MUTE
Por: Kida Luna
IV: Excepto… que todo sueño tiene un final.
"Kimi wa kikoeru? Boku no kono koe ga
yami ni munashiku suikomareta.
Moshimo sekai ga, imi wo motsu no nara
konna kimochi mo muda de wa nai?"
(Puedo oírte, a pesar de que mi voz
ha sido absorbida por este oscuro vacío.
Incluso aunque el mundo encuentre significado,
estos sentimientos no habrán sido en vano.)
Sorairo Days, Shoko Nakagawa.
A pesar de que estaba muy ansiosa porque Fate y yo saldríamos con todas nuestras amigas, la preocupación de llevarla a un mundo donde los daños y los malos sentimientos existían –eran reales y tangibles-, no me abandonaba aún.
Por más que creía confiar en las palabras de Hayate acerca de que Fate podía cuidarse sola, la verdad era que solamente me engañaba a mí misma.
La idea de que algo malo pudiese ocurrirle, especialmente con su defec… Condición. Que algo le pasase debido a la condición que tenía, no hacía sino asustarme al pensar en que ella era más vulnerable que el resto.
Siempre vi a Fate alegre y radiante, siempre recordándome que no importaba cuántos centímetros creciese o cuánto podía cambiar la percepción de mi entorno al madurar, la juventud y la infancia dentro de mi ser jamás me abandonarían.
Y yo podía sentirlo. Podía verlo cada vez que sus ojos me miraban y me devolvían el reflejo de una Nanoha 10 años más joven. Más inocente.
Más sencilla…
Siempre vi a Fate como la niña –como la luz- a la que debía proteger a toda costa –a la que debía evitar me apagasen-. Me dije a mí misma, inconscientemente, que no podía dejarle sentir nada que fuese malo.
Sin embargo, tristemente, estaba cometiendo uno de los peores errores hacia la persona que más amaba.
El día de hoy Fate misma me enseñaría que, cuando una persona no conoce lo malo, se vuelve incapaz de apreciar lo bueno.
Ella era muda. Y yo una tonta por querer despojarla del mundo en el que tanto se había esforzado en encajar.
-"¿Quieres que te ayude?"
La rubia negó de inmediato, alzando los brazos para sostener mejor la caja grande que llevaba consigo. La mueca de dificultad en su rostro hizo que Nanoha la mirase insegura, por lo que una vez más, alargó una mano para ayudarle.
-"Geez, Fate-chan, no seas… -un empujón cortó sus palabras-. ¡H-Hey, Fate, espera!"
La pelirroja vio a la aludida depositar la caja en la parte trasera de la camioneta; las cejas fruncidas y las facciones ligeramente enfadadas. La ojiazul suspiró y la llamó de nuevo, volviendo a suspirar al verse ignorada.
-"¡Fate-chan!"
-"¡Al fin! –Signum exclamó fastidiada, harta de sujetar el volante sin moverlo durante una hora-. Otro minuto más y juro que te atropellaba a ti, Takamachi. Total que tú puedes gritar por Testarossa."
-"¡Fate-chaaaaaan!" –Nanoha chilló al seguir a la nombrada y cerrar la puerta de la minivan, pasando por alto completamente el comentario de la pelirrosa.
Hayate, que se encontraba sentada atrás junto a Carim, se arrimó hacia delante y tocó ligeramente el hombro de Fate. La última se dio la vuelta y pronto tanto ella como la castaña comenzaron un intercambio de señas y gestos.
-"Acabo de entrar a la Dimensión desconocida" –Signum murmuró al encender el auto y mover el espejo retrovisor, quitando así el reflejo de las manos de Yagami y Testarossa girando a la velocidad de la luz.
Momentos después, fue el turno de la castaña para suspirar mientras regresaba a su asiento, siendo observada por una curiosa Carim. Nanoha la miró expectante.
-"Nanoha-chan –Hayate dijo en un tono de reproche y cansancio-, ¿sabes que no debes ser tan sobreprotectora con ella, cierto? Que no pueda hablar es una cosa, pero en cuanto al resto, Fate es exactamente igual a cualquier otra persona."
-"Mou, eso ya lo sé –se refundió en su asiento-. Yo sólo quería que no se lastimase…"
La mirada de Nanoha bajó al piso del auto durante unos segundos. Luego, la alzó para ver de reojo a su novia, que mantenía la cabeza volteada hacia la ventanilla. Un pequeño mohín de enfado en su cara acentuando los brazos cruzados sobre su pecho.
