Muchas gracias por los reviews! Ahí va el siguiente:
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A la mañana siguiente, Lily y Diane se peinaban en los baños antes de ir a clase, y mientras Diane le reñía a su amiga.
-¿En qué estabas pensando, Lily? Te va a hacer lo mismo, ya verás.
-No creo.-Lily se concentro en quitarse un nudo particularmente tenaz de los mechones de la nuca.
-Pues yo creo que sí.-dijo Diane mirando a su amiga con preocupación-Además¿tú le quieres? Para nada. ¿Entonces?
-Me vengaré de él-respondió la pelirroja sencillamente, recogiéndose hacia atrás el cabello de delante-Ya verás, dentro de un mes o así irá con unos cuernos tan grandes que no va a caber por la puerta del Gran Comedor-añadió, y Diane sonrió.
-Mientras no te los ponga él a ti...
-Qué va, le he hecho creer que de verdad le quiero, y él está super convencido de ello, me ha dicho que no volverá a defraudarme.-se rió, y añadió-Además, se echó a sí mismo uno de esos encantamientos que te impiden ser infiel a tu pareja.
-Ya te dije yo que ese tipo era un imbécil-dijo Diane, riéndose de buena gana-Si se ha echado a sí mismo el encantamiento es que no está muy bien de la azotea.
-Bueno, no se lo echó él exactamente, se lo eché yo.-dijo Lily con una sonrisa maliciosa mientras guardaba su cepillo de pelo-Le monté un numerito y le dije que tenía que estar segura, que lo mejor era que se lo echara yo ¡y el muy estúpido se dejó!
Las risas de las dos amigas resonaron en el baño. Un rato después se encaminaron a desayunar, y para desconcierto de Lily, Mary se sentó al lado suyo. No le habló, pero de vez en cuando le echaba alguna mirada, y la pelirroja pensó que era un avance. Miró hacia el otro lado de la mesa, y su mirada verde se tropezó con otra de color castaño. Durante unos segundos, ambos se miraron fijamente.
"Es tan guapa" pensaba James, mientras contemplaba a Lily durante el desayuno "Y yo con esa estúpida de Mónica, si la pobre no tiene inteligencia suficiente para aprenderse el encantamiento levitador" Entonces el chico se dio cuenta de que la pelirroja lo miraba fijamente. Tal vez... se acordó de lo que su ahora novia había hecho con el de Lily... pero claro, Lily no querría. No, claro que no quería, lo odiaba y se lo había dejado claro bastantes veces. Aunque... al menos últimamente le hablaba, no solían ser, de hecho casi nunca lo eran, palabras amables, pero era algo. En esas cavilaciones estaba cuando se percató de que la chica no apartaba los ojos de él, y James estaba seguro de que se empezaba a poner colorado, sin embargo, siguió mirando los profundos ojos verdes de Lily, con una mezcla de deseo y desafío a que dejara de mirarlo. Ella no parecía saber qué hacer, estaba como si la hubieran pillado en una travesura y no hubiera preparado ningún plan de huída. Un codazo la devolvió bruscamente a la realidad.
-Lily...-la voz de Diane hizo recuperar la compostura a su amiga.
-¿Qué?-notó cómo un rubor le subía por el cuello, y giró la cabeza. No le iba a dar la satisfacción a aquel engreído de saber en qué manera conseguía alterarla.
-Que estás en la parra.-Diane se levantó-Venga, vamos a clase. Por cierto-añadió, cuando las dos salieron del Gran Comedor en dirección a Pociones-¿te importa que vaya con...?-señaló a Remus con la cabeza.
-En absoluto-Lily fue hacia Ian, pero entonces una voz la llamó. La chica se giró y reconoció a un compañero de Gryffindor, Oliver Larsson, un chico muy amable y alegre. Era alto, de cabello rubio oscuro y corto, y tez pálida. Durante los primeros años se había llevado estupendamente, se podría decir que formó parte del grupito, pero por cosas de la vida aunque habían seguido compartiendo clase, no tuvieron el mismo trato.
-¡Oliver¿Qué hay?-Lily le dedicó, casi inconscientemente, una espléndida sonrisa.
-Nada, sólo me preguntaba... que hace tiempo que no hablo contigo... y bueno, si querrías sentarte conmigo en Pociones y ponerme al día.-dijo con gesto inocente.
-Será un placer.-dijo Lily con una sonrisita; los dos rieron. Era una de las bromas que solían hacer en primero y segundo. Como los dos eran de familia muggle, el enorme castillo les había chocado bastante, y en aquellos años, que a Lily ahora le parecían tan lejanos, en broma solían hablarse como si fuesen un caballero y su dama, lo que provocaba las risas entre el grupito.
Como si hubiera adivinado los pensamientos de Lily, Oliver le ofreció su brazo.
