Hola!, antes que nada una disculpa porque no tuve tiempo de revisar el capitulo y segundo quiero aclarar que mi inspiración al hacer esto fue una imagen de Hibari donde tiene los ojos vueltos puntitos; que es cundo se enoja en el arco del futuro que más bien siempre me pareció como un berrinche. Así que lees presentare un Hibari caprichoso el día de hoy, ¡espero lo disfruten!

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"Fuegos Artificiales"

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Tal cosa como las coincidencias no existe, solo esta lo inevitable.

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Estabas nerviosa, muy nerviosa. Era la primera vez que aparecerías delante de todo el mundo de la mafia. Por desgracia para la familia Cavallone el guardián de la niebla había fallecido un par de años atrás de una grave enfermedad, sin embargo ese puesto había sucedido a ti. Se trataba de la fiesta anual Vongola, donde todos los aliados a esta se hacían presentes para festejar un año más de logros, algunos aprovechan para presentar a sus hijos ante la crema innata de cada familia siendo estos los legítimos sucesores del título de capo, otros como en tu caso, llevaban a los nuevos guardianes para que pudieran enrolarse en aquel mundo y siendo más fácil para las familias el reconocer a los aliados.

― ¿puedo entrar?― escuchaste detrás de la puerta mientras estabas estática sentada en tu cama, recién despertabas y a decir verdad no sabias ni que debías hacer primero.

―si― respondiste casi imperceptiblemente. Tu cachorro Ikky por el contrario dio un ladrido hacia la puerta reafirmando que podía ser abierta.

―buenos días (tu nombre) ― hablo el líder de la familia Cavallone sentándose a tu lado. ―se que estas nerviosa siempre es difícil la primera vez que uno va estas reuniones.

―es aterrador― afirmaste para tomar entre tus brazos a tu pequeño cachorro y echarte de nuevo en la cama cubriéndote por completo con tu sabana.

―vamos, se que puede llegar a serlo pero eres mi guardiana― espeto rápidamente en tanto intentaba quitar la sabana de encima de tu cuerpo. ―se que no era tu deber llevar esta responsabilidad, pero, el destino fue quien así lo decidió.

Sentiste como su mano se deslizaba por debajo de las sabanas hasta llegar a tu muñeca, lentamente entrelazó sus dedos tomándote casi con ternura. Tu respiración se corto y tus mejillas enrojecieron. Desde que tenias memoria habías estado profundamente enamorada de Dino Cavallone y ahora desde hace un tiempo el estaba ahí, mirándote siempre, cuidándote, velando por tus sueños.

―Dino…― le llamaste con un tono leve mientras te descubrías por completo y te reincorporabas sin soltar su mano.

―(tu nombre), eres un miembro de mi apreciada familia, hoy es el día en que esto se vuelve oficial ― hablo al momento de que sacaba algo del bolsillo, se trataba nada más y nada menos del anillo de la familia Cavallone, te quedaste sin habla mientras lo colocaba en tu dedo. ―debes portarlo con orgullo― te acaricio el cabello mientras un silencio prolongado se hizo presente, ambos se miraban a los ojos expectantes mientras el rubio se acercaba lentamente a ti, sus respiraciones chocaron y sus labios se acercaban a los tuyos, serraste los ojos para casi de inmediato sentir un cálido beso en tu mejilla. El rubio se puso de pie y salió de la habitación sin decir más. Estabas enojada, confundida, enojada y es que como carajo se atrevía a jugar con tus sentimientos de esa manera. Si estaba muy bueno y todo pero por primo que intentaba hacer, ¡que te diera un derrame!

―Dino estúpido ¡te odio!― alzaste la voz al tiempo que arrojabas un cojín que impacto a la puerta, tu cachorro te miro con una cara de «yo se que estás loca pero aliméntame» no te quedo más que tragarte el coraje para atender a tu mascota, en cuanto lo hiciste reaccionaste un poco y viste tu móvil. Eran las 12:00 del medio día.

Decidiste ir a darte un baño, llenaste la tina y pusiste en ella un sinfín de lociones y jabones que te encantaban. Tomaste tu móvil y te relajaste.

-¿están listos para la fiesta?- viste un mensaje aparecer en las notificaciones del grupo «los guardianes no tan amargados de las familglias»

-claro que si Reborn» contestaba un tal Takeshi enviando una fotografía donde aparecía un chico moreno con una sonrisa encantadora y detrás suyo lo que parecía ser Tsunayoshi -san semidesnudo cubriéndose con una toalla.

