En ese país del Sudeste Asiático, las víctimas -en su mayoría Gatas- ya eran casi ciento cincuenta; allí los Inus se encargaban de ellas y Yusako aumentaba en número a las otras. Dos Akitas iban por la capital y la vecina Thon Buri, tres se encargaban del Oeste Tailandés y los cinco restantes, el "Grupo Especial", atravesaban de Norte a Sur el sector oriental; aunque éstos no mataban a todas las Gatas que veían, se las llevaban al Kitsune para que él decidiera qué hacer. Si ellas sobrevivian, sin embargo, sólo era para quedar bajo sus órdenes o morir mutiladas de a poco. Yusako entretanto eliminaba a todos los Perros, Gatos, Conejos, etc. que podia, si encontraba a dos o más de ellos juntos y no pertenecían a una misma especie; y más si llegaban a enamorarse como Mittens y Bolt.
Cuando los dos Guerreros llegaron con el Gran Dragón, ya habían habido otras cinco víctimas; sólo Gatas esta vez, pero aunque se mantuvieran dentro de sus hogares casi todo el día en algún momento tenían que salir, y los Inus fatalmente las veían.
4.46 PM:
"Listo, podemos bajar -dijo el Perro, contento en cierto modo de poder hacerlo. -¡Eh, cuánto olor a agua!"
Estaban ahora al Oeste -en las afueras de Krung Thep- y el viento soplaba precisamente desde el Este, trayendo pronto otros aromas a la nariz del Perro.
"Uy, me parece que acabo de oler azafrán, Cobrita. Y este otro es canela. Mmmmmmh… -se relamió. -Ahora arroz con curry… Por allá hay madera recién pintada. Y de ese lado están haciendo alguna ceremonia con incienso, como las que vimos en el Templo".
"Sí, yo también lo noté. Pero en cuanto a los otros, incluso antes que mencionaras el arroz con curry sentía el estómago vacío. Busquemos un restaurante".
No tardaron en encontrar uno, apenas estuvieron dentro de la ciudad. Allí Bolt recurrió al viejo truco de su carita triste y poco después los dos estaban comiendo algo que tenia aspecto y sabor de pollo frito.
Pero no mucho más tarde, al pasar cerca de otro restaurante, pudieron oír maullidos, ladridos, etc., provenientes del sótano. Tras varios minutos de hablarlo entre ellos fueron a investigar, escabulléndose entre cinco tipos peligrosos, y casi lamentaron haberlo hecho.
En veinte jaulas había al menos la misma cantidad de Perros entre Shi Tzus, Pekineses, Shar Peis y otros; luego los dos vieron nueve, con dos o tres Gatos en cada una (Snow Shoes, Abisinias, de Java, un Birmano y varios grises); otras cinco tenían Ratas y en la última, muy grande, un Tigre de Bengala llamado Ming.
"Oh, no, Bolty, no puedo creer que los tengan aquí para eso".
"Tampoco yo, Cobrita. Y menos que en Tailandia haya algo peor que los Kitsunes".
"¡Déjennos salir! ¡Ayúdennos! ¡Sáquennos de aquí!" -Gritaban los prisioneros todo el tiempo. Mittens y Bolt fueron a hablar con ellos.
"Ah, les sirvieron a una de nosotras". -Les informó una Rata gris tras conversar con ellos unos minutos, dejándolos medio shockeados.
"Bueno, se supone que los Gatos hacemos eso. Pero los humanos… No puedo creerlo".
"Por lo menos no fue uno de ellos, princesita -señaló Bolt a los Gatos enjaulados. Ni siquiera sé cómo me sentiría ahora, o cómo podría mirarte, si pasara semejante cosa…"
"No te preocupes, cielito. Desde ahora, mientras estemos en Tailandia comeremos únicamente cosas que conozcamos bien, como pollo y pescado".
"Me parece bien. Ahora veamos qué pasa con ese Tigre".
"¿Cuál es tu nombre?" -Preguntó ella cuando se acercaron.
"Ming, me llamo. Yo no estoy destinado a que me coman, pero sí para algo llamado medicina ilegal y, aunque no sé mucho de eso, escuché que es horrible…" -Con esta nueva información, la Gata y Bolt tuvieron completo el cuadro de situación que al menos debían intentar resolver.
"¡Escuchen! -ladró él, y todos se callaron. -Aunque mi esposa y yo logremos sacarlos de esas jaulas, la única salida posible es pasando por donde estarán los humanos. Por lo tanto, si escapamos tiene que ser todos al mismo tiempo. ¿Están de acuerdo?"
"¡Sí, sí! ¡Sáquennos de aquí!" -Pidieron nuevamente a coro.
"Muy bien, entonces… Los que puedan, lleven a alguien sobre su espalda; especialmente a las Ratas. Mi Gata y yo iremos unos metros más adelante impidiendo que alguno se les acerque y Ming puede ir detrás de todos para proteger a los últimos".
Empezaron a abrir las jaulas, casi todas con mucha facilidad aunque sólo pudiera hacerse desde afuera. Con la del Tigre, Bolt tuvo que dar varios golpes usando su Nunchaku hasta que por fin el candado cedió.
En ese momento empezaron los problemas previstos, pues al oír el ruido desde arriba ellos supieron que alguien se había metido al sótano sin autorización. Pero en cuanto abrieron para bajar por la escalera, en vez de un intruso encontraron una Gata y un Perro -ambos de aspecto amenazador-, seguidos por todos los prisioneros incluyendo al Tigre en la retaguardia.
