Capítulo 4 Entrega total
No despegaron sus labios en lo que pareció ser una eternidad. Cuando por fin se separaron Hermione pudo observar en su magnitud dicha isla, era hermosa. Cerca se encontraba un yate, Harry le indicó que se dirigieran a él, los llevaría a una dar un paseo en mar.
-Oh Harry, esto es simplemente hermoso. No imaginé que hubieras hecho algo así.
-Por ti haría cualquier cosa querida, cualquier cosa. Te amo y no sabes cuánto. –Un tierno beso selló la conversación para después admirar la belleza de la isla en su máximo esplendor.
Estuvieron así cerca de una hora, cuando llegaron a una zona más calmada. De pronto el capitán del yate se acercó a Harry y le dijo algo al oído, él se levantó y dejó intrigada a Hermione, pues le pidió que no lo siguiera, que era algo entre el capitán y él. Cuando regresaron, traían en las manos un equipo de buceo, él había tomado clases, quería sorprenderla pues ella sí sabía hacerlo, y lo hacía muy bien.
-¿Es en serio? ¿Bucearemos? ¡Cómo supiste que…!
-¿Que amas hacerlo? Amor, siete años de amistad no se tiran así nada más, ¿verdad?
-¡Oh Harry! ¡Te amo!
Se pusieron los trajes de neopreno y en un momento ya se encontraban nadando tres metros debajo de la superficie, con peces de todos colores. Harry tomó la mano de Herms, ambos disfrutaban ese momento, algo parecía relucir en el fondo marino y él la jaló hacía allí, tan sólo un metro por debajo de ellos.
En una roca que parecía tener forma de plato hondo se encontraba una cajita de cristal en forma de nutria (el patronus de Hermione) y dentro de ésta había un hermoso anillo de oro blanco con tres pequeños diamantes incrustados alrededor del aro. A la chica casi le da un vuelco el corazón cuando vio de lo que se trataba. Harry tomó la cajita con la mano derecha mientras de la izquierda sujetaba a Herms.
Ella no supo de dónde la sacó pero de pronto Harry le mostró una tarjeta mágica, las palabras iban pasando una por una hasta completar la frase:
"Hermione Jean Granger, ¿quieres casarte con éste hombre que lo único que hace en la vida es amarte?
La castaña sólo atinó a asentir con la cabeza, sus ojos irradiaban felicidad. Él los apareció de nuevo en la superficie. Aún tenía la cajita en las manos y quería ponerle el anillo lo más pronto posible. El yate se encontraba estático, aguardando a que ambos enamorados subieran.
Al terminar de quitarse el neopreno ya eran las cinco, el atardecer comenzaba y no querían perdérselo. Se sentaron en la proa del yate y observaron el bello atardecer. De haber sido invierno habrían visto ballenas, pero eso ya sería otro día.
El mar y el cielo se unían en uno solo y el gran círculo de luz parecía ser engullido por esa inmensa masa de agua, lentamente, como si lo disfrutara, el espectáculo era realmente hermoso. Si fuera por ellos, aquello nunca terminaría.
El capitán le indicó a Harry que el recorrido había terminado, los llevaría a La Paz pues en la isla no se podían quedar. Al chico eso no le importaba, de igual manera ya tenía reservada una linda cabaña cerca de otra bonita playa, en donde las aguas eran tranquilas y podían quedarse hasta la madrugada observando el pacífico oleaje.
Al descender del yate, Harry agradeció al capitán, le dijo a Hermione que fueran a un lugar alejado del ajetreo del muelle.
Cuando estuvieron solos y sin nadie que los viera, desaparecieron y lo que tenían enfrente era bello, muy bello. El sol ya se había puesto pero la luna reflejaba luz en el mar, el oleaje tranquilo y el silencioso ambiente de la playa de San Juan de Aima hacían que la noche fuera perfecta.
-¿Ahora sí me darás el anillo? –Preguntó Hermione, pues Harry seguía guardando la cajita en forma de nutria.
-Pero si tú no has respondido amor –Dijo Harry con una sonrisa.
Hizo una seña y un hombre que vestía como camarero se les acercó llevándoles una botella de Champagne acompañada de dos copas. Se inclinó hasta el suelo (ellos estaban sentados en la arena), dejó la cubeta de hielo y les entregó a cada uno las copas, cuando iba a abrir la botella Harry le indicó que podía retirarse. Él mismo quitó el corcho y al momento de servir la espumosa bebida se dirigió a la chica que tenía junto a él.
-Hermione Jean Granger, Prefecta de Gryffindor, Premio Anual, Presidenta de la P.E.D.D.O., y futura secretaria del departamento de Control y Cuidado de Criaturas Mágicas, ¿quieres casarte conmigo, Harry James Potter, humilde mago que te amo cada día de mi vida con tal intensidad que pereciera fuera el último de mi existencia?
-Eres un tonto. ¡Claro! Claro que acepto. Harry James Potter, ¡te amo! Tal vez para los demás seas el niño que vivió, el elegido, el que derrotó a Lord Voldemort pero ellos jamás te amarán como yo te amo.
Harry sacó el anillo de la cajita y se lo puso a Hermione en el dedo anular de la mano izquierda, el dedo que conectaba con el corazón y que con ese precioso anillo su amor jamás podría salir.
Se fundieron en un hermoso beso, abrazados observaban el oleaje. Se terminaron la copa de champagne y siguieron con la botella, pronto ya habían terminado con tres botellas. Los arrumacos habían subido de tono y la noche era un poco fría, decidieron ir a la cabaña para descansar.
