Capitulo 4

Fantasmas de una amenaza inesperada

Ya se había dejado caer la noche sobre Arendelle, las luces de la aurora boreal eran todo un espectáculo para los turistas, pero también para los habitantes del reino, siempre representaban una señal de buen augurio. Las estrellas brillaban como nunca, altas y serenas en un cielo repleto de colores oscilantes.

Elsa acababa de revelar su secreto a un desconocido aunque él había inspirado su confianza, la niña estaba estudiando su rostro e intentando imaginar qué estaba pensado su acompañante, él era un enigma para ella.

- ¿Y cuál es tu magia, princesa? - Preguntó Jack, aunque para él su magia era sólo respirar, era toda ella por completo.

- No puedo mostrártela aquí, alguien podría vernos... y a diferencia de ti yo no soy invisible.

- Créeme, no te gustaría serlo...

- Pues en ocasiones no desearía nada más - Dijo con profunda tristeza en su mirada.

- No digas eso, Elsa... es horrible - Afirmó mientras se inclinaba frente a ella - Imagina doscientos años intentando llamar la atención y que nadie se dé cuenta de que estas allí...

- Imagina que no puedes usar tu magia para nada, que las personas que te aman te pidan que no seas tu misma...

Ambos se vieron a los ojos y luego rieron de buena gana.

- Creo que estamos en serios problemas, princesa.

- Tienes razón. Bueno, si quieres que te muestre lo que puedo hacer debes venir conmigo... que bueno que eres invisible.

- ¿Alteza? - Preguntó una voz femenina.

Elsa se paralizó al instante.

- Recuerda que soy invisible, ella no puede verme - Susurró mientras sonreía - Sólo voltea y has de cuenta que no estoy aquí... jamás creí que diría una cosa así...

- Alteza, ¿Porqué está fuera del palacio a estas horas y sola?

- Discúlpeme - Dijo volteando hacia ella - Sucede que estaba por meterme a la cama cuando vi el reflejo de las luces en el cielo y... no pude contener mis ganas de admirarlas desde aquí.

Jack caminó lentamente por el costado del ama de llaves, ella no se inmutó y Elsa recuperó toda calma cuando constató que efectivamente él era invisible para ella. El muchacho comenzó a hacer gestos divertidos con el rostro e imitar la postura de manos a la cintura que mantenía el ama de llaves, la princesa tuvo que esforzarse mucho para no reír y mantener la compostura, luego, Jack comenzó a llamarla con las manos.

- No volverá a ocurrir - Se disculpó haciendo una reverencia.

- Oh, alteza por favor no se disculpe - Reverenció ella esta vez - Es sólo preocupación, usted y su hermana son mi prioridad en el palacio, jamás me perdonaría que le ocurriera algo malo - Se apresuró en aclarar - Es sólo que nunca imaginé que era usted quién estaría aquí, por lo general su hermana Anna es quién huye por las noches de su habitación.

- Gracias por cuidar de nosotras, volveré de inmediato a mi habitación. Buenas noches - Reverenció por última vez y entró al palacio.

Una vez dentro del castillo, Elsa suspiró de alivio, luego buscó a Jack con la mirada... él ya la estaba viendo con atención.

- ¿Tienes una hermana entonces?.

- Sí, Anna. Es mi hermana menor - Explicó ya más en calma - Si ella pudiera verte estaría feliz contigo.

- Si le hablas de mi y consigues que crea en mi existencia, se supone que podría verme.

- ¡Entonces eres una especie de hada! – Anunció como si hubiera resuelto un enigma.

- ¿Disculpa? – Jack se turbó ante la comparación.

- Se supone que las hadas existen cuando crees en ellas.

- Jajaja, ¡Qué linda eres Elsa! - Exclamó - He existido por más de doscientos años sin que nadie crea en mi.

Elsa vio melancolía en el rostro de Jack, no pudo contener sus ganas de hacerlo sentir mejor, tímidamente le tomó la mano, el muchacho sintió como una corriente eléctrica subiendo deliciosamente por su brazo, se acuclilló frente a ella y se permitió acariciar su mejilla lozana y tersa.

- Pero eso ya no es así, tú has acabado con mi soledad, Elsa - La pequeña sonrió.

- Ven conmigo, te enseñaré mi magia - Susurró.

Pese a que no era tarde había mucho silencio en el palacio, la princesa condujo a su acompañante por un sin fin de pasadizos para mantenerse oculta de la guardia y de los empleados, Jack caminaba tras ella sin siquiera notar las bellas riquezas que adornaban los muros y salones, sólo la veía a ella mientras se repetía una y otra vez que todo aquello no era un sueño. Finalmente llegaron a un gran salón cuyas ventanas estaban cubiertas con largas cortinas de terciopelo color verde oscuro, era amplio, alto y sin muebles, parecía en desuso aunque estaba muy limpio, la oscuridad dentro era casi absoluta pero se veía que Elsa conocía muy bien el lugar porque caminaba a paso firme, sin titubeos.