Bolt golpeó con su Nunchaku debajo de la rodilla a uno que no se esperaba semejante cosa; Mittens le clavó en un brazo el Sai al que tenia frente a ella (¡Cómo extrañaba su Abanico-Navaja!) …La Gata y el Perro luchaban por sus semejantes, pero así ella también se vengaba de pasados maltratos.
Los Perros más grandes lograron escapar inmediatamente después, con un Gato o una Gata en sus espaldas; otros Perros y Gatos llevaban del mismo modo a una o más Ratas. En cuanto al Tigre, iba con un Gato y cinco Ratesas.
"Uy, ten cuidado con tus uñas, amigo. O tendrás que seguir por tu cuenta…"
"Lo siento, Ming…" -Se disculpó él tratando de no volver a clavar las garras instintivamente en la espalda del Tigre mientras Ming seguía subiendo a su máxima velocidad.
Un Samoyedo llamado Lau, que llevaba dos Ratas sobre él, estuvo a punto de que volvieran a atraparlo, pero Mittens saltó hacia ellos y con su Sai les lastimó la mano. Luego volvió al lado de su esposo justo a tiempo para evitar que también se lo llevaran a él.
"¡No toquen a mi Perro, malvados Come-Gatos!" -Les gritó en un maullido furioso, arañándolos con un Shuriken en varios lugares casi al mismo tiempo. Los cinco de esa casa por fin huyeron y todos aquéllos que habían estado encerrados pudieron sentir de nuevo el aire fresco bajo la luz del Sol. Lo único que necesitaban hacer pronto era llegar a un lugar seguro, por lo cual se dirigieron a una de las Pagodas más cercanas.
5.52 PM:
Bolt, incapaz de contenerse por algo que había ocurrido mientras huían de esa casa, abrazó fuertemente a Mittens.
"Cobrita hermosa… Gracias, por salvarme. Si no lo hubieras hecho, ahora tal vez estarían llevándome en una jaula con otros Perros, a un restaurante…"
"No podia perderte, cielito… No quería perder al Perro a quien tanto amo".
Todos estaban en el jardín que había a un costado de la Pagoda.
"Ella y yo -les aclaró luego Bolt a los que habían liberado. -nos conocimos en Nueva York. Nuestro primer encuentro no fue nada bueno, pero unas semanas después empezamos a estar enamorados y pudimos tener hijos: ocho en total, aunque por culpa de los Kitsunes perdimos a cuatro".
"Estuvimos en una casa de Los Ángeles hasta que aparecieron allá los Kitsunes; entonces empezamos a vivir en el Barrio Chino de esa ciudad e incluso nos casamos en el Templo donde también aprendimos a atacar y a defendernos". -Completó Mittens el relato concerniente a ellos.
"Pues yo -intervino Lau -también debo agradecerte por salvarme cuando casi vuelven a atraparme en la escalera".
"Bah… No fue nada". -Respondió ella, tratando de quitarle importancia.
"¿Nada, evitar la muerte de setenta y un prisioneros? -siguió Lau. -Pues sólo gracias a ustedes, Mittens y Bolt, todos los que liberaron podrán volver a su hogar, o encontrar uno nuevo, o como mínimo vivir felices".
"Lo que dice el Samoyedo es cierto -se acercó a ellos ahora Ming. -En cuanto a mis opciones… Ya decidí algo: quiero ir a ese Templo de Los Ángeles, así que voy ahora mismo a un lugar donde tengo amigos que me ayudarán".
"Perfecto, Ming -se alegró Bolt. -Allá podrás ser uno de mis Guerreros". -Le contó sobre lo que había empezado a hacer, el grupo donde ya estaban Morita, Sonya, Niccolo y Antoine.
"Entonces yo también quiero estar allí -volvió a hablar Lau. -En uno o dos días iré a esperarlos en el Barrio Chino de Los Ángeles y podrás entrenarme como a los otros".
"Muy bien, futuro Guerrero. Mittens y yo terminaremos pronto con los de Tailandia, para vernos allá lo antes posible".
Exceptuando al Tigre que ya había salido, todos en general se retiraron en distintas direcciones sin olvidar agradecerles.
De los Perros, dos Shar Pei se fueron caminando cada uno con una Gata, gris y de Java respectivamente, mientras conversaban con ellas. Tres Abisinias hermanas hicieron otro tanto: dos con Perros Shih Tzu y la tercera con un Pekinés. Luego un Gato de Java volvió a su casa junto a una Shar Pei.
E incluso entre las Ratas se produjeron casos similares, pues el Snow Shoe y una de las Ratesas que habían logrado escapar sobre la espalda de Ming ya estaban enamorados desde que se habían visto en sus respectivas jaulas.
El Kitsune entretanto -en la Pagoda abandonada que había elegido para él y sus Perros Ninjas- apenas se enteró de lo sucedido en ese restaurante salió apresurado para ver si podía matar a uno o más de los rescatados por Mittens y Bolt. Sólo alcanzó a ver desde lejos a Ming cuando el Tigre bordeaba la ciudad para ir a un Templo de Gatos Siameses a quienes conocía bien.
"Bueno, parece que llegué un poco tarde, pero mis Inus o yo los encontraremos, no importa dónde ni cuándo. Y si los salvó ese Bolt… Ese Perro con el montón de hijos desperdiciados en una Gata, apenas pueda verlo le haré entender cómo deben ser las cosas o lo desafiaré a una lucha a muerte".
6.07 PM:
"Mira, Tigrecito, ese Inu sobre la rama del árbol que está en la otra esquina -le señaló Mittens a Bolt. -¿Lo obligo a bajar para que puedas encargarte de él?"
"No, Cobrita; para que lo hagamos juntos". -Le contó su idea.
"Mi Bolty, siempre tan tierno y caballeroso… -le sonrió ella con todo el rostro. -Bueno, enseguida regreso".
