Veamos que les parece este nuevo capitulo, me alegra leer sus reviews porque me inspiran a seguir escribiendo. Gracias por leer mi historia. Espero que la disfruten, y sobre todo las ayude a despejarse :)
De todas las veces que he estado aquí, no recuerdo una donde me sintiera más mierda como me siento ahora, nada me importaba salvo la lápida frente a mí donde se puede leer:
"Norman Puckerman
(1973-2008)
Esposo y padre amoroso.
El Dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo".
Hacía seis años que se había marchado para siempre dejándonos a mi madre, a mi hermana y a mí sin su presencia.
—¿Por qué te fuiste? — repetí la misma pregunta que tantas veces antes le había hecho mientras caía sobre mis rodillas sintiendo como el agua golpeaba mi ropa ya empapada, esperando una respuesta que nunca llegaría.
—¡Me haces falta! — Grite desesperado mientras intentaba distinguir si eran lágrimas o solo la lluvia la que mojaba mi rostro — ¿Por qué? ¿Por qué? — no sé cuántas veces se lo volví a preguntar, solo sé que mi voz estaba muy lejana a ser la mía.
—¿Cómo es que debo comportarme con ella? — dije por lo bajo mientras leía nuevamente su nombre en la lápida — Sabes que la amo, pero yo no sé cómo manejarlo. En verdad necesito de tus consejos — dije entre sollozos intentando calmarme.
—Sé que estuvo mal, debí esperar más tiempo — suspire mientras intentaba limpiarme inútilmente el agua de mi rostro — realmente esperaba venir aquí y decirte que todo estaba bien, que mi madre había sido comprensiva con Rachel y todas esas cosas que aunque pasaron me saben tan amargas, como una mala cerveza — le dije y comencé a reír por un momento.
—Sí, lo recuerdo — dije mientras acariciaba la lápida mojada — nuestra primera cerveza juntos, justo después de que mi madre llego con la noticia de que estaba embarazada y tú quisiste celebrar — mi voz sonó tan lejana — te extraño tanto — para este momento más lágrimas brotaban de mis ojos — me hacen faltas tus abrazos y tus palabras de aliento acompañado por un ataque del señor cosquillas — no fui consiente hasta que volví a la realidad de que estaba llorando acostado a un lado de la lápida.
—¿Qué hago ahora? — Pregunte triste — ¿Qué pasa si ya no quiere saber nada de mí? ¡Cómo pude ser tan estúpido! — grite molesto conmigo mismo y dando un golpe a la lápida.
—Ella no se merece esto — dije con la mirada pérdida en algún punto inexistente mientras seguía en el suelo mojado junto a la tumba de mí padre.
—No soy bueno para ella — y volví a llorar al sopesar la realidad, al ser consciente de que a partir de mañana, cuando el sol saliera yo volvería a ser Puck, el de antaño, el que después de la muerte de su padre se había vuelto un desobligado e insolente.
Sería de nuevo aquello que ella no ama y que no podría amar, porque aun cuando me pesaba decirlo, ella sentía por Finn lo que quizá jamás podría sentir por mí. Y esto me mataba, eran grandes y afiladas espadas las que me atravesaban ante esta verdad.
Ya no era consciente del tiempo, ni siquiera había notado que la lluvia había cesado, ni de en qué momento me quede dormido.
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—Noah — una voz me llamaba pero yo solo quería seguir soñando con ella, con Rachel. En un sueño donde éramos felices y ella me amaba — Noah — volvió a llamarme esa voz que me recordaba a alguien, pero fue el tono de preocupación lo que llamo mi atención por completo obligándome a querer despertar.
—Sueles ser muy infantil — dijo la voz mientras sentía que comenzaba a acariciar mi cabello y yo luchaba por abrir los ojos.
—Ve a descansar — una nueva voz apareció y yo seguía sin poder despertar — en tu estado no son buenas las desveladas — era una voz tan maternal.
