Capítulo
04
Estrategia improvisada
Los
días que siguieron Radamanthys continuó visitando a
Alberich en la prisión, e incluso aplicándole las
sesiones de besos, caricias y... "algo más" que ya se
había vuelto su rutina. Ninguno de los dos se preocupaba por
la presencia de Mateo en el lugar, e incluso lo ignoraban por
completo. Alberich comenzaba a preguntarse si habría sido el
mismo Radamanthys quien habría mandado a cortarle la lengua,
tan solo para que no los molestase en las horas de sus sesiones. A
medida que se fueron siendo mas seguidas las mismas, el dolor que
sentía Alberich en su entrada fue disminuyendo hasta
convertirse en un cosquilleo al sentir el roce de la hombría
de Radamanthys acercarse a ella. Se había armado de una
inmensa paciencia la cual consideraba necesaria si de verdad quería
lograr algo. Se esforzó por complacer en lo que pudo al
espectro, ya que ese, era su primer paso... y se contentó al
oírlo gemir y jadear muy satisfecho al terminar de cada
sesión.
El tiempo pasaba y los actos que a veces llegaban
a repetirse hasta dos veces por día se había convertido
en algo placentero. Así como al dolor, Alberich también
había logrado adaptarse a estas violaciones, convirtiéndolas
en algo agradable para si mismo, e incluso llegó a ser él
mismo quien pidiese una segunda sesión diaria.
Radamanthys no parecía molestarse al ver la adaptación del caballero, al contrario, parecía agradarle la idea y esto significaba para Alberich una prueba contundente de lo que suponía. El no buscaba infligirle dolor, desde un comienzo había pedido estar con él, porque le había gustado, de eso ya no había duda. El espectro comenzó a contarle a Alberich sobre algunos de sus problemas a las afueras de la prisión, discusiones con otro espectro llamado Aiacos, cierta molestia hacia ordenes y reglas impuestas por una mujer llamada Pandora y algunas que otras alteraciones que no encontraba donde descargar. Alberich escuchaba con atención cada de una de sus palabras y le consolaba o animaba cada vez que este llegaba cabizbajo o molesto. Mateo desapareció un día y nunca mas volvió a aparecer. Alberich había notado el cambio radical que había tenido después de habérsele arrancado la lengua, no tan solo por el dolor que esto debió haberle causado, sino también porque parecía ser su propia voz y en cierto modo, ser él mismo, quien se daba ánimos para continuar cuerdo.
Dentro de esa prisión, Alberich tan solo podía percibir tres necesidades: respirar, dormir y tratar de escapar. El tiempo pasaba lento y aburrido dentro de ese cuarto. En una oportunidad Radamanthys lo liberó de sus cadenas abriéndolas con una llave que sacó de su bolsillo y aunque aún no pudiese salir debido a que el espectro cerraba la puerta con otra llave, se sentía mejor al tener movilidad y consideraba estar progresando.
