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Embarazados

―¿Qué has dicho? ―pregunté yo, otra vez.

―Lo que has oído. Estoy embarazada.

―Vaya… ¿Y quién es el padre?

Hannah me miró seriamente, como si estuviese bromeando o algo.

―¿En serio? Eres tú, Neville.

Me quedé entonces a cuadros. Me senté en mi cama, mientras que Hannah hizo lo propio

―Yo… No sé qué decir. En fin, hoy ha sido mi primer día como profesor, mis padres están recuperando la memoria… Y ahora me entero de que voy a ser padre.

―Perdona que te lo haya dicho ahora, pero creo que necesitabas saberlo.

―Oh, no, no, tranquila. Gracias por decírmelo. En fin… Estoy muy contento.

Hannah sonrió, aunque dudosa.

―¿Lo estás?

―Pues… Pues sí, lo estoy. En fin, ser padre ha sido siempre una de mis mayores ilusiones.

―Vaya, no… no tenía ni idea. En fin, sólo quería decírtelo, no te pediré dinero ni nada de eso, yo tengo mis ahorros.

Yo me levanté corriendo.

―Espera, espera, espera. ¿Qué quieres decir?

―Bueno, tú y yo… No estamos casados. Quiero decir, te dejaré ver al bebé y que cuides de él, pero no tenemos ningún tipo de… contrato legal entre tú y yo.

Entonces yo me arrodillé delante de ella.

―Sé que no lo tenemos, pero… en fin, nos hemos acostado, vamos a tener un bebé… Bueno, ¿quieres quedar este sábado por la tarde en Hogsmeade?

Hannah me miró con suspicacia.

―¿Me estás pidiendo una cita, tú, Neville Longbottom? ―yo logré asentir con la cabeza ―. Está bien, el sábado a las 18:00. Pasa a recogerme al Cabeza de Puerco.

Nos despedimos y Hannah se marchó. Yo, por mi parte, me deje caer en la cama y medité lo sucedido.

Padre. Iba a ser padre. En fin, es algo con lo que siempre había soñado, dado que nunca había tenido una figura paterna. Tener un hijo, cuidar de él, verle crecer… Claro que no esperaba que las cosas saliesen así, dejar preñada a una chica y eso, pero en fin, nada salía como uno soñaba. Y en cuanto a Hannah… Bueno, sólo el tiempo lo diría.

――

A la mañana siguiente, me desperté con una sonrisa en los labios. Tras bajar a desayunar y, sorprendentemente, intercambiar unas palabras con Nott, me dirigí a mi primera clase del día. A decir verdad, las clases de Herbología estaban yendo viento en popa, cosa que me hacía muy feliz. Además, cada día me llegaban noticias de San Mungo, sobre la rápida mejoría de mis padres. Pronto iría a visitarles a los dos y ver qué tal se encontraban.

Y por fin, el sábado por la tarde llegó. Caminé en dirección al Cabeza de Puerco, en cuya puerta ya esperaba Hannah.

―Buenas tardes ―saludó ella.

―Hola, Hannah. ¿Qué tal te encuentras?

Hannah bufó.

―Primero, aquí no. Aberforth no sabe que estoy… eso. Y segundo, no me estoy muriendo, así que no me mires todo el rato como si tuviese una enfermedad terminal.

―Lo siento, lo siento ―sonreí, divertido ―. ¿Vamos a las Tres Escobas?

La joven asintió y los dos bajamos hacia Hogsmeade. Tras entrar en la taberna, nos sentamos en una mesa.

―Prométeme que no quedaremos en las salidas del colegio ―le pedí yo ―. No quiero estar todo el rato saludando alumnos y que me miren mientras ríen por lo bajo.

―¿Crees que quedaremos más veces?

Yo sonreí, aunque algo confuso.

―Pues… sí. Claro que sí. En fin… vamos a tener un hijo ―me había acercado a ella y dicho esto último por lo bajo ―. Me gustaría conocerte más y, bueno, quien sabe lo que pudiese llegar a suceder.

Hannah prefirió no decir nada. En verdad, era muy pronto para sacar conclusiones precipitadas, no quería hacer ilusiones y terminar con un bebé bajo el brazo y sola.

Pero en fin, tampoco iba a pensar en ello. Ahora estaba ahí, conmigo, pasando una tarde agradable. Sí, estaba embarazada. Y sí, tenía una cita con el padre de su futuro hijo, pero bueno, la cosa podía ser peor. Al menos tenía un trabajo.

