Bella POV.
"¡Mierda!" Gemí, respirando hondo, quedándome tendida sobre la colchoneta mientras observaba como se bamboleaba sobre mi cabeza el aro del cual me acababa de caer. "Mierda." Mascullé otra vez.
"¿Todo bien, enana?" Le dirigí una mirada asesina a James desde el suelo, antes de suspirar y aceptar sus manos para levantarme del suelo.
"Se me resbaló el pie." Mascullé, inclinándome para masajearme el tobillo que había salido dañado en todo el asunto. James se puso de cuclillas frente a mí y reemplazó sus manos por las mías.
"Eres un pequeño tornado, ¿Lo sabías?" Me encogí de hombros y él me dirigió una sonrisita antes de volver a concentrarse en mi tobillo.
"¿Sabes algo del nuevo jefe?" Susurré, mientras recorría la sala de entrenamiento con la mirada. Unos metros más allá, Tanya reía junto a su nueva adquisición. Tyler, uno de los nuevos, joven, adorable y algo estúpido, pero un acróbata increíble.
James se puso de pie frente a mí con un suspiro.
"Sé que es el hijo de Carlisle, y que es joven, aparte de eso, no tengo ni idea." Respondió con un encogimiento de hombros y yo suspiré mientras me dejaba caer sobre el pecho de mi mejor amigo, que me rodeó con sus brazos. "Tengo una noticia para darte." Susurró él contra mis cabellos.
"¿Sí?"
"Me han ofrecido ir de gira en cuando terminemos con esta obra." Me aparté de James y abrí los ojos con sorpresa. "Quizás te lo pidan a ti también."
Esbocé un pequeño mohín mientras me enderezaba y cruzaba los brazos sobre el pecho.
"Sabes que no quiero ir de gira."
"Deberás hacerlo alguna vez, Bells."
"Recién empiezo, James, no me jodas." Mascullé, rodando los ojos. "¿Irás?"
Él se encogió de hombros.
"Primero debo hablar con Ana." Susurró, mencionando a su esposa desde hacía dos años, una de las chicas de maquillaje. "Hoy estás de mal humor."
Rodé los ojos.
"Claro que no." Mascullé, y él alzó una ceja en mi dirección. "Bueno, quizás sí." Susurré, frunciendo el ceño, y James soltó una risita.
"Esto es bueno, algo realmente importante tiene que haber sucedido para poner de mal humor a Bella Swan." Dijo mientras se sentaba en el suelo y le daba unas palmaditas a la colchoneta. "Vamos, cuéntale todo al tío James."
Me senté junto a él con un mohín y suspiré.
"Ángela me odia."
"¿Ángela la amargada?"
"Ángela mi compañera de piso." Lo corregí. "Sé que soy algo desordenada, ¿Bien? Lo sé, pero ella está tan…
"¿Loca?"
"Exigente." Susurré, censurándolo con la mirada. "Exigente con el orden. Se enfada tanto cuando dejo mis zapatillas en la sala, o cuando no lavo las tazas que uso." Susurré. "La oí hablando por teléfono con su novio esta mañana, y dijo que ya no me soportaba." Mascullé, antes de dejarme caer sobre su hombro.
James me rodeó con su brazo y besó me coronilla.
"Nena, Ángela es una estúpida si no te ama. Nadie en su sano juicio podría no amarte."
"Parece que ella sí." Refunfuñé.
"Porque es una estúpida." Dijo, mientras se inclinaba para sonreírme cálidamente. "Eres un pequeño desastre y por eso la gente te quiere, Bells. Si no te acepta como eres, entonces ella se lo pierde."
"Nunca había escuchado a nadie decir que no me soportaba antes." Susurré, compungida.
"Es por lo que acabo de decirte. Habría que ser un idiota para no amarte."
Hice un mohín mientras observaba a Alice practicando una de sus coreografías con Dylan.
"Voy a tener que buscar otra compañera de piso." Susurré y James soltó una carcajada.
"Sabes que no tendrás que hacerlo. Alice va a morir de la alegría cuando lo sepa."
Reí porque era cierto.
