Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
CAPÍTULO 4:
Descubrimiento
Había tenido un orgasmo. Uno de los grandes. Un orgasmo grande frente a Norman.
Él ni siquiera había pestañeado o mostrado alguna señal de darse cuenta de lo que sus manos habían provocado. Nunca se imaginó que era posible tener un orgasmo de esa manera o que las plantas de sus pies fueran tan sensibles de una forma no inocente. Lo peor no era eso, (al contrario, esa fue la mejor parte) ni que Norman apenas hubiese reaccionado o que aún se sintiera caliente, sino que él la había dejado sola, completamente sola.
Emma se preguntó si era normal estar tan excitada y sentirse tan tonta. Después de que Norman la ayudó a terminar… de bañarse, él simplemente le tendió la mano para que pudiera salir de la tina, y antes de irse a la siguiente habitación, la cubrió con una gran y esponjosa toalla, sin siquiera voltear, mientras ella se terminaba de sacar la ropa interior húmeda.
¡Ni siquiera me miró completamente desnuda! pensó Emma, irracionalmente indignada. Honestamente, estaba comenzando a dudar de si era lo suficientemente atractiva para llamar la atención de alguien como Norman. No lo había pensado mucho hasta ese momento, pero si se comparaba con Bárbara… era bastante insípida. Sus pechos apenas habían crecido, sus caderas no eran tan rotundas y jamás había dejado que su pelo creciera más allá de su cuello. En cambio, a la otra chica le sobraba todo lo que a ella le faltaba, y ojalá fuera solo eso, porque también, ahora que lo recordaba, ella era demasiado familiar con Norman y los había visto hablar a solas en más de una ocasión, sin dejar de lado lo mucho que ella lo seguía y lo tocaba. ¿Era necesario que se comportara de esa manera? se preguntó irritada. Bien, era cierto que ellos habían estados en ese horrible lugar en el que experimentaban con niños y que Norman la había salvado, pero que tenga un poco de dignidad y no lo acose de esa manera.
¿Qué estaba diciendo? se reprochó Emma. La situación en la que se habían visto todos ellos no era nada para envidiar, y por supuesto que no es era de extrañar que adoren a la persona que los liberó. Ellos no eran malas personas, no se merecían que pensara así de ellos, y ahora se sentía mucho más tonta que antes.
Emma, apesadumbrada, dejó caer los hombros por aquellos sentimientos nuevos y contradictorios que le hacían sentir un peso en el corazón. Nadie se imaginaba cuántas veces soñó con Norman, cuántas veces quiso volver a escuchar su voz o en cuántas ocasiones lloró porque nunca más podría ver aquella sonrisa que él siempre tenía solo para ella. Lo había extrañado tanto que, cuando sentía su respiración hacerle cosquillas en el cuello, sus brazos envolver su cuerpo cálido y su corazón golpear en su pecho, decidió que nada ni nadie lo volvería a apartar de su lado, aunque pronto se dio cuenta de lo equivocada que había estado. Ahora existía entre ellos un abismo tan grande como el acantilado que rodeaba Grase Field, pero eso no la detendría; no lo había hecho en ese entonces y mucho menos lo haría en ese momento.
Norman levantó una ceja, confundido, cuando al entrar vio que la joven, de espaldas a él, seguir en el mismo lugar que la había dejado. Ella parecía estar pensando en algo por su postura tensa, así que por lo mismo decidió que no le daría un poco más de privacidad, aunque cuando estaba a punto de dejarla sola fue que vio cómo la toalla se deslizaba por su cuerpo, dejándola completamente desnuda ante sus ojos en medio de la sala de baño. Sintió la garganta seca ante la etérea visión de Emma bajo la tenue luz de la lámpara de aceite. Ella parecía una ninfa recién salida de uno de los cuentos de hadas que estaban en la biblioteca de su antiguo hogar, aunque hubo algo que le impidió seguir disfrutando de aquel momento en silencio.
Norman se acercó a grandes pasos a su lado.
—¿Cómo fue que te pasó esto, Emma?
