Capítulo IV

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"Andas por esos mundos como yo; no me digas que no existes, existes, nos hemos de encontrar; no nos conoceremos, disfrazados y torpes por los caminos echaremos a andar."

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- Todo era muy confuso… - me contaba Tom – me sentía en medio de una nebulosa de afecto, de amor… - entonces me miró, no era la primera vez que hablábamos del amor, para él y para mí no era difícil comprender cómo debía de ser ese sentimiento, nuestro vínculo nos lo había enseñado desde antes que pudiéramos tener una conciencia, y como es lógico, buscábamos encontrar algo tan fuerte como ese amor, en otra persona, en esa pareja que tiene que acompañarte en la vida, y quizás justamente por ese amor incondicional que Tom y yo nos teníamos, resultaba tan difícil encontrarlo en otro – era algo que jamás he experimentado por una chica, no con esa misma fuerza… – bajo la mirada - … ella parecía flotar a mi alrededor - yo sentía el corazón agitado ante el relato de su sueño

- ¿Ella?… - pregunté.

Tom me miró.

- La mujer que yo amaba… - habló con certeza y claridad, yo asentí. Hasta ahora su sueño parecía muy similar al mío, ¿porqué estaba él tan asustado? - … se posó sobre mi cuerpo con suavidad, y pude sentir el calor de su piel desnuda, contra mi piel… - seguía siendo muy parecido - … y cuando sus labios parecían querer besarme, sentí la presión, miré mi pecho y su mano estaba hundida en él, con la muñeca cubierta de sangre, mientras oprimía mi corazón… - tuve que tragar, se me había hecho un nudo en la garganta - …el miedo, el rencor y el dolor me cruzaron el pecho… - hizo una pausa - … y morí…

Ambos nos quedamos en silencio. Era extraño que Tom aún recordara la angustiante sensación que le había producido ese sueño, después de tantas horas. Muchas veces he soñado cosas tristes o desagradables, y al despertar he tenido que aclarar mi mente, para saber que no era verdad, pero al cabo de unos minutos, la sensación iba apaciguándose, hasta ocupar el lugar de 'un mal sueño', pero Tom parecía palpar, aún, todo lo vivido en ese sueño.

Debía animarlo.

- Vamos… - le di un golpe en el brazo – saldremos a divertirnos un poco y verás como olvidas ese sueño.

- Eso espero…

- Ya verás como lo haces – lo animé, poniéndome en pie, para rebuscar en mis maletas.

- Bien… - se puso en pie él también – iré a darme un baño y me cambiaré.

- Nos encontramos en veinte minutos.

- Veinte minutos – aceptó tras de mí, de camino a la puerta.

Rebusque un poco más en la maleta, escogiendo una camisa sencilla, pero entonces recordé la forma, casi angustiada, en que Tom entró a buscarme a la tienda de antigüedades.

- Tom… - lo retuve girándome para mirarlo, él acababa de abrir la puerta.

- ¿Si? – volvió a cerrar, sin soltar el manillar. Me miró.

- ¿Qué fue lo que te asustó tanto en aquella tienda? – quise saber.

Él encogió de hombros.

- Un poco tétrico el lugar – dijo sin más.

Bien podía refutar sus palabras, después de todo, no era más que una tienda, pero después del sueño que me acababa de contar, y de lo mucho que parecía haberle afectado, no me parecía buena idea.

- Oh… - dije sin más, regresando a la búsqueda de mi ropa, mientras escuchaba que él abría nuevamente la puerta.

- Y la chica… - agregó.

Lo miré otra vez.

- ¿No te pareció peligrosa? – me interrogó.

Me quedé mirándolo y negué con un gesto, pensando en que debíamos de estar hablando de dos personas diferentes.

- Algo misteriosa quizás… - le concedí - … un poco rebelde – caso sonreí recordando cómo había salido de la tienda, sin atender a los reclamos de su madre.

Había algo que me había gustado, en aquella muestra de rebelión.

- Bueno… tal vez ese maldito sueño me dejó algo paranoico – aceptó.