Mi mejor amiga vivía en un departamento genial sobre York Ave, una de las zonas más costosas del Upper East Side, un departamento que yo no podría costearme ni en un millón de años. Por suerte para Al, su familia era rica. No simplemente rica, era asquerosamente rica debido a algo relacionado con gasolineras o algo por el estilo. A decir verdad, mi mejor amiga no tenía ninguna necesidad de trabajar, pero sólo lo hacía por la pasión que sentía por el arte.
Alice llevaba cerca de dos años intentando convencerme de que me fuera a vivir con ella, con la excusa de que se sentía 'demasiado sola' en ese departamento enorme, pero yo me negaba a irme con ella si no dividíamos la renta por la mitad.
Y no había manera sobre la faz de la tierra que yo pudiera pagar cerca de 8.000 dólares por mes en renta.
"No pienso irme a vivir al Upper East Side." Dije antes de soltar una risita. "Me echarían de su pequeño mundo perfecto a los dos días."
James soltó una carcajada y me estrechó más fuerte contra él antes de soltarme.
"Bien, mi adorable demente..." Susurró mientras se ponía de pie y me tendía una mano. "Es hora de volver al trabajo."
Me pasé las tres horas siguientes practicando sobre el aro hasta hartarme. Me caí dos veces más y adquirí un par más de moretones para mi colección.
Para la una de la tarde, estaba muerta y lo único que quería hacer era irme a dormir, pero en lugar de eso, me di una ducha en los cambiadores y me calcé mis jeans junto con uno de mis sweaters más cómodos antes de bajar hacia el primer piso del circo.
"¡Alice!" Chillé, saltando detrás de mi amiga mientras la alcanzaba a unos cuantos metros de las puertas de cristal.
"Niña Swan." Respondió mi amiga en un acento extraño mientras me ofrecía su brazo, el cual entrelacé con el mío mientras comenzábamos a caminar hacia la puerta.
"Tengo noticias para ti." Susurré en tono confidencial y ambas inclinamos nuestras cabezas juntas mientras caminábamos fuera de las puertas giratorias sin despegarnos.
"Dame esas noticias inmediata-¡Scissorhands!" Ya fuera del edificio, mi giré para mirar a mi amiga con el ceño fruncido, considerando la posibilidad de que hubiese terminado de enloquecer, pero Alice agitó una mano mientras le sonreía a alguien detrás de mí. "¡Scissorhands!"
Me giré con una ceja alzada y solté una risita al ver a Edward unos pasos más allá, que le sonreía algo incómodo a Alice.
"¿Me estás acosando?" Le pregunté, ladeando la cabeza, mientras me acercaba a él.
Edward soltó una carcajada y asintió.
"Totalmente." Susurró, y solté una risita antes de ponerme de puntillas para darle un beso en la mejilla. Edward me lo devolvió y suspiré cuando su mejilla recién afeitada rozó la mía. Su aroma a loción de afeitar, jabón y sol era intoxicante.
"¿Qué hacías aquí?" Pregunté con una sonrisita, y él se encogió de hombros nerviosamente.
"Sólo… Pasaba." Entrecerré los ojos en su dirección, y Edward soltó un suspiro. "Compré entradas a tu show." Susurró, y abrí los ojos como platos antes de pegar un saltito en mi lugar.
"¡Edward! ¡Serás tonto! Hubieras hablado conmigo, podría hacértelas dado." Le dije con una sonrisa, y Edward me sonrió mientras sacudía la cabeza.
"No te las hubiera pedido, Bells." Susurró.
"Swan, nos vamos a almorzar." Me giré para encontrarme a Alice junto a James y un par de amigos más mirándome con curiosidad. "¿Vienes?"
"Eeh…" Me encogí de hombros mientras me giraba hacia Edward, que se inclinó sobre mí para hablarme al oído. El hombre era simplemente muy alto.
"¿Almuerzas conmigo?"
Ni siquiera tuve que pensarlo dos veces.
"Sí."
Media hora más tarde, nos encontrábamos sentados sobre una de mis partes favoritas del Central Park con dos sándwiches en nuestras manos y sendas latas de soda frente a nosotros.
"Todavía no creo que hayas rechazado un restaurante italiano por esto." Susurró Edward, que se recostó contra el tronco de un árbol detrás de él.
Crucé mis piernas y me encogí de hombros mientras le daba un enorme mordisco a mi sándwich de jamón.
