No fue hasta después de la cena, cuando Takao fue a buscar en su bolsa el reproductor de música portátil para poder tirarse en la cama medio desnudo mientras escucha sus grupos de punk-rock favoritos, cuando se dio cuenta de que esa no era su bolsa (a judgar por lo limpia y no-dañada que estaba) y de que Midorima debió haber cogido la suya por error en la huida desesperada por entrar a su casa.
Se rió levemente al recordar la cara que había puesto el otro cuando había sido pillado tamborileando los dedos. Takao ni siquiera iba a reírse (al principio) de él, sólo estaba algo placenteramente sorprendido de que aparentemente a Midorima no le desagradasen sus canturreos, sino todo lo contrario, al parecer.
Simplemente iba a preguntarle qué tipo de música escuchaba y si conocía la canción que estaba tarareando por casualidad. Al fin y al cabo, aunque pasaban la mayor parte de los días entre semana juntos en clase, en los entrenamientos y (extrañamente) a la hora de comer (por razones que desconocía había ocurrido una vez y el resto de días a partir de entonces a pesar de que ni siquiera eran amigos) Takao debía reconocer que no sabía nada del otro a parte de lo que ya sabía el resto de la gente a su alrededor (su extraña obsesión por los horóscopos y Oha Asa, su orgullo y altanería entre otros) y las cosas que había captado mientras lo observaba (sus manías más pequeñas, todas las veces que se arreglaba las uñas, el delicado modo en que vendaba y desvendaba sus largos y elegantes dedos, como empujaba sus gafas cuando estaba nervioso o avergonzado, su bebida favorita...).
No era poco, y estaba algo sorprendido ahora que pensaba en ello. Pero a parte de eso, nada. Sabía que su signo era cáncer, pero no el día de su cumpleaños. Tampoco sabía si tenía hermanos o hermanas o a qué se dedicaban sus padres.
Teniendo en cuenta su actitud, era más que factible que fuese el hijo único mimado, pero al que exijan bastante. O quizás era el pequeño de la familia, muy mimado también, y que peleaba por ser mejor que su elegante y hermoso y perfecto hermano, que era super perfecto, de esos tan perfectos que daban nauseas y contra el que Midorima luchaba por quitarle el trono a pesar de que sus padres no le exigiese que sea tan perfecto porque su hermano ya era diabólicamente perfecto y...
Takao debía dejar de unirse en el salón a ver los dramas a los que su madre y hermana pequeña estaban enganchadas.
Miró de nuevo a la bolsa. ¿Qué debería hacer? Tenían deberes que hacer para el día siguiente. Takao no tenía intención alguna de ponerse a resolver todas las ecuaciones logarítmicas (no tenía ni puta idea de cómo hacerlo de todas formas), pero seguro que Midorima se estaba tirando de los pelos en aquellos instantes.
Bueeeno, había sido su culpa, así que se jodiese un ratito.
Y, hablando de conocer mejor a su compañero. Aquella era una buena oportunidad, ¿verdad?
Sin pensárselo dos veces, se sentó en la cama con la bolsa de Midorima en su regazo y abrió la cremallera para inspeccionar el interior, pidiendo perdón mentalmente por atentar contra la intimidad de otro ser humano (a pesar de que estaba un 75% seguro de que Midorima Shintarou era, para sorpresa de nadie, alguien de otra galaxia).
La ropa usada del entrenamiento, talla, sus libros y materiales del instituto, un pañuelo un poco (demasiado) femenino y lleno de flores...
Bah, qué aburrido. O al menos lo fue hasta que se encontró con el teléfono verde de Midorima en uno de los bolsillos exteriores.
Lo abrió rápidamente, dispuesto a curiosear, pero paró en seco al ver el salvapantallas verde.
¿Debería mirar?
Si hubiese sido de alguna otra persona quizás hubiese curioseado sin pensarlo. Pero aquel era el teléfono de Midorima... Si miraba y el otro se enteraba rodaría su cabeza.
