Wooo, al paso al que va avanzando la historia, creo que esto debería considerarse como la mitad. Ya casi uso la mitad de la trama que tenía planeada, ¿así que supongo que debería ennumerar los capítulos de una vez? Es lo más rápido que he llegado a este punto en una historia, me siento tan feliz.
Antes de que sigáis, sin embargo, os voy diciendo que esta historia no tendrá contenido adulto del índole sexual. Lo lamemto si alguien así lo deseaba, pero soy demasiado inocentona para atreverme. La escena que hay casi al final es explicada.
Yuri tomó un trago de su bebida mientras tecleaba en la portátil lo más que podía. Su ceño se encontraba fruncido debido a la concentración, pero por lo menos la frescura de su soda era suficiente para poder refrescarle los pensamientos y permitir que éstos fluyeran por su mente con soltura. Dejó a sus dedos descansar sobre su frente por un segundo mientras echaba su cabeza para atrás. Soltó un suspiro que dejaba ver toda su fatiga en la forma suave que el aliento escapaba de sus labios coral.
— ¿Día duro en el trabajo? —levantó su vista y no supo por qué se sorprendió de que Beka le haya encontrado cuando se sentaba en el mismo lugar de la cafetería todos los días desde que entró.
—Algo así. —se encogió de hombros y se enderezó, ahora enfocando su atención en su amigo—. Más bien que estoy trabajando horas extra.
— ¿Qué haces? —le preguntó el kazajo al tiempo que tomaba asiento frente a él. Ese día habían servido ensalada en conjunto con las sopas y algún que otro estofado. Lo único de beber aparte de kvas ese día era jugo de manzana. Yuri dio otro suspiro y continuó escribiendo en su portátil. Aquella expresión decidida de vuelta en su rostro.
—Revisando mis notas, comparándolas. —fue la corta respuesta que recibió.
— ¿Notas de qué? —Otabek sentía deseos de asomarse, pero no sólo se vería ridículo e intrusivo al voltear la portátil, rompería la concentración del ruso y le haría perder su progreso actual.
—Viktor. —sin decir más, sus dedos continuaron su cliqueo por encima de los trozos de plástico. Con su dedo índice, exploraba el documento y resaltaba algunos puntos que le parecían anormales, creando notas especiales para esos párrafos y anotando en una libreta por separado teorías acerca de las posibles causas de su comportamiento.
Otabek quería preguntarle más. En vez, por su personalidad retraída, se limitó a preguntarle si quería comer algo, a lo que Yuri contesto que no gracias, en ese momento no se encontraba con muchos apetitos pero que el sentimiento era apreciado, después, guardó silencio y se quedó para mantenerle compañía al menos hasta que su hora del almuerzo terminara. Una vez que el reloj le indicó que era hora de regresar, se puso de pie y le dirigió unas últimas palabras a Yuri.
—Te recomiendo no inmiscuirte demasiado con un caso, es mucho más agotador que la fatiga que experimentas en este momento. —y sin más, salió de la estancia para fundirse con borrones de batas blancas y el barullo normal de la cafetería, el cual había sido enmudecido para Yuri al estar él en su propia burbuja personal.
Un calosfrío recorrió su espalda, y un nudo se asentó en su estómago al ser de repente consciente de la soledad en que se encontraba.
¿De verdad se estaba inmiscuyendo demasiado con Viktor? No, de seguro Beka sólo lo dijo porque era extraño que alguien defendiera a un homosexual de un acoso… de cualquier forma, ¿qué tan raro era eso? Bastante, de por sí. Y si tomamos en cuenta que además cierto homosexual tenía un récord de enfermedades mentales y asesinato… Viktor no la tenía fácil, no era demasiado raro preocuparse por un ser humano, ¿o sí lo era? ¿Acaso los humanos habían llegado a un punto tan rastrero? Soltó otro suspiro al tiempo que pasaba sus manos por sus cabellos. Eso era tan frustrante…
Pateó sus zapatos y se lanzó a su cama, donde en seguida su gato le siguió y le comenzó a ronronear, obviamente su instinto le permitió advertir de la tensión que su dueño portaba, y de igual manera, su instinto le decía que debía restregarse contra él e incluso darle un par de lengüetazos para calmarlo. Justo como hacía su madre cuando nació. Yuri observó a su gato por un segundo antes de que una idea rara llegara a su mente. Tomó al minino del lomo y lo puso encima de su cabeza bajo poca protesta por parte del otro. Su pelo le hacía cosquillas y su vientre era cálido. Respiró un par de veces así, acariciaba su cabeza sin ver y le causó aún más cosquillas al momento que volvió a ronronear. Se lo quitó del rostro y lo puso en su estómago, donde el felino no tardó en ponerse cómodo.
