:D Hola a todos, aquí reportándome con un nuevo capítulo de mi fic de pokémon, que nació en el instante en que me puse a jugar pokémon en la pc y recobré mi amor por esta linda serie que vi desde que tenía siete años. Espero que el capítulo les guste y que no se espanten por el título, de igual modo no hay ni pizca de intriga XD o eso creo : ) Gracias por sus lecturas, espero que continúen con interés en mi historia. Besos y abrazos a todos : )
Capítulo 4
Espejismo
Era casi imposible poder respirar adecuadamente en medio de aquel ambiente tan caliente y oscuro; no sólo la noche aumentaba la escasa visibilidad, también lo hacían las fervientes cenizas que ascendían hacia el cielo en compañía de grandes cantidades de humo que se producían mientras todo se incendiaba alrededor. Aquel bosque estaba siendo rápidamente consumido y pronto no quedaría más que un suelo quemado y vagos vestigios de lo que alguna vez fue una esplendorosa naturaleza.
¿Quién había provocado tal incendio?¿Cómo era posible que estuviera allí, en ese lugar que ahora era irreconocible?¿Por qué se sentía inseguro cuando no yacía completamente solo?¿Qué era eso que le hacía sentir intranquilo, especialmente cuando alzaba su mirada hacia el cielo?
Sentía el peso sobre su hombro derecho, aquel viejo amigo suyo yacía allí, observando hacia al frente mientras que de sus mejillas emergían pequeñas chispas eléctricas, como si presintiera que algo o alguien se acercaba hacia ellos. Sin embargo, ese instinto no se equivocó.
Aquel ser gruñía con enorme ferocidad, como si sintiera una cólera creciente que se manifestaba en la demostración de esa mirada llena de malicia y esa penetrante luz azulada que era emitida por su cuerpo y que despejaba las tinieblas de alrededor.
¿Qué estaba ocurriendo con el comportamiento de ese pokémon, de ése que era suyo y que ahora parecía mirarlo con aborrecimiento, como si en cualquier momento se le fuera ir encima? Pero pese a la amenaza inminente no retrocedió y se mantuvo firme.
Ese momento que esperaba no llegara, se tornó realidad y ahora sólo podía contemplar en cámara lenta cómo corría aquel ser hacia él, dispuesto a propinarle un daño severo. Estaba preparado pese a lo indispuesto que se veía para el combate. Sin embargo, una vez más quedó perplejo; ese negro pokémon no iba contra él, sino contra lo que estaba detrás suyo.
El impacto fue certero y poderoso, ocasionando mucho más daño al ya lastimado suelo; no obstante, ese era un precio demasiado chico a pagar para hacer retroceder a esos seres, a aquellas criaturas que se reflejaban en las pupilas escarlatas de ese entrenador.
Estaba seguro de lo que eran, pero a su vista el concepto que poseía se iba perdiendo, se distorsionaba por lo que su mente buscaba una definición para poder establecer la identidad de lo que estaba viendo. Pero no podía llegar a nada, estaba abrumado y era incapaz de desprender su mirada de esos ojos penetrantemente bermellón, brillantes y casi hipnóticos, pero que trasmitían sensaciones que iban desde la tristeza hasta el repudio; era una combinación de emociones que eran preferibles no experimentar y dejar en el olvido.
¿Qué sucedía con sus cuerpos?¿A dónde se había todo el color que caracterizaba a cada uno de esos seres?¿Por qué ahora parecían ser meras siluetas negras de consistencia dudable y sin sombra ante la luz de las llamas de alrededor?¿Qué se supone que era todo aquel mundo extraño e intimidante?
Ya no podía pensar más en ello, ya ni siquiera esa visión le era próxima y palpable. Sin que pudiera darse cuenta algo le había jalado y alejado de ese punto de concentración de espectrales sombras. Ahora sólo podía verlo todo desde lo alto… Aquello era un infierno que no cedía con nada y en medio de éste existía una congregación de esos seres yéndose con lentitud hacia ese solitario pokémon de luz celeste, el cual no disminuyó su ferocidad, sino que la incrementó para hacer que retrocedieran con la misma velocidad en la que habían empezado a acorralarle. Lo segundo visible fue la explosión producto de sus ataques de sombra.
