Veo mucho apoyo hacia esta historia por las estadística, lo sé, lo sabemos (?). Y como quiero darle un empujoncito, he decidido traer otro cap. Antes de que me vengáis preguntado, Hoist se va a subir a lo largo de lo que queda de semana, ya me conocéis y sabéis que siempre traigo religiosamente las actualizaciones que tocan, a no ser que enferme o me pase algo, en cuyo caso actualizo en cuanto me recupero.

He de decir que seguramente cambie el rate del fic a M, aunque no me agrade demasiado la idea. Pero teniendo en cuenta el tono que va adoptando todo...


Las palabras de Rosalya dejaron a Diane un rato más sentada en aquel sofá, pensando en todo lo que acababa de suceder. Era casi tan surrealista que la chica no pudo menos que pellizcarse un brazo para comprobar si todo aquello no era más que un sueño pues, ¿acaso no era raro que acabara de hablar con su amiga de su peculiar concepción del sexo para que luego ella le soltara que se masturbara como si tal cosa? El dolor que sintió en su piel bajo la presión de sus dedos despejó sus dudas, pero no le quitó la sensación de estar perdida que sentía desde que su amiga se fue.

La verdad es que, si bien antes se había mostrado decidida con ella y dispuesta a hacer lo que Rosalya le mandase, ahora comenzaba a arrepentirse en cierto modo. No estaba obligada por nadie a hacer lo que ella le había pedido, pero aunque una parte de su interior quería probarlo, su cabeza volvía a jugarle una mala pasada. No cesaba de recordarle las palabras de su padre, aderezadas, además, con algunos comentarios sobre su físico, casi todos cortesía de Castiel: tabla de planchar, nadadora (nada por delante y nada por detrás...) Lo gracioso es que, como bien se encargaba Diane de recordarle siempre que la picaba, el pelirrojo tampoco debería hablar mucho (Diane comenzó a llamarle un día "nalgas planas" y desde entonces se le quedó el mote). Pero aunque en su día a día le importaba más bien poco ese detalle, a la hora de pasar a asuntos más íntimos también la hacían sentirse más insegura.

También era cierto que la que tenía más o menos como referente en esas lides era Rosalya, la cual parecía haber ganado la lotería en lo que a la genética se refiere, pues aparentemente no tenía ni una tara. Nunca lo diría en voz alta, pues a fin de cuentas eran amigas, pero lo cierto era que Diane le tenía un poco de envidia, sobre todo después de la forma tan peculiar que tuvo de enterarse de que Lysandro había estado enamorada de ella en el pasado. A veces le daba la sensación de que su vida había sido escrita por un amante del drama o similar, porque de otro modo no se podían explicar esas situaciones.

La cosa era, ¿se atrevería a hacerlo? No pensaba dejar que sus inseguridades físicas la ganasen...

¿Y el hecho de saber que si sigues adelante te vas a convertir en una zorra?

Agitó la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos de la misma. Tal vez Rosalya volvía a estar en lo cierto considerando que su familia le había llenado la cabeza con ideas erróneas. A los pocos segundos de considerarlo, el leve arrojo que sintió antes, cuando aceptó que Rosa la ayudase, volvió a hacerse patente. Total, ni siquiera era sexo como tal, era tocarse. Y nadie tendría por que saberlo (salvo su amiga, porque era más que consciente de que no iba a dejar de acribillarla si pensaba dejarse guiar por ella).

Diane podía ser muchas cosas, pero desde luego no era de las que dejaba aquello que la incomodaba o temía para el final, sino que se esforzaba en abordarlo en primer lugar para quitárselo de encima cuanto antes. Y estaba claro que la peculiar petición de su amiga entraba perfectamente en esa categoría.

—Más se perdió en la guerra —se dijo a si misma para convencerse.

Mas a pesar de su determinación, cuando finalmente consiguió levantarse del sofá, caminó con más lentitud de lo que esperaba. Estaba decidida a que de esa noche no pasaba más que nada porque si esperaba a estar de nuevo en su casa, seguramente no sería capaz.

Entró en el dormitorio con el mayor cuidado posible, tratando de no hacer ruido. Le parecía el lugar más seguro de la casa, más que nada porque no estaba segura de ser capaz de hacer semejante cosa en el baño. Además, ¿y si alguien decidía ir al mismo y se la encontraba encerrada en la estancia? Sólo de pensarlo le ardía la cara. Obviamente el salón y demás espacios comunes quedaban descartados, por lo que la opción que quedaba libre era el dormitorio (además de ser también la más lógica). Lástima de que no estuviera sola en el mismo.

Cuando hubo cerrado la puerta a sus espaldas, observó a Lysandro, el cual seguía completamente dormido como si no se hubiera enterado de nada. Alguna que otra vez había hecho bromas sobre el hecho de que, cuando se dormía, costaba bastante despertarlo. Ahora ese detalle era una ventaja si sabía ser cuidadosa.

Con movimientos lentos, se deslizó debajo de las sábanas, intentando no rozar a su novio para evitar posibles sobresaltos. Una vez acomodada, esperó un tiempo razonable por si por un casual lo había despertado, pero el chico se limitó a rebullirse un poco y a seguir durmiendo como si nada. Diane estaba segura de que si había un terremoto por la noche, él ni se enteraría.

¿Y ahora, qué?

La pregunta pasó por su mente en cuanto hubo posado la cabeza sobre la almohada. ¿Cómo se hacía eso? ¿Había un modo estándar o cómo? Sabía un poco por encima en qué consistía el hecho de tocarse, pero tampoco le hacía especial ilusión ser tan descarada. No, definitivamente la idea de usar los dedos directamente quedaba descartada, más que nada porque si él despertaba, iba a ser complicado de explicar.

