Titulo: The Swing

Autor: Anders Svartalfurinn

Traductor: Alisevv

Pareja: SS/HP

La historia original la pueden encontrar en la bio de mi perfil

The Swing

El Columpio

Parte IV

En los días que siguieron a la selección, a Harry le fue difícil demostrar que su amistad por Severus no había cambiado. Se las ingenió para sentarse a su lado en cada clase que los Gryffindor y los Slytherin de primer año tomaban juntos. Cuando las clases terminaban, se cuidaba de no perder de vista a Severus; lo seguía al lago, al campo de quidditch e incluso a la biblioteca. La mayoría del tiempo, el otro no reconocía su presencia. Sólo le había hablado una vez, mientras el Slytherin intentaba entrar furtivamente en la Sección Prohibida. Madam Prince los había echado del lugar, amenazándolos con quejarse con el Profesor Slughorn. Severus culpó a Harry de alertar a la bibliotecaria al tratar los libros en esa típica manera Gryffindor, torpe e irrespetuosa.

Harry no cedió, pues aunque su amigo se comportaba como si él fuera invisible, tampoco parecía hacer amistad con ningún otro Slytherin. Danzaban uno alrededor del otro como dos boxeadores, cada uno aguardando a que el de enfrente hiciera el primer movimiento, y justo cuando ya empezaba a hartarse del comportamiento infantil de Severus, la buena suerte apareció en su camino.

Estaban asistiendo a su primera lección de vuelo en un día frió y ventoso. Nubes oscuras envolvían las torres del castillo, y Madam Hooch había estado actuando incluso más animada de lo habitual. Cada alumno parado al lado de una escoba, estaban gritando '¡arriba!' con diferentes niveles de excitación. La maltrecha y vieja escoba al lado de Harry saltó a su mano al primer intento, pero la de Severus se comportaba extrañamente. Mientras el mango saltaba y casi lo golpeaba en la cara, las cerdas describían círculos en el césped. Mary McDonald, una Gryffinfor alta con coletas y dientes largos, reía efusivamente y daba codazos a Sirius, cuya escoba no se movía en absoluto.

—¿Quieres barrer el césped, Quejicus?— se burló Sirius—. Si trabajas realmente duro, algún día podrías convertirte en aprendiz de Filch.

Harry suspiró con alivio cuando Madam Hooch los interrumpió, dando palmadas

—Apresúrense, apresúrense— ordenó—. Quiero verlos en el aire antes que empiece a llover.

Les demostró como montar las escobas, corrigiendo el modo en que las aferraban, y finalmente les explicó cómo patear el suelo. Igual que Neville antes, o más bien, después de él, Peter se lanzó al aire, más y más alto. Más afortunado que Neville, consiguió asirse al mango de su escoba hasta regresar a tierra, tambaleante.

Mientras todos contemplaban el espectáculo de Peter, dando vueltas en el aire desesperado, Harry planeó a dos pies del piso. Fijo los ojos en Severus, quien estaba luchando por controlar su escoba, el rostro rojo y el ceño fruncido, el palo de la escoba corcoveando bajo él. Se deslizó más cerca, cubriendo con una de sus manos las dos de Severus.

—Debes tratar a tu escoba como si estuviera viva, como si fuera un tímido Thestral o un orgulloso Hipogrifo.

—No creo necesitar tu consejo— replicó, pero luego sonrió y su escoba planeó al lado de la de Harry, firme y estable.

En ese mismo momento, Mary se giró hacia ellos.

—Miren a los enamorados— dijo, y su risa era burlona.

—Cállate— gritó Harry.

Todo pasó muy rápido. El Gryffindor sacó la varita de su túnica con su mano libre y, al momento, enormes furúnculos estallaron en el rostro de la chica, mientras ellos se elevaban hacia las nubes, sus manos unidas todavía sobre el mango de la escoba de Severus.

Harry se inclinó hacia delante y empujó su mano hacia abajo con suavidad. Detuvieron su ascenso y asomaron por el lado de la lechucería, rodeados de nubes.

—Genial— comentó el Slytherin—. Esto es mejor que saltar de un columpio.

—Mucho mejor— convino el chico de ojos verdes—. Sólo me temo que nos ganamos una detención. ¿Sigues enojado conmigo?

Su amigo sacudió la cabeza, negando.

—¿Qué le hiciste a esa chica?

—Se llama Furnunculus. Puedo enseñártelo, si quieres.