Cierta ocasión, después de una de las agotables sesiones de meneo, Radamanthys le comentaba a Alberich sobre sus problemas a las afueras, como ya se había vuelto costumbre, y debido a que era el mismo Alberich quien preguntaba. Radamanthys se encontraba acostado en el suelo, con la cabeza apoyada en las piernas de Alberich, quien se estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo. Alberich acarició sus cabellos y su rostro y se perdió entre sus pensamientos dejando de oír las palabras de Radamanthys. La piel de su rostro era muy diferente a la de todo el cuerpo. Era un rostro suave, limpio, blanco, que a Alberich llegó a parecerle hasta angelical, comparado con su cuerpo del demonio. Su cabello entre verdoso y amarillo con un olor suave y dulce, como siempre le olía, pero que era tan diferente a la fragancia de hombre que estaba impregnada en su cuerpo y que luego dejaba impregnada en el cuerpo de Alberich. Fragancia, a la que Alberich también se adaptó y como es igual (para él), le comenzó a gustar... sonrió inconscientemente mientras le acariciaba el rostro y lo admiraba con detalle y aprecio. Si, también se había adaptado a ese hombre, también le había comenzado a gustar y era de entenderse, era la única persona que se preocupaba por darle placer, así fuese a través del dolor físico o de las caricias y los diferentes modos de "hacer el amor". Alberich se sentía atendido. Después de tanto tiempo, se permitió sentir aprecio por algo y eso era ese hombre, a quien ahora le acariciaba suavemente los intactos labios. Pasaron unos segundos antes de que Alberich se diese cuenta de la situación. Radamanthys estaba dormido, él estaba desencadenado, y la llave brillaba gracias a la poca luz que había en el cuarto, desde el bolsillo de Radamanthys. Ciertamente comenzaba a apreciar a ese hombre, si, ya se lo admitía, pero no era un pendejo como para perder tan brillante oportunidad, aunque... eso significaría, perder todo el plan que ya había montado y todo el esfuerzo que le había empeñado.
Tardó
cinco largos segundos en tomar la decisión y al instante, tomó
silenciosamente la llave del bolsillo de Radamanthys y la introdujo
en su pantalón. Luego de esto, tomó la cabeza de
Radamanthys con las dos manos. Este emitió un ronquido que lo
hizo sobresaltar por un instante pero se alivió al saber que
seguía dormido. Con calma, y con lentitud para que no fuese
muy rápido o notorio el cambio de apoyo, colocó la
cabeza del espectro en el suelo, se alejó un poco y se
levantó. Ahora si se permitió subir la mirada,
quitándola del espectro para mirar hacia su frente, hacia la
puerta... que ya no veía con los mismos ojos de odio, sino con
una emoción gigantesca... hoy sería libre, hoy saldría
de allí. Pero... ¿como evitaría ser atrapado por
otros espectros?. Radamanthys emitió un ronquido aún
mas fuerte, que hizo voltear rápidamente a Alberich. Pero el
espectro apenas volteó el rostro aún dormido. Mirando
hacia el suelo Alberich notó algo... la armadura, la armadura
del espectro se encontraba tirada en el suelo... no se la había
puesto aún después de terminada la sesión,
apenas y ambos se habían molestado en colocarse el pantalón.
Alberich sonrió. Todo era perfecto, todo indicaba que ese
sería el día en que volvería a ser libre y ser
dueño de sus propios actos. Se vistió con la armadura
del espectro tan rápido como pudo y en silencio. Algunas
partes le quedaban grandes, decidió solo colocarse las
suficientes para aparentar y una vez listo se dirigió hacia la
puerta. Miró a Radamanthys en el suelo una vez más. Se
volteó... sacó la llave de su bolsillo y la introdujo
en la cerradura. La puerta comenzó a rechinar al apenas abrir
unos centímetros...
- ¿A Dónde vas?
Escuchó
de nuevo la voz gruesa, justo tenía que haberse despertado en
ese momento. Alberich volteó la mirada y lo vio observándolo
serio y fijamente, aún acostado en el suelo, pero apenas
levantando la cara y apoyándose en los hombros para elevarse.
Ambos se miraron unos instantes más. Alberich sudaba frío,
habría perdido ambos planes, era un momento crucial, una
difícil decisión.
Salió del cuarto lo más
rápido que pudo, trancando la puerta con seguro al salir y
alejándose de ella tan rápido como los pies se lo
permitiesen. Hacía demasiado frío, apenas y podía
moverse. Escuchó como la puerta era golpeada y despedazada en
miles de pedazos.
- ¡Alto!. – gritó Radamanthys,
apareciendo detrás del enorme hoyo formado en la puerta. Su
cosmoenergía elevada se apagaba nuevamente. Alberich se
detuvo. Con semejante fuerza y rapidez, seguramente era capaz de
alcanzarlo si importar donde estuviese. Pero... ya había
metido la pata, ahora solo le quedaba seguir con el nuevo plan o
hundirla mas al fondo. Se volteó en posición de
ataque...
