Renuncia: Todo a Yamamori Mika.

Notas: Me odio porque debía actualizar esto hace más de tres meses, ugh, y esta actualización es horrible también. (Y estoy obsesionada con la idea de la lluvia, ya). Y todo esto es fluff del sinsentido, pero sigue siendo todo y para Cass, que me lee hasta mis peores cosas, duh. Espero que te guste y me perdones, Karen.


«No hay nada que hagas que no se pueda hacer,

nada que cantes que no se pueda cantar

Nada que puedas decir excepto que puedes aprender a

jugar el juego, es fácil:

todo lo que necesitas es amor»

Beatles


Primero es Mamura con su sonrojo acuoso y la lluvia que se le asoma detrás de los ojos empañados, mojados en constelaciones de laguna. Suzume le abraza, levemente, con el corazón que le anuncia estar viva y las lágrimas de conmoción que se le asoman por entre su piel de porcelana mojada. Siente la respiración de él contra su cuello desnudo y ella siente los escalofríos, cuando él la envuelve completamente ante el silencio de la habitación llenado por las gotas calmas de la tarde nublada. Los brazos de Mamura tiemblan entre el abrazo y el aroma a jazmín empapado del cabello de ella le revuelve el alma con los recuerdos del primer amor. Son los dos que cierran los ojos ante la tarde angustiada que se conmueve ante la felicidad humeante de ambos.

Después es Suzume quien aparece en la entrada de casa, ante la reja verdosa de la entrada, y tiene los cabellos y los labios y la vida empapada bajo la lluvia que cae furiosa. Mamura se asoma asombrado y ella puede verle el corazón roto que él lleva entre las manos. Son esos meses calientes, hirientes y dolorosos en que ella le muestra los ojos de amor dubitativo, y Mamura se muestra débil ante la posibilidad de que ella deje de amarle. Empero sale con los ojos teñidos de cariño veraniego y las órbitas se le agrandan cuando la ve bajo la lluvia de verano y empapada, rota por entre sus trozos de porcelana. Suzume abre la boca para llorarle las palabras que buscó para decirle cuánto ama su cabello revuelto y sus manos tibias que le sostienen el alma, empero la lluvia furiosa le calla y luego son los labios de él contra los suyos. Amar es tan sencillo como contentarse bajo la tristeza de verano.

Por último son ambos bajo el sol tibio y tímido con las manos entrelazadas y los labios resecos. Piensan de repente que realmente no hay palabras necesarias pues ella está enamorada de su tibieza y calma y él se encandila con su alma que siempre está a medio romper, pero que se repara con los pequeños detalles de las tardes. Y entonces Suzume chapotea los pies sobre los charcos y piensa que entre el silencio de ambos siempre suena una constante lluvia lejana que les arrulla las palabras y les deja besarse con los labios secos; con la piel teñida de querencia.

(Todo lo que necesitan es la lluvia tibia del otro,

el amor cristalino que les entrelazan las manos con sus trozos que a pesar de lastimarles las manos, se tocan y se buscan).

—Es fácil. Pues siempre que me parpadeo sorprendida cada mañana es como quererte nuevamente. Amarte es mi parte favorita de mojarme bajo la lluvia, Mamura.

Y antes de que ella siga soltando palabras secas y de sol, él se inclina a besarle el silencio.

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