ººººººººº

Hacía frío afuera, y un pálido sol brillaba a través de la neblina matutina. En Gimmauld Place, las hojas caían, girando en el aire como un ejército de brujas y magos en miniatura, aterrizando con suavidad en el terreno, cubriendo gradualmente la plaza con un grueso manto en todos los tonos de rojo, marrón y amarillo. Ocultos bajo capas de ropa, los pocos muggles que se habían aventurado a salir al viento y al frío, se dirigían presurosos hacia la cercana estación de metro, sin prestar ojos a la belleza del último día de otoño.

Harry se estremeció ante la ventana abierta. Levantando una hoja roja del alféizar, pensó en cuan extraña era su vida. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que hablara con Ron y Hermione? Junio, Julio, Agosto, Septiembre, Octubre, los contó con los dedos. ¿Realmente sólo habían pasado cinco meses desde la última vez que viera a sus amigos? Parecía que los años habían volado… y en cierta forma, así era.

En el mundo de Severus, ya estaban comenzando su quinto año en Hogwarts. Allí el tiempo no era un problema, y a Harry, todo lo que experimentaba le parecía real. En esos días, lograba distinguir una realidad de otra sólo con gran dificultad.

Deseaba regresar a Hogwarts. La última noche en el parque infantil, Severus había encontrado un paquete lleno de cigarrillos en uno de los bancos y enseguida había decidido que era tiempo de que empezaran a fumar. Su estómago todavía se revolvía cuando pensaba en su primer pitillo. En Hogwarts, el Slytherin no tendría muchas oportunidades de continuar con esa tontería.

Sacudiendo la cabeza, aspiró unas bocanadas de aire fresco. No era real; él nunca había probado ni un cigarrillo.

Se preguntó como les estaría yendo a Ron y Hermione en Hogwarts, si Gryffindor habría ganado el primer partido de quidditch de la estación, y si Hermione ya habría leído todos los libros de la biblioteca. Realmente, debería enviarles una lechuza, pero había algo que tenía que hacer primero.

Cerró la ventana y se giró hacia la cama donde Snape estaba acostado, los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos todavía cubiertos por las pequeñas almohadillas. Retirando éstas, lanzó el encantamiento para humedecer los ojos.

—Buenos días, Severus— musitó—. ¿Cómo te sientes hoy?

ººººººººº

La luna apenas comenzaba a elevarse en el Bosque Prohibido cuando Madam Pomfrey emergió de algún lugar bajo el Sauce Boxeador, por el que había desaparecido una hora antes acompañada por Remus Lupin. Se movió presurosa para cruzar el césped. Bajo la luna plateada, Severus pudo distinguir el sudor en la frente de la bruja, las pequeñas gotas que bajaban por su rostro colorado. Obviamente, en su gran prisa, la mujer no se detuvo hasta alcanzar la entrada del castillo. Una vez en lo alto de las escalinatas de piedra, se dio la vuelta en redondo y permaneció un momento allí, parada en silencio, asintiendo con la cabeza mientras el sauce batía sus ramas. Una insinuación de sonrisa suavizó sus duras facciones antes de marcharse, cerrando la puerta con un fuerte ruido sordo.

Severus dio un suspiro de alivio. Cuando Black le había dicho que siguiera a Lupin bajando por el hoyo del conejo, había olvidado convenientemente que habría un dragón acompañando a la pequeña Alicia (*). Sonrió. Mientras Madam Pomfrey sería el perfecto dragón de cuentos, Lupin distaba mucho de una Alicia. Era realmente extraño que un chico tan soso estuviera rodeado de tanto misterio. Cualesquiera que fuera su secreto, lo descubriría esta noche. Harry tendría que creerle cuando le decía que esos Gryffindors sólo eran un puñado de imbéciles sin cerebro.

Ahora, la costa estaba despejada. Se arrastró por el borde vegetal del terreno donde había estado ocultándose, detrás de una enorme calabaza. Justo cuando decidía cruzar el césped para ver si Black le había contado la verdad sobre el maldito árbol, notó un movimiento cerca del tercer invernadero y Harry emergió de las sombras.

Estaba hermoso bajo la luz plateada, el héroe de los cuentos de hadas avanzando para matar al dragón. Severus sacudió la cabeza. Vaya tontería. La aparición de Harry sólo podía significar una cosa: que estaba aliado con los gilipollas.