- ¡No te acerques!. – le advirtió.
Radamanthys le miró sin expresión alguna en el rostro.
El silencio reinó nuevamente, a excepción del sonido
que causaban las fuertes y continuas ráfagas de viento helado.
El lugar estaba cubierto por hielo y el frío sería
capaz de congelarle hasta los huesos, mas no parecía haber
nadie más en el lugar. Radamanthys comenzó a caminar
hacia Alberich, este no dijo nada pero se preparó ante un
posible ataque, el ahora tenía armadura, talvez ya no era tan
indefenso. A un metro de él, Radamanthys se detuvo y clavó
nuevamente su mirada en los ojos verdes de Alberich.
- ¿Por
qué?... – le dijo.
- ¡¿Por qué?! –
le preguntó Alberich incrédulo. Muchas respuestas
vinieron de pronto a su cabeza y tardó unos instantes en
organizarse antes de hablar. – ¡porque estoy cansado
encerrado en una celda!. Porque quiero ser dueño de cada cosa
que hago y ser libre como nací y aún estoy
acostumbrado. ¡Porque deseo volver a la tierra y continuar con
una vida normal!. ¡Porque no quiero terminar como Mateo!... –
dijo titubeando al final - ¿Hay acaso alguna razón...
por la que no querría irme?...
Silencio de nuevo. Sus
miradas aún cruzadas. El aire movía alborotadamente los
cabellos de ambos.
- Por mí... – dijo Radamanthys en un
tono bajo. Alberich lo miró incrédulo por unos
instantes, él había buscado llevarlo a este punto, pero
inconscientemente no creía que podría lograrlo y por
ello había deseado escapar. – Así como a mí no
me gustaría que te fueses... – completó el espectro.
Alberich lo miraba incrédulo en silencio. Esperando que en
algún momento, Radamanthys se molestara y admitiera que tan
solo bromeaba o que lo tomara del brazo y lo obligase a volver a su
celda, pero pasaron minutos y no sucedió. Alberich bajó
la guardia.
- Yo... me quiero ir... – dijo lentamente. En un
lento movimiento, Radamanthys se mordió el labio inferior y
miró al suelo.
- Puedes irte... – le dijo Radamanthys en
un susurro. Esto fue la gota que derramó en vaso y que dejó
a Alberich en un completo shock. Debía de estar probándolo,
debería de querer saber hasta que punto era capaz de llegar.
Iba a perder toda esa confianza, iba a volver a la prisión,
estaba seguro de ello... – Vete... – habló de nuevo el
espectro – Vete lejos y espero que seas feliz...
- ¿Cómo?...
– preguntó Alberich por si solo, incrédulo aún.
- Si deseas irte hazlo, yo... no puedo hacerlo... – dijo – y
no voy a evitar que te vayas. No voy a golpearte, no voy a tomarte
por la espalda, ni volverte a encerrar en la celda. Llévate la
armadura si lo deseas. Déjala regada en la misma entrada del
infierno si deseas... es... un regalo, velo así, por el tiempo
que me dedicaste...
- ¿Qué te dediqué? –
preguntó en tono alto Alberich con una ceja levantada. - ¿qué
yo...?, ¿me estás probando verdad?, ¿por qué
haces esto?, ¿por qué tú...?
- Porque te
amo. – le interrumpió Radamanthys – te amo caballero. –
le repitió. – me gustaste desde el primer momento en que te
vi. Y luego de conocerte... de ver tu alma, de sentir tanta intriga
por ella, de conocer... tu placer por el dolor y...
- Y saber que
tú disfrutabas de mi dolor... – ahora le interrumpió
fue Alberich continuando, con algo que ya había pensado y
conocía, al espectro, le gustaba el sadismo – incrementó
tu curiosidad...