No queriendo seguir en esa posición, Takamachi se dejó caer sobre la otra, recostando su cabeza en el regazo la rubia. Esta última dio un respingo al sentir el movimiento. En cuestión de segundos, la sorpresa dibujada en su faz dio paso a la molestia.
-"Lo siento…"
Los ojos borgoñas se abrieron, afectados, cuando la pelirroja sujetó entre sus manos la cara de su dueña. Nanoha acarició las mejillas con sus pulgares y su vista se entrecerró con cariño.
-"Lo siento, Fate-chan" –repitió en un murmullo.
Testarossa suspiró entonces. Una sonrisa tranquila se dibujó en sus labios mientras cruzaba miradas con la persona sobre sus piernas.
"Después de todo," pensó al pasar sus dedos sobre los cabellos color avellana, "no puedo enojarme contigo."
-"Aww, ¿no crees que son adorables?"
Signum vio de soslayo a Teana, que era su copiloto. Alzó la ceja al meditar las palabras dichas, dirigiendo un rápido vistazo a su retrovisor. Observó a Takamachi y a Testarossa, a Testarosssa y a Takamachi.
Y finalmente, volvió la vista al volante.
-"No –dijo secamente-. Son cursis, inmaduras, estúpidas… -la conductora alzó los hombros mientras juntaba los párpados-. Son NanoFate."
-"¿NanoFate? –Hayate asomó la cabeza-. Mmm… ¡Me gusta como suena!"
El viaje en carro duró alrededor de una hora y media. Todas nos habíamos puesto de acuerdo para reservar lugares en los campamentos que se situaban a las afueras de la ciudad; y finalmente, luego de varios gruñidos de Signum y continuas paradas para tomar fotografías por parte de Hayate, llegamos.
Apenas bajé del auto y mis pies tocaron el pasto, no pude evitar quedar boquiabierta ante lo precioso que era el sitio. Árboles bordeaban todo, altos y frondosos, mas siempre dejando caer los rayos del sol entre sus hojas; a lo lejos, los cerros se alzaban como monumentos oscuros, borrosos por las nubes que flotaban cerca de sus picos.
Y un pequeño ronroneo llegaba hasta mis oídos, indicando el suave venir e ir de lo que seguramente eran las aguas diáfanas de algún río.
-"Qué bonito que es" –escuché a Carim susurrar, siendo ayudada por Hayate para descender del auto.
No pude más que asentir.
Me hubiera quedado disfrutando del paisaje, de no ser por el nombre que escapó de los labios de Signum.
-"Ten cuidado, Testarossa."
-"Sí, ten cuidado –Hayate suplicó-, ¡eso que tienes en tus privilegiadas manos son mis platos de porcelana!"
-"Ahhh… ¿sabes qué? Olvida lo que te dije, rómpelos si quieres –Yagami vio con incredulidad a Signum-. Aquí, intenta cargar esto también. ¿Está bien? ¿Segura? Si se rompen los platos te digo que no hay problema, pero si se rompe lo otro ahí sí hay problema."
Fate negó rápido con la cabeza y sonrió. Observé por unos segundos a mi novia cargar las dos cajas ofrecidas contra su pecho, una sobre la otra; el gesto de esfuerzo en su rostro y sus ojos entrecerrándose ligeramente hicieron que diera un paso al frente sin chistar.
Quería ayud… ¿Hayate?
-"¿Hayate?"
Ella negó una vez. Yo la miré confundida.
-"Puede hacerlo sola. Si no le permites cometer errores, jamás aprenderá de ellos ni nunca conocerá sus propios límites. No la pongas de vuelta en la constante burbuja de la que tanto ha luchado por salir."
El tono melancólico y los ojos brillantes de Hayate captaron mi atención, así como sus palabras, que no habían sido proferidas en un humor más alegre. La miré por unos instantes más, antes de dirigir la vista hacia una Fate que depositaba las cajas en el suelo, volviendo enseguida para continuar ayudando a Signum.
-"No me malinterpretes, adoro a Fate-chan como si fuera la hermana menor que nunca tuve, y no tienes idea de lo contenta que me hace verla feliz a tu lado. Pero debes entender –en este punto, Hayate volteó a verme con una mezcla entre la añoranza, el orgullo y la decepción-, no eres la mujer maravilla, Nanoha. No puedes cuidarla de todo por mucho que quieras. Yo confío en Fate."