Entonces se percató de que si él tenía el teléfono de Midorima, Midorima tendría el suyo, que también estaba guardado en su bolsa. Podría llamar a su propio teléfono y preguntarle qué hacer respecto al cambio de bolsas. ¿Querría sus libros de vuelta inmediatamente? Según el reloj del teléfono apenas eran las siete de la tarde y, a pesar de estar entrando en otoño, todavía no oscurecía demasiado temprano.
Decidido, Takao comenzó a teclear su número para llamar al otro, pero... ¿No sería demasiado aburrido hacerlo?
Una super-genial idea se formó entonces en la altamente rápida y buena analizante (esto de tener un vocabulario extenso no era lo suyo) mente/cerebro/ músculo pensandor (sólo a veces) de Takao.
Claro que no funcionaría si Midorima no hacía caso alguno al pitido de su móvil... Pero por probar no perdía nada.
¡Listo para la diversión! A teclear.
"K llebas puesto guapo?"
¡Enviado!
Takao cerró el teléfono y se tiró en la cama boca arriba, riéndose sólo. No tenía el número de Midorima en su teléfono; por lo que seguramente se llevaría un pequeño susto hasta darse cuenta de que había sido enviado desde su propio móvil. Juasjuas. La pena era no poder ver la cara de Midorima en aquel momento.
Segundos después el teléfono de Midorima pitó y vibró, con la pantalla iluminada.
¡Qué rapidez al contestar!
"No la horrible ropa que tú vistes, desde luego."
Takao se giró, poniéndose boca abajo, riéndose solo con la respuesta de Midorima. Aún cuando estaba siguiéndole el juego sonaba totalmente molesto con el mundo. Sonaba muy Midorima.
"Komo t pasas conmigo, Shin-chan! Mi ropa esta a la moda y la tuya... Parece sacada de un rastrillo lleno de ropa de personas ya muertas"
Menos mal que el otro no podía verle reírse como un loco, sólo en su cuarto, ni alcanzarlo para darle una buena paliza.
"¡Mi ropa tiene clase, Bakao! No sé ni por qué me molesto. A judgar por tu horrible ortografía dudo siquiera que puedas comprender mis palabras por completo."
"Stamos ablando x mensajes shinchan! No tiens xq scribir todas las letras se entiende igual."
"No tengo intención de seguir enviando mensaje alguno a menos que COMO MÍNIMO escribas todas las letras"
Takao volvió a sonreír y reírse en alto, casi podía oír a Midorima cagarse en todos sus muertos.
"Bueno bueno vaaaaaaaaale! No te pongas asi hombre controla las mayuuuuuuuuuuusculaaas! Mira contento? Mira cuantas letras"
"Muere, Bakao."
"Pfffffffffffffff, jajajajaja fue bonito mientrs duro."
Teniendo en cuenta que normalmente, hasta donde Takao tenía constancia, la única persona que le enviaba mensajes era Kise y siempre le mandaba a morir a la primera contestación... ¡No estaba nada mal! Takao apuntó mentalmente su record en tres mensajes consecutivos sin que le enviase a morir.
¡Nada mal!
Takao rodó un poco en su cama de un repentino buen humor, haciendo que todas las sábanas se saliesen de su sitio y se arrugasen, cuando el teléfono sonó de nuevo.
"Baja a la calle inmediatamente"
¿Eh? ¿Bajar? ¿Para qué?
¡¿En serio?!
Vale, calma. Seguro que no había corrido todo el camino desde su casa sólo para matarlo por el comentario de la ropa. Pero Midorima no sabía dónde vivía...
…
¿No?
Decidió que lo mejor sería bajar a comprobarlo, pero antes de eso se tomó algo de tiempo para hacer... Ciertas preparaciones. Una vez terminadas se volvió a poner la camiseta y se puso la chaqueta del chándal del equipo, pero sin molestarse en quitarse los pantalones horriblemente cortos que usaba cuando estaba solo. Cogió la bolsa de Midorima, metió todas las cosas que había revuelto en su sitio y salió a la calle en chancletas después de gritarle a su madre, que estaba en el salón viendo la tele, que volvería en unos minutos.
