Todo el Potterverso pertenece a JK, bla, bla, bla. Ya saben eso.
Disfruten la lectura.
Tatuaje.
(O de cómo una chica de 14 años me convenció para mentir en el mundo muggle con una identificación falsa)
De repente y sin saber cómo, mientras su primo Louis le contaba como había conseguido que una banda muggle bastante buena pero poco conocida tocara en la fiesta que darían ese Sábado, James se encontró mirando por la ventana, esperando a que su hermano y sus dos amigos entraran para hacerles compañía.
Nunca lo admitiría frente a Albus, pero era realmente divertido pasar tiempo con ellos. Tal vez, estaba tan aburrido que cualquier cosa le parecía interesante, pero si era sincero consigo mismo, tendría que admitir que esos últimos dos días se lo había pasado muy bien con las ocurrencias de ese trío. Y, aunque se negaría a decirlo en voz alta, estaba ansioso por ver con qué otra ocurrencia se venía Emma, la amiga de Albus.
A diferencia de los otros dos, que eran orgullosas serpientes, Emma pertenecía a la casa de Gryffindor, donde no era exactamente popular entre las mujeres, pero sí bastante entre los hombres. James escuchaba cosas, más cuando del sector masculino venían los comentarios, y al parecer, la chica tenía una fama de zorra que hacía que hombres y mujeres la miraran y hablaran de ella, aunque no con las mismas intenciones. El solo hecho de pasearse todo el tiempo acompañada de Albus y Scorpius, o en algunos casos, de los amigos de éstos, hacía que las demás Gryffindors la tacharan de cualquiera. Y cuando en tercer año, había ido a dormir un par de veces a las mazmorras, las más cotillas del colegio no daban más con las especulaciones. Lo cual daba como resultado algo muy obvio: no tenía amigas mujeres.
Y a pesar de que Albus iba a su casa todos los veranos, desde segundo año, que cada tanto la chica se quedaba en su casa un tiempo y de los comentarios de Evan mientras se cambiaban en los vestuarios sobre lo divertida que era, James nunca buscó hablar con ella. Es más, hasta esa misma semana, no había cruzado más que saludos cordiales o preguntas tales como "¿Me pasas la sal, por favor?" durante la cena. Simplemente, hasta ese momento, esa chica nunca le había llamado la atención.
— ¡Albus, comienzas a hablar como mi papá! — sin poder evitarlo, y cortando bruscamente con el parloteo de su primo, James se giró para ver entrar a Emma y Albus, que al parecer discutían, y detrás de ellos un resignado Scorpius. — Lo haré, con o sin tu ayuda. — soltó mientras se sentaba en el sillón individual al lado de donde el mayor de los Potter estaba sentado — Lo único que haces negándote a ayudarme, es demostrarme que poco confías en mi juicio.
— ¡No seas necia, mujer! — exclamó Albus, acompañando la expresión con las manos — Hasta tu mamá te dijo que no. ¡Tu mamá, que siempre te permite hacer todo, aunque sea a escondidas de tu padre!
— ¡Pero solo porque él la convenció!
— Ya, dejen de pelear. — intervino Scor, intentando mantener la paz. Llevaban discutiendo sobre el tema desde hacía tres semanas — Albus, sabes que es totalmente inútil razonar con ella. Terminará haciéndolo de igual manera.
Se sentó en el sofá individual que había enfrente al de la chica, resignado.
Con algo de frustración, Albus se dejó caer en el otro sillón, entre medio de su hermano y primo, sin notar que había despertado la curiosidad en su hermano mayor, quién lo miraba inquisitivamente.
— ¿Qué pasó? — preguntó finalmente, al ver la cara de fastidio de los tres recién llegados.
— Que Emma es una caprichosa.
— Que Albus es un amargado.
— ¡No soy un amargado!
— ¡Actúas como uno!
— ¡Intento cuidarte, estúpida!
— ¡No necesito nadie que me cuide! ¡Y no me llames estúpida!
— ¡Es lo que pareces ser!
— ¡Ya cállense los dos!
Al igual que Albus y Emma, que con el calor de la discusión se habían puesto de pie, Scorpius también lo hizo, para frenar esa pelea.
James y Louis se miraban entre ellos, sin saber que había pasado.
— Emma, te guste o no, Albus tiene un punto — la chica soltó un bufido, hastiada.
— ¡No te pongas de su lado! — soltó, demostrando su indignación — ¡Es mi cuerpo y hago con él lo que quiero!