-"Hayate…"
-"¿Y tú…?"
-"¡Hayate-chan! ¿Podrías darme una mano con las tiendas?"
La castaña corrió de inmediato hacia donde estaba Carim, quien ya intentaba poner en pie la primera de las tres tiendas que compartirían. Nanoha se mantuvo de pie en su lugar un rato más, contemplando con ojos perdidos a la rubia que parecía asentir atentamente a las estrictas instrucciones que Signum le daba.
-"¿Estás bien?"
Nanoha parpadeó.
-"Vamos, Nanoha, no seas floja. Nosotras también debemos ayudar; anda que entre más pronto acomodemos este desastre, más rápido podremos ir a disfrutar de un baño al aire libre."
La palmada en la espalda y el guiño de ojo que Teana le ofreció, lograron levantar los espíritus de la pelirroja, que se acercó a las demás para cooperar. Estuvieron así por un tiempo, con Carim intentando poner en pie las tiendas mientras Yagami la abrazaba por sorpresa por la espalda a cada tanto, haciendo que los esfuerzos de la primera en armar un lugar para dormir fueran en vano.
Teana entonces trataba de despegar a la castaña de su novia en lo que Fate a ojos cerrados sujetaba a Signum por la cintura, quien hacía mucho que se arrepentía de no haber aventado a Hayate en la carretera cuando pudo.
Ahí era cuando Nanoha entraba, aplaudiendo para llamar la atención y riendo nerviosamente; su propósito siendo el traer la calma al sitio. Lo cual parecía funcionar… por 30 segundos.
-"¡CARIM, TE AMO!"
-"¡Oh por Dios! ¡Alguien quítemela de encima, si vuelvo a armar de nuevo esta maldita tienda yo voy a…!"
-"¡Suéltame, Testarossa! ¡10 años por homicidio es mejor que un día entero con ella!"
-"¿Nyahaha… ha?"
-"Ahh… el agua es tan refrescante…"
-"Tienes suerte de que Carim te quiera tanto como para mantenerte a la otra orilla del río" –Signum susurró, cerrando los párpados e ignorando a la castaña que le sacaba la lengua a lo lejos.
Nanoha sonrió al sentir el cuerpo de Fate entre sus brazos estremecerse, producto de las risas que intentaba ocultar tras su mano al ver las amenazas de Signum y las bromas de Hayate. La ojiazul suspiró y apretó contra sí a la rubia, contenta de poder verla tan feliz.
-"Aww, qué lindas –Nanoha se sonrojó ante el comentario de Tía-. En verdad que hacen una bonita pareja."
-"Nyahaha, ¿t-tú crees?"
Fate alzó el rostro para mirar con curiosidad a la pelirroja.
-"¡Nu, huh! Más les vale que no se pongan toda juguetonas frente a nosotras. El que estemos en toalla no quiere decir que puedan meterse mano."
-"¡H-Hayate!"
Nanoha y Fate gritaron al mismo tiempo, aunque la última sólo haya movido los labios. Mas antes de que Takamachi pudiera reprocharle, dos manos fueron a las mejillas de Yagami para estirarlas.
-"¡Mou, Hayate-chan, tienes que aprender modales! –Carim la regañó desde atrás, ignorando los chillidos y chapoteos de la otra-. ¡Una señorita no se comporta así!"
Signum casi se atraganta con el comentario.
-"NADIE… con una inteligencia arriba del promedio se comporta así" –agregó la pelirrosa, inofensivamente.
-"¡Dímelo en mi…! –el rostro de Yagami fue rápidamente sujetado y volteado por Carim, que le estampó un beso en la boca para callarla-. ¡MMPPHHH!"
¡SPLLAAAASSH!
El peso desbalanceado de la castaña y el agregado por la rubia, hizo que ambas se fueran de pico contra el agua, empapando a Signum y a Teana en el proceso. Fate volvió a reír ante ello, sobre todo después de ver a la pelirrosa y a Lanster hacer equipo para ahogar a cierta ojiazul hiperactiva.
-"¿Te estás divirtiendo?"
El susurro suave e impreso en cariño de Nanoha la hizo girar el rostro para verla. Fate asintió despacio, mostrándole una sonrisa sincera. La pelirroja le sonrió de vuelta.
-"Me alegra saberlo" –dijo al acariciar sus cabellos.
