Chicos/as, gracias por leerme y por los comentarios que algunos de vosotros me dejáis. ¡Me encanta que lo hagais, de verdad!
Os dejo el cuarto capitulo, recordad que esta es una historia de 6 así que... ya estamos llegando al fina. Sí, se que es triste XD
Bueno, ¡os dejo leer! ¡A disfrutar!
CAPITULO 4
Emma: Me acabo de despertar, he dormido de maravilla, gracias por preguntar.
Le había hecho gracia despertar con aquel mensaje de la morena.
David estaría a punto de terminar con su turno, con un poco de suerte habría hecho también el papeleo que ella tenía pendiente. Odiaba aquella parte de su trabajo, era aburrido, aunque tampoco había demasiado que hacer como Sheriff de Stroybrooke, al menos no cuando no había ningún peligro acechando.
- ¡Hola Granny! – la saludó -. ¿Me pones un chocolate para llevar? Voy hacia la comisaria.
Iba algo justa de tiempo.
No pagó, aquel iba por cuenta de la casa. Ser la Sheriff tenía sus ventajas, a veces y no siempre, claro.
- Papa, ya estoy aquí, vengo a salvarte – río sentándose en su mesa. No se había equivocado, el montón de papeleo que tenía en su mesa había bajado considerablemente.
- Pues muchas gracias hija – él también se río -. ¿Nos vemos luego?
Emma asintió.
Regina: Ahora mismo te odio demasiado, Emma.
Emma: Sabes que eso no es verdad
Regina: Podría hacerlo.
Regina: ¿Por qué has tardado tanto en contestarme?
Emma: Tenía que desayunar jajajaja
Regina rodó los ojos, ¡casi era la hora de la comida!
Regina: No voy a decir nada al respecto.
Emma: ¿Y que estas haciendo?
Regina: Preparándome otro café, Marco acaba de marcharse y casi me duermo delante de él… ¡ese hombre habla demasiado lento! ¿Tu que estas haciendo?
Emma: Nada, aquí, aburrida en comisaria (y eso que acabo de llegar justo ahora). ¿Quieres jugar?
Regina: ¡Eres de lo que no hay Emma Swan! ¿Y a que quiere jugar la señorita?
Emma: ¿Llevas bragas o tanga?
A la alcaldesa casi se le cayó el teléfono dentro de la taza de café que acababa de dejar sobre el escritorio.
Regina: ¿Por qué crees que te lo voy a decir?
Emma: No lo creo, lo sé. Te mueres de ganas de jugar a mi juego.
Nunca, jamás, Robin le había propuesto algo semejante.
- Tienes razón, pero prefiero jugar cara a cara – dijo con una sonrisa en los labios.
Regina se había aparecido en la comisaria. Justo sobre la mesa de la rubia.
- Esta bien, jugaremos según tus reglas – dijo Emma con una sonrisa traviesa.
No se movió de donde estaba, se encontraba muy a gusto sobre aquella mesa. Si quería que se acercara ella. Emma se había levantado de golpe al ver como Regina descruzaba las piernas y las volvía a cruzar.
- Vas… vas… vas sin nada – susurró atropelladamente la rubia.
- Puede ser – dijo alisándose la falda como si nada. Se las había quitado justo antes de desaparecer. Ella también sabia jugar.
Llegó a ella en dos zancadas, había echado a correr hacia Regina y sus piernas.
- Dios… vas a matarme – suspiró metiendo su mano derecha bajo la falda para comprobar que sus ojos no le habían jugado una mala pasada.
No, no era un espejismo ni nada parecido. Su mano estaba tocando los labios vaginales de Regina. Deslizó sus dedos hacia arriba sintiendo el flujo correr por sus yemas.
- Veo que te ha gustado – dijo echando su cuello hacia atrás y cerrando los ojos.
Sin pensárselo dos veces, Emma la penetró y comenzó a bombearla con rapidez. Las piernas de Regina se enrollaron alrededor de la cintura de Emma. La rubia no se detenía, pensar en una Regina sin nada le ponía demasiado caliente. Sexo duro y sucio, aquello era lo que necesitaba. Regina se aferraba con fuerza a Emma mientras la tumbaba en la mesa. Todo lo que había en ella acabó en el suelo, tendría que comprar otro ordenador, el que estaba en la mesa se le acababa de reventar la pantalla.
- Móntame – dijo Emma girándose para que Regina quedara encima -, en la boca.