-¿Qué demonios?, friki deja tranquilo al decimo- esta vez lo enviaba un tal Gokudera seguido de un emoticón enojado y otro llorando.

-ustedes sí que se divierten- esta vez era un mensaje de Dino que adjunto tenía una fotografía suya con el torso desnudo, probablemente se encontraba tomando un baño. Si no hubieras estado en la tina probablemente te hubieras ido de espaldas ― ¡guardar, guardar!― exclamaste con los ojos vueltos estrellas y un pequeño hilo de baba resbalando por la comisura de tus labios. Tu cachorro lanzo un ladrido ―no me veas así, no soy una pervertida, solo me gusta coleccionar cosas bonitas.

-¿esto se ha vuelto una competencia?- cuestiono un tal Basil

-¿se trata de una competencia del más sexy de nuestros jefes~?― esta vez era un tal Lussuria

-si es así miren esto- esta vez era un mensaje de un Fran que adjunto tenía una fotografía de un chico con cabello verde menta quien abrochaba su camisa y atrás un rubio que se encontraba de espaldas, quien llevaba puesto solo su pantalón de vestir y al fondo se podía observar la silueta del líder de los varia en la ducha.

Te quedaste pasmada, estabas tratando de comprender como en cuestión de minutos tu móvil estaba siendo atascado de fotografías de chicos semidesnudos y la verdad a pesar de que te encantaba estabas totalmente intrigada acerca de quiénes eran.

-eso no es nada- esta vez quien escribía era un tal Aoba quien enviaba una fotografía de un pelirrojo con expresión despreocupada quien se miraba al espejo mientras abotonaba los puños de su camisa claro sin abrochar los delanteros dejando ver su torso desnudo. Te sonrojaste por completo y casi arrojas la pequeña mesa de baño en un intento fraudulento por intentar guardar la compostura.

-el gran Lambo también quiere jugar- leíste un mensaje que no sabias si era de un tan Lambo pues como nombre tenía solo una carita feliz y un pastel. Casi de inmediato acababa de subir una fotografía de un pelinegro bastante atractivo quien parecía estar dormido sin camisa y una sábana blanca cubriendo todo lo interesante.

-¡Hi-Hibari san!- llego el mismo mensaje de parte de la mayoría quienes en cuestión de segundos abandonaron el grupo.

Estabas desconcertada pero con una cantidad significativa de pruebas irrefutables de porque debías de asistir a la gala esa noche.

Saliste de la ducha con el mejor humor del mundo yendo directamente a tu vestidor, un cuarto enorme con espejos por todos lados, había un sin fin de ropa colgada ordenadamente en guardarropas inmensos, zapatos que hacían fila como si estuvieran en una exposición, bolsos de las mejores marcas descansando encima de repisas y claro las joyas más lujosas y ostentosas que habías visto en tu vida siendo el centro de atención detrás de hermosas vitrinas. Por si fuera poco en el centro de la habitación lo que más destacaba eran báculos dispuestos para ser utilizados como armas, eran sumamente hermosos de diferentes estilos y colores para cualquier ocasión. Todo había sido dispuesto para ti en cuanto te dieron una de las recamaras principales, justo el día que anunciaron que serias la nueva guardiana de la niebla.

Suspiraste profundo al enfocar tú vista en una bolsa de color negro que se encontraba encima de uno de los taburetes, justo al lado de tu peinador, junto a el había una caja de color dorado y una más pequeña de color negro. Te dispusiste a abrir la bolsa para ver su contenido, era un hermoso vestido de escote corazón con pedrería plateada que ajustaba perfecto hasta la cintura, hacia abajo tenia capas de tul negro que caían con gracia hasta el suelo, te quedaste boquiabierta. Pasaste ahora a la caja de color dorado la cual contenía unas hermosas sandalias plateadas con pedrería, eran bastante altas para tu gusto pero entendías que era lo acorde a la ocasión, por ultimo abriste la pequeña caja de color negro, al abrirla una nota cayó al suelo «por favor usa esto para la fiesta de esta noche, estoy seguro que te veras hermosa, Dino» te fuiste para atrás y te caíste al suelo con los ojos vueltos corazones y de tu cabeza casi sale humo, tomaste la pulsera de zafiros que se encontraba en el interior de la caja y decidiste salir de esa habitación luciendo no solo como una digna guardiana, si no salir para demostrar que eras merecedora del amor de un capo de la mafia.

