Hola~ Gracias por el comentario ^^, intentare subir un capitulo diario y en el caso de que un día falte, al día siguiente habrá doble capitulo.
Disclaimer: Ni los personajes, ni el libro son de mi autoria yo simplemente los adapto por mera diversión.
Capítulo 2
Rodeada por una niebla plateada de dolor, Lucy flotaba en un mundo que no era del todo real.
¿Estaba muerta?.
Seguramente no. En ese caso estaría en paz, ¿no? No sentiría como si sus huesos estuvieran siendo lentamente aplastados y su cabeza estuviera a punto de explotar.
Si estaba muerta, entonces esta cosa de la otra vida era un enorme y asqueroso timo.
No. Tenía que estar soñando, se tranquilizó al fin a sí misma. Eso ciertamente explicaría que la niebla plateada estuviera empezando a apartarse.
Curiosa a pesar del vago sabor a miedo en el aire, espió a través de la luz trémula. Momentos después pudo ver una oscura cámara de piedra que estaba sólo débilmente iluminada por una antorcha oscilante. En el centro del suelo de piedra yacía una joven con túnica blanca. Lucy frunció el ceño. La cara pálida de la mujer le resultaba notablemente familiar, aunque era difícil determinar exactamente los rasgos cuando la mujer se retorcía y gritaba en obvia agonía.
Alrededor de su forma postrada se sentaban en círculo mujeres con capas grises, cogidas de las manos y canturreando en voz baja. Lucy no podía captar las palabras, pero parecía como si estuvieran llevando a cabo algún tipo de ritual. Quizás un exorcismo. O un sortilegio.
Lentamente una mujer de pelo gris se puso en pie y alzó las manos hacia el techo ensombrecido.
—Álzate Fénix y pon de manifiesto tu poder —gritó con tono resonante—. El sacrificio es ofrecido, el convenio sellado. Bendice nuestro noble Cáliz. Bendícela con tu gloria. Ofrécele el poder de tu espada para luchar contra el mal que amenaza. Te convocamos. Aparece.
Llamas color carmesí surgieron por toda la cámara mientras las mujeres continuaban canturreando, revoloteando en el aire espeso antes de rodear a la mujer que gritaba sobre el suelo. Entonces, tan abruptamente como habían aparecido, las llamas se fundieron con la piel de la mujer.
La mujer de cabello gris giró bruscamente la cabeza hacia una esquina ensombrecida.
—La profecía se ha cumplido. Que se adelante la bestia.
Esperando algún horrible monstruo de cinco cabezas que encajaría perfectamente en esta pesadilla extravagante, Lucy contuvo el aliento cuando un hombre vestido con una camisa blanca desgreñada y calzones de satén hasta la rodilla se adelantó, con un pesado collar de metal y cadenas colgando del cuello. Su cabeza estaba inclinada, dejando que su largo cabello salmón le cubriera la cara, pero eso no detuvo el temblor de premonición que bajó centímetro a centímetro por la columna vertebral de Lucy.
—Criatura del mal, has sido escogido entre todos los demás —entonó la mujer—. Malvado es tu corazón y aún así eres bendecido. Te entregamos el Cáliz. En fuego y sangre te vinculamos. En la sombra de la muerte te vinculamos. Por toda la eternidad y más allá te vinculamos.
La antorcha llameó de repente, y con un terrorífico gruñido, el hombre alzó la cabeza.
No. No era posible. Ni siquiera en el extraño y ridículo mundo de los sueños. Especialmente no en este que parecía tan horrorosamente real.
Aún así, no había posibilidad de error con esa aterradora belleza. O esos ojos verdes al rojo vivo.
Natsu.
Se estremeció de horror. Esto era una locura. ¿Por qué estas mujeres le tenían encadenado? ¿Por qué le llamaban monstruo? ¿Una criatura del mal?
Una locura, sin duda. Un sueño. Nada más, intentó convencerse a sí misma.
Entonces sin advertencia, la ansiedad que recorría su columna se convirtió en absoluto terror. Con pura rabia, Natsu empujó hacia adelante bruscamente, y los perfectos rasgos de alabastro quedaron bañados por la luz oscilante. La misma luz oscilante que revelaba sus largos y mortíferos colmillos.
Cuando Lucy despertó al fin, la niebla plateada, y los bordes más afilados de su dolor, habían desaparecido.