No quería darle más vueltas, quería que Tom se olvidara de ese sueño y de las sensaciones que le había dejado.

- Ve a componer tu patética apariencia, para que salgamos – lo molesté.

Me miró, y como si su capacidad para responder, estuviera algo adormilada, reaccionó dos segundos más tarde de lo habitual.

- ¿Patética apariencia? – Preguntó - ¿no te has mirado en un espejo últimamente?

- Claro que lo he hecho, pero no sé si en tu habitación hay alguno.

- Desde luego que lo hay, pero… - resopló abandonando la respuesta – estoy fuera de forma…

Yo no pude contener la carcajada.

- Desde luego que lo estás… a eso me refiero con tu patética apariencia…

Tom sonrió.

- Idiota… - dijo antes de salir.

Al menos le había escuchado reír nuevamente.

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Tom y yo caminábamos por una de las principales calle de la ciudad, que estaba saturada de personas. Quizás en este lugar no había demasiadas cosas que ver, pero personas, como hormigas.

- ¡¿Qué celebraran? – pregunté a Tom casi a gritos.

- ¡¿Tengo cara de guía turístico? – fue su respuesta,

Le di un golpe en el hombro y él rió. Al menos su humor iba mejorando.

Continuamos caminando, abriéndonos paso en medio de la gente, buscando un lugar que nos habían mencionado en el hotel, como sitio para jóvenes, y en el que estaría esperándonos Vanessa, la vendedora cuyo número de teléfono se había traído Tom, además de las zapatillas.

- ¡Debería estar por aquí! – dijo Tom.

La verdad es que en medio de las notas musicales de diferentes melodías entremezcladas, era difícil definir qué tipo de ambiente había en cada rincón. Pero finalmente un letrero luminoso en azul, nos indicó el nombre que buscábamos.

-¡Ahí está!

Dijimos Tom y yo al unísono. Sonreímos y enfilamos hasta el lugar.

Al entrar, la aglomeración era clara, aunque la baja luz y, me atrevería a conjeturar, el color negro de las paredes, lograban que nos mezcláramos tranquilamente con las demás personas. Hasta ahora habíamos podido pasear tranquilos, sin acosos, ni fans que nos reconocieran.

- ¿Dónde estaría tu amiga? – quise saber.

- En el inicio de la barra – me respondió buscándola.

Seguimos avanzando hacía la barra, hasta que distinguimos a Vanessa, que también parecía buscar a mi hermano.

- ¡Hola! – sonrió Tom, comenzando con los saludos.

- Hola… - respondió ella con simpatía, dirigiéndose a mí también.

Saludé igualmente, sin pasar por alto que junto a Vanessa había otra chica.

- Invité a una amiga, espero que no les moleste – nos contó.

- No… - respondió Tom.

- No… - agregué por cortesía, aunque la idea de no me gustaba demasiado, aunque podía comprenderlo. Vanessa se aseguraba que yo estuviera ocupado, para ella ocuparse de mi hermano.

- Bien… - dijo con cierta alegría Vanessa – ella es Cécile.

- Hola Cécile – saludé, comprendiendo que ella sería mi compañera durante el tiempo que estuviera en este lugar.

Luego de las presentaciones, pasamos a pensar en algo para beber. Vanessa y Cécile apoyaron la idea de beber sazerac, una especie de coctel local que contenía en su mayoría bourbon. Así que comenzamos con ellos, además de buscar un rincón en el que hablar. Ni Tom ni yo bailaríamos antes de dos copas, y lo cierto es que a mí me costaba hacerlo incluso con ellas.

- ¿A qué te dedicas? – me preguntó Cécile.

Difícil pregunta, si quería mantener mi identidad en secreto.

- Ahora mismo a vacacionar – sonreí, bebiendo de mi vaso.

- Ah… bueno, no quieres hablar del trabajo – comprendió.

- Algo así… - acepté.

Hubo un pequeño silencio.

