Disclaimer: "Xmas" es un fanfic basado en la serie Castle, Martha, Jim, Castle, Beckett y el resto de personajes mencionados no me pertenecen, son propiedad de su creador Andrew W. Marlowe y de la cadena ABC. No intento violar las leyes del copyright ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto.

Nota de la autora: Tras el capi de Navidad de Castle me quedo un detalle rondando la cabeza, Martha vestida como en el Cascanueces haciendo que todas las navidades de su hijo fueran lo más felices posibles y al final, el tema se me escapo de las manos que es lo que me suele pasar.

Así que un repaso a las navidades de los Rodgers – Castle – Beckett a lo largo de la historia. En este caso las primeras navidades de Rick con Damian :-p

Espero que os guste y muchas gracias por los review.

Tipo: Para todos los públicos.

Lo comencé a escribir en diciembre 2012


Xmas

24 - 25 de diciembre de 1984. Manhattan. Nueva York.

Richard Alexander Rodgers no sabe mentir. Es divertido, imaginativo, mal estudiante, demasiado gamberrete y tiene una sonrisa encantadora, pero todo su lenguaje corporal lo delata.

No sabe mentir y su madre lo sabe.

No sabe si es una buena virtud o un mal defecto, pero es así. Normalmente dice lo primero que le sale por la boca, no suele meditar sus respuestas demasiado, así que cuando lo hace, cuando se piensa la respuesta, incluso un poquito, se le nota. Incluso por teléfono.

Martha lo sabe y le duele. Le duele que intente engañarla. Le duele que no le grite a la cara lo mala madre que es por haberle dejado en ese internado el año anterior, aunque fuera un castigo por haber sido expulsado de los dos últimos colegios. Le duele, porque es así como se siente.

Y luego para terminar la partida la gira.

La gira.

Su gran oportunidad.

El momento.

Era el momento, era Titania en El sueño de una noche de verano, era el sueño de cualquier actriz. No se estaba haciendo cada día más joven y la escena es dura para las mujeres con más 40. Tenía que aprovechar. Era su momento.

Su momento.

Rick ya era un chico grande, su niño tenía ya 15 años y por fin tenía amigos en el internado.

Era el momento.

Pero su hijo no le ha dicho lo triste que está por tener que pasar el día de Navidad sólo. Aunque ella lo siente. Da lo mismo que le haya enviado ese armatoste-ordenador-último modelo-compensar-abandono que según el de la tienda haría las delicias de cualquier adolescente-futuro escritor.

Está en Oregón.

Bueno realmente estaba en Oregón, después de haber salido corriendo de la última representación de la noche, cogió un avión a Nueva York y condujo dos horas hasta la Academia Edgewyck porque no podía no estar.

Todo para poder pasar la mañana de Navidad con Richard.

Todo para averiguar que Richard ya no estaba en la academia. Tras despertar al conserje del colegio a las 6 de la mañana del día de Navidad, Marta Rodgers acaba de descubrir que Richard está en Nueva York en la casa de Damian Westlake, uno de sus mejores amigos, o como Richard le llama "su mentor"

Siempre tan melodramático, ¿A quién habrá salido?

Parece ser que al "mentor" no se le paso el hecho de que Richard no llevaba bien eso de quedarse sólo en el internado el día de Navidad. Rick no sabe mentir. Así que amablemente le invitó a su casa.

Martha se lo agradece. Dios sabe que se lo agradece, pero...

No hay nada para ella en la Academia Edgewyck. Coge de nuevo el coche y retrocede lo andado hasta Nueva York. El conserje le ha dado la dirección del señorito Westlake, que por lo que parece vive, cuando no está en el internado, en una suntuosa mansión en el Upper East Side. Cuando llega todo se transforma en un cuento de Dickens. Por la ventana ve a dos muchachos felices, riendo a carcajadas, sacar cosas de enormes calcetines colgados en una increíble chimenea de piedra.

¿Realmente piensa salir del coche y hacer su aparición magistral la mañana de Navidad?

Debería, es su madre.

Es casi su obligación.

Aprieta tanto su mano que se clava las uñas en la palma.

Su niño es feliz, lo nota, no sabe mentir. Arranca el coche y se dirige hacia el aeropuerto. Ese año, gracias a Dios, sólo ella se perdera la Navidad. Después de todo, nunca incumple una promesa.