Ya fuese para matarlo o no, allí estaba Midorima con su cara de "acabo de ver a la madre de Bambi morir y estoy extremadamente enfadado" y la bolsa del colegio de Takao colgando de dos dedos, como si estuviese infectada con el virus letal que lo convertiría en zombi y que lo obligaría a comerse el cerebro que Takao no tenía.
– Mi ropa no está anticuada.
Aquello fue lo primero que dijo Midorima nada más vio aparecer al otro. Takao iba a echarse a reír y retorcerse en el suelo, pero no le dio tiempo: Shin-chan le dio un buen golpe en toda la cara con su bolsa de deporte y agarró la suya propia, quitándosela de un tirón al más bajito, que pilló la suya de milagro antes de que cayese al suelo después de colisionar dolorosamente contra su nariz.
– ¡No hay por qué ponerse tan a la defensiva, joder! – Takao se frotó la nariz; saber que iba a ser golpeado no servía para amainar el dolor de todas formas – ¿Qué prefieres, que te lo diga yo que soy tu amigo o que el resto del mundo se calle y no te diga nada? ¡No puedes ir haciendo el ridículo por la vida!
– Cállate, Takao. Ni siquiera somos amigos.
Takao hubiese mentido al decir que las palabras de Midorima no le habían afectado en lo más mínimo.
– ¡Ah, por supuesto! – exclamó, sonando algo más irritado de lo que pretendía – Te crees demasiado bueno como para tener amigos, ¿eh? Por eso no tienes ninguno. Porque nadie te aguanta.
Se arrepintió de lo que había dicho nada más las palabras escaparon por sus labios.
Midorima abrió más los ojos al escucharlas, sorprendido. Abrió la boca, indignado al parecer, seguramente dispuesto a probar que Takao se equivocaba y que sí que tenía amigos, pero volvió a cerrarla sin llegar a decir nada.
El estómago de Takao dio un horrible vuelco. No sabía qué decir.
– Oye, Shin...
– Cállate – Midorima lo interrumpió, y la desconocida expresión de su rostro hizo que Takao diese un paso atrás – Supongo que tienes razón, al fin y al cabo.
Midorima se giró, dispuesto a irse, pero Takao agarró con rapidez el borde de su chaqueta del uniforme.
– ¡Shin-chan, espera! – exclamó, y para su sorpresa el otro hizo caso y se giró, poniéndose las gafas en su lugar, tapándose así efectivamente la cara – Lo siento, ¿vale? – calló un momento, pensando qué decir. Si lo dejaba pasar sólo iría a peor, y Takao era el tipo de persona que decía todo lo que piensa a la cara – No lo decía en serio, lo he dicho sin pensar. Sí que es cierto que eres bastante insufrible... – Midorima gruñó, molesto, cosa que hizo que Takao se calmase considerablemente y sonriese sin forzarse a hacerlo – ¡Admítelo! Lo eres, a veces. La mayor parte del tiempo, en realidad – Midorima volvió a hacer un ruedo grave de protesta – ¡Vale, vale! No, de verdad. He dicho todo eso porque... Bueno, tus palabras no han sido amables precisamente, ¿sabes?
El otro pareció contemplar sus palabras por unos segundos.
– ¿Te ha molestado que te mande a callar? – dudó Midorima – Porque, sinceramente, no pienso dejar de mandar que te calles. Porque a veces, por no decir todas las veces, deberías callarte la boca. Hablas hasta por los codos.
Takao suspiró pesadamente y sacudió la cabeza, sorprendido con la rapidez con la que Midorima volvía a ser él mismo (aunque realmente no debería ni sorprenderse). De verdad; sabía que el tipo no era el bicho más sociable en la faz de la tierra, pero ser tan retardado socialmente no podía ser muy normal.
– No me ha molestado que me mandes a callar, aunque podrías controlarte un poco, ¿eh?
– Mis sentimientos exactamente. Podrías controlarte un poco tú también.