- Con Anna siempre venimos a jugar aquí - Explicó - Este es un salón que se usa sólo en eventos muy selectos, es muy difícil que nos sorprendan aquí.

- ¿Y porqué tienes que esconderte para jugar, princesa?.

- Porqué a mis padres no les gusta que use mi magia, no quieren que nadie sepa de ella.

- Por eso no me mostraste tus poderes cuando estábamos afuera - Concluyó.

- Bueno, es mi turno entonces - Dijo un poco nerviosa, Jack sonrió.

La princesa le dio la espalda, nunca había hecho magia para nadie más que no fuera Anna, al menos ahora que sus padres no querían que la usara por ningún motivo... su nerviosismo iba en aumento aún cuando ya había visto que los poderes de Jack eran muy similares a los suyos. Observó un segundo la estrella que ese muchacho le había regalado, no era más grande que su palma y a pesar del tiempo que había transcurrido aún seguía intacta, recordó que su magia era algo muy natural para ella, casi como respirar, entonces suspiró con libertad, como no tenía permitido hacerlo, sonrió y movió sus manos con gracia, luego volteó hacia él y comenzó a correr por el salón disparando líneas interminables de escarcha que cuando tocaban el suelo crecían hacia lo alto formando árboles y flores de cristal, Jack estaba impresionado y contuvo el aliento, ¡Elsa estaba creando un jardín de hielo!.

Cuando pudo volver a respirar se animó a ayudarla y con el apoyo de su fiel cayado dibujó caminos de escarcha en el suelo que luego fueron engrosando cada vez más hasta formar una pista de hielo, comenzó a correr tras ella mientras arrastraba su cayado y tocaba algunos pilares con la mano decorándolos con elegantes líneas curvas y torcidas de nieve, con mariposas y pájaros, ambos comenzaron a reír hasta que juntos lanzaron un rayo hacia el cielo y cuando éstos se toparon iluminaron toda la habitación y explotaron en miles de diminutas escarchas de hielo más finas que la nieve y que se mantenían suspendidas en el aire, Elsa comenzó a girar en círculos con los brazos extendidos y Jack lanzó un rayo a sus pies para hacerle unos patines, en un principio ella se asustó pero él la tomó de la mano y juntos patinaron un buen rato. Todo era maravilloso.

- ¡Sujeta mi cayado, Elsa! - Gritó extendiendo la punta curva de esa larga y vieja vara hacia ella.

Elsa obedeció al instante tomando la punta del cayado entre las manos, Jack comenzó a hacerla girar mientras él se mantenía al centro del eje, la princesa reía como nunca hasta que repentinamente se resbaló, sin embargo antes de salir eyectada hacia una de las columnas de hielo que tenía cerca Jack se apresuró a alcanzarla con el mismo cayado y en un rápido movimiento la atrajo hacia él hasta que ella llegó a sus brazos.

- ¡Wow!, eso estuvo cerca princesa... - Dijo mientras sentía como el calor que emanaba el cuerpo de Elsa le quemaba el pecho - ¿Estas bien?.

- Si... - Contestó temblando.

- ¿Te asustaste?

- Un poquito - Dijo tomando un poco de distancia para verlo a los ojos, luego sonrió - Gracias por evitar que me golpeara - Entonces lo rodeó con los brazos y ocultó su pequeña cabeza en el cuello de Jack.

- Nunca dejaré que algo te lastime... - Susurró - Es tarde ya, creo que debes ir a dormir.

- ¿Volveré a verte? - Preguntó aferrándolo aún más - ¿Qué pasa si mañana eres invisible para mi?

- Nunca seré invisible para quienes creen en mi... sólo recuerda que mi nombre es Jack Frost y mantén cerca de ti la estrella que te regalé.

- Yo también puedo hacerlas...

- Entonces intenta derretirla si cuando despiertas crees que todo esto fue un sueño. Te prometo que esa estrella de hielo será eterna por ti... te llevaré a tu habitación.

- ¿Sabes dónde queda?

El muchacho se sonrojó al reconocer que sabía la respuesta, pero guardó silencio.

- Jack... - Su voz era somnolienta - Si eres invisible y nos ven juntos, ¿Entonces me verán flotando? - Preguntó más dormida que despierta.

- Te cubriré con mi capa, así no te verán, es invisible como yo... duerme...

Jack se quitó la capa de piel y cubrió a Elsa con ella mientras la acomodaba en sus brazos, antes de salir del salón levantó su cayado y todo el hielo que había en él se desintegró en millones de pequeñas escarchas que viajaron rápidamente a la punta de aquella rama, en menos de diez segundos no había rastro del jardín de hielo.

El muchacho caminó con ella en brazos hasta que llegó a la habitación de las niñas, abrió la puerta con cuidado y entró, era uno de los dormitorios más bellos que hubiera visto antes, las camas se enfrentaban en ambos extremos, en el fondo un gran ventanal dejaba pasar la luz de las estrellas y poco antes de llegar a él se levantaba una gran tienda armada con telas de colores.