Norman estaba completamente horrorizado por las cicatrices irregulares que marcaban el centro de la espalda de Emma.
¿Quién había sido el responsable de esto? se preguntó con una mezcla de rabia y pena que le apretaron la garganta, en tanto sus dedos acariciaban la piel lacerada.
—¿Qué cosa? —Emma preguntó con voz ronca, olvidando hasta cómo se llamaba ante el toque del hombre. Una corriente eléctrica atravesó su espalda haciendo que todo su cuerpo se estremeciera.
—Lo siento, debes tener frío —dijo el hombre, malinterpretando su reacción.
Él tomó rápidamente otra toalla del armario con la que cubrió su desnudez desde los hombros. Con cuidado, se inclinó para tomarla desde las rodillas y cargarla con el mayor cuidado posible.
—¡Norman! ¿Qué haces? —Emma se ruborizó al verse nuevamente entre sus brazos—. ¡No es necesario que me vuelvas a cargar! —insistió—. ¡Peso mucho!
—En realidad no pesas nada, Emma. Y eso me hace pensar que no te habías estado alimentando correctamente —dijo serio.
—Te prometo que no ha sido así, es cierto que nuestras raciones no eran tan abundantes como las de acá, pero siempre nos hemos preocupado de tener una gran variedad de nutrientes en todas nuestras comidas.
Norman suspiró, pensando que Emma siempre sería la misma. Él no estaba preguntando por los demás, sin embargo, ella creyó lo contrario. Sabía que todos la querían mucho y que la cuidaban más que lo que ella lo hacía consigo misma, pero era consiente de que Emma podía actuar tan bien como él mismo, y que con tal que su familia no se preocupara, se guardaría todas las penas y preocupaciones que pudiese tener. Por lo menos le quedaba el consuelo que Ray estaba ahí para notar aquellas cosas que no decía, e incluso ahora parecía que él era la persona que la conocía mejor que nadie. No guardaba rencor por ello, si lo hiciera, significaría que estaba arrepentido por dejarse enviar, y hasta el momento jamás se había lamentado el no haber escapado, al contrario, estaba feliz de que, a pesar de todo, las cosas salieran bien para sus hermanos.
—Desde ahora en adelante pediré que te sirvan el doble.
—¿Qué? —Emma lo miró con espanto—. ¡No es necesario que hagas eso! Además, no eres la persona más adecuada para decirme que no me alimento bien.
—¿Eh? ¿Quién más no se alimenta bien? —Norman pestañeó confundido—. ¿Ray?
Emma rodó los ojos.
—Estoy hablando de ti, Norman.
—¿Ah?
Norman en verdad parecía no saber de lo que hablaba.
—Hayato nos dijo ese día que estaba feliz de que por fin comieras una comida completa por primera vez en mucho tiempo… Dice que, por lo regular, regresa la bandeja de tu habitación casi completa e incluso algunas veces intacta. ¿Qué es lo que tanto haces que pasas tus días encerrado?
Norman se detuvo a un costado de la cama sin responder.
Emma se sintió completamente perdida cuando Norman la dejó sobre la cama, y aunque él fue extremadamente cuidadoso con sus movimientos, sintió como si la hubieran arrojado desnuda sobre la fría nieve.
Norman había vuelto a cerrarse.
¿Por qué hacía eso? ¿Por qué la alejaba? se preguntó Emma. En verdad… ¿En verdad era tan imposible acortar la distancia entre los dos?
¡No!
Se negaba a quedarse de brazos cruzados, se negaba a que la angustia y el dolor cubrieran nuevamente su corazón, no importa qué tan duro fuera ni qué tanto tiempo le tomara, ni qué o quien intentara alejarla; ni siquiera el mismo Norman sería capaz de hacerlo, porque ella lucharía con garras y dientes hasta que la última gota de su sangre se evaporara, y si eso no era suficiente, volvería del mas allá las veces que fueran necesarias para estar a su lado.
Él ahora estaba sentado de espalda a ella con los antebrazos sobre los muslos.