Se permitió cerrar sus ojos y relajarse…
Abrió los ojos de repente al sentir sudor frío bajar por su espalda, su habitación se encontraba sola a excepción de su gato y a juzgar por la poca iluminación en el exterior, seguía siendo de noche. Intentó levantarse pero sintió como un enorme peso se instalaba sobre todo su cuerpo y le impedía moverse. Intentó también hablar pero sus cuerdas vocales se encontraban paralizadas de igual manera. Trató de inspirar hondo, recordándose a sí mismo que esto sólo era causado por una enorme cantidad de estrés, que en realidad no había ninguna presencia maligna que le impidiera moverse. Pero cuando el pánico predomina en tu mente, es difícil escuchar la voz de la razón. Incluso para un graduado en psiquiatría.
Después de lo que pareció ser una eternidad—pero que, Yuri sabía, no pudieron ser más de tres o cuatro minutos—volvió a ganar control sobre sus vías respiratorias e hizo algunos ejercicios. Inhala… exhala… inhala… exhala… posó su vista en la ventana. Las cortinas estaban descorridas y las luces nocturnas de la ciudad predominaban en el panorama. Después de apreciar la vista por unos minutos, caminó hasta la cocina. De una de las alacenas tomó un pequeño vaso de cristal, mientras que de la nevera sacó una botella de vodka.
Yuri no bebía con mucha frecuencia—digo, sí iba a tomar algunos tragos con sus compañeros de la uni cada que le invitaban, pero eran poquísimas las veces que podía decir se sentía ebrio—. Pero la experiencia recién vivida ameritaba un trago. Al fin y al cabo, el alcohol era un depresor, lo cual quería decir que podía disminuir sus niveles de estrés aunque fuera de manera temporal. Giró la tapa de la botella y vertió el líquido transparente en el vaso hasta que estuvo lleno, luego volvió a cerrar la botella.
—A tener un mejor día mañana, supongo. —dijo a modo de brindis al tiempo que se encogía de hombros y acercaba el objeto de cristal a sus labios. Dejó salir un suspiro y cortó la distancia, tragando el líquido amargo de un sorbo, haciendo que un par de gotillas escurrieran por la comisura de sus labios. Gotas que fue rápido en limpiar con sus mangas. No pudo evitar hacer gestos ante el sabor del alcohol, aún después de varios años de consumirlo seguía sin acostumbrarse del todo a lo fuerte que era aquella bebida.
Se sirvió otro trago, para hacerlo a la par. Y esta vez no hizo caras al vodka.
Cuando se hubo relajado lo suficiente, regresó a su cama. De vuelta a dormir.
Esa fue la primera de muchas noches que Yuri sufriría de parálisis del sueño por dormir pensando en Viktor.
Por suerte, pudo dormir bien el resto de la noche. Y de igual manera, pudo despertarse bien para irse a trabajar.
Al poner un pie dentro del hospital, dio un gran suspiro. Tenía pensado intentar una terapia con Viktor, era una que se usaba mucho con el estrés postraumático, pero no tenía idea de cómo reaccionaría ante la misma teniendo en conjunto a la esquizofrenia y los ataques maniaco-depresivos. Caminó por donde siempre y cuando entró a la habitación Viktor se encontraba como cuando lo vio por primera vez: inclinado sobre el bloc de dibujo con unos pocos rayos de sol iluminando su rostro y dándole ciertas sombras.
De repente pensó que ninguna estatua de Miguel Ángel ni alguna pintura de Rafael Sanzio podrían igualar la elegancia en las facciones de aquel hombre. Seguía concentrado en su dibujo, y si prestabas atención podrías notar que su cabello se encontraba igual o más enredado a la última vez, sus manos sobre el carboncillo temblaban un poco y la sonrisa en su rostro parecía bastante cercana a desaparecer.
¿Cómo era posible, entonces, que algo tan roto podía seguir siendo hermoso?
A su cerebro se le ocurrió asociar entonces a la imagen de Viktor en ese momento con un ángel caído de la gracia. Sus alas rotas y machacadas a cada lado, un prístino blanco que había sido manchado con un rojo que no se merecía, con tantas ofensas a su persona que no merecían él ni ningún ser humano. Su halo le había sido robado, supuestamente castigado por un crimen del cual él no era culpable. Podía sentir la angustia emanar de su cuerpo, dolor de perder lo que más le importaba.
