-Esperaba ver a vuestro hermano- le dije al Marques cuando solo quedábamos en la sala el equipo, él y yo.
-Yo también- admitió-. Me dijo que vendría.
-Pues no lo ha hecho- suspiré-. ¿Sabéis si se la ha jurado al usurpador?
-No, espero que no. De lo que estoy seguro es que aún no lo ha hecho.
-Y no va a hacerlo- dije levantándome del trono-. Que preparen los caballos, si él no viene iré yo.
-¿Cuántos caballos?- me preguntó el Marques.
-Uno para mí, otro para vos, paro dos soldados y otro más para el mozo que lleve el estandarte.
-¿Y nosotros?- me preguntó Ward.
-Vosotros os quedaréis aquí- le contesté-. Serán cuatro días como mucho y a mi vuelta fijaremos la reunión en Asgard.
-¿Por qué ese hombre es tan importante?- preguntó Fitz.
-Tiene un ejército numeroso, y la posición de sus tierras es estratégica. Está a apenas jornada y media de aquí, serían unos refuerzos rápidos o un ejército perfectamente capaz de sitiarnos.
-Lo prepararé todo para que salgamos mañana a primera hora- dijo el Marques saliendo de la sala.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
-Debió se ser duro- me dijo Coulson sentándose a mi lado en un banco de los jardines-. Criarte para ser reina.
-Eso no fue lo duro, lo duro fue aprender que pocas lealtades son eternas y distinguir cuales lo son.
-Puedes confiar en nosotros- me dijo.
-Lo sé, si creyera que me traicionaríais no os hubiera pedido que vinierais.
-Bien pensado- rio él.
-Soy lista.
-No ganarás simpatías al habernos traído ¿verdad?
-No muchas, y en breve perderemos una de ellas.
-¿Cuál?
-Al Condes, estoy a punto de concertar mi matrimonio con alguien que no es su hijo- le contesté en un susurro, en palacio hasta las piedras tenían oídos.
-¿Quién?
-Pronto lo sabrás, no es de este planeta así que es algo… controvertido. Es de sangre real, que es lo fundamental, pero…
-¿Te vas a casar con alguien azul?
-No- le contesté riendo- ¿Recuerdas cuando dije lo de la reunión con Asgard?
-¿Thor?- preguntó sorprendido y yo asentí.
-Es el candidato perfecto y sería un matrimonio plenamente de estado. Yo seré la reina de mi planeta y él el futuro rey del suyo por lo que tendremos largos periodos de tiempo separados.
-¿Y Ward como se lo ha tomado?
-Eso es lo mejor. Cada uno tenemos nuestras propias relaciones personales y no tendríamos que renunciar a ellas. A sus hijos biológicos no les faltará de nada y él simplemente tendrá que reconocer a los míos como propios.
-¿Eso lo ha aceptado ya?
-No, por eso quiero que vengas conmigo cuando hable con él.
-Iré, te ayudare en esto.
-Gracias, muchas gracias.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
-¿Te vas a ir?- me preguntó Ward entrando en mi habitación y cerrando la puerta desde dentro.
-Sólo serán unos días, no te preocupes.
-¿Qué pasa si él ya le ha jurado lealtad al Duque?
-Entonces… entonces será mejor que te preocupes. Si no hemos vuelto en quince días o no has tenido noticias mías acude al Condes, de momento sigue de nuestra parte.
-¿Y si él te obliga a escribirnos?
-Si todo va bien te llamaré "robot", si me están obligando a escribir te llamaré por tu nombre ¿vale?- le dije acariciando su mejilla. Me parecía tan tierna su preocupación-. De todas formas te escribiré antes de emprender el viaje de vuelta.
-¿Y llegará el mensaje antes que tú?
-Las aves van más rápido que los caballos, y aún más si llevan una noche de ventaja.
-Hay cosas que no entiendo de tu planeta- me dijo.
-¿El qué?
-Parece una cultura medieval, vais a caballo y usáis palomas para los mensajes. Pero sois capaces de viajar de un planeta a otro en menos de un segundo y he pasado por la zona médica y parece alta tecnología. No lo entiendo, este lugar tiene los dos extremos.