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Saliste de tu habitación luciendo aquel espectacular atuendo en conjunto con un peinado precioso que era adornado por una pequeña diadema a juego que precia ser una enredadera, y un maquillaje discreto que resaltaba tus hermosos labios. Tu mascota Ikky ladro a tu lado luciendo también espectacular con un collar de diamantes al puro estilo «aunque no sea muy masculino… envídienme bitches»

Dino y el resto de los guardianes te esperaban en la puerta, la mayoría iba en compañía de sus esposas e hijos a excepción del joven Dino y tú que aun eran muy jóvenes para dar aquel paso.

―luces muy hermosa― se expreso al tiempo que una bella sonrisa se hacía presente en su rostro, te sonrojaste de inmediato al ver que no te quitaba los ojos de encima en ningún momento ―¿nos vamos?― cuestiono el rubio ofreciéndote el brazo mientras uno de los subordinados traía la limosina que se encargaría de transportarlos.

Pocos minutos antes de llegar sentías como tú estomago estaba dando vuelcos, empezaste a ponerte fría, estabas tan nerviosa que tus piernas estaban temblando. ―tranquila― trato de calmarte Dino mientras te rodeaba con sus brazos, ―si te sientes incomoda dímelo y saldremos de ahí lo más rápido posible― tus mejillas se ruborizaron y sonreíste. Para cuando lo notaste la limosina había aparcado frente a las imponentes puertas de la mansión Vongola. Uno de los sirvientes abrió la puerta siendo Dino el primero en descender y ofreciendo su mano para que tú hicieras lo mismo.

―vaya, es impresionante― atinaste a decir en cuanto viste a todas aquellas personas que por un momento dejaban de parecer una mafia para convertirse en parte de la aristocracia.

Al entrar pudiste observar en el centro de la habitación a Sawada-san en compañía de aquel apuesto pelinegro y un peli plateado.

―Tsuna― le llamo Dino al castaño

―Dino, que gusto verte― se saludaron con cariño mientras los otros dos hacían señas de saludo.

―ella es (tu nombre), será mi guardiana de la niebla de ahora en adelante, te agradecería que la aceptaras como un miembro oficial de la familia― hablo al tiempo que ponía tu mano a disposición de la del joven Tusnayoshi, quien la tomo con delicadeza dando un pequeño beso y asintiendo a la petición. Te quedaste un tanto extrañada pues en ocasiones no parecía ser aquel chico del que todos hablaban, ese que llamaban dame-Tsuna, o le dabas crédito al tiempo pues este ya había madurado y dejado aquello muy atrás.

―ellos son Gokudera Hayato y Yamamoto Takeshi― presento a los otros dos, ―el resto de mis guardianes se encuentran en algún lugar de la mansión― sonrió amablemente.

― ¿Tsuna y tu prometida?― cuestiono Dino un tanto avergonzado lo que provoco un desconcierto en ti.

― ¿estás preguntando por Kyoko-chan, o es que quieres saber donde se encuentra Haru?― intuyo rápidamente el joven Vongola.

―me atrapaste― sonrió con un leve rubor mientras que Sawada apuntaba a una dirección donde se encontraba una rubia bastante atractiva que portaba un vestido de color dorado, mientras que a su lado había una castaña que llevaba su cabello recogido en un peinado alto rematando con un vestido verde que iba degradándose hasta llegar al suelo.

―discúlpame (tu nombre), debo de ir a ver a esa persona― se disculpo Cavallone para salir corriendo detrás de la de vestido verde dejándote sola en medio de la multitud.

―siempre es así desde que… bueno desde que Haru tuvo edad suficiente― Tsunayoshi soltó una pequeña risa mientas veía como Dino se volvía torpe tirando todo a su paso ―disfruta de la fiesta (tu nombre)-chan, no sientas vergüenza todos somos una familia.

Estabas molesta, no entendías porque te pasaba aquello, pensabas que tenias una buena oportunidad con Dino pero ahora que lo veías así te dabas cuenta de que no solo no era verdad, si no que nunca ibas a tener ninguna, sonreíste como derrota pues aquello había resultado en un fraude monumental para tu persona. Ya no tenía caso estar en aquel lugar para nada valía la pena.