Se preguntó por un breve momento cómo habría lucido Viktor cuando se encontraba en su auge de gloria. Le habría gustado verle brillar con la energía que le daba nombre y le ayudaba a vencer sus obstáculos. No cabía duda alguna que sus padres habían pensado bien al momento de nombrarlo, pues la diosa de la victoria lo protegía, Viktor sólo necesitaba tomar la fuerza necesaria para poder hacer uso de su fuerza…
Negó con la cabeza cuando se dio cuenta de que sus pensamientos se habían ido un poco de más. Tal vez debió haber escuchado el consejo de Beka acerca de no inmiscuirse demasiado… se aclaró la garganta y Viktor le observó a ver, su sonrisa de repente se iluminó y sus ojos adquirieron el brillo infantil al que Yuri estaba acostumbrado.
—Buenos días, Koneko-chan. —saludó al tiempo que dejaba sus utensilios de arte a un lado para poder dirigirse al chico con propiedad. Yuri se limitó a asentir con la cabeza. De repente se sintió idiota por olvidar lo que iba a decir. Y fue en el bloc de dibujo que encontró la respuesta.
— ¿Qué dibujabas ahora? —preguntó al tiempo que apuntaba al objeto con la cabeza. Viktor hizo un sonido de 'jum' antes de darse cuenta de qué es a lo que Yuri se refería. Le extendió el objeto a Yuri, quien lo tomó con cuidado y soltó un jadeo al observar la imagen.
Era él, recostado en una cama con una chamarra de animal print de tigre, su gato estaba encima de él y el Yuri de la imagen le dedicaba la misma mirada amorosa que el Yuri en la vida real le dedicaba. Sintió que su boca se secaba y su corazón martilleaba en su pecho. Supo que la voz se le había ido así como la capacidad de formar oraciones coherentes. — ¡¿Es esto…?! —fue lo único que alcanzó a preguntar antes de que el asombro le quitara la lengua de nuevo. Viktor sonreía con un poco de vergüenza al tiempo que asentía con la cabeza.
—Recuerdo que me dijiste que usabas mucha ropa de animal print, en especial de tigres y… —se frotó detrás del cuello de manera incómoda, su expresión se volvió aún más avergonzada—. Puede o no que haya esculcado en tu teléfono para ver fotos de tu gato y de ti… —desvió su vista, incapaz de sostenerle la mirada a aquellas esmeraldas que seguían abiertas de par en par, atentas a cada palabra que salía de su boca.
—Yo… te juro que no sé qué decir… ¿gracias? —Viktor pestañeó un par de veces. Esperaba un regaño de parte de Yuri por hurgar en sus cosas, ¿y en vez recibía esto?
Bueno, ciertamente no lo iba a desaprovechar.
—No tienes que agradecerme, pequeño gatito.
—Hoy iniciaremos con terapia de desensibilización. —le informó Yuri una vez que pasó el momento de euforia. Él se encontraba sentado en un sillón individual mientras que Viktor se encontraba recostado en su cama. Jugueteaba un poco con los cordones de su bata que podía alcanzar debido a su gran longitud.
— ¿Desensibilización? —preguntó, pues el término le era desconocido.
—Sí. En vez de evitar el tema que ha causado todos tus derrumbes mentales, como lo he hecho estos días, los tocaremos todo lo posible para así lograr que la mención de éste no te cause ya ataques de estrés postraumático. —explicó. Esta era una de las técnicas más recomendadas según lo que le habían explicado en la escuela de psiquiatría.
Viktor se removió incómodo en su lugar, la idea no le parecía del todo, pero estaba dispuesto a llevarla a cabo si eso significaba poder avanzar con su enfermedad. Así que inspiró hondo y con temblores, antes de asentir y darle el sí a Yuri.
—Adelante. —aceptó, sus manos, así como su espíritu entero temblaban de pavor. Ya podía sentir el pánico llegarle en oleadas, pero recordó las palabras gentiles de Yuri del otro día, y pudo disciplinarse a sí mismo para tomar bocanadas de aire y que el pánico subsidiara un poco, al menos lo suficiente como para atenerse a las órdenes del más joven.
Yuri asintió con la cabeza antes de observar a los apuntes que tenía en su libreta. Pensó un poco acerca de dónde sería mejor comenzar, quizás el inicio sería lo mejor, después de todo.
— ¿Dónde fue que conociste a Yuuri Katsuki? —preguntó, golpeando con insistencia la libretita con su pluma. No podía evitarlo, se sentía en extremo nervioso, y debía mantener la calma y continuar con la terapia a pesar de que tuviera un ataque.