"Hay sol y no está helado. Hay que aprovechar este tipo de días durante el invierno." Respondí, mientras me apoyaba contra el árbol también, con mi hombro rozando el brazo de Edward y nuestras piernas tocándose. "Te das cuenta de que casi no nos conocemos, ¿Verdad?" Pregunté luego de un minuto, y él se encogió de hombros mientras masticaba.
"Cuéntame algo sobre ti."
"¡Ya sé!" Chillé mientras me incorporaba y me sentaba como indio junto a Edward, quedando frente a él. "Uno debe decir algo sobre sí mismo, cualquier cosa, y el otro debe responderle con otro dato, nada de preguntas, ¿Bien?" Edward asintió y le sonreí. "Tú empiezas."
Edward le dio un trago a su Coca-Cola mientras desviaba la mirada, pensativo.
"Odio los gatos."
Solté una risita y me mordí el labio antes de hablar.
"Soy la persona más desordenada del Universo."
"Eso es algo obvio." Susurró Edward entrecerrando los ojos, y abrí la boca, fingiendo indignación, mientras lo golpeaba en el hombro. Edward se quejó adorablemente antes de responder. "Soy un genio en la cocina."
"Cheaters* es mi programa favorito."
"¿Cheaters? ¿En serio?" Le fruncí el ceño y Edward se encogió de hombros con una sonrisita. "Tengo una obsesión con andar desnudo en mi casa."
Tragué saliva intentando con todas mis fuerzas no imaginarme aquella escena. Gracias al Cielo, no lo logré.
Edward desnudo.
Perfecto, simplemente perfecto.
"Tengo un seno más grande que el otro."
"¿Cuál es el más grande?" Preguntó el cobrizo con una sonrisita torcida, y negué con la cabeza, sonriéndole. "Bien." Respondió con un bufido. "Soy fanático de E*!"
"¿¡Ves a las Kardashian*!?" Edward negó con la cabeza y solté un bufido. "La derecha es más grande. ¿Ves a las Kardashian?"
Edward soltó una carcajada, desviando sutilmente la mirada hacia mis pechos antes de volver a mirarme a los ojos con una expresión traviesa en el rostro que casi me hace saltarle encima.
"No, veo todo menos las Kardashian. Odio los Reality Shows." Respondió, y me mordí el labio mientras sacudía la cabeza.
"Ya deja de mirarme los senos." Susurré cuando lo vi volver a bajar la vista hacia allá.
Edward, sin parecer en nada avergonzado, se limitó a soltar una carcajada.
"Lo siento, es que estoy intentando notar la diferencia y no la veo." Eché la cabeza hacia atrás, estallando en carcajadas, mientras sentía sus ojos sobre mí.
"No es tan notorio." Le dije cuando terminé de reírme. "Pervertido." Lo golpeé suavemente en el hombro y él me dedicó una sonrisita divertida.
"Supongo que eso tendré que constatarlo yo." Respondió, sin dejar de sonreírme, y sentí como mi libido se encendía de golpe.
"Algún día." Susurré, encogiéndome de hombros e intentando parecer condescendiente a pesar de mi sonrojo.
Edward sonrió con dulzura y deslizó su mano izquierda por mi mejilla antes de tomar mi barbilla entre su índice y su pulgar para darle un pequeño apretoncito.
"Hoy estás más tímida de lo normal." Susurró, y solté un pequeño bufido.
"¿Cómo hace todo el mundo para darse cuenta?" Mascullé, y Edward soltó una carcajada.
"Cuando pasas de ser una loca sinvergüenza a sonrojarte ante cualquier comentario, es evidente que algo sucede." Comentó con dulzura, y esbocé un pequeño mohín mientras bajaba la cabeza y jugueteaba con mis dedos sobre mi regazo.
"Problemas con mi compañera de piso." Respondí con un encogimiento de hombros. "Somos muy diferentes y ella no me soporta y... Supongo que no estoy acostumbrada a eso."
"Estoy seguro de que se solucionará. Debe estar loca para no adorarte." Solté una risita y me mordí el labio mientras lo observaba.
"Eres la segunda persona que me dice eso hoy." Susurré con una sonrisita, y Edward me sonrió ampliamente.