Caminaban por un sendero de veladoras y pétalos de rosa. Entre besos, mimos y cariños llegaron a la puerta. Dentro de la cabaña sólo era un camino de pétalos que conducía a la cama que también estaba adornada pero éstos formaban un perfecto corazón.
Harry deslizó la boca por la mejilla de Hermione hasta llegar al cuello, ella se pegó a él y bajó las manos por el torso del chico hasta encontrar el cierre del pantalón. Él, que estaba menos afectado por el alcohol que la chica se hizo hacia atrás, quería respetar su decisión de esperar hasta la noche de bodas, la intención de la cabaña sólo había sido para dormir juntos y nada más.
-¿Qué pasa, Harry? ¿No quieres hacerlo conmigo?
-Claro que sí, bonita, sólo que tú quieres esperar a la noche de bodas. Yo no quiero que después te sientas mal por no haber esperado.
-Eso no pasará, además ya nos vamos a casar –dijo ella acercándose a su novio y besándole el cuello. A Harry le quedaba muy poca voluntad si ella seguía insistiendo él no podría resistir.
-Pero estás tomada y eso afecta tu toma de decisiones. –Dijo con voz entrecortada el muchacho.
-Harry Potter, es mi cumpleaños y quiero que éste sea mi regalo ¿de acuerdo?
Harry no pudo contenerse más. Bajó los tirantes del vestido de Hermione, besó sus blancos hombros. El vestido sólo era sostenido por los senos de la chica.
Ella por su parte desabotonaba la camisa de su novio, mientras pasaba las manos por su bien formado torso. Se dejaba besar y cuando hubo terminado con los botones quitó el cinturón del pantalón, bajó el cierre y la prenda cayó al suelo.
Harry iba bajando el vestido lentamente, tocaba las piernas de Hermione, subía las manos por los muslos mientras ella sólo gemía. Cuando el vestido hubo caído al suelo él admiró el bien formado cuerpo de su novia. Bragas blancas que realzaban su belleza, sus senos al desnudo pues no llevaba sostén, el castaño cabello caía por su espalda y la luz que reflejaba la luna en una de las ventanas daba directamente a su cara haciendo que ésta deslumbrara con una belleza sinigual.
-Te amo, Herms, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Shhh, no hables.
Él obedeció a la petición de su novia y pronto dirigió sus labios a uno de los senos de la chica una mano estaba en sus glúteos y la otra en el otro seno. Ella gemía, gemía muy fuerte y eso excitaba más a Harry. Hermione sólo arañaba la espalda de su novio.
La tomó entre sus brazos, la acostó en la cama y se quitó camisa, pantalón y zapatos antes de tumbarse encima de ella. Siguió besándole el cuello, bajaba por el pecho y succionaba uno de sus pezones, ella sólo se retorcía en la cama. El placer que sentían era lo mejor que habían tenido en la vida.
Harry bajó las manos por el cuerpo de la castaña hasta llegar al inicio de sus bragas, comenzó bajarlas y su boca bajó de los senos hasta el monte de Venus. Besó toda la intimidad de su novia y cuando supo que ninguno de los resistiría por mucho tiempo más bajó su bóxer, sintió gran alivio, la presión que la tela ejercía sobre su miembro erecto era demasiada.
-¿Estás segura? –preguntó por última vez, no quería que Hermione se arrepintiera de no haber esperado unos meses más.
-Sí Harry, por favor, ya te dije que estoy muy segura –respondió jadeante la chica. Necesitaba sentirlo dentro de ella.
El muchacho se acostó sobre Hermione, ella pronto pudo sentir el erecto miembro de su novio cerca de su cueva de placer. Él entró en ella poco a poco, lentamente, era su primera vez y no quería lastimarla, quería que todo fuera perfecto. No fue difícil. Al sentir que topaba con el himen de la chica empujó un poco más fuerte. Ella profirió un grito de dolor, él quiso parar pero el dolor pronto se convirtió en placer por lo que no dejó que parara, al contrario, le pidió que siguiera, y que fuera más rápido.
Harry comenzó un mete y saca primera lento, y luego un poco más rápido. Ella pegaba las caderas a él al tiempo que las movía en forma circular, arañaba la espalda y buscaba con la boca los labios de su novio. Quería sentir el contacto de piel con piel en todo el cuerpo.
Cuando Harry supo que su orgasmo estaba por llegar bajó la intensidad pero no mucho. Luego volvió a acelerar y viendo a los ojos a Hermione, ambos terminaron en un gran grito de placer. Él cayó a un lado del cuerpo de la castaña y entre muchos "te amo" por parte de ambos, besos y caricias, se quedaron dormidos. Estaban exhaustos y llenos de felicidad. Por fin se pertenecían, nada los separaría, estaban a unos meses de casarse y esa había sido la mejor noche de sus vidas.
Cometí un error con el capítulo anterior D: el anterior se llama "Sorpresa fallida" y torpemente le puse "Entrega total" que es el título de este capítulo. Les pido una disculpa por ese error y les agradezco el tiempo que se toman para leer mi historia, para mí es muy importante, en verdad.
Espero que estén teniendo un buen verano (los del norte) y en el sur pues un buen invierno (brrrr), abríguense y así jajaja (ya parezco mamá xD)
Bueno, dejo de decir tonterías
¡Saludos a todos! =)