—En un banquete después de uno de los Grand Prix. Aunque él jura y perjura que no me recuerda. Heh. —soltó una pequeña risa irónica, sus manos ahora se encontraban inmóviles en su pecho, incluso parecería que habían perdido vida. Su expresión se había tornado seria, sus ojos eran fríos y no parecían tener piedad. Sus manos de repente se apretaron en puños y creaban arrugas en sus batas de franela—. Más tarde nos conocimos cuando viajé a Hasetsu en Japón.
— ¿Viajaste por una de tus competencias? —preguntó al tiempo que tomaba nota de todo.
—No exactamente. Había visto un video de él patinando una de mis coreografías y yo… simplemente sentí un jalón, ¿sabes? Como si el destino mismo me hubiera dicho que debía ir allí, conocerlo… y perderlo. —su voz bajó un par de octavas y se volvió sombría, su vista se perdió en la ventana por un par de segundos antes de regresar a donde estaba antes—. En fin, viajé a Hasetsu y acepté ser su entrenador, el resto supongo que es historia. —soltó un suspiro, realmente le estaba costando mucho trabajo—. Estábamos en Barcelona, España, cuando en una catedral él me regaló un anillo. Dijo que fueron baratos, sin embargo costaron más de 700 dólares… —su voz cada vez temblaba más, tomaba más respiraciones pero le era difícil mantener la compostura—. Detente, por favor. —rogó de la nada, su respiración salía en jadeos y se sentó de abrupto, manos en sus oídos y meciéndose de nuevo. En menos de diez segundos Yuri ya está a su lado, tomándole de sus hombros y zarandeándole ligeramente.
—Viktor, mantente aquí conmigo. Sabes que esas voces no son reales. —intentó de nuevo trazar círculos en su espalda.
Al cabo de veinte minutos, Viktor logró calmarse. En la primera sesión Viktor tuvo tres ataques. El intervalo entre cada uno aumentaba.
Yuri se hundía entre sus manos con un sonoro quejido. Algunas de sus notas yacían esparcidas en la mesa de la cafetería y sus pensamientos se encontraban aún más dispersos.
—Parece que eres tú quien recibe las terapias en vez de Viktor. —Yuri trató de dedicarle una mirada furibunda a quien se consideraba su mejor amigo, pero desde su posición era bastante débil aquel intento suyo, por lo tanto se limitó a gruñirle y devolverse a intentar reposar su mente.
» ¿He de suponer que la primera sesión no fue tan bien como esperabas? —Yuri asintió con la cabeza desde su posición—. Bueno, deberías seguir intentando. La terapia no da frutos si no es constante ni perseverante. Además de que no es sólo trabajo del paciente, sino también del doctor tratante. Debes tener una psique fuerte si quieres ayudar a alguien más, pero tampoco debes ponerte en riesgo. Hay incluso algunos psicólogos que van a terapia. —se encogió de hombros.
— ¿Estás insinuando que me voy a volver loco y que iré a terapia?
—No en realidad, sólo te advierto que por más fuerte que te creas, está bien ser débil de vez en cuando, y aceptar ayuda es el mejor paso para superar la debilidad. Te dije que tienes los ojos de un soldado, no de un héroe.
Cuando regresó a la habitación de Viktor, este se encontraba en cama. Parecía estar durmiendo, o eso creería Yuri si no pudiera ver con total claridad el subir y bajar de su pecho.
— ¿Te sucede algo? —le preguntó con cautela, Viktor se sentó en su cama para observar a Yuri, le dio una sonrisa débil mientras visiblemente peleaba para mantenerse despierto.
—Estoy bien, —le aseguró, y antes de que Yuri le pudiera decir cualquier cosa, le hizo un gesto para que le dejara continuar—. Acaban de darme el medicamento, siempre me da algo de sueño. Aunque no puedo dormir del todo.
—Ya veo. —se sentó en la cama y le hizo señas a Viktor para que se regresara a descansar. Aquellas bolsas en sus ojos eran preocupantes. Aquel viejo decrépito debería preocuparse por su salud. Sino terminaría en cuidados intensivos físicos en conjunto con los psicológicos.
De algún momento a otro, Viktor se dio la vuelta para quedar con el rostro a la pared, cosa que confundió a Yuri. Tiró un poco para llamarle la atención, el otro le respondía con pequeños soniditos. Parecían dolorosos. ¿Quizás el medicamento había tenido un efecto secundario además de la fatiga y le causaba dolor?