Estaba muy claro cuál era la cama de Elsa, por lo que podía apreciar ella gustaba del color azul y del invierno, todas sus cosas tenían algún toque que traía a la memoria el hielo, por otro lado Anna gustaba del verde y las flores. En la tienda, Elsa había aportado un sin fin de cristales de hielo, Anna desde peluches y muñecas, hasta mascotas de papel y dibujos alegres, se notaba que eran unidas y que se adoraban la una a la otra... por alguna razón se le apretó el corazón dentro y se preguntó cómo habría sido su existencia si hubiera tenido una compañera de travesuras, que se sentiría tener una hermana... aquella era una noche llena de emociones y sentimientos fuertes, esa debía ser la razón de porqué repentinamente se sintió melancólico y, ¿Triste?.

Con un cuidado exquisito dejó a Elsa sobre la cama y retiró su capa para dejarla caer en sus hombros nuevamente, el aroma de la princesa impregnado en la prenda lo hizo estremecer.

- ¿Pero qué rayos está pasándome?, ¿Qué es esto que provocas en mi? - Se preguntó desconcertado.

Ante el cambio de temperatura, Elsa tembló de frío, el muchacho se apresuró a abrigarla con la ropa de cama y ella suspiró profundamente.

- Jack... - Murmuró - ¿Volverás?.

- Siempre... descansa - Respondió antes de inclinarse sobre ella y besar su frente, luego retrocedió antes de que su voluntad se lo impidiera.

El muchacho no miró atrás, dejó la estrella de hielo sobre el velador de la pequeña y corrió hasta atravesar el ventanal por una pequeña abertura superior, no alcanzó a desear elevarse porque El Viento parecía haberlo esperado con impaciencia y lo arrebató rápidamente hasta más allá de las nubes.

- Entonces, veo que las palabras están de más, ¿Verdad, Jack Frost? - Su voz era tan calma y acogedora como siempre.

- Si...

- ¿Cómo se siente?, has un esfuerzo y cuéntame...

- Tú lo sabes tanto como yo, debes estar acostumbrado...

- Es diferente, los humanos creen en mi porque me sienten pero no sé cómo es ser descubierto, que piensen en ti cuando no te haces notar...

- ¡ES INCREÍBLE!, ¡PODRÍA HABER ESPERADO OTROS DOSCIENTOS AÑOS POR ESTO! – Gritó de alegría.

- No digas eso, El Hombre de la Luna podría oírte...

- Soy tan feliz...

- Eso es, disfrútalo mientras dure - Dijo El Viento algo melancólico.

- ¿Qué quieres decir con eso? – Preguntó algo turbado.

- Nada, sólo supersticiones de un viejo... sé feliz Jack - Murmuró - ¿Regresarás?, recuerda que tienes obligaciones – Bromeó.

La verdad es que el comentario de El Viento tenía mucho sentido, todo lo bueno no estaba destinado a durar en las edades que vivía la tierra ahora, tarde o temprano Jack debería dejar ir a Elsa y esperaba, con todo su corazón, que para entonces hubieran otros niños que le hicieran al muchacho un poco más fácil la despedida, la princesa de Arendelle en unos pocos años dejaría de ser una niña y entonces ya no podrían comunicarse con tanta facilidad como ahora, a los adultos les tomaba mucho más tiempo que los niños creer en algo, aún cuando era evidente y lo tenían frente a los ojos.

- ¿Hagamos algo como en los viejos tiempos? - Preguntó Jack con entusiasmo.

- ¿En qué estás pensando?

- ¡Vamos a darle una vuelta al mundo! - Y sin más, desapreció en el firmamento.

Cuando Elsa despertó en la mañana tuvo la sensación de que todo lo que había vivido la noche anterior era un sueño, luego recordó lo que Jack le pidió que hiciera si tenía dudas, que intentara derretir la estrella que le había regalado, se incorporó rápidamente hacia el velador para buscarla pero no restaba, de inmediato sintió un vacío en el estómago... entonces sí había sido un sueño.

- ¡Elsa, Elsa! - Anna entró a la habitación llamándola una y otra vez.

- ¿Ya estas en pie? – Preguntó sorprendida.

- Claro, es muy tarde... mamá dijo que probablemente te habías quedado haciendo los deberes y que no te molestara - Explicó con dificultad mientras subía a la cama de su hermana - Pero... ¡Tienes que decirme cómo hiciste esto! - Gritó emocionada mientras sacaba de una bolsa de piel una estrella de hielo.

Los ojos de Elsa se abrieron de par en par por la impresión, entre las manos de su pequeña hermana estaba aquello que temió no encontrar, una gran sonrisa se dibujó en sus labios, fue como encontrar un tesoro.

- ¿De dónde sacaste eso, Anna? - Preguntó absorta.

- Estaba sobre tu velador... cuando desperté vine a sacudirte para que jugáramos y entonces vi que estaba allí y me dije: Elsa hizo eso para mi, y lo tomé para cuidarlo.