Le había subido la falda hasta los muslos y Regina se sentó sobre los labios abiertos de Emma. La rubia la agarró por el trasero evitando que se cayera con el movimiento. Regina gritaba sintiendo la lengua de Emma en ella, cada vez le gustaba más que hiciera aquello. Emma bajó una de sus manos y empezó a masturbarse con las piernas colgando a ambos lados de la mesa. Estaban llenando demasiado rápido pero era intenso, muy intenso. Se echó hacía atrás y apoyó ambas manos junto los pechos de Emma sin parar de moverse sobre sus boca. ¡Le encantaba llevar falda! El pelo de Regina rozaba la camisa de la rubia. Los ojos de Emma estaban fijos en como la vagina de la morena la cabalgaba, podía oler a sexo sin ningún problema. Lo olía y lo saboreaba, su lengua seguía sin parar de follarla. Pellizcó el glúteo de Regina a la vez que la penetraba por detrás con uno de sus dedos lubricados por su propia masturbación. Al notarlo la cadera de Regina empujó automáticamente hacía delante jadeando, le había dolido pero quería que Emma lo repitiera.
- Más – no le importó pedírselo.
Emma lo repitió una y otra vez hasta que la morena se corrió. Se sentía aliviada de que le hubiera gustado, en parte estaba sufriendo por si aquel ultimo gesto ofendía a la morena, no ha todas les gustaba que le entraran por el culo.
- Eres fantástica Emma – jadeó recuperando el aliento.
- Tampoco es para tanto – dijo entre risas.
- Eso es porque no te puedes hacer un cunnilingus a ti misma – aquello era verdad, Emma era maravillosa.
- No, pero puedo hacerte a ti los de las dos – le propuso.
- O puedo hacértelo yo – Regina también quería hacérselo.
Bajaron de la mesa antes de enfrentarse al segundo round, necesitaban recuperase.
- ¿Recogemos un poco?
- ¿En serio? – resopló Emma.
- Sí – dijo, ahora, con el modo Alcaldesa encendido.
Emma se sentó en su silla vieja de oficina, quería que Regina se lo hiciera en ella.
- Quítate los pantalones ¿no?
- Que fría señora Alcaldesa – bromeó.
- Por eso no se preocupe señorita Swan, ya la calentare yo – dijo arrodillándose bajo la mesa de Emma.
Apoyó las manos sobre los pies desnudos de la rubia y las fue subiendo por sus piernas pasando de largo sus muslos y quedándose un poco más abajo de su cintura. No se lo había dicho pero era la primera vez que lo hacía. Se mojo los labios y se acercó. Sus ojos viajaban rápidamente por todos lados buscando un lugar dónde posarse. ¿En el clítoris? ¿En los muslos? ¿En alguno de los labios? Sí, los labios. Los abrió con sus dedos y lamió el agujero de la vagina, quería encontrar el Punto G de Emma. Recordaba haber leído en alguna revista que se encontraba por detrás de aquel agujerito negro. Empujó su lengua contra este y notó como el agujero le apretaba la lengua, la movió levemente esperando ver la reacción de Emma. La rubia movió su cadera y abrió más las piernas. Aquello era lo que esperaba, no iba por mal camino, así que siguió moviendo la lengua dentro de Emma.
- ¿Qué me estas haciendo Regina?
Hundió más en ella haciendo que Emma callara de golpe y gimiese de placer.
- ¡Tengo que hablar contigo Emma! – dijo Azul entrando en comisaria.
Regina paró en seco. ¿Qué hacía aquella maldita hada allí? ¿No veía que Emma estaba ocupada?
- ¿Ahora? – gimoteó la rubia haciendo que Azul la mirara extrañada y Regina sonriera debajo de la mesa -. Quiero decir… estoy ocupada, ¿no puede esperar? – preguntó golpeando las manos de la morena por debajo de su escritorio. No podía concentrarse si Regina seguía tocándola.
Bufó molesta y se acomodó en el suelo.
- Por favor – pidió la hada.
La rubia asintió y Azul se sentó frente de esta, al menos así se aseguraba de que no viera que iba sin pantalones y sin bragas. Regina no se lo podía creer, ¿de verdad Emma había accedido? Le pellizco el gemelo y Emma saltó en su silla. Por suerte Azul no había notado aquello.
- Tienes que hacer algo, no puedo estar controlando el convento a todas horas – empezó -, Leroy no para de intentar colarse para ver a Astrid. Ayúdame por favor – le pidió -, él todavía no ha entendido que un enanito y una hada no pueden estar juntos…
Emma alzó una ceja, si la viera Regina, seguramente, estaría orgullosa, aquel era un gesto muy propio de ella. ¡Vaya con los personajes de cuentos de hada! ¿Dónde quedaba el "y vivieron felices y comieron perdices" que tanto se oía?
- Azul, yo no puedo hacer nada… No puedo interponerme entre dos seres que se quieren.
- ¡Es que es eso! Ellos no se quieren, solo piensan que lo hacen, nunca han amado, no saben lo que es…
¡Que hada más hipócrita! Regina estaba atenta a todo lo que decía, hasta tenía ganas de salir de debajo de la mesa para decirle un par de cosas.
