Capitulo III –

Ambos se dejaron caer sobre el colchón cuando las piernas del menor toparon con el mismo, los labios de su amante comenzaron a defender por cuello, dejando un suave camino de húmedos besos sobre la piel hasta llegar a su vientre. Con cada beso ligeros gemidos escapaban de su garganta, el cual se intensifico cuando la mano del mismo se poso sobre su entrepierna, acariciando la zona por sobre la tela.

– Magnus – dijo en un gemido.

– Solo disfruta – escucho decir al brujo.

Magnus se dedico a mimar el cuerpo del hombre que amaba, dejando que sus labios marcaran como suya aquella piel que se exponía ante él. Su mano continuaba acariciando a su pareja, mientras que, con la mano libre, tomaba el botón de su pantalón para abrirlo, bajando el cierre del mismo. Escucho como su ojiazul soltó un suave gemido producto de sus acciones, se mordió el labio inferior mientras jugaba con el elástico de la ropa interior del menor.

– Magnus... Por favor...

– Por favor ¿qué? – dijo a sabiendas de las atenciones que su amante estaba conteniendo.

Se mordió el labio inferior en un intento de no dejar escapar ningún sonido proveniente de su boca, las sensaciones que el brujo prodigaba en su cuerpo lentamente estaban robándole el aliento y la cordura. Conocía a su pareja, sabía perfectamente que jugaría con su cuerpo, llevándole a la locura, haciendo que rogara por una liberación que este no le daría hasta verle totalmente sumido en la lujuria. Trago con fuerza fijando sus ojos sobre los del mayor, quien solo se dedicaba a contemplarlo con aquella calma infinita tan propia de él.

El de ojos de gato simplemente sonrió al ver el estado del Nefilim, verle intentar contenerse, mantener su mente lejos de aquello que la perturbara pero, el con sus miles de años de experiencia sabia que tarde o temprano se dejaría llevar preso del éxtasis. Con calma comenzó a bajar los pantalones así como al ropa interior de su amado, quien emitió un leve quejido al percibir el frio del ambiente sobre su piel.

– Mags...

– ¿Si, Alexander? – rodeo con su mano la superficie del miembro del menor.

– No...

– ¿No?

– ...

– ¿No quieres que haga esto? – Tomo con cuidado la virilidad de su amante, masajeando toda su longitud, provocando que peños espasmos de placer recorrieran el cuerpo del mismo.

–... – dejo caer su cabeza del lado izquierda, apretando con ambas manos las sabanas.

– ¿O esto? – llevando su mano libre hacia la parte inferior de su miembro, donde realizo la misma tarea.

– Mags... – dejo escapar el nombre del brujo en un murmullo.

– Dime Alexander ¿qué es lo que no deseas? – Bajando su rostro hacia su vientre, dejando unos pequeños besos sobre la piel caliente del Nefilim.

– Mags... – hablo entrecortadamente incorporándose levemente – Por favor...

Sin darle tiempo a poder hablar Magnus desplazo sus labios hacia el miembro del Nefilim quien soltó un fuerte gemido cuando la cálida lengua de su pareja comenzó a deslizarse por toda su longitud. Alec se limito simplemente a jadear por el placer prodigado en su zona baja. Magnus continuaba su labor, deleitándose con todo el coro de sonidos que su amado soltaba con cada movimiento de su lengua, fue durante aquella hermosa sinfonía que decidió que quería escuchar mas de aquella melodía, engullendo por completo el miembro del Nefilim en su boca, moviéndose de arriba hacia abajo, mordiendo levemente la longitud en su boca, creando una fricción que arranco fuertes y largos gemidos del menor.

– ¡Magnus!

Alec se dejo caer nuevamente sobre el colchón, el placer que su amante le daba comenzó a subir por su cuerpo, nublarle todos los sentidos que su poca cordura aun poseía. Su respiración se volvió más agitada, su vista no lograba enfocar con claridad y sus gemidos eran los únicos sonidos que se escuchaban en la habitación, algo que quizás lo avergonzaría sin pensarlo pero, en aquel momento, la vergüenza era lo último en lo que su mente estaba pensando.

– Mags... Mags... – se incorporo como pudo sobre el colchón, llevando su mano derecha hacia la cabeza del brujo, acariciando ligeramente sus cabellos mientras este seguía en su labor.

No supo cuando tiempo estuvo siendo llevado por aquella espiral llamado placer, solo sentía que podía volverse loco de placer, derretirse como si su cuerpo estuviera hecho de mantequilla. El clímax estaba cerca, lo podía percibir en su vientre haciéndose paso con fuerza desde lo más profundo de su ser. Se mordió el labio tratando de contenerse, de no terminar en la boca de su amado pero el placer estaba nublándole todo lo que la razón debía imponer.

– Magnus – le llamo en un ligero Jadeo – Ya... Basta... Estoy por...

Aun cuando el Nefilim le llamo en aquel ruego continuo bombeando sobre aquel miembro que poco a poco comenzaba creer dentro de su boca producto del inminente final. Podía sentir las manos de Alexander sobre su cabeza, tratando de apartarle antes de que el orgasmo lo golpeara pero, si algo siempre le había caracterizado era su constante obstinación en algunas cosas sobre todo cuando se trataba de compartir la cama con alguien más. Detuvo todo movimiento cuando el caliente y espeso líquido comenzó hacerse presente en su boca acompañado con un fuerte gemido por parte del Nefilim, quien cayó laxo al colchón tras aquel orgasmo.

Magnus se aparto de su lugar, observando aquel hermoso cuerpo que tantas noches había sido marcado como suyo. Se relamió los labios, borrando todo rastro de las esencia del menor en su boca, tragando segundos después el contenido del orgasmo del mismo, dibujando una ligera sonrisa en su rostro al ser testigo de lo que su trabajo había hecho.

– Alexander – le llamo, colocándose por encima del cuerpo del menor – ¿te encuentras bien?

El azabache simplemente asintió sin abrir los ojos.

– ¿Quieres que nos detengamos? No tenemos que seguir si no lo deseas.

– No – contesto con la voz algo rasposa por el esfuerzo – No deseo parar Mags.

Lentamente abrió sus ojos, parpadeando un par de veces con la intención de poder enfocar mejor su entorno topándose con los ojos de gato del hombre que amaba. Una suave sonrisa afloro en su rostro al tenerle ahí, sobre su cuerpo, sintiendo los últimos vestigios de aquel orgasmo. Elevo sus manos para tomar el rostro contrario para acercarlo y besar sus labios.

– Deseo hacer el amor contigo – volviendo a capturar sus labios.

Haciendo acopio de su fuerza, propia de su raza, les hizo girar sobre el colchón, siendo ahora el azabache quien estaba sobre su amado. Ambos se dedicaron una sonrisa...

– Alexander – dijo Magnus.

– Esto aun no acabado ¿lo sabes verdad? – el brujo asintió – es bueno que lo sepas porque… – alcanzando su pantalón – que para su buena suerte, había caído justo al lado de la cama – de donde extrajo su estela, con la cual comenzó a dibujar una runa que Magnus conocía perfectamente – Esta runa no desaparecerá pronto.

– Y no sabes cómo me pone que portes esa runa – riendo ligeramente al observar la runa de resistencia recién hecha sobre la piel del otro.