La sonrisa en los labios de Testarossa se amplió, gustosa de recibir aquella muestra de afecto. Echando una última ojeada al cuarteto que comenzaba a salpicar por todos lados, se puso de pie y tomó la mano de su pareja en silencio.
Y de la misma manera, la instó a que saliera y la siguiera a través del bosque nocturno.
Caminamos un largo trecho, con su mano sujetando la mía y nuestros dedos entrelazándose igual. Para cuando nos detuvimos, me hallé frente a una gran roca que encaraba un pequeño pero brillante manantial.
Fate soltó mi mano y se sentó en la gran piedra, haciéndome señas para que tomara asiento a su lado. Una vez hecho, no pude evitar dejar mi mirada vagar por el enorme cielo añil arriba de nuestras cabezas; mis ojos tratando de grabar los miles de puntos destellantes que nos veían desde allá.
Sonreí sin querer. Una mano se posó sobre la mía y yo me volteé a verla a ella. Era bellísima. Fate brillaba con el resplandor de la noche y la toalla en su cintura le daba un toque sensual a su ser inocentemente pueril; casi como si la niña y la adolescente se fusionasen en una sola, por y para mí.
Fate entonces me miró con ojos entrecerrados, llenos de cariño, y después se puso de pie. Se colocó al frente mío, en la orilla de la roca, dándole la espalda al manantial que fluía debajo.
Por instinto, abrí la boca y estiré mi mano, queriendo atraerla hacía mí. Hacia donde ella estaría segura, fuera del alcance de cualquier peligro. Hacia mí, quien la protegería, con quien no se lastim…
"Yo confío en Fate. ¿Y tú?"
Me detuve.
Y el segundo en el que me detuve, sin moverme de mi lugar, fue suficiente para que Fate pudiera decirme que tenía que saltar; no porque quería hacerlo, sino porque podía hacerlo.
Y yo tenía que entender eso.
Tenía que darme cuenta que, mi amor debía ser más grande que la necesidad de tenerla a mi lado o que el miedo a perderla.
No al revés.
¡SPLASH!
Me puse de pie al instante en que Fate se dejó caer de espaldas, sumergiéndose en el agua abajo y levantando consigo remolinos de espuma en la superficie. Me asomé preocupada, buscando de derecha a izquierda algún signo que me dijese exactamente en qué lugar se encontraba –y si acaso ella se encontraba bien-.
Aún siendo algo estúpido, porque Fate sabía nadar, no pude reprimir el suspiro de alivio que abandonó mi pecho al ver su cabeza salir del manantial. Se sacudió un poco y luego alzó la vista para verme.
Acomodó un mechón tras su oreja. Después, colocó ambas manos por encima del agua y las movió de adelante hacia atrás, pidiéndome que fuera con ella.
Me senté de nuevo en la roca entonces, pero esta vez me dejé resbalar hacia abajo, descendiendo y provocando que el agua se disparase hacia todos lados. Para cuando llegué a la superficie y pude aclarar mi visón, me di cuenta que Fate-chan había nadado hasta mi lado.
Ella me señaló en ese momento. Yo me mantuve callada, pues su mirada tranquila pero seria era suficiente para saber que quería decirme algo.
Su mano derecha paró de apuntarme para hacer la cabeza de un toro, con sus cuernos siendo los dedos meñique y pulgar. Luego llevó ese mismo gesto hasta su pecho; una vez allí, abrió la palma por completo, manteniendo el pulgar separado de sus demás dedos. Separó la mano de sí misma entonces, señalando el cielo, y agitándola de derecha a izquierda; finalmente, junto las yemas de sus dedos, mientras cada una de sus manos se alternaba para tocar sus labios, como si estuviera comiendo pequeños bocados de comida.
A diferencia de la mayoría de las veces, esta vez ella no sonrió, simplemente me observó con paciencia.
Dejé mis hombros caer y mostré una sonrisa algo triste. Quería bastante a Fate, mi intención nunca fue hacerla sentir mal o menos que los demás.
…pero al parecer, mis acciones sólo demostraban lo contrario.
-"¿Tú y yo tenemos que hablar, ne?" –repetí lo que me había dicho, desanimada.
La rubia sujetó su mano y la guió hasta la orilla. Ya allí, la soltó, para poder acomodar sus brazos sobre el pasto joven y su cabeza sobre los primeros; Nanoha la imitó, disfrutando de la brisa en su cara y de la sensación refrescante del agua cubriendo la mitad de su cuerpo.
