Harry Potter no es mío, bla, bla, bla...


Fred

A Fred Weasley no le gustaba el Quidditch.

Así que no entendía que hacía en esos momentos con la escoba, cayendo en picado para batear una bludger.

En realidad, odiaba los malditos entrenamientos de Quidditch, fueran sobre la escoba o en los vestuarios.

Y para empeorarlo todo, estaba en su sexto año y aún no sabía cómo decirle que odiaba las bromas con toda su alma, ni cómo plantearle que no tenía la más mínima intención de continuar con el negocio familiar. El no quería ser un reflejo de su padre, ni del que tío de quien había recibido el nombre.

Apenas oía una palabra de las nuevas jugadas diseñadas por Scott Lyndon para derrotar a Ravenclaw. El capitán hacía volar a unas pequeñas figuras con su varita, hablando sin cesar de tácticas ofensivas y defensas estratégicas.

Fred bostezó, confiando en que luego James le resumiría lo esencial, y volvió a pensar en formas de explicarle a su padre que no le gustaba el maldito Quidditch.

Aunque lo peor no era su fobia al Quidditich, ni a las bromas. Había algo, un secreto tan oscuro, que Fred nunca le podría confesar a su padre.

Porque… ¿cómo le dices a George Weasley que Percy es tu tío favorito?


Avance: James

- Señor Potter, el jefe de su casa me ha pedido que hable con usted sobre su futuro. ¿Tiene ya idea de lo que quiere hacer después de Hogwarts?

James miró al suelo mientras levantaba un brazo para rascarse la cabeza. Odiaba esa pregunta y últimamente no hacían más que repetírsela.

- La verdad es que no, profesora McGonnagall.