Sin apartar sus ojos de los contrarios y dejando su estela en alguna parte de la cama, atrajo nuevamente el rostro del brujo hacia sí para poder beber nuevamente de sus labios, perdiéndose por completo en aquella locura que era entregarse al hombre que amaba. Dejándose llevar por aquella sensación movió sus caderas, de forma que su entrepierna roso levemente la del mayor, arrancando del mismo sonoros gemidos por el placer de aquella mínima caricia.

– Te amo –murmuro dentro del beso sin dejar de moverse encima del cuerpo de su novio – Te deseo…

Magnus jadeó suavemente ante el provocador roce del Nefilim, y pronto él mismo movió las caderas buscando incrementar aquella danza.

– Yo también te deseo… No sabes cuánto – Pasó las manos por su espalda acariciando cada extensión de piel a la que tenía acceso, delineo con sus dedos las nuevas y viejas runas que se encontraba en aquella zona, recordando vívidamente las muchas veces que había hecho eso.

La temperatura del cuerpo del Nefilim pronto término por lanzar el poco raciocinio recuperado en alguna parte de su mente, ahora su cuerpo se movía por el deseo de fundirse en la piel del otro mientras disfrutaba la danza que sus caderas mantenían en aquellos instantes. Sus manos se deslizaron por el suave pecho de su pareja hasta llegar a su vientre donde se detuvo por unos instantes a dibujar con una de sus dedos el área donde debería estar el ombligo. Tras su leve jugueteo llevo sus dedos la orilla de su pantalón donde con calma comenzó a abrir el botón siguiendo con el cierre del mismo, contemplando como él miembro del brujo poco a poco comenzaba a despertar.

– Al parecer alguien está un poco animado – dijo en un murmullo dirigiendo sus mirada hacia el rostro del brujo.

– En mi defensa puedo decir que todo es gracias a ti – Sonrió dejando que Alec le tocase como él lo deseara.

Con cuidado y sin apartar sus ojos del rostro amado comenzó a bajar las últimas prendas que mantenían cubierto el hermoso cuerpo que tanto deseaba tocar, lanzando ambas prendas hacia algún lugar de la habitación una vez que estas le abandonaron. Soltó una débil risa antes de tomar entre sus manos la creciente erección frente suya, bajando con lentitud su rostro hacia la misa, lamiendo con suma lentitud la punta del miembro del mayor, deleitándose con los suaves gemidos que aquella simple acción provocaban en su amante, repitiéndolo en varias ocasiones, lamiendo y succionando la longitud que tenía entre sus manos, masajeando con cuidado la base. Le encantaba escuchar aquellos sonidos y percatarse del estremecimiento del cuerpo del mayor ante sus caricias.

Hacía mucho, cuando ambas compartían aquel tipo de intimidad, había descubierto que brindarle placer a su pareja lo excitaba más de lo que había imaginado, hacerle soltar aquel coro de sonidos lo estimulaba a tal punto que no tenia forma de explicarlo siquiera. Sin darle tiempo a protestar de alguna forma a su pareja lo engullo por completo, subiendo y bajando sobre de él, succionándolo en los momentos adecuados tratando de brindarle más placer del que pudiera ser capaz de soportar, como una pequeña replica de lo que el brujo había provocado en su propia piel minuto atrás.

Magnus aferró las manos a la sábana bajo suyo, su espalda se arqueó ligeramente al tiempo que luchaba con el impulso de mover las caderas buscando incrementar el contacto de la exquisita boca con esa parte tan sensible de su anatomía. No podía evitarlo, soltaba gemidos y jadeos, le encantaban los movimientos del otro, la manera en que le hacía estremecer. Recordaba con claridad las primeras veces que habían llegado a compartir la cama, los titubeos así como la inexperiencia característica de la primera vez pero, ahora todo era diferente su Nefilim había aprendido como hacerlo estremecer de pies a cabeza, ahora sabía con claridad lo que hacía y lo que deseaba hacer.

Magnus sabía perfectamente que no podía seguir con aquel ritmo, el clímax se podía sentir en cada fibra de su ser, golpeándolo con fuerza, arrebatándole la cordura y los sentidos. Cuando sintió que estaba por acabar tomó al joven de la maraña de suaves cabellos oscuros para que terminase su labor sobre su zona baja. Alexander lo miro con confusión durante unos segundos puesto que su trabajo había sido detenido sin previo aviso, pensando por un minuto que quizás había hecho algo mal aun cuando los gemidos del mayor le habían dicho lo contrario.

–Magnus… ¿Qué?

– Aun no cariño – contesto al escucharle, notando ese tinte de duda en su voz – No quiero terminar dentro de tu boca – le dedicó una sonrisa de lado al tiempo que trataba de normalizar un poco su respiración. Tirando de nuevo de su cabello, lo hizo subir para besarle con fuerza, rodando sobre la cama para volver a colocarse sobre su cuerpo.

El de ojos azules llevo sus manos a la espalda del mayor acariciándola ligeramente mientras de forma inconsciente abrió sus piernas para que su amante se colara entre ellas, logrando con aquello que ambos miembros se rozaran íntimamente haciéndoles gemir por el contacto – Soy todo tuyo – susurro separando sus labios para llevar sus labios hacia su oído izquierdo – Al menos por hoy, la próxima vez serás tú el que este debajo mío rogándome por mas – mordiendo el lóbulo de su oreja y succionarla levemente.

El brujo Jadeó cuando sintió la suave mordida sobre su lóbulo pero no tardó en buscar la boca del contrario de nuevo, disfrutando de los labios algo hinchados por la cantidad de beses que se habían besado durante los últimos minutos. Alzo su mano libre para chasquear sus dedos, de donde apareció envuelto en llamas azules dos objetos que Alexander conocía perfectamente.

– Sabes que no me agrada que uses la magia para uso personal – separando sus labios solo un par de centímetros.

– Creo que por esta vez podemos hacer de cuenta que ya estaban en el cajón del buro.

Se separo solo un poco del cuerpo bajo suyo para tomar el bote y dejar que su contenido se deslizara hasta llegar a sus dedos medio e índice de su mano derecha una vez que lo hubo abierto. Tras percatarse que sus dedos estaban cubiertos por aquella sustancia guio sus ahora húmedos dedos hacia los glúteos del Nefilim, tanteando sobre de ellas hasta que encontró el lugar que buscaba.

El moreno lo observaba sin perder detalle de cada movimiento que su amante hacia ¿Cómo era posible que alguien podía llegar a ser tan sensual y sexy incluso mientras abría un bote de lubricante? Su respiración se detuvo por una milésima de segundos cuando sintió aquel par de dígitos rozar sus glúteos, buscando con interés la culminación de los mismos. Tras un ligero gemido producto de la presión de los mismos y una mirada por parte del mayor, simplemente asintió, levantando un poco su cadera para facilitarle el trabajo.

– Hazlo – Susurro dejando que sus uñas se enterraran un poco sobre la sabanas cuando comenzó a sentir como estos se introducían dentro de su cuerpo.

