¡Hola gente! He vuelto por estos pagos! Aca actualizo esta historia. Verán a una nueva Ginny. Espero que les guste. Gracias por todos sus comentarios y PERDONEN mi tardanza. No prometo nada porque estoy estudiando, no tengo tiempo. Espero sus comment y GRACIAS DE NUEVOO!!

CUIDENSE, UN BESOTE, JOANNE.

PD- Si tiene una similitud al conde de montecristo, es pura coincidencia jaja.


Antes de morir

Capitulo 3

Un día agotador

Los días posteriores a ese arrebato de melancolía de Ginny pasaron en un frío absoluto en la mansión Lebon. El humor de la pelirroja no iba para nada bien. Su temperamento era ácido, y maltrataba a la mayoría de los empleados de SweetHoney, por no haber cumplido las órdenes para el próximo desfile. Esa máscara fría y arrogante de Ginny, no era más que una especie de protección. Porque las palabras de Hermione habían surtido un efecto de culpa en su ser, del que no podía liberar; hasta detestó a su amiga por ser tan drásticamente sincera. "¡Una completa locura!" le había dicho y esa voz resonaba en su conciencia para confundirla cada vez más. Por supuesto, Jean Paul no estaba enterado de nada. Solamente se sentía intrigado por el cambio de actitud de su esposa. Y la seguía vigilando vaya donde vaya. Ginny, mientras tanto, no dejó de repudiar el recuerdo de Harry. Lo sentía como lo más contaminante de sus sensaciones, como una pandemia que la hacía sucia y vulnerable. Pero ella no se iba a dejar ganar: Harry estaba muerto. Al principio, su vida no tenía sentido, pero luego de dos meses de la muerte de Harry, se enteró de su embarazo y desde allí todo fue muy difícil y oscuro. De todas maneras Jean Paul la había ayudado a salir a delante, y con su reputación. Una mujer embarazada a los 18 años no era bien visto por el mundo mágico, por lo que Ginny aceptó una inesperada propuesta de matrimonio con su mejor amigo. Ginny no lograba en el trabajo de ese día: escoger los conjuntos para pasar en el desfile. Era una tarea ardua y para nada placentera, sobre si la cabeza está en cualquier parte menos concentrada. Ginny se levantó de golpe de su asiento de presidencia, y tiró una pila de papeles al suelo, las cuales cayeron y se mezclaron todas en segundos.

-¡MALDICIÓN!-soltó Ginny En cuanto terminó de decir la palabra, el señor Marshall entró sin pedir permiso a su oficina, con aire distraído haciéndole tacto a un trozo de tafeta.

-Señora Lebon, la estaba buscando para…- empezó John, pero no pudo terminar cuando vio el desastre de bocetos en el suelo de la oficina.- ¿Quiere que…?

-¿A ti no te enseñaron a golpear la puerta de la presidencia, Marshall?- ironizó Ginny enojadísima.

-Señora, lo siento yo…

-Poco me importan tus excusas baratas.- lo atajó Ginny, harta- La próxima espero que toques la puerta y te anuncies si no quieres que sea la última vez que entres a mi empresa- le dedicó una mirada de desprecio. El hombre quedó algo pálido. Obviamente, la idea de que su jefa lo despida pareció asustarlo.- Ahora vete, no quiero hablar contigo.- le espetó antes de invitarlo a salir con un movimiento de mano. John no se atrevió a pronunciar palabra antes de retirarse.

Ginny volvió a quedarse a solas. Había un solo pensamiento que la dominaba: estaba engañando a Charlotte, le estaba ocultando su verdadera identidad. Pero no debía lamentarse por eso. Ni siquiera sus padres sabían que Charlotte no era hija de Jean Paul. Pero se daba cuenta con el paso de los años que si su hija se enteraba quizás jamás le perdonase esa mentira. "Cálmate, Ginevra, Charlotte nunca sabrá nada sobre el pasado…" pensó Ginny intentando convencerse.