Aún así, con extraña cautela, se obligó a sí misma a permanecer perfectamente inmóvil. Después del día que ya había soportado, este no parecía el mejor momento para estar lanzándose y moviéndose con torpeza en su estilo habitual. En vez de eso intentó evaluar sus alrededores.
Yacía sobre una cama, decidió al final. No su propia cama, sin embargo. Ésta era dura y llena de bultos y tenía un olor a moho que ni siquiera quería considerar. En la distancia, podía oír el sonido del tráfico al pasar y, más cerca, el sonido amortiguado de voces o quizás un televisor.
Bueno, no estaba en la casa chamuscada de Mirajane. Ya no estaba en una húmeda mazmorra con mujeres que gritaban y demonios. Y no estaba muerta.
Eso seguramente era un progreso, ¿no?.
Reuniendo coraje, Lucy alzó lentamente la cabeza de la almohada para echar un vistazo a la sombría habitación. No había mucho que ver. La cama en la que yacía ocupaba la mayor parte del reducido espacio. Sobre ella había paredes desnudas y las cortinas floreadas más feas que se habían creado nunca. A los pies de la cama había un vestidor roto que sostenía un televisor antiguo, y en la esquina una silla andrajosa.
Una silla que actualmente estaba ocupada por un hombre grande de pelo salmon.
¿O no era un hombre?
Su corazón se contrajo con un miedo creciente mientras su mirada pasó sobre el adormecido Natsu. Dios. Tenía que estar loca para pensar lo que estaba pensando.
¿Vampiros? ¿Vivitos y coleando... o lo que fuera que hacían los vampiros... en Chicago? Chorradas. Estupideces, motores rugiendo hacia la locura.
Pero el sueño. Había sido tan vívido. Tan real. Incluso ahora podía oler el aire apestoso y húmedo y el olor acre de la antorcha. Podía oír los gritos y cantos. Podía oír el traqueteo de pesadas cadenas. Podía ver a Natsu siendo empujado hacia adelante y los colmillos que lo marcaban como a una bestia.
Real o no, la había puesto lo bastante nerviosa como para desear un poco de espacio entre Natsu y ella. Y quizás varias cruces, unas pocas estacas de madera, y una botella de agua bendita.
Apenas atreviéndose a respirar, Lucy se incorporó y pasó las piernas por el borde del colchón. Su cabeza amenazó con rebelarse, pero apretó los dientes y se empujó a sí misma hacia adelante. Quería salir de allí.
Quería estar en su familiar casa, rodeada por sus cosas familiares.
Quería salir de esta pesadilla.
Dando un paso inestable tras otro y otro, Lucy cruzó la habitación. Estaba a punto de alcanzar el pomo de la puerta cuando se produjo el más débil de los susurros tras ella. El pelo de su nuca se erizó antes de que un par de brazos de acero la rodearan.
—No tan rápido, querida —murmuró una oscura voz directamente en su oído.
Por un momento su mente se quedó en blanco, y se paralizó de miedo. Entonces el pánico puro tomó el control.
Arqueando la espalda, intentó patearle frenéticamente las piernas.
—Déjame marchar. Suéltame.
—¿Marchar? —los brazos simplemente se apretaron ante su lucha—. ¿Dime, cariño, adónde planeas ir?
—Eso no es asunto tuyo.
Sorprendentemente él soltó una risa corta y sin humor.
—Dios mío, no sabes cómo desearía que eso fuera verdad. Ambos habíamos sido liberados, ¿comprendes eso? Éramos libres. Las cadenas se habían roto.
Lucy se quedó quieta ante sus rudas y acusadoras palabras.
—¿Qué quieres decir?
Él frotó la cara en su coronilla en un gesto extrañamente íntimo antes de girarla firmemente para que enfrentara su brillante mirada.
—Quiero decir que si hubieras mantenido tú preciosa nariz fuera de lo que no era de ningún modo asunto tuyo, ambos habríamos podido seguir alegremente nuestro camino. Ahora, a causa de tu acto a lo Florence Nightingale, adonde vayas, lo que hagas, y lo que condenadamente pienses es pero que muy asunto mío.
¿De qué demonios estaba hablando? Inconscientemente su mirada recorrió rápidamente los perfectos rasgos de alabastro. Lo último que necesitaba era más problemas.
—Estás loco. Suéltame o...
—¿O qué? —exigió él con tono sedoso.
Buena pregunta. Lástima no tener una brillante respuesta.
—Yo... gritaré.
Las cejas oscuras se alzaron con sardónica diversión.
