Cupido.
La mañana era hermosa, los primeros rayos del sol me habían invitado a salir a contemplar el amanecer en todo su esplendor. Estaba totalmente entregada a disfrutar de la paz que ese momento me otorgaba. Cerré los ojos, y fue entonces cuando encontré las fuerzas para atreverme a hacer aquello que tanto había querido durante toda mi infancia: Desafiar al gran árbol. Aquel que había estado antes de que mis abuelos llegaran al pueblo. Aquel que mis hermanos conquistaban con tanta facilidad, pero aquel que siempre me había vencido.
Me despojé de mis zapatos, y con mucho cuidado empecé a trepar. Todo iba de mil maravillas; había logrado llegar sin problemas a las primeras ramas. Pude permanecer ahí, pero la adrenalina me impulsó a llegar a las ramas más altas… y lo logré. Al estar en la cima de tan imponente árbol, pude fácilmente gritarle al mundo que Esme Anne Platt lo había logrado, pero me era suficiente con estar ahí, no necesitaba alardear.
Desafortunadamente mi padre descubrió mi ausencia antes de lo esperado, y rompió el encanto de mi victoria con un desesperado grito.
- ¡ Esme! ¿Cómo diablos llegaste ahí? ¡Baja ahora mismo!
Su grito me convirtió en un temeroso ratón, y el miedo me impidió poner atención en mi descenso, y en un dos por tres sin saber cómo me encontraba tirada en el suelo retorciéndome de dolor. Me había roto la pierna.
Hasta el momento, podría haber afirmado que este era el peor día de mi vida, pero estaba a punto de cambiar.
Cuando mis padres ordenaron a mis hermanos que fueran por el Doctor, pensé que mi situación empeoraría aún más, y sin duda alguna tendría que enfrenarme a otro regaño. Así que cuando lo escuché entrar a mi habitación cerré mis ojos, para no establecer contacto alguno con él. Hasta el momento nunca lo había visto, pero mi experiencia me indicaba que debía ser un viejo cascarrabias.
De nuevo estaba equivocada.
Señorita Patt – La voz más hermosa que jamás había escuchado, había pronunciado mi nombre con tanta gracia, que no sentí más la necesidad de mantenerme cegada, y lentamente abrí mis ojos, al hacerlo el dolor desapareció. No podía creer que ese hermoso ser se tratara del Dr. Cullen, él debía ser un ángel. Ningún mortal poseía tal belleza.
Él me sonrió, y yo no pude hacer otra cosa más que responderle de la misma manera.
Soy el Dr. Carlisle Cullen.- Se presentó formalmente- Ahora que está despierta, ¿le importaría si reviso su pierna? Prometo que el dolor se irá pronto. – Habló suavemente.
Me hubiera gustado responderle, pero me había quedado muda. Así que sólo moví la cabeza indicándole que no había problema. Sus manos eran más frías de lo que esperaba, pero eran justo lo que mi pierna necesitaba , y tal como lo prometió el dolor ya no me molestaba.
Ha de pensar que fui una tonta por haber subido al gran árbol- Dije cuando pude recobrarme. Él me infundía una gran confianza. Había despertado en mí un sentimiento desconocido.
No, al contrario. Pienso que es alguien muy valiente, yo en lo personal jamás lo hubiese hecho. No me gustan las alturas. – Me indicó sinceramente- En verdad lamento que tenga que usar el yeso. Alguien tan agradable como usted no debería permanecer en casa por tanto tiempo.
No pude evitar sonrojarme. El tiempo se fue volando, y cuando menos lo deseaba él tuvo que retirarse. Afortunadamente para mi alegría, se comprometió a visitarme tres veces a la semana para vigilar mi recuperación.
Cuando cruzó la puerta para abandonar mi hogar, supe que cupido me había flechado, y desde ese momento mi corazón le perecía sólo a él. Mi padre le tenía desconfianza, pues dudaba que alguien tan joven fuera un buen Doctor; pero aún así, permitió sin reproches que me visitará, y durante dichas inspecciones conversamos tanto que daba la impresión que nos conocíamos desde siempre. Nos habíamos hecho grandes amigos, incluso tal vez a mi parecer algo más.
Lo que me consuela es que estaré recuperada para el inicio de la temporada de bailes. – Declaré con la clara intención de darle una oportunidad de hacerme una invitación, o saber si ya se la había hecho a alguien más. Me había quitado el yeso está mañana, y sólo era cuestión de días para que volviera a caminar normalmente.
Sí, eso es cierto. Los jóvenes de la región estarán felices de poder contar con tu presencia. –Expresó con cierta indiferencia, la cual me sorprendió, pues hasta el momento siempre se había comportado muy gentilmente.
¿Usted participará de las celebridades?- Pregunté de nuevo, está vez reservando mi interés en su respuesta.
No me será posible- contestó en un susurró- Me marcharé el día de mañana a primera hora.
¿Qué? – Pregunté sin ocultar mi sorpresa- Pero regresará cierto.
Lo siento Señorita Platt, pero me han ofrecido un trabajo en otro estado.- Hizo una pequeña pausa, para después continuar- La única razón de retrasar mi viaje ha sido usted, pero ahora que está bien, tengo que partir inmediatamente.
Escuché la noticia como quien escucha la peor de las tormentas acercarse. Quise llorar, pero me aguante las ganas. Le desee suerte, y sin más él se marchó haciéndome prometer que tendría un mayor cuidado con las alturas.
Ese día culpe a cupido por haberme flechado de un imposible, y me dediqué a llorar durante los dos meses que siguieron a esa tarde. Lloraba camino a las clases y llorando comía uno que otro bocado de los muchos que mi madre me acercaba a la boca, llorando me iba a dormir y dormida soñaba que lloraba.
Años después, Carlisle me confesó que la verdadera causa de su partida ese día: Él se había enamorado de mí, y esa fue la razón por la decidió transformarme cuando yo intenté suicidarme, pues no podía soportar la idea de perderme otra vez y menos para siempre.
Mi primer Carlisle & Esme je espero les haya gustado mucho, y de nuevo espero sus valiosos comentarios y sugerencias para el siguiente fic.
Por cierto mil gracias a todos los que me han incluído en sus favoritos y alertas!!