—Quiero estar aquí cuando despierte — entonces la reconocí. Era Quinn, la persona que le hacía mimos a mi cabello.
—Venga, él se pondrá bien — mi madre habló — el médico ha dicho que no es nada.
¿Médico? ¿Dónde demonios estoy? ¿Cómo llegue aquí?, esas y muchas más preguntas rondaban mi mente mientras trataba de despertar desesperadamente. Entonces lo note, un dolor en todo mi cuerpo como si me hubiese aplastado un auto, todo dolía y mi mente era un caos.
—De cualquier modo, prefiero quedarme — le respondió.
Y eso fue todo lo que escuche puesto que mi cerebro mando una orden directa para que me perdiera mandándome a la inconciencia.
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Cuando abrí los ojos la vi, tan frágil e inocente como solía ser cuando dormía. Aun cuando solo había tenido una vez el honor de contemplarla al dormir, podría asegurar que sería uno de mis mejores pasatiempos.
Se le notaba incomoda en esa posición, realmente me moría de ganas por atraerla a mí y recostarla sobre mi pecho para que pudiese descansar mejor.
Entonces todo se hizo nítido, no estaba en mi casa, en mi cama sino en una camilla de hospital. ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde la cena familiar? Realmente esperaba que no fuera tanto.
Suspire y mire al techo por un momento, como si fuese la cosa más interesante que pudiera hacer. De pronto muchas interrogantes abordaron mi mente, todas y cada una relacionadas con Rachel.
—Hola — su voz sonaba algo rara debido a que se acababa de despertar, por lo que me sorprendió.
—Hola — salude mientras dejaba de admirar el techo para verla a ella.
—¿Qué pasa, Noah? — Preguntó levantándose del sofá, acercándose a mí — ¿Por qué lloras? — no había notado eso hasta que ella amablemente limpió un par de lágrimas.
Realmente no supe que contestar, como decirle que lloraba porque temía que esta fuese la última vez en que nos veríamos, al menos de una manera tan íntima.
—Por nada — dije y suspire mientras intentaba darle una sonrisa, que al ver su rostro me hizo comprender que solo se había quedado en una mueca.
—Nadie llora por nada — me respondió mientras colocaba una de sus manos en mi mejilla mirándome tiernamente.
—No me veas así — lo haces más difícil, termine la frase en mi mente.
—¿Por qué pasaste la tormenta en el cementerio? — preguntó preocupada.
—Necesitaba pensar muchas cosas — miré a otro punto en la habitación para evitarla.
—Tu madre ha estado muy preocupada — soltó de momento — te ha llamado al móvil y como estaba en la chamarra que me has dado, al contestar yo se ha pensado lo peor.
—Extrañamente, mi madre no suele comportarse así — le aclaré mientras trataba de alejar los pensamientos de besarla.
—Realmente ha sido Quinn la primera en llamar, pero tu madre le cogió el móvil cuando me comenzó a gritar — dijo molesta.
—Sí, así es ella — sonreí al recordar unas cuantas discusiones con ella, lo que provoco que Rachel frunciera el ceño.
—Siempre — lanzó un bufido en señal de enfado, pero de un momento a otro me cogió la mano y comenzó a sonreír — me has tenido muy preocupada, no me he tranquilizado hasta hace poco cuando los médicos descartaron que fuese neumonía, y gracias a Dios que estas bien — habló tan rápido que tarde en procesar la información.
—¿Cuánto tiempo he estado aquí? — le pregunte mientras me removía un poco en la camilla.
—Un par de días — respondió de mala manera colocando sus manos a ambos lados de su cintura, molesta — Podrías mirarme de una vez — contraatacó sin previo aviso — ¿Qué ha pasado para que me trates así? — sus ojos se llenaron en lágrimas que luchaban por salir.
—Nada — dije mirándola a los ojos como ella lo pedía.