De repente, los ojos cerrados de la ojírubi se abrieron y contemplaron el vasto cielo que les vigilaba. Tal y como estaba, las manos de la rubia hablaron por ella de nuevo; todas sus mímicas fueron suaves, jamás perdiendo su propio ritmo gentil y sin una pizca de prisa presente en ellas.
Ahora fue el turno de Takamachi para quedarse callada durante todo el rato que duró aquella conversación. Sus pupilas azules prestaban atención a la joven a su lado y a cada uno de sus gestos, tanto en el rostro como aquellos hechos por sus manos; la pelirroja se dio cuenta también que Fate no sólo lo hacía así porque no quería romper el tranquilo momento que compartían, sino porque trataba de hacerle la interpretación lo más fácil posible.
Durante su charla, Nanoha no habló con Fate, la niña dulce; tampoco con Fate, la lozana muchacha de pasos ligeros. Habló por primera vez, en sus lugares, con Fate Testarossa, la mujer adulta que se presentaba esa noche ante ella para enseñarle todo lo que la vida le había enseñado a ella, lo duro que había sido el proceso y lo bastante –aunque pareciera poco ante los ojos de los demás- que ella había atesorado a través de sus experiencias –buenas o amargas-.
Le dijo, que tener un lenguaje como el suyo se volvía uno muy solitario casi a dondequiera que fuese; le reafirmó también que sí, que en efecto, ella era muda desde que tenía uso de razón y seguramente así como nunca había podido decir "mamá" o "papá" en sus primeros años de vida, tampoco diría "Acepto" o "Bienvenida a casa" en lo que fuesen los últimos.
Sin embargo, le corroboró de igual manera que quizás ella no podía expresarse como el resto, pero que podía caminar como ella, sentir como ella, reír como ella y llorar como ella (no importase si nunca nadie escuchaba sus risas o llantos). Así como todos, le explicó que había cosas de las que era capaz, cosas en las que era muy buena; y otras, por supuesto, que le eran imposibles o le salían bastante mal.
Le contó, en una seria de formas y figuras manuales, que muy en el fondo ella se sentía muy feliz de ver lo mucho que Nanoha se esforzaba por cuidarla todos los días. Era un lindo detalle, y algo que nunca nadie se había molestado en hacer por tanto tiempo desde el momento en que la conociese (Hayate era una excepción, claro). Pero para Fate, la idea de albergar, de comunicar y de que un sentimiento y mensaje de tal magnitud pudiera ser comprendido y retroalimentado, era algo que ni en sus más anhelados sueños habría podido maquinar.
Porque el mundo ya era bastante exigente con las personas normales, que siempre querían más, Fate había aceptado querer menos (y aparentemente, ese menos siempre había hecho a la gente más feliz). No deseaba lo de otros, ni siquiera se molestaba en decirles que el mayor problema que podía existir no era saber apreciar el valor de las cosas perdidas.
El mayor problema era que ellos, que la gran mayoría, jamás (o muy tarde) descubría el verdadero valor de compartir las cosas importantes. Porque Fate veía al mundo (aunque el mundo no la veía a ella) y le prestaba atención todos los días, se había dado cuenta de eso muy rápido y a muy temprana edad.
La realización de su alrededor, y principalmente de ese descubrimiento, le ayudó a crecer mucho. Así se lo manifestó a Nanoha. El mundo y todo lo que habitaba en él, aunque ajenos a Fate, habían sido sus maestros durante el transcurso de su vida (y aún lo seguían siendo).
Ella había sobrevivido desde el comienzo sin Nanoha (y aquí le remarcó que no por eso le había hecho menos falta), por lo que ahora que estaba a su lado, podía seguir haciéndolo. Y Fate la entendía, le dijo. Entendía lo que era tener algo que uno quiere y no querer que algo o alguien más venga y lo rompa, o lo tome o lo dañe irreparablemente.
Lo entendía porque de igual manera deseaba proteger a Nanoha. También deseaba hacerla feliz. Pero era importante, y esto volvió a repetirlo en el patrón de sus manos, que comprendiese que ella necesitaba ser rota o lastimada como todos los demás; precisamente, porque ella era igual (no era más ni era menos) que los demás.
Quería encontrar su propia fuerza, saber qué tan lejos podía llegar y estar orgullosa de sí misma por haber logrado cosas que en un principio no creyó conseguirlas.