Las garras blancas le sostenían fuertemente pero de forma suave para no lastimarle; ¿pero qué es lo que hacía ese Dragonite en medio de ese mundo de fuego y por qué motivo le había salvado en ese preciso instante?¿Hacia dónde iban ahora?
—¿Hacia dónde planeas llevarnos, eh? –cuestionó en tono de queja, levantando su mirada hacia ese Dragonite, quien indudablemente estaba siendo manejado por alguien a quien apenas podía definir por la oscuridad de sus ropas y el cielo sin estrellas.
—…Un sitio tan agradable como éste no tiene muchos visitantes al año…-comentó secamente aquel individuo sin poderse hacer un esclarecimiento sobre el género de su voz.
—¿Dónde se supone que estamos? Y en primer lugar…¿cómo fue que llegué hasta acá…? Lo último que recuerdo fue haber entrado a mi habitación y entonces…-se decía perplejo sin poderse dar respuestas. Quizás todo era un mero sueño.
—No tienes que preocuparte por ese Umbreon…Es experto en pelear contra aquellas cosas que casi te atrapan a ti.
—¿Umbreon…sabe pelear contra esas cosas? Además…¿qué son esas cosas? –preguntó con enfado, mirando punzantemente al dueño de ese Dragonite. Requería respuestas y las deseaba ahora mismo.
—Lo que ves… Pokémon…
—Tienes que estar bromeando…Esas cosas sólo tienen la apariencia, una teñida de negro…
—El mundo no es más que un sitio de apariencias, debes aprender a ver a través de ellas, aunque no sea bien recibido el resultado.
—¿Quién eres tú?
—Tu guía turístico por esta noche, Red….Aunque tendrá que ser para otra ocasión…
—¿Otra ocasión?¿Cómo es que sabes mi nombre?
Pero sus preguntas ya no parecían estar llegándole y su misma voz empezaba a apagarse, como si perdiera fuerza, cayendo en una aterradora mudez. ¿Quién podía ofrecerle una contestación a lo que ocurría, quién podía explicarle por qué en un simple parpadeo su entorno se había transformado radicalmente por lo que habría de tomarle bastante tiempo el poder asimilarlo?
Su respiración permanecía agitada mientras que su frente estaba llena de sudor hasta el punto en que la ropa que traía puesta le resultaba hasta cierto punto incómoda y le provocaba comezón. Pero eso era lo que menos le importaba. Él ansiaba respuestas, quería saber el significado de aquella perturbadora pesadilla que le había dejado un mal sabor.
Salió de la cama sólo para meterse a bañar inmediatamente después de ello. Tenía que enfriar las ideas de su cabeza y alejar el sueño que acaba de tener.
—…Esa pesadilla realmente fue inquietante…
Después de haber almorzado adecuadamente tomó la decisión de salir de casa y tomar un poco de aire fresco, no obstante, el panorama posiblemente era mejor adentro en su hogar; al menos eso fue lo que pensó al ver que su patio era el sitio de reunión de viejos amigos, unos que hacía tiempo no veía.
El cabello corto y lacio de tonalidad castaño claro, combinaba maravillosamente con esos ojos azul aciano capota. Asimismo su piel lucía completamente impecable y rosácea; siendo así las características físicas que resaltaban de esa joven de mediana estatura.
Llevaba puesto un mini short azul de mezclilla con un cinturón negro y una blusa carmesí en conjunto con un par de botas negras. Aquella joven era realmente bonita y aquel carismático Krabby yacía a un lado de ella, luciendo muy animado.
—…Tanto tiempo sin vernos, Red –saludó con enorme alegría la chica.
—No es común verte en Pueblo Paleta, Misty. ¿Qué te ha traído por acá?
—Vine a visitarte ya que escuché que andabas de vuelta en la región –mencionó descaradamente con esa impecable sonrisa en sus labios.