Magnus iba introduciendo con calma sus dígitos dentro de aquel estrecho pasaje, buscando que el menor se acostumbrara a la sensación, lastimarlo esa era la última cosa que deseaba, sobre todo cuando el Nefilim se estaba entregando sin reparo alguno. Se quedó quieto unos instantes, asimilando cada reacción en el rostro amado, buscando algún indicio de dolor o desagrado, algo que le pidiese que se detuviera. Pero cuando sus ojos se encontraron nuevamente con los azules, sus dudas desaparecieron por completo. Comenzó a mover ambos dígitos dentro del interior del menor, sacándolos casi por completo y haciéndolos entrar otra vez, lento al principio pero aumentando la velocidad conforme los gemidos del azabache aumentaban.

Alec no podía dejar de retorcerse bajo las caricias que le brindaban. Aun cuando no era la primera vez que tenían intimidad, su cuerpo reaccionaba como la primera vez, nervioso por la situación pero a la vez ansioso por que sucediera. La runa de resistencia comenzó a arder sobre su piel, impidiendo que el clímax llegara a su cuerpo dejándolo en la cúspide de aquel torbellino de sensaciones pero sin poder escapar de él. Se llevo la palma de su mano izquierda hacia su boca para callar el sonoro gemido que soltó bajo aquellas sensaciones, apretando con fuerza las sabanas con la que aun tenia libre. Busco el rostro de su amante con la vista algo borrosa mientras varias gotas de sudor resbalaban por su rostro.

– Mags… Por favor – hablo entre jadeos – Por favor…

– Tranquilo Amor – murmuró rozando sus labios al tiempo que dejaba libre aquel estrecho pasaje que se había encargado de lubricar lo mejor posible.

Se acomodo entre las piernas del menor con la firme intención de cumplir su petición. Contuvo la respiración por unos segundos, como si se tratase de la primera vez que la hacían aunque de cierta forma lo era ya que, habían pasado más de cien años desde la última vez que habían tenido un momento tan intimo como el que estaban viviendo. Con seguridad tomo nuevamente el bote de lubricante para que, en esta ocasión, fuera su propio miembro el cual se viera envuelto por la sustancia del mismo.

Cerro el boto una vez se aseguro que su trabajo estaba hecho, dejándolo a lado suyo. Con una de sus manos tomo la cadera de su amante para mantenerlo firme mientras con la otra, colocaba la punta de su erección en la entrada que minutos antes de había encargado de preparar.

– Te amo, Alexander – Inclinándose nuevamente para besarlo, fue entrando lentamente en el cuerpo bajo suyo.

– Yo también – dedicándole una pequeña sonrisa antes de morderse el labio inferior una vez el brujo comenzaba a entrar en su interior – Magnus… – aferrándose a su espalda – Mags – lo llamo nuevamente antes de dejar que su cabeza cayera hacia atrás sobre la almohada cuando sintió el miembro del mayor entrar completamente dentro suyo.

Magnus esperó unos instantes antes de comenzar a moverse, primero dejó que el menor se acostumbrara a la sensación de tenerle dentro suyo, así como él mismo disfrutaba del calor abrasante que aquel interior le prodigaba, el Nefilim era tan estrecho y cálido que conforme pasaban lo segundos le torbellino que amenazaba por volverlo loco se hacía presente.

– ¿estás bien? – Preguntó mirándole con los ojos brillantes y nublados por el deseo, la respiración pesada y el pulso errático – Alexander… – le llamo por su nombre al no obtener respuesta.

– Estoy bien – relamiéndose los labios – Puedes moverte…

Asintió ante la orden dada al tiempo que salía casi por completo del interior del otro, soltando un gemido por la sensación de vacío, para luego volver a entrar con lentitud, arrancando ligeros jadeos por parte del menor.

– Magnus – lo llamo sin dejar de gemir, su interior ardía por las sensaciones que aquel miembro le provocaba al estar dentro de él, movía sus caderas siguiendo el ritmo de las suaves envestidas del mayor mientras enterraba sus uñas en las espalda contraria buscando liberar parte del placer que estaba sintiendo y que le robaba la cordura. Se relamía constantemente los labios jadeando con cada nueva oleada de placer.

– Muévete… Por favor – pidió abriendo un poco mas sus piernas para darle mayor libertad a su pareja para que este aumentara la velocidad de sus embestidas – Mas… – susurrándole al oído mientras se abrazaba con más fuerza al cuerpo del brujo.

Una sonrisa se abrió amplia en el rostro del mayor, no había imagen más excitante en el mundo que la del Nefilim bajo suyo. Pidiéndole entre jadeos y constantes gemidos por mas, toda una serie de deliciosos sonidos que brotaban de su boca.

– Alexander – susurró.

No dudó y comenzó a moverse con más fuerza, cada vez más constante, queriendo llegar hasta ese nudo de nervios dentro del menor que lo haría gemir con mayor fuerza y eventualmente lo llevaría al éxtasis, el mismo lo haría cuando todo ese placer que sentía fuera demasiado, las sensaciones recorriendo su cuerpo como descargas eléctricas haciéndolo soltar sonidos guturales. Observo como su amante arqueaba su espalda una vez llego más profundo dentro de su cuerpo, enviándole corrientes eléctricas por toda su columna vertebral volviéndose un torbellino de sensaciones que se anidaban en su vientre intentando explotar cada segundo pero que, gracias a la runa de resistencia marcada en su piel, no veía culminación alguna. Pronto sus gemidos se volvieron más sonoros, pronto en aquella habitación solo se escuchaban sus jadeos y exclamaciones.

– Magnus – dijo tomando el rostro de su novio entre sus manos para dejar que sus labios se encontraran nuevamente. Se separo solo unos centímetros regalándole pequeños besos mientras los jadeos salían de su garganta. En un rápido movimiento y haciendo su fuerza sobrehumana, logro que su amante saliera de su interior para cambiar las posiciones. Dejando al mayor bajo su cuerpo – Te amo – inclinándose para besar sus labios mientras una de sus manos tomaba el miembro del brujo para guiarlo nuevamente hacia su parte baja y dejar que este volviera a entrar lentamente dentro de él.

Magnus soltó un pequeño Gemido de placer cuando volvió a sentir la presión en su miembro, aquellas estrechas paredes nuevamente lo envolvían con fuerza, engulléndolo por completo, apresándole de tal forma que no tuviera de otra más que derretirse antes las sensaciones de aquel mar que amenazaba con arrastrarle.

– Alexander – llevando sus manos hacia las caderas del nombrado para apretarla con fuerza.

Apoyo ambas manos sobre el pecho del brujo, comenzando el vaivén de sus caderas sobre el miembro del mayor, intensificando las sensaciones no solo en sí mismo sino también en el de su pareja. Escuchar sus gemidos le mandaba oleadas de placer aún mayores de las que pudiese haber sentido en encuentros anteriores.

– Alexander… Por Lilith.

La visión del ojiazul retorciéndose en su cama era excitante, la de verle sobre él no se quedaba nada atrás, le gustaba eso, que el chico se permitiera imponer el ritmo, el verle moviéndose sobre su cuerpo era una imagen que jamás podría borrar de sus pensamientos. Aprovechando la nueva posición se dedicó a jugar con el miembro erecto del cazador, pasando el pulgar por la punta, acariciando la base para finalmente comenzar a masajear toda la longitud con su mano.

Un sonoro y largo gemido escapo de los labios del Nefilim al sentir la caricia sobre su miembro lo cual lo llevo a tomar su rostro del contrario entre sus manos y beber de sus labios. Su piel ardía por el acto, sentía como si la temperatura del cuarto hubiera aumentado aunque solo fuera su propio cuerpo. Dejo de besar los labios del mayor para rodear su cuello con sus manos, apoyando su rostro en la curvatura de su cuello, dejando pequeños besos y mordidas en su piel sin dejar de mover sus caderas.

