PROMESAS

Kate:

Cerré el programa de ordenador, y me levanté de mi mesa, necesitaba estirar las piernas.

Fui hasta la sala de café, e intente hacerme uno, había perdido la costumbre por culpa de Castle, más bien gracias a Castle.

Saqué el móvil por enésima vez, seguía sin tener mensajes de Richard o Lanie, así que me decidí a llamarlo, necesitaba escuchar su voz y saber cómo estaba Alexis.

Los pitidos de la llamada comenzaron a sonar, haciendo que los latidos de mi corazón se acelerarán

-Castle –me respondió

-Hola Richard soy yo, te llamaba para saber qué tal está Alexis

-Bueno, está en ello-me dijo con la voz triste- Ahora mismo está tirada en el sofá con mi madre, ya sabes que estas cosas requieren tiempo.

-Sí, lo sé- musite yo.

-Te tengo que dejar, llámame cuando sepas algo del resultado de la autopsia

-Así lo haré

-Hasta luego- se despidió

-Hasta luego

Iba a colgar, pero sin controlarme le grite

-Castle, espera

-¿Si Beckett?

-Te quiero

Se quedó callado en silencio unos 30 segundos y su voz sonó desconcertada cuando me dijo

-Yo también.

No sabía porque lo había hecho, nunca había sido de mostrar mis sentimientos en público ni de ser lo que se dice "empalagosa" con las palabras y los gestos.

Pensé si ir con Ryan Y Expósito a revisar el video de seguridad, estaban comprobando que todas las personas que habían entrado en la piscina estuvieran anotadas en el registro que nos habían facilitado.

Al final preferí quedarme, necesitaba estar sola.

-O con Castle- me traicionaron mis propios pensamientos.

Quizás todo estuviera más claro y fuer más fácil de lo que yo pretendía. Quizás yo me liará a propósito porque no me gustará adquirir ese tipo de compromisos. Nunca había tenido una relación muy larga con ningún hombre, llegados a este punto siempre acabábamos rompiendo.

-Buuf- resoplé apartándome el pelo de la cara y dejándome caer otra vez sobre la silla de mi escritorio.

Richard:

Colgué el teléfono desconcertado pero un poco más feliz, aquellas dos palabras de Kate me había hecho sentir bien, quizás a ella le costaba aceptar sus sentimientos, pero me quería, de eso estaba seguro.

Desee con todas mis fuerzas que no siguiera haciéndome esperar y dándole vueltas a nuestra relación, inconscientemente apreté el anillo que todavía tenía guardado en el bolsillo de mi pantalón.

Sonreí y me fui a sentar al sofá con Alexis, mi hija me necesitaba más que nunca.

Kate:

Lanie no acababa de llamarme, y yo ya no sabía que más hacer, odiaba la inactividad en la comisaría. Decidí ponerme a arreglar los papeles que tenía pendientes de los últimos casos.

Llevaba ya una hora y media en un duelo sin fin, rellenando y modificando documentos (como odio la maldita burocracia) cuando mi vista se posó en una pareja que salía del ascensor. La mujer caminaba despacio y tenía los ojos llorosos, el hombre abrazaba protectoramente, a la que seguro era su esposa, tenía los ojos vidriosos y perdidos, muy lejos del edificio de la comisaría.

En seguida comprendí que eran los padres del chico que había muerto, suspiré, sabiendo cómo se debían sentir y me acerque a ellos.

-Disculpa ¿Desean algo?

La mujer asintió con la cabeza a la vez que rebuscaba en su bolso para sacar un pañuelo, pero fue el marido el que habló:

-Queríamos bajar al depósito para ver a nuestro hijo- se paró como para poder asimilar lo que había dicho y luego prosiguió sacando fuerzas de flaqueza- Lo encontraron muerto esta mañana en la piscina.

-Lo siento mucho- les dije mientras les estrechaba la mano- soy la inspectora Kate Beckett, y me encargo del caso de su hijo, si me acompañan les llevaré al depósito.

Asintieron con la cabeza y comenzaron a seguirme

-¿Pero no ha sido un asesinato, no?- preguntó la señora mientras caminaba incapaz de contenerse

-No lo sabemos aún, estamos esperando por los resultados de nuestra forense.

-¿Pero quién iba a querer matarlo a él? – prosiguió la pobre mujer.