Comenzó a caminar alrededor de su escritorio para calmar sus nervios. Su aire era majestuoso y su mirada demasiado frívola. Porque Ginny había cambiado muchísimo, y en eso, todos coincidían. Hasta ella misma. De repente, tocaron el timbre de la presidencia. Ginny miró hacia la puerta de roble con gesto ceñudo. "Y ahora viene esta insulsa a joderme la vida", pensó Ginny. Parpadeó un instante, respirando hondo: tenía que serenarse. De nada servían los nervios justo ese día donde la agenda estaba apretadísima.

-Adelante- susurró intentando denotar un matiz de paciencia en su voz.

De allí salio Ann Turner, su amable y asustadiza de secretaria.

-Disculpe, señora Lebon- dijo con su habitual timidez.- Las modelos postulantes para el desfile están aquí.-Ginny alzó las cejas.- Usted siempre quiere cerciorarse que sean aptas para la ocasión- Ann terminó ruborizándose un poco. Ginny suavizó su semblante.

-Hazlas pasar a la sala correspondiente, Turner.- decidió con su voz rígida.- Y manda a llamar al personal trainer. El también debería estar aquí, para eso le pago.- acotó asquerosamente Ginny.

-Como la señora lo desee.-dijo la secretaria y se quedó observándola.- ¿La señora desea alg…?

-Si¡deseo que hagas lo que te pedí!-vociferó Ginny perdiendo los estribos. Ann Turner se asustó y se estaba girando cuando Ginny volvió a hablar- Turner, pensándolo bien deseo que quites esa cara de idiota cada vez que vienes a decirme algo. Es realmente un fastidio.

Ann bajó la cabeza y se retiró apurada susurrando un casi inaudible "Con su permiso". "Incompetente" le dijo una arrogante voz dentro de la cabeza de Ginny.


Charlotte Lebon se aburría en una de las clases preparatorias para su posterior ingreso a la escuela de magia que sus padres le eligieran. La niña estaba deseosa de ir a Hogwarts, pero su madre evadía el tema cada vez que ella preguntaba sobre "la decisión". Le hubiera encantado poder hacer lo que ella quería: ir Hogwarts, como sus tíos y como su mamá. Es que a la niña le habían contado las miles de cosas fascinantes que habían sucedido allí y nunca se había sentido tan curiosa por conocer aquel sitio tan misterioso. Tío Ron le había narrado las historias de cuando eran niños. Charlotte sabía que existía una "Sala Multipropósito" y que ella solo se manifestaba a menos que alguien tuviera cualquier imperiosa necesidad de algo. Además, era impenetrable. "El escondite perfecto para escapar de Filch", detallaron Fred y George. Charlotte sonrió con satisfacción y cerró los ojos imaginándose por los famosos corredores de Hogwarts…

-Charl, Charl… -susurró una voz conocida. Charlotte giró la cabeza y miró a su prima Melanie, un poco distraída.- ¿Qué haces con esa cara de tonta?

-¿Por qué no miras la tuya?- espetó la niña comenzando a enojarse. Melanie miró nerviosamente al profesor, que seguía con un discurso de "ni-idea-de-que-se-trata" .

-No hables fuerte, o nos castigarán- advirtió.

-¿Qué pasa?- preguntó Charlotte ya cansada.- Estaba pensando asuntos importantes.

-Yo tengo un asunto más aún-sonrió Mel con misterio.-No vas a poder creerlo cuando te enteres.- añadió. Le encantaba disfrutar del sufrimiento de Charlotte al estar intrigada. Era extremadamente curiosa.

-Cuéntamelo- dijo en un modo imperativo. Melanie puso una cara de suficiencia, muy parecida a la de Hermione. Charlotte suspiró- Vamos, Mel, por favor…

-Sabes que voy a contártelo-musitó su prima.-Pero debe ser en el recreo. Acá podrían oírnos.

