Ya en Londres
Sentía a sus ilusiones irse apagando poco a poco conforme pasaban los días. Taladraba su cabeza pensando una manera posible para poder llevar a cabo lo que tanto quería sin necesidad de gastar tal cantidad de dinero, mas ninguna idea que fuera aceptable se le ocurría. Quizá ya era la hora de irse haciendo la idea. El cerebro le explotaría en cualquier minuto.
- Ronald irá esta noche a ver un partido junto con George, ¿qué te parece si rentamos unas películas?
- Puede ser… - Ginny suspiró mientras aparcaba el auto algo un poco más allá del jardín de la madriguera. Se suponía que esa tarde era para ajustar algunos detalles de la boda con Fleur, mas la rubia y hermosa mujer canceló hacia dos horas antes por tener a Victoire con varicela. ¡Planes cancelados! – Neville me había dicho para ir al cine con él y Hannah, pero como sabes, aún me incomoda un poco salir con ellos. ¡Se ponen demasiado melosos! Y se me hace muy extraño ver a Neville así.
- Me lo imagino. Entonces vamos a mi casa, pasaremos el rato.
- Pero no veremos esas películas clásicas que te gustan.
Hermione frunció los labios, no obstante, accedió casi de inmediato.
La mirada castaña de la pelirroja se mantuvo fija en algún punto frente a ella sin apagar aún el motor. El clima lluvioso con el que había amanecido ya no estaba. Las nubes se habían disipado y ahora el sol reinaba imponente sobre las colinas cercanas al hogar de la familia Weasley.
- Ginny… ¡Ginny! - Ginevra sacudió la cabeza y apagó el auto rápidamente. - ¿Estás bien?
- Sí.
- ¡Has estado tan inexpresiva últimamente que de verdad me preocupas! – exclamó Hermione, arrugando la piel entre sus delgadas cejas. – Ginny… - la pelirroja realizó un vago gesto de fastidio mientras bajaba del auto.
- ¡Un rayón! – bramó mientras llevaba ambas manos hacia su cabeza. – Seguramente fue el estúpido motorizado obsceno que nos andaba molestando. Bill se va a poner…
- Por favor, Ginny – Hermione rodeó el vehículo y llegó junto a ella, sacando su varita de su pequeño bolso bajo el brazo. – Con un simple hechizo se puede arreglar – apuntó al rayón que decoraba la puerta del volvo de Bill y al instante éste desapareció.
- Bien –exhaló la pelirroja.
- En estos últimos días has estado queriendo hacer un drama de todo. Estás tan sensible que cuando estoy contigo no pareciera que fuera yo la embarazada sino… - se calló al ver la extraña mueca que surcó el rostro de su cuñada. – Ginevra… - Ginny se dio vuelta y emprendió una marcha floja hacia la madriguera. - ¡Deja de una vez esa malcriadez que te gastas! De verdad…
- Entiende que ando en un momento de frustración, Hermione – se detuvo y volteó a mirarla. Su amiga arqueó una ceja.
- No pareces una mujer adulta – Ginny se alzó de hombros. - ¡Quita esa cara, por Dios! Al menos finge una sonrisa cuando estés con nosotros.
- Lo siento, ¿sí? Sé que mi actitud no es la más madura de todas.
- Por supuesto.
- Ya… - cerró los ojos y liberó un hondo suspiro. – Bien… - miró a la castaña. – Trataré de calmarme y me tragaré en silencio mi desilusión. – Hermione bufó a la par que blanqueaba los ojos. Caminó hasta Ginny y, tomándola del brazo, se dirigieron hacia la madriguera.
O O O
Los nervios que parecían devorarlo por dentro se multiplicaron sin piedad apenas pisó tierra londinense, no quería ni pensar en cómo se sentiría cuando estuviera de nuevo frente a ella. Paseó su mirada por sus maletas con la intención de tomar una para empezar a desempacar, aunque creía que lo más óptimo antes de darse esa tarea era limpiar aquel departamento. Después de cinco años sin haberle pasado siquiera un cepillo de barrer ya parecía no verse el piso ante tanto polvo. Buscó los pocos objetos de limpieza y aseo que había dejado en la cocina antes de partir y se dispuso a recoger el lugar. No era tanto trabajo, tan sólo debía sacudir los muebles y la mesa y trapear el piso para quitarle un poco el aroma a cuarto encerrado.