―Hola ushi ushi ushi― escuchaste una risa proveniente detrás de ti, al girarte pudiste ver un apuesto rubio con una corona que sostenía una copa de vino extendiéndola hacia ti. ―te vez muy hermosa, eres la guardiana del caballo, ¿verdad?― cuestiono en tanto se sentaba a tu lado y tú asentías a su pregunta.

―tal parece que te ha dejado sola― te sonrió seductoramente, ―eso es bueno para mí…― su mueca de seducción cambio casi instantáneamente al sentir una presencia que se encontraba del otro lado a ti.

―el príncipe falso siempre quiere acaparar lo más bonito― se quejo un chico de cabello menta, te enrojeciste por el comentario y no pudiste retener una pequeña sonrisa. ―y es más bonita cuando sonríe― aunque su voz era monótona te sonreía de una manera cálida

―largo de aquí, yo la vi primero―se quejaba el rubio sacando un par de cuchillos e impactándolos en la cabeza del primero, el cual utilizaba llamas de niebla para hacer como si se clavaran en su cabeza.

―yo también soy guardiana de la niebla― interrumpiste la pelea mientas veías al peli menta sorprendida por tan ejecutada maniobra

Este sonrió tomando tu mano atrevidamente ―dicen que los ilusionistas podemos hacer parejas perfectas― acaricio con ternura tu mejilla para que casi de inmediato la mano del rubio lo alejara de ti.

―te parece si arreglamos esto con una pelea rana estúpida ushi ushi ushi― pidió el rubio al momento que se ponía de pie y era envuelto por agresivas llamas de tormenta.

―no creo que exista otra manera príncipe falso― acepto el desafío en tanto la atmosfera empezaba a cambiar.

Lentamente te pusiste de pie disponiéndote a alejarte despacio de aquellos dos, caminaste con pasos acompasados hacia atrás para no despertar sospecha alguna.

― ¡auch!― exclamaste cayendo al suelo pero recién notabas que no había sido tan malo, de hecho el suelo no se sentía tan mal.

―disculpa podrías bajarte― escuchaste una leve voz que venía debajo de tu vestido.

― ¡degenerado!― gritaste mientras lanzabas un puñetazo para casi de inmediato darte cuenta de que se trataba de Hayato Gokudera. Tus ojos se volvieron platos e instintivamente te pusiste de pie y corriste lo más rápido posible en otra dirección.

― ¡las bonitas siempre están locas!― exclamo el guardián de la tormenta, algo que te causo bastante gracia así que te fuste de ahí con una gran sonrisa.

Te detuviste a descansar en una habitación vacía, era bonita estabas segura de que nadie iría ahí así que te desplomase sobre el sofá.

―al fin solo/al fin sola― hablaste simultáneamente con alguien al mismo tiempo que los dos se dejaban caer en el sofá.

― ¿Quién eres tú?― te gano la pregunta mientras se desconcertaba un poco.

―mi nombre es (tu nombre), soy la guardiana de la niebla de la familia Cavallone― te presentaste rápidamente al notar que ese chico era el pelirrojo de la fotografía.

―yo soy Enma Kozato líder de la familia Shimon― hablo más calmado extendiendo su mano hacia. ti.

―y dime Enma, ¿Qué haces por aquí?― preguntaste con una sonrisa.

―bueno me fastidie un poco con tanta presión social― hablo rascando su mejilla.

― ¿presión social?― preguntaste un tanto extrañada.

―bueno… si, ya sabes, Tsuna está comprometido y tal parece Dino está por hacer lo mismo, lo menos que se espera de mi es que yo también de el paso.

―ya veo… ¿entonces no tienes novia?― intuiste un tanto pensativa pues ese chico parecía realmente lindo.

―así es, no tengo una novia― hablo sonriendo ―creo que estoy esperando a la indicada.

Ambos sonrieron simultáneamente.

―y dígame señor capo ¿Cuáles son esas cualidades?

―tiene que ser divertida.

―diversión es mi segundo nombre.

―tiene que ser lista.

―mencione que estoy por estudiar un master.

―tiene que ser linda.

―soy adorable no cabe duda.

Los dos soltaron una leve carcajada

―tiene que tener el cabello de color (tu color de cabello), tus ojos, tu boca…― su mano se deslizo por tu mejilla. ―es lindo conocerte.