– ¿Te gusta? – pregunto en un susurro.

– Me encanta... – murmuró en respuesta entre sonoros jadeos y gruñidos bajos.

Alzo el rostro para encontrarse con los ojos de gatos que tanto amaba, perdido entre el placer y el goce de su cadera. Había extrañado momentos como aquellos, tener bajo su cuerpo a su pareja, rogándole por mas, teniendo el control de sus emociones aun cuando las suyas propias se desbocaban cada segundo que pasaba por las constantes embutidas. Sus labios se encontraron de nuevo, ahogando sus fuertes gemidos por el placer vivido.

– Magnus – dijo su nombre dentro del beso.

El nombrado cerró los ojos unos instantes, centrándose por completo en las placenteras sensaciones que lo recorrían y hacían estremecer su cuerpo. Estaba perdiendo la cordura, solía tener bastante paciencia en ese tipo de encuentros, le encantaba alargarlos, gozar y hacer gozar a su acompañante todo lo que fuera posible, pero había algo en el cazador que hacía que su pulso aumentara aun más, que la sangre quemara por sus venas y su temperatura corporal aumentara.

– Alexander… Me vuelves loco – confeso aferrándose a la espalda del menor, haciendo con algo de esfuerzo por el momento que ambos volvieran a rodar sobre la cama, cambiando de nueva cuenta las pociones, quedando sobre el cuerpo del ojiazul, sin salir de aquel cálido interior en ningún momento.

El Nefilim dejo su mirada fija sobre los del otro, perdiéndose en la profundidad de los mismos. Su mente quedo en blanco al sentir nuevamente aquellas las embestidas en su interior, dejando atrás aquel ritmo constante y suave para pasar a uno más rápido y fuerte. Pronto sus exclamaciones volvieron a inundar la habitación, rodeando con sus piernas las caderas del brujo, haciendo que con aquella acción llegara aun más profundo dentro de su ser.

– Magnus…. Más… Rápido – tomándolo del cuello para acercar sus rostros y pegar sus frentes.

Su única respuesta fue un gruñido bajo, así como varios jadeos y gemidos después. Se movía con velocidad, golpes fuertes y certeros que los unían en el punto de lo imposible. En ese momento eran uno, no solo cuerpos unidos, respiraciones erráticas y corazones martilleando, sino almas que se abrazaban y se demostraban con actos todo el amor que sentían.

Con la firme idea de hacerle llegar a un punto sin retorno, Magnus tomo las piernas del menor – las cuales seguían firmemente enredadas sobre su cadera – para llevarlas hacia sus hombros para poder moverse con mayor libertad y profundidad que la anterior posición no le brindaba.

Un gesto de sorpresa apareció en el rostro del azabache ante el súbito cambio de posición dejando caer hacia atrás su cabeza al sentir como el mayor entraba aun más profundo que antes. Llevo su manos a la cadera de Magnus para enterrar sus uñas, buscando una forma de demostrarle el placer que le estaba entregando con cada embestida. Gemía sin control alguno, relamiéndose los labios cada que trataba de recuperar un poco del aliento perdido, su cuerpo así como el contrario estaban perlados de gotas de sudor productos de la pasión vivida en aquellos instantes.

– Magnus… – alejo una de sus manos de la cadera de su brujo para llevarla hacia su propio miembro el cual ante las embestidas necesitaba un poco de atención, moviendo su mano sobre de este, acariciándole a la par de las fuertes embestidas.

El cabello de ambos se les pegaba a la frente, perdidos entre las sensaciones productos del éxtasis y el suave coro de gemidos que inundaban la habitación. Entregándose a la pasión tan propia de los sentimientos que ambos compartían.

Alec apretó con fuerza sus dientes al sentir aquella sensación tan familiar, podía sentir tan cercano el orgasmo aunque la runa en su piel ardía con fuerza tratando de evitarlo. Su espalda se arqueo apretando con más fuerza la cadera del otro mientras que, en conjunto con la de su amante seguía masajeando su miembro con su mano libre. Los Gemidos se escapaban de su garganta de forma sonora y sin señal de aquella timidez que alguna vez le caracterizo, su mente estaba perdida por completo, entregada al placer que estaba viviendo. El nombre del brujo salía de su boca, llamándolo constantemente, buscando con aquello que siguiera con aquel ritmo marcado sobre sus caderas.

– Po favor, no te detengas... – susurro sin poder regresar a ver el rostro del mayor. La runa en su piel comenzó a desvanecerse al ir perdiendo su efecto algo que le decía que el clímax se aproximaba rápidamente.

Obedeciendo su petición, Magnus se movió con más fuerza dentro del cuerpo del hombre que amaba. Su corazón martilleaba con rapidez dentro de su pecho, el clímax estaba por alcanzarlo y, por lo poco que su visión lograba enfocar, su amante tampoco tenía mucho tiempo.

– Te amo... – murmuró el brujo, soltando su agarre en las blancas piernas para delinear la marca que poco a poco perdía su efecto, volviéndose pálida lentamente.

La runa de resistencia en la piel del ojiazul se difumino por completo dejando en su lugar una marca plateada, la resistencia que su cuerpo tenia gracias a ella desapareció, podía sentir el inminente clímax llegar, aumento la velocidad de su mano sobre su miembro al compás de las fuertes envestidas de su amante. Su cuerpo tembló cuando el orgasmo lo golpeo por completo derramando su semilla manchando su mano y parte del vientre del otro, acompañándolo con un largo y sonoro gemido de placer. Su mente se puso en blanco mientras su cadera seguía sintiendo las embestidas del mayor.

– Mags… Te amo – susurro retirando su mano de su miembro para rodear el cuello del brujo y ocultar su rostro en la curvatura de su cuello.

El brujo gimió con fuerza, las paredes del menor se contrajeron de forma deliciosa sobre su miembro tras el paso del órganos del mismo, lo cual provoco que, tras un par de fuertes embestidas, su cuerpo se tensara por completo, una vez que el clímax le alcanzo, su cuerpo entero se inclino sobre el contrario, susurrando el nombre de su amante para después, ocultar su rostro en la curvatura de su cuello. Sus respiraciones eran erráticas por la experiencia vivida, Magnus se tomo el lujo de continuar un poco más dentro de aquel cálido anterior, antes de retirarse con suma facilidad del mismo. Soltó las blancas piernas de su joven amante para, segundos después dejarse caer a lado del cuerpo bajo suyo, sintiendo como el frio de la habitación hacia pequeñas cosquillas en su piel.

No hubo palabras en aquellos momentos, el silencio de la habitación se hizo presente, un momento para reflexionar sobre lo que había sucedido en aquel mismo lugar, dejando que sus mentes volvieran del lugar donde se habían marchado tras todo lo corrido. Poco a poco sus corazones comenzaron a recuperar su ritmo cardiaco normal, su respiración se volvió más pausada después de haber entregado aquel acto que solo las personas que se aman de la forma en la que ellos lo hacían podían comprender. Ambos observan el rostro del contrario, sus cuerpos estaban uno al lado del otro, el silencio que inundaba el lugar resultaba agradable, no había más palabras que decir, sus cuerpos habían dicho todo lo que ambos guardaban, todo lo que sus sentimientos sentían por el otro ¿Qué mas podrían necesitar si estaban de esa forma?

