Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo mejor imposible, ya rendí (para quien preguntó :) rendí un parcial de la universidad) y ahora está fuera de mi sistema (y que sea lo que tenga que ser) por lo que tengo dos semanas antes de volver a rendir y voy a poder darme el lujo de empezar la historia que tenía en mente incluso antes de empezar este fic... Tuve algo así como un arrebato y me vinieron muchas ideas a la cabeza, y todas juntas, tuve que decidirme por cual empezar. Y bueno... resultó ser esta. En fin, me había olvidado (aunque veo ya se dieron cuenta), de decirles que esta historia la enfoqué del lado de Ino, a pedido de muchos de ustedes. Lo cierto es que si no lo hice antes fue porque las ideas que tenía en mente quedaban mejor con Shikamaru ¡Perdón! Pero lo prometido es deuda, y poco a poco voy a tratar de mejorar lo que ustedes me señalaron. Bueno, ya saben, no voy a hacer tanto preámbulo, no tiene sentido aburrirlos así que voy a ir al grano ¡GRACIAS! Ya saben, igual lo repito. Por todo, gracias, me animan muchísimo incluso anoche cuando no era otra cosa que un manojo de nervios por el parcial me animó leer de ustedes. Y me encanta que banquen cada historia loca que se me ocurre, por eso los adoro, por tomarse la molestia de leer (que es demasiado, ya) y por hacerme saber su opinión ¡GRACIAS! Espero que el capítulo les guste... ¡¡Nos vemos y besitos!!


Últimos suspiros

IV

"Dejando atrás sábanas blancas"

Se incorporó lentamente, aferrando con fuerza su pecho, justo donde el metal había travesado despiadado su carne, todo el camino hasta su corazón. Suspiró, mientras su mirada se desviaba lentamente a través del cristal junto a ella. El gran ventanal por el cual se podía contemplar, en aquellos momentos, la luna. En todo su esplendor y magnificencia. En todo su brillo, con sus plateados haces de luz bañando los techos de las pequeñas casas de Konoha. Las cuales parecían insignificantes ante tal majestuosidad.

Volvió a suspirar, alternando la mirada hacia el reloj junto a su cama. Las manecillas marcaban las 3:00 AM. Era tarde, y sin embargo temprano. Quizá demasiado pronto para salir de la cama y sin embargo lo suficientemente tarde como para intentar retomar el sueño satisfactoriamente. Bufó fastidiada, aquella era la tercera noche seguida en que aquello sucedía. Despertando irritada con la imagen de aquellos fríos ojos grises en sus sueños. Los últimos ojos que había visto antes de casi desaparecer.

Pero lo más extraño era que, cada vez que recordaba su muerte, cada vez que se remitía a aquellos últimos suspiros volvía a recordarlo. Una y otra vez, resonaba en su cabeza. Shikamaru. Una y otra vez. Las mismas preguntas ¿Por qué? ¿Por qué de todas las personas en su mundo lo había elegido a él? ¿Por qué había deseado con tanto anhelo y desesperación tenerlo a su lado en aquellos instantes? ¿Por qué había sido el joven Nara la primera y última persona en quien había pensado, justo antes de morir?

Y la respuesta y conclusión a la que arribaba, siempre la misma. No lo sabía. No parecía haber razón lógica. Y sin embargo el mero asunto la atormentaba, más aún sabiendo que ahora debería convivir con él y el constante enigma en su cabeza de haber sido su nombre el último en haber nombrado.

—No lo entiendo —ahora que lo pensaba, ni siquiera se había acordado de Sai en aquellos momentos. Aquel que supuestamente robaba su aliento no había tenido siquiera cabida en su mente al instante de su muerte. Era como si no hubiera existido jamás. Al menos no en su mundo.

¿Por qué? Una y otra vez se cuestionaba lo mismo, sin embargo no encontraba respuesta. Y ahora los párpados le pesaban, quizá debiera olvidar el asunto por un tiempo y simplemente permitirse reposar. Como Tsunade le había ordenado que hiciera.

Y así lo hizo. Lentamente se recostó y permitió a sus ojos cerrarse, dejando la mano cerca de su corazón. Como asegurándose de que latiera, y siguiera haciéndolo. Al menos por un tiempo más.

Pronto la noche murió, tarda y suavemente, con los primeros rayos de fuego. Haces carmesíes de un sol imponente, deslumbrante y abrasador. Al instante que abrió sus ojos notó una presencia junto a ella.

—Buenos días —comentó feliz una turbia silueta que aún era incapaz de reconocer. Sin embargo el tono de voz le resultaba familiar.