Siempre amaría a Nanoha, siempre adoraría verla reír, siempre querría colgarse de su brazo, pasar las noches con ella o sentir su corazón sincero latir fuertemente por el suyo, aunque este último no pudiese hablar como ella.
Segura estaba de que siempre sería dichosa si Nanoha estaba ahí.
Pero si iban a convivir juntas, si iban a entenderse como una sola, Fate necesitaba que Nanoha entendiese que a diferencia suya…
El mundo no iba a estar siempre esperando por Fate.
Avanzada la noche, las dos caminaron de vuelta al campamento, en silencio, el toque de sus manos la única señal de que seguían una al lado de la otra. Apenas llegar, se cambiaron en ropas para dormir, pero mientras Fate se acostaba, Nanoha optó por salir un rato.
La rubia sólo le sonrió con calma, consciente de que su compañera quería pensar las cosas a solas.
La ojiazul le devolvió la sonrisa y salió de la tienda. Se dirigió hacia la fogata que ardía en el medio; ya cerca, se sorprendió un poco al notar a Hayate sentada en el tronco, quien se sorprendió de verla también.
-"¿Te importa?"
-"Mhmp –Hayate palpó el lugar a su lado-. Me alegra que hayan vuelto sin ningún percance. De haber amanecido hubiéramos tumbado el bosque abajo para hallarlas."
-"Lo siento –respondió en voz baja, tomando asiento-. Teníamos que atender el asunto a solas."
-"Ahhh, ya veo –una sonrisa torcida se formó en su rostro-. Eso de tener una novia que no gima mientras tus amigas están cerca, ¡wow, sí que mola!"
-"¡H-Hayate! ¡Y-Yo n-no hablaba de eso!"
-"Está bien, está bien –batió la mano al aire-. No es que seas mala en la cama, de todos modos no es como que Fate-chan pueda gemir o esas cosas."
-"¡Mou, Hayate! Deja de decir esas cosas…"
-"Ahhh… Alguien tiene la cara sonrojada aquí…"
-"¿Podrías parar?"
-"Suertuda –la castaña rió, ignorando a su amiga-. Me pregunto si Carim habrá traído un par de pañuelos."
-"¿Para qué?"
-"Para ver qué tan excitante es el silencio."
-"¡HAYATE! ¡Mou! –Nanoha se dio un golpe en la cara-. ¿Podrías ser seria, por favor?"
La aludida rió suelta, mostrándole la lengua segundos después. La ojiazul suspiró y dejó caer su cabeza; su mirada que se mantenía viendo hacia delante se quedó fija en el fuego que crepitaba al frente.
Luces blancas y amarillas iluminaron el rostro de la pelirroja, cuyas pupilas parecían insondables, perdidas en algún punto más allá del espacio que estaba compartiendo con la persona a su lado.
El ruido de un tronco caer, la madera achicharrarse y el calor de las chispas que saltaron, la hicieron retroceder asustada. Hayate tan sólo la miró de reojo y le sonrió de manera enigmática.
-"¿Te dio la plática, cierto?"
Nanoha la volteó a ver confundida, encontrándose con que ahora los ojos de la castaña se prendaban de la llama que bailoteaba sobre la leña reunida.
-"Puedo hacerme un poco la idea de qué te ha dicho Fate-chan. La verdad es que aún para mí es difícil leerla por completo; a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que la que no conoce bien el mundo eres tú y no ella. ¿Tiene que ver con lo de esta mañana, verdad?"
-"Desde antes, para serte franca –Nanoha se dedicó a contemplar la fogata igual-. Tal vez he tratado de cuidarla de más; no puedo evitarlo, es que cuando la miro… Cuando yo la miro…"
-"¿Se ve tan pequeña e inocente?"
Takamachi asintió. Sus manos se entrelazaron y ella apretó sus dedos los unos contra los otros, queriendo confortarse a sí misma.
-"¿Sabes? Cuando era pequeña recuerdo haber estado enferma un tiempo. Me gustaba estar con Fate porque aunque ella cuidaba de mí, su manera de verme no era como el resto; no era pensar que Hayate podía caerse de la escalera o podía desmayarse o el mal clima la va a matar…"
-"Nyahaha, qué va –la pelirroja volteó a verla para mostrarle la lengua-. Ni que el mundo fuera tan afortunado para deshacerse tan fácil de ti."
-"¡Eso es lo que yo les decía siempre! –Hayate exclamó entre risas-. Pero, ¿sabes? Es que entre más se esforzaban en cuidarme, más enferma me hacían sentir."