Radamanthys levantó una ceja asintiendo
lentamente.
- Así es... por eso... por eso busqué
una excusa, para buscar otro modo de hacer la rutina. – le admitió
– Tú y yo, somos muy parecidos y haríamos... una
increíble pareja... – Radamanthys le toma la mano a
Alberich, este baja la mirada para observar como el espectro se la
tomaba. Luego sube la vista de nuevo con una sonrisa...
- Es
verdad, si seríamos... una buena pareja... – dijo asintiendo
– muy buena. Tú también... sembraste mi curiosidad
desde que te vi... y fue aumentando y transformándose con el
tiempo...
Radamanthys acercó el rostro levantando una
ceja, esperando una respuesta.
- Entonces... ¿me... amas?
– le preguntó Radamanthys haciendo un gran esfuerzo por
quitar su máscara seria y ruda del rostro, para mostrarse de
un modo mas curioso e insistente.
- No. – contestó
Alberich – Yo no puedo quedarme aquí. Ni quiero quedarme
aquí. – separó su mano de la Radamanthys – me iré
muy lejos y dejaré tu armadura donde hemos llegado al
acuerdo...- se volteó sin ver el rostro de Radamanthys al
hacerlo – Lo lamento... – dijo volteándose después
de dar unos pasos – pero tengo prioridades... y el amor, no es una
de ellas... – Se volteó y comenzó a andar hacia en
frente, sin saber siquiera si ese era el camino correcto pero con
poca mente para pensarlo. Radamanthys se quedó intacto quieto
en el mismo siete, y no movió un solo dedo para detenerlo, así
no quisiese dejarlo...
Alberich se detuvo para pensar en el posible lugar de la salida. Al fin la salida, al fin saldría después de tantos meses encerrado en la oscuridad. Se iría, volvería a la tierra, pero... ¿a Asgard?. Él era un traidor y seguramente, los caballeros de Atenea ya debían haberlo delatado, nunca le había importado, pero realmente nunca había considerado ese aspecto. Qué haría cuando saliese del lugar. No tenía donde ir... carecía de familia, de amigos y ahora, hasta de Diosa, no recordaba a nadie que pudiese aceptarlo en su hogar, de hecho, no recordaba a nadie que lo apreciase, excepto... ese hombre que aún lo veía alejarse desde su lugar. Alberich volteó y lo observó, quieto, tranquilo desde lejos, como una figura ya algo lejana... ¿Qué tendría en la tierra que no en ese lugar?, ¿Para qué quería salir entonces?. Si ahí estaba algo y que podía llegar a serlo todo...
Terminó de darse media vuelta y
caminó hacia la silueta lentamente. Radamanthys levantó
una ceja extrañado, pero sin hacerse ilusiones, ya estaba
acostumbrado a caer en desilusiones. Alberich se detuvo frente a él,
a escasos centímetros de separación.
- No puedo
irme... – dijo bajando el rostro. Esto intrigó aún
más a Radamanthys, lo tomó suavemente por el mentón
y le levantó el rostro con ojos llorosos. - ... porque también
te amo... – El espectro no dio crédito a sus oídos
por unos instantes pero reaccionó al verlo bajar la vista y
comenzar a llorar. El espectro lo abrazó con suma ternura y
una sonrisa se dibujó en su rostro.
- Ya ya... pequeñín...
– le susurró en u intento de consolar – no hay porque
llorar... no hay porque llorar. Estamos juntos y con eso será
suficiente...
Se quedaron así, abrazados, extrañamente felices, juntos... y demostrando cariño como nunca recordaban haberlo hecho, dándose todo en un simple abrazo y mas tarde en un beso que sellase su entrega. Aunque nadie veía, sus siluetas se veían oscuras y marcadas a lo lejos, pero tapados constantemente por las ráfagas heladas que arrastraban hielo consigo. Fueron felices, por ese momento, fueron felices...