"Urgh, vale, touché" pensó Takao para si mismo y rodó los ojos, cruzando los brazos a la altura del pecho; ya estaba oscuro y comenzaba a hacer frío.
– Ya he pedido perdón por lo que he dicho, ¿no? – alzó las brazos al cielo – ¡No hay mucho más que pueda hacer – los volvió a cruzar, poniéndose algo serio – Ya he dicho que lo siento, ¿vale, Shin-chan?
Midorima empujó las gafas para ponerlas en su sitio y mantuvo la mano allí mientras hablaba.
– Está bien, déjalo. Como ya he dicho antes, tienes razón... – calló un segundo antes de bajar la mano izquierda, que sostenía sus gafas y mirar de soslayo a Takao – Sólo hasta cierto punto. No te acostumbres; que no creo que vuelva a pasar. Y que conste que no me creo superior a nadie... – miró significativamente al más bajito antes de rodar los ojos y ponerse las gafas de nuevo en su sitio – Pero siempre hay excepciones que confirman las reglas.
Takao comenzó a protestar, aunque estaba contento con la más o menos broma de Midorima (todavía tenía que trabajarlas un poco, la verdad), por la manera en que había insinuado que era mejor que Takao. Aún así, las palabras del otro lo hicieron sentir mal, algo incomodo de cierta forma, por alguna razón; y no por la parte de ser superior. Se abrazó los brazos y dejó caer una risa medio estrangulada, frotandolos con vigor para entrar en calor.
– Pero, oye, Shin-chan. – comenzó, intentando enmendar un poco su error y eh, ya de paso, saciar un poco su curiosidad respecto al legendario antiguo equipo de Midorima – Tus antiguos compañeros de equipo, los de Teiko quiero decir, ya me entiendes – Mierda, aquello no le estaba saliendo muy bien; jamás antes había tenido una conversación relativamente seria con su compañero de equipo, y el frío no ayudaba – Eran tus amigos, ¿cierto?
– No. – La respuesta del otro fue tan rápida que sorprendió a Takao. – Eramos compañeros de equipo, ni más ni menos. Y además...
El más bajito sabía que si dejaba hablar a Midorima aquello acabaría allí, así que interrumpió rápidamente.
– Una cosa no quita a la otra, ¿sabes? – el otro frunció el ceño. Mirase por donde se mirase, el tema de La Generación Milagrosa no era bienvenido, al menos de momento. Mejor cambiar de tema –
Por eso mismo, que tú y yo seamos compañeros de equipo no significa que no podamos ser amigos.
– Bueno, – el otro pareció considerarlo unos segundos y se cruzó de brazos – pero que seamos compañeros de equipo tampoco significa que tengamos que ser amigos.
Vale, aquella mierda no estaba yendo a ningún lado, y Takao se estaba sintiendo cada vez peor. Por no hablar de que se estaba congelando.
– Shin-chan, cómo te pasas... – intentó hablar en su típico tono jovial y de bromas, pero hasta en sus propios oídos sonó estrangulado y cansado, el final de la rase siendo casi susurrado – ¡Bueno, ya tienes lo que querías! Yo me voy metiendo ya en casa, eh. ¡Que me estoy helando!
Agarró su bolsa de deporte con fuerza y giró sobre sus talones para meterse en casa de una maldita vez, pero Midorima lo agarró del bicep del brazo izquierdo con fuerza.
Con demasiada fuerza.
Takao se vio obligado a girar, chocando su abusada la nariz directamente en el pecho de Midorima (maldita diferencia de altura) y haciendo que sangrase.
– ¡Mierda! ¡Aw! – se quejó, separándose y llevándose las manos a la nariz rápidamente, inclinando la cabeza hacia atrás para que la sangre dejas de caer.
– ¡No hagas eso! – ordenó el otro posicionándose detrás suyo y rodeándole con los brazos, quitándole las dos manos de la nariz con la mano izquierda y haciendo que echase la cabeza hacia delante con la derecha. Después, le apretó la parte blanda de la nariz, haciendo que la sangre dejase de gotear – No es bueno echar la cabeza hacía atrás cuando estás teniendo una hemorragia nasal, nanodayo. Si lo haces la sangre acabaría bajando por tu garganta y te atragantarías. Incluso podrías acabar vomitando, y bastante nos hemos manchado ya.
