Día 3: Pereza.

Sus falsas ideas de revindicar su camino fracasaron incluso antes de dar el primer paso. Durante lo que resto de la noche del día anterior y luego de haber ido tarde al trabajo junto a otro ángel que se hallaba en la tierra, se dio cuenta que no podía simplemente dejar de largo lo que había pasado entre Souichi Tatsumi y él, aquellos actos… aquella madrugada a lado del pelilargo no podía simplemente ser olvidado por sus deseos de seguir siendo un ángel con ética, y con un futuro incierto aproximándose, la idea mantenerse informado sobre ello solo le hicieron impacientarse durante esa jornada laboral.

—¿Sabes qué fue lo que le paso a Luciferum? —se atrevió a preguntarle a Hiroto, un ángel cuyo único propósito había sido permanecer en la tierra con el fin de protegerla del mal que los propios humanos se habían dado. Morinaga no podía decir que mantenía una estrecha relación con aquel ángel como para preguntarle semejante cosa, pero necesitaba saber más o menos cuál era su destino y el ejemplo que Luciferum podía darle era su único consejo viable.

Hiroto le miro, desinteresado a su pregunta, por un segundo mientras terminaba un formulario cuyo contenido le era desconocido, luego de ello, Hiroto le miro de nuevo con un poco más de interés.

—Esa es información confidencial muchacho —gimió con una sonrisa picará dibujada en su rostro—. Eres muy joven como para preguntarle eso a un superior… ¿Por qué quieres saber de ello?

—Simple curiosidad —mintió, por primera vez en su vida Morinaga había descubierto lo poderosas que podían ser las mentiras al ser bien dichas—. Ya sabes, los demás ángeles temían venir a la tierra pero lo único que sabemos acerca de él es que cometió un error pero… ¿Cuál fue exactamente y por qué no podemos conocerla? ¿No se supone que todo conocimiento nos es permitido? —la respuesta pareció satisfacer a Hiroto, ya que amplio su sonrisa y relajo su rostro un poco más.

—Mi pequeño y lindo angelito —murmuro Hiroto dejando de lado el pergamino que escribía—. Ciertamente el conocimiento no es negado de ninguna forma pero la curiosidad mata, o por lo menos es eso lo que dicen los humanos… Alguien como yo no puede darte información como esa incluso si fueras alguien de alto rango. Lo que le ocurrió a Luciferum no es algo que le agrade a nuestro padre recordar y yo, que vine luego de su despedida del cielo, no puedo siquiera recordar cómo es que era. Si quieres saber algo de él… lo único que te puedo decir es que esta resguardado en algún lugar de Nueva Orleans. Y solo para advertencia… su visita está prohibida por nosotros así que… no hagas nada tonto, mi pequeño y lindo angelito, no querrás ser castigado por tus actos de curiosidad.

Morinaga trago saliva de manera sonora, por un ingrato segundo se sintió descubierto, pero rápidamente esa idea se esfumo de su mente. Solo se traba de su sentimiento de culpa haciendo de las suyas. Entonces, Hiroto le dedico una sonrisa para después seguir dedicándose a la redacción de ese pergamino.

Lo que resto de ese horario de trabajo fue efímero y sin importancia, una vez que este concluyo, Morinaga se despidió del arcángel Hiroto para prometerle secamente que regresaría más temprano y con más ánimo, a lo que le fue contestado con un eso espero de parte del otro ángel, quien solo lo encamino a la salida del lugar.

Morinaga no regreso a su departamento esa noche, prefirió dar un paseo entre las calles de Japón hasta el amanecer, pensando en cual debería ser su siguiente pasó. Ir a Nueva Orleans no era una opción, sin duda, y lo que más deseaba en esos momentos era encontrarse de nuevo con el chico que rondaba su mente, aunque fuere para solucionar sus problemas. Luego de varios minutos preguntándose lo que sería prudente realizar, le hizo caso más a sus sentimientos que a su propio raciocinio, decidiendo visitar a Souichi Tatsumi en la universidad donde éste trabajaba. ¿Habría dejado de ser un ángel? Se preguntó porque la idea de no seguir las reglas ya se veía muy apartado de lo que un verdadero ángel haría. De nuevo se trataba de una pregunta sin respuesta que se suscitó en su mente, pero decidido a que no le importarían las consecuencias de ese día, decidió ignorar por completo su posición celestial.