-No seas perseguida- apuró Charlotte subiendo el volumen de su voz.- No aguanto hasta el recreo…- pero Mel se había llevado un dedo a la boca, porque el profesor se acercaba a los pupitres de las niñas…

-Y ustedes¿podrían decirme las palabras exactas para hacer un hechizo levitatorio?-preguntó el profesor, con el claro fin de agarrarlas desprevenidas.

Mel y Charl se miraron y sonrieron.

-Wingardium Leviosa.- respondieron al unísono. El Profesor quedó algo pasmado. En ese momento tocó la campana y las chicas se salvaron de más preguntas.


Había más o menos diez modelos en la Sala de Castings de Sweet Honey. El personal trainer, Elton Hamilton, con un acento pronunciadamente afeminado, les hablaba de un modo algo entusiasta.

-A ver, Girls- decía resaltando exageradamente la "G"- Para ser las Top de SweetHoney hace falta más que una cara bonita. La señora Lebon es algo exigente. A decir verdad, muy exigente.- se aclaró la garganta preocupadamente.- Por eso, quiero que den la mayor presencia y la mayor seguridad en ustedes mismas. No admito errores, porque me ponen en compromisos. Ya saben lo influyente que soy en el mercado de la moda.-sonrió- Mi consejo es que no intenten imitar a ninguna diva, porque terminarán pisando barro. Sean ustedes mismas. Eso dice siempre la señora Lebon. Y por eso ya saben, tiene muchísimo estilo y glamour… además…- pero Elton no continuó con su frívolo y superficial discurso. Ginny entró a la sala desperdigando su hermosa fragancia. No saludó a ninguna de las postulantes, sino que las rebajó con la mirada.- Señora Lebon, yo…- saludó Elton

-No tengo tiempo para halagos, Elton- cortó Ginny-Solamente necesito terminar con esto y darme un baño de inversión. Espero que las postulantes no sean tan patéticamente obsesas como las que me trajiste en el desfile anterior.- escupió sin miramientos la pelirroja.

-No, señora- negó Elton visiblemente nervioso.- Hemos traído a las chicas mas hermosas de Inglaterra.

Ginny las miró.

-Ya veo.- dijo con tanta soberbia que el silencio fue sepulcral. Ginny hizo caso omiso de este. Más aún: lo aprovecho para comenzar a intimidarlas.- Tú- señalo a una chica rubia de la derecha.- Ven.- la muchacha se acercó y la miró directo a los ojos. Era realmente hermosa. Tenía ojos grises. Su pelo era lacio y dejaban algunas ondas en sus puntas. Sus medidas eran exactas.

-Me llamo Marlene Jones.- dijo con muchísima seguridad.- Tengo 18 años.- Ginny alzó las cejas.- Quiero participar de su desfile porque ser modelo es el sueño de mi vida. Además, necesito trabajar.

-¿Ah si?- inquirió Ginny sonriendo irónicamente.

-Pues sí- afirmó la chica.- Tengo cinco hermanos a los que ayudar. No me da vergüenza decir que necesito el dinero. No estoy en una buena situación.- terminó Marlene con mucha valentía. Ginny frunció el labio.

-Y sabes tú… -fingió reflexionar-¿…Marilyn te llamabas? – Marlene abrió la boca para corregirla pero Ginny se le adelantó- Como sea¿sabes tu que necesitas ciertas condiciones para trabajar aquí¿O acaso piensas que viene cualquier pordiosera a pedir dinero?

El rostro de la muchacha se contorsionó con una mueca de furia.

-No vine a pedirle dinero, Señora Lebon.- afirmó.- Solamente quiero trabajar. En cuanto a las condiciones, creo que las tengo, a menos que usted discrepe en este punto.- Ginny no contestó y la chica se ponía cada vez más nerviosa.- Ya veo que no coincidimos. Muy bien.- dijo Marlene y comenzó a caminar lentamente hacia la puerta. Cuando su palma tocó el picaporte, Ginny tomó la varita y la agitó. La chica se volvió con la mirada llena de interrogación.