Luego de subir por el lado del árbol donde el Akita no podia verla (había usado en realidad esa habilidad aprendida de sorprender a Li-Kuei en el segundo subsuelo) fue a golpearlo en un lado del cuello y se volvió para bajar rápidamente, pero de modo que él pudiera verla en este caso.
Y funcionó… El sorprendido Inu sólo pudo pensar en correr detrás de Mittens hasta que Bolt estuvo apenas a un metro de él, listo para desmayarlo con su Nunchaku.
"Ah, ¿Querían atacarme los dos a la vez? ¡Trataré de hacer que también se arrepientan al mismo tiempo!"
Pero no contaba con la habilidad de Mittens, quien ayudada por Bolt que le dio un fuerte impulso hacia arriba, fue a caer sobre el Akita clavándole el Sai detrás del cuello, mientras el Perro le daba un gran golpe en la frente. Mittens saltó entonces por encima de Bolt, pero sólo para volver a clavarle el Sai pasando a toda velocidad. Su Perro completó el trabajo, ultimando al Inu con el Guante-Garra.
"Fue como de película, ¿Verdad, princesita?"
"Sí, Tigrecito. Además hiciste muy bien, tu parte. Pero lo mejor, por supuesto, fue que pudimos vencerlo juntos".
"Eso es cierto, y debo felicitarlos -dijo alguien acercándose. -…Sólo que a este Kitsune va a costarles vencerlo como sin duda vinieron a hacer, a menos que me acompañen y estén por lo menos un día en el Templo Siamés de donde vengo. Por cierto, antes que nada… Bienvenidos a Krung Thep Mahanakon Amon Rattanakosin Mahintara Ayuthaya Mahadilok Phop Noppharat Ratchathani Burirom Udomrachaniwet Mahasathan Amon Piman Awatan Sathit Sakkathattiya Witsanukam Prasit".
"¿Que estamos dónde…? ¿No era Bangkok?" -Preguntaron ellos cuando pudieron dejar de tener los ojos abiertos de asombro.
"Así la llaman los extranjeros, y para los de esta tierra es Krung Thep… La 'Ciudad de los Ángeles'. Pero a los que vivimos en Templos o en Pagodas nos gusta llamarla así".
"Ya veo -comentó la Gata. -…Y nosotros venimos de Los Ángeles, donde también vivo gracias a que conocí a Bolt en Nueva York".
"Ah, sí… Me imaginé que eran ustedes. Vengan conmigo, entonces".
El Siamés llamado Phi Khung -Pí Kung- los condujo por alrededor de doce calles y callejuelas hasta el Templo Khorat, dirigido por Ban Pai.
Phi Kung habló unos minutos con el Gran Siamés y volvió la vista hacia los dos Guerreros.
"Los traje aquí por mi cuenta, honorables Mittens y Bolt, luego de ver cómo se encargaban de ese Inu. Pero ahora Ban Pai está de acuerdo con mi idea personal, porque para vencer a Yusako, cualquiera de los dos que lo enfrente tendrá que ser muy fuerte y capaz de soportar muchos golpes".
"Eh… Bueno, yo ya luché contra tres de ellos. Y también hice un ejercicio con el Tigre Supremo que vive en el Templo de Los Ángeles".
"Muy bien, entonces. Pero precisamente, pelear con este Kitsune te hará acordar mucho de ese ejercicio. La única diferencia es, el Tigre Supremo no estaba allí para matarte".
"¿Quiere decir que necesito mucho más entrenamiento?" -Preguntó, un poco preocupado.
"Sí, sería lo mejor. Pero como es obvio que ustedes quieren seguir su viaje y volver a Estados Unidos lo antes posible, te daremos uno especial. Si quieres empezar ahora mismo…"
"Sí, por favor… Cuanto antes podamos ella y yo reunirnos con nuestros hijos, más felices estaremos".
"Bueno, en ese caso ven por aquí. No, espere, honorable Mittens. Para usted tenemos otro entrenamiento, con el Siamés Bua Yai". -Se lo señaló, mirando en su dirección.
Tal como había ocurrido en el Templo Shé hé Lǎohǔ, ella y el Perro tenían que hacer todo de nuevo por separado. Phi Kung llevó a Bolt al fondo del patio reservado para prácticas y le dio las indicaciones para el nuevo ejercicio.
"Como ves, hay cinco piedras casi del mismo tamaño y esféricas colgando de cadenas a lo largo de una viga y, al otro lado, una botella sujeta con un anillo de hierro a esa pared. Tu trabajo será golpear la primera piedra de modo que la última rompa esa botella".
"¿Pero golpeando una sola…? Me parece que no entiendo…"
"Sólo dale a la primera lo más fuerte que puedas; enseguida entenderás".
El Perro lanzó su golpe y… Por efecto de transmisión, dejó tres piedras en movimiento pendular, chocando ocasionalmente entre sí.
"Ahí tienes ya tu respuesta, Guerrero Bolt. Si la hubieras golpeado aún más fuerte, ahora las cinco estarían haciendo lo mismo y la última habría roto esa botella".
"Ah, este… Bueno, voy a ver si me sale ahora".
Y con la supervisión del Gato Phi Kung, siguió practicando en esta etapa de su nuevo entrenamiento, pues más tarde tendría otro ejercicio.
6.40 PM:
Su Gata, entretanto, hacía lo posible por seguir las indicaciones de Bua Yai, que enseñaba Shé Quan en ese Templo.