Te ruborizaste de inmediato.

―Enma te estamos buscando, debes hacerte presente y decir unas palabras― interrumpió estrepitosamente una chica de coleta negra.

―Adeleid, espera― y antes de que pudiera decir algo ya lo habían sacado a rastras de la habitación.

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Seguiste caminando, a pesar de todo el día había sido un tanto divertido y habías conocido a la gran mayoría de los chicos. Pero ya estabas cansada, había sido entretenido sí, no cavia duda pero no podías evitar darte cuenta de que cada uno de esos encuentros había sido interrumpido estrepitosamente hasta alejarte de cada uno de ellos, como si en definitiva aquello no debiera suceder.

Te dedicaste a caminar por los jardines buscando a tu querida mascota, pudiste escuchar sus ladridos y a la lejanía pudiste observar como jugueteaba debajo de un árbol junto a un pequeño pajarillo de color amarillo, a su lado se encontraba un joven de cabellera negra quien se recargaba en el árbol en un estado de somnolencia.

Te sentaste a su lado cerrando los ojos ya estaba anocheciendo y las estrellas se podían ver en todo su esplendor, no pudiste evitar quedarte profundamente dormida.

Se escucho una explosión seguida de unas cantas mas, tus ojos se abrían lentamente para ver los fuegos artificiales que capturaban el cielo nocturno, la persona a tu lado te veía con detenimiento en tanto despertabas, mientas te acercaba una copa de champan y él se serbia un vaso de whiskey.

― ¿tú eres (tu nombre)?― hablo tajantemente

―así es… ¿Cómo lo sabes?

―es fácil saber quién eres cuando perteneces a la familia Cavallone

― ¿perteneces a la familia Vongola?

―…― no contesto, solo se encogió de hombros en tanto el pajarillo se posaba en sus manos.

―sabes, me gustaría olvidar quien soy esta noche― hablaste cabizbaja

―…― una vez más guardo silencio, mas se acerco a ti lentamente ―entonces quítate esto― hablo tomando tu mano para quitar con agilidad el anillo de tu dedo arrojándolo al suelo

― ¿olvidamos también quien eres tú?― pediste ruborizándote un poco.

No dijo nada solo se quito el brazalete que llevaba en la muñeca lanzándolo en la dirección que había arrojado tu anillo. Sonrió para ti susurrándote algo en el oído, para después chasquear los dedos y que ambas mascotas salieran corriendo y volando respectivamente.

―este traje es de la familia Vongola ¿no es verdad?― el asintió y tu deslizaste su saco con suavidad quitándoselo por completo. ― Y la corbata…― susurraste mientras una vez más asentía y tú la aflojabas para poder retirarla ―y la camisa― murmuraste mientras la desabotonabas.

―todo― murmuro cerca de tus labios tomándote por la cintura subiéndote encima suyo ―ese vestido te lo compro «él» ¿no es verdad?― hablo mientras sus ojos se volvían fríos y agudos. Tu asentiste y en cuanto lo hiciste se atrevió a deslizar el sierre, para cuando lo bajo por completo empezó retirar la parte superior del vestido hasta dejar tu pecho al descubierto.

―demasiado bonita― hablo sonriendo mientras clavaba aquellos hermosos ojos sobre ti, atándote como cadenas a su cuerpo. Ahora deslizaba sus manos por tus caderas hundiéndose en la tela de la vaporosa falda. Soltaste un leve gemido y su sonrisa se volvió más pronunciada, su respiración iba tomando más intensidad en cada caricia, alzaste los ojos al cielo y sentías como podías tener todas esas estrellas en tus manos.

―¿Cuál es tu nombre?― apenas podías hablar pues solo se escapaban gemidos de tu garganta y tu cara estaba enrojecida y tus labios formaban una mueca de dolor y placer que se entremezclaban con los fuegos artificiales que rompían el cielo.

―dijimos que lo olvidaríamos― con un movimiento ágil cambio los roles siendo e quien ahora permanecía encima tuyo, te empujaba con fuerza contra el suelo mientras intentaba llenar tu cuerpo por completo de su esencia, para que lentamente esa pregunta quedara despejada con sus manos sobre ti, su lengua que formaba patrones sobre tu piel y que en un momento juraste que esos mismos patrones llevaban las letras de estarte reclamando como algo suyo.