Cometiendo a la par su cuarto error, ignorar.

Siguió caminando sin rumbo hasta que llego a la universidad M, un edificio enorme donde varias personas entraban o salían del mismo. Tantos jóvenes que gozaban de los conocimientos que en dicha institución brindaba era abrumador para Morinaga, pero admirar a los humanos por el placer de saber no era a lo que iba. Una cabellera ceniza fue lo que termino despejando las distracciones para fijarse en su objetivo, Souichi Tatsumi estaba caminando en la acera contraria, con un maletín bajo el brazo mientras que con el otro tetaba su pantalón de búsqueda de su gafete de identificación. Morinaga había visto esa escena un par de veces ya, pero incluso sabiendo que Souichi no encontraría el gafete en su bolsillo, y que el maletín pesaba cerca de los cinco kilos, no dejaba de parecerle fascinante como es que aquel mortal parecía incluso un Dios vagando entre mortales.

Morinaga soltó un suspiro, tampoco era momento de admirar la mística belleza que encontraba en Souichi. Espero un par de segundos hasta decidirse a realizar alguna acción, se abalanzo sobre él con rapidez y lo tomo de su muñeca con fuerza para detenerlo.

Souichi se giró con la idea de protestar el agarre agresivo, incluso estando dispuesto a soltar un golpe certero a su atacante, pero sus actos se detuvieron cuando cruzo miradas con el ángel. El pelilargo habría esperado ya no encontrarse con aquel ser para así seguir con su vida normal… pero teniéndolo ahí… solo complicaba las cosas.

Giro la mirada soltándose del agarre y siguió su camino sin prestarle mucha atención.

—¡Oye! Tenemos que hablar —pidió Morinaga al verle evasivo, volviendo a impedir su movimiento.

Al escuchar la voz del ángel, Souichi, como la noche anterior, comenzó a temblar antes de voltearse para encarar al ángel una vez más, la aberrante sensación de culpabilidad lo invadió de una manera que parecía una opresión mortal. Lo que había hecho y lo que había hecho hacer era la razón de todo aquello. No deseaba encontrarse con el ángel de nuevo, porque no podía afrontar las consecuencias del inminente castigo. Lo peor que puede pensar Souichi es que aún se encontraba necesitado, aún estaba afectado por su roce, por el amor del ángel… aún estaba abrumado, y su pobre corazón no podía con ello.

—No tenemos nada de qué hablar —exhalo a punto del llanto, con el ceño fruncido y enojado consigo mismo por sentirse débil y afectado. Desvió la mirada del ángel y continúo su andar como si no se sintiera vulnerable—. Todo fue un error y…

—Yo no debería representarte un error, Souichi Tatsumi, mi nombre es Morinaga Tetsuhiro.

Morinaga se acercó un poco más al pelilargo, tomándolo esta vez del antebrazo para obligarle a mirarle a los ojos una vez más, sin embargo el mero acto provoco que el mortal Souichi tuviera una ligera taquicardia.

—Te dije que te alejes de mi ¡Suéltame! —insistió mientras forcejaba con el ángel para que lo dejará en paz. Sintiéndose de pronto observado por toda la escuela ¿Era él, el demonio del laboratorio de ciencias agrícolas, forcejando con un hombre que nadie conocía, mostrándose vulnerable? No, definitivamente no.

—Souichi Tatsumi, por favor hablemos de esto —la voz de Morinaga de pronto se escuchó apagada. Souichi dejo de resistiese, le había impresionado la manera en la que su nombre completo se escuchaba de parte del hombre que tenía enfrente, sintió como resonaban aquellas palabras en sus oídos con potencia y realmente no quiso enojarse con aquel ángel pero tampoco quería que ocurriera lo que había pasado la madrugada del día anterior aunque miraba con casi éxtasis aquellos ojos verdes que lo hipnotizaban—. Necesito que… me ayudes, Souichi Tatsumi.

Souichi soltó un suspiro resignado. No podía dejar al ángel a su suerte. No cuando todo había sido su culpa.

