Ninguno de los personajes me pertenecen son todos
de J.K.R.
Cap. 4. Si debo morir, he de olvidarte primero.
Hogwarts, era tan extraño estar ahí y a la vez...
La batalla final, sus recuerdos tan claros como si estuvieran frente a ella. Su esfuerzo y sacrificio había valido la pena sin
duda alguna.
Hermione Granger la mejor amiga de Harry Potter, una sangre sucia y ahora heroína del mundo mágico. La vida daba bastantes giros cuando quería.
Su habitación era agradable, lo que más le gustaba era esa gran ventana. Se encontraba sentada ahí, mirando el cielo despejado lleno de estrellas, pero sin Luna.
Una princesa atrapada en la torre, a la espera de su príncipe, su príncipe...
Al parecer la caída del señor oscuro le devolvía la tranquilidad al mundo mágico, y por su puesto Hogwarts, no sería la excepción.
El caminó de forma sigilosa y sombría. El peligro era algo que estaba en el pasado, como él. Como todo.
Todos y cada uno de los pasadizos de entrada al colegio estaban despejados. Abrirlos era más que simple para él. Después de todo Severus Snape el gran y orgulloso príncipe mestizo era un genio, más brillante y poderoso que Minerva Mcgonagal pensó con algo de burla.
El castillo que lo vio crecer, su único y verdadero hogar; se encontraba a oscuras, volver
ahí era casi ambiguo.
Se había jurado morir y descansar de una vez por todas, la razón...
Hermione Granger, la anhelaba tanto que dolía ¿acaso era posible amar tanto a una persona y no
haberlo notado antes?
Ya había pasado la mayor parte de su vida pagando sus crímenes, sacrificándose constantemente y sufriendo una agonía eterna por culpa de una mujer.
Una gryffindor para ser precisos, de sangre muggle su Lily, y ahora cuando por fin se había perdonado a sí mismo, resulta ser que se ha transformado en un vampiro obsesionado por una sabelotodo insufrible.
Ggryffindor, hija de muggles, hermosa, entre otras cosas. Su vida amorosa era un cliché sin duda alguna.
Entonces llego a la gárgola que custodiaba el despacho del director, la miro directo a los ojos, la estatua se movió, permitiéndole el paso.
El despacho del director, uno de los pocos lugares en los que se hubo sentido protegido, el que fuera su despacho cuando tuvo el honor de ocupar aquel cargo. El lugar en
el cual se había planeado la caída del señor oscuro estaba ahí imponente.
La razón de estar ahí, era una y solo una: recuperar sus recuerdos, así Lily seria de nuevo la elegida de su corazón, Granger un dulce recuerdo y su muerte una prometedora
realidad.
Los cuadros estaban durmiendo, gracias a Merlín, no fue difícil encontrar el pensadero.
Suspiró inaudiblemente, ya que sus recuerdos aún estaban ahí. De inmediato volvieron a su
mente.
Lily, su amada agridulce, era de nuevo una parte de su ser.
Entonces lo comprendió, su amor por la pelirroja, fue algo casi platónico, algo a lo que se había aferrado desesperadamente en vida, para cumplir con su misión pero por
sobre todo, protegerse de sí mismo.
Él era consciente de que estaba mal, por eso no se permito aceptar la verdad. Una verdad clara en
este momento, hace tiempo que amaba a Granger.
Tenía que admitir que había atribuido estos sentimientos, al hecho del parecido innegable entre Hermione y Lily. Pero no. Ahora que lo veía claro esa niña, seria y valiente hace mucho tiempo era una parte de él.
La cuestión era que hacer ahora, debía desaparecer, nunca ni en sus más locos sueños hubiese contemplado la posibilidad de ser un
ser oscuro.
El pensamiento le repugnaba, no obstante la idea de ver a Granger al menos una vez más, era por mucho agradable y tentadora. La
buscaría, solo unos segundos le bastarían, o eso quería creer.
Tan sigilosamente como entro al despacho, desapareció.
Para Hermione Granger todo resultaba maravilloso, mañana de nuevo empezarían las clases, de nuevo recorrería aquel camino
que tantas veces recorrió para alcanzar sus sueños.
Por ahora sus ambiciones se reducían a tener notas de EXTASIS perfectas.
El cielo oscuro seguía imperturbable, mas no su mente cuerpo y corazón.
Absurdo, como era posible que ella Hermione Jane Granger, una de las brujas más brillantes de
Hogwarts, estuviera tan deprimida por la muerte de su profesor Snape.
El jamás fue alguien para ella, él no era nadie. Lo que es más le repugnaba era sentir verdadero dolor por la causa de su muerte,
Lily Potter pensó con celos. No pudo evitar rememorar una de las tantas conversaciones entre ella y Harry, conversaciones sobre Severus Snape.
"¿Harry estas bien?"
"Si es solo que, no puedo creer lo estúpido que fui"
"¿Por?" Sabía el porqué de todo esto, la culpa era algo con lo Harry difícilmente podía lidiar.
"Snape, él fue un héroe valiente, nos protegió con su vida, y aun así, fue tratado como un paría por todos, por mi Padre, Sirius, por mí, me pregunto qué pensaría de todo esto mi madre."
"Lo sé a mí también me sorprendió que ese hombre se halla jugado la vida por la memoria de tu madre."
"¿Por la memoria de mi madre?, Merlín Mione, el hombre la amaba, en verdad, jamás e visto a una persona tener tanto amor y lealtad hacia
alguien.
"Harry, no deberías pensar así"
"Descuida estoy feliz, ¿ya todo acabo, entiendes?, solo espero amar a Giny como corresponde, y que las cosas al fin estén bien.
"Estoy segura de que ya la amas de esa forma Harry"
No llego a sonreír como en esa ocasión, su actuar era insano y debía parar cuanto antes. Pensar en imposibles no estaba bien.
No pudo evitar que las palabras salieran de sus labios, ni que cierta persona las escuchara.
"¿Que se sentiría, amar a una persona de esa manera?, o que te amen así de esa forma, sé
que Ron no lo hace, ¿Me pregunto cómo me habría sentido si el profesor Snape,
me hubiera amado a mí?, como si fuera posible..."
"¿Por qué no sería posible Hermione?"
Esa voz, de nuevo alucinaba, él estaba muerto y esa era su única verdad.
A lo lejos, un hombre de hermosos ojos azules, sonreía cruelmente al comprobar sus sospechas. Severus Snape no estaba muerto, un tono rojo adornaba su mirada, se vengaría de él y la sangre sucia, aunque eso fuera lo último que hiciera en la vida.