Elsa dudó un momento en contarle la verdad a su hermana, sin embargo también recordó lo otro que Jack le había dicho, si lograba que Anna creyera en él también podría verlo y entonces los tres podrían jugar, no sabía bien qué decir pero se animó a hacerlo.

- No puedo dártela porque es un regalo que me hicieron - La princesa vio a su hermana menor hacer un puchero - Pero puedo practicar para hacerte una si quieres.

- ¡Quiero miles para decorar nuestra tienda!... ¿Un regalo dices?, ¿Quién te regaló esto Elsa?.

- Jack Frost... ven, siéntate a mi lado, tengo algo que contarte…

Muy lejos de allí, El Conejo de Pascua estaba decorando sus huevos como cada día, preparar el día de pascua era un arduo trabajo porque millones de huevos se repartían en todo el mundo y cada uno de ellos era decorado a mano, por supuesto que contaba con ayuda, pero un pequeño retraso podía ser catastrófico. Él también había sido una de las víctimas de Pitch en el pasado, al igual que Zar - Luna, toda su familia fue asesinada y desde entonces era un guardián, no se sentía sólo, sus huevos y sus ayudantes se habían transformado en su nueva familia; vivían todos juntos en una gran madriguera donde nacía la primavera cada año para el resto del mundo. Hacía bastante tiempo que no se reunía con los otros y suponía que así seguiría siendo mientras la paz reinara... sentía que se estaba volviendo un poco ermitaño.

Pese a todo el trabajo siempre había tiempo para tomar un descanso junto a una sabrosa tasa de té y galletas, era un gusto adquirido en la casa de Norte, donde las golosinas iban y venían al igual que los juguetes.

Disfrutaba de unos bizcochos muy crujientes bañados en chocolate amargo cuando llegó de visita Sandman, lo cual era bastante extraño, asombrado por la sorpresa se puso de inmediato en pie y casi se atora con la masa que tenía en la boca al tomar aire para hablar.

- ¡Hey! cof, cof, cof... - Exclamó y tosió golpeándose el pecho - ¿Qué haces aquí?, es decir... es un gusto verte pero al mismo tiempo extraño, ¿Está todo bien allá arriba?

El áureo hombre regordete sonrió mientras se acercaba al Conejo de Pascua levitando con elegancia, sobre su cabeza se formó algo así como un castillo sobre una montaña.

- ¿Norte? - Preguntó extrañado.

Sandman asintió y luego señaló hacia el cielo al mismo tiempo que sobre su cabeza se formaba unas ondas que oscilaban entre puntitos luminosos.

- Imposible, si Norte nos estuviera convocando yo me habría enterado.

El dorado guardián puso cara de incredulidad y con manos en la cintura, entre diversos gestos y más figuras sobre su cabeza, le dio a entender que encerrado bajo tierra era muy difícil que se fijara en el cielo.

- Está bien vamos - Se apresuró a decir.

Sandman creó un gran globo aerostático a su alrededor y desde él invitó al Conejo de Pascua a subir.

- Olvídalo, no es que le tema a las alturas pero creo que podemos llegar más a prisa si usamos mis portales... ninguno de los dos puede retrasarse, ¿Recuerdas? - Anunció mostrando un huevo decorado en la mano.

Su acompañante le dio el favor y luego de que Conejo diera un par de golpecitos en el suelo con una de sus patas, el suelo se abrió y sin pensarlo ambos saltaron en su interior.

Por su parte Anna, estaba fascinada con la historia que Elsa le había contado, por supuesto ella confiaba mucho en su hermana, no dudó ni un segundo en la existencia de Jack Frost. ¡Que su hermana pudiera hacer magia de hielo era algo increíble, que además existiera otra persona que pudiera hacer lo mismo era doblemente increíble, no podía imaginar la cantidad de cosas hermosas y maravillosas que podían hacer juntos!, tampoco podía esperar verlo.

- ¿Cuándo vendrá?, ¿Cuándo, cuándo, cuando...?.

- Jajaja, no lo sé Anna, no me lo dijo.

- ¡Espero que sea pronto!. Muero de ganas de que juguemos los tres y… ¿Así que esa estrella te la regaló él?

- Si, dijo que si dudaba lo que pasó intentara derretirla.

- ¿Quieres intentarlo? - Preguntó Anna ansiosa.

- No, no es necesario - La pequeña princesa observó a su hermana con la misma expresión con que observaba a sus padres hacerse cariño.

- ¡Levántate, hermana, tenemos muchas cosas que hacer hoy, como jugar por ejemplo!.

- Jajaja, si. Pero antes debes prometerme que no le dirás nada a mamá y papá.

- ¿Por qué no?.

- Por que ellos son muy sensibles con lo de mi magia, contarles sobre Jack empeorará las cosas.

- ¿Crees que nos prohíban hablar con él?.

- Temo que si... no quiero que cumplan con la advertencia que me hicieron de dejarnos una nana de punto fijo para que no use mis poderes.

