Apenas comenzaba a despuntar la claridad del sol, cuando escuché la potente voz de mi tío William, que surgía desde el otro lado de la puerta, recriminándome por quedarme dormido en ese día tan especialmente glorioso. Sentí deseos de extrangularlo; aunque fuera el líder de la familia: ¿Porqué demonios no se comportaba de acuerdo a los manuales de etiqueta y me dejaba dormir aunque fuera un cuarto de hora más? ¡La noche anterior había sido su despedida de soltero! ¡Resultaba ofensivo que estuviera tan fresco como una lechuga y gritando a todo pulmón a una hora tan insana! Se suponía que mi labor comenzaría hasta después del mediodía, justo cuando los primeros invitados empezaran a llegar y fuera necesario conducirlos a sus lugares.
Rápidamente salté de la cama, no sin antes soltar una maldición, deseando que el día pasara pronto: no sería agradable atender a por lo menos quinientos invitados y dejarlos contentos a todos. Mientras me dirigía al guardarropa, en busca de una muda decente, me lamenté el haber aceptado colaborar con Johnson y la tía Aloy para organizar la recepción. Aunque supongo que tampoco habría podido negarme: como el único representante del Clan Cornwell en la recepción, era mi obligación dejar una buena impresión entre los miembros de la familia.
Ciertamente fue un día muy importante para todos los Ardley, porque ningún laird había contraído nupcias ya estando en funciones, en por lo menos tres siglos. El tío William y Candy hicieron historia; aunque algunos de los miembros más estirados del clan estuvieron a punto de sufrir un infarto en diversos momentos de la jornada: lo que Candy y tío William planearon para el día más especial de sus vidas fue muy divertido, la verdad sea dicha ¡Imagínense! El asunto incluyó una ceremonia medieval escocesa al pie de la cascada y un primer vals de esposos en medio del lago, sobre una original balsa decorada con las Dulces Candy de Anthony. Confieso que esto último no me hizo ninguna gracia, porque tío William me pidió cuidar de Candy durante toda la ceremonia y acabé totalmente ensopado porque caí al lago al intentar bajar del pequeño bote donde había permanecido vigilando que el vals se desarrollara sin incidentes. El sólo pensar en mi mejor camisa arruinada por el agua me hace desear gritar.
Hubo muchos invitados, es cierto; más de lo que podemos considerar como normal para una recepción de altos vuelos en Lakewood; pero esto se debió a que meses atrás, justo desde el anuncio del compromiso del tío William con Candy, se desató un verdadero revuelo a nivel nacional y un repentino interés en conocer cada detalle de la familia Ardley. De pronto nos volvimos celebridades; y es que el tío William y Candy son muy populares en la sociedad. A todos, excepto a Annie, Patty, Johnson, Neal y a mí, tomó por sorpresa la relación sentimental entre la que las revistas han dado en llamar 'la pareja más atractiva de América'; así que ya pueden suponer la cantidad de personas que movieron sus influencias para estar presentes en la boda de la década. El tío y Candy, para asombro de propios y extraños, se comportaron bastante accesibles y aprobaron sin rechistar la interminable lista de invitados; supongo que se debió a que estaban tan felices, que no les importó pasar por una producción tan complicada y exclusiva ¡Äpenas puedo esperar a leer los artículos que publicarán los reporteros que fueron invitados para cubrir el evento! Apuesto a que inventarán mil historias diferentes sobre cada detalle de la ceremonia; incluso los más sencillos y triviales cuyo significado, obviamente, sólo el tío y Candy comprenden a cabalidad; como el hecho de que, inesperadamente, apareciera una pequeña mofeta caminando graciosamente al par de la novia y que esta tuviera el valor de inclinarse para alzarla del suelo con ambas manos: creo que nadie se esperaba que mi nueva tía fuera tan excéntrica como para poseer una mascota tan exótica, me pregunto ¿qué dirían si supieran que su dueño original es el presidente del Banco de Chicago?.
Inevitablemente, aquel día, por ser tan especial, tuvo que incluir, forzosamente, la presencia de personas desagradables, entre ellos los Leegan, quienes viajaron desde Florida para asistir a la ceremonia. Aunque el tío William estaba dispuesto a no invitarlos, entre la tía Aloy, George y Candy, consiguieron convencerlo que era necesario hacerlo; no sólo por la imagen de la familia, sino también porque Neal no se merecía un desaire así; después de todo, de no ser por el hijo de Sarah, muy probablemente Candy y el tío no habrían tenido una oportunidad para ser felices ¿Pueden imaginarse a Neal arriesgando su vida para salvar a Candy? Yo jamás lo habría creído posible si no lo hubiera atestiguado con mis propios ojos.
En fin, que después de tanto lío, da gusto ver que el tío y Candy por fin se han casado. Sé que debería llamarlo William; pero creo que me agrada más decirle tío, es divertido ver cómo frunce el ceño; creo que lo hago sentir viejo. Lo que no puedo negar es que sí me parece un poco deschabetado el tener que decirle a Candy 'tía'. Supongo que me acostumbraré. Si ya me acostumbré a la idea de ser amigo de Neal, creo que nada puede resultarme difícil de aceptar.
