Volvamos a encontrarnos.

Parte IV.-

Después de una noche llena de amor y pasión, bajo el sonido de la lluvia y el viento… Llegó un nuevo día, con sol radiante y hermoso.

Tai y Sora decidieron salir de su escondite. Caminaron hacia la salida, tomados de la mano fuertemente uno del otro, sin separase. En la salida el sol los iluminaba con fuerza, como si aquel estuviera consciente de su unión.

Caminando por el viejo parque de diversiones, Sora decide preguntarle a Tai acerca de la noche que pasaron juntos.

- ¿Tai, lo de anoche entre tú y yo…? - Sora fue interrumpida por Tai como si este supiera acerca de lo que la muchacha preguntaría. El joven decide responderle con dulzura.

- Lo de anoche fue lo más hermoso que he vivido. Por fin fuimos uno solo, y es así como vamos a continuar. Yo te amo y ten presente que eso siempre será así, Sora -

Sora se quedó anonada con esas palabras. Pasaron unos segundos y la chica le respondió con la misma dulzura - Tai, pensé que nunca escucharía esas palabras. Al fin mi sueño se hizo realidad -

Salieron del viejo parque de diversiones al centro de la ciudad. De pronto ambos jóvenes se acordaron que no habían pasado la noche en sus casas, miraron la hora sorprendidos. - ¡SON LAS DIEZ DE LA MAÑANA! - Gritaron los dos muchachos con fuerza.

- ¡MI MADRE ME VA A MATAR! -, grita Tai asustado y desesperado.

- Mi madre debe estar muy preocupada por mi - dice Sora asustada.

Querían desayunar juntos, pero lamentablemente el tiempo no era su aliado y ambos tuvieron que irse rápidamente a sus casas.

Tai llegó a su casa, abrió la puerta; llevándose la sorpresa de que todo estaba en silencio. No había nadie, todos salieron. Sobre la mesa, cerca del teléfono había una nota. Con tu padre y Kari fuimos de compras. Planeamos llegar en la tarde. Cariños de mamá.

- Bueno, me han dejado solo, tendré que preparar almuerzo para mí -

Sora llegó a su casa y abrió la puerta en silencio y asustada. Comenzó a recorrer la casa y se dio cuenta que su madre tampoco estaba. Mientras caminaba por la sala se encontró con una nota pegada en el televisor. Querida Sora, salí de compras por la mañana y luego iré a trabajar con mis amigas floristas. Cuídate mi pequeña niña. Nos vemos después. Mamá.

Sora se quedó tranquila y comenzó a planear que cocinaría. Viendo el refrigerador se decidió preparar pescado para el almuerzo. Como mujer tenía todo en orden para cocinar. Terminó de preparar su pescado, ensalada, postre y se sentó a la mesa; tomó los cubiertos para empezar a comer y justo en ese momento sonó el timbre.

- ¿Quién puede ser? - dice Sora intrigada.

La chica se acercó a la puerta y la abrió con miedo. Para su sorpresa era Tai.

- ¡Hola Sora! -

- Tai, eres tú…-

- Claro que soy yo. En mi casa me dejaron absolutamente solo y se me ocurrió venir a visitarte -

- Mi mamá también salió, así que también estoy sola en casa -

- ¿Puedo pasar? -

- Adelante, pasa -

Tai entró a la casa y se dio cuenta que Sora estaba a punto de almorzar.

- Tai, si quieres puedes almorzar conmigo -

- ¿Estás segura? -

- Claro, déjame preparar algo para ti -

- Y tú, déjame ayudarte -

Los dos comenzaron a cocinar muy felices. Tai al parecer había mejorado bastante en sus aptitudes culinarias.

- Has mejorado mucho, Tai -

- Claro, he aprendido bastante durante este tiempo. Lo único que no puedo soportar es la zanahoria, ni nada que derive de ella. Aún no puedo aguantar el sabor del jugo que hace mi madre -

Después de tener todo listo, se sentaron a la mesa y ambos comieron en silencio.

Terminaron de comer y se miraron fijamente. Tai en ese momento le preguntó a Sora - Si tu madre te pregunta en donde pasaste la noche ¿le dirás en donde estuviste, y además que estuvimos juntos? -

Sora agachó la cabeza y con temor le contestó a Tai - Tengo pensando contarle a mi madre, pero me da miedo su reacción -

- ¿Tienes miedo verdad? Si tu quieres yo te puedo acompañar -

- ¿Enserio? -

- Claro Sora, en esto estamos involucrados los dos. No tengo problemas en acompañarte -

- Entonces así será -

Ese apoyo de Tai le dio tranquilidad a Sora y finalmente comprendió de que no estaba sola, sino que realmente estaba con su querido Tai.

Ambos decidieron levantar los platos, ordenar la cocina y limpiar todo. Dejaron absolutamente brillante, no había rastros de que alguien estuvo ahí.

Tai decidió proponerle algo a Sora.

- ¿Qué te parece si jugamos fútbol en el parque? -

- ¿Fútbol? Yo hace tiempo que no juego -

- Eso no importa, no creo que lo hayas olvidados. Vamos, ve por tus cosas y luego vamos por las mías -

Sora fue a arreglar sus cosas, las metió a su bolso y salieron con Tai. Llegaron a casa de Tai, entraron rápido y el joven entró de inmediato a su habitación para arreglar su bolso y partir. Después de tener ambos sus implementos se fueron a jugar al parque, que fue el mismo en donde se encontraron.