Tras nuestra estancia en las Tres Escobas, ya se había hecho tarde, de modo que la acompañé de vuelta al Cabeza de Puerco.

―Me lo he pasado muy bien ―confesó ella, un tanto avergonzada.

―Sí, yo… yo también. Tenemos que repetirlo.

―Claro que sí.

Nos quedamos quietos un momento, sin saber qué hacer, hasta que yo me acerqué a ella y la besé en una mejilla. Hannah pensó, por un momento, que iba a darle un beso en los labios, pero con aquel beso había demostrado dos cosas, que aún era demasiado pronto y que yo era un caballero. Sonrió y me dio las buenas noches.

Yo, por su parte, caminé de vuelta al castillo. Sin embargo, cuando estaba a la altura de las Tres Escobas, oí una voz familiar.

―¿Neville?

Me di la vuelta y vi a una figura que me resultó familiar. Baijta y con el pelo largo y de un rubio platino, Luna Lovegood me observaba sonriente.

―Luna…

―Menuda sorpresa, ¿qué haces en Hogsmeade a estas horas? Me dijeron que eras el nuevo profesor de Herbología.

―Yo… He ido a ver a alguien. ¿Y tú, qué haces aquí?

―He venido a pasar unos días, a visitar a mi novio, que da clases en la escuela.

¿Novio? ¿Luna Lovegood tenía novio?

―¿Ah, sí? ¿Y quién es?

―Es Rolf Scamander.

Vaya, qué callado se lo tenía. Yo, no sabía por qué, sentí una punzada en el estómago.

―¿Y cómo fue?

―Es de noche y hace frío, Neville, ¿quieres entrar y tomar algo conmigo, mientras te hablo de él?

A decir verdad, al día siguiente tenía clases, pero me dije que por una copa más no iba a pasar nada, así que entré en el pub con Luna. Al rato, teníamos sendos vasos de whisky de fuego en las manos.

―¿Entonces, qué pasó?

―Pues… En cuanto acabé mi séptimo año, me lancé a realizar un viaje yo sola. En parte para desconectar, en parte para ver si encontraba algún snorkack de cuernos arrugados, pero no encontré ninguno… Entonces ―su mirada se perdió ― conocí a Rolf. Él estaba realizando un viaje de investigación, buscando especies que observar, porque, en fin, supongo que su apellido te sonará, ¿no?

―Scamander… Supongo que tendrá relación con Newt Scamander, el famoso magizoólogo.

―Es su abuelo. El caso es que Rolf y yo coincidimos un día en el camino. Hablamos, buscamos especies juntos… De vuelta a Inglaterra pude conocer a su abuelo, todo un honor para mí. Y ahora, no sé cómo… Salimos juntos.

Bebí un largo trago de mi copa.

―Eso es… maravilloso, Luna, realmente maravilloso. Me alegro mucho por ti.

―Gracias, Neville. ¿Y tú, sales con alguien?

Quizás debería haber dicho que no, haberme callado y que Luna se compadeciese de mi porque no había conseguido pareja a estas alturas. Pero no, tuve que decirlo.

―Pues sí, salgo con alguien ―solté de repente, de manera forzada.

―Oh, me alegro mucho por ti. ¿Y quién es?

―Es Hannah Abbot.

Los dos nos quedamos en silencio, aunque Luna no había perdido la sonrisa.

―¿Hannah Abbot, de Hufflepuff? Vaya…

―Sí, es ella. ¿Ocurre algo? ―quise saber yo, aunque me esperaba una reacción más sufrida por parte de Luna.

―No, no, tranquilo. Es que creo recordar que hablasteis en contadas ocasiones. Nada más.

―De hecho ―bebí otro trago ―. Nos encontramos hace unos días, en el Cabeza de Puerco. Trabaja allí.

―Oh, qué interesante ―se sinceró ella.

―Sí, lo es.

Nos quedamos callados nuevamente, bebiendo de nuestras copas y sin hablar.

―En fin, se me ha ocurrido algo. ¿Y si quedamos los cuatro para cenar aquí? ―propuso Luna.

―¿Los cuatro? ¿Te refieres a ti, a mí, Rolf y Hannah?

Luna sonrió.

―Pues claro, tonto. Podemos hacer una cena de parejas. ¿Qué me dices?

Bueno, quitando el hecho de que Hannah y yo no habíamos formalizado nada, a pesar de que íbamos a tener un bebé, era arriesgado. Quizás debería decirle que no…

―Claro, a Hannah y a mí nos encantará.

Idiota. Yo, Neville Longbottom, soy un auténtico idiota.