- Oh no, Elsa... eso sería terrible, no podríamos volver a jugar.

- Así es, debemos seguir siendo cuidadosas.

- Entonces, lo prometo.

Ese día las princesas no tenían actividades programadas, una vez a la semana estaban autorizadas para hacer lo que quisieran, ya que el resto de los días tenían que organizar sus agendas entre sus deberes intelectuales, modales, protocolos, música, pintura, idiomas, ordenar su habitación, almorzar todos los días con sus padres, entre otras muchas cosas. La Reina había intercedido por ellas ante su esposo para que tuvieran un día absolutamente libre de deberes y fuera de recreación.

Elsa se levantó entusiasmada, eligió un vestido azul intenso con accesorios calipso brillante que hacían un bello contraste con su piel blanca como la nieve y sus ojos azules, para que la vistiera su nana que además la peinó haciendo dos monos de trenza recogidos a cada lado de su cabeza sujetándolos y adornándolos con listones, una vez que se marchó corrió a buscar la estrella que había guardado en el cajón de su velador. Tenía ganas de usarla como accesorio, pensó en colgarla de su cuello como un collar pero desistió porque sabía que sus padres se darían cuenta y que cuando constataran que era de hielo la reprenderían, decepcionada la devolvió al cajón de su velador... ya pensaría en algo, por ahora sólo deseaba que llegara la noche para volver a ver a Jack, su corazón de decía que así sería.

Por otro lado, en la mansión de Norte todo era un caos, pero eso no era ninguna novedad, entre los laboriosos y gruñones Yetis, los pequeños y distraídos duendes, los cerros y pilas de juguetes amontonados por doquier, los materiales de confección de juguetes, los cuencos de pintura, pinceles de diversos tamaños desparramados por todos lados, el gran saco contenedor de las millones de cartas que entraban sin cesar por una gran ranura en la puerta principal del taller, restos de comida en platos abandonados por doquier... papeles, carpetas, hilos, lienzos, polvos de muchos colores... era interminable... la mansión de Norte era como un universo paralelo al planeta Tierra, oculta en el interior de una montaña tan alta que era inalcanzable para los seres humanos más osados y aventureros.

En el interior de una sala con ventanales por doquier, de cielo alto y ornamentado había un pilar en el centro y tras él un gran globo terráqueo que giraba lentamente sobre un eje, en él se iluminaban incontables y pequeñas luces como estrellas desparramadas en el cielo; no todos podían entrar allí porque esa habitación no tenía puertas, los únicos autorizados eran los guardianes, cada uno tenía una forma especial de llegar ahí, cuatro Yetis que vigilaban constantemente el comportamiento del globo y seis duendes que se encargaban de llevarles alimentos.

Era pasado el medio día cuando se abrió un portal en el suelo de la habitación del globo, de él emergieron el Conejo de Pascua y Sandman, casi al mismo tiempo el Hada de los Dientes estaba entrando por uno de los ventanales acompañada de diez hadas pequeñas y veloces como los colibríes, una vez dentro la abertura de un portal anunció la llegada de Norte quién entró saludándolos a todos con una gran sonrisa en el rostro.

- Y bueno, ¿Cuál es la emergencia? - Preguntó el Conejo.

- Ninguna - Respondió Norte - A propósito, ¡Qué gusto me da verlos!.

- ¿Bromeas?, estoy muy ocupado como para hacerme cargo de tus chistes, Norte.

- Que no haya una urgencia no significa que no tenga un motivo para haberlos reunido.

- ¿Tienes noticias de Zar - Luna? - Preguntó el Hada de los Dientes con impaciencia.

- La verdad es que Manny no sabe que los llamé, de hecho me pidió que no lo hiciera.

- ¿Entonces? - Preguntó el Conejo mientras sobre la cabeza de Sandman se dibujaba un signo de interrogación.

- Cálmate Conejo, no salir a menudo de tu madriguera te ha vuelto uraño, jajaja.

- ¡Sólo sé breve, aún tengo millones de huevos que decorar!.

- ¡Pero si hace mucho tiempo que no nos reuníamos todos! - Dijo con evidente entusiasmo en el rostro - De hecho podríamos celebrar este acontecimiento. ¡Duendes, traigan comida y bebida!.

- Norte, comparto tu felicidad y entusiasmo pero yo también estoy apremiada de tiempo. Mi trabajo es a tiempo completo.

- ¡Bebidas y comida rápido! - Exclamó otra vez.

De inmediato los pequeños duendecillos se toparon unos a otros y se apresuraron a traer lo que Norte estaba pidiendo.

- Bueno, a lo que nos convoca mientras nos traen souvenirs. Manny se comunicó conmigo anoche, dijo que estaba preocupado porque dentro de poco habrá un eclipse solar.

- ¿Y qué hay con eso? - Preguntó el Conejo.

- Piensa que Pitch aprovechará la oportunidad para salir de su escondite y atacar.

- Eso es absurdo, ya han habido otros eclipses antes y no ha pasado nada, a menos que Pitch le esté dando algunas señales para que crea tal cosa - Acotó el Conejo.