—Norman…
El hombre abrió los ojos sorprendido cuando sintió los brazos de Emma envolver sus hombros.
—Está bien si no quieres contármelo —susurró en su cuello.
Después de unos eternos minutos en silencio, Norman volvió a hablar.
—Yo… no creo que lo aprobarías.
Ahora que sabía que Emma no estaba de acuerdo con la exterminación de los demonios, dudaba mucho de que, si descubriera lo que estaba haciendo, lo aceptara con una sonrisa.
Emma se sintió muy triste, más que nunca. Había hecho que Norman se sintiera culpable con su pregunta, y no sabía cómo remediarlo, así que lo único que hizo fue abrazarse a él con más fuerza para intentar traspasar las barreras que los separaban; quería reconfortarlo tanto. Ella quería sanar su corazón.
—No importa, Norman. Todo lo que pasa fuera de esta habitación… ya no importa. Solo quedémonos tú y yo así un poquito más, como si nunca nos hubiéramos separado.
—Desearía poder hacer eso, Emma —Norman, quien había estado a punto de apoyar su mano sobre la de Emma, se arrepintió, y en vez de dejarse envolver por su calidez, se levantó para mirarla desde toda su altura—. Lo siento, pero simplemente no puedo olvidar cuál es mi deber, y tú tampoco deberías hacerlo, porque si realmente estas tan empecinada en salvar a los demonios, deberías evitar hacer que algo tan tonto como comer algo equivocado te detuviera.
Odiaba todo esto. No quería dañar a Emma, pero sabía que si la dejaba acercase más, terminaría realmente lastimada por sus errores.
—No lo dices en serio —afirmó Emma con calma mientras lo miraba con sus grandes y prístinos ojos verdes.
—¿Eh? —Norman se sintió perplejo al no verla ofendida.
—Sé que estás diciendo estas cosas porque no quieres que cargue con lo mismo, y aunque quizás creas que estoy enojada contigo por no cambiar tus planes o que juzgaré cada una de las decisiones que has tomado para salvar a todas estas personas, no lo haré —Emma apretó la toalla bajo sus brazos—. Quiero que sepas que entiendo por qué no puedes permitirte simplemente creer en nosotros y dejar todos tus planes de lado, tampoco reprobaré el odio que sientes por los demonios o el hecho de que quieras exterminarlos —La chica se detuvo un momento para mirar la colcha blanca y arrugada antes de volver a mirarlo a los ojos—. Yo no sé qué hubiera hecho en tu lugar. No sé si podría seguir sintiendo compasión al ver lo mismo que tú, y estoy segura que nunca hubiera llegado tan lejos como lo has hecho…
No importa cuánto tiempo pasara, Emma jamás dejaría de sorprender a Norman. Ella realmente era tan honesta con sus palabras e incluso admiraba las cosas que él logró. De alguna manera, ella siempre ella lograba dejarlo sin palabras con su bondad. Ella que había sido su esperanza, su fe y su inspiración ante el infierno en el que estuvo. Pero había una cosa en la que estaba muy equivocada, y esa era en que, si ella hubiera estado en su lugar, hubiera logrado mucho más que él.
Sin que se diera cuenta, Emma tomó sus manos entre las suyas.
—Así que, Norman, no te tortures o digas cosas que no quieres decir, porque confío en ti. Y confío en que lograré encontrar otro camino con el que logremos salvar a todos.
—¿Y si no lo logras detenerme? ¿Qué harás cuando descubras que no me quedó de otra opción que asesinar a tus amigos?
—Me sentiría muy enojada y decepcionada…
Emma, que rara vez lloraba, sintió cómo las lágrimas se acumulaban en sus ojos, pero rechazó el pensamiento, y antes de que el hombre pudiera decir una palabra, continuó:
—Pero no contigo, Norman, sino que conmigo misma por permitir que tuvieras que llegar a esos extremos, y por no haber logrado ayudarte o estar a tu lado para enfrentar la situación. Así que… ¿Qué dices?