Los dos chicos comenzaron a jugar fútbol, se dieron pases unos a otros, patearon penaltis, tiros libres, etc. Estaban felices, como en los viejos tiempos. Jugaron hasta que se casaron, terminaron agotados. Ya eran como las cuatro de la tarde. Sora y Tai sabían que sus respectivos familiares llegarían durante el transcurso del día.

En el camino a sus casas, ambos deciden llamar a sus respectivas madres para saber si habían regresado a casa. Tanto la familia de Tai como la madre de Sora llegarían más tarde y lo más insólito es que ambas familias se habían encontrado en su día de compras y se quedaron conversando juntos. La madre de Sora olvidó por completo las actividades que tenía con sus amigas floristas.

Por lo que se veía los muchachos estarían solos en sus casas. A lo que Sora se atrevió a decirle algo a Tai.

- ¿Te gustaría cenar en mi casa, Tai? -

- Claro que me gustaría estar junto a tan agradable y bella compañía -

- Entonces, vamos - dijo Sora sonrojada.

Llegaron a casa de Sora, dejaron las cosas en la habitación de la chica y Sora se dispuso a preparar la bañera con agua caliente. La idea era que Tai se metiera primero a la bañera y así Sora pudiera preparar la cena.

Sora entró al baño para probar la temperatura del agua y justo en ese momento entró Tai.

- ¿Estás probando el agua, Sora? -

- Así es. Hay que ver si la temperatura está bien -

Tai se saca la toalla que tenía en su cintura y se mete en la bañera. En eso mira a Sora y toma su mano.

- Ven, báñate conmigo -

- Pero… es que… hay que preparar la cena -

- Eso no importa, podemos hacerlo los dos después. Ven, quítate la ropa y entra en la bañera -

Sora se dio ánimo y se quitó su ropa y finalmente entró en la bañera junto a Tai.

Entre ambos se ayudaron para bañarse. Tai se encargó de fregar la espalda de Sora con la esponja llena de jabón espumoso y lo mismo hizo ella por él. Tai le lavó el cabello a Sora con un Shampoo que tenía aroma a flores muy agradable. Dentro de la bañera los muchachos comenzaron a jugar con el agua, con el jabón… Se miraban, se besaban, se acariciaban, se entregaban nuevamente el uno el otro mientras se sumían en la temperatura del agua, la que parecía aumentar. Estaban juntos nuevamente, eran uno solo… Era su momento otra vez.

Después de consumado el acto abandonaron la bañera, fueron por sus toallas y batas, para retirarse del baño e ir a la habitación de Sora a ponerse ropa limpia.

Ya cambiados de ropa fueron a la cocina y prepararon la cena. Am se sentaron a comer en silencio.

Parece que Sora nuevamente tenía miedo de lo ocurrido, ya que no miraba a Tai en ningún momento y sólo se fijaba en su plato. Pasaban muchas cosas por su mente, sentía que había hecho algo malo; y esta ya era la segunda vez que lo hacía.

Tai se dio cuenta de la actitud de la chicha y le preguntó - ¿Qué te sucede, Sora? -

A lo que Sora contestó - Es que Tai… Otra vez… De nuevo estuvimos juntos y a eso le temo… Le temo a la reacción de mi madre al enterarse. También, sabes perfectamente lo que puede pasar, Tai -

- Como te dije antes, yo voy a estar contigo en todo momento, en lo que tú pidas y si es necesario enfrentar a tu madre, lo haremos juntos -

Sora satisfecha con la comida y con las palabras de Tai se levantó de la mesa. Tai hizo lo mismo y juntos limpiaron todo lo que habían ensuciado.

Ya con todo en orden, pasaron a la sala y vieron algo de televisión. En ese momento a Tai se le ocurre mirar la hora; y se sorprende al ver que ya eran casi las nueve de la noche, tenía que irse.

- Sora, ya es tarde, debo irme -

- Está bien, Tai -

Tai fuer por su bolso con sus cosas, caminó hacia la puerta en donde lo esperaba Sora y allí se despidieron.

- Fue un día maravilloso junto a ti -

- Tai, tú hiciste que mi día fuera maravilloso. Gracias por llevarme de nuevo al fútbol -

- Eso lo puedo hacer cuantas veces quieras, no dudes en pedírmelo -

Después de decirse esas palabras se despidieron con un bonito y profundo beso.

Sora volvió a estar completamente sola en su casa, a lo que tomó la decisión de irse a dormir, ya que estaba demasiado cansada.

En su cuarto, junto a su almohada se quedó dormida tranquila y no despertó hasta el otro día.

La luz del sol entró por su ventana, lo que para ella era señal de que tenía que lenvartese.

Se levantó de su cama y fue hacia la sala. Mientras caminaba su madre le habló.

- ¿Ya despertaste, Sora? -

- Claro mamá, ya desperté. Buenos días -

- Buenos días. Prepárate para desayunar y para hablar, Sora -

Sora, fue al baño, se lavó las manos y los dientes. En su mente sólo pensaba en lo que le diría su madre por lo de la otra noche en que no llegó a dormir a su casa.

Continuará…

Notas: Disculpen la tardanza, estaba estudiando para mis asignaturas en la universidad. Ahora mismo juntaré todo el fanfic como corresponde. Prepárense, porque se viene el final de esta historia. Agrego también, que desde ahora la historia está ordenada como corresponde, con sus respectivos capítulos.