"Usted, Guerrera Mittens, según me contó hizo en Los Ángeles ese ejercicio con los Llamadores y las Figuras Danzantes, demostrando ser capaz de pasar sin problemas entre peligros simulados. Por lo tanto no creo que los tenga ahora, si debe atravesar esta parte del patio -o más bien jardín- sembrada con todas esas plantas que tienen en sus hojas una tintura vegetal de color verde. Si logra evitarlas a todas, Señorita Mittens, después no necesitará meterse a ese canal lleno de agua tan fría que viene del río Chao Phraya, para sacarse las manchas".
"Ah, ¿Agua, dijo? …Bueno, por supuesto me esforzaré en hacer bien este ejercicio, Maestro Bua Yai; pero antes, si me lo permite, quiero hacer una cosa en el lugar que mencionó".
"Tiene mi autorización" -Respondió él, igual de cortés.
La Gata caminó hacia el canal y se metió casi de un salto, dejando sólo la cabeza afuera. Luego rodó de costado varias veces sobre sí misma y volvió la vista hacia el Siamés.
"En el Templo Shé hé Lǎohǔ -explicó sonriendo. -tuve que hacer un ejercicio que involucraba agua, pero después incluso empezó a gustarme estar bajo una lluvia copiosa, especialmente si es junto a mi Perro".
"Ah, en ese caso… Lamento decirle que con usted será lo contrario: si no logra pasar bien el ejercicio, después no podrá estar allí para limpiarse".
"Ay, ¿Para qué habré hablado?" -Se dijo Mittens, como reproche para sí misma, saliendo del agua y regresando al jardín lleno de plantas.
7.10 PM:
"Bueno, ya cumpliste muy bien con el primer ejercicio, Guerrero Bolt -lo felicitó su nuevo Maestro de Hú Quan. -En dos horas podrás ir a cenar y dormir, pues hoy sólo te queda uno por hacer, aunque sea el más difícil. Ven por aquí".
Él siguió al Siamés al interior del Templo y los dos bajaron luego unas escaleras… Tres, cuatro y cinco niveles. Todos parecían completamente descuidados excepto tal vez en cuanto a limpieza. Pero cuando llegaron al último Bolt no pudo contener su asombro.
Además de la evidente iluminación, todas las paredes estaban como mínimo revestidas en oro; en cada una -o junto a éstas- vio tres esculturas representando los doce signos del calendario Lunar y en este caso indiscutiblemente de oro macizo, un gran tapíz con imágenes de temas tradicionales, un par de armas antiguas y un pequeño estante con libros. El piso de 81 metros cuadrados estaba totalmente cubierto de alfombras y almohadones… Hasta tenia un túnel muy bien acondicionado, que conducía directamente a una reserva forestal. Todo para mantener con perfecto bienestar a alguien que vivía allí.
"Sí, Guerrero Bolt; tenemos un Tigre. Por eso nuestro Templo se llama S̄eụ̄x (Sí-á). El nombre del Espíritu Viviente en este caso es Ks̄ʹạtriy̒ (Ksá-trá), y significa Rey".
"Muy bien elegido el nombre, entonces" -Pensó el Pastor Suizo, que por supuesto lo había visto apenas entró, pero ahora no podia quitarle los ojos de encima. El Tigre tenia al menos cuatro metros de largo y color blanco con rayas negras. Llevaba también, para el ejercicio, un plato de madera sujeto por los costados a una cinta de tela que Ks̄ʹạtriy̒ tenia alrededor del cuello. Bolt tenia que romper el plato de un golpe.
"Debería ser muy fácil…" -Pensó ahora el Perro.
…Tendría, que haber sido así, comprobó enseguida Bolt. Con los bloqueos que hacía el Espíritu Viviente valiéndose de sus brazos tan largos, tardó casi una hora y veinte minutos en cumplir con el objetivo del ejercicio.
En cuanto a Mittens, luego de pasar muchas veces entre las plantas mecidas por el viento de la tarde -saliendo en varias ocasiones con una o más rayas verdes alargadas como trazos de pincel- logró hacerlo sin que las hojas la pintaran de nuevo.
"Ahora sí lo consiguió -la elogió Bua Yai. -Incluso creo que esos trazos le quedaron muy bien allí donde están. Pero sea como sea, recién mañana podrá ir a bañarse a ese canal para quitarse el color verde".
"No importa, puedo esperar… Aunque podría dejarlos tal como están, en recuerdo de mi ejercicio y de Krung Thep".
"…Es que no van a durar así para siempre, de todos modos. El Sol y la lluvia las harán desaparecer finalmente".
"Entiendo… Bueno, ¿Mañana temprano tengo otro entrenamiento?"
"Sí, Guerrera Serpiente, no mucho después del desayuno".
Tras haber cumplido con los desafíos de esa jornada, Mittens y su Perro se dispusieron a dormir, luego de una cena reparadora.
12/12 - 9.52 AM:
La Gata terminó su desayuno y fue al encuentro de Bua Yai, quien se dirigió a ella en los siguientes términos.
"En nuestro Templo no tenemos una Serpiente Suprema, Guerrera Mittens. Pero en un rato se presentará alguien que servirá para esta parte de su entrenamiento, y además estará encantada de poder ayudarnos. Puede emplear ese tiempo practicando o haciendo lo que desee, aunque tal vez la llame pronto".
Ella estuvo algo más de media hora en el patio; primero diez o doce minutos sumergida con el agua fría hasta el cuello y el resto del tiempo, haciendo ataques a gran velocidad contra enemigos imaginarios. Luego vio acercarse al Siamés.