—Ah…pues ya voy de salida -contraatacó.
—Sí, es lo que estoy viendo. Y yo que hice un viaje hasta acá, pero bueno. ¿Es que acaso vas a iniciar nuevamente un viaje pokémon? –curioseó.
—Me aburro de permanecer quieto mucho tiempo. Y puede que ya haya mejores rivales allá afuera, así que eso me motiva.
—No cambias –suspiró cansadamente-. Eres muy bueno Red, pero no seas demasiado ególatra o eso será tu ruina un día de éstos –argumentaba. Y bien podría ser su caso algún día.
—Ummm…Al menos eso promete una buena pelea –ajustó su gorra, enormemente motivado ante las predicciones de la castaña-. Entonces seguiré como siempre –refutó cínicamente, empezando a caminar con severa tranquilidad.
—Antes de que te vayas, ¿me podrías acompañar a Monte Luna?
—¿Para qué vas allá? -se detuvo, mirándole desde el rabillo del ojo.
—Porque hacia allá se dirigieron los miembros del Equipo Rocket que se encargaron de robar algunos pokémon de Ciudad Celeste. Principalmente los de los niños que apenas están iniciando.
—¿Cuándo pasó eso? –temas como esos acaparaban toda su atención.
—Anoche…Me enteré hoy temprano y por eso vine para acá. ¿Así que vendrás conmigo? –pidió de manera sutil.
Inclusive el hecho de andar con cautela no resultaba nada fácil en un sitio donde el terreno era traicionero y del cual también se tenía que evitar conflicto directo con los pokémon salvajes que allí habitaban. Y también debían evitar ser vistos por el enemigo antes de tiempo; el elemento sorpresa era importante.
Sus pasos los condujeron hacia una gran gruta, descendiendo con sumo cuidado debido a lo escarpada que estaba y por la nula luz que llegaba a ella.
—Ten cuidado, el terreno está demasiado resbaladizo –advirtió Red, liberando a Umbreon para mejorar la visibilidad circundante-. Al menos con esto podremos ver mejor el camino.
—¿Un Umbreon? Así que has cambiado a los integrantes de tu equipo –ahora sentía un poco más de alivio al ver que la luz azul de ese pequeño les permitía ver mucho mejor el interior de la gruta.
—Es sólo Umbreon; los demás siguen siendo los mismos –concluyó al tiempo que avanzaba con cautela.
—Ya revisamos varias partes, y no hemos encontrado nada.
—¿Realmente estás segura de que vinieron hasta acá? Es un sitio bastante vistoso como para que un gran número de pokémon sean escondidos –inquirió Red.
—La información es confiable. O en todo caso ellos simplemente ya se fueron de aquí y sólo estuvieron de paso –alegó Misty que por momentos sentía que se resbalaba, así que se sujetaba a la pared lo mejor posible.
—Éste es el único sitio que nos falta por examinar, sino hay nada al final de todo esto…-pero repentinamente se quedó completamente callado, indicándole a Misty de que se mantuviera en silencio y totalmente pegada a la pared de la gruta. Umbreon por su lado había dejaba de emitir esa celeste luz.
Se escuchaban claramente pasos que se acercaban rápidamente hacia ellos, como si estuvieran huyendo con enorme celeridad de algo que les venía pisando los talones; al menos ésa era la impresión. La respuesta la conocerían en el justo momento en que en su camino se cruzaran aquellos que corrían con celeridad. Una curva les separaba de su encuentro.
La información era la correcta, ellos en verdad se encontraban escondidos en ese sitio, pero no explicaba por qué corrían. Quizás había una relación entre ellos y la cantidad abundante de agua que corría con enorme presión desde más adentro de la gruta y que se estrellaba contra ese grupo de tres hombres; haciendo que se estrellasen inevitablemente contra las paredes de la gruta, cayendo inconscientes y con lesiones visibles.
Red y Misty habían corrido con suerte y se habían prendado fuertemente de las irregularidades de la pared para no ser arrastrados y enfrentar el mismo destino que esos lacayos del equipo Rocket.