La sonrisa melancólica en el rostro de Yagami conmovió a Nanoha, que alargó una mano para sujetar la suya, queriendo animarla.
-"Realmente dije la verdad cuando te mencioné que me alegra que estés con Fate. Y no te digo que no la cuides, sólo digo que aprendas la forma correcta de hacerlo –la castaña separó su mano de la de su amiga mientras le sonreía simpáticamente-. Observa, y verás que Fate puede hacer tantas cosas. Y cuando ella sienta que no puede más, ten por seguro que no dudará en ir a buscarte."
-"Hayate…"
-"Confía en ella, porque ella confía en ti, Nanoha-chan."
La aludida estaba a punto de responder cuando el paso de una tercera persona las hizo voltear hacia el frente a ambas. La nueva ojiazul que se integraba al trío las miró extrañada, de pie donde estaba y con un vaso de agua en su mano.
-"¿Qué están haciendo aquí afuera?" –Signum alzó una ceja.
La pelirroja quiso responder, mas la castaña se le adelantó. La más baja hizo dos puños y los agitó de arriba hacia abajo una vez, como si colocase algo sobre una mesa. Luego, puso recto su brazo derecho y abrió la palma, mientras situaba su mano izquierda por arriba, sin hacer contacto; su dedo medio acarició tres veces el dorso de su mano derecha, cual si estuviera barriendo polvo.
Hayate le sacó la lengua enseguida.
/ Estás quesa. / (1)
-"¡¿Qué ray…? –Signum cortó la frase al oír una risa y volteó a ver a Nanoha de inmediato-. Takamachi, ¡dime qué demonios me dijo esa pulga de Yagami para que pueda golpearla con tranquilidad!"
-"Nyahaha, n-no sé a qué te…"
-"¡Buenas noches! –la miró rápido-. ¡El silencio en la intimidad te acompañe!"
-"¡Ni se te ocurra, Yagami! ¡No huyas, cobarde!"
Signum estuvo a punto de taclear a la castaña que se levantaba y salía en carrera hacia su tienda. Sin embargo, bastó sólo una mirada de reojo al rostro de su mejor amiga para saber que algo no cuadraba allí.
-"¿Nanoha?"
La nombrada la miró a los ojos, sonriéndole con amabilidad.
-"Está bien. Puedes ir a por Hayate, seguro que todavía no se ha dormido" –agregó, arrojando otro trozo de leña al fuego.
-"Mañana me las arreglaré con ella. De todos modos, si entro ahora Carim no me dejara acercarme –Signum suspiró divertida mientras encogía los hombros-. ¿Segura que estás bien?"
-"Mhmp."
Las pupilas oscuras de Signum estudiaron a su compañera, cuyos ojos habían quedado hechizados por las llamas inquietas y el humo que se desprendía al aire.
-"Estoy bien –susurró apenas-. Sólo estoy aprendiendo algo nuevo."
Sonrió un poco.
Cerré con cuidado la tienda y me metí bajo las sábanas, abrazando por la cintura a Fate. Sonreí con vergüenza cuando se dio la vuelta entre mis brazos para poder darme la cara.
-"Perdón –murmuré-, no quería despertarte."
Ella tan sólo negó, devolviéndome el abrazo y recostando la cabeza en mi pecho.
Acaricié lentamente sus largos cabellos y en una voz muy baja le dije que había pensado acerca de lo que me había dicho en el manantial. A pesar de las altas horas, decidí expresarle mis sentimientos e ideas a Fate.
Esta vez, era mi turno de hablar.
Me acurruqué junto a ella y le pedí disculpas por si alguna vez la había hecho sentir mal. Volví a decirle lo mucho que la quería, como lo había hecho bastantes veces, y que solamente quería que tuviera lo mejor, aún si no estaba segura de ser yo lo mejor para ella.
Quise que supiera que como muchas personas, uno de mis profundos sueños era compartir la vida con alguien; pero que el haberla conocido, simplemente superaba todos esos estándares.
Fate siempre sería el tesoro que nunca me imaginé podría encontrar, uno del cual cada día de mi vida me preguntaba si acaso yo en verdad merecía. La persona que más amaba era una persona maravillosa, una persona con sentimientos tan sencillos y tan tangibles que a veces sentía ganas de llorar.