Mientras Bua Yai volvía a entrar con Mittens al Templo S̄eụ̄x, le contó sobre la que había aceptado de buena gana ayudarlos, pero sin decir exactamente quién era, como les gustaba hacer a algunos Gatos. Por eso cuando Mittens la vio no pudo dejar de sorprenderse, pues si bien conocía hace tiempo al Dragón del Templo Shé hé Lǎohǔ, ahora estaba frente a una Dragonesa de tipo occidental, con escamas azules excepto algunas, violetas, en las alas y en su espalda. Ella le dijo a Mittens su nombre, Isolda ("De gran belleza") y por qué se encontraba allí; su motivo personal para permanecer en ese Templo.
"El Gran Maestro Ban Pai nos dio al Tigre que vive aquí y a mí, la autorización para casarnos, además de su beneplácito. Estaré con él en su confortable recinto y cuando podamos tener familia ya no extrañaré demasiado el cielo".
"Me… Parece maravilloso -titubeó un momento la Gata. -Pero ¿Cómo piensan hacer con los Tigrecitos recién nacidos?"
"Sabia pregunta, Guerrera Mittens. Sólo que no debe preocuparse por los cachorritos que quiero tener de él… Algunas Dragonesas -aunque esto ocurre principalmente en el caso de las orientales semejantes al Dragón que usted ya conoce-, sí podemos amamantar a nuestros hijos. Sólo que Dragonesas como yo, capaces de hacer eso, son muy escasas actualmente; y por eso mismo muy estimadas en esta parte del mundo".
"Qué bueno, de todos modos hay más Dragonesas así. -sonrió Mittens. -Yo por supuesto, hasta que estuve en el Templo Shé hé Lǎohǔ, ni siquiera había soñado con Dragones verdaderos, pues para mí el mundo era real, o no existía. Desde entonces, en cambio, puedo creer casi cualquier cosa extraordinaria".
"Déjeme decirle, en ese caso, es mejor incluso saber que creer. Si al terminar aquí su misión tiene oportunidad y lo desea, pase por Chiang Mai. Seguramente se sorprenderá. Ahora empezaremos con su entrenamiento especial de hoy".
La Gata asintió, volviendo la vista hacia Bua Yai.
"Bueno en este ejercicio usted tendra que evitar ser levantada del suelo por Isolda, quien por supuesto estará volando; y en lo posible, Guerrera Mittens, sin tener que correr. Quiero ver sus reflejos contra un posible rival mucho mayor. Cuando esté lista…"
"Lo estoy, Maestro Yai. Podemos comenzar ya".
La Dragonesa azul sacudió sus alas, elevándose de un salto para volar en círculos y arcos grandes a distinta altura cada vez. Era más lenta que el Gran Dragón del Templo dirigido por Shang-Po, pero aun así pasaba a mucha velocidad sobre Mittens; en cualquier momento extendería su brazo para atraparla sorprendiéndola.
En cuatro ocasiones casi lo consigue, y una de esas veces la Dragonesa tocó con su mano la delgada cola de Mittens, que la Gata retiró justo a tiempo. Esa forma de ser levantada, en especial, era inaceptable.
Sea como fuere, al cabo de media hora el Siamés consideró que ella había logrado pasar bien ese ejercicio.
"Ahora, Guerrera Mittens, deberá tener sus ojos vendados. Pues para el siguiente tipo de entrenamiento, usted tratará de acertarle a Isolda cuando la Dragonesa haya pasado volando sobre usted, con estos Shuriken de madera que voy a darle enseguida". -Se los trajo y la Gata se vendó los ojos mientras en su mente buscaba la respuesta de cómo iba a poder lanzárselos a Isolda sin saber cuándo había volado sobre ella. Sin embargo apenas empezó el ejercicio, con el primer vuelo rasante de la Dragonesa, Mittens supo que podia hacerlo: el viento provocado por Isolda le indicaba con cada pasada de la Dragonesa en qué dirección debía lanzar los Shuriken.
"No debe tardar ni un segundo en lanzárselos, Guerrera Mittens, apenas note que Isolda pasó sobre usted y hacia dónde fue. Porque con este entrenamiento -además de todo lo que logró hasta ahora incluso sin estar junto a su Perro-, no habrá Inu que pueda hacerle daño alguno y, de los Kitsunes, muy pocos lo conseguirán".
La Dragonesa voló entre cinco y diez veces más, atravesando el salón en distintas direcciones, hasta que Mittens pudo cumplir con el propósito de ese ejercicio.
En el patio entretanto, Bolt practicaba algo por lo menos igual de difícil.
"Este ejercicio te ayudará a usar tus otros sentidos en un combate. Pues se trata de dar golpes -o evitarlos- sin poder ver a tu oponente, que ahora seré yo".
Sacó de una pequeña caja dos cintas de tela negra, le tapó los ojos a Bolt y luego se cubrió los suyos diciendo "Bueno, ahora camina un poco tratando de que yo no sepa hacia dónde vas".
El Perro dio unos pasos, mientras prestaba atención a todos los sonidos que llegaban hasta sus oídos; el olfato no le convenía, por la cantidad de olores provenientes del exterior y del propio Templo.
Un golpe venido de frente le hizo dar un gruñido involuntario, mientras lanzaba uno con el brazo derecho. Pero Phi Kung consideró que debían recomenzar el ejercicio.
"Ahora, Bolt, intenta concentrarte en los sonidos únicamente. Empecemos otra vez".
El Siamés y el Perro fueron en círculos lentamente buscándose el uno al otro, silenciosos… Bueno, más que nada Phi Kung con ésto último, siendo un Gato y además Siamés. El Perro entonces hizo otro esfuerzo, buscando captar hasta el menor sonido. Le llegaron de un lado las voces del grupo que practicaba Long Quan, el murmullo del rio donde Mittens había estado para limpiarse las marcas verdes, algunos ruidos y conversaciones desde el interior del Templo… ¿Cómo…? ¿Si el Gato no quería hacer ruido podia estar ahí? …Sólo tenia un modo de comprobarlo. Descargó entonces un golpe hacia adelante, siguiendo su cálculo mental de la dirección… Y sintió algo retrocediendo por efecto del golpe.