– Alexander – le llamo una vez su respiración se regularizo.

– ¿Qué sucede? – contesto sintiendo su garganta algo rasposa.

– Se que… No terminaron bien las cosas entre tú y yo en aquella estación.

– Magnus no tienes que… – volteándose sobre el colchón para admirar la figura del hombre a su lado.

– Sí, tengo que Alexander – girando su cabeza hacia la dirección del Nefilim.

–… – simplemente asintió.

– Alexander querrías… – mordiéndose el labio inferior con nerviosismo por lo que quería preguntar – ¿Querrías Volver a intentarlo? – Deslizando su mano por el colchón hasta tomar la mano del ojiazul – ¿Darnos una nueva oportunidad de poder estar juntos?

El Nefilim soltó una ligera risa ante la pregunta, después de lo que habían hecho ¿le preguntaba si quería volver con él?

– Magnus yo…

– Se que hay muchos secretos en mi vida, pasajes que no le he contado a nadie más, cosas que me he guardado tratando de protegerme, para que nadie me lastime – soltando un leve suspiro – Por eso…

– ¿Por eso? – mirándole con suavidad.

Chasqueo la lengua antes de levantarse de la cama ante la confusión de su amante, quien le observo mientras tomaba sus pantalones para colocárselos. Se acerco con calma al buro frente a la cama, donde hurgo cada cajón que este poseía como si buscara algo que había dejado tiempo atrás. Lanzando una que otra maldición al no poder encontrar lo que buscaba.

– Magnus ¿Qué buscas? – pregunto incorporándose sobre el colchón.

– Juro que lo deje aquí – declaro.

– ¿De qué hablas? – levantándose de la cama envolviendo su cuerpo con la sabana.

– De algo que escribí tiempo atrás, antes de que sucediera lo de Sebastián.

– ¿Escribiste? – Se mordió el labio inferior mientras trataba de pensar en lo que su amante buscaba – era algo como ¿un libro? – mirándole con curiosidad.

– Podría decirse que es algo como eso.

– Ah…

El azabache observaba como su amante seguía buscando en los cajones, tratando de comprender a que libro se refería hasta que, tras mucho pensarlo recordó lo que hacía mucho Catarina le había entregado, un objeto que, según palabras de la misma, Magnus había escrito para el antes de que tuvieran que separarse en el Edom. Con aquel descubrimiento sus pies comenzaron a caminar hacia la salida de la habitación.

– ¿A dónde vas? – pregunto el brujo al ver al Nefilim abrir la puerta.

– Regreso en un minuto – saliendo de la habitación.

Magnus alzo una ceja ante el arrebato de su Nefilim. Haciendo caso de su pedido volvió a meter cada cajón del buro, dirigiéndose hacia la cama una vez hubo terminado de hacerlo, dejándose caer nuevamente sobre el colchón, esperando con paciencia el regreso de su amante.

– Volví – hablo Alec entrando a la habitación con su gabardina sobre su brazo izquierdo.

– ¿Fuiste por tu ropa?

– No precisamente – cerrando la puerta tras él.

– ¿Entonces? – observando los movimientos del menor.

– Fui… – sentándose en la cama – Por esto – sacando de la gabardina una sencilla libreta con espiral, una que, por la mirada de sorpresa del mayor, la conocía perfectamente.

– ¿De dónde lo sacaste?

– Catarina lo encontró cuando… Vino a organizar todo al lugar, dijo que era para mí – abriendo la libreta en la primera página donde una línea "Querido Alec" se encontraba escrita con la fina letra del brujo.

–… – no respondió simplemente tomo la libreta entre sus manos.

– Siento si leí lo que escribiste, quizás Catarina erro al suponer que era algo para mí.

– No, no es así – dirigiendo su vista hacia la del ojiazul – esto lo escribí especialmente para ti.

– ¿Por qué?

– Como te mencione, hay cosas en mi vida que guarde bajo llave para no tener que entregarme a nadie, ni darle el poder ni la oportunidad de lastimarme.

– Sabes que nunca te lastimaría con algo que me contaras Magnus, sé que mi inexperiencia en el amor así como mis propias inseguridades hicieran que me equivocara pero…

– También tuve la culpa Alec, debí ser más abierto contigo, ser sincero con lo que sucedía entre los dos, quizás de ese modo muchas cosas se pudieron haber evitado.

–… – elevando su mano para llevarla hacia la mejilla del brujo y acariciarla.

– Escribí esto como una prueba de que quería entregarte todo lo que era, que estaba dispuesto a romper mis propias reglas por el simple hecho de volver a estar contigo… Cada secreto, cada hecho oscuro en mi vida, cada error y acierto te lo iba a compartir.

– Y yo lo hubiese escuchado con atención – aseguro sonriéndole ligeramente – eres una persona fascinante Magnus, quería conocer todo de ti porque cada cosa que tu hacías me sorprendía, hacia que me enamorara como un idiota de la persona que estaba a mi lado… Quería que compartieras conmigo tu vida no como una prueba de que me amabas, quería hacerlo para que la carga de tu pasado no te hiciera sufrir, quería que supieras que yo podía cargarla contigo, hacer más ligero ese pasado sin que este te resultara doloroso.

– Alexander… Tú también eres fascinante para mí, por el simple hecho de que te enamoraste de alguien con miles de defectos.

– Eso que llamas defectos es lo que te hicieron lo que eres y te amo por eso – besando sus labios de forma fugaz.

– Entonces… ¿Quieres volver a intentarlo?

– Si – dijo sin dudas en su voz.

– Alexander… – sonrió inclinándose para poder besarlo.

– Pero no en este momento – dijo en un susurro.

– ¿Qué? ¿Por qué no? – Pregunto con temor – Hay alguien…

– ¿He? No, no se trata de alguien más Magnus – aseguro rápidamente – no me malentiendas, deseo estar contigo pero, en estos momentos tener una relación me sería imposible.

– ¿Hay algo malo?

– ¿Te comento Catarina sobre lo del ser Cónsul?

– Si, me comento algo pero me dijo que muchas veces rechazaste la oferta.

– Si, hasta hace diez años – contesto lanzando una risa nerviosa.

– ¿Eres el actual cónsul? – pregunto con sorpresa.

– Me temo que sí, mi trabajo es demandante Magnus – confeso con cansancio – tengo que vivir en Idris todo el tiempo, no tendríamos ni un minuto para poder vernos y jamás te pediría vivir en aquel lugar, sabes lo aburrido que te resultaría.

– Eso no es verdad.

Alexander inclino su cabeza mientras alzaba una ceja.

– Bueno quizás tienes razón en ello.

– Solo… te pido un poco de tiempo para poder dejar todo en orden y dejar mi cargo en manos de otra persona – pasando sus brazos por el cuello de su amante – Se que es egoísta pedirte esto pero – bajando la mirada – ¿Me esperaras hasta que pueda volver a tu lado?

Una suave sonrisa apareció en su rostro, llevo su mano hacia el mentón del contrario para levantar su rostro y sus miradas pudieran encontrarse.

– Si – mirándole con dulzura – para ti siempre será un sí, mi querido Alexander.