- Todos sabemos que, de Pitch podemos esperar cualquier cosa y el único que lo conoce más que nosotros es el Hombre de la Luna - Reflexionó el Hada - Si Zar - Luna está preocupado debe ser por algo.

Sandman escuchaba con atención a cada uno de sus compañeros mientras los duendecillos entraban por el mismo portal que había usado Norte para entrar a la habitación, con bandejas llenas de galletas, kutchenes, tortas, buñuelos, y otras con bebidas, jugos, agua y... ¡Vodka!. El áureo hombre siempre daba su opinión al final por lo que mientras el resto intentaba ponerse de acuerdo en algo, se acomodó en una de las cómodas sillas que había allí y se sirvió kutchen de manzana y jugo de piña.

- No sé porqué tanto alboroto si el mismo Hombre de la Luna le pidió a Norte que no nos dijera nada.

- Tengo mis motivos – Aclaró Norte.

- Y esos motivos son...

- Bueno, primero está mi panza que no ha dejado de rezongar desde anoche - Dijo colocando una mano sobre ella con orgullo, el Conejo puso los ojos en blanco - Luego está el hecho de que todos nosotros estamos siempre muy ocupados, ahora hay más niños en el mundo que antes y...

- ¡Norte! - Rezongó enojado - ¡Sólo dilo de una vez!.

- Es mejor que nos preparemos para luchar.

La voz de Norte sonó como una sentencia, todos quienes estaban en la sala dejaron lo que estaban haciendo y lo miraron con horror.

- ¿Qué quieres decir, Norte? - Balbuceó el Hada.

Debemos estar preparados, Manny dijo que no quería preocuparnos, pero es parte de nuestro trabajo estar listos. Pitch ya no es una preocupación para nosotros y eso le da la ventaja... es posible que no ocurra nada, pero si sucede tenemos que estar prestos para detenerlo y no dejar que nos tome por sorpresa.

Sandman se puso en pie, dejó su vaso de jugo sobre la bandeja que cargaba un duendecillo y caminó hasta Norte, colocó una mano en su brazo como muestra de apoyo, su rostro estaba serio y su mirada llena de valor, luego observó a sus compañeros y señaló la luna, todos entendieron el mensaje, ellos eran guardianes de los niños y debían prepararse, era parte de la responsabilidad que asumieron cientos de años atrás.

- Estoy con ustedes, me has convencido - Dijo solemnemente el Conejo.

- También yo y gracias por reunirnos, debemos organizarnos para que nuestro trabajo siga adelante cuando tengamos que ausentarnos para luchar.

Por su parte, Jack Frost estuvo pensando todo el día en Elsa, no podía dejar de hacerlo. Se mantuvo en el cielo porque si bajaba a tierra no sería capaz de contener sus ganar de volver a ella, se sentía agradecido de tener la compañía su amigo Viento que no paraba de hablar, juntos fueron a dar una vuelta a los desiertos, bosques, polos y cruzaron la inmensidad del océano, siempre a favor del sol, huyendo de la noche... Jack no tenía ganas de ver a la Luna, por alguna razón tenía la creciente sensación de que el Hombre de la Luna le hablaría y por primera vez no tenía ganas de escucharlo.

Se despidió de su amigo en las puertas del palacio de Arendelle, luego voló hasta el ventanal de la habitación de las princesas y entró por donde mismo había salido la noche anterior, estaba vacía... caminó examinando con más atención todo ese pequeño mundo que habían construido juntas, notó que dentro y fuera de la tienda colgaban un sin fin de pequeñas estrellas de hielo, una corriente de alegría recorrió su pecho, Elsa había pensado en él y de seguro le había contado a Anna de su existencia...

- Estás aquí... – Se dejó oír una voz intentando guardar nerviosismo mientras entraba por la puerta.

Jack volteó con una gran sonrisa en lo labios pero no alcanzó a decir nada porque tras Elsa apareció Anna quién corrió a darle un abrazo. El muchacho quedó sin aliento cuando sintió los pequeños brazos de la niña rodearle las piernas, ahora había alguien además de Elsa que podía verlo y tocarlo, como siempre su gran amigo tenía razón, el calor de los seres humanos era algo indescriptible e incomparable, pero al mismo tiempo diferente a lo que Elsa provocaba en él, el calor que emanaba de ella siempre le quemaba la piel. Jack se acuclilló frente a Anna y sonrió.

- ¡Así que tú eres Jack Frost! – Exclamó Anna aplaudiendo de la emoción.

- Mucho gusto, Anna.

- ¡Elsa, sabe mi nombre!, eres tal cual te describió ella – Luego volteó a su hermana - ¿Le hablaste de mi?.

- Claro que si...

- ¿Me permites princesa? – Preguntó a Anna mientras observaba a Elsa – Debo saludar también a tu hermana.

- Sí, sí.