"Muy bien logrado, Guerrero Bolt -sonrió Phi Kung felicitándolo. -…Fue como si al no poder usar la vista para saber dónde estaba yo, hubieras recurrido a la simple intuición… O al sexto sentido, que en este caso tal vez sea lo mismo. Un poco difícil de entender, supongo, pero es lo que lograste hacer. Ahora, por supuesto, seguiremos practicando esto hasta que lo domines a la perfección".
Y continuaron el ejercicio hasta la hora del almuerzo.
Mientras tanto, en cierta Pagoda, las cosas no andaban tan bien. Yusako supo el día anterior que había perdido a uno de sus Akitas aparte de quiénes podían ser los únicos responsables. Pero cuando ordenó a los nueve restantes "¡Encuéntrenlos y traigan por lo menos a uno!", todos sus Inus tuvieron que volver suplicando perdón.
"No, Señor Yusako -decían. -No pudimos ver por ningún lado, a esa Gata o a su Perro… Pero suponemos que están juntos en algún lugar de la ciudad, no yendo separadamente para atacarnos en cualquier momento. Y uno de nosotros además vio algo raro, Señor Yusako: en ese Templo S̄eụ̄x, cerca del Chao Phraya, hace uno o dos días hay algo parecido a una escultura de Dragón, pero muy sospechosa".
"Un Dragón, hum… Bueno, ya me llegaron noticias de uno que ayudó a esos entrometidos en Toulouse -miró al Inu que tenia más cerca. -¿De verdad apareció esta semana?"
"Sí, Señor Yusako. Ni él ni yo, los encargados de eliminar a las Gatas que viven en esta ciudad, habíamos visto antes esa estatua".
"Ajá, muy bien, en un rato iré a averiguar si es el mismo que atacó a los nuestros en Francia. Ustedes sigan tratando de encontrarlos. En otras palabras, no vengan por aquí otra vez si no cumplieron mis órdenes". -Concluyó, mirándolos de un modo muy amenazador y los nueve salieron apresuradamente.
Saliendo de Prawet donde se encontraba esa Pagoda, los Akitas empezaron su búsqueda en el sector de Lat Krabang, al SE de Krung Thep, aunque con algunos desacuerdos surgidos aquí y allá.
"¡No, Issei, no puedes matarla, ahora! …Yusako sólo nos dio la orden de buscar a los dos odiosos".
"Pero es un minuto… Y además tengo hambre. La mato enseguida y después no tardo en…"
"¡No importa, gran comilón! ¡Más tarde tal vez el Señor Yusako deje que te comas a Mittens!"
"Uy, sí, ojalá lo haga… Y mientras ella aún esté con vida".
"Bueno, ahora vayamos rápido, por esta otra calle".
"Oye, deja de dar tantas órdenes como si fueras tú, nuestro Jefe".
"Cállense y sigamos, estamos perdiendo tiempo y no podemos regresar sin al menos uno de ellos".
De Lat Krabang llegaron a Min Buri, mientras el Kitsune salía para ver quién era el misterioso Dragón del Templo S̄eụ̄x.
Mientras Mittens y su esposo comían algo que parecía de fuego -"Lo siento, honorable Guerrera, aquí en Tailandia nos gustan las cosas muy picantes"-, Yusako llegaba cerca del Templo y miraba hacia arriba.
"Bueno, parece que ahí está nuestro gran enemigo… Pero si adentro también están ellos, haré lo posible por que ninguno de ellos despierte mañana y siga viviendo. Primero, convocaré de nuevo a mis Akitas".
Los llamó desde Suan Luang, casi entre el Chao Phraya y Lat Krabang.
"Bueno, ya pude ver a ese Dragón y estoy seguro de que se trata del mismo de Toulouse. Pero aún así, mi objetivo principal es el Perro blanco; por lo tanto, vengan conmigo todos. Quiero hacer salir a Bolt de ese Templo, y esta vez para retarlo a un combate, únicamente".
1.37 PM:
Nuevamente frente al Templo S̄eụ̄x, el Kitsune lanzó su desafío.
"¡Oigan, Gatos! -uno de ellos saltó al borde de una ventana para ver quién hablaba de ese modo. -Quiero ver ya mismo a ese Perro, y sin trampas. ¡Que salga!"
El Siamés fue a avisarle a Ban Pai; luego todos se quedaron hablando con la Gata Guerrera y con Bolt, antes de salir junto a ellos.
"Parece que el momento de mi combate con Yusako vino muy adelantado".
"Ten confianza, Guerrero Bolt". -Lo animó Phi Kung.
"Sólo recuerda cuánto aprendiste en Los Ángeles, cielito, y podrás contra él".
"No te preocupes, Cobrita… Ahora verá, ese Kitsune".
Apenas comenzaron a pelear, no obstante, Bolt supo a qué se había referido su Maestro de Hú Quan en ese Templo al decirle que ese combate le haría acordar al ejercicio con el Tigre Supremo: ya los primeros golpes de Yusako le parecieron tan fuertes como si el Kitsune hubiera usado una maza, o un martillo de herrero.
"No entiendo, ¿Qué estilo es este? -pensaba el Perro mientras devolvía golpes. -No parece el Hú Quan… ¡Uy, no, este sí me dolió! …Pero ahora ¡Toma!"
"¡Cuidado, Tigrecito!"
"Evita todos los que puedas, Guerrero Bolt, pero resiste y contraataca rápido".
Yusako logró segundos después darle otro en la cabeza.