-Puedes quedarte como modelo. Haremos una prueba para ver si das para un desfile de esta envergadura.-dijo Ginny. Marlene sonrió, pero sabía que no tenía que agradecerle. Solo dijo "excelente" y se retiró de la sala sonriendo.

Así pasaron ocho postulantes más, de las cuales sólo dos quedaron aprobadas por el gusto de la pelirroja. Ginny había disfrutado el interrogatorio ampliamente, pero al parecer estaba cansada. Para su alegría, solo quedaba una. Ginny levantó la cabeza hacia la última modelo, que se encontraba de espaldas mirándose al espejo. Cuándo ésta se volteó, no necesitó preguntarle el nombre.

Charlotte y Melanie se encontraban en el baño de niñas de la Academia. Charlotte se sentó en el mármol de uno de los lavabos, con una mano en su lacia cabellera pelirroja y jugueteando con su pelo. Mel la observaba con enojo.

-Casi nos castigan por tu culpa, Charl- le reprochó.

-Mel, ya dale un descanso al tema del viejo profesor.- apaciguó su prima- Tú misma dijiste: "casi".

-¡Te dije que no hablaras en voz alta!- exclamó la Weasley, sacando lo peor de su carácter.- Pero siempre haces lo que quieres. Eres peor que tu madre.

-Tú eres como tu madre.-replicó Charlotte- ¿Me vas contar el secreto?

-Si-respondió su prima, y rápidamente se borró todo su enojo del rostro.- Es algo que todavía no puedo creer.

-¡Suéltalo de una vez!- apremió Charl con las manos juntas.

-Bien. Resulta que anoche escuché a mi papa y a mi mamá hablando en su habitación-contó Mel, muy emocionada. Charl se desilusionó al instante.

-¿Qué tiene de misterioso eso¡Discuten siempre!

-¡Déjame terminar!-exclamó Mel- Y bueno, como te decía, estaban hablando y escuché que nombraban a un tal "Harry". ¡Como si hablaran de un amigo suyo!

-Mel¿y que tiene de misterioso eso?- repitió Charl. Mel alzó las cejas con complicidad.- ¿Qué? Esta loca. ¿Crees que se refieren a Harry Potter?- Charl soltó una risotada.

-¿De que te ríes?- se ofendió Mel.

-Eres una fantasiosa- acusó Charl.

-¿Por qué no podría ser?

-Porque hay dos millones de Harrys en Inglaterra. Nuestros padres no conocieron a Harry.

-Charl¿hicimos tres pergaminos sobre el salvador del mundo mágico y no ataste cabos?

-¿Qué quieres decir?

-¡Que Harry Potter tenía la misma edad que mis padres! Son de la misma generación.- concluyó triunfante Mel. Pero Charl no entendía nada.

-¿Y que hay con eso?- Mel bufó sonoramente.

-Escucha- dijo armándose de paciencia- Tu madre tenía un año menos que él. Mis padres eran de la misma edad. Todos iban a la casa de Gryffindor, en Hogwarts. Es imposible que no hayan tenido trato ni relación. Harry venció a Tu Sabes Quien cuando era solo un bebé. Era famoso apenas entró al colegio. Lo debieron conocer.- Charl pareció reflexionar después de las palabras de su prima.

-Pero… pero… ¿Por qué no nos contarían?-se preguntó en voz alta.

-Eso es lo que tampoco sé- contestó afligida Mel.- Pero estoy segura que anoche mis padres hablaban de él.

-Eso es una estupidez, Mel.- dijo Charl segura.- Una cosa es que lo conocieran y otra es que se refieran a él como un amigo.

-Se referían a él, estoy segura- insistió Mel.-Además, hablaban como si estuviese muerto. Mi madre dijo: "El problema es que extrañas demasiado a Harry".

-Es absurdo.- dijo testaruda Charl- ¿Cómo puedes pensar que se refieren a Harry Potter¿Al famoso Harry Potter? No, no puede ser. No puedes pensar eso.

