la mirada llena de odio del Teniente fue lo último que Mycroft vio antes de jalar el gatillo y acabar con la vida del criminal.
Mycroft les explicó más tarde que Billy se había puesto en contacto con él en cuanto John había salido de su departamento contándole las inquietudes del médico, por lo que Mycroft había decidido seguirlo a una distancia razonable por si algo salía mal poder actuar, además de dejar ordenes a los marines para que lo alcanzaran una hora más tarde.
El político tenía conocimientos en uso de armas y defensa personal solo que decidía no utilizar dichas habilidades al menos que fuera estrictamente necesario, por lo que John estaba muy sorprendido de verlo actuar de esa manera, no así Sherlock que sabía de lo que su hermano era capaz, de cualquier forma no creyó que fuera a matar al criminal. Sabía que tal vez nunca sería capaz de decirlo en voz alta pero internamente estaba muy agradecido con su hermano.
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Sherlock llevaba tres semanas en el hospital, en un día más sería dado de alta, aún no estaba repuesto del todo pero podía continuar recuperándose en su querida calle de Baker, John vigilaba muy de cerca su progreso y pasaba casi todo el tiempo a su lado, su comportamiento no era el de siempre, estaba muy serio con Sherlock, éste sabía que le debía una explicación pero cada que intentaba darla el rubio lo interrumpía diciendo que ya habría tiempo para hablar del tema, a Sherlock le dolía la frialdad con la que lo trataba, la última semana había sido aún peor ya que al ser Víctor dado de alta éste visitaba al pelinegro todas las tardes, John aprovechaba para salir y hacer algunas cosas en el departamento pero el escuchar al detective y a su amigo reír del otro lado de la puerta lo ponían realmente mal, estaba acostumbrado a ser él el único testigo de las sinceras sonrisas del detective, estaba siendo egoísta y lo sabía pero no era fácil aceptar que sentía por Sherlock más de lo que debería.
John acababa de regresar de Bake pero no se sentía con ánimos de subir a ver a Sherlock sabía que Víctor continuaría ahí y prefería esperar a que se fuera, por lo que se quedó en la cafetería tomando un té, al poco raro sintió que alguien se sentaba frente a él, al levantar la vista vio a Víctor con una taza en una mano y un plato con un par de galletas en la otra.
– Sherlock se quedó dormido y baje a tomar algo ¿quieres una galleta?
– No gracias –a John no le desagradaba Víctor ni siquiera lo había tratado, solamente había cruzado algunas cuantas palabras con él pero no podía evitar tenerle celos.
– Estuviste increíble.
– Gracias –contestó con media sonrisa– algo he aprendido de Sherlock.
– Tal vez el aprender a buscar, pero lo que hiciste para meterte en esa casa, no cualquiera.
– A veces uno no sabe de lo que es capaz hasta que surge la necesidad.
Por un largo rato ninguno de los dos dijo nada más, John distraído con su té y Víctor con el celular, hasta que el rubio se armó de valor y volvió a hablar.
– Parece que se acoplaron muy bien a trabajar juntos –Víctor volteó a verlo sin entender a que se refería– Sherlock y tú –aclaró.
– Es genial trabajar con Sherlock, pero eso tú ya lo sabes.
– Tal vez deberías mudarte a Baker Street…..
– John esto no será de forma habitual, solo trabajamos juntos en ésta ocasión debido a la complejidad del caso y porque tu vida estaba en peligro, pero eso no significa que a Sherlock le gusté más trabajar conmigo, además se la pasaba hablando de ti todo el tiempo; "John no me deja explorar nada en la casa" "John se enojó porque sin querer quemé uno de sus suéter" "las estúpidas novias de John solo se la pasan distrayéndolo" "los bicuits de mantequilla son los favoritos de John" –dijo Víctor con voz burlona haciendo que John sonriera–, tiempo atrás me hubiera encantado tu propuesta, pero ahora mismo harías a Sherlock sumamente infeliz si te fueras.
– Pensé que estaban juntos –John trataba de sonar lo más indiferente posible.
– No, Sherlock solo tiene ojos para ti.
– Si por supuesto –contestó el rubio con una risita de fastidio.
– Hablo en serio John, Sherlock está enamorado de ti y no lo digo solo porque me pagan para darme cuenta de cosas mucho más complicadas, sino porque él mismo me lo confesó –tal revelación dejo a John con la boca abierta– y por lo que puedo notar tu también estás enamorado de él, así que déjate de tonterías y haz algo porque ambos sabemos que no será Sherlock quien de el primer paso.
– Lo que estas diciendo de verdad ¿es en serio? –a John ya no le importaba tratar de disimular sus sentimientos hacia Sherlock.
– Por supuesto John, no jugaría con algo así.
En esos momentos John quería abrazar y besar a Víctor, su semblante cambió de uno sombrío a otro lleno de luz, Trevor sonrió y se despidió de John, después de eso el rubio subió corriendo las escaleras, se sentía tan eufórico que no deseaba esperar al elevador.
Cuando Sherlock abrió los ojos se encontró con el rostro de John quien lo observaba sonriendo, no entendía que podía haber ocurrido para que se diera ese cambio pero estaba feliz por ello, había empezado a pensar que no volvería a ver la sonrisa de su mejor amigo, el rubio si poder contenerse más se acercó y tomándolo por sorpresa lo beso en los labios, el pelinegro quedó paralizado, John acariciaba con sus labios los del detective dando pequeños toquecitos cargados de todo el amor y la devoción que sentía por él, pasados unos segundos Sherlock finalmente reaccionó, nunca antes se había sentido tan feliz, ¡John lo estaba besando! John, su John, por primera vez se sintió completo y llevando una mano a la cabeza del doctor profundizó el beso.
FIN.
Comentarios: Una disculpa enorme por la espera, sé que no tengo perdón porque quedé de terminarlo hace más de un mes pero me distraje con otros compromisos, de verdad lo siento mucho.
Agradezco de todo corazón a todas aquellas personas que me han regalado un poco de su tiempo al leer mi historia mi historia.