La mano derecha seguía en la nuca de Takao, haciendo que su cabeza se inclinase de manera firme pero suave, cerrándole la nariz con cuidado con la izquierda mientras tanto.
Vale, bien.
Takao intentó recordar si alguna vez había estado en una situación más ridícula que aquella (todas las escenas ridículas recientes incluían a Midorima, misteriosamente).
Nope, ninguna peor que aquella.
Estaba seguro de que había oído en algún lugar que reírse alargaba la vida, pero reírse de manera gangosa mientras tu compañero de equipo (que no amigo) te tapaba la nariz para parar una hemorragia nasal (que por cierto, él mismo había provocado) y te habla con voz de doctor seguro que no había sido considerado en aquella estadística, estudio o lo que fuese.
– ¡¿Te quieres estar quieto?! – exclamó Midorima, intentando que Takao se mantuviese quieto un rato y dejase de reírse.
– ¡Lo intento pero no puedo, Shin-chan-sensei! – logró articular el otro entre risas.
– ¡Cállate la boca, Bakao! – "con semejante escándalo los vecinos no tardarían demasiado en llamar a la policía y es una pena que no pueda ver la cara que está poniendo Midorima" pensó Takao – ¡¿Ves por que no deberíamos ser amigos?! ¡Por cosas como estas!
– ¿Cosas cómo qué? – la voz de Takao sonaba horriblemente gangosa con la nariz tapada, como que hizo que casi volviese a echarse a reír – ¿Cosas como pasálselo bien? ¡Vamos, homble! ¡Eso no es ni un climen! ¡Seamos amigos, Shin-chan!
– ¡Ni hablar! – escupió las palabras, indignado, pero sin dejar de tapar la nariz del otro y agarrarle la cabeza.
– ¡No seas un estlecho!
– ¡No soy un estrecho!
– ¡Deja de sel un tsundere y seamos amigos, Shin-chan!
– ¡No soy un...! – Midorima comenzó indignado, pero suspiró después, dejando la frase colgando. – Mira que eres persistente. La amistad no es algo que se logra preguntando, ¿sabes?
Takao sonrió y se relajó a pesar del frío, dejando que las manos del otro lo manejasen. Si algo sabía era que Midorima Shintorou era un tsundere total y que había, totalmente, cedido a sus estúpidas peticiones.
¿Qué había más estúpido que intentar ser amigo de un tipo enorme, arrogante, tsundere, con muy mala leche y un largo etcétera para nada positivo?
(Quizás tener sueños húmedos con esa misma persona, pero no era momento para pensar en eso.)
– Bueno, Shin-chan... Por algún lado habrá que empezar, ¿no crees? Y pedirlo no creo que sea tan malo.
Midorima resopló, y Takao supo que había ganado la ronda cuando la mano en su nuca le dio unos golpecitos en la cabeza con los nudillos, despacito.
– Supongo que no.
Notas de la autora:
Dios, estos dos van a matarme...¡¿Cómo os voy a liar si os cuesta tanto haceros amigos aún después de conoceros por casi un año?! *rueda por el suelo* Juro que estoy intentando que mantengan sus personalidad intactas, ya me diréis si lo logro o no.
¡Muchas gracias a tod s por los favoritos, suscripciones y comentarios! No he tenido tiempo de contestar comentarios/agradeceros personalmente, pero eso porque traía este epi que es un poquito más largo y además bastante seguido teniendo en cuenta la otra actualización C;
¡Muchas gracias por las sugerencias en cuanto a los nombres de las hermanitas, de verdad! En cuanto alguien deje un par más hago la encuesta y decidimos entre todos *3*
Dejadme un comentario si sois tan amables, ¿porfiplis?
¡Un beso muy grande, gracias (tanto gracias, cómo me repito xD) por seguir leyéndome aunque no tengo ni idea de lo que hago! 3