Los labios del azabache atrajeron los del mayor, ambos entregándose a la sensación de aquella suave caricia, dejando que sus labios y lenguas jugaran entre sí, buscando demostrarle al otro quien dominaba al otro. Magnus se inclino sobre el cuerpo de su Nefilim, dejando que la espalda de este volviera a tocar el colchón, con la firme intención de repetir el acto de entrega entre ambos.

– Y mientras te espero – separando sus labios del menor – ¿Qué podría hacer para divertirme?

– No lo sé – acariciando el pecho de su amante – podrías viajar por el mundo, conocer todo lo que este globo a cambiado en estos cien años que te perdiste, organizar algunas fiestas para volver a tener contacto con alguna de tus amistades.

– ¿Estás seguro de eso? – rio con diversión.

– ¿Por qué no lo estaría?

– Podría conocer a otras personas ya sabes, he sido bastante atractivo durante mucho tiempo, sería casi imposible no atraer a otras personas que estén interesadas en... Todo esto – restregándose sobre la entrepierna del Nefilim, quien soltó un jadeo por el contacto.

– Más te vale no hacerlo – apoyando sus manos sobre los hombros del brujo.

– ¿Por qué no? ¿Qué harás al respecto?

– Esto – atrayendo su cabeza para que ambos labios se unieran nuevamente – Ya tienes dueño Bane, mas te vale recordarlo o yo lo hare por ti.

– Bueno, si lo pones de ese modo no puedo negarme – sonriéndole.

– Además, puedes aprovechar ese tiempo para conocer a Max.

– ¿Quién es Max? – pregunto con algo de confusión por el nombrado.

– Mi Hijo – dijo con un tono de orgullo en su voz.

– Espera ¿Qué? – Mirando con sorpresa el rostro de su amante – ¿Hay algo que no me has dicho?

– No es lo que piensas – comenzando a reír por los gestos en el rostro del brujo – No es mi hijo biológico – aclaro sin dejar de reír – no he compartido la cama con nadie más que no seas tú – regalándole un suave beso – Es mi hijo adoptivo.

– No me asustes así – soltando el aire que había contenido por la impresión – ¿Cuándo fue que lo adoptaste?

– Hace noventa y ocho años.

– ¿El es…?

– Es un brujo – su semblante se torno triste al hablar de su naturaleza – lo abandonaron en Idris, a los pies de las escaleras de la academia de cazadores.

– Entiendo – haciendo una mueca de melancolía al recordar su propio pasado.

– Me invitaron para impartir una clase de combate, después de todo Jace ya no… En fin, cuando lo encontró Simón subió hacia la habitación que ocupaba buscando a Catarina, pero este no aviso de que iba a entrar y… Me vio desnudo – desviando la mirada.

– ¿Te vio desnudo? – comenzando a reír.

– No del todo – aclaro sonrojándose fuertemente – tenía una toalla alrededor de mi cintura, acababa de salir de la ducha.

– Seguro se llevo una gran impresión, después de todo la tienes…

– ¡Magnus!

– Solo bromeaba – tratando de no reírse – por lo que veo Sheldon nunca cambio.

– No – negó con su cabeza mientras sus mejillas perdían el color – cuando lo vi… No sé qué sucedió Magnus, es como si algo dentro de mí me pidiera que lo cuidara, lo sostuve entre mis brazos, observe su pequeño rostro y me pregunte ¿Por qué alguien abandonaría a un pequeño que no tenía la culpa de nada?

– Lamentablemente no todos piensan así Alexander, muchas mujeres cuando se dan cuenta de la realidad prefieren deshacerse del producto que tuvieron de su relación de un demonio… Aunque muchas veces no saben que lo eran.

– Aun así, durante ese hecho mi familia asumió que el bebe se quedaría con nosotros, incluso buscaban nombres para él, siendo mi madre quien propuso el nombre de Max.

– Tu hermano menor – acariciando su mejilla.

– Si, aquella noche no pude dormir, pensé en todo, en ti, en mí, en ese pequeño que necesitaba una familia y me pregunte ¿Qué haría Magnus si estuviera aquí conmigo? Fue cuando descubrí que, sin duda alguna… No le abandonarías.

– No lo haría – aseguro.

– Por eso decidí ser su padre, quizás no teníamos la misma sangre pero, padre no es aquel que engendra sino el que cría, el que te enseña con amor, creí que cuando él fuera mayor, cuando supiera todo lo que ser lo que era conllevaba, sería una gran persona pero sobre todo, podría ser la persona que estaría ahí cuando tu volvieses… Después de todo seria nuestro hijo.

– Así que me volví padre sin saberlo ¿he?

– Si.

– ¿El sabe de mi?

– Lo sabe, siempre le conté de ti, quien eras, la maravillosa personas que fuiste, lo mucho que te amaba y que, si le conocieras también le amarías – atrayendo el rostro de su amante con ambas manos para pegar su frente con la contraria – le conté de las grandes cosas que habías hecho, del gran amigo que fuiste para muchos por eso… Cuando comenzó a practicar su magia con Catarina se impuso la meta de llegar a ser un gran brujo, un gran amigo, un gran aliado… Como tú lo fuiste.

– Así que mi hijo me ama de la misma forma que su padre lo hace – dándole un suave beso.

– De la misma forma que yo te amo – abrazándole con fuerza.

– Desearía poder conocerle.

– Lo harás – aseguro sin duda alguna.

El suave calor de aquel abrazo los envolvió en un agradable confort, estrechándose entre sí, dejando que las nuevas noticias se asimilaran entre ambos. No había guerra alguna que los pudiese separar, sus diferencia al fin se habían resuelto, tenían un futuro por delante ¿Qué otra cosa podía mejorar aquella sensación de plenitud entre ambos? Ninguno tenía la intención de separarse pero, el sonido de un Celular les hizo separarse por completo, volteando a ver hacia la gabardina del menor, de donde el sonido se lograba escuchar.

– ¿Quién podrá ser? No espero ninguna llamada… Al menos hasta que descubran que desaparecí de Idris – haciendo que su pareja soltara una breve risa por el comentario.

– ¿Quién es? – pregunto al ver el rostro de su amado quien reflejo sorpresa.

– Es Max – dijo con una sonrisa – Mañana estará en la ciudad.

– ¿No estaba contigo en Idris?

– No, fue a visitar a Tessa al laberinto Espiral.

– Catarina no menciono que conoces a Tessa – acercándose al Nefilim.

– La conocí durante la boda de Joselyn, apareció a lado del hermano Zacariah perdón, Jem Cartairs – corrigió.

– Espera… ¿Jem Cartairs? – El azabache asintió.

– Al parecer el fuego celestial lo volvió mortal nuevamente, elimino todo rastro de impureza demoniaca en su cuerpo.

– Vaya, eso sí que es una noticia – Apoyándose sobre la base de la cama – Nunca pensé que Jem lograra curarse.

– Lo hizo aunque... Es un tema que a Tessa aun le cuesta un poco afrontar.

– Nuevamente sufrió la pérdida de un ser amado – hablo en un débil murmullo.

– Me temo que si – contesto – Hace treinta años que Jem dejo este mundo, aunque fueron felices, tuvieron tres hijos cuyos descendientes están en Londres.

– No me sorprende que Tessa se haya aislado nuevamente en el Laberinto Espiral.