-Nadie- sentenció su marido- Era un buen muchacho

Sonreí y confirme sus palabras con la cabeza a pesar de no conocer al joven, era lo único que podía hacer para consolar a esos desafortunados padres. En ese momento me sentía la persona más impotente del mundo. Desee tener inmediatamente todas las respuestas y poder comunicárselas, porque sabía que es lo primero que uno busca, respuestas. Y también conocía el dolor de no encontrarlas.

Los dejé frente a la puerta de la morgue, sabiendo que lo que ellos necesitaban era despedirse a solas de su hijo.

Al cabo de un pequeño tiempo que no calculé, la pareja salió acompañada por Lanie, yo estaba allí todavía esperándoles, sintiendo un vínculo especial con estos padres, un vínculo que no era capaz a comprender.

Lanie acompañó a los padres hasta una sala de espera y dijo que necesitaba hablar conmigo.

Una vez a solas sacó un informe y comenzó a explicarme la situación:

-El joven murió ahogado, pero cuando estaba comprobando sus pulmones me llamó la atención, que no contenían demasiada masa de agua

-¿Qué quieres decir?

-Que la víctima murió ahogada, pero no por el agua de la piscina

-¿Estrangulado entonces?- pregunté incrédula

-No, no hay ninguna marca que sostenga esa teoría

-¿Y entonces?

-Eso mismo me pregunté yo, así que decidí hacerle diferentes análisis y he aquí lo que encontré- sentenció victoriosa mientras me tendía su informe.

Lo cogí y lo examine

-¿Tetradotoxina? Pregunté- ¿Qué es eso exactamente?

-Es un veneno muy eficaz, en muy pequeñas dosis puede producir hasta la muerte. Los efectos que causa son disestesias en rostro y en las extremidades, parálisis oculomotora, ceguera, colapso respiratorio y cardiovascular, parestesia, parálisis general, asfixia por la parálisis de los órganos encargados del aparato respiratorio, y la muerte. Los efectos empiezan a aparecer a partir de unos 15 o 45 minutos de la ingesta, dependiendo de la cantidad y la capacidad de asimilación del organismo.

-Ya veo, todo esto quiere decir que murió envenenado- resumí harta ya de tanta palabrería médica.

-Exacto.

-¿Y sabes como ingirió el veneno?

-El contenido de su estómago eran dos tostadas, barritas de cereales con chocolate y un croissant.

-Ya veo, un buen desayuno.

-Eso parece.

Le di las gracias a Lanie y me despedí de ella, luego me fui a hablar con los padres del chico. Necesitaban saber lo que acababa de averiguar y además necesitaba hacerles alguna pregunta.

Cuando supieron la verdad se mostraron desconsolados, no podían creer que alguien hubiera querido atentar contra la vida de su hijo.

-¿Presentaba su hijo alguna conducta inusual estos días?- empecé con las preguntas reglamentarias.

-No, no- respondió el hombre- Estaba en casa poco, pero por lo que nosotros sabemos iba a entrenar, cuando podía se pasaba por la universidad, y salía con una chica, la conocimos el otro día, parecía buena niña, no creerá….

-No, en absoluto, le corté- mientras mis pensamientos viajaban hasta Alexis.

-Lo siento pero tengo que preguntárselo, ¿habría alguien que deseara matar a su hijo? ¿Tenía algún enemigo?

-No- casi chillo la mujer- no se mezclaba en asuntos raros, no consumía drogas, casi no tenía tiempo ni para salir de fiesta, su única obsesión era la natación y el mar. No hacía nada malo- sollozó

Note que estaba intranquila y traté de calmarla como pude

-No es necesario haber hecho nada malo, para verse involucrado en un asunto de asesinato. Estoy segura de que su hijo era un gran muchacho, pero hay gente en el mundo que no le importan estas cosas y solo buscan su propio beneficio.

La mujer me miro a los ojos y pareció asentir, me estaba contagiando su infinita tristeza, de pronto me sentí como en mi primer día de trabajo.

-Os prometo que voy a hacer todo lo que este en mi mano para encontrar al asesino, no es mucho, pero es todo lo que puedo hacer

-Para nosotros es más que suficiente- me respondió el marido sonriéndome de manera agradecida, aunque sus ojos no mostrarán ni un ápice de felicidad.

Richard:

Cuando el teléfono sonó me levanté de golpe, descolgándolo a la vez que me dirigía hacía el piso de arriba, para escaparme de los oídos de mi hija.