—¿Chouji?

—Ajá —replicó el robusto joven, contemplando a su amiga con una amplia sonrisa.

—¿Qué sucede? ¿Y Shikamaru? —dijo de repente, notando que su amigo no se encontraba en el cuarto. No supo porque pero su tono de voz manifestó una posible decepción, aunque quizá leve. No estaba demasiado segura siquiera si lo había sentido. Después de todo ¿Por qué se sentiría decepcionada?

—Oh, él salió un segundo. Dijo que ahora regresaba —los labios de Ino se curvaron levemente hacia arriba. En una sutil sonrisa.

—Bien ¿Y que hacen aquí?

—¿No lo recuerdas? —ella negó con la cabeza— Hoy es el día en que te dan de alta. Hace ya una semana y media.

—¡Cierto! Menos mal porque ya estaba enloqueciendo en este lugar. No me gusta permanecer demasiado tiempo quieta ¿Sabes? Es realmente aburrido aquí.

—¡Jajaja! Definitivamente, Ino está de regreso —la joven frunció el ceño.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Que es demasiado típico en ti, que eres demasiado inquieta y no dejas de hablar. Pareces una cotorra —replicó Shikamaru con una sonrisa, quien en aquellos instantes atravesaba la puerta.

—¡¿A quien le dices eso Shikamaru?! —el joven bufó ¿Por qué era que Ino necesitaba gritarle, y a tan tempranas horas de la mañana?

—Eh... En fin —interrumpió Chouji— ¿Nos vamos?

—Debo cambiarme —replicó la muchacha cruzándose de brazos, aún enfadada por el comentario de su amigo ¿Cotorra? ¿Ella? Absurdo.

—Bien, esperaremos afuera, cámbiate —dijo Shikamaru finalmente, el Akimichi asintió y poniéndose de pié salieron ambos. Dejándola una vez más sola.

Entonces la joven lentamente se incorporó, y apartando las sábanas de su cuerpo salió del lecho, contemplando la amplia habitación. Como siempre pulcra.

Caminó lentamente unos pasos, sintiendo su cuerpo rígido y levemente adolorido. Habiendo permanecido por tanto tiempo en aquel lugar, recostada le hacía sentir su cuerpo adormecido. Como si de repente hubiera perdido toda memoria de cómo moverse.

—¡Bien! Ya estoy fuera.

No sabía porque pero se sentía extremadamente feliz, de muy buen humor. Tanto que ni siquiera el comentario fastidioso del Nara había logrado enfadarla. Bueno, quizá si al principio pero ya lo había olvidado. Después de todo, lo importante era estar viva. Y ella lo estaba, y lo podía sentir en todo su ser.

Así que comenzó a cambiarse, tomando la ropa que sus padres le habían dejado preparada la noche anterior. Se quitó la bata, e inconscientemente llevó la yema de sus dedos a la pequeña cicatriz sobre su pecho izquierdo. Sintiendo a cada centímetro de piel la extraña textura que su piel había adquirido.

Se contempló en el espejo, la pequeña marca la atravesaba de forma oblicua. Sin embargo no importaba tenerla allí. A pesar de que arruinara su pálida terciopelada piel. Le servía como un recordatorio, de que había sobrevivido. A la misma muerte.

—¡Estoy lista! —gritó del otro lado de la puerta, habiéndose cambiado de ropas por completo. Acto seguido ambos jóvenes entraron.

—Bien, vamos.

—¿A donde? —cuestionó intrigada. Chouji sonrió.

—A entrenar.

—¡¿Estás loco?! Acabo de salir del hospital.

—Tsunade dijo que necesitas hacer una especie de recuperación —Ino arqueó una ceja.

—¿Y tú Shikamaru estás de acuerdo? ¿Pudiendo evitar este totalmente innecesario entrenamiento? —el moreno se encogió de hombros.

—Es demasiado problemático, pero Chouji ya me despertó y me arrastró a esto.

—¡Eres increíble! Inclusive eres tan vago que ni siquiera te esfuerzas en negarte a algo que obviamente no quieres hacer.

—Como sea... —bufó— ya me sacaron de la cama.

—Realmente increíble, absurdo. Si me lastimo pesará en sus conciencias.

—Y otra vez con lo mismo —exclamó el Nara exhausto. Chouji rió.

—Es cierto, si algo me pasa...

—¿Acaso tienes miedo? —replicó interrumpiendo el discurso de Ino, el cual claramente se extendería hasta que llegaran a dicho lugar. Además, la conocía demasiado bien. Y Shikamaru sabía que aquellas palabras detonaría el carácter impetuoso y competitivo de su amiga.