—Sabes que no te lo creo — su voz sonaba un tanto desesperada e incluso comenzaba a titubear, como lo hacía cuando estaba a punto de llorar.
—Rachel, lamento mucho el haberme comportado como un imbécil — un suspiro salió de mi parte sin dejar de mirarla a los ojos — no tengo excusa por el mal momento que te hice pasar — ella me iba a interrumpir — déjame terminar — le pedí.
No sé realmente de donde obtuve fuerzas para pronunciar las palabras que más amargas me sabrían.
—No soy lo suficientemente bueno para merecerte — su cara paso de la tristeza, a la consternación y por ultimo al enojo.
—¿Estas terminando conmigo? — esto lo digo casi gritando, sorprendentemente nadie entro a ver lo que pasaba.
—Sinceramente — suspire — no sé qué somos — ella pareció estar analizando lo que diría a continuación.
Su silencio se prolongó tanto que decidí continuar, ya que ella parecía tener una lucha interna.
—Rachel, ni siquiera tu puedes definir esto que tenemos — trate de sonreír, pero se quedó solo en eso, en un intento — sé que sientes algo por Finn — ella me miró fijamente dándome la oportunidad de continuar — realmente no creo poder competir contra ello.
Un nuevo silencio se posó en la habitación comenzando a desesperarme.
—Te amo — le dije triste — y me es imposible no decirte lo que siento, no puedo callar a mi corazón — podría parecer un marica al decir todo esto, pero realmente lo necesitaba para después… — prometí ser paciente pero contigo no puedo serlo, no cuando te amo tanto que quisiera gritarlo.
Ella lloraba al igual que yo, podía verla estática sujetando con fuerza mi mano.
—He cambiado mucho y no pienso echarlo todo por la borda cuando ya no estemos juntos, solo… — pensaba seguir hablando pero ella pareció reaccionar.
—No te pienso dejar — dijo con firmeza, la cual me hizo sonreír por un momento al recordar por qué amaba a esta mujer — Noah, tengo miedo.
—¿De qué? — le pregunte con ternura mientras acariciaba con cuidado su mano que seguía sujeta a la mía.
—De despertar — fruncí el ceño al no entender — todo esto, tú y yo — sonrió — nunca he sido tan feliz como lo estoy siendo contigo — confesó — tengo miedo de que esto acabe, de que tu descubras que en verdad no soy la chica perfecta para ti.
—Rachel — le llame para que guardara silencio — puedes acercarte un poco — le pedí y ella obedeció sin protestar.
Sin pensarlo me acomode un poco en la cama, lo suficiente para poder alcanzar sus labios con los míos. Con mi mano libre la atraje más hacia mí de manera que le fuese imposible resistirse y entonces sus labios se comenzaron a mover al compás de los míos, después de quien sabe cuánto tiempo de no hacerlo, porque si solo han pasado un par de días para mi han sido siglos.
—Te amo, pequeña — le dije mirándola a los ojos — yo también tengo miedo, un miedo que me recorre todo el cuerpo cada noche desde que te conozco, acrecentado cuando comenzamos a salir — le confesé.
—¿Cómo es posible que Noah Puckerman tenga miedo? — pregunto con una sonrisa divertida y sin poder evitarlo una sonrisa se posó en mi cara.
—Porque todo comenzó como un sueño — le conté — y mi miedo más grande es el perderte, que por mis estupideces y presiones te alejes o que conozcas a alguien mejor que yo.
—Eso no pasará — besó mi frente — estaré contigo — sonrió — y seré una molestia para ti, así que espero y no te canses de mí.
—No, eso nunca — ahora fue ella quien me besó — te quiero — dije contra sus labios.
—Te quiero, tontito — sonrió dulcemente — no vuelvas a darme otro susto como este, por favor — suplicó.
—No amor, todo estará bien — le digo algo cansando.