Norman se sintió terriblemente avergonzado. En ningún momento dudó que ella lo odiaría si descubría las cosas que había tenido que hacer, los errores que cometió y sus planes futuros. Era por eso que, cuando dijo que se sentiría enojada y decepcionada, ni siquiera contempló la posibilidad de que esos sentimientos no fueran contra él, pero, de alguna manera, ella había encontrado una nueva forma de lograr impresionarlo con su infinita bondad.
—Yo… —Norman ni siquiera recordaba cuál había sido la pregunta inicial. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió con la mente totalmente en blanco, y lo único que pudo hacer fue abrazarla.
El hombre joven apoyó una de sus rodillas sobre la cama para poder estar a casi su misma altura. Emma sintió cómo su mano izquierda envolvía mientras la derecha acercaba su cabeza hasta a su hombro. Ella esta vez sí quiso llorar, pero en vez de eso, rápidamente, correspondió su abrazo que la hizo sentir por primera vez completa. Quería estar así con él para siempre, no quería tener que alejarse nunca más de su lado.
Emma nuevamente comenzó a entrar en una bruma que atontaba sus sentidos. El cuerpo de Norman era tan cálido y sus manos tan amables. La piel de su cuello estaba tan cerca de sus labios que se preguntó qué sabor tenía; se le hizo agua la boca con solo imaginarse descubrir eso.
Norman abrió los ojos, sorprendido al sentir la cálida humedad de la lengua de Emma, que apenas pudo reaccionar, y antes de que se diera cuenta, perdió el equilibrio, haciendo que ambos cayeran contra la cama. Emma quedó bajo su cuerpo con la toalla torcida, revelando uno de sus pechos. Se había prometido que no cedería a la tentación, sin embargo, se le estaba haciendo casi imposible sacar de su mente la idea de llevarse el pezón de Emma a la boca. Ella era tan encantadora. Quería verla nuevamente sucumbir a un orgasmo; uno que él le había provocado con sus propias manos tocando en los lugares exactos. En aquel momento había estado a tan solo un milisegundo de arruinar sus pantalones, si no fuera porque tenía el férreo convencimiento que él no merecía disfrutar de ese placer, que él era solo una herramienta para satisfacer a Emma.
Cuando supo de qué se trataba el sexo, la única persona que siempre estuvo en su mente fue la joven que ahora estaba frente a él, y en cuanto se le dio la oportunidad de aprender algo más, memorizó cada detalle que encontró sobre cómo dar placer, con la esperanza que algún día ellos dos estarían juntos, pero esa parte de él —todos sus deseos más profundos— tuvieron que ser dejados de lado y no quedó de otra opción que sepultarlos en lo más recóndito de su mente. Pero ahora, aquel conocimiento, aquello en lo que había puesto todo su corazón por aprender, serviría para que Emma no tuviera que sufrir por el error que él había cometido.
Había sido tan arrogante. Encontró una manera de eliminar a los demonios y se fue a todo con ello, nunca se molestó en considerar otras posibilidades y simplemente asumió que esa era la única forma de seguir, pero la vida nuevamente le había dado un golpe inesperado. Dos de los seres que tanto odiaba habían protegido a su familia cuando él no podía hacerlo, y por eso le debía la vida. Aunque, a pesar de eso, aún no tenía ninguna solución que no fuera el exterminio total de los demonios.
Norman aún no estaba seguro de que es lo que debía hacer con esos dos seres que podían poner en riesgo todos los planes que había trazado con tanto cuidado; ese plan que había sido escrito con tal cuidado como si fueran las partituras del soneto de la muerte con el que bailarían sobre la sangre derramada de los demonios.
El hombre estaba tan perdido en sus pensamientos que, en un movimiento inesperado por la chica, fue traído abruptamente a la realidad.
Emma, de alguna forma, había logrado apresar sus caderas entre sus muslos desnudos. Ella levantó su pelvis en su búsqueda, desesperada, por sentir la presión de aquel miembro hinchado contra la pequeña protuberancia que florecía entre los labios hinchados de su vagina.