-Sed tan amable de acompañarme a las mazmorras, mi dama.-dijo, y provocó más risas en la pelirroja-Sé que es un lugar oscuro y tenebroso, pero con esta luz...-agitó su varita y una luz brotó de la punta-iluminaré vuestro camino.-Lily continuó riendo.
-Con la condición de que no os apartéis de mí, mi noble caballero-dijo entre carcajadas-Pues hay muchos monstruos ocultos en la oscuridad de las mazmorras, de nariz ganchuda y pelo grasiento, o de pelo rubio demasiado repeinado. Os ruego que no me dejéis adentrarme en las sombras sin gozar de vuestra tranquilizadora presencia.-añadió.
-No os preocupéis, mi señora-Oliver realizó una reverencia, y Diane, Mary e Ian, que habían escuchado la última parte de la conversación, estallaron en risas.
El resto de las conversaciones en las clases de la mañana fueron parecidas. Lily y Oliver recordaron viejos tiempos, y con ellos también los otros tres, aunque Diane se sentó con Remus no dejó de girar la cabeza para hablar con sus amigos, y recibió bastantes quejas de los profesores. Pero la última hora de la tarde fue soporífera. Les tocaba Historia de la Magia, y en todo el colegio no había un solo alumno que en mayor o menor medida no pensara que esa asignatura era lo más aburrido que podía existir en el mundo mágico. Pero Lily y sus amigos habían descubierto un pasatiempo: las notitas. Aunque estuvieran sentados en pupitres separados, aquella clase, después de Encantamientos, era la más apropiada para la comunicación aérea entre amigos. El profesor Binns no se daba cuenta de nada mientras continuaba leyendo sus apuntes, o eso creían ellos.
-Señorita Evans, como vuelva a hacer eso me temo que le tendré que pedir que abandone la clase.-dijo, con la misma voz monótona con la que les relataba los acontecimientos de la historia.
-Es que te has pasado-dijo Oliver en voz baja-Te has levantado, ha sido bastante descarado.
Lily sonrió.
-Por favor, mi señor, dejad de hacer pareados.-susurró, y añadió un codazo.
Mientras, el resto de la clase que no estaba intentando no dormirse miró a la pelirroja. La gran mayoría utilizaban el sistema de bolita de papel para charlar en clase sin ser interrumpidos, y era la primera vez que el profesor Binns amonestaba a alguien por ello. En particular, un chico moreno miró con desconfianza a Oliver, no le gustaba la amistad que tenía con su pelirroja. Le dio un codazo a Sirius, que estaba escribiendo una notita, bueno, más bien una cartita, a juzgar por lo largo que le había quedado, para Mary.
-Ese Larsson me está quitando terreno.-dijo de malhumor. Sirius miró a su amigo aliviado, volvían a hablarse, y encima James seguía queriendo hablar con él de cosas que le parecían importantes, como el tema Lily.
-Para nada-Sirius negó con la cabeza-no creo que sea su tipo. Además, ha vuelto con el uni-neuronal de Smith.
-Pero ella, no sé, últimamente anda muy suelta, me apuesto todo mi oro a que es capaz de engañarlo con otro.-James se pasó las manos por el cabello, disgustado, pero más consigo mismo que con Oliver-Si es que soy un idiota...
-Pues tío, haz algo.-Sirius se encogió de hombros-Darle celos no creo que funcione, ya ves, ha vuelto con su ex y tan tranquila; además, si como tú dices, va a por el Larsson...
-Ya sé, pero es que ¡estoy con Mónica!-dijo James desesperado.
-Pues déjala-dijo Sirius con tranquilidad. Sacó su varita, le hizo un encantamiento levitador al papel que había estado escribiendo y lo llevó hacia donde estaba Mary; la chica lo cogió con una sonrisa y le mandó un fugaz beso con la mano a Sirius.
-Es que... no es tan sencillo. Llámame idiota, pero quiero que sufra. Por lo que le hizo pasar a Lily cuando se lió con aquel capullo.-apoyó la barbilla en la mano-No quiero que le haga sufrir más a Lily, es como si quisiera protegerla.
-Eso son remordimientos de conciencia por las demás chicas a las que has maltratado, Cornamenta-le dijo Sirius con una media sonrisa.
-Habló el santo-James puso los ojos en blanco-No, no es eso, sé que a ella la quiero, hasta el punto de que si está bien con otro pues dejarla ser feliz, pero no quiero que le hagan daño.
-Pues tío, me parece que a ella, o no lo sabe o le trae sin cuidado.-Sirius comenzó a garabatear distraídamente en el borde de su pergamino.-Tendrás que dejárselo claro.
-Lo sé...-dijo James-La cuestión es cómo.
Se hizo el silencio entre los dos amigos, mientras pensaban, cuando la voz del profesor Binns sacó a James de sus pensamientos.
-Señorita Evans, coja sus cosas y salga de mi clase.