- Y tú, ¿a qué te dedicas? – le pregunté, mientras que Tom hablaba, muy pegado a Vanessa, en un rincón junto a la pared.

- Ahora mismo a divertirme – sonrió.

- Touché… - hablé entre risas.

Ella bebió un poco más de su vaso.

- ¡Trabajo en una boutique! – contestó a continuación.

- ¡Oh qué bien! – Algo de qué hablar - ¡¿qué tipo de boutique?

- La verdad es que de todo un poco – continuó.

- ¿Ropa, accesorios…? – quise saber.

- Perfumes, zapatos… - continuó ella.

- Pues no me vendría mal pasarme por tu trabajo – confesé.

Hasta ahora no había visto ninguna tienda, a parte de la de antigüedades, en la que quisiera comprar algo.

- Si quieres apunta mi número – me ofreció – así podré decirte dónde está.

Su voz era amable, parecía una chica agradable. Como muchas otras chicas amables y agradables que había conocido. Pero no quería intercambiar número de móvil.

- Buscaré un lápiz y un papel para apuntar – dije, pensando en ir hasta la barra - ¿quieres otro? – le ofrecí otro trago.

- No, aún tengo – alzó un poco el vaso, para que viera su contenido.

- Bien... – me bebí de un sorbo el resto de mi vaso – dame un momento.

Comencé a caminar hacía la barra, abriéndome paso entre los bailarines, que no disponían de más de cincuenta centímetros cuadrados para moverse, pero aún así, desplegaban sus actitudes.

Cuando finalmente llegué a la barra dejé el vaso vació.

- Un sazerac – pedí.

Y la chica que estaba junto a mí, me miró y yo lo hice igualmente. Me tardé un segundo en reconocer esos ojos claro, y que el aroma penetrante a limón llenara mi nariz. Ella entreabrió los labios, no pude evitar detener mi mirada en ellos.

"No nos conoceremos, distantes uno de otro sentirás mis suspiros y te oiré suspirar. ¿Dónde estará la boca, la boca que suspira? Diremos, el camino volviendo a desandar."

- Otro para mí Bill… - escuché a Tom tras de mí, que al intentar acercarse a la barra, me empujó ligeramente.

El roce de la piel de mi brazo contra la de Arien, fue tan intenso, que me estremecí. Ella se separó de mí, de inmediato.

- Hola… - le susurré.

Ella pestañeó un par de veces y se volvió hasta el bar. Yo me quedé sin respuesta.

- ¡Bill! – me insistió Tom.

- ¿Qué? – le pregunté, girándome para mirarlo.

- Que pidas dos – me repitió, al parecer no se había percatado de la presencia de Arien.

- Dos, por favor – corregí, cuando el hombre me estaba entregando el primero que había pedido.

Miré nuevamente a mi lado buscando a Arien, pero ella ya se había escabullido. Me estiré por encima de las personas, intentando encontrarla, pero no podía distinguirla.

- Están por acá – me indicó Tom, en otra dirección, creyendo que buscaba a Vanessa y Cécile – son agradable ¿no?

- Eh… sí… - respondí algo evasivo, aún buscando a Arien.

- Dos – escuché la voz del hombre del bar, que hablaba a mi espalda, dejando un segundo vaso junto al primero.

Saqué el dinero y se los pagué.

Comenzamos a caminar en dirección a las chicas, intentando no derramar el contenido de los vasos.

- ¿Te importa si me pierdo esta noche? – me preguntó Tom.

- No – respondí categórico, continuando con mi infructuosa búsqueda.

- ¿De verdad? – preguntó incrédulo.

Entonces lo miré. Creo que le había resultado extraño que yo aceptara su 'perdida' de esta noche, sin soltarle un discurso sobre el sexo sin amor.

- Sí… - me encogí de hombros.

Para ese momento ya estábamos llegando junto a las chicas.

- Tú te puedes perder también… - se aventuró a decir - ¿si quieres?

Lo miré nuevamente, pero no le dije nada, seguía pensando en Arien, y en que estaría por ahí, en algún rincón de este lugar.