Jack caminó hasta donde estaba la princesa en quién había pensado todo el día, ella no se movió ni un centímetro, esperó donde estaba mientras mantenía esa sonrisa bella y brillante en su rostro. Cuando el muchacho llegó hasta ella puso una rodilla en el suelo, tomó su mano derecha y la besó con reverencia mientras cerraba los ojos para aumentar esa sensación extraterrena que lo invadía cada vez que estaba junto a ella, luego sus miradas se encontraron y sonrieron al mismo tiempo. Anna estaba boquiabierta, jamás había visto a su hermana dejarse tocar por alguien más que no fuera ella, ni siquiera por sus padres ya que siempre temía que alguien se diera cuenta de su magia.

- ¿Qué tienes ganas de hacer hoy?, ¿Otro jardín de hielo? – Preguntó sin poder contener el impulso de acomodarle un mechón de su cabello rubio tras la oreja.

- Pues...

- ¡Quiero lanzarme con un trineo montaña abajo! – Exclamó Anna tan entusiasta como siempre.

- ¡Es una excelente idea, Anna! – Respondió Jack – ¿Vamos al cuarto de siempre? – Preguntó guiñándole un ojo.

- ¡Si, si, si!

- No, no podemos… es que aún hay mucha gente dando vueltas por el palacio y nos podrían ver, además…

Elsa no pudo terminar lo que iba a decir porque un golpe en la puerta la interrumpió y medio segundo después la reina y el rey estaban entrando a la habitación.

- ¿Con quién hablan? – Preguntó la reina con gran amabilidad en su rostro mientras caminaba hasta Elsa, Jack se puso en pie e hizo un gesto de silencio a Anna.

- Con nadie, sólo jugábamos – Respondió la princesa con naturalidad.

- Pues es hora de ir a la cama – Repuso el rey al mismo tiempo que tomaba a Anna en los brazos y caminaba con ella hasta su cama.

- Es tarde, mi cielo y papá tiene razón. Mañana es un día lleno de responsabilidades, deben descansar – La mujer tomó a Elsa de la mano y la condujo también a su cama.

Jack caminó hasta la puerta y comenzó a hacer gestos divertidos con su rostro, ambas niñas tuvieron que esforzarse mucho para no reír a carcajadas.

- Te pondré el pijama – Dijo la reina.

- Oh, no mamá por favor – Rogó apenada y ruborizada porque Jack estaba allí.

- ¿Quieres dormir vestida? – Rió su madre.

- No, es que tengo frío y el pijama está helado… además estoy muy cómoda así. ¿Por favor puedo quedarme así?

- Esta bien tesoro, pero no te acostumbres – Accedió dejando un beso sobre su cabello – Querido, creo que ya es tiempo de temperar la habitación de las niñas – Dijo a su esposo.

- Lo haremos – Consintió – Anna, el pijama.

- ¡No, yo quiero quedarme vestida igual que Elsa! – Replicó de inmediato.

- ¡Ay, por Dios hija!. Está bien, pero sólo porque no puedo consentir a una y a la otra no.

Luego de acurrucar a sus hijas y besarlas, ambos gobernantes se intercambiaron de camas y les desearon buenas noches. Después de algunos minutos eternos para Jack, ambos se tomaron de las manos y salieron de la habitación apagando las luces.

- ¿Están dormidas? – Preguntó el muchacho.

- ¡Imposible! – Exclamó ansiosa la pequeña princesa.

- Habla más bajo, Anna o volverán – Alegó Elsa incorporándose – Tendremos que quedarnos aquí.

- ¡Claro que no!, soy invisible y mi capa también lo es… lo único que deben hacer es meterse debajo y caminaremos los tres tranquilamente hasta el salón.

- ¡Jack eres más increíble de lo que Elsa me dijo!

El muchacho dejó su cayado sobre la cama de Elsa y se quitó la capa e invitó a las niñas a ocultarse bajo ella y salieron al pasillo, luego de algunos pasadizos y sustos lograron llegar sin ser vistos. Una vez dentro no perdieron el tiempo, Anna aguardó a un costado de la puerta mientras veía el mejor espectáculo de todos.

Jack y Elsa comenzaron a hacer magia de nieve y hielo, construyeron grandes montes de nieve, unos más empinados que otros… la pequeña princesa notó una diferencia entre ambas magias, cuando Elsa hacía nieve de sus manos se desprendían pequeños destellos azules brillantes, como la escarcha; en cambio cuando Jack hacía magia tanto de sus manos como de su cayado emergían complejas y hermosas líneas blancas que se torcían y enredaban en las superficies que alcanzaban.

Cuando al fin acabaron, el muchacho creó un gran trineo de hielo donde cupían bien sentados los tres, jugaron y rieron por casi dos horas hasta que Anna cayó exhausta, Jack la acunó en su capa y con cuidado la llevó hasta el costado de la puerta.

- ¡Vaya, esto ha sido genial! – Exclamó Elsa – Ahora hay que limpiar todo.

- Yo me encargo, ayer lo hice, ¿Recuerdas? – Sonrió.