"Muy bien otra vez, Kitsune, pero ahora, ¿Qué te parece este golpe de Hú Quan?"
"¡Já! ¿El estilo del Tigre? ¡Yo me río, del Hú Quan! …Estamos en Tailandia, Perro. ¡Así que yo uso el Muay Thai!"
Y si sólo era por la fuerza de sus golpes, Bolt ya consideraba a Yusako un rival muy dificil de vencer, pues también era resistente como las columnas del Partenón. Además, mientras Mittens y el Perro tenían sus armas favoritas, las del Kitsune eran sus manos y pies, simplemente; no necesitaba otras.
"Oh, no, parece que estuviera hecho de pura piedra… ¿Cómo podré derrotarlo? ¡Tengo que hacer algo pronto!"
Y trató de encontrar la solución, soportando los ataques de Yusako. Sus golpes más fuertes parecían ir a estrellarse contra la estatua que tenia frente a él… Un momento, ¿Había dicho piedra?"
Esa palabra usada segundos antes le hizo pensar a Bolt en el ejercicio de las esferas rompiendo la botella… Pero también había hecho tiempo atrás uno allá, en Los Ángeles. Ella tenia razón, al decirle que recordara su entrenamiento de Hú Quan, porque, ¿Qué tal si en lugar de pensar que Yusako estaba hecho como de piedra empezaba a considerarlo como una?
…Pues en aquél arenero había tenido que hacer rodar doce esferas del mismo material, empujándolas cada vez que se acercaban. El Kitsune ahora también podia ser una… Sólo tenia que encontrar la mejor manera de repetir ese ejercicio.
"Bueno, entonces… -pensó ahora Bolt. -Este Zorrito tan duro es una roca enorme viniendo hacia mí, como en una avalancha, y las otras piedras… Son esos autos. Así que vamos a ver esta vez, Kitsune".
Haciéndole una toma lo lanzó contra el auto más grande que pasaba en ese momento; el metal quedó abollado, pero Bolt podia esperar que Yusako tuviera algún daño.
"¿Qué intentas hacer ahora, Perro?" -Se abalanzó sobre él el Kitsune, pero fue su primer error, pues Bolt lo sujetó de un brazo y le hizo dar en el aire una vuelta donde lo único que terminó golpeando la vereda fue la cabeza del Kitsune.
"Bueno, esta vez sí lo hiciste, Perrito… Ahora tendré que matarte". -Gruñó yendo de nuevo hacia Bolt, dispuesto a todo para eliminarlo.
Sujetándolo fuertemente con ambas manos a cada lado del cuello, mientras el Perro golpeaba su cabeza una y otra vez, trató de dejarlo sin aire a la vez que pateaba a Bolt entre el pecho y la parte del estómago.
Sólo que el antiguo héroe de televisión ya había pasado por una situación similar allá en Sakai, por lo cual lanzó un golpe hacia arriba con ambos puños en los brazos de Yusako, para liberarse. En los pocos segundos que lo soltó el Kitsune, Bolt pensó "Ahora o nunca", lanzándolo esta vez contra un camión cargado de ladrillos.
Desde el vehículo gritaron algunas palabras, por supuesto, pero ninguno de los contendientes prestaba atención a algo que no fuera su rival.
"¡Perro, voy a comerte a pedazos ahora mismo!"
"¡Kitsune, voy a hacer que te hundas en un pozo en medio de la calle!"
Diciendo los dos esas cosas casi al mismo tiempo se abalanzaron uno contra el otro. Yusako mordió con todas sus fuerzas la mano del Perro, sacudiendo la cabeza, pero Bolt -estando ahora en la misma situación que con Akuma- optó sin embargo por taparle la nariz al Kitsune, y así siguió hasta que a Yusako no le quedó otra opción.
Sacando la mano ensangrentada pero entera, Bolt dio enseguida otro golpe bajo la oreja izquierda del Kitsune; cuando él saltó como para morderle el brazo del mismo lado, Bolt retrocedió un poco y usando ambas manos hizo que el Kitsune se estrellara contra la vereda, dejando rajaduras en algunas baldosas. Se las arregló para golpearlo así dos veces más -Yusako tuvo finalmente al menos una herida sangrante-, y luego de darle uno muy fuerte lo agarró de una pierna para volver a estrellarlo tres veces en el suelo. Ahora el Kitsune tenia cuatro heridas abiertas pero se incorporó, buscando contraatacar. Bolt por supuesto no esperó semejante cosa y lo lanzó por tercera vez contra un vehículo: un ómnibus con turistas, esta vez. Yusako se quedó unos segundos en la calle y corrió hacia el Perro, aunque ya con bastante menos fuerza. Logró darle sin embargo algunos golpes que por poco consiguen dejar knock out a Bolt, pero él respondió con los suyos hasta que, casi sin aire y tan lastimado como lleno de moretones, vio caer a su oponente más difícil.
"¡Mi Tigrecito!"
Mittens, por supuesto, fue quien hizo esa exclamación yendo al fin a abrazar a su amado Bolt mientras Ban Pai y Phi Kung se encargaban de llevar al Kitsune a una celda muy fuerte. Los nueve Akitas, aparte de haber ido únicamente para acompañar a su Jefe, prefirieron retirarse a luchar con alguien que había logrado sobrevivir a un combate con ese Kitsune.
"Cobrita… Qué bueno poder volver a sentir tu cuerpecito junto al mío". -Sonrió el Perro, aún deseando recuperarse lo antes posible, de tamaña batalla.
"Cielito, debes ir a curarte pronto esa mano lastimada; si puedes, ahora mismo…"
"Sí, mi Gatita hermosa. Entremos al Templo".