Pasaste la página y decidiste sumergirte en ese fantástico mundo que te mostraba, aquel oculto detrás de la mansión, en un jardín, bajo un árbol a la distancia de una fiesta que carecía de sentido entre los brazos de alguien que te mostraba el nirvana conquistando cada molécula de tu cuerpo. Las descargas eléctricas iban y venían de tu cabeza a tu vientre y de nuevo hasta llegar a tus piernas que empezaban a temblar para cuando ya casi todo había terminado.

―Kyoya Hibari― te susurro al odio sin perder aquel tono meloso que había adoptado para la mitad de su encuentro. Lentamente se fue apartando de ti mientras que te sentías totalmente satisfecha y conmocionada por todo lo que paso, pues una vez había terminado empezabas a pensar en las consecuencias. ¿Los habría viso alguien? ¿Quién era el, estaba casado, con hijos? ¿Qué diría Dino?

―y-yo…― titubeaste pero fuiste silenciada con sus labios sobre los tuyos, el beso fue húmedo y profundo.

―esto va a terminar como tú quieras que termine― puntualizo secamente mientras te observaba con unos ojos totalmente diferentes, esta vez sentías como te escudriñaba.

―…― no contestaste, sin embargo pudiste observar cómo se ponía de pie abrochándose los pantalones y colocándose su camisa en un intento fraudulento para que todo quedara igual que al inicio. Por tu parte te cubriste con tus manos y en cuanto reaccionaste te pusiste rápidamente el vestido. Ambos lucían totalmente desaliñados al igual que pareció ser como si ninguno pudiera decir nada.

El apresuro su camino acercándose a donde había arrojado el brazalete y el anillo, lanzándote este ultimo para que lo atraparas. Pronto se perdió de tu vista.

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Te quedaste estupefacta por unos minutos sin poder pensar más o encontrar algo que le diera razón a tus pensamientos. Te sentías estúpida ¿Cómo así lo habías dejado ir? Chasqueaste la lengua y a pesar de que ahora llevabas el cabello suelto sin ningún adorno porque se quedo tirado en algún lugar del suelo y tu vestido estaba algo sucio y probablemente pareciera que recién despertabas decidiste pasar tus manos encima de ti intentando recomponerte un poco, irías a buscar a ese guardián Vongola y lo ibas a ver a la cara con esos mismos ojos que él te puso y le ibas a decir –he cabron, eres mío y mas te vale que te calles-

Entraste con detenimiento en la mansión mientras muchos ponían sus ojos en ti con expresiones que susurraban «¿Qué le paso», los fulminaste con la mirada buscando con desesperación al azabache, a quien de inmediato ubicaste en la barra, te pusiste a sus espaldas tratando de tomar valor, para decir algo pero lo que obtuviste fue un complot de tu cerebro y tu boca porque no salió ni una sola palabra, suspiraste hondo y lentamente lo rodeaste con tus brazos abrazándolo por la espalda.

―No te vuelvas a ir, por favor― suplicaste hundiendo tu cara en su cuello, sentiste como colocaba una de sus manos sobre las tuyas y como lentamente se iba poniendo de pie apartándote un poco para ponerse frente a ti.

No dijo nada, solo sonrió mientras te tomaba de la barbilla y con su mano libre te rodeaba por la cintura. Pero antes de que pudiera siquiera decir algo se escuchó una copa de vino ser golpeada solicitando la atención de todos los presentes.

Ambos se giraron para observar a Dino Cavallone al centro del salón, a su lado se encontraba Tsuna y la rubia, así mismo al lado de Dino se encontraba la chica de vestido verde.

―estimada familia― empezó Dino su discurso ―como sabrán en nuestro mundo siempre nos enfrentamos a grandes retos, algunos se ganan… otros no; y son aquellos que se pierden los que más se quedan en nuestras memorias, sin embargo los buenos momentos son los que se clavan en nuestros corazones y los que hacen que nos mantengamos unidos como una familia. Hoy estamos aquí todos los aliados a la Vongola, disfrutando una gran noche, con una grata compañía. Hoy me toca a mi estar aquí enfrente pues soy el portador de buenas noticias― hablo con una amplia sonrisa al tiempo que introducía su mano en el bolsillo de su chaqueta para sacar una pequeña caja.