-Este planeta carece del tipo de materias primas necesarias para crear ese tipo de máquinas y es extremadamente caro traerlo de otros planetas. Por eso cuando nos gastamos sumas muy altas de dinero en tecnología solemos hacerlo en lo que no tenemos, no en lo que podemos tener solo tardando algo más.
-El transporte y la información son importantes.
-Tenemos los caballos, las aves, los mensajeros y los pregones… pero lo que no podemos sustituir son las curas del cáncer, las operaciones de corazón, el tratamiento de las parálisis… ¿lo entiendes?
-Sí.
-Este planeta es bueno en la cosecha de alimentos, pero carecemos de minerales. Muchos soldados miden su riqueza en espadas, porque una espada es muy cara.
-Pero… me diste una nada más llegué- dijo confuso.
-Os hice venir como gente respetable, debíais parecerlo. Suelen pasar de padres a hijos, a los reyes son a los únicos a los que se les entierra con sus espadas. Ellos, o militares muertos tras una cantidad importante de batallas ganadas… no suele haber muchos con el número suficiente de victorias y dinero.
-Ósea, que tengo que cuidarla.
-Más te vale, esa es especial- dije señalando a la espada atada a su cinturón-, se la regalaron a mi hermano como señal de rendición tres familias de nobleza baja al volver a nuestro lado. No tenemos fondos para forjar tu propia espada, lo siento.
-Tiene historia, me gusta.
-A May le he dado una de las dos que tengo yo en propiedad, de todas formas no se usarla… he tenido que nombrarla jefa de mi guardia, solo las reinas tienen derecho a portar espada, y sus protectores, si alguno de ellos es mujer. De todas formas, tener ahí a May no es algo que me haga sentir más indefensa.
-A Fitz- continué-, le he dado la de prácticas de mi hermano, pesa menos… por lo menos no es de madera- susurré y él rio. Fitz era como yo, no servía de nada que tuviésemos una espada porque no sabíamos usarla-. Y a Coulson le he dado la de mi padre… él se negó a ser enterrado con ella, dijo que a la corona le esperaban muchos gastos y no se equivocaba.
-Poe eso le miraba así es Condes ¿verdad?
-Sí, él esperaba que fuese para su hijo una vez nos casásemos.
-Pero eso no va a pasar- sonrió él.
-No, no va a pasar- él me acercó y me besó apasionadamente, pero me aparté-. Deberías irte, mañana será un día muy largo.
-Claro- me contestó triste-. Yo creí que… sé que no podemos hacerlo y no te voy a presionar para ello, pero pensaba que podríamos dormir juntos.
-Encontraremos la forma, pero te han visto entrar aquí, y te tienen que ver salir.
-¿Y si salgo, te deshaces de los dos guardias de la puerta y vuelvo a entrar sin ser visto?- preguntó esperanzado.
-Grant… encontraré la forma de que puedas pasar sin ser visto, pero aún no la tengo. Si tienes alguna idea factible me encantaría oírla.
-Pero te vas a ir.
-Lo sé. Serán pocos días, te lo prometo.
-Está bien, me voy entonces. Descansa.
-Tú también.
-¿Te veré mañana?- me preguntó.
-Salgo al amanecer- le dije.
-Iré- me contestó antes de abrir la puerta e irse.
O.o.o.o.o.o.o.o.o.o
-¡Salimos!- dijo el Marqués y comenzamos la marcha dejando al equipo atrás, viendo cómo se veían cada vez más pequeños.
-Allá vamos- le susurré al Marqués cuando ya no era capaz de ver a las personas en las puertas de palacio.
-¿Dura la despedida?- me preguntó el Marqués.
-Él no está acostumbrado a nuestras tradiciones, no entiende por qué no podemos simplemente dormir en la misma cama...
-¿¡Qué!?
-¿Ve?- me reí-. Fue con intenciones inocentes, solo quería dormir a mi lado porque yo me iba.
-Por muy inocentes que fuesen...
-Grant jamás será mi esposo y aun así tendré sus hijos, debéis asumirlo.
-Lo he asumido, fue idea mía porque quiero veros feliz, pero no antes de que os caséis con el príncipe asgardiano.
-Lo sé, y cumpliré esa norma.
-Me alegra oírselo decir- me dijo el Marqués más tranquilo.