– Max estima a Tessa además estuvo recorriendo el mundo buscando nuevos hechizos, símbolos, ingredientes para nuevas pociones… Es el mejor lugar para averiguar algo de lo cual desconoce.

– Es un chico bastante inteligente.

– Le envié un mensaje de fuego en cuanto supe que volviste, hasta ahora me devolvió el mensaje… Debo suponer que ha de estar en alguna ciudad con señal.

– …

– Quiere conocerte – volteando a verle.

Magnus no contesto de inmediato, observo con detenimiento el rostro de su Nefilim, pensando en lo que aquello significaba para ambos, conocer al hijo que no pudo ver crecer y que aun así le adoraba como si hubiese estado durante todos los años que tenia… Sonrió ligeramente al darse cuenta que no debía tener temor alguno respecto a aquel tema.

– Entonces no hay que defraudarlo.

Tomo el celular de entre las manos del Nefilim, con un chasquido de sus dedos el aparato desapareció quedando olvidado en algún lugar de la habitación. Alexander rodo los ojos ante lo ocurrido dejando que los labios de su amante volviesen a reclamar los suyos, cayendo de espaldas nuevamente sobre el suave colchón, recorriendo la piel del contrario con sus manos, sintiendo ese leve cosquilleo brotar nuevamente desde su vientre.

– Pero eso será después, por ahora tú y yo debemos recuperar todos estos años perdidos.

– ¿Así?

– Si, además me vas a dejar abandonado durante un tiempo así que debes recompensarme eso por adelantado.

La sonrisa en el rostro del brujo hizo que el corazón del Nefilim comenzara a latir de forma acelerada. Sus labios volvieron a fundirse, sus manos cobraron nuevamente vida tocando cada extensión de piel del cuerpo del otro, sus gemidos volvieron a escucharse en la habitación, el calor comenzó a aumentar conforme sus almas se volvían uno y el amor que se tenían de hacia presente en aquel acto.


La vieja granja que alguna vez le perteneció a Luke lucia como antaño, las paredes de madera habían sido remodeladas y pintadas recientemente. Las puertas así como las ventanas habían sido reemplazadas. Aun cuando parecía un lugar completamente nuevo seguía teniendo aquel aire que a Alec le recordaba la época de cuando su familia y amigos continuaban con vida, llenándole de miles de sentimientos, entre la alegría y el dolor.

El frio del lugar se colaba en sus huesos gracias al enorme lago que se encontraba frente a ambos, el cielo aun se encontraba oscuro por lo cual la silueta de la luna aun se podía distinguir en lo alto, siendo solo brevemente ocultada por las enormes nubes. Ambos se encontraban abrazados, El Nefilim apoyado sobre el pecho de su pareja mientras este mantenía su espalda apoyada en el tronco de un enorme árbol que no estaba muy lejos de la granja, esperando a que el hijo de ambos apareciera.

– ¿Estás seguro que este es el lugar donde llegara?

– Lo estoy, Max me mando un mensaje, dijo que aparecería en este lugar a través de un portal, no te preocupes.

Magnus estrecho con más fuerza el cuerpo del Nefilim tratando que el calor de ambos amortiguara un poco el frio de la intemperie. Los tenues rayos del sol poco a poco comenzaban a distinguirse en la distancia, anunciando que el día estaba comenzando.

– Magnus – le llamo.

– ¿Mmm?

– Tu padre no hará nada ¿verdad?

– ¿A qué te refieres?

– Ya sabes, se supone que no te devolvería hasta que todos fuéramos cenizas.

– ...

– Y yo sigo aquí – llevando sus manos hacia los brazos que lo sostenían – ¿No te llevara con el si lo descubre?

– Los tratos con los demonios son difíciles de comprender – hablo con pesar – el dijo que todo cuanto yo amaba... Pero tú hace tiempo dejaste de ser el Alexander que conocí, cambiaste gracias al fuego celestial.

– Técnicamente ya no sé ni lo que soy realmente – aseguro – Ya no soy mortal pero tampoco soy un brujo o demonio para poseer la inmortalidad, Poseo las runas de los Nefilim pero deje de ser como ellos hace mucho.

– En teoría todo lo que ame ya es cenizas Alec.

– En teoría – secundo.

– No te preocupes por mi padre a menos que lo convoque no volverá y créeme, no tengo intenciones hacerlo.

– ¿Seguro? – girándose levemente para ver el rostro del mayor.

– Si, él esta mas ocupado en sus asuntos que en poner atención a lo que hago o dejo de hacer – besando su frente.

– Estamos traicionando un acuerdo hecho a un príncipe infernal, lo sabes ¿no? – emitiendo una ligera risa.

– Si, una terrible y bella traición – estrechando más el cuerpo ajeno – tranquilo, pase lo que pase no me separare de ti, nunca más.

– No sabemos qué sucederá en el futuro Magnus, es cierto que ahora podemos disfrutar de la misma eternidad pero – girándose por completo dentro del abrazo – Incluso si sólo fueran días, querría pasarlos todos contigo. ¿Significa eso algo?

– Si, significa que no desperdiciaremos ni un minuto de esta eternidad.

Sus labios se unieron en una dulce caricia, separándose solo cuando el sonido de un portal abriéndose capto su atención. Un joven de piel azul atravesó el mismo, su cabello azabache se podía apreciar desde la distancia pero lo que más llamaba la atención de él, eran un par de cuernos que sobresalían de su cabeza. Iba vestido con unos sencillos pantalones de mezclilla color azul oscuro, una camisa negra y una chamarra del mismo color. Volteo a ver a ambas direcciones hasta que diviso a ambos varones, dibujando una suave sonrisa cuando se encontró con la silueta de su padre.

– Llego – dijo rompiendo el abrazo – Vamos, el está esperando conocerte – alzando su mano para que Magnus la tomara.

– De acuerdo – murmuro tomando la mano que le era ofrecida.

Ambos caminaron tomados de la mano, bajaron con cuidado la pequeña cuesta. Con cada paso que daba el corazón del brujo comenzaba a latir mas rápido, siempre había considerado como sus hijos a aquellos subterráneos que acogía bajo su mano pero, aquello era completamente diferente, nunca había estado en la vida de aquel joven de piel azul, no estuvo cuando dio sus primeros pasos, dijo su primera palabra, tampoco cuando Alexander decidió adoptarlo como su hijo, por primera vez en siglos un miedo a no saber qué hacer comenzaba a calar en su alma.

– Tranquilo – la suave voz de su amante le llamo – Todo estará bien.

Asintió solo unos segundos antes de detenerse frente al joven que ahora era su hijo. Max lo observaba detenidamente, como si buscara algo, como si pudiera ver en su interior y darse cuenta del nerviosismo que estaba viviendo en aquel momento. No fue hasta que el brujo de piel azul sonrió que todo aquel pánico comenzó a desaparecer de su cuerpo.

– Padre – llamo a Alec quien soltó la mano de su pareja para abrazar con fuerza al joven brujo de piel azul.

– Te he echado mucho de menos Max – declaro separándose solo un poco para admirar el rostro de su hijo.

– Y yo a ti – afirmo el brujo – pero sabes que mi curiosidad siempre me ha hecho ir y venir.

– Lo sé.

