De Arroz
Aquella era la sopa que menos le gustaba preparar.
Era la sopa más complicada de todas las que fingían ser fáciles; había que cuidarla y tener mucho cuidado. Prestarle más atención que a las demás, no moverla cuando estaba en cierto punto y así, saber el momento en que se había secado. Alguna especie de misión imposible, porque ¿cómo rayos iba a saber que ya estaba seca si no podía moverla?
También tenía que quedar esponjosa y suave.
Sí, la sopa de arroz era todo un reto, pero a Bill le gustaba y él había aprendido a hacerla.
Claro que ahora incluso esa podía conseguirla instantánea. Un poco de agua, un poco de aceite y un sobre con verduras artificiales.
Las cosas fáciles de la vida… que terminan siendo complicadas porque no lograba encontrarle el maldito punto a aquella maldita instantánea.
Que si se secaba, que si se pegaba, que si quedaba aguada… Jamás terminaría de entender al arroz.
Tan pequeño, tan complicado; tan sencillo, tan complejo, y tan delicioso como para que su hermano se la pidiera en cada mínima oportunidad.
Apagó el fuego para mirar a su sonriente gemelo en la mesa.
Al final, siempre quedaba bien.