—¿Y realmente quieres descubrir qué tipo de héroe va a apresurarse a rescatarte en este lugar? ¿Quién crees que será? ¿El colgado local de crack? ¿Las putas que trabajan en el vestíbulo? Sabes, yo apostaría por el borracho de la puerta de al lado. Había un definitivo olor a violación en el aire cuando te llevé en brazos por delante de él por el pasillo.
De repente Lucy entendió lo de la pequeña habitación, los viles olores, y los ecos de desesperación. Natsu la había llevado a uno de los infinitos y sórdidos hoteles que atendían las necesidades de los pobres y los desesperados.
Podría haberse estremecido de asco si esa no hubiera sido la menor de sus preocupaciones.
—No podrían ser peores que tú.
Él se tensó ante su acusación, y su expresión se tornó reservada.
—Palabras bastante duras para el hombre que muy bien podría haberte salvado la vida.
—¿Hombre? ¿Eso es lo que eres?
—¿Qué has dicho?
Los dedos se hundieron en sus hombros, y Lucy comprendió tardíamente que enfrentarse a Natsu directamente podría no haber sido la decisión más sabia.
Aún así, tenía que saber. La ignorancia podía ser una bendición, pero también enloquecedoramente peligrosa.
—Tú... te vi. En el sueño —se estremeció cuando los recuerdos ardieron a través de su mente—. Estabas encadenado, y ellas cantaban y tus... tus colmillos...
—Lucy—la miró profundamente a los ojos—. Siéntate y te explicaré.
—No —dio una frenética sacudida a la cabeza—. ¿Qué vas a hacerme?
Los labios de él se retorcieron ante su tono chillón.
—Aunque en diversas ocasiones han pasado por mi cabeza varias ideas tentadoras, por el momento no planeo nada más que hablar contigo. ¿Te calmarás lo suficiente para escuchar?.
El mismo hecho de que no se hubiera reído y le hubiera dicho que había perdido la cabeza sólo profundizó el terror de Lucy. Él sabía lo del sueño. Lo reconocía.
Dejando que su instinto tomara el control, Lucy se obligó a sí misma a fingir una resignación que estaba lejos de sentir.
—¿Tengo elección?.
Él se encogió de hombros.
—En realidad no.
—Muy bien.
Siguiendo débilmente su liderazgo hacia la cama, Lucy esperó hasta que Natsu estuvo convencido de su victoria antes de extender la mano y empujarle con fuerza. Cogido con la guardia baja, se tambaleó, y en un parpadeo, ella estaba escapando hacia la puerta.
Fue rápida. Haber crecido con cinco hermanos mayores aseguraba que tenía mucha práctica huyendo de una masacre potencial. Pero sorprendentemente sólo había dado unos cuantos pasos cuando los brazos de Natsu se envolvieron a su alrededor y la alzaron sobre sus pies.
Con un grito amortiguado, estiró los brazos sobre la cabeza y aferró dos puñados de sedoso cabello. Él soltó un gruñido bajo cuando le dio un violento tirón. Todavía aferrando su cabello con una mano, movió la otra para hundir las uñas en el costado de su cara.
—Demonios, Lucy —masculló él, y su apretón se aflojó mientras trataba a esquivar su ataque.
Sin perder un momento, Lucy se retorció para liberarse y, girándose, dirigió una patada que a lo largo de los años había probado conseguir que incluso el más grande de los hombres tuviera que pararse en seco. Natsu jadeó mientras se doblaba de dolor. Sin detenerse a admirar su trabajo, Lucy se abalanzó hacia la puerta.
En esta ocasión, se las arregló para tocar realmente el pomo antes de ser rudamente levantada, tirada sobre un amplio hombro, y cargada de vuelta a la cama. Chilló de nuevo cuando Natsu la lanzó fácilmente sobre el apestoso colchón, y después la siguió, cubriendo su cuerpo combativo con otro mucho más grande, y mucho más duro.
Más aterrada de lo que había estado en su vida, Lucy contempló la pálida cara con su belleza sobrenatural. Era aguda y perturbadoramente consciente de los músculos compactos que presionaban contra los de ella. Y del conocimiento de que la tenía completamente a su merced.
Insegura de lo que iba a ocurrir, se sobresaltó cuando una lenta sonrisa curvó los labios de él.
—Tienes poderosas armas para ser una cosa tan diminuta, querida —murmuró—. ¿Has practicado esos trucos más bien sucios con frecuencia?.