Dio un asomo de sonrisa cuando vio su tarea terminada. Ahora sólo debía desempacar sus pertenencias y acomodar todo donde debía. Con una mano se secó las pocas gotas de sudor que se esparcían por su frente y se encaminó hacia el refrigerador para tomar una botella de cerveza de las que había comprado antes de llegar al departamento.
Fotografías de tiempos pasados reposaban pegadas en la puerta del congelador. Sus ojos divisaron una muy divertida en la cual estaba él junto a Hermione y Ron. Otra con sólo él y su amiga "sabelotodo", y una muy especial que se tomó abrazando a Ginny por detrás. Arrugó el entrecejo mientras tomaba la foto y la veía más detalladamente, suponía que todas las fotografías de Ginny estaban aún guardadas dentro de su equipaje. Cuando decidió irse de Londres había tomado todas y cada una de ellas para llevárselas junto con él, ésta se le había olvidado.
Sonrió, dejando la foto en su lugar. Esperaba ya no necesitar más de ellas para al menos imaginar la sensación de bienestar que le causaban los vivos ojos de la chica nada más al verlos… Había sido tan idiota, y Ginny tan…
Sacudió la cabeza. Había vuelto dispuesto a recuperarla y no iba a permitir que discusiones pasadas arruinaran su deseo de volverla a tener junto con él. Todo debía llevarlo a cabo de acuerdo a como lo tenía planeado: Ir a la madriguera, hablar con sus amigos, buscar empleo… Aún no podía divisar el momento en el cual se disponía a solucionar las cosas con Ginevra. Era como tratar de ver una película con imágenes borrosas. ¿Qué le diría? ¿Y si ya no lo amaba? Le dolía recordar que ninguna carta que recibió desde Londres estando en Nueva York era de ella. Ginny nunca se preocupó por escribir siquiera un "cómo estás". Y bueno… debía admitir que él nunca se dio el valor de escribirle tampoco, temiendo no recibir una respuesta… no la que quería.
Exhaló una gran cantidad de aire. Dejó la botella de cerveza que estaba ingiriendo sobre el mesón de la cocina y se dispuso a ordenar algo de comida. Al día siguiente se preocuparía por lo que haría.
O O O
- El duende y el búho se hicieron muy amigos y todos los días se reunían en la casa de chocolate para jugar al ajedrez. Y colorín colorado este cuento se ha acabado, si quieres que te lo cuente otra vez cierra los ojos y cuenta hasta… - la pequeña Molly se removió junto a ella, murmurando algo entre sueños que Ginny no logró entender. Sonrió con ternura y la acomodó de una manera más cómoda sobre la cama, arropándola con las frazadas y dejando una pequeña luz de lámpara encendida sobre la mesita de noche.
- ¿Se durmió? – preguntó su madre al verla bajar de las escaleras.
- Sí, esa niña es de coger el sueño rápido, tan sólo me dio tiempo de leerle un cuento. Con Victoire siempre debo leer al menos unas cinco historias – tomó un pastelito de la mesita del centro y se sentó junto a su madre en el sofá.
- Así era Ronald a su edad. Llamaré a Percy y le diré que venga a recogerla mañana – habló Molly levantándose. – Tu padre está pronto a llegar, ¿se quedan a cenar o tienen planes para esta noche?
- Veremos unas películas en casa de Hermione – informó Ginny tomando otro pastelito. – Ya que Molly se quedará aquí quizá Audrey quiera ir al salir de su reunión.
- Le avisaré – sonrió Hermione. – Seguramente Percy se irá también a ver el juego. Aunque él no suele ser muy deportivo.
Pasó una hora entre pláticas triviales cuando ambas mujeres decidieron abandonar la madriguera por ese día e ir camino hacia alguna tienda de películas.
- Audrey llegará a eso de las nueve… - dijo la castaña, mirando su celular. – Llevará un par de pizzas.
- Genial – giró en la siguiente cuadra hasta ver la tienda de videos. – Ojalá lleve una con pollo.
- ¿Qué películas te gustarían ver? - ambas estaban ya dentro del local, caminaban los pasillos y miraban con curiosidad todos los títulos con los cuales se topaban. Hermione se hallaba en la zona de suspenso mientras ella ojeaba entre las estanterías con películas de romance y comedia.