- ¿Encontraste papel y lápiz? – me preguntó Cécile.

Y sólo en ese momento recordé cuál era la finalidad de pedirme otro trago.

- No tenían – mentí.

No quería ser tan evidente, sobre la poca importancia que le estaba dando a tener su número de teléfono.

- Da igual… - dijo algo más que no entendí, ya que su voz me sonó demasiado baja, ante la nueva canción que habían puesto.

- ¿Qué? – pregunté, inclinándome un poco más cerca de ella, esperando que me hablara algo más cerca del oído.

En ese momento vi a Arien, algunos metros a mi derecha, apoyada en un pilar que daba paso a la zona de las mesas, observándome atentamente.

- Que ya te diré el lugar… no será difícil encontrarlo… - me explicó Cécile.

Me incorporé, para mirarla.

- Claro… - asentí con una sonrisa.

Que se asemejaba a la sonrisa que tenía ahora mismo ella.

- ¿Bailamos? – me preguntó.

Y yo sentí como había dado justo en el blanco.

- No soy buen bailarín – me defendí.

- Vamos… - me animó – llevas marcando el paso de las canciones toda la noche.

En eso tenía razón, ya estaba tan acostumbrado a seguir los compases con los pies, que me era inevitable moverme.

Sonreí, y miré disimuladamente en dirección a Arien, que continuaba en la misma posición en la que estaba momentos antes. Aún con los ojos fijos en mí.

- Ven, bailemos un poco – Cécile tomó mi mano, intentando llevarme en medio de las personas.

- Mejor marquemos el paso aquí – tiré un poco de ella.

Me miró, buscando encontrar una complicidad que, equivocadamente, pensaba que le estaba dando.

Volví a buscar la mirada de Arien, que seguía ahí, como si se tratara de una estatua, inmóvil completamente.

- Marquemos el paso aquí entonces – me habló Cécile, y la miré sólo cuando sentí que me abrazaba moviéndose ligeramente al compas de la música.

Alcé la mirada para encontrar la de Arien, como si me hubiese sentido descubierto por ella en algo inapropiado. Pero ya no estaba. Sólo había pasado un momento, entre que la vi ahí, Cécile me abrazo, y ahora, en que ya no la encontraba. Observé a las personas alrededor del lugar en el que ella estaba, y me pareció divisarla, en lo que me parecía un claro intento por salir del sitio.

- Cécile – hablé, tomando a la chica por los hombros. Ella me sonrió – tengo que irme.

- ¿Qué? – preguntó algo confundida.

No sé en qué momento la amabilidad que había tenido con ella, pasó a parecer otra cosa.

- Que me voy… - me sentí culpable por su confusión - … pero iré a verte a la tienda – le ofrecí.

Ella se compuso con bastante dignidad. Sonrió amablemente.

- Claro… nos vemos… - contestó.

- Gracias…

Miré en dirección a Tom, que estaba demasiado concentrado en su conquista, como para verme, ya le llamaría.

Y comencé a abrirme paso en medio de las personas, sin poder ver a Arien. Cuando finalmente el aire fresco de la calle me dio en el rostro, la cosa no era muy distinta al exterior. Había personas por todos lados. Pero en medio de todas ellas, algunos metros a mi izquierda, Arien caminaba, alejándose.

"Quizá nos encontremos frente a frente algún día, quizá nuestros disfraces nos logremos quitar. Y ahora me pregunto... cuando ocurra, si ocurre, ¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?"

Continuará…

Ya vamos en el cuarto capítulo… a ver cómo nos sale la cosa después de este momento extraño en este bar-discoteca.

Espero que estén disfrutando de esta historia, que como ya he dicho muchas veces antes, se van escribiendo casi solas, con los elementos que les pongo sobre la mesa. Este Bill me gusta bastante, es algo más adulto, menos ingenuo quizás… creo que las últimas imágenes que han estado saliendo de él, me hacen verlo así.

Besos y me dejan sus comentarios, que recuerden, son el sueldo de quien publica en internet.

Siempre en amor.

Anyara