—¡Claro que no! El cobarde eres tú —él sonrió.

—Como sea...

—Ya estamos por llegar —dijo finalmente Chouji. Contemplando el camino. Sin embargo no se encontraban en donde Ino había creído, sino en otro lugar. También familiar. Barbacoa Q.

—¿Qué...? ¿Qué hacemos aquí? —sin embargo ambos la ignoraron e ingresaron al lugar, provocando que la muchacha los siguiera.

—¡Oigan les estoy hablando! ¡Se que pueden oírme, no me ignoren!

Aún así ninguno se volteó a verla, hasta que llegaron a una de las mesas. En la cual se encontraba Sakura, debajo de un colorido cartel que decía "Bienvenida"·

—¿¡Frente de marquesina!? —chilló de repente exaltada, contemplando a la joven pelirrosa y el alegre cartel que colgaba sobre sus cabezas. Chouji y Shikamaru sonreían.

—Cerda —sonrió—. No te pongas emocional ¿Quieres? —replicó en tono burlesco. Provocando un breve arrebato de ira por parte de la muchacha, el cual inmediatamente se disipó al contemplar una vez más el cartel.

Entonces notó que alrededor del cartel había varios nombres firmados, entre los que se leían: Naruto, Kiba, Shikamaru, Chouji y la misma Sakura.

—¿Ustedes lo hicieron? —chilló feliz. Sakura asintió.

—Naruto me ayudó —rió— más bien lo complicó todo ¿Ves esa mancha allí? Adivina quien fue. En fin, me dijo que lo disculparas que tenía una misión.

—No importa —entonces se volteó a ambos chicos. Los cuales la contemplaban en silencio. Chouji con una gran sonrisa y Shikamaru con la misma habitual expresión de aburrimiento—. ¡Gracias! —exclamó exaltada. Abrazando a ambos.

—Oye, Ino. Nos asfixias —jadeó Chouji.

—Que problemática eres, no es necesario tanto alboroto.

La joven rubia rió nerviosa y rápidamente soltó a sus dos amigos, contemplándolos una vez más feliz. Y es que aún no podía creerlo, le parecía simplemente increíble. El simple hecho de estar allí junto a ellos la hacía dichosa.

—Tú realmente sabes como arruinar el momento —reprochó al moreno, el cual bufó en respuesta.

—Y tú eres demasiado escandalosa.

—¡No me importa! —y sin decir más, lo abrazó. En un acto completamente inconsciente e impulsivo. Aferrándolo con fuerzas por la cintura, lo cual tomó por completo desprevenido al joven.

—¿Ino? —y acto seguido se soltó, lentamente, no sin antes golpearlo bruscamente en la cabeza—. ¡Ouch! ¿Por qué demonios hiciste eso?

—¡Porque te lo merecías!

—¿Y el abrazo? —ella se encogió de hombros.

—Uno nunca sabe cuando puede ser la última vez —Shikamaru confundido rascó su nuca. Contemplándola totalmente contrariado ¿Desde cuando Ino se demostraba tan afectuosa con él? Quizá fuera por lo ocurrido, al menos sus palabras eso decían.

—Que problemática eres, primero me abrazas y luego me golpeas ¿Quién te entiende? Las mujeres son demasiado fastidiosas —replicó, recibiendo una vez más. Un nuevo golpe por tal comentario—. ¡Ouch!

—A veces deberías aprender a callarte —el moreno simplemente rodó los ojos, pensando que quizá a la misma Ino le haría bien seguir (al menos de vez en cuando) su propio consejo.

—Como sea... Bienvenida —y sin decir más se sentó en la mesa. Contiguo donde se encontraba Chouji, quien ya había ocupado su lugar junto a la ventana. Ino imitándolo, se sentó justo enfrente del Nara, al lado de Sakura.

—Bienvenida, cerda —Chouji simplemente sonrió.

Ino por su parte no cabía en tanta felicidad. Y es que le parecía simplemente maravilloso, encontrarse allí. En aquel lugar y con aquellas personas que tanto valoraba, y había querido a lo largo de toda su vida.

Sin embargo el mismo asunto la seguía persiguiendo y en su cabeza todo lo que había eran pensamientos sobre Shikamaru. Y el enigma de aquel extraño abrazo ¿Por qué lo había hecho? No lo sabía. Lo único que sabía era que en aquel instante abrazarlo le había parecido lo correcto. Y quizá, lo había sido.