N.A.: Bueno, fianlemente subo el tercer capítulo, mínimo le quedan dos más. Y no creo que se extiendan más. Quizás haya un epílogo pero no es probable. Y a partir del capítulo que viene, por fin, se viene la parte más esperada (por mí), ¡el comienzo del clímax! Espero que les guste. ¡El drama recién comienza!


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Fatalidades

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Las cosas no podrían haber salido peor. Leucemia. La palabra rebotaba en su mente como una mala palabra gritada en un ambiente en silencio. Leucemia. Si hubiera sido cualquier persona, si hubiera sido un paciente cualquiera de los que siempre tenía no hubiera pasado nada. Seguramente, hubiera dicho con poco tacto la sentencia de muerte y ahora estaría todo en el olvido, ayudado gracias a unas cervezas que compartiría con su amigo mientras miraban la tele. Pero no era un paciente cualquiera y todo distaba mucho de quedar olvidado. Porque se trataba de Wilson, su mejor amigo, el único pilar que hacía que su viera conservara un poco de sentido.

Parado frente a la habitación de su amigo, no se atrevía a entrar. ¿Cómo se le puede decirle a un ser querido semejante noticia? Quiso ir a pedirle consejos a aquel que había hecho del dar sentencias de cáncer un arte, pero no podía, porque esa persona se encontraba en aquel cuarto al cual no tenía el valor de ingresar, y su vida estaba siendo consumida por la leucemia.

Fue un segundo sólo durante el cual House se detuvo en la puerta, pero bastó para que sus miedos cobrasen forma ante él. Si Wilson moría, no sólo se quedaría solo, sino que lo perdería todo. Cualquier chance de ser medianamente feliz se desvanecería junto a él, porque sin su mejor amigo entonces ya nada podría estar bien.

Con más fuerza de la necesaria abrió la puerta y entró. James lo miró sabiendo que algo le sucedía a su amigo, algo que pugnaba por salir de su boca pero sus labios se negaban a moverse. Con presteza, House tomó la silla que se encontraba a lado de la camilla donde descansaba su amigo, y arrastrándola a un costado se sentó. Se encontró con los ojos oscuros de Wilson y cualquier posibilidad de decir las cosas suavemente se derrumbó junto con su voluntad.

-Tienes leucemia-dijo bajando la mirada.

-¿Está muy avanzado?-preguntó Wilson, la voz le tembló menos de lo que debería, cómo si quisiera conservar las fuerzas para consolar a su amigo.

-Necesitas un transplante de médula-aclaró House, su voz poseía aquel tono que pocos eran capaces de reconocer, que dejaba entrever a un House sensible y sus ojos tenían un brillo que suplicaban a su amigo que no se muriera-. Llame a tu hermano, está viajando para acá.

-Él no puede donar-le dijo Wilson-, de niño sufrió Hepatitis A.

-Entonces avisaré a Cuddy para que te ponga en la lista de espera, eres oncólogo y una de las personas que lleva una de las vidas más sanas del planeta, no dudarán en considerarte-dijo mientras se levantaba para dirigirse a la oficina de la directora.

-No hace falta, llámala por celular-dijo reteniéndolo brevemente por la camisa, de un modo en que equivaldría decir "Espera, no te vayas. Quédate conmigo."

Y House así lo hizo. Se quedó a un costado de su amigo, al principio sólo mirándolo. Luego, lentamente, entrando en una conversación, al poco tiempo no faltaron las risas, aquellas que sólo salían cuando los dos estaban juntos.

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-Has contraído rubéola- le explicó Taub a Lydia-. Y a no ser que hagamos una cesárea, tu niño podrá ser afectado con ceguera hasta problemas cardíacos.

-¿Podrá?-preguntó Lydia asustada-. ¿Cuáles son las posibilidades de eso?

-Las chances son de un cincuenta por ciento-le dijo el médico.

-¿Pero no es muy chico para una cesárea?-preguntó angustiado el esposo de la paciente.

-Sí, si bien aún le falta un mes, aún hay posibilidades de que la operación salga con éxito.

-¿Y cuales son las posibilidades?-preguntó desesperada Lydia.

-Nuevamente estaríamos hablando de un cincuenta por ciento.

-¿Entonces que debemos hacer?-le cuestionó la madre.