El recién llegado parecía estar inseguro de cómo proceder. Por largos segundos, simplemente se quedó allí parado, a la completa vista desde el castillo. Luego desapareció detrás del invernadero dos, sólo para reaparecer nuevamente, esta vez al lado del primer invernadero. Ahora estaba tan cerca que Severus podría tocarlo fácilmente. El Slytherin contuvo la respiración.

Los ojos de Harry cayeron en el campo de calabazas.

—Severus— susurró—. Severus, ¿estás ahí?

No muy seguro de si sería inteligente mostrarse, esperó un par de segundos antes de decir:

—Harry.

—¡Gracias, Merlín!— saltó al lado de Severus—. Temí que ya estuvieras en el túnel.

—¿Qué significa eso?— había hablado muy suavemente para evitar que su voz se quebrara—. Tu conoces el secreto de Lupin, ¿cierto?

—Sí— la voz de Harry era igualmente suave.

—Debes haberte divertido mucho, burlándote del grasiento Quejicus.

—De verdad, me resulta difícil creer que, después de todos estos años, todavía no confías en mí.

—Y yo no puedo creer que seas amigo de esos… esos zoquetes— no pudo seguir evitando que su voz chillara.

—No lo soy.

—¿No eres qué?

—No soy amigo de Sirius Black o sus compañeros. Ni siquiera me gustan mucho— sonaba molesto, y Severus no estaba seguro si su enojo se dirigía hacia los Gryffindor o hacia él.

—¿No?

—No, Severus. Esto es tonto.

—Entonces dime el secreto de Lupin.

—Está bien, voy a decírtelo. Pero tienes que prometerme no contárselo a nadie.

El otro asintió. Tenía un gran nudo en la garganta y de repente estaba muy nervioso.

—¿Quieres un cigarrillo?— preguntó, buscando la cajetilla.

—No, gracias— puso un brazo alrededor de los hombros de Severus y éste olvidó encender su pitillo.

Entonces Harry comenzó a hablar. La luna estaba más brillante que nunca. Su luz era pura magia, transformando la noche en una maravilla de plata y terciopelo.

ººººººººº

A estas alturas, cuando Harry miraba en los ojos de Snape, ya no era arrastrado a través de un túnel con puertas, sino que era empujado directamente dentro de los acontecimientos. A veces aterrizaba en medio de una clase, ya fuera sentado tras su mesa de trabajo o balbuceando la respuesta a una pregunta que nunca había oído. En otras ocasiones se encontraba en lo alto de una de las torres, balanceándose sobre el parapeto, o en el medio de un duelo, lanzando maldiciones a James o Sirius, Avery o Mulciber. Nada malo resultaba nunca de sus repentinas apariciones en el mundo de Severus. Éste siempre estaba a su lado, susurrando la respuesta correcta, sujetándolo cuando amenazaba con caer, y bloqueando las maldiciones dirigidas directamente a él.

Cegado por el sol, le tomó algo de tiempo orientarse. Estaba alegre de haber aterrizado en los jardines, en un prado llano detrás de una hilera de arbustos. El castillo estaba frente a él, el lago a su espalda. Muy extrañamente, Severus no estaba a la vista. Risas altas y carcajadas le alertaron que un grupo de estudiantes se encontraban en la orilla del lago. Girando en redondo, se encontró enfrentando una escena que conocía demasiado bien y que hacía ya un largo tiempo que había estado temiendo presenciar.

Severus estaba colgando patas arriba en el aire. Su tunica cubría su cabeza, dejando sus piernas y ropa interior expuestas a la pequeña multitud que se había congregado a su alrededor. Sirius, James y Peter rugían de la risa, apuntando sus varitas hacia su indefensa víctima.

—¿Quién quiere ver que le quite los interiores a Quejicus?— escuchó decir a James.

Siempre que había combatido a los merodeadores por el bien de Seveus, había estado muy consciente del hecho que sus adversarios no eran realmente James Potter o sus amigos, sino productos creados por la imaginación de Severus a partir de recuerdos no placenteros. Ninguno de esos pensamientos cruzó ahora por su mente. Furioso con su padre y su padrino, corrió por la pendiente, gritando:

Expelliarmus.

—Cálmate, Evans— dijo Sirius—. No tocamos a tu precioso amiguito.

-Finite Incantatem— exclamó Harry—. Accio varita de Severus

Severus cayó al suelo y, demasiado tarde, a Harry se le ocurrió que debería haberle lanzado un hechizo para amortiguar la caída. La varita del Slytherin, que se encontraba tirada en la yerba, cerca del lugar, planeó hasta la mano extendida de Harry. Mientras tanto, James y Sirius alistaban sus propias varitas, y Peter seguía con la boca abierta de par en par.