-Dime Beckett- respondí

-El muchacho fue envenenado, alguien lo asesino- explicó yendo al grano como acostumbraba a hacer.

-No puede ser

-Pero es, lo siento Castle

-¿Cómo voy decírselo?

-Dile la verdad, es fuerte, lo superará

-Gracias

-No hay de que, por cierto estoy de camino hacia allí, tengo que hacerle algunas preguntas a Alexis y me pareció más apropiado ir yo allí que traerla a la comisaría.

-Entendido, te estaremos esperando. Hasta ahora.

-Hasta ahora.

Colgué el teléfono y pude ver que mi madre me miraba a través de la puerta abierta, le conté lo que Beckett acababa de explicarme, y los dos bajamos a hablar con Alexis. Nunca antes había necesitado tanto la ayuda de mi madre.

La reacción de mi hija me sorprendió, ya era toda una mujer, apretó los puños con rabia intentando calmar la ira que sentía, y luego empezó a buscar un nombre y un motivo. Le di un beso en la frente para que se tranquilizara, pero ella estaba dominando la situación mejor que yo.

El timbre de la puerta nos sorprendió a los tres en esta conversación.

Con ligereza abrí la puerta, en el umbral estaba Kate tan deslumbrante como siempre.

-¿Qué tal esta?

-Creo que bien – respondí dubitativo- dentro de lo que se puede- añadí

-Lo superará, es fuerte

-Lo sé- dije como toda respuesta.

-Necesito hablar con ella

-Sí, sí- contesté aportándome para dejarla pasar e indicándole con la mano el lugar en el que estaba la pequeña de la casa.

Ella penetró en el salón y se sentó en la butaca enfrente de mi niña, en ese momento yo quería protegerla como un león protege a sus cachorros. Pero las dos comenzaron a hablar sin parecer necesitarme. Marta se unió también a la conversación.

Era raro, las tres mujeres que más amaba en el mundo, estaban en mi salón consolándose las unas a las otras.

Después de una pequeña conversación Alexis le hablo de Bryan, su novio hasta hacía unas horas, la inspectora la escuchaba paciente, esbozando pequeñas sonrisas y animándola a hablar y desahogarse cuando había un silencio incómodo.

-¿Entonces, de verdad, no se te ocurre nadie que quisiera matarlo?

-No, no, llevo dándole vueltas largo tiempo, pero no consigo imaginarme a nadie de su entorno envenenándole

-Hablas como una profesional- bromeó Kate para distender el ambiente

Alexis se sonrojó pero no respondió.

-¿Notaste algo anormal en su comportamiento? , algo más que me puedas decir, algo a destacar.

-No, era un chico muy normal, se pasaba la vida en la piscina. Pero no te puedo decir mucho. Ayer y antes de ayer no había quedado con él, me dijo que estaba muay apurado con los entrenamientos y un trabajo de la universidad. Por eso me había invitado hoy a verle entrenar en la piscina, quería pasar más tiempo conmigo.

-Entiendo. Muchas gracias. Debo irme ya, Ryan y Expósito me esperan en la piscina para seguir con la investigación.

Acompañé a la inspectora hasta la puerta, amaba su manera de hablar con las personas, tenía tacto tanto para consolar a la gente y escuchar su historia como para hacer que los asesinos se fueran de la lengua.

-¿No vas papá?- Me pregunto Alexis.

-No, tú me necesitas aquí contigo.

-Lo que yo necesito es que cojáis a ese cabrón- me dijo mientras noté como la rabia volvía a sus ojos- y vosotros dos siempre os las arregláis para hacerlo juntos- añadió ya más tranquila.

-¿Pero y tú?

-Yo estaré bien con la abuela, además debes aceptar que tú eres bastante nulo tratando de consolar a la gente- se intentó reír.

-Esta bien, entonces acompañaré a Beckett. Te prometo que vamos a encontrar al asesino.

-O asesina- Intervino Kate.

Las dos chicas se dieron un abrazo, luego me tocó el turno a mí, la estreché entre mis brazos y le di un beso en el pelo.

-Cualquier cosa que necesites llámame- me despedí

-Lo hará- me contesto mi madre mientras me arrastraba hasta la puerta.

Yo también te prometo que lo cogeremos, y debes saber, que siempre cumplo mis promesas- terminó la agente de policía a la vez que ponía la mano sobre el picaporte y salía de la casa.