-Es algo que deberían decidir ustedes-dijo Taub.

Luego, de sopesar un rato las posibilidades Lydia habló.

-Haré la cesárea-dijo con firmeza.

-No, Lydia, no puedes-exclamó horrorizado el marido.

-Escucha, Robert. No dejaré que mi hijo pague por lo que yo hice. No puedo condenarlo a una vida de angustias sólo porque yo en el pasado me quise divertir-dijo la mujer mientras los ojos se le llenaban de lágrimas, hasta que finalmente se quebró-. No puedo.

-Está bien-dijo finalmente Robert resignado, aceptando su realidad-. Haremos la cesárea.

-Entonces, reservaré el quirófano-dijo Taub dando una vuelta para marcharse.

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Trece aprovechó el hecho de que House estaba volviendo del baño para hablarle.

-Encontramos un donante-le dijo-. Coincide en un 4/6.

-No-dijo este-. Encuentren a alguien mejor.

El nefrólogo no quería arriesgarse a correr ningún riesgo con la vida de su amigo.

-House-dijo suavemente la doctora-. Sabes que no encontraremos nada mejor, y Wilson no puede darse el lujo de esperar.

-Está bien-dijo finalmente House resignado, aceptando su realidad-. Reserva el quirófano.

Pocas horas más tarde, dos personas estaban siendo preparadas para cirugía. Y otras dos se quedaban a la espera. Mientras, Robert se quedaba en la sala de espera, House fue al mirador, para observar la operación.

-Todo va a estar bien-le había dicho Wilson antes de que se lo llevaran.

-No puedes saberlo-le había contestado el discapacitado.

-Quizás no, pero tengo el presentimiento de que sí-le rebatió James.

House, no dijo nada, otorgando en el silencio el férreo pedido de que así sea. Tan sólo deseando. Finalmente, cuando vinieron a buscarlo, Wilson le dedicó una cálida sonrisa.

Y ahora estaban operándolo, observó como lo abrían, como introducían la médula en él y cuando todo parecía que todo iba a terminar bien, los pitidos de la máquina comenzaron a sonar anunciando un tétrico final. Vio el cuerpo de su amigo saltar una y otra vez, bajo la electricidad de las paletas que intentaban vanamente reanimarlo. Luego de varias veces, Chase dedicó una mirada arriba, hacia donde House se encontraba. Una mirada que pedía perdón, que lo había intentado, que hizo lo mejor que podía.

No.

No podía ser posible.

-¿Qué estás haciendo, pedazo de infeliz?-dijo House apretando con el bastón el botón de comunicación-. ¡Sigue reanimándolo!

-House, ya es tarde. Wilson murió.

El nefrólogo observó el rostro de su amigo, y si ignorabas el hecho de que estaba abierto, los incesantes pitidos o la continua recta verde que marcaba el monitor, parecía que simplemente estaba dormido en paz. Una lágrima cayó de uno de sus ojos y rodó por su rostro.

Imposible.

Pero había sucedido. Wilson estaba muerto. Se había ido, se había marchado para siempre de su lado. House se quedó mirando quieto como una estatua, como cubrían con una sábana el cuerpo, cómo se lo llevaban, hasta que ya no quedó nada para ver.

-House, ¿estás bien?-preguntó Chase observándolo con preocupación.

House no le contestó. No podía hacerlo. Se había quedado sumido en sus pensamientos, incapaz de digerir la cruel verdad. Si no hubiera estado en shock hubiese podido apreciar la ironía. El eterno enamorado de la verdad absoluta, ahora tenía problemas en aceptarla. Quería negarla, rechazarla, pero años de no aceptar otra cosa que la más estricta realidad se lo impedían. Y allí, estaba, siendo abofeteado por la más atroz y despiadada de las verdades. Su mejor y único amigo había fallecido.

En el quirófano contiguo, una pareja lloraba por la muerte de su prematuro hijo.

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N.A.: Muy bien, espero que les haya gustado. Si bien todavía falta más importante y más drámatica espero que les haya emocionado el final, ¡y sino lo intentaré con el capítulo siguiente! Ojalá que no les haya parecido, nuevamente, exagerada la reacción de House. Creo que no, porque después de todo, es su mejor amigo.

Nuevamente, espero que les haya gustado. ¡Y no se olviden de comentar!