– No volveré a irme tanto tiempo, lo prometo – sonriéndole por unos segundos antes de que su mirada reparara en la figura del brujo de ojos de gato a lado de su padre – Padre… El es…

– Si, así es Max – mirando a su pareja – El es Magnus Bane… Tu otro padre.

La sonrisa de Max se agrando al escuchar la afirmación de los labios de su padre. La emoción del joven era palpable, sus ojos se iluminaron con solo confirmar que aquel hombre, el cual había sido su modelo a seguir desde temprana edad estaba ahí, frente suyo, como siempre había soñado. No contuvo la emoción y dio un paso al frente, abriendo los brazos para abrazas con fuerza al brujo mayor. Magnus simplemente se sorprendió por el repentino arrebato.

– No sabes cuánto había deseado conocerte – susurro.

–... – Magnus simplemente se limito a corresponder el abrazo.

– Padre me contaba de ti cada noche, era como mi cuento personal para ir a dormir – separándose del mayor – eras mi motivación para seguir aprendiendo todo lo que la magia conlleva, quería llegar a ser un poderoso brujo como tú lo eres.

Magnus contemplaba el rostro del brujo menor, podía notar la emoción así como el orgullo en cada palabra que este le dedicaba, no podía comprender como alguien que nunca le conoció podía quererlo de aquel modo, de una forma tan sincera y desinteresada, iluminando su cara con una amplia sonrisa mientras lo observaba, como si hubiese encontrado un tesoro que por mucho tiempo hubiese estado buscando. Llevo una de sus manos hacia el cabello de Max, donde dejo una suave caricia.

– Lo serás Max – dijo con seguridad – Controlar tu magia no es algo sencillo, siempre hay algo que aprender, algo que descifrar, los caminos que los brujos transitan son interminables e inciertos pero, con la guía adecuada pueden ser menos complicados – guiñándole un ojo.

– Aun tengo mucho que aprender pero, ahora que estas aquí estoy seguro que podre hacerlo.

– Lo haremos.

– Lo harán – secundo el Nefilim – tienen todo el tiempo del mundo para ello, sobre todo ahora que no estaré con ustedes por un tiempo.

– ¿Volverás a Idris? – Pregunto su hijo con tristeza – Tenía muchas ganas de hablar contigo, hace tiempo que no te veo – bajando la mirada.

– ¡Hey! – tomándolo por los hombros – Sera por poco tiempo, tengo que resolver algunas cosas en la clave, dejar todo en orden antes de presentar formalmente mi renuncia ante el consejo además, debo ayudarles a encontrar un candidato idóneo para que tome mi puesto.

– ¿Te retiraras? – observándolo con sorpresa.

– Si, ya es tiempo – declaro – sabes tan bien como yo que todo lo que he hecho hasta hora es para que tanto subterráneos como Nefilims convivieran en paz, mi trabajo termino es hora de que nuevas generaciones continúen el camino… Además, tengo una familia con la cual quiero compartir mi vida – envolviéndolo con sus brazos para estrecharlo fuertemente.

– Eso significa que podremos iniciar ese viaje que me prometiste.

– ¿Viaje? – Pregunto Magnus quien se había mantenido al margen de la conversación.

– Hace tiempo le conté del viaje que habíamos hecho cuando oficializamos nuestra relación – volteando a ver a su amante.

– Oh, ese viaje – dibujando una sonrisa de medio lado.

– ¡Magnus! – sintiendo como sus mejillas comenzaban a arder.

– Tranquilo Alexander, era solo una broma.

– Padre me dijo que visitaron muchas ciudades en pocos días pero se vio truncado por la llegada de Camille.

– ¿Te conto de ella? – Max asintió – Si, ella nos causo muchos problemas.

– Pero sin ella no estaríamos aquí – tomando su mano.

– Tienes razón – correspondiendo el gesto – Así que, ¿quieres viajar por el mundo?

– He visitado muchos lugares pero, no es la misma sensación cuando lo haces con tu familia – confeso Max.

– Pueden aprovechar el tiempo que no estaré con ustedes para hacer ese viaje, estoy seguro que es un buen momento para que se conozcan.

– No suena mal – apoyo Magnus – Hay muchos lugares que estoy seguro no has visto aun – haciendo que le rostro del joven brujo se iluminara.

– ¡Sera increíble! – dijo emocionado.

Alexander observaba con alegría a las personas que eran todo su mundo, conversando con emoción. Por un lado estaba el pequeño que había llegado de pronto, sin previo aviso, que cautivo su corazón con una simple mirada y suaves sollozos y, aunque ahora era un joven de más de noventa años seguía siendo el niño que vio crecer. Por el otro, el hombre que más ha amado en toda su existencia, quien hacia latir su corazón de forma desbocada con cada caricia que le prodigaba, quien con cada beso hacia que sus huesos se derritieran como si de mantequilla se tratara. ¿Quién no sería inmensamente feliz a su lado?

Nunca podría olvidar a aquellos que ya no estaban, familia y amigos que ahora no eran más que cenizas así como viejos recuerdos. Extrañaba sus voces así como sus suaves risas, sus enfados y sus enojos, pero sobre todo, el simple hecho de sentirles a su lado. Hoy en día agradecía infinitamente a su hermano, quien si querer había hecho algo por él, le había conferido la posibilidad de vivir el mismo lapso de tiempo que ambos brujos.

Su hermano y parabatai le había dado el regalo más peligroso que cualquier arma habida en el mundo, la inmortalidad era algo que pocos podían soportar, sobre todo si se cargaba de forma solitaria pero, el sacrificio de su otra mitad, le había dado el primer sorbo amargo de aquella maravillosa maldición, esperanza.

FIN –


Y… Eso es todo, se que algunas cosas me las invente y por mucho pero, hacía tiempo que quería darle al fuego celestial algo mas por hacer, no solo servir como limpiador profundo de impurezas demoniacas. Siempre tuve la creencia que tenía más poder del que vimos en los libros, es un fuego provenido del cielo no creo que fuera utilizado solo para matar demonios con el poder que tiene.

Hice una clara referencia a Wolwerine por que técnicamente es el único X – men inmortal, al menos en ciertas líneas de tiempo de… la inmensidad de comics en los que aparece, en algunos muere pero esa es otra historia.

Agradezco a los que leyeron esto, trate de incluir muchas cosas que han pasado en los libros pero sin que Magnus estuviera presente otras tuve que inventarlas por cuestiones de trama digo, pasaron cien años muchas cosas cambiaron.

En un inicio este fanfic no iba a tener final tan feliz, seria agridulce más por Malec pero, decidí dejar este final y no ponerles a llorar, aunque estoy pensando seriamente en escribir ese final y dejarlo como une extra en este fanfic.

No creo ganar, hay muchas personas con más talento pero… Me gusto escribir esto, darle ese final que muchas de nosotras esperamos por parte de Cassie, decidí no utilizar vampirismo, magia negra, ni referencias a otras sagas o historias viejas donde encuentran a Merlín y les da la poción de la inmortalidad… Que no estaría mal escribir que Merlín conoce a Magnus… Debo apuntar eso para futuros fanfic.

En fin divague mucho, muchas gracias a ti por leer este remedo de historia, espero te haya gustado, me dejes tu comentario si te gusto, se crees que debería mejorar algo, cualquier cosa para ir cambiando mi forma de escribir.

Gracias y suerte mis queridos Malec Shippers 3