- Lo siento Azul, pero no. Como hija del amor verdadero no seré yo la que se oponga a cualquier forma de amor.
¡Esa es mí Emma! Sí, ya se podía decir que, en cierta manera, aquella rubia era suya.
- ¡Exacto! Tu lo has dicho. Amor verdadero. Lo suyo no es amor verdadero. Las hadas no tienen uno. Y los enanitos tampoco. ¿Ves? Es imposible que puedan llegar a quererse.
Emma negó con la cabeza.
- No, yo no he dicho eso – aclaró -. Lo que dije es que el amor puede presentarse dónde, cuando y como le de gana – dijo -. Y tu como personaje de cuento deberías saberlo Azul.
- ¡Eso es absurdo, Emma! Es como si dijeras, por ejemplo, que la Reina Malvada – por lo visto para ella, Regina seguía siendo la misma – pudiera enamorarse de ti y tu de ella teniendo ambas vuestros amores verdaderos. ¡Absurdo! El polvo de hadas marca quien es tu alma gemela y ellos dos no la tienen, tan solo tienen a su familia: los otros enanitos y las demás hadas del convento.
Era para matar aquella mujer, tanto Emma y Regina coincidían con aquel pensamiento. Las ganas de salir de debajo de Emma se le habían multiplicado, ¡haber como se quedaba al verla aparecer con el pintalabios corrido!
- No voy a ayudarte con eso, lo siento. Que se hayan enamorado no es para nada absurdo, lo que sí lo es es que tu digas algo como eso. No hay nada malo en amar a alguien, sea quien sea. Y lo mismo digo sobre lo de Regina y yo, que dos mujeres se amen no es nada raro hoy en día – Regina asintió desde debajo de la mesa. ¡Tonta, que Emma no puede ver que la apoyas!, se reprendió mentalmente. ¿Cómo puedo apoyarla? Sonrió ante lo que se le acababa de ocurrir. Con el índice y el pulgar cogió el clítoris todavía expuesto de Emma y lo manoseó -. Yo estoy a favor del amor libre – aquello le salió con una voz más aguda de lo que se esperaba. ¿Qué diablos estaba haciendo Regina? -. Es más, seré la primera en apoyar a Leroy y a Astrid, Henry me contó su historia y la verdad es que me emocionó. Eso, Azul, era amor del de verdad.
- Estas equivocada Emma, el amor es el que dicta el polvo, no otro.
- Lamento decirte que la que se equivoca eres tu Azul, el amor es libre, al igual que las personas. No se puede obligar a alguien a amar a otro tan solo porque un puñado de trozos de cristal picado lo dice – Emma estaba segura de aquello, ¿si no se podía creer en el amor de que servía creer en algo? El amor era el que creaba a la magia y no al revés. Azul estaba de lo más equivocada -. Ya ahora vete, estaba ocupada – el dedo de Regina volvió a moverse levemente -, por… por favor.
Si se fue, fue por respeto a MM, al fin y al cabo Emma era la hija de la que era su ahijada.
Puso las manos sobre la cabeza de Regina para evitar que subiera antes de hora, no quería arriesgarse a que Azul volviera sobre sus pasos para seguir con la discusión sobre el amor y las viera así.
- ¡Auch! – se quejó la morena.
- Vale, ahora – dijo al escuchar como una a una las puertas se cerraban.
- Gracias, hombre – resopló arreglándose el pelo despeinado.
Después, con un movimiento de muñeca, le colocó de nuevo la ropa.
- ¿Cómo alguien como Azul puede ser una hada madrina?
Regina se encogió los hombros, no siempre tenía respuestas para todo. Azul era más vieja que ella, así que desde siempre la había visto como a una hada molesta, nunca se lo había planteado. Lo que sí había hecho era investigar como deshacerse de ella, aunque estaba claro que por alguna razón (que seguía preguntándose siempre que se cruzaba con ella) no la había matado.
- ¿Y tu dedo que, eh? – preguntó Emma -. ¿Se aburría mucho?
- Algo – dijo repitiendo aquel encogimiento de hombros.
Emma sonrió a la vez que le lanzaba una bola de papel que había sobre su escritorio, le dio de lleno pero Regina tan solo se río.
- Ven aquí, anda – dijo desabrochándose el tejano de nuevo.
- ¿Quieres a mi aburrido dedo? – preguntó seductoramente mirando como Emma se desvestía.
Emma asintió y abrió las piernas exponiendo una vez más a los ojos de Regina.
- Bien abierta, buena chica – dijo Regina mientras se volvía a arrodillar.
Y hasta aquí el capitulo XD ¿Que tal? ¡COMENTARIOS, COMENTARIOS, COMENTARIOS! jajajajaa
¡Nos vemos en los próximos!