Lío embarazoso. Los hijos de los hombres. Mira quién habla. Nueve meses. Adiós, Cigüeña, adiós. Mira quién habla ahora… ¿Acaso no habían otras películas?
- ¿Qué te parecen éstas? – Hermione había escogido tres de suspenso y una de terror. Asintió con la cabeza automáticamente… cualquier cosa antes de ver alguna trama sobre embarazos, bebés, padres con hijos…
- Serán éstas cuatro entonces. ¿No viste algo que te llamara a ti la atención? – la mirada chocolate divisó de nuevo las películas que antes había visto, negó rápidamente.
- No, llevemos éstas y listo. – fueron a la caja.
Ella había resuelto prácticamente todo el misterio a menos de la mitad de la película. Todas resultaban tan cliché; sabía que el asesino de la hermana de la protagonista era el jardinero con cara de bueno que siempre salía sembrando rosas en el jardín de la mansión, pues en la mayoría de esas películas el maniático siempre era el menos sospechoso de todos… además, ya había visto algunas partes de ese filme en alguna ocasión, aunque no lo recordaba del todo.
- ¿No quedaba un trozo de pizza? – preguntó cuando su mano se topó con el interior vacio de la caja.
- Hermione se la comió – informó Audrey sin despegar los ojos del televisor. Ginny observó a la castaña, la cual ahora ingería enormes cucharadas de helado mirando la película sin parpadear.
Sonrió de medio lado, peguntándose cuanto tiempo pasaría antes de que su cuñada fuera corriendo al baño a vomitar. Sin decir nada se levantó del sofá.
- ¿A dónde vas? Te perderás parte de la película.
- Se acabaron las sodas, voy por más a la cocina – atravesó la estancia hasta llegar al lugar. Suspiró vagamente, tomando una lata de Cola que ya estaba sobre el mesón y sentándose en uno de los bancos junto a él.
No sabía por cuánto tiempo se mantendría ese sentimiento, algo desilusionante y reprimido. Quizá estaba siendo demasiado exagerada, como bien le había dicho Hermione y toda su familia. Era une mujer joven, fresca... con el dolor de haberse separado de la persona amada pero con la fortaleza necesaria para seguir hacia delante. ¿Por qué debía abstenerse a tener una nueva relación? Eran varios los chicos que la habían invitado a salir con anterioridad, proponiéndole la oportunidad de sentirse viva de nuevo y, siendo consciente de su deseo, la oportunidad de formar una familia como se debía hacer.
Tomó de su refresco y desvió la mirada hacia la fotografía del trío que Hermione siempre tenía pegada a una de las alacenas. Recordaba haberla tomado ella misma hacia unos seis o siete años, poco antes de salir ellos de Hogwarts. No se negaba las ganas de escupir sobre el rostro del chico de ojos verdes. Era tal la decepción que sentía, a pesar de querer tachar de su memoria el recuerdo de esa noche en la cual todo había culminado de una manera tan… inesperada, no podía. Le había dicho muchas cosas pero no lo que verdaderamente pensaba. Él había tenido la culpa, mas no podía dejar de pensar que ella también acarreaba parte de ese error.
- ¡Pero basta! – se dijo sacudiendo la cabeza y concentrándose en la lata fría entre sus manos. Si Harry la amaba ¿la hubiese dejado? Sus ojos se empeñaban al pensar en la respuesta.
Unos ruidos afuera la distrajeron. Escuchó como la puerta del baño se cerraba de golpe y como su cuñada realizaba horcadas para liberar las cinco rebanadas de pizza que había comida esa noche. Sin evitarlo rió, sintiéndose extraña por dentro.
- ¿Está bien? – le preguntó a Audrey cuando ésta entraba a la cocina.
- Sí, sabes que los vómitos son completamente normales durante el embarazo.
- Sí… - bajó la vista. - ¿Terminó la película? – Audrey arrugó el rostro mientras asentía con la cabeza.
- ¡Es malísima! Por favor, no vuelvas a dejar que Hermione escoja las cintas – Ginny rió con ganas. – Al empezar supuse que era el jardinero ya que, como en todas, es el menos sospechoso. Pero luego creí en la posibilidad de que pudiese ser el marido ya que se acostaba con ella y pensé que, para salvar su matrimonio, debía matarla. Pero a la final ¡sí fue el jardinero! ¡Y ni siquiera dan una razón del por qué!