—Esa fue una poderosa hidrobomba…-comentó Misty, empezando a caminar por ese mojado camino con enorme cuidado.
—Ten cuidado, no seas tan impertinente –regañaba Red a la vez que se adelantaba y quedaba en frente de ella.
—Ni que fuera tan indefensa Red. Traigo a mis pokémon conmigo, así que…-sus palabras se quedaron en ello, sólo había logrado escuchar aquel golpe seco que se había estampado hacia su dirección, entre Red y el atacante-. ¡Red! –exclamó con enorme preocupación. Rogaba porque nada malo le sucediera al chico.
El joven cayó de rodillas sobre el suelo envolviendo su estómago con ambas manos, acción que no hizo más que alarmarla, provocando que se agachara a un lado de él y comprobara su estado.
—¡Red, Red, ¿estás malherido?! –vociferó con el ceño fruncido por la angustia.
—Ve tras él…Umbreon…-fueron las únicas palabras que emergieron en el momento en que sus manos abandonaron su estómago. Su pokémon siguió la orden al pie de la letra.
—Umbreon…se interpuso entre lo que sea que te haya atacado –susurraba asombrada.
—Lo que está aquí posiblemente es mucho más peligroso que un grupo entero de integrantes del equipo Rocket y es muy rápido.
—…Un pokémon…que no quiere que nadie esté aquí…
—Eso nos incluye a nosotros también –fueron sus últimas palabras antes de seguir el único sendero que había con la intención de alcanzar a Umbreon.
—¡Espérame Red!
Lo que había al final de ese sitio no eran pokémon, sino algo que no estaban esperando encontrarse y que sólo les trajo muchas más dudas que respuestas.
¿Cómo habían logrado llegar esa docena de niños allí sin que nadie se percatara de la ausencia tan numerosa de éstos?¿Qué es lo que les había ocurrido?¿Desde cuándo habían estado fuera de casa y de qué modo se relacionaban ellos con el equipo Rocket? Cualquier respuesta ofertada no era del agrado de ninguno de los dos.
No obstante, había otro problema que simplemente se estaba incrementando a poca distancia de donde esos niños estaban. Al final había resultado ser un Vaporeon, uno que estaba rivalizando en velocidad con Umbreon.
—No es normal que haya pokémon tipo agua en este sitio –habbló Misty.
—Él debió de haber sido el que mandó a volar a esos tres con su hidrobomba. Muy posiblemente halló a estos chicos y quiso salvarlos. Puede que nos vea como intrusos también.
—Sería mejor que retiraras a Umbreon, así dejaría de sentirse amenazado y posiblemente se calme.
—Pero si hago eso de todos modos vendrá por nosotros y tendremos que pelear. Lo mejor es cansarlo para que ya no esté causando problemas –aquel Pikachu descendió de su hombro dispuesto a lanzar una descarga eléctrica a tan alborotador pokémon.
No hubo un siguiente impacto entre ese par de evoluciones de Eevee gracias a esas filosas hojas navaja que se habían enterrado con enorme fuerza y destreza entre ambos, como un indicativo claro de que debían detenerse. ¿Pero de dónde provenía ese ataque? Venían justamente de otra entrada hacia la gruta, misma que estaba cubierta entre musgo y enredadoras. El pokémon encargado de ello, un Meganium, acompañado de su entrenador pokémon.
Los ojos carmesí de ese chico competían con los de Red, pero incluso los del otro individuo parecían mucho más lejanos al sentimiento de cordialidad que los del mismo pelinegro. Su gabardina negra y pantalón del mismo tono resaltaban la envinada camisa que llevaba mientras el tono rosa pastel de su cabello resaltaba aún más su atractiva apariencia.
Aquel chico de mirada fría simplemente llamó a Vaporeon al interior de su pokeball, concluyendo definitivamente el escabroso encuentro.
—Perdonen la agresividad de mi Vaporeon. E que pensó que ustedes también eran personas indeseadas –comentó como si nada.
—¿Quién eres?
