Capítulo IV
Corrí apresurada adentro del bar, afuera las espesas gotas de lluvia pronto se convirtieron en granizo veraniego. Sam estaba sentado en una mesa escondida en un rincón al fondo, alejada del escenario y bullicio musical. Había dos cervezas sobre ésta y apenas me vio se dibujó en su rostro una sonrisa de oreja a oreja.
— Hola, guapa —se puso de pie y me dio un beso en los labios. Me quité el suéter y lo puse en el respaldo de mi silla.
— ¿Cómo te fue hoy? —él negó con la cabeza y le dio un trago a su cerveza.
— Jania está embarazada.
— ¿Cómo? —la noticia me tomó por sorpresa y tuve que comenzar a embriagarme.
— Yo iba de compras con mi mamá y nos la topamos en el supermercado. Tiene cuatro o cinco meses, no estoy seguro.
— Oh, Sam… —puse una mano encima de la de él como siempre hacía para hacerle sentir que estaba con él.
— Está bien. Es la vida, ¿no? Pero cuéntame de ti. ¿Qué has hecho? ¿Estás saliendo con alguien? —en ese momento la imagen de TK pasó por mi mente y sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.
— No, ya sabes que eso de las relaciones no es lo mío. En la escuela me va bien.
— ¿Y en Vogue?
— Oh pues ya sabes, traducción tras traducción.
— ¿Cómo va tu libro? —me mordí el labio y le di un gran trago a la cerveza. Hacía meses en que no me sentaba si quiera a abrir el archivo para re-leer lo que llevaba avanzado. Me encontraba desmotivada y eso, para cualquier innovador creativo, es casi como caer a un pozo de 10 metros de profundidad y tener únicamente una enredadera espinada para salir.
— Pues ahí sigue guardado en Documentos —Sam negó con la cabeza y se puso muy serio. No estaba segura de si debía preguntar más acerca de la situación con su ex esposa y dejarlo que me usara como su psicóloga o simplemente darle vuelta a la hoja. Justo iba a abrir la boca cuando mi celular sonó y por inercia desbloquee la pantalla. Era una notificación de Facebook: Takeru Takaishi te ha enviado una solicitud de amistad. Intenté no hacer mucho alarde pero ya sentía el calor subir por mis mejillas. Hacía casi dos semanas de que nos conocimos en aquella fiesta y no había vuelto a saber de él. ¿Cómo rayos me había encontrado? ¿Acaso era un stalker profesional?
— ¿Kari? ¿Todo bien? —la voz de Sam me hizo reaccionar y salir del cuarto de los recuerdos en donde me interné en la memoria de aquella deliciosa noche con TK.
— ¿Eh? Sí, sí…. Te decía… ¿Qué estaba diciéndote? —Sam sonrió y negó con la cabeza—. ¿Qué? —en ese instante mi celular volvió a sonar. Era un mensaje de TK:
TK: Hola guapa, cómo estás?
Y entonces no pude ocultarlo más. Después de todo había pasado suficiente tiempo junto a Sam y me conocía bastante bien, incluso creo que a veces mejor que yo misma.
— Conocí a alguien en una fiesta.
— ¿Ajá? —nos miramos a los ojos por lo que me pareció una eternidad en la que las palabras ardían en mi garganta queriendo salir disparadas pero mi mente seguía tanteando el terreno para saber si era o no seguro soltar una bomba como esa.
— Y me gustó muchísimo, Sam.
Y aquí empieza lo bueno!