—Vayamos a un lugar más apartado —pidió cuando empezó a escuchar más rumores sobre él.

Tomo la mano del ángel y caminaron hasta un callejón donde no había nadie que los pudieran ver u oír. Souichi estuvo preparado para escuchar algún reclamo del ángel, sin embargo en un parpadeo, Morinaga lo abrazo con fuerza.

Souichi se sonrojo, podía escuchar el corazón acelerado de Morinaga y podía sentir su cálida respiración chocar bruscamente sobre su cuello, Souichi al igual que el ángel comenzó a acelerar su respiración y susurro el nombre que el ángel había dicho poseer.

—Morinaga...

Cuando el ángel escucho aquellas palabras que salían de sus labios se llenó de una inmensa felicidad que jamás había experimentado hasta ese momento, ¿cómo era posible que un simple humano como Souichi hiciera sentir tantas cosas a un ángel como él? Las preguntas sin respuestas le estaban llenando la conciencia hasta cierto punto en la que comenzó a dudar de su existencia. ¿Cómo apagar ese sentimiento? Supuestamente había ido con Souichi por varios motivos relativamente importantes, el castigo que ambos recibirían sin duda era algo importante pero por más que pensaba en ello solo podía concluir que a él no le interesaba en absoluto. Solo sabía que Souichi provocaba algo en su interior, y el deseo de volver a pecar a su lado se incrementaba de manera alarmante.

—Souichi... —pronuncio el nombre del mortal cerca de su oído—. Por favor, por favor, haz que mi corazón se acelere una vez más, como ahora, repite mi nombre como hace un instante… no te vuelvas alejar de mí.

Souichi se quedó perplejo, sin saber que decir o cómo reaccionar, se alejó del ángel y le miró fijamente hasta que se atrevió a decir algo.

—Si tú cometes pecado... te castigaran. En vez de preocuparte por mí… preocúpate por ti.

Morinaga lo miro por un momento, no le prestaba atención a las palabras que emitan esos labios, tomo la cara de Souichi y mientras él hablaba sobre las consecuencias de sus actos, el ángel se acercó hasta que lo beso.

Aquellos labios habían tomado un sabor irresistible que hacía que el ángel perdiera el control, por otro lado Souichi se sobresaltó al acto y quiso alejarse de él, sin embargo, muy de manera inconsciente, no deseo que terminare aquel momento quería estar al lado del ángel, tan cerca...

Poco después, cuando el aire comenzó a faltar y sus labios se alejaron entre sí, se miraron de una forma extasiada y con ganas de continuar. A Souichi ya no le importó si el ángel era hombre, ignoro por completo ese detalle y deseo que este continuar con el hechizo, quería que lo tocasen esas manos por todo el cuerpo como lo habían hecho la noche anterior, quería que de nuevo sus dulces labios recorrieran todo su cuerpo y sentir aquel éxtasis que jamás había podido sentir, querías abrazarlo de nuevo con fuerza y poder escuchar de nuevo su nombre ser repetido con halagos y como decía el ángel, volver a cometer pecado.

Sus labios se volvieron a tocar y este beso fue tan breve y romántico que dejo a los dos agotados, como si aquel último beso hubiera durado toda la noche, como si hubiera sido el resultado de una noche de pasión desenfrenada y excitante

—M… me tengo que ir—dijo por ultimo Souichi con una voz parecida a la que se pose en un orgasmo, pero consiente de que no podía permanecer a lado del ángel más tiempo.

Morinaga no dijo nada sabiendo que el afecto era mutuo, dejo que el joven universitario se marchase para atender sus asuntos mortales pero a pesar de que se había alejado de él por voluntad, Morinaga no se movió de su lugar hasta ya bien entrada la tarde, cuando Souichi iba de salida y lo encontró esperándolo.

Luego de ello, tomados de la mano como dos cómplices, se dirigieron al departamento del ángel y cometieron pecado como lo habían deseado. Solo entonces Morinaga se dio cuenta que se entendió su trabajo con Hiroto, y que la idea de que había cometido el tercer pecado se instaló en su mente solo para dejarlo aterrado.

Morinaga había cometido Pereza.