—Max, ese es mi nombre –se presentó sin mucha importancia, viendo de reojo a esos niños-. Yo llegué hasta acá buscando a estos chicos.
—Y nosotros buscando a pokémon robados, pero no hay nada.
—No hay rastro de algún pokémon ajeno a la fauna normal de este sitio. Lo único que no embonaba aquí son estos niños y ahora que ya están bien, podrán ser llevados de vuelta a su casa –agregó Max para Red.
—Primero tenemos que sacarlos de aquí y esperar a que vuelva en sí para saber a qué ciudad pertenece cada uno. Esto sí que va a ser laborioso –exhaló Misty con fatiga adelantada.
—No hay necesidad de ello. Ya están identificados cada uno de ellos a causa de que llevan más de una semana desaparecidos –completó el peli rosa al tiempo que sacaba aquel mundo de volantes de la bolsa derecha de su gabardina-. Sólo es cuestión de llevarlos a su ciudad.
—Lo tienes todo bien planeado, Max –Red se acercó al susodicho; ambos poseían la misma altura y esa extraña aura que hacía querer alejarse de ellos cuanto antes.
—Soy enemigo de las injusticias, por lo que no me agrada ver este tipo de cuadros.
—Tu Vaporeon era bastante fuerte.
—Tu Umbreon tampoco lo hace nada mal…Aunque ese comentario parece más una incitación a una pelea que un buen elogio.
—Eso es justamente lo que es –Misty ya conocía de antemano las manías de ese chico.
—Primero lo primero –contestó Red.
—No soy de los que inician peleas innecesarias; generalmente tienen que interesarme las habilidades del entrenador, pero sobre todo, saber la opinión de sus pokémon.
—¿La opinión de sus…pokémon? –cuestionó un tanto confundido.
—Sí, la opinión de ellos…Dependiendo de eso, será la manera en que te trate en el campo de batalla –sentenció con una amabilidad aterradora y esa adorable sonrisa; era encantador, pero despertaba cierto temor.
—Tú sí que dices cosas interesantes. Prometes ser un buen peleador.
—¿Al menos te dignarás a darme tu nombre? –preguntó Max guardando sus manos en sus bolsillos, enfocándose en ese chico.
—Red.
—Que nombre tan peculiar. Lo recordaré para cuando nos volvamos a encontrar tengamos un interesante duelo pokémon.
—De modo que ahora escaparás con la excusa de devolver a todos esos niños.
—Las cosas deben ser hechas en orden de prioridad. Que estos niños vuelvan seguros a casa, es lo que más me interesa ahora. Además, ya te lo había dicho, tengo que conocer la opinión de tus pokémon –sonrió ligeramente mientras liberaba a un pokémon más, a un formidable y enorme Steelix-. Sabes lo que tienes que hacer Steelix.
La tarea de aquel pokémon consistió en la elaboración cuidadosa de un túnel alternativo que permitiera el traslado de todos esos niños de manera más sencilla y rápida. Aquel entrenador suyo le había indicado dónde empezar y la altura que éste tendría que poseer.
Y no cabía duda de que ese chico conocía muy bien esa montaña; la opción que había tomado había sido la correcta ya que ahora se encontraban fuera, en un área de la que era fácil volver a retomar el camino hacia el bosque circundante.
—Conoces bastante bien estos rumbos, Max –agregó feliz Misty por haber salido allí sin tener que atravesar nuevamente la gruta.
—Solía venir muchas veces aquí cuando niño, es por eso que conozco muy bien toda esta área y me es fácil elaborar un camino alterno.
—Nosotros nos encargaremos de los niños perdidos de ciudad Celeste y ciudad Verde, Max.
—Yo me ocupo del resto.
—Nos estaremos viendo después Max –se despedía Red mirando de reojo a aquel chico.
—No desesperes Red, que tendremos nuestro combate. Al menos tu Umbreon dice que eres algo más que un chico ególatra y huraño –sonrió burlonamente, encaminándose hacia esos ocho niños restantes-. Así que más vale que te entrenes bien, porque este mundo, es un mundo de apariencias…