- ¡Sí que es mala! – aseguró Ginny, divertida. Las películas muy malas al menos le hacían reír.
- Vaya que sí. Ojalá las otras cintas no sean así. Esperemos a que Hermione termine con sus habituales nauseas antes de colocarlas en el Dvd. – Audrey tomó una soda y se dirigió de nuevo hacia la sala.
Con un par de sorbos se levantó del bancó y fue hasta el refrigerador, queriendo encontrarse con algún bocadillo que le llenara ese huequito que tenía en el estómago. Sabía ya que dos pizzas medianas para tres mujeres no eran suficientes si Hermione estaba entre ellas. Agachó la cabeza metiéndola dentro de la nevera cuando sonó el teléfono, sorprendiéndola y haciendo que se golpeara la coronilla al dar un respingo del susto.
- ¡Yo contesto! – le gritó a Audrey mientras se frotaba la zona adolorida y arrugaba la frente. Tomó el auricular del inalámbrico cuando éste sonaba por tercera vez. – Aló…
- ¡Hola! ¿Hermione? – la saludó una entusiasta voz masculina.
- Lo siento, no. ¿Quién habla?
- Soy Harry, Harry Potter…
Su boca se secó conforme el aire dejaba de entrar por su nariz. Recordaba la última vez que había oído su voz, diciéndole un adiós que a ella le llegó como un fuerte golpe al pecho. ¿No la reconocía? Era entendible, teniendo en cuenta que habían pasado cinco años sin hablarse. Exhaló profundamente y cerró los ojos para dejar de ver todo moviéndose a su alrededor… escucharlo después de tanto…
- Señorita… - se dio cuenta que el teléfono se mantenía pegado a su oreja mientras lo tomaba fuertemente con su mano. La voz del moreno la llamaba una y otra vez. Suspiró hondo tratando de serenarse y abrió la boca para hablar. – Señorita, es…
- Hermione… está… está in...dispuesta… - maldijo el que su voz saliera como un tartamudeo nervioso, no lo pudo evitar.
- ¿Se encuentra bien? – parecía haberse dado cuenta del extraño tono que empleaba al hablar y sus torpes intentos por decir una simple palabra. – Señorita… ¿con quién tengo el placer de hablar?
Respiró una, dos, tres, cuatro, cinco veces. Harry estaba al otro lado del teléfono a miles de kilómetros lejos de ella, pero su cuerpo sentía como si lo tuviera justo frente a sus ojos.
- Señorita…
- Soy Ginny… Ginny Weasley – no supo en qué momento llegó la fuerza para decir su nombre. Inhaló una gran bocanada de aire y presionó con más fuerzas el inalámbrico hasta tal punto de ver blanco sus nudillos. Dio un par de pasos hacia el frente y se sentó en el banco cerca del mesón cuando sintió sus rodillas temblar como flan, ignorando el hecho de que no muy lejos (como ella creía que era) un moreno de ojos verdes sentía sus piernas flaquear y su corazón latir con una lozanía descomunal.
- Ginny…
Harry debatía entre las ganas de gritar y la parálisis corporal que sufría en ese trance. Después de tanto al fin la escuchaba de nuevo… ¿Qué debía decirle? ¿Qué estaba en Londres? ¿Qué regresó por ella? No, no podía revelarle tal cosa por teléfono y mucho menos con aquellas incesantes oscilaciones que se presentaron en él.
Su voz… ¡Merlín, tenía una hermosa voz! ¿Cómo no pudo haberla reconocido?
-Ginny… Estoy en Londres…
Tarde; el teléfono le devolvió el molesto pitido que se deja al colgar cuando después de minutos decidió hablar. Cerró los ojos, suspiró, trató de mitigar los temblores que sentía y sonrió al instante sintiendo un deje de gusto a pesar de todo. ¡Ya estaba ahí! Cerca de esa preciosa pelirroja. Estaba en Londres, cerca de Ginny… Liberó otro suspiro apretando los labios y sintiendo la ansiedad recorrer cada resquicio de su ser, deseoso de verla, de estar de nuevo con ella.
N/A: Y listo. Espero haya gustado a pesar de que el capítulo es poco en emoción. Poco a poco se irá desarrollando todo.
¡Muchas gracias a quienes leen y comentan! Con sus reviews me ayudan a continuar.
Nos leeremos pronto.
Yani.!