— ¡Tienes 14, estúpida! ¡Eso queda para toda tu vida! — prácticamente, Albus le escupía las palabras.
James nunca había visto a su hermano hablarle así a alguien, y mucho menos a su amiga, a la cual tenía en una especie de pedestal.
¿Estarían hablando de Ian y la posibilidad de que ella perdiese su virginidad con él? Sinceramente, no tenía mucho sentido, ya que ambos chicos habían mostrado su apoyo a que fuera a su cabaña. Y además, ¿Por qué meterían a sus padres? Claramente tenía que ser algo más, pero ninguno se veía muy dispuesto a contestarle qué pasaba.
— ¡Quiero hacer esto desde que escuché esa canción! ¡No es un capricho!
— ¿Por qué no nos calmamos todos? — si se analizaba, la situación era algo cómica. Scorpius y Emma eran los que solían tener esos roces, no Emma y Albus. Ver al rubio intentando mantener la paz, cuando ese rol siempre lo cumplía el Potter, era en cierto modo hilarante. — Aunque no te guste, Albus solo está pensando en tu bien, Emma. Como todos los demás que te dijimos que es estúpido lo que quieres hacer — Albus asintió, demostrando su conformidad con lo dicho.
— No necesito que nadie me cuide, Scor. Puedo tomar mis propias decisiones — la voz de la chica había disminuido de tono, mientras se sentaba y cruzaba de brazos. Los otros dos también habían tomado asiento.
— Todo el mundo lo va a mal interpretar, Emma. — soltó ya cansado de repetir eso Albus.
— Nadie sabe castellano, por ende, nadie va a saber que dice.
— Pero te preguntarán y cuando les digas que significa, los rumores no van a tardar — apuntó Scorpius, totalmente relajado — Y sabes lo crueles que pueden ser.
— No me interesa lo que puedan decir de mi — soltó Emma, totalmente digna. — Si ellos no tienen una vida que tienen que meterse en la mía, es su problema. Además, ya estoy acostumbrada a los idiotas que especulan sobre mi vida.
— Pero hasta ahora, nada fue hiriente. No para ti, al menos, que esas cosas no te importan. — Albus comenzaba a exasperarse nuevamente — ¿Pero te das una idea de todo lo que dirán si te tatúas esa frase justo ahí?
De repente, todo empezó a encajar en la mente de James y rió en su interior. Con que la pequeña quería hacerse un tatuaje y nadie la dejaba.
Estuvo tentado a reír a carcajadas, imaginándose que querría tatuarse y donde, para que su hermano se hubiera alterado de tal manera.
— No-me-interesa — replicó la chica, con los dientes apretados. ¡¿Qué les pasaba a sus amigos?! No recordaba cuando se habían vuelto tan responsables.
— ¿Qué quieres tatuarte? — entrando a la conversación, Louis hizo la pregunta que James estaba a punto de hacer.
— Vive la vida. En la parte de adentro de la muñeca— dijo la chica, pero al no entender ninguno de los dos español, no supieron qué quería decir, mientras les mostraba el lugar justo arriba de su palma, en la mano derecha.
— ¿Y qué significa? — preguntó esta vez James, interesado.
— Live the life — dijo esta vez en inglés, de manera que todos comprendieran.
James entendió enseguida porque no querían que se tatuara eso. En Hogwarts la despedazarían cuando se enteraran del significado de su tatuaje. Supo que Louis también había entendido, por la pequeña mueca que hizo.
— Tranquilos, no soy suicida — aclaró, para evitar las confusiones. — Es el título de una canción que amo. Y además, conlleva un mensaje para todas aquellas que se cortan las venas.
— ¡Pero la gente creerá que tu eres la que te las cortas! — exclamó Albus elevando el tono de voz.
— Me paso por el forro del universo lo que la gente piensa.
Albus gruñó un "Americana tenías que ser para hablar así" y solo entonces James recordó ese pequeño detalle: Ella no había nacido en Inglaterra. Ni siquiera en Europa.
Recordaba a su hermano contándoles a sus padres de su nueva amiga, unos años atrás. ¿De dónde había dicho que venía? ¡Malibú, cierto! Albus había vuelto enloquecido el último verano, luego de pasar dos semanas con ella y que le enseñaran a surfear.
James no estaba muy seguro de en qué parte del mapa se encontraba Malibú pero si sabía que sus papás habían tenido que hacer un montón de papeles para sacar a Albus del país y que pueda pasar las dos semanas en Estados Unidos, con visa de visitante.