De algún modo las burlas consiguieron aliviar un poco de su rabioso miedo. Seguramente si iba a dejarla seca, no sería tan indulgente como para darle conversación, ¿verdad?
A menos, por supuesto, que los vampiros prefirieran algo de charla pre-cena.
—Tengo cinco hermanos mayores —dijo apretando los dientes.
—Ah, eso lo explica. Supervivencia del más apto, o en este caso, supervivencia del que tenga el arsenal más sucio.
—Sal de encima de mí.
Ante eso él alzó las cejas.
—¿Y arriesgarme a quedarme como un eunuco? No, gracias. Terminaremos nuestra discusión sin más arañazos, tirones de pelo, o golpes bajos.
Ella fulminó con la mirada su burlona expresión.
—No tenemos nada que discutir.
—Oh, no —dijo él arrastrando las palabras—, nada aparte del hecho de que tu jefa acaba de asarse crujiente a la barbacoa, el hecho de que yo soy un vampiro, y el de que gracias a tu estupidez, ahora tienes a cada demonio de la vecindad tras tu cabeza. Absolutamente nada que discutir.
Jefas a la barbacoa, vampiros, ¿y ahora demonios? Era demasiado. Pero que mucho, mucho.
Lucy cerró los ojos mientras su corazón se encogía de horror.
—Esto es una pesadilla. Dios mío, por favor haz que Freddy Krueger atraviese la puerta.
—No es una pesadilla, Lucy.
—No es posible —alzó a regañadientes los párpados para encontrar la brillante mirada verdosa—. ¿Eres un vampiro?.
Él hizo una mueca.
—Mi herencia es la última de tus preocupaciones en este momento.
¿Herencia? Se tragó el histérico deseo de reír.
—¿Mirajane lo sabía?
—¿Que soy un vampiro? Oh, sí, lo sabía —su tono era seco—. De hecho, podríamos decir que eso era un requisito para mi empleo.
Lucy frunció el ceño.
—¿Entonces ella era un vampiro también?
—No —Natsu hizo una pausa como si considerara cuidadosamente sus palabras. Ridículo ya que podría haberla informado de que Mirajane era Belzebú y ella no habría movido ni un músculo mientras la retuviera en su implacable garra—. Ella era... un Cáliz.
—¿Cáliz? —la sangre se le quedó fría. La mujer que gritaba en agonía. Las llamas carmesí—. El Fénix —susurró.
Las cejas de él se unieron con sorpresa.
—¿Cómo sabes eso?
—El sueño. Yo estaba en una mazmorra, y había una mujer yaciendo en el suelo. Creo que las otras mujeres estaban llevando a cabo algún ritual sobre ella.
—Mirajane —masculló él—. Debe haberte pasado una porción de sus recuerdos. Es la única explicación.
—¿Pasado sus recuerdos? Pero eso es... —sus palabras se desvanecieron cuando una burlona sonrisa curvó los labios de Natsu.
—¿Imposible? ¿No crees que ya estamos más allá de eso?
Lo estaban, por supuesto. Había entrado a trompicones en algún mundo bizarro donde todo era posible. Como Alicia en A través del espejo.
Sólo que en vez de gatos que desaparecían y conejos blancos, había vampiros y misteriosos Cálices y quién sabía qué más.
—¿Qué le hicieron?.
—La convirtieron en un Cáliz. Una vasija humana para una poderosa entidad.
—¿Así que esas mujeres eran brujas?.
—A falta de un término mejor.
Genial. Simplemente genial.
—¿Y pusieron un hechizo sobre Mirajane?.
Los ojos verdes brillaron bajo la luz sombría.
—Fue bastante más que un hechizo. Convocaron al espíritu del Fénix para que viviera dentro de su cuerpo.
Lucy casi podía sentir las llamas carmesí que habían ardido en la carne de la mujer. Se estremeció de horror.
—No me extraña que gritara. ¿Qué hace ese Fénix?.
—Es una... barrera.
Lo miró de reojo con cautela.
—¿Una barrera contra qué?.
—Contra la oscuridad.
Bien, eso lo dejaba todo tan claro como el barro. Impacientemente Lucy se retorció bajo el hombre que la sujetaba contra la cama.
Un muy mal, mal movimiento.
Como si un rayo la hubiera golpeado de repente, fue vibrantemente consciente del cuerpo duro incrustado en el suyo. Un cuerpo que la había perseguido más de una noche en sueños.
La mandíbula de Natsu se tensó ante los movimientos involuntariamente provocativos, y sus caderas se movieron instintivamente en respuesta.