-Accio varitas de los merodeadores— continuó Harry, y las cuatro varitas salieron por el aire hacia él.

Remus salió de detrás de un árbol, con el rostro de un color rojo remolacha.

—¿Me pueden regresar mi varita?— pidió, sus ojos bajos y los hombros encorvados.

—Dásela— dijo James—. Él no hizo nada.

Severus, quien finalmente había logrado desenredarse de su túnica, bufó.

—Tan inocente como un corderito— ironizó—. ¿O debería decir un lobo con piel de cordero?

—Deja a Remus en paz, bastardo grasiento—Sirius arremetió contra él.

Petrificus Totalus.

El hechizo de Harry golpeó a Sirius en el pecho, y éste cayó sobre su espalda, rígido como una tabla. Luego regresó su varita a Severus y ambos se pararon lado con lado, acorralando a los otros tres merodeadores.

-Lupin— habló nuevamente Harry, encogiéndose de hombros—. No nos importan tú ni tus amigos. Déjennos tranquilos y los dejaremos tranquilos. Como ya deberían haber notado, conocemos sus secretos, así que les vale más hacer lo que decimos. ¿Nos entendemos?

Los tres chicos asintieron, Peter con una estúpida sonrisa en el rostro, Remus desviando los ojos y James con una mirada fija desafiante. Harry liberó a Sirius del hechizo y les lanzó sus varitas.

-Y ahora, lárguense.

Después que los merodeadores se hubieron marchado, los espectadores los siguieron al poco tiempo. Harry escuchó un nítido 'maricas' y le lanzó una maldición a Mary McDonald, pero al parecer falló, ya que la chica siguió imperturbable su camino hacia el castillo.

-¡Uff!— exclamó, cuando quedaron finalmente solos—. Que puñado de gilipollas— miró a su amigo—. Severus, ¿estás bien?— le preguntó al ver que no reaccionaba y continuaba con la mirada fija en el lago, donde el calamar gigante jugaba con sus tentáculos en las olas—. ¿Qué sucede— tocó su hombro—. No debes avergonzarte. Tres contra uno es completamente injusto. Ninguno de ellos tendría oportunidad contra ti en un duelo justo.

Harry no sabía qué más podía decir, así que ambos observaron en silencio las travesuras del calamar gigante. Después de un rato, Severus se giró hacia él, con el rostro muy pálido y los ojos brillantes.

—Harry— musitó, su voz casi inaudible. El Slytherin lo rodeó con los brazos y lo atrajo más cerca—. Gracias— susurró en su oído—. Nadie hizo nunca por mí lo que tú hiciste hoy.

Suaves labios tocaron la mejilla del joven de ojos verdes y la esquina de su boca. Una respiración ardiente hizo cosquillas en sus labios. Los abrió ligeramente y probó una suave piel, la punta de una lengua… la lengua de Severus.

—Basta. Espera un momento. Espera— pidió Harry, empujando a Severus con suavidad. El aire se enfrió, y cuando levantó la cabeza de nuevo, estaba de regreso en la biblioteca de Grimmauld Place. Las llamas de la chimenea habían muerto convirtiéndose en simple carbón. Ante el oscuro brillo rojizo, era como si Snape lo estuviera mirando con malicia en la mirada.

ººººººººº

Flores sin pétalos y arbustos deshojados al azar, Severus observaba a Harry volar alrededor del lago. No le importaba que los arbustos estuvieran repletos de espinas, ni siquiera notaba el dolor. Cuando el Gryffindor fue apenas un punto en la distancia, miró sus manos llenas de arañazos. Los restos machacados de hojas y flores estaban manchados con sangre, y él los arrojó lejos, disgustado

ººººººººº

—Sabes, Severus… Profesor Snape… ése es el quid de la cuestión. Sencillamente, no sé qué pensar de usted. De Severus, quiero decir. ¿Cómo es realmente?

Apoyado por magia, el hombre planeó en medio de la habitación, sin reaccionar ante el hecho de que Harry había desabotonado su túnica y la había removido eventualmente.

Por primera vez desde que había comenzado a cuidar de Snape, Harry se sentía avergonzado por tener que desvestirlo. Lavar y vestir al hombre se había convertido en su rutina diaria, del mismo modo que alimentarlo y ayudarlo a ir al baño. No había razón para que nada fuera diferente ahora. Entonces, ¿por qué su rostro se acaloraba y su boca se secaba al notar la oscura mata de pelo negro en su pecho, cómo si nunca lo hubiera visto antes? ¿O la pálida piel o la forma de su pene?

