Capitulo 4
"Eres mío"
Por Amelia Badguy
1020 palabras según Word.
Habían pasado los años, siendo que para su sorpresa el cadete Kirk que conoció había logrado hacerse lugar entre los más respetables capitanes del imperio, pero él había visto que en las primeras misiones que habían tenido el hombre se había hecho con una maquina que cambio todo a su favor.
No sabía que era aquella maquina ni nada, pero sabía que hacía desaparecer a todo lo que James Kirk considerara un obstáculo o una molestia, siendo que siempre había tenido aquello en mente mientras hacía su trabajo en el Enterprise.
Aquel día estaba caminando con su Pad en sus manos, necesitaba terminar de llenar unos papeleos para el imperio, cuando se sorprendió al ser atacado por la espalda, con tal fuerza que lo tiraron al piso, pero pudo sentir aquella aguja en su nuca que le clavo, haciéndolo jadear.
No había esperado un ataque de aquella manera, pues por lo general los tenientes o soldados no eran tan inteligentes para crear un plan favorables para ellos, para hacer aquellas cosas.
Intentó levantarse, pero aquella droga termino rápidamente dentro de su cuerpo, siendo que lo había inmovilizado, intento pensar con lógica, intentar ver quién era quién le estaba haciendo aquello, siendo que por el rabillo de su ojo pudo ver la silueta de uno de los nuevos tenientes, recientemente integrado al Enterprise, por lo cual era normal que intentara subir rápido de rango.
— Ahora me desharé de usted, señor Spock y seré el primer oficial de esta nave — Dijo aquel teniente con una sonrisa llena de autoconfianza, es decir, había logrado robarle aquel paralizante al carnicero de McCoy, para poder deshacerse de ese vulcano de cabello negruzco que estaba tendido en el suelo intentando moverse.
— ¿Deshacerse de quién? — Spock se sorprendió, pero sólo pudo escuchar a aquel hombre jadear, pues aquella voz que se había escuchado era nada más ni nada menos que la voz del capitán del Enterprise, el hombre que se había vuelto el capitán más joven hasta la fecha.
Pudo escuchar el ruido de un fazer y luego nada más que un grito, pero aquella voz no era la ver capitán, pues vio el rostro del hombre, salpicado en sangre, ponerse en su rango de visión y levantarlo, apoyando el peso del vulcano en su cuerpo, sin dejar que viera el cuerpo de aquel teniente, como mientras peleaba con aquel idiota, luego de haberlo desarmado, le había terminado por hacer un corte en su cuello, un corte que definitivamente lo mataría.
Se dejo prácticamente arrastrar por el capitán, después de todo los vulcanos eran pesados para un humano normal, siendo que además no podía ni siquiera ponerse en pie para ayudar un poco al hombre.
Hombre que lo llevó hasta el camarote del capitán, donde lo dejo tendido en su cama, suspirando pesadamente al verse libre del peso de Spock sobre él.
— Se quedara aquí, señor Spock — Le dijo siendo que el primer oficial podía ver como el capitán disfrutaba de darle ordenes de aquella manera, después de todo cuando Kirk era estudiante él era quién le daba las órdenes al rubio.
— No es como si pudiera hacer más, capitán, no puedo moverme — Le dijo como si nada el moreno, observando cómo su capitán bufaba por su comentario después de todo, de alguna manera Spock siempre lograba molestar demasiado a su capitán, lo deseara o no, simplemente era la forma de ser la del vulcano la que molestaba al hombre, pero que también le atraía.
— Al menos que estés así servirá para algo — Habló casi como un gruñido el rubio, mientras se ponía sobre el cuerpo del vulcano, observándolo atentamente a esos obscuros ojos.
— ¿Qué pretende, capitán? — La voz del vulcano sonó fría como siempre, casi indiferente a lo que estaba ahí por ocurrir, después de todo se veían las intenciones que tenía aquel hombre para con él, pero aún así estaba ahí, tranquilo, aunque no pudiera moverse después de todo.
— ¿Qué tu gran mente vulcana no puede decirlo, señor Spock? — Le gruñó y sin más lo beso, lo beso profundamente, aun cuando sabía que los vulcanos no besaban de aquel modo, aun cuando sabía que el cuerpo del vulcano estaba inmóvil.
— Creo que lo que pretende hacer capitán, sería mejor logrado una vez que el efecto del paralizante se fuese de mi cuerpo — Ahí estaba de nuevo, aquella mente lógica que le decía aquellas cosas, aunque por como sonó, por el modo en que lo dijo, parecía que el vulcano no tenía problemas en realizar lo que James T. Kirk, capitán del imperio estelar, quería hacer con él.
— Entonces lo harás cuando el paralizante pase, ¿no? — Le dijo casi con ironía, mientras veía al vulcano, con aquel gesto tranquilo, aunque no podía mover su cuerpo ni nada, era como si no viera una amenaza en él.
— Tome mi mano y ponga mis dedos en su frente — Le comentó como si nada el vulcano. Los vulcanos nunca solían hablar sobre su biología ni nada de aquello, pero al menos pretendía calmar con aquello a Kirk, para que no siguiera con su propósito de aquel día.
Con cierta duda y algo atento a lo que el vulcano pudiera hacerle, el rubio hizo aquello, cuando sintió como si su mente se uniera a algo cálido, a algo lógico, algo que él no tenía demasiado en su mente, pero aquello se sintió bien, no era desagradable, aquel pequeño calor que nacía en su mente, que casi lograba calmarlo de cualquier cosa.
— Nuestras mentes estarán unidas por un vinculo, lo que significa es que irrompible, bueno, sólo si usted o yo deseamos romperlo, pero no creo que será el caso de aquello, nuestras mentes estarán unidas y compartiremos pensamientos, ¿es esto cuerdo para usted, para que me deje recuperar la movilidad de mi cuerpo sin hacer otras acciones con él? — Le preguntó mirándolo atentamente, esperando la respuesta del hombre.
— Bien, recupérate de esta mierda — Le gruñó y se levantó del cuerpo del vulcano para ir a servirse un trago gruñendo. Pero tenía un pensamiento en mente, que sabía que el vulcano podía ver, aquel vulcano, Spock, era suyo desde ese momento.