- Es verdad, ¿Pero cómo?.

- Observa.

Y al igual que la noche anterior, Jack tomó su cayado y lo extendió hacia el cielo, justo donde se curvaba la vara comenzó a brillar y de inmediato toda la nieve se desintegró en fina escarcha que viajó hasta esa punta, en menos de diez segundos todo estaba impecable una vez más. El joven tomó a Anna en los brazos y se elevó con ella hasta el techo, le dijo a Elsa que se cubriera con la capa y regresaron a su habitación. Una vez en ella acostó a la pequeña y la arropó, luego fue hasta donde Elsa se mantenía de pie frente a su velador.

- ¿Está todo bien? – Preguntó con curiosidad.

- Sí, es sólo que quisiera poder llevar puesta la estrella que me diste, pero no puedo hacerlo sin que mis padres se den cuenta de que es hielo… me regañarían.

- No importa princesa, puedes dormir con ella todos los días.

- ¿Vendrás todos los días? – Preguntó ansiosa.

- Ojalá pudiera, pero en ocasiones algunas de mis labores toman algo de tiempo… por lo general todo anda bien pero a veces tengo que ir yo mismo a llevar el invierno.

El rostro de Elsa se apagó.

- Pero no te preocupes, cada vez que pueda estaré aquí… aún si no es para jugar…

- Jack, ¿Puedo darte algo yo también?.

- ¿Cómo? – Preguntó asombrado, eso era algo inesperado.

- Ven – Pidió la princesa, Jack se inclinó hasta ella.

Elsa juntó las manos tras la nuca de Jack y de inmediato una fina cadena de hielo se extendió hasta unirse en su pecho para sostener una medalla en forma de un cristal de hielo, el muchacho estaba asombrado y emocionado… nuevamente lo invadieron una serie de sentimientos encontrados, nunca nadie le había regalado algo pero al mismo tiempo, en el fondo de su corazón algo se estremeció, como si eso no fuera del todo cierto, como si en verdad hubiera recibido obsequios tan preciados como aquel en algún momento, y entonces la tristeza le nubló la vista… pero, ¿Porqué?.

- ¿Estás bien? – Preguntó la princesa alarmada – No tienes que usarlo si no quieres…

- Por supuesto que si, ¡Me encanta! – Afirmó mientras intentaba alejar esa mescolanza de sentimientos extraños de su corazón – Ahora yo también podré recordarme que esto no es un sueño.

Elsa sonrió.

- Princesa… ¿Estás cansada? – Preguntó dubitativo.

- No del todo, ¿Porqué?

- ¿Quieres ir a dar una vuelta conmigo? – Su corazón se paralizó.

- Nos podrían ver…

- No será así, dime, ¿Te gustaría volar?.

- Jajaja, hablas como si fueras un hada.

- Jajaja, no es gracioso que me compares con algo tan… femenino – Rió de buena gana - Ven princesa, ven conmigo hasta las estrellas… - Invitó extendiendo una mano hasta ella - No temas, nada malo pasará sólo… ven conmigo, regresaremos pronto…

La princesa observó la mano de Jack y dudó un segundo, todo lo que tenía que ver con ese muchacho de cabello blanco alborotado y ojos inquietos era alucinante, aún habían sorpresas para ella… pero sin duda, lo que más disfrutaba era ser ella misma, poder hacer su magia, poder tocarlo sin miedo a ser descubierta. Sabía que si tomaba su mano nada malo ocurriría porque confiaba en él y él se estaba transformando el alguien preciado para ella… la sonrisa torcida de Jack Frost era tan sincera, pero aún así no estaba segura, ya había pasado un límite al contarle a Jack sobre sus poderes, desaparecer con él unos minutos… sólo unos minutos…

El muchacho vio como la Elsa se debatía entre ir con él o quedarse, creyó que era injusto presionarla así, estaba tan entusiasmado con ella, con su compañía que no estaba midiéndose, lentamente fue retirando su mano hasta que Elsa la tomó.

- Iré… te acompañaré… - Dijo al fin. El rostro de Jack se iluminó.

Ambos se vieron en silencio, ambos sonrieron, ambos sentían lo mismo... ninguno quería separarse del otro, ambos querían detener el tiempo para siempre y quedarse en ese espacio donde podían hacer su propio mundo y ser ellos mismos sin miedo. Ella era sólo una niña de diez años y él un espíritu de doscientos y poco, pero ambos sentían con intensidad… caminaron juntos y tomados de las manos hasta el ventanal, ella estaba nerviosa, no más que él.

- ¿Estás lista? – Su voz era menos que un susurro.

- Sí – Respondió ella, sólo una vez.

...

Y ya está al fin!.

No me cansaré de dar las gracias a todos quienes siguen esta historia y a sus bellos comentarios, cada uno de ustedes es una inyección de energía y motivación para seguir adelante en medio del trabajo y un sin fin de cosas.

Espero poco a poco ir aclarando las dudas que surgen y que otras cosas los sorprendan...

Meneloth