Con un rápido movimiento de varita, lanzó un Acció a un camisón de dormir y lo empujó por la cabeza de Snape. Retiró las sábanas y, tomándolo en sus brazos, lo acostó cuidadosamente sobre la cama. Sus manos temblaron mientras ejecutaba el hechizo de humedad sobre sus ojos. Se sentó y giró el rostro del hombre, para poder mirar sus ojos mientras se acostaba en la cama, a su lado

—También me gustas, Severus— susurró, y besó la mejilla del Profesor.

ººººººººº

—Regresa a tu sala común, querido— aconsejó la Dama Gorda—. No puedo dejarte entrar sin la contraseña, el toque de queda pasó hace rato.

Severus sacudió la cabeza.

—Tengo que hablar con Harry. Inmediatamente. Si no lo llamas, voy a maldecirte. ¿Me pregunto si a los retratos les podrán salir furúnculos?

—Oh, el ardor de la juventud. Desearía tener dieciséis de nuevo. Y estar enamorada.

Severus levantó su varita amenazadoramente. La Dama Gorda suspiró y dio un sorbo a la copa de vino rojo que estaba sosteniendo.

—Veré qué puedo hacer por ti. Espera un momento.


—Puedes decirle a Harry que me quedaré toda la noche si tengo que hacerlo— dijo el chico tras ella.

No tuvo que esperar mucho tiempo. Un par de minutos después, el retrato había dejado su marco, el lienzo se abrió y Harry salió a través de la abertura. Su cabello estaba incluso más despeinado de lo habitual y sus lentes ligeramente torcidos. Ya llevaba puesto el pijama, una bata con todos los colores del arcoiris y sólo una zapatilla. Severus tragó y olvidó respirar.

—¿Qué ocurre?— preguntó el Gryffindor—. ¿Pasa algo malo?

Severus aclaró su garganta.

-No estás enfermo, ¿verdad?— insistió el chico de ojos verdes.

—Escucha, Harry, lo lamento. No quise atacarte como lo hice.

—¿Atacarme?

—Por favor, créeme. Lo siento— Severus odiaba sonar tan necesitado, exactamente como el lloriqueante idiota que sus enemigos decían que era. Quizás debería irse.

—¿Te refieres al beso?— ahora el Gryffindor estaba parado muy cerca.

Asintió.

-Me gustó— la voz de Harry era apenas un susurro—. Lamento si me fui corriendo. Estaba sorprendido. Confundido, supongo— ahora estaba tan cerca que su nariz rozaba contra la mejilla de Severus y la montura de sus lentes se enredaba en el largo cabello negro—. Podríamos hacerlo de nuevo.

El estómago del Slytherin revoloteó y sus rodillas se debilitaron.

—Sí— dijo, pero sólo salió un susurro. Giró la cabeza, de forma que sus labios se encontraron con los de Harry. Los lentes jalaron su cabello pero él difícilmente lo notó.

Habiendo regresado a su cuadro, la Dama Gorda los observó con ávido interés.

—Chicos. Dulces, inocentes chicos— dijo, y luego sonrió.

Harry abrió la boca y el mundo de Severus cesó de existir. Todo lo que quedó fue Harry.

Continuará…

(*): Referencia a Alicia en el país de las maravillas.

Pues ya sólo faltan dos capítulos más pasa saber si Harry tiene suerte nuestro profe reacciona.

Mi enorme agradecimiento a todos, especialmente a:

Heitt, Lupita Snape, Herminione, Canti, Kirusitinax, Lady Asuky

por sus bellos comentarios

Herminione: Gracias port us palabras, preciosa. Es lindo que hayas tenido un tiempo para poder comentar, así sé que sigues ahí. Suerte en todo. Besitos mil^^

Canti: Y a mi me encanta que me lo dijeras, y a la autora le alegrará mucho. Besitos mil^^

Kirusitinax: Nop, nada de Harry hetero, ni hablar, jajaja. A mi tampoco me gusta demasiado Ginny, pero al menos se fue sin hacer berrinche. ¿Reborujar? Me vas a tener que decir que significa^^. A ver, en mi opinión, en la mente de Sev Lily simplemente no está, y su lugar lo está ocupando Harry, y supongo que esa es la conclusión de la que hablas. Besitos mil^^

Los demás comentarios fueron contestados en sus correos.

Un besazo

Alisevv