-Lo pienso.- dijo Mel.- Siento que mis padres ocultan cosas. Y también los tuyos. Siempre se frenan cuando se están por decir cosas.

-¿Qué tiene que ver eso con la discusión de Ron y Hermione?- se desconcertó Charl

-No se, creo que ese tal Harry es un misterio…

-Quizás solo sea una mascota del pasado – Aventuró Charl sonriendo

-Estoy hablando en serio.

-Yo también.- dijo Charl y largó una carcajada. El rostro de su prima se tensó.

-¿Nunca me vas creer?- le preguntó.

-Está bien. Pero necesito que me des algo para creerte.

-¿Algo como que? – Pero Mel captó el mensaje- ¿Quieres alguna prueba…?

-Si, algo así.- respondió Charl.- ¿Crees que puedes conseguirla?- la retó divertida.

-Por supuesto- afirmó Mel, aunque no tenía ni idea de cómo hacerlo.- ¿Es un trato?- le extendió la mano.

-Sí- dijo Charl tomándola, sonriendo y sabiendo que iba a ganar.


Ginny se quedó helada, pero puso lo mejor de sí misma para recuperarse al instante de aquella sorpresa. Quiso aprovechar la oportunidad para vengarse.

-¿Romilda Vane?- preguntó pero su voz salió asombrada.

-Señora Lebon, usted conoce el nombre de la…- intervino Elton.

-Hamilton, vete de aquí.- le espetó Ginny.

-Señora yo…

-¡TE DIJE QUE TE FUERAS!-gritó eufórica inyectándolo con la mirada. Elton ante semejante advertencia salió despavorido de la Sala.

Romilda y Ginny quedaron solas y en silencio. Ginny caminó hacia ella y comenzó a rodearla y con sus ojos chocolate, que estaban explosivos.

-Así que tenemos una pobretona acá.- dijo Ginny.- ¿Fuiste tan ingenua de creer que permitiría que desfiles mi ropa?

-Ginny, por favor…

-¿Desde cuándo me llamas así¿Acaso no era la cornuda novia de Potter en Hogwarts?- ironizó.

-Yo nece…

-A mi me importa un comino lo que necesites tú, Vane.- escupió Ginny apuntándola con el dedo- Te atreviste a ensuciar mi empresa pisándola con tus inmundos pies. Eso no lo permito.

-No me trates así. Necesito que me dejes trabajar, señora Lebon.- corrigió el nombre Romilda.

-Yo necesito que te vayas de mi empresa porque me están entrando naúseas. Acá solamente viene gente con clase. No zorras, como tú.- Ginny la tomó del brazo y la arrastró hasta la puerta de la sala.

-¡¡Suéltame!!- chilló Romilda al borde de las lágrimas.

-ERES UNA PROSTITUTA, FUERA DE AQUÍ… ¡¡SEGURIDAD, POR FAVOR, LLÉVENSE A ESTA RAMERA…!!

La seguridad del establecimiento despachó a Romilda Vane en un abrir y cerrar de ojos.

Luego de ese desagradable episodio Ginny se retiró del edificio y partió hacia su Mansión. Estaba con unos nervios que le recorrían el cuerpo, y deseosa de romper algo. Esa desgraciada se había atrevido a presentarse mendigando trabajo. "Como si yo fuera ayudarla, después de todo lo que hizo durante mi noviazgo con Harry… Maldita perra"

Ginny se acordaba perfectamente de todas sus métodos para separarla de Harry. Lo acosaba todo el tiempo en Hogwarts, para que Harry por fin se decidiese a dejarla. Y ahora pretendía que la ayude. "Por mí, que se muera de hambre", pensó Ginny con rencor. No supo controlarse con querer matarla. Por suerte tenía la seguridad que esa maldita no volvería. Y si otra vez se repetía, la descuartizaba con sus propias manos. Sin darse cuenta su coche estaba llegando al garage de su hermosa Mansión. El auto de Jean Paul estaba allí. Se sorprendió. Eran las seis de la tarde y generalmente el llegaba más tarde del trabajo. Se bajó del coche para observar la dura expresión del Guardaespaldas, Malcom.