— ¿Vendrán a la fiesta del sábado?
— James lleva hablando meses de esto, no me lo perdería por nada del mundo — Albus tomó bien el cambio de tema por parte de su primo Louis. — ¿Ya tienen todo listo?
— Dominique se está encargando de las bebidas en el mundo mágico, y el hermano de Ian en el mundo muggle. James y yo de la música e Ian consiguió pirotecnia, aunque no estoy muy seguro de que signifique eso.
— Fuegos artificiales — aclaró Albus, que estaba familiarizado con el tema. En realidad, Emma le había mostrado, pero omitió esa parte.
— ¿Los que tiran los muggles para año nuevo? — preguntó James, sonriendo con ilusión.
— Esos mismos — afirmó su hermano, mientras los dos de quince soltaban a la vez un "Genial" y chocaban las palmas.
Albus y Scorpius miraron a Emma, mientras los otros dos comenzaban a hablar sobre la fiesta, a planificar, a imaginarse cómo sería. La chica estaba seria, pero algo en su expresión les advertía a Al y Scor que algo malo iba a pasar. Algo estaba tramando.
— Sea lo que sea, la respuesta es no.
La expresión de Emma pasó desde la sorpresa ante la interrupción de Albus, al enojo por su comentario.
— ¡Ni siquiera sabes que estaba pensado! — recriminó ella, lo suficientemente alto para volver a interrumpir la conversación de James sobre a quiénes debían invitar.
— Por tu cara, es obvio que no es nada bueno. — afirmó Albus y Scor soltó una risita apenas audible.
Haciendo uso de su gran capacidad para ignorar lo que no le gustaba, Emma desplazó su mirada de Albus para fijarla en James, como si lo evaluara.
— ¿Tú tienes una identificación falsa, verdad?
— ¡No, no, no y no! — antes incluso de que James hubiera asimilado la pregunta, Albus se había levantado del sillón, negando. — ¡No lo harás!
— Creo que tu hermano puede decidir por sí mismo — ni siquiera se molestó en pararse, tan solo le lanzó una mirada desafiante, con los brazos cruzados. Al bufó sonoramente, mientras Scor negaba con la cabeza, para luego seguir al azabache que se iba para el piso de arriba, caminando como si el piso lo hubiera ofendido terriblemente.
— ¿Y eso? — preguntó James, mirando por donde había desaparecido su hermano confundido. Louis abrió los ojos, sorprendido.
— ¿Tienes o no?
— El novio de Molly me consiguió una — afirmó el Potter, sin entender que importancia tenía eso — Molly es nuestra prima — aclaró, aunque no fuese necesario porque Emma ya la conocía: La primera Slytherin de la familia Weasley. Había egresado ya hacía dos años, pero los más grandes seguían recordándola: había sido como cuando Sirius Black quedó en Gryffindor, algo extraño, que no pasaba a menudo. — ¿Por qué la curiosidad?
— Digamos que necesito un mayor que me acompañe a hacerme el tatuaje — soltó tentativamente, estirando levemente los labios. — El chico que trabaja ahí sabe que tengo catorce, y como nadie de mi familia quiere ayudarme… ni Albus ni Scorpius…
— Albus no volvería a hablarme. — se excusó el chico, mientras Louis trataba de no reír por lo débil que sonaba su excusa.
— ¡Albus no sirve para estar enojado mucho tiempo! ¡A la semana se le pasara! — exclamó la morena, rozando la desesperación — Me arrodillaría a suplicar si no fuera porque eso se vería terriblemente mal — aseguró la chica, provocando que Louis no lo soportara más y estallara en carcajadas. — Por favor — podía notar como un pucherito se asomaba entre los labios de la chica, aunque sin llegar a tomar verdadera forma.
— Yo… no lo sé… Albus… Mi mamá…
— ¡No le diré a nadie que tú me acompañaste! — interrumpió Emma de inmediato, viendo una pequeña posibilidad — Diré que voy a ver a un amigo y tú puedes decir que irás a comprar cosas para la fiesta… o lo que sea, y… y… y yo juro que… no lo sé… algo se me ocurrirá, pero ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por…!
— Está bien, te acompañaré — cortó con su parloteo James, provocando aún más risas en su rubio primo.
Próximo capítulo: Hormonas.
James y Emma andarán por el mundo muggle totalmente solos.
¡Saludos!