Lily agachó la cabeza. Cogió su mochila y salió sin decir nada.
"¡Estupendo!" pensó con amargura "¿Y qué hago yo ahora?" caviló durante unos minutos y a fin decidió ir a la biblioteca, poniendo como excusa, si le pillaba algún profesor, que necesitaba información para los ÉXTASIS. Caminó resueltamente, y en la puerta de la biblioteca se dio cuenta de que alguien la seguía. Se giró y encontró a James apoyado en una armadura.
-¿Qué haces tú aquí?-preguntó con brusquedad.
-Bueno...-dijo él con los ojos brillantes-me sentía algo... indispuesto, y el viejo Binns me ha dejado salir para ir a la enfermería.
-Mentira. Has venido a seguirme y a darme el coñazo.-Lily abrió la puerta y entró. Enfiló el pasillo que llevaba a la Sección Prohibida. Pensó que podría aprovechar para informarse de algún maleficio para alejar a James. Miró alrededor. La señora Pince no estaba, acababa de salir, buscada por algún profesor. Tenía poco tiempo.
Pasó una pierna sobre la cadena que separaba la Sección Prohibida del resto de la biblioteca, y al girar la cabeza se encontró con James.
-¿No tienes nada mejor que hacer que seguirme?-masculló, molesta.
-Pues no.-la sonrisa de James no vaciló ni un instante-Porque si vas a colarte ahí, necesitarás la ayuda de un experto. Permíteme.-el chico se puso al lado de Lily, tocó la cadena en un sitio y ésta se desvaneció en el aire-Los más interesantes suelen estar ahí, pero ten cuidado, hay uno que grita, además cambia de forma, así que nunca se sabe.
-Gracias.-dijo Lily de malhumor, pero se debatió un rato consigo misma. James podía ser su venganza, la venganza perfecta. Estaba tan cerca de ella que Lily captó su aroma, tan masculino y tan atractivo. Le dedicó una sonrisa deslumbrante, que hizo que el chico se derritiera.
-De nada-dijo, ruborizado-Yo vigilaré a la señora Pince.
Lily cogió un libro de maldiciones y lo hojeó. Leía sin ver, pensando en el torbellino de sentimientos que la sacudió cuando James se le acercó. Le atraía, para qué negarlo. Una parte de ella no quería utilizarlo, y pronto empezó una lucha interna, entre esa parte y la que pensaba que James era un engreído, un chulo que se merecía sufrir al menos un poco de lo que hacía sufrir él a las demás. Ganó la parte que no quería utilizarlo, en el fondo él no tenía la culpa de que Jonathan fuera un capullo. Cogió otro libro, cuando súbitamente empezó a gritar, un aullido estremecedor que hizo que a Lily se le pusieran los pelos de punta y soltara el libro. James le hizo señas para que lo siguiera.
-Te lo dije-susurró, conduciéndola a un hueco que quedaba entre dos estanterías, fuera de la Sección Prohibida. Era tan estrecho que tuvieron que pegarse el uno al otro para poder refugiarse allí.
-¿Por qué nos escondemos?-dijo ella con el pulso acelerado; estaba tan cerca que podía sentir su respiración.
-Porque se supone que tenemos que estar en clase.-dijo James, sin girar la cabeza, evitando mirarla. Escucharon unos pasos, y en un acto reflejo, Lily se pegó más a él, aunque sabía que después se arrepentiría. De pronto, las miradas de ambos volvieron a encontrarse, como el en desayuno, y el tiempo se detuvo.
James estaba paralizado por el efecto que aquellos ojos verdes causaban en él, lo habían embrujado desde que la conoció. Lily, por su parte, veía en los ojos de él algo que mil veces le había dicho con palabras, y ella nunca lo había creído.
Empezó a acercarse él, sin romper el contacto visual, pensando que el corazón se le iba a salir de su sitio. Lentamente, Lily también fue cediendo a lo que sentía en el fondo de su corazón, algo que nunca había admitido, pero que sabía que era verdad. No cerró los ojos hasta que los labios de los dos se unieron en un beso dulce, que expresaba todo lo que sentían. Instintivamente, Lily le rodeó el cuello con los brazos y James la cogió por la cintura, acercándola a él con suavidad, haciendo más profundo el beso.
Fueron segundos, tal vez algunos minutos, pero a los dos se les hicieron eternos y a la vez muy breves, más cuando ella tuvo que romper el beso, aún a su pesar, pues el sonido del timbre los sobresaltó. En los ojos de James brillaba algo que no pudo contener una sonrisa en Lily.
-Yo... tengo que irme...-notó cómo sus mejillas ardían-Adiós...-echó a correr por el pasillo y salió de la biblioteca. James se quedó mirando el lugar que hasta hacía nada había ocupado la chica de sus sueños. Cuando pudo reaccionar se pasó una mano por el cabello, sin poder creer lo que acababa de pasar.