Te van a pillar, no hagas nada, no seas una cualquiera.

Se tumbó boca abajo, tapándose hasta arriba con la colcha. Vale, así bien podría parecer que dormía. Con el rostro hundido en la almohada le costaba un poco respirar y el tener la cabeza tapada con las sábanas tampoco ayudaba precisamente, mas de otra manera no sería capaz.

Tragó saliva, notando que su cuerpo se bloqueaba. No iba a poder, su cerebro se negaría a aceptar la orden y no acabaría siendo capaz. Además, ¿no se suponía que para hacer eso una debía estar algo excitada al menos? Con todo lo que estaba pasando esa sensación era la que menos notaba Diane en esos momentos.

Recordó las pocas veces que su cuerpo había sentido esa especie de impulso. ¿Por qué no usar el recuerdo de las mismas para ver si por un casual producían el mismo efecto como recuerdo que como cuando sucedieron?

Cerró los ojos, dejando que su mente volviera a aquella tarde en su casa, cuando se tumbaron en su cama y se acercaron de un modo más intenso de lo normal.

La piel de su mejilla hormigueaba bajo el tacto de su mano mientras ella lo miraba fijamente a los ojos, sintiéndose tonta de remate por no haber confiado antes en él en lo referido al asunto de ayudar a su amiga Iris con aquellos extraños mensajes.

—Quiero estar contigo del mismo modo en el que tú estuviste ahí para ayudarme cuando fue necesario —murmuró él para luego aproximarse a ella y besarla en los labios.

Se habían besado antes, pero nunca de ese modo. Le daba la impresión de que, después del accidente y el peculiar percance que tuvieron jugando al juego de la botella en la casa de Iris, cuando Armin intentó besarla, las cosas habían cambiado un poco entre ellos. Lysandro parecía más determinado que antes, quizás queriendo dejar atrás la timidez de los primeros días. Ya no era el chico tímido que apenas si cruzaba palabra con ella, parecía haber madurado en aquel lapso de tiempo que duraba desde que habían comenzado a salir hasta ese momento.

Nunca se había sentido incómoda con él, por eso a Diane no le costó nada devolverle el beso, dejando que él le rodeara la cintura con los brazos...

Una sensación cálida comenzó a brotar desde el centro de su cuerpo. Intentando centrarse en sus recuerdos, Diane deslizó una mano entre el pantalón que estaba usando para dormir, pero no apartó la ropa interior, no se sentía cómoda con la idea. Simplemente dejó que sus dedos fueran descubriendo los puntos específicos por encima de la tela, ejerciendo una leve presión. Esperaba que de ese modo también funcionase.

No dejó sus manos mucho tiempo quietas, sino que, sin romper el beso, comenzó a recorrer su espalda con más lentitud de lo habitual, dando la impresión de que quería conocer cada centímetro de esa parte de su cuerpo. A pesar de la camiseta que llevaba, Diane notaba su tacto cálido con cada caricia, una calidez que también estaba comenzando a subir a su rostro. Decidió hacer lo mismo y recorrer ella también su espalda. Si tan sólo se quitara su chaqueta para poder sentirle un poco mejor...

La respiración de la chica se hizo un poco más fuerte mientras su cuerpo comenzaba a tensarse. Sus movimientos se volvieron algo más rápidos, intentando calmar el ardor que sentía y que poco a poco iba aumentando. Notó que, paulatinamente, su ropa interior comenzaba a humedecerse un poco. Su cuerpo estaba reaccionando a todo aquello y ahora sentía la prueba de que lo estaba consiguiendo.

Sus respiraciones se alteraron mientras sus besos se volvían más urgentes. Nunca habían tenido un acercamiento similar a aquel, y parecía que no estaban teniendo suficiente, pues le daba la impresión de que ambos cuerpos comenzaban a pedir más. Se aproximó más a él, queriendo sentir su calor, notarle a su lado...

El nudo que se había ido formando en aquella zona de su cuerpo se tensó ante aquel recuerdo. Guiada por sus instintos, presionó un poco más hasta que todo su cuerpo se tensó más que nunca para luego liberar dicha tensión en una serie de oleadas que la recorrieron de pies a cabezas, haciendo que dejara escapar un gemido ahogado contra la almohada.

Acabas de llegar.

Había sentido el placer por primera vez en sus casi diecinueve años de vida.

Te ha gustado, ¿verdad? Oh, sí...

Si el sexo era así quizás no fuera tan malo como le habían hecho creer. ¿Qué se sentiría al hacer el amor con alguien?

—Diane, ¿te encuentras bien? —la voz algo adormilada de Lysandro la hizo salir de sus cavilaciones. Perdida en sus cosas como estaba no se había percatado de que él se había despertado y había retirado las sábanas con las que se había escondido para encontrarse con la chica ahogando gemidos contra la almohada con las mejillas sonrosadas y su respiración completamente alterada.

—Sí —era consciente de que su respuesta no sonaba para nada convincente. ¿Es que tenía que pasarle todo a ella o qué? Al menos no la había pillado en plena faena... o eso quería creer.


¿Ley de Murphy? Pues sí, en efecto, pero aparentemente no la ha pillado en la parte más comprometida... ¿o sí? Ahí os dejo con la duda.

Espero que no se haya hecho incómodo como tal, pues he intentado ser lo menos soez posible. Y como digo siempre, si os ha gustado, ya sabéis lo que toca (pista: está relacionado con el botoncito que tenéis ahí al lado).