A veces era simplemente increíble lo guapo que ese hombre era. Todos rasgos duros y masculinos, pero suavizados por una sonrisa que podría derretir a cualquiera y unos ojos verdes que brillaban repletos de pensamientos ocultos.
"Eso quiere decir que tengo razón."
Solté una risita y lo observé entre mis pestañas antes de volver a reír, mientras él me imitaba.
"¿De qué nos estamos riendo?" Pregunté un minuto más tarde, entre risas, y Edward soltó otra carcajada.
"No tengo idea." Susurró mientras sacudía la cabeza, sin perder la sonrisa.
Y fue entonces, mientras hipaba luego de mi ataque de risa y lo miraba a los ojos, que volví a sentirlo. Las tan ansiadas, o temidas, mariposas en el estómago, el estrujón en el pecho y ese sentimiento tan fuerte que te corta la respiración.
No lo había vuelto a sentir desde que tenía dieciocho, y que apareciera así de la nada era tan inesperado que casi salgo corriendo.
En lugar de eso, bajé la mirada con una sonrisita y suspiré.
No tenía nada en contra de aquel sentimiento, pero me ponía tan nerviosa que no sabía qué decir. Algo demasiado extraño en mí.
Cuando terminamos de almorzar, Edward me acompañó hasta el circo de nuevo y se marchó luego de darme un beso en la mejilla algo más prolongado que el saludo normal entre un par de amigos normales. Me encantó.
Los martes no había función, pero aprovechábamos el tiempo para dedicarnos a ensayar y pulir la obra, por lo que esa tarde me encontraba sentada en medio del escenario del teatro vacío, salvo por mis compañeros.
"¿Y bien?"
"¿Y bien?" Pregunté de vuelta, mientras me inclinaba hacia adelante para estirar mis piernas. Alice, a mi lado, bufó.
"¿Qué sucedió con Scissorhands hoy?" Preguntó con una sonrisita mientras estiraba también, y solté una carcajada.
"Deja de llamarlo así, me espanta." Alice soltó una risita y suspiré. "Sólo somos amigos, Al."
"¡Ni tú te crees eso! La forma en la que se inclinó a para hablarte hoy en la calle, ¡Todos coincidimos en que algo más sucedió allí!"
"¡Eso es cierto!" Gritó Matt, un par de metros por delante de nosotras, mientras elongaba sus brazos.
"¡Métete en tus asuntos!" Chillé, tirándole mi botella de agua y él la esquivaba con una carcajada. "No puedo creer que hablaran de mí."
"Fueron sólo un par de comentarios, querida." Respondió mi amigo antes de recoger mi botella y lanzármela de vuelta. "No eres tan interesante."
Le rodé los ojos antes de volver mi atención a Alice.
"Somos amigos."
"Te gusta."
"Amigos."
"Te gusta."
Gruñí.
"Quizás sí. Un poco... Bastante." Mascullé, y mi amiga soltó un agudo chillido de celebración.
"¡Lo sabía! ¡Al fin! Dios, Bella Scisso-Edward, Edward es tan caliente, ¡Es perfecto para ti!"
Solté una carcajada.
"¿A pesar de ser como treinta centímetros más alto que yo?"
"Oh, no es para tanto. Sólo es unos... Veinte centímetros más alto que tú." Le rodé los ojos a mi amiga soltando una risita.
"Gracias por tu apoyo, Al." Me mordí el labio mientras levantaba la mirada y suspiraba. "Tengo noticias."
"¿Si?" Preguntó mi amiga distraídamente, doblando se doblaba hacia hacia adelante hasta reposar su cabeza contra sus piernas estiradas.
"Quizás deba conseguir una nueva compañera de piso."
Alice me miró desde su extraña posición, abriendo la boca y volviéndola a cerrar un par de veces.
"¿Y Ángela?"
Suspiré.
"La oí hablando por teléfono con su novio. No me soporta, Al."
"Oh, esa perra, voy a buscarla y arrancarle todos los pelos de la cabeza uno por-
"No es su culpa, Alice. Soy un desastre, lo sé."
Mi amiga de irguió ladeando la cabeza con expresión apenada.
"Eres demasiado buena para tu propio bien, Bells. Pero, esta también es una noticia genial porque significa que ¡Vamos a vivir juntas!" Alice comenzó a hacer un baile extraño junto a mi y solté una carcajada cuando James pasó caminando detrás nuestro y murmuró:
"Dios se apiade de sus vecinos."