―Haru… ¿quieres ser mi esposa?―

― ¡hahi!― exclamo la chica mientras soltaba un par de lagrimas y se arrojaba en brazos del rubio.

―al parecer es un sí― bromeo el líder de la familia Cavallone.

Te quedaste extrañada, pensaste que te molestaría pero no paso. Te sentías bastante bien tomando la mano de aquel misterioso chico de ojos azules. Lo miraste sonriendo y el hizo lo mismo en un gesto de complicidad. Una vez más voltearon ver a la feliz pareja quienes se reincorporaban para que el joven pudiera seguir con el discurso. ―les presento a mi prometida Haru Miura― Dino sonrió mientras se giraba hacia ti ―también quiero presentar a una querida amiga, a alguien que se ha convertido en un pilar de esta familia, alguien que ha puesto todo de su parte para cumplir la función como guardiana…

Antes de que pudiera seguir se escucho una vez más una copa de vino siendo golpeada, pero esta vez no sutilmente con una cuchara, más bien siendo estrellada estrepitosamente contra la barra; tus ojos se volvieron platos al notar que esa interrupción venia nada más y nada menos que de alguien junto a ti.

―lo siento― Kyoya se disculpo falsamente ―es que también tengo un anuncio.

Todos los presentes palidecieron al instante y los murmullos se hicieron presentes y aunque aun no lo conocías lo suficiente te estabas dando cuenta que al parecer no hablaba mucho y que quizá no era regular su presencia en sesiones como aquella.

―H-Hibari va a hablar― Tsunayoshi mando a todos a callar mientras que una mueca de sorpresa era evidente en su rostro, era claro que cualquier deseo que el guardián pudiera tener Sawada se encargaría de cumplirlo al pie de la letra.

―está claro que tienes una nueva guardiana de la niebla―hablo dirigiéndose a Dino mientas el mencionado asentía ― ¿es ella?― coloco una de sus manos sobre tu cabeza, sentiste como todos los ojos eran puestos en ti. Una vez más el rubio asintió ante su cuestionamiento. ―ya no― tomo tu mano retirando el anillo y lazándolo con brusquedad hacia Cavallone.

― ¡¿de qué hablas?!― alzo la voz molesto mientras Haru intentaba detenerlo.

―me gusta― afirmo y por un momento todos parecían que se iban a ir de espaldas ―así que más les vale que entiendan que de ahora en adelante es mía, no la envolverán en sus tonterías y yo seré quien cuide de ella― parecía molesto y a la vez como si estuviera haciendo un berrinche. Soltaste una pequeña carcajada que hizo eco en el silencio del salón, todos quedaron estupefactos al pensar que te habías mofado de sus palabras pero palidecieron aun más cuando lo giraste con brusquedad e impactaste sus labios con los tuyos.

―acepto― le sonreíste tomándolo con fuerza por la corbata acercándolo aun más a tu cuerpo.

―no era una opción― te sonrió mientras te correspondía el beso, para en cuestión de segundos retirarse y lanzar una mirada de muerte a quien fuera que aun tuviera los ojos en ustedes.

― ¿ahora a donde vamos?

―tengo un cuartel subterráneo, vivirás ahí de ahora en adelante

― ¿subterráneo? ¿Vivir?

―como dije, no es una opción ― de nuevo parecía hacer un berrinche.

―eres tan lindo cuando te portas así.

―hn.

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―es una estafa, yo la vi primero― se quejo Belphegor

―sempai si me hubieras dejado el camino libre no habría pasado esto― hablaba esta vez Fran mientras ambos mataban una botella de whiskey

― ¿de qué hablan?― Enma se hizo presente desde atrás sirviéndose de la botella ―claramente era mía, diversión era su segundo nombre ¡su segundo nombre!― bufo con un estado de ebriedad obvio.

Un vaso fue golpeado contra la barra mientras Hayato Gokudera exhalaba el humo de su cigarrillo ―al menos yo le toque por debajo del vestido― soltó algo borracho al tiempo que los otros tres ponían una cara lo suficientemente interesante.

―esperen a que la alondra se entre de esto― Lussuria salió de no sé donde grabando aquella situación y enviándolo al nuevo grupo «los guardianes no tan amargados de la famiglia versión 2.0».

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¿Les gusto? Dejad sus comentarios que son los que me animan a seguir. En cuanto al siguiente estoy pensando que sea Byakuran ¿Qué opinan?