—Descansa, Noah — dice acariciando mi cabello por lo que cierro los ojos disfrutando de la sensación — llamaré al doctor para que te revise — asiento y me quedo así en silencio mientras la escucho salir.
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Después de que el médico me dijese que todo marchaba bien me quede dormido, aun me sentía abrumado por todo lo que había pasado, no podía creer que las cosas con Rachel hubiesen mejorado.
—¿He dormido mucho? — le pregunte cuando desperté mientras ella leía un libro.
—No lo suficiente — me dijo sonriendo, pero antes de que pudiese hacer algo alguien llamo a la puerta — adelante — ella me miró tímida antes de girarse para ver quién era.
—¡Hey, hola chicos! — Saludó Artie, quien era empujado por Tina — ¿Cómo te sientes, Puck? — dijo llegando al lado de mi cama, Tina sonreía y le daba un vaso a Rachel.
—Te hemos traído esto, alguien nos ha dicho que no has comido nada — instantáneamente miré a Rachel.
—Amor, ve a comer algo — le dije amablemente pero ella negó con la cabeza — Rachel, hazlo por mí, ¿Tina, puedes llevar a Rachel a comer algo? — le pedí.
—Claro Puck, ya volvemos — dijo antes de darle un beso en los labios a Artie, lo que me dejo sorprendido, para luego halar a Rachel del brazo, quien me miraba con el ceño fruncido algo seria, haciéndome sonreír.
Apenas salieron por la puerta Artie me miró algo sonrojado por el beso que Tina le había dado.
—Tranquilo — le sonreí — realmente hacen buena pareja — el me miró atento — además hace mucho que lo sospechaba.
—¿El qué? — preguntó algo desconcertado mientras se acomodaba en su silla de ruedas.
—Tú y Tina — le dije sonriendo — te lo mereces — Artie sonrió ante mis palabras — ¿Cómo va todo por el Glee Club? — quise saber.
—Todo ha ido bien, quizá algo sorprendidos por las nuevas parejas que se han formado, preocupados por tu estado de salud y ayudando a Quinn — explicó lentamente.
—¿Nuevas parejas? — pregunte sin entender acomodándome en la camilla, enderezándome.
—Sí. Rachel y tú, Tina y yo — se encogió de hombros — todos allá te mandan saludos, el Sr. Schue quizá se pase más tarde, esta algo estresado últimamente — dijo a modo de disculpa.
—Dile que no se preocupe, que ya pronto me tendrá de vuelta — le sonreí — mañana me dan el alta y al día siguiente planeo volver a clases, no quiero pasar un momento más en la cama — ambos reímos — además de que no quiero que Rachel siga perdiendo clases por mi culpa.
—Ella te quiere, por eso lo hace — asiento — además no la está descuidando, ha sabido compaginar todo, ha ido a clases y tengo entendido que ayuda a tu madre con Dani.
—Eso no lo sabía — le dije sorprendido.
—Ahora lo sabes, tómalo en cuenta — volví a asentir.
—¿Cómo esta Quinn? — pregunte de la nada esperando atento su respuesta.
—Ella y la bebé están bien — sonrió — ahora están viviendo donde Finn, la Señora Hudson se lo ha tomado bien y los está apoyando.
—Es lo menos que podría hacer, es su nieta — le digo más tranquilo y Artie asiente.
Hablamos de cosas sin sentido, de cómo fue que se le declaro a Tina y de que realmente, ella termino dando el primer paso, para cuando ellas volvieron Artie ya me había puesto al día de todos los cotilleos que corrían por los pasillos de la escuela, al menos nadie relacionaba mi ausencia y estadía en el hospital con Rachel, al menos no haciéndola pasar por la mala del cuento.
—Hemos estado charlando y queremos preguntaros algo — dije mientras tomaba a Rachel de la mano y Tina se sentaba en el regazo de Artie, mirándome atentas — ¿les apetece quedar con vosotros para ir por un café? — les pregunte sonriendo.