"¡Piérdete, idiota!" Gritó Alice, sin abandonar la vocecita de felicidad ni dejar de bailar en su lugar, pero paró de golpe cuando me miró a la cara. "No estés triste. Es un momento para estar feliz."
Solté una risita mientras negaba con la cabeza.
"No puedo vivir contigo, Al. Sabes que no voy a dejar que pagues tú sola la renta, y no puedo costearme mi parte, tampoco."
"¿Cuanto pagas de renta ahora?" Le dije la cifra y Alice se encogió de hombros. "Puedes pagar eso y ya está."
"Alice, estamos hablando de tu súper departamento en East Side, no puedes compararlo."
"Sí que puedo. Es más, hoy vendrás a cenar a casa y te convenceré."
"Al, no."
"Ya está decidido, Bellita..." Canturreó mientras estiraba sus brazos, y la miré con el ceño fruncido antes de seguir con mis ejercicios.
Como era de esperarse, Alice ganó, y cené con ella esa noche, mientras mi amiga recitaba las cientos de razones por las cuales deberíamos vivir juntas.
Eran las nueve y media de la noche cuando me despedí de ella en la puerta con la promesa de pensarlo, y me dirigí al ascensor.
Mañana debería levantarme temprano para mi turno mensual con el psicólogo, y ni loca me quedaría a dormir en casa de Alice. Siempre que lo hacíamos, terminábamos durmiéndonos a las cuatro de la mañana y al otro día eramos un par de zombies por las calles de Nueva York.
El psicólogo me había dado un últimatum la última vez que llegué a su consulta así.
"Isabella, o comienzas a tomarte en serio las consultas o hablaré con Jasper sobre tu irresponsabilidad."
No había vuelto a llegar tarde desde entonces.
Con una sonrisita, me subí al elevador en cuando bajó hasta el piso de Al, y me quedé de piedra en cuanto entré, antes de estallar en carcajadas.
"¡Deja de acosarme!" Chillé, y Edward se cubrió el rostro con las manos sin parar de reír.
"Esto es ridículo." Murmuró, y chequeé que estuviera marcada la planta baja en el panel antes de acercarme a él y dejarme caer sobre su pecho. Edward me rodeó con sus brazos, suspirando.
"Hola de nuevo, Edward." Susurré entre risitas.
"Hola, Bells." Respondió. "¿Qué haces aquí?"
"Al vive aquí. ¿Y tú?" Pregunté, mientras me enderezaba y él se encogía de hombros.
"Viendo algunas propiedades."
"¿A las nueve de la noche?" Pregunté con una ceja arqueada, y Edward rodó los ojos.
"Bien. Voy a mudarme aquí." Murmuró finalmente, y ladeé la cabeza con una sonrisa.
"¿Ya no odias tanto la herencia de tu padre?" Pregunté traviesamente, y Edward elevó la mirada al cielo soltando un gruñido, a lo que le respondí estallando en carcajadas. "Oye, no juzgo." Dije, levantando mis manos en el aire, sin poder dejar de reírme.
Edward negó con la cabeza lentamente mientras me observaba reírme, con una sonrisita en el rostro, a lo que solo pude responder riéndome todavía más.
"Sí, claro Swan." Susurró justo cuando el elevador llegó a la planta baja, y paso junto a mí, tomando mi muñeca con su gran mano y sacándome a rastras del ascensor mientras yo lo seguía, riendo a carcajadas, por lo que el guardia de seguridad alzó una ceja en mi dirección y Edward le respondió con un encogimiento de hombros y una expresión de "Ni idea de qué problema tiene, amigo" en el rostro. "¿Tienes coche?" Me preguntó en cuando salimos a la invernal noche de Nueva York, y yo negué con la cabeza mientras inspiraba hondo.
"Iba a caminar hasta la Avenida y tomar un taxi." Edward negó con la cabeza, mientras caminaba hacia un Volvo aparcado unos metros más allá.
"Te llevo."
Me encogí de hombros, sin ser lo suficientemente estúpida como para discutir.
"Bueno." Dije, Edward giró el cuello para mirarme y le sonreí mostrándole hasta mis muelas.