-Señora- saludó- Su esposo se encuentra en el interior de su hogar.

-Nadie le preguntó- replicó Ginny- Y trata de no hablarme, no tengo fuerzas para escucharte Malcom.

Acto seguido, entro a su casa. Subió las escaleras; casi siempre se aparecía directamente en su habitación, pero no tenía ni memoria para acordarse de las tres D. Sonrió repentinamente; Harry solía olvidarse del método de aparición. Nunca lo prefirió. Su fuerte eran las escobas, al igual que Charlotte.

Suspiró y giró el picaporte de su habitación. Jean Paul estaba sentado en el sofá con el número del Profeta de días atrás.

-Hasta que por fin llegas- reprochó Jean.

-Se me ha hecho tarde en el trabajo- se excusó Ginny.

-¿Qué pasó?

-Nada, solamente he tenido que hacer cosas engorrosas. Elegir a las postulantes, por ejemplo.

-Y pagar por la desaparición de Potter¿no te suena algo engorroso?- el bocadillo de Jean Paul hizo que Ginny lo mirara de manera muy tajante.

-¿Qué?- fue lo único que contestó.

-Eso, amor.- musitó Jean- ¿Creíste que no me iba a enterar?

-No era mi intención ocultártelo.- se disculpó Ginny.- Además¿Por qué tanto alboroto por un poco de dinero?

-Lo seguiste buscando después de que nos casáramos y que SweetHoney se transforme en una mega empresa, hecho que fue, por supuesto, gracias a mi intervención.

-¿Me lo estás echando en cara?- espetó Ginny enojada

-No, solamente pido que a cambio me notifiques cuando haces una inversión de este tipo.

-¡Déjate de estupideces Jean!- explotó la pelirroja- No entiendo porqué vienen reclamos, como si nos afectara una inversión de ese tipo…

-¡Ese no es el punto, Ginevra!-Jean se levantó bruscamente del sofá- El punto es que sigues prefiriendo el recuerdo de un muerto antes de la compañía de tu marido!!

-Definitivamente, tu estás loco- acusó Ginny- No puedes estar celoso de Harry a estas alturas. Y te recuerdo que era tu amigo…

-No me digas lo que ya sé.

-A veces, por cómo te refieres a él, parece que odiaras su recuerdo.-le dijo Ginny- Y sabes que eso me cae muy mal.

-¿Y como piensas que me cayó a mi, que después de casados, hayas pagado una fortuna para buscar a un muerto?

-Harry era el amor de mi vida… era mi todo.- explicó Ginny sin inmutarse.- ¿Crees que me iba a dar por vencida si ni siquiera vi su cuerpo?

-Encontramos su ropa ensangrentada- argumentó Jean, perdiendo los estribos.- Los mortífagos se lo llevaron, para descuartizar su cadáver…

-¡De eso nunca tuvimos ni una sola prueba, Jean!

-No me interesa, pero te prohíbo que me ocultes cosas…

-TU A MI NO ME PROHIBES ABSOLUTAMENTE NADA!!-gritó Ginny, sacadísima.

-NO ME GUSTA QUE ME HABLES ASÍ!!- Siguió Jean

-¡Y A MI NO ME GUSTA QUE ME DIGAS LO QUE CARAJO TENGO QUE HACER¡¡DEMASIADO CON NO NOMBRAR A HARRY DURANTE TODO ESTE TIEMPO¿QUIEN TE CREES QUE ERES?

Jean Paul levantó la mano para darle un cachetazo de aquellos, pero el impulso se detuvo ante una vocecita desde la puerta de la habitación.

-¿Por qué pelean?- dijo extrañada.

Charlotte estaba allí, con su mochila gris y su uniforme de la Academia.

Ginny rogó para sus adentros que no haya escuchado su última frase.