—¿Una cita doble? — preguntó Tina a lo que Artie asintió recibiendo como premio un beso de su parte.
—Será cuando tu estés bien — sentenció Rachel, mirándome sería.
—Cuando ustedes decidan, ¿verdad Artie? — el asintió secundando mi propuesta.
—Es más, podemos invitar a Kurt y Mercedes — sugirió Tina.
—Entonces una cita triple — dijo Rachel haciendo que todos riéramos ante esto, ya que Kurt y Mercedes no eran pareja, sobre todo con las preferencias sexuales del primero ya declaradas.
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Después de que Artie y Tina se marchasen le pedí a Rachel que hiciera lo mismo, debía descansar en una cama. Ella se resistió al principio, pero aun cuando hoy las clases habían sido suspendidas, mañana si las habría.
—Estaré aquí apenas salga de clases — sentenció mientras me daba un casto beso.
—Para esa hora espero estar ya en casa — le dije sonriendo — te mandare un mensaje para decirte donde estoy.
—Eso me recuerda algo — caminó a su bolso y tomo algo, luego regreso a mi lado y sonrió aunque algo dudosa — esto es tuyo — dijo dándome mi móvil — me gusta tu fondo de pantalla — dijo besándome nuevamente.
—Somos nosotros — sonreí contra sus labios — siempre te tengo conmigo — ella sonrió tiernamente.
—Te quiero, descansa por favor — me dijo besando mi frente — te veo mañana.
—Te quiero más — dije sonriendo ampliamente — iré a por ti — ella me miró seria por un momento antes de sonreír y darme un último beso.
Me quede mirando a la puerta comenzando a sentirme algo cansado, ya quería volver a mi casa, ver a Dani y abrazarla, la pobre debe estar preocupada por mí.
Rachel me había mencionado que mi madre no pasaría la noche aquí porque no tenía con quien dejar a mi hermana, y no me importaba porque realmente me apetecía estar solo por un rato, necesitaba pensar y sopesar todo lo que mi día había conllevado.
Abrí mi móvil y miré la foto donde estaba con Rachel abrazándola, sonriendo como hasta hace poco la había visto antes de marcharse.
Entonces mis manos se movieron con voluntad propia y sonreía al escribir el mensaje más cursi que hasta ese momento hubiese escrito.
"Hola mi amor, espero que ya estés en tu casita y que sobre todo sonrías cuando leas este mensaje tanto o más que yo al escribirlo. Apenas cruzaste la puerta y ya te extrañaba, realmente te extraño mucho . Te quiero mucho, pequeña.
Descansa y sueña conmigo, que yo soñare contigo.
Te mando muchos besos, te quiero".
Pasaron quizá un par de minutos cuando su respuesta llego haciéndome sonreír ampliamente.
"Sí, realmente me has hecho sonreír con tu mensaje. Yo también te extraño, bebé. Espero que descanses y sueñes realmente conmigo, te mando muchos besos más y te veré mañana, solo serán unas cuantas horas lejos. Te quiero, amor".
Después de eso me quede dormido, con una enorme sonrisa en mis labios. Y sí, como todas las noches soñé con ella, con una vida juntos siendo enteramente felices. Ya luego pensaría como sorprender a mi chica.
Seré como los tipos de las películas, que hacen cualquier cosa para enamorar a su chica, y eso haré. Luchare por lo que amo y a quien amo es a ella.
Quizá sea algo más corta que las anteriores pero he intentado hacer lo mejor posible cambiando detalles de la serie, ya ustedes notaran cuales. Quiero darles las gracias por estos cuatro capítulos que ustedes me han hecho escribir. Debo mencionar que esta historia no solo la hago yo, sino todas ustedes que me hacen el favor de leer y dejarme sus reviews. Sigan haciéndolo, ustedes son mi inspiración. Un beso y nos seguimos leyendo ;)