Para Norman, cada choque era una tortura más grande que el anterior. Él podía sentir tras la tela de su pantalón la calidez de su centro contra su pene endurecido. Sus testículos cada vez estaban más tensos y el vientre le temblaba por el esfuerzo contenido. Por supuesto que era consciente de lo fácil que sería meter la mano entre los dos para poder enterrarse en ella de una vez por todas y darle lo que ambos necesitaban
Sería tan fácil dejar todo de lado y besar cada uno de los rincones de su cuerpo desnudo.
Sería tan fácil sucumbir a las caderas que buscaban alivio frotándose contra él y retozar entre las sábanas blancas.
Sería tan fácil derramar su simiente dentro de su cuerpo y comenzar una nueva vida juntos, pero… Pero no había manera en que él se aprovecharía de ella. Era la única cosa que se negaba a hacer.
Emma, por su parte, se aferraba con las uñas a la espalda de Norman; se sentía tan bien lo que estaban haciendo. Ella había notado bajo la yema de los dedos cómo los músculos del hombre se relajaban, y por unos instantes que pensó que él por fin había cedido, pero cuando de un momento a otro vio cómo, a pesar de cómo sus caderas lo intentaban buscar una vez más, él se liberó de la prisión que había formado con sus piernas.
—Lo siento.
Norman estaba sobre sus rodillas entre las piernas abiertas de la mujer, tanto la cara como el cuello del hombre estaban enrojecidos y gotas de sudor bañaban su frente, su camisa blanca era casi transparente por la humedad y el bulto en medio de sus pantalones estaba marcada por una sustancia ligeramente pegajosa. Él era un completo desastre, pero no era muy diferente a la mujer de piel sonrosada que estaba bajo su cuerpo.
Se suponía que él tenía que decir algo ahora, pero verla ahí, jadeando por el esfuerzo y lamer la gota de sudor que resbalaba por la comisura de sus labios, lo dejó sin aliento. Con solo ver su cuerpo desnudo, estaba seguro de que podía terminar ahí mismo, pero nuevamente algo llamó su atención.
—Emma…
La recién nombrada sabía qué era lo que lo había distraído, pero lo último que quería hacer en ese momento era hablar. Ella solo quería sentir sus manos sobre su cuerpo mientras sus caderas la embestían.
—Norman, olvídate de todo.
—No puedo, Emma. No puedo olvidar el hecho de que estés en esta situación es por mi culpa y no haré nada de lo que estoy seguro que mañana lamentarás —Norman se levantó de la cama para darle la espalda a la chica—. Entiendo que en este momento todo puede tener sentido para ti y que no importa nada más que el placer que sientes conmigo, pero Emma, eso es porque así es el efecto de ese afrodisíaco.
—¿Y si yo te dijera que realmente quiero hacer esto?
—Emma, eso es solo el deseo impulsado por el hongo hablando nuevamente por ti —Norman negó—. No quiero que sufras. Nadie debería verse en la situación en la que no pueda elegir su destino, y menos tú. Sé que será una noche larga, pero no estarás sola. Hay otras maneras que podemos probar para reducir las molestias.
Ante las palabras del hombre, Emma se dio cuenta del error que había cometido. Él tenía razón, e incluso había olvidado que ese era el motivo por el que había decidido hablar con él para hacerlo reconsiderar sus planes. Ella quería elegir su destino, pero al hacer esto, lo estaba obligando a él hacer algo en contra de su voluntad.
—Ray tenía razón. Esto fue una mala idea —declaró con un susurro para sí misma, pero que aun así Norman escuchó.
—¿De qué hablas?
Emma se encontró nuevamente frente a frente con el hombre. Sabía que podía mentir y zafarse de la situación, pero decidió confesarle la verdad.
—Yo… puede ser que no haya comido ese hongo por error —murmuró avergonzada.
Norman la miró mudo de la impresión ante este nuevo descubrimiento.
CONTINUARÁ…
Nota: Solo me quedan tres mas. XD No se si se esperaban lo último, pero ya quiero tener el siguiente capitulo.
Agradecimientos especiales a mi beta por sus correcciones.
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