"Estás de mejor humor ahora." Susurró con una sonrisita mientras me abría la puerta del coche, y me encogí de hombros mientras me ponía de puntillas y estampaba un beso en su mejilla.
Me subí al coche y Edward cerró la puerta, mientras lo veía inspirar hondo y rodear el Volvo, sentarse junto a mí y ponerlo en marcha.
"Mi dirección es-
"Lo recuerdo." Me cortó, con una sonrisita, mientras se internaba en las calles de la ciudad, y me mordí el labio mientras volvía la vista al frente.
"¿Quién es tu cantante favorito?" Pregunté, unos segundos más tarde, mientras revisaba un porta-cd sobre el cual me había sentado cuando me subí al coche. "Por favor, dime que te gusta el rock."
Edward soltó una carcajada.
"The Smiths son los mejores." Respondió, y asentí, de acuerdo.
"Aunque prefiero a los Arctic Monckeys." Dije, mientras seguía pasando los cds, y Edward se encogió de hombros.
"Turner es bueno."
Seguimos compartiendo nuestros gustos musicales durante unos cuantos minutos, y sonreí cuando llegamos frente a mi edificio y Edward se bajó del coche.
Parecía un perfecto caballero, pero luego lo mirabas a la cara y deseabas que fuera de todo contigo, menos un perfecto caballero. Gracias al cielo, sus ojos resplandecían de vez en cuando, haciéndote parecer que él quería exactamente lo mismo.
Esperé, sentada muy derecha en mi asiento, hasta que abrió mi puerta, y le tendí una mano, que él tomó con una carcajada, haciendo una inclinación cuando bajé del coche.
"Gracias, Jeffrey." Dije remilgadamente, y Edward soltó una carcajada mientras rodeaba mi cuello con su brazo y me acercaba hacia él.
"Buenas noches, mi lady." Susurró contra mi coronilla, y tiré mi cabeza hacia atrás para observarlo, mientras él inclinaba la suya hacia abajo.
"Dios, eres tan caliente." Susurré, a lo que él respondió riéndose y arqueando una ceja.
Estaba tan cerca de mí, él y su aroma me rodeaban y lo único que quería en ese momento era arrastrarlo hacia mi departamento y tirármelo, así fuera en contra de su voluntad.
"¿Siempre dices todo lo que se te pasa por la cabeza?" Susurró, con los ojos brillantes, y me encogí de hombros mientras le dedicaba una sonrisita. Edward negó con la cabeza y se inclinó más cerca de mí. "Tú también eres caliente."
Solté una risita un segundo antes de sentir sus labios presionándose contra los míos, y abrí mi boca, aceptando el beso gustosa.
Y vaya si ese hombre sabía besar. Era malditamente increíble. Casi gimo en voz alta cuando mordió mi labio inferior, y suspiré cuando se separó de mí, un minuto después.
"Adiós." Susurré contra sus labios, decidida a huir antes de cometer un crimen contra la integridad física de ese hombre.
Ya casi podía imaginarlo.
"Señorita Swan, ¿Podría explicarnos porqué violó al Señor Cullen?"
"¡Fue su culpa! ¡Él me mordió el labio!"
"Adiós, pequeña." Volví a la realidad con un suspiro y me puse de puntillas para besarlo por última vez antes de subir las escaleras del edificio y dirigirme hacia el ascensor, echándole una última mirada a Edward, que levantó una mano a modo de saludo, y respondiéndole de la misma forma antes de darme vuelta para que no viera la gigantesca sonrisa de idiota que se extendía por mi rostro.
Estaba jodida. Estaba bien jodida con este hombre.
Y me encantaba.
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Cheaters* es un programa del Infinito, sobre gente que engaña a sus parejas y es descubierta. SIMPLEMENTE GENIAL. E!* es... Bueno, E!, el canal en donde pasan el Reality de las Kardashian*, utedes saben...
¿Les gustó este capítulo? Amo que esta pareja sea tan relajada, es decir, Bella no está obsesionada con no enamorarse ni nada de eso, y él tampoco, lo que hace las cosas más fáciles. Aunque no todo va a ser tan fácil... JAJAJA MUCHAS GRACIAS POR LOS REVIEWS, LAS AMO!
Un beso gigante. Emma.