— ¿Viktor? —le llamó, éste siguió contestando con los soniditos. Se hizo bolita y se negaba a darse la vuelta aunque Yuri tirara fuerte de él—. ¿Te está dando un efecto secundario de la medicina? ¿Te duele algo? ¿Quieres que llame a alguien? —escuchó una negación—. ¿Entonces qué quieres que haga? —Viktor se hundió más en su bolita—. Si no me dices llamaré a uno de seguridad.
—Qué vergonzoso… —le escuchó murmurar por lo bajo al tiempo que muy lentamente, y sin deshacerse de su posición fetal se giraba hacia él. Se abrazaba de sus piernas con fuerza pero sucumbió bajo la fuerza de la mirada de Yuri y aflojó el agarre un poco. Y fue entonces que cierto, erm, problema se hizo visible debajo de las batas de Viktor. Yuri se sonrojó un poco y desvió la vista, tosió un par de veces por la sorpresa y trató de pensar en una manera que pudiera lidiar con esto. No te preparan en la escuela para todo…
—Uh… —comenzó, incomodidad pintada en su tono—… ¿deseas que me vaya un momento para que te, ahem, encargues de eso? —preguntó aun evadiéndole la mirada. Viktor asintió débilmente, su rostro se encontraba más rojo que el de Yuri porque su piel era más pálida y para evitarle más vergüenza, caminó hasta la entrada—. Te veré en un rato.
Yuri tocó un par de veces la puerta, antes de escuchar un desgastado 'adelante' provenir desde adentro. Viktor parecía haberse regresado a su posición fetal, su rostro se encontraba entre sus piernas, las cuales abrazaba con fuerza. Yuri estaba casi seguro que podía escucharle llorar de la vergüenza.
— ¿Ya lo resolviste? —Viktor negó con la cabeza. Yuri parpadeó un par de veces. Aquello quería decir que lo que le sucedió no era natural. Al menos no se produjo por atracción directa hacia la persona con la que estaba teniendo contacto. Debía ser un efecto secundario del medicamento. Pero aquello era raro, el litio no tenía como efectos secundarios—ni siquiera en los graves—las erecciones prolongadas.
O tal vez, era que no le era administrado litio, como decían.
— ¿Crees que podrías hacerme un favor, Viktor?
—Créeme que no soy un pervertido. —soltó una bocanada de aire—. Las voces dicen que es porque estaba pensando en ti que esto pasó, y eso no es cierto.
Yuri tragó grueso. —Te creo. —echó un vistazo a la puerta, asegurándose de que nadie les observaba—. Escucha —Viktor se inclinó hacia él, toda la atención que podía juntar fija en él—, necesito que mañana, cuando te den el medicamento, muerdas un trozo de la pastilla y la guardes en tu boca hasta que yo llegue contigo. Sé que es peligroso, pero si es lo que yo creo que es, entonces en este hospital están cometiendo negligencia médica y te están tratando con un medicamento que debería estar fuera del mercado.
» ¿Puedo contar contigo? —su corazón latía a mil por hora y mientras que el riesgo podría parecer demasiado, él pensaba que valdría la pena si eso significaba el lograr que Viktor en verdad se recuperara. Su mirada era suplicante, y al parecer Viktor tenía una debilidad por ella, piesto que aceptó de inmediato. Con su sonrisa usual y su tono bobalicón contestó:
—Puedes contar conmigo.
1.- La parálisis del sueño es más comúnmente ocasionada por estrés, coloquialmente se dice "que se te sube el muerto" y es la sensación de estar despierto mentalmente pero tus músculos no responden a tus comandos. Esto se debe a que la mente despierta demasiado rápido y que los músculos aún se encuentran sedados. Muchos lo describen como una situación aterradora, y mientras que normalmente dura entre 2~4 minutos, la sensación de pánico altera tu sentido del tiempo y te hace sentir que pasa mucho más.
2.- La trifluoperazina es una medicina del tipo típico, usada más comúnmente para tratar la esquizofrenia. A pesar de ser probada como eficiente en el pasado, la trifluoperazina tiene varios efectos secundarios: mareos, dolores de cabeza, borrones en la memoria, confusión constante, boca seca, contracción y dilatación de las pupilas, secreción de leche en mujeres y disminución de capacidad sexual em hombres. Uno de los efectos graves es: erección por horas prolongadas en hombres. Se recomienda no usarse en personas con demencia senil ya que puede llevarles a la muerte y tampoco en mujeres con lactancia a menos que el médico así lo describa.
Espero no haberos aburrido.
Matane!