—¿Crees que te sería posible ser un poquito más vago? —logró pronunciar sofocadamente.
—¿Qué querrías que dijera? —exigió él con tono crispado.
Lucy luchó por mantener sus pensamientos concentrados. Buen Dios. Este no era el momento de ponerse a pensar en... en... eso.
—Algo un poco más específico que la oscuridad.
Hubo un momento de silencio, como si él estuviera librando su propia batalla. Entonces al fin encontró su mirada directamente.
—Muy bien. El mundo de los demonios se refiere a la oscuridad como el Príncipe, pero en realidad no es un ser real. Es más bien un... espíritu, como lo es el Fénix. Una esencia de poder que los demonios llaman para realzar sus habilidades oscuras.
—¿Y el Fénix hace algo a este Príncipe?.
—Su presencia entre los mortales ha desterrado al Príncipe de este mundo. Son dos opuestos. Ninguno puede estar en el mismo lugar que el otro en el mismo momento. No sin que ambos sean destruidos.
Bien, eso parecía una cosa buena. El primer rayo de esperanza en un día muy poco prometedor.
—¿Así que, no más demonios?.
Él alzó un hombro.
—Permanecen, pero sin la presencia tangible del Príncipe, están debilitados y confusos. Ya no se agrupan para atacar con fuerza, y raramente cazan a los humanos. Han sido forzados a permanecer entre las sombras.
—Eso es bueno, supongo —dijo ella lentamente—. ¿Y Mirajane era esa barrera?.
—Sí.
—¿Por qué?
Él parpadeó ante la abrupta pregunta.
—¿Por qué?
—¿Por qué se la eligió a ella? —aclaró Lucy, no del todo segura de por qué le preocupaba siquiera. Solo sabía que en ese momento parecía importante—. ¿Era una bruja?
Extrañamente Natsu se detuvo, casi como si estuviera considerando si responder a su pregunta. Ridículo después de todo lo que ya le había revelado. ¿Qué podía ser peor que el hecho de que estaba siendo mantenida cautiva por un vampiro? ¿O de que la única persona que mantenía a todas las cosas malas y aterradoras en la noche estuviera ahora muerta?
—No fue tanto elegida como ofrecida en sacrificio por su padre —confesó él al fin, a regañadientes.
—¿Fue sacrificada por su propio padre? —Lucy parpadeó alarmada. Demonios, siempre había pensado que su padre era un firme candidato para cabronazo del año. Había sido un capullo brutal sólo redimido por el hecho de que había hecho a un lado a su familia por una botella de whisky. Aún así, no la había ofrecido como pasto para una banda de brujas enloquecidas—. ¿Cómo pudo hacer tal cosa?.
Los elegantes rasgos se endurecieron con una rabia ancestral.
—Muy fácilmente. Era poderoso, rico y acostumbrado a salirse con la suya en todo. O lo era hasta que fue golpeado por la plaga. A cambio de la cura, entregó a las brujas a su única hija.
—Santa mierda. Eso es horrible.
—Supongo que pensó que era un intercambio justo. Él se curaba y su hija se hacía inmortal.
—¿Inmortal? —Lucy contuvo el aliento con súbita esperanza—. ¿Entonces Mirajane todavía vive?.
Los hermosos rasgos se agudizaron incluso más.
—No, está bien muerta.
—¿Pero... cómo?.
—No lo sé —su tono era áspero por las emociones que albergaba—. Al menos aún no.
Lucy se mordió el labio inferior, intentando envolver su dolorido cerebro alrededor de las consecuencias de semejante muerte.
—¿Entonces el Fénix se ha ido?.
—No, no se ha ido. Está... —sin advertencia, Natsu fluyó hasta ponerse en pie, con la cabeza vuelta hacia la puerta cerrada. Un tenso silencio llenó la habitación antes de que al fin su mirada volviera a la sobresaltada cara de Lucy—. Lucy, debemos irnos. Ahora.
2 Florence Nightingale (1820-1910), es considerada una de las pioneras en la práctica de la enfermería. Se la considera la madre de la enfermería moderna y creadora del primer modelo conceptual de enfermería. Su excelente dirección de un grupo de enfermeras durante la guerra de Crimea, suscitó el respeto de la reina Victoria y el cariño del pueblo británico. Después de ella, creó instituciones para la formación de médicos militares y enfermeras de hospital, y a lo largo de toda su vida, escribió numerosos libros.
Espero que os haya gustado, nos leemos~