La abracé fuerte mientras le decía que confiaba en ella, que la creía alguien muy capaz y que yo me esforzaría por comprenderla mejor. Que aunque la cuidase menos, yo la querría más. No importaba si Fate no podía hablar o no podía articular las palabras más sencillas, yo siempre la escucharía.
Y tenía razón en cuanto a lo que me había dicho. Hasta el último de mis días yo tendría un lugar en mi corazón que era suyo; en cambio, el mundo que nos rodeaba, la olvidaría por completo.
Porque ella deseaba vivir tanto como pudiera, y porque yo deseaba verla feliz, le prometí que yo sería su voz y compartiría sus alegrías y sus lágrimas cada que ella voltease la vista para buscarme a mí.
-"Fate –la llamé, juntando su frente con la mía-, ¿cuando estás conmigo…?
Una mano acalló mi boca, y pronto, unos labios suaves se deshicieron de las palabras que habían intentado salir. Fate se separó de mí, despacio, un poco.
Su mano derecha en su pecho imitó a un toro; luego, sin prisa, señaló hacia arriba mientras giraba la muñeca. Las yemas de sus dedos acariciaron su pecho entonces, dibujando círculos en él.
No pude contener la sonrisa que se esparció en mis labios al leer sus gestos. Mis párpados se cerraron cuando ella volvió a acurrucarse junto a mí.
En ese momento le confesé que era lo único que tenía en este mundo, y que si algún día la perdiese, yo me moriría sin remedio. Pero Fate negó, movió sus manos en un acompasado y somnoliento ritmo, mientras los ojos le pesaban y el sueño mermaba sus fuerzas.
Yo alcancé a ver la promesa que me pedía, una donde sus pupilas borgoñas y suplicantes querían verme recorrer el mundo que me había recibido hasta el final; no importase si estuviese o no ella conmigo.
Sonreí con tristeza al contemplar sus párpados cerrarse al fin. Acaricié sus cabellos y aspiré el perfume que desprendía su piel. Pensé, que yo no era lo suficientemente fuerte para pasar incontables noches con la ausencia de su sonrisa o abrazos.
Le prometí, que si la hacía feliz, yo trataría de que mi vida fuese tan larga como debía aún si por dentro me arrepentía de no tenerla a mi lado.
Pero mientras ella dormía, yo me preguntaba si podría cumplir algo así.
Francamente, esperaba estar a su lado siempre, reír juntas, llorar juntas, caminar juntas y envejecer juntas. Morir juntas, dije en mi mente, para que el mundo no se volviese un sitio solitario lleno de bonitos mas dolorosos recuerdos.
Así lo deseé.
Así acepté su promesa. La de llevar a cabo un sueño que no podría durar eternamente, un sueño que cuando acabase, acabaría la realidad también.
Escondí mi rostro en su cabello y cerré los ojos.
Sabiendo que Fate dormía, yo le susurré que el día que ella muriese me gustaría morir también. Y de esa manera… de esa manera…
Yo podría estar a su lado en un nuevo mundo, para siempre.
Un mundo donde nada fuera imposible. Ni para ella, ni para mí.
Nanoha le pregunta a Fate sobre sus sentimientos cuando está con ella y Fate la interrumpe.
"Yo soy feliz."
(1) Estás quesa: Estás mal de la cabeza, idiota, loca, etc.
Primero que nada, quiero aclarar que este capítulo no estaba planeado. Si son felices y les acomoda a ustedes, pueden considerarlo el final de la historia. Si no les importa mucho eso, pueden leer también el verdadero final que subiré en unos días.
Hago esta aclaración porque el final es el que debería estar subiendo ahora, pero debido a que es un salto rápido, tenía que mostrar primero que la relación de Nanoha y Fate es seria y por lo tanto, ambas deben crecer y madurar como pareja.
Son libres de considerar el último capítulo el final de la historia, un final alternativo o un capítulo extra, así como son libres de no leerlo. Eso es todo lo que tengo que decir al respecto.
Agradezco bastante la atención de quienes se molestan en leer el fic, y disculpen toda la palabrería anterior de antemano. Saludos y espero que la lectura haya sido de su agrado.
Este capítulo va dedicado a mi beta Nita-chin, porque a pesar de que quiera golpearme, quiero que sepa que sus consejos los aprecio muchísimo; además de que son una buena excusa para poder hablar con ella.
Te he extrañado mucho, Nita. Y aunque sé que MUTE no ha cumplido todas tus expectativas, espero al menos no haberlo hecho tan mal. Gracias por escucharme ^^
Kida Luna.