O.o.o.o.o.o.o.o.o.o
El viaje fue increíblemente largo y cansado, así que no fue de extrañar que el chaval que llevaba el estandarte tuviese que aguantar una charla del Marqués sobre la importancia de llevar el estandarte con el escudo real firmemente. Yo, personalmente, entendía que al chico se le cansase el brazo.
-¡Majestad!- exclamó el Marqués de Dragos-, debéis de estar cansada. Pasad y bebed algo, vos y vuestros acompañantes, claro.
-Muy amable por su parte- le sonreí-, por favor, no dejéis de saludar a vuestro hermano por estar en mi presencia.
Él asintió con la cabeza y los dos marqueses se abrazaron dándose un par de palmadas en la espalda. Luego entramos y el Marques de Dragos nos guio por su castillo hasta una amplia sala cubierta con el escudo de su difunta esposa (y ahora el suyo) con una larga mesa y una chimenea que estaba encendida. Dos grandes candelabros colgados del techo iluminaban la sala.
Se notaba que intentaba quedar por encima de mí.
-¿A que debo el honor de su visita?- me preguntó mientras yo avanzaba hasta colocarme tras la silla que presidia la mesa. No le contesté, solo le miré.
Sabía que esto sería una guerra en miniatura y ganaría el más cabezota de los dos.
La guerra de miradas duró cerca de cinco minutos hasta que se acercó a mí, apartó la silla y me cedió el asiento.
Sabía que esta era SU silla, la que usaba para tratos comerciales y para marcar su superioridad hacia los visitantes. La silla era más lujosa que las otras, y también más alta, eso sin olvidar que la mesa estaba colocada de forma que la chimenea daba una especie de luz celestial al que se sentaba sobre la lujosa silla. Eso sumado a los estandartes y la amplitud de la sala debía de hacer sentir muy pequeños a los que le visitaban, casi insignificantes.
Señalé las sillas a mis lados para que los marqueses se sentaran.
-Me resultó extraño no veros jurándome lealtad- le dije como quien dice la hora.
-Lo siento, majestad, se me hizo imposible acudir. Hubo altercados en las calles que requerían mi presencia.
-¿Ya está solucionado?- le pregunté, como si de verdad le hubiera creído.
-Así es.
-Me alegra saber de su eficacia, Marqués, y por eso voy a premiaros permitiéndoos jurarme lealtad aquí y ahora.
-Es muy amable por su parte querer ahorrarme un viaje, majestad, pero faltan testigos- me contestó con los dientes apretados.
-No os preocupéis por eso, hermano- dijo el Marques de Llanura-, los dos soldados que nuestra reina ha traído son hombres respetables, hijos de nobles, y yo mismo también puedo atestiguarlo. ¿O es que tenéis otro motivo para no jurar lealtad a nuestra reina?
-Los terranos que habéis traído no me inspiran mucha confianza- me dijo el Marques de Dragos.
-Son decisiones de vuestra reina, puedo aseguraros que…
-Steban- interrumpí al Marques de Llanura-, agradezco que me defienda, pero entiendo sus dudas.
-Cuidado, hermano- le advirtió de todas formas.
-Sé que creéis débiles a los terranos, pero he traído guerreros y genios. Uno de ellos luchó contra los Chitauri cuando el traídos Loki atacó su planeta. Son buenos aliados, leales, y si le consuela saberlo también se juzgarán sus errores como juzgaría los míos propios.
-De acuerdo, haced llamar a vuestros soldados.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
-Ha sido más fácil de lo que yo pensaba- me dijo el Marques.
-Yo no estaría tan segura, no lo creeré hasta que no vea sus tropas junto a las nuestras.
El camino de vuelta me pareció más largo que el de ida, puede que fuese por que la misión ya estaba cumplida.
La noche anterior le había enviado una carta a Grant, diciéndole que volvía a casa y que tenía una idea para nuestro problema.
Sería difícil hacerlo sin que nadie se diese cuenta, pero valdría la pena. Trasladaría su habitación a la colindante a la mía y mandaría construir una puerta secreta que las uniría, y para hacerla aún más secreta la taparíamos con dos tapices.
Era la solución perfecta, así cuando mi futuro marido estuviera en el planeta también podría estar con él.
Mandaría hacerlo en cuanto llegase a palacio.