Casi media hora más tarde, Bolt tuvo la mano derecha curada y vendada. Mittens, que no podia separarse de su lado, ya casi le hacía olvidar el terrible encuentro con Yusako.
"Debo pedirte disculpas, honorable Guerrero… -intervino Phi Kung. -Deberíamos haber sabido que Yusako usaba el Muay Thai, pues sólo estábamos seguros de que era muy fuerte".
"No se preocupe, Maestro Phi Kung. Todo eso ya pasó a la historia".
"Pero tal vez no siquiera imagines qué historia, Guerrero Tigre. Pues pudiste vengar a muchas Gatas y Gatos de Tailandia, eso ya está claro. Pero ahí afuera también hubo otros testigos de tu increíble hazaña, los cuales ahora la repetirán maravillados a lo largo de todo el país, pasando no mucho después a otros de Asia y también del mundo. Los Kitsunes de China o de Japón, por su parte, ya deben estar inquietos sabiendo que estás tan cerca… Perdón, lo mismo con respecto a usted, Guerrera Serpiente".
Mittens sonrió, agradeciendo en silencio.
"Fue muy buena, tu idea de hacer que se golpeara así el Kitsune -habló ahora el Siamés que le había enseñado algo de Shé Quan a Mittens. -Dos cosas duras chocando entre sí van a romperse de algún modo, la una a la otra".
"Sí, me acordé de un ejercicio que hice en el Templo Shé hé Lǎohǔ, y supe que Yusako podia ser otra piedra".
De vuelta en Prawet, nueve Inus intentaban llegar a un acuerdo sobre qué hacer a continuación.
"¡Yo quiero ir allá esta misma noche, liberar a nuestro Señor Yusako y comerme viva a esa Gata!"
"Pues tendrás que conformarte con una de las capturadas. Ahora todo se hizo mucho más difícil".
"¿Eso piensas? ¿Sólo porque pudieron atrapar a nuestro Jefe? ...No pareces un Perro Ninja".
"¿Y tú qué plan tienes, para vengarnos de ese maldito Bolt? No creo que hayas pensado nada bueno, aún".
"No, pero enseguida tendré uno… De algún modo lo haremos venir hasta aquí".
Alrededor de media hora después, dos de los Akitas habían llegado muy cerca del Templo; uno llevaba en su boca el cuerpo de una Gata Atigrada mientras el otro permanecia escondido detrás de un auto estacionado. El primer Akita dejó caer justo frente al Templo a la Gata que había traído ya sin vida y empezó a comérsela de a poco, empezando por las piernas. Le arrancaba ya con los dientes un brazo cuando vio aparecer a un Bolt muy furioso. Entonces se alejó corriendo, reuniéndose con el otro Perro Ninja.
"¿Ves? …Sabía que podía contar con esto. El Perro iba a salir apenas te viera masticando a esa Gata".
"¡Así va a terminar la tuya, y muy pronto, Perro!" -Le ladró el que lo había provocado a perseguirlos.
Bolt ya no quiso pensar ni que debía estar yendo directo a una trampa, ni si estaba lo suficientemente recuperado del gran combate, ni en responder a tales palabras del Inu. Sólo quería castigar a cualquiera de los dos Perros, con todas sus fuerzas.
Lo único que les dijo, por lo tanto, fue: "¡Ustedes dos ya pueden considerarse muertos! ¡Ahora no pueden verla, pero estoy yendo con un arma formidable!"
Eso los hizo reír, claro está.
"¿Y acaso hablas de tus dientes, Perro presumido? ¿O te refieres a tu mano 'Súper-Vendada'?"
Bolt ahora no contestó; estaban llegando a la Pagoda abandonada.
…Y los Inus, aparte de saber eso, lo confirmaron por un detalle: una Gata negra pasó corriendo a unos tres metros de ellos. Luego vieron a una Siamesa y a una Bengal haciendo lo mismo… Las prisioneras restantes habían escapado.
"¿Qué está pasando? -se detuvieron a mirarlas, olvidando por un momento al Perro blanco. -¿Cómo es que pudieron…?"
Bolt con todo el impulso que traía hizo volar a un Akita con su golpe y después le cayó encima al que había estado frente al Templo. El otro optó por volver a la Pagoda y averiguar por qué habían podido escapar ellas.
Allí lo esperaba un espectáculo inesperado y macabro: cuerpos mutilados de seis Inus en toda la planta baja. El último, un piso más arriba, con cinco Shuriken clavados y tan muerto como los otros.
"¿Pero quién hizo, todo esto…? ¿QUIÉN ESTÁ AQUÍ?" -Gritó, buscando disimular su repentino terror.
"Soy yo, Akita… El arma secreta de Bolt". -Le respondió entonces Mitens, quien por supuesto había llegado a ese lugar mucho antes, pudiendo liberar a las tres Gatas prisioneras después de su propio combate contra los Inus.
Apenas vio eso, el Inu sobreviviente -pues Bolt ya había terminado con su compañero de crímenes- decidió que ya no podia hacer nada excepto salvar su vida de semejantes Guerreros y, tal como el Akita de Catania, comenzó a vivir buscando el total anonimato junto con su nueva existencia.
Mittens y su Perro volvieron al Templo "bañados en el oro" de sus victorias, según dijeron los Siameses. Aunque les quedaban dos países por liberar, cuando se dispusieron para volar otra vez sobre el Gran Dragón rumbo a China, tenían tanto honor como Masaaki Hatsumi.
Para los Kitsunes y sus Akitas, sin embargo y por primera vez, no era honor ni odio lo que les inspiraban la Gata y el Perro, sino una sombra de miedo creciente, como había dicho Shang-Po frente a ellos